Hola, antes que nada quisiera agradecer su apoyo y sus comentarios, espero que les guste mi historia.
voy a tratar de actualizar cad días, ya que publico lo que voy escribiendo, pero me esforzaré para mantener la historia actualizada.
CAPÍTULO 2
Candy se maravillo, cuando se asomó por la ventanilla del coche y vio la inmensidad de las tierras que abarcaba la propiedad, la casa estaba rodeada de jardines interminables donde se alzaban imponentes árboles, la vegetación le daba un aspecto salvaje a la propiedad, y a la vez realzaba su belleza natural.
Cuando por fin se acercaron a la entrada de la imponente mansión, Candy vio que una fila de criados se encontraba fuera de la casa, y se preguntó qué era lo que sucedía, la señora Leagan no se molestó en mencionar nada, pero Candy vió que torcía el gesto.
La dama bajó del carruaje con ayuda del cochero, y acto seguido hizo una seña a Candy para que la siguiera, el cochero le prestó amablemente su ayuda y le quitó su valija para entregársela a una de las criadas que estaban en la fila.
Candy estaba a punto de protestar, pero decidió que no era correcto.
Ésta es Candice White, su Gracia la ha traído para acompañar a las señoritas de la casa, por favor, trátenla bien, fueron las escuetas indicaciones que dio la señora Leagan y dejó a Candy con el personal de servicio.
Los sirvientes asintieron y muchos de ellos le mostraron a Candy simpatía.
Después de su presentación una muchacha se ofreció a llevar a Candy a su habitación.
-Por favor, sígame señorita, le indicó la muchacha.
-Por favor llámame Candy.
- ¡Oh, no! ¡No puedo hacer eso de ninguna manera señorita!
-Dime, ¿cuál es tu nombre?
-me llamo Dorothy.
-muy bien Dorothy, me parece que tu y yo podemos ser buenas amigas.
La muchacha se limitó a mostrarle una tímida sonrisa, y pensó que sí, aquella chiquilla le agradaba muchísimo.
-¿Quieres que te muestre la casa? –le preguntó la chica.
A Candy se le iluminaron los ojos e inmediatamente asintió, muy entusiasmada ante la perspectiva.
Dorothy le mostró cada rincón de la gran mansión que habría de convertirse en su nuevo hogar.
Llegaron ante las puertas de un pequeño salón.
-este es el salón donde la familia suele pasar muchas de sus veladas, dijo, mientras abría las puertas.
La habitación era realmente encantadora y estaba envuelta en una atmosfera muy acogedora.
Candy observó con cuidado la decoración de la habitación que resultaba ser bastante íntima, pues en las paredes se encontraban retratos de los integrantes de la familia.
Candy buscó con avidez el rostro del chico que había conocido tan solo unas semanas atrás, pero su mirada se detuvo en el retrato de una mujer.
Era de una belleza asombrosa, con un cabello rubio muy largo y lacio, y un porte muy elegante.
-ella es la duquesa… -dijo Dorothy al notar que Candy miraba el cuadro con gran admiración.
-Es muy hermosa, dijo Candy.
-Sí, contestó ella con una cierta nota de tristeza.
-desgraciadamente la salud de la duquesa se ha visto amenazada últimamente, el duque teme por su salud… especialmente ahora…
Candy esperó a que la chica dijera algo más, pero no lo hizo.
El siguiente retrato era de dos hermosas chiquillas, una era rubia y de grandes ojos azules, la otra tenía un cabello largo y negro, y de igual manera poseía unos ojos azul profundo que le conferían un aspecto hermoso.
Candy las contempló con embelezo…
-Ellas deben ser las señoritas Grandchester… -aventuró Candy.
-Así es, dijo Dorothy, son las señoritas Annie y Susana.
Pero Candy no había escuchado nada, pues uno de los cuadros había llamado su atención.
Era un gran cuadro cubierto con una tela blanca, en él aparecía un joven de cabello castaño y grandes ojos azules, tenía un asombroso parecido con su príncipe, pero definitivamente no era él, pues el joven del cuadro parecía un tanto mayor, además de que llevaba el cabello corto, y el príncipe lo tenía largo.
-Oh por Dios, ¿quién ha dejado descubierto el cuadro?
-¿He hecho algo malo? –preguntó Candy al notar el tono alterado de la chica.
-No, es mi culpa, debí explicarte antes… -Este cuadro no debe descubrirse bajo ninguna circunstancia.
-¿Por qué? ¿Quién…?
-Ese es el joven Mark… hace dos meses tuvo un accidente y…
-Candy comprendió inmediatamente el mensaje…
Mark había fallecido en aquel accidente…
Ahora todo comenzaba a tener sentido, el duque la había llevado a su casa con la esperanza de que ayudara s sus hijas a salir de la depresión en la que sin duda estarían sumidas.
-¿Cómo fue que…?
Dorothy inhaló profundamente, y después dijo:
-El joven Mark… se cayó de un caballo…
-Dios mío, dijo Candy.
-Pero no hablemos más del asunto…
Candy percibió lo difícil que era para la muchacha hablar de ello, supuso entonces que Mark había sido una gran persona.
Como si Dorothy hubiera leído sus pensamientos dijo:
-El joven Mark era una gran persona, a pesar de su juventud era un muchacho muy centrado, él era quién manejaba las cosas en ausencia de su padre, todos en la casa, lo apreciaban muchísimo. –dijo la joven, y su voz flaqueo un poco.
-Ahora, será mejor que te lleve a tu habitación para que te refresques.
-la cena es a las siete en punto.
Candy asintió y entró en la habitación que le había señalado la muchacha.
Apenas al entrar, su sorpresa fue inmensa, pues nunca había estado en una habitación de ese tamaño…
-¿En verdad esta es mi habitación? –preguntó Candy, segura de que se trataba de un error.
-desde luego, le dijo Dorothy, también encontrarás un guardarropa completo…
El duque me ha ordenado ponerlo allí… Candy, todo lo que hay en esta habitación te pertenece ahora…
Apenas Dorothy salió Candy inspeccionó con sumo cuidado la habitación, y descubrió que tal como le había dicho Dorothy, el guardarropa estaba lleno con los más hermosos vestidos.
Llena de una inmensa alegría se dispuso a probarse sus nuevas ropas, hasta que decidió que era hora de alistarse ara conocer a su nueva familia.
Cuando llego la hora, Candy bajo al comedor, dispuesta a hacer uso de sus mejores modales.
El duque la recibió con mucho agrado, a Candy le pareció que era un hombre bastante bien parecido, además de que tuvo la impresión de haberle visto en alguna parte, aunque sabía que eso era imposible.
La duquesa por su parte, era una mujer muy distinguida y bastante hermosa, lamentablemente parecía muy enferma.
A pesar de ello, la mujer le dio una amable bienvenida.
La parte difícil fue enfrentarse a la señora Leagan que la miraba de forma reprobatoria y a las hijas del duque pues a pesar de haberla recibido con amabilidad, Candy supo inmediatamente que no sería nada fácil llevar una buena relación con ellas, sin embargo lo intentaría.
