Capítulo ll
Mientras tanto, Tanuma había salido de su habitación al escuchar ruidos en el jardín principal, preguntándose si sería algún ayakashi que aprovechaba la ausencia de su padre para merodear por donde no debía. Los escuchaba frecuentemente cuando él salía, más conforme más tiempo pasaba junto a Natsume… era una lástima que por varios días no podría verlo, pero no quería hacer nada de lo que luego ambos, en especial Takashi, pudieran arrepentirse.
Entonces lo notó. Su olor dulce, delicioso… embriagador. Estaba en su casa y sus ojos se dilataron lo mismo por el placer que por el temor de lo que pudiera pasar, pero si estaba ahí debía ser por qué pasaba algo grave… se apresuró a ir rumbo donde oía sus pasos, aunque más bien fuera hacia donde el olor se hacía más intenso, y terminó por volver a su habitación, donde, de pie junto a la ventana, lo aguardaba Natsume, mucho más hermoso de lo que recordaba, a pesar de que lo había visto el día antes y había apenas había podido contenerse para no besarlo, pues no quería aprovecharse de él.
-Natsume…-comenzó a decir, conteniendo la respiración, aunque supiera que ya era inútil. Se sentía acalorado, excitado, y verlo tan cerca, con sus mejillas sonrojadas y la respiración entrecortada no ayudaba.
Él no le respondió. Ahogó un gemido, a medias adolorido, a medias deseoso, y se arrojó a sus brazos, haciéndolo trastabillar. Tanuma respondió a su beso a pesar de la sorpresa, y cuando intentó separarse para preguntarle si estaba bien, él se limitó a dar una lamidita en su barbilla, mirándolo como ausente. Así que volvió a besarlo, pues sentía que eso era lo correcto, lo que su cuerpo le pedía que hiciera además de estrecharlo, aunque con menos ansias de las que Natsume mostraba, pero buscando su cercanía, sentir su cuerpo cálido, bajito y menudo contra el suyo.
Intentó buscarlo una última vez antes de ya no poder hacerlo, pues sentía que se nublaba el juicio con cada respiración, pero en sus ojos no había nada más que deseo… ya estaban en el suelo, y Natsume, encima suyo, frotaba el trasero contra su erección de un modo delicioso, le jalaba la camisa intentando sentir su piel contra la suya…
Y aunque sus manos hacían lo mismo y era difícil contenerse, sabía que no estaba bien. No era lo que quería para él, no cuando no podía decidir libremente, pero ninguno de los dos podía evitarlo… y si estaba ahí, debía haber algún motivo, algo que hiciera que la culpa fuera menor después y que lo ayudara a convencerse de que no había abusado de él.
Le apartó la mano cuando la coló dentro de su pantalón, agarrándolo con demasiada fuerza, y se giró con él, levantándose para desvestirse. Natsume lo miro mohíno, apenas un segundo antes de entender lo que pretendía y desvestirse también, estorbándolo para que volviera a su lado al abrazarse a su cadera desnuda.
La recorrió con sus dedos y repegó su mejilla a su erección, sintiendo lo cálida que era, lo bien que se sentía. La miró por un momento y después, sin poder contenerse, la probó, apenas sacando la punta de su lengua en un primer momento, pero después lamiéndola toda, ayudándose con su mano para saborearla, lo grande, lo dura que era, las gotitas en su punta… Su propio agujerito lo urgía, liberando sus fluidos, pero sentía que si dejaba de lamer se moriría, así que llevó su mano por en medio de sus muslos e intento imitar lo que le había hecho Natori, el dedo entrando y saliendo, dándole alivio…
Tanuma lo veía y apenas si lograba contenerse para no quitarlo pensando que nunca lo había hecho, no sabía bien como y no quería lastimarlo, además que lo que él le hacía con su boca se sentía como nada que hubiera sentido antes, pero aun así quería más… sentía que tenía que tumbarlo sobre el suelo y clavarse en él, y cuando notó lo que se estaba haciendo, que se penetraba con sus deditos, a juzgar por sus ruiditos complacidos y donde veía su mano, no pudo contenerse más y lo apartó, con un sonidito de succión y una mirada desamparada de parte de Takashi.
Lo empujó contra la manta y se acomodó en medio de sus muslos, que separaba gustoso para él, y se recordó que debía prepararlo si no quería lastimarlo, así que dirigió sus dedos al húmedo interior de sus nalgas, sorprendiéndose de encontrarlo tan cálido, pero sobre todo mojadito, y deslizó uno con facilidad en su interior, seguro por lo que él se había estado haciendo… pero un dedo no era lo mismo que un pene, así que por más ganas que tuviera de hundirse en él luego de sentir lo increíblemente estrecho, resbalosito y caliente que era, debía dilatarlo otro poco…
Un segundo dedo lo penetró y Natsume hubiera ronroneado de gusto de no sentir que lo estaba robando, que no le daba todo aquello que podía darle. Quería sentirlo dentro, todo, llenándolo como nunca podrían sus dedos o los suyos, aunque los de Kaname, los de Natori, se movían mejor de que lo que él podía lograr… estaba desesperado y lo mismo quería golpearlo por no satisfacerlo que solo quería que sus dedos volvieran a tocarlo en ese punto que lo hizo estremecer ahora que entraban y salían con facilidad…
Por fin se decidió por lo primero y aunque solo le clavó las uñas para apresurarlo, logró distraerlo lo suficiente para darse la vuelta y quedar encima, sus rodillas bien afianzadas a los lados de su cadera estrecha, como al inicio, y su trasero en contacto con esa goteante y deliciosa erección que por fin estaría donde la quería y la necesitaba…
Se frotó un par de veces contra ella mientras le mantenía las manos sujetas contra su cintura, para ayudarse a sostener, y cuando sintió que no podía esperar ni un segundo más, tomó su erección en su mano y se empalo en ella. Tanuma se mordió el labio y lo miró hacer, sin estorbarlo, solo apretando sus dedos contra la suave piel de sus caderas. Takashi había intentado penetrarse demasiado rápido y podía ver su gesto adolorido, aunque no por eso menos deseoso, complacido. Era una rara mezcla, fascinante, y aunque sentía que él lo habría hecho mejor no quería forzarlo, tan estrechito como se sentía, tan sensible, pues los gemiditos no dejaban de escapar de sus labios.
Se incorporó a medias y lo dejó moverse a su aire, más lento al inicio pero adentrándose en un rápido crescendo conforme su cuerpo se adaptaba a él, ciñéndolo de un modo que no hubiera imaginado posible… presión, calor, suavidad… todo era delicioso y aunque no estaba seguro que Takashi pudiera verlo así en esos momentos, para él era mejor solo por el hecho de ser con él con quien compartía ese momento.
Tal vez después, dadas las circunstancias, pudieran hacerlo de nuevo, cuando Takashi se portara como él mismo, y entonces se esforzaría por que fuera tan especial para él como se imaginaba que debía serlo.
Aun así lo besó hasta que su respiración se volvió agitada, desviándose entonces a su cuello, hundiendo en el su nariz para olerlo, saboreándolo con su lengua hasta que el resabio salado de su piel desapareció y lo pudo probar a él, descendiendo conforme lo hacía hasta llegar a su pechito plano y que sus pequeños y rosados pezones capturaron su atención, presionándolos con sus labios para después lamerlos acercándolo a él, uno y otro, sobando lo podía que podía abarcar de sus nalgas con sus manos sin por eso dejar de sostenerlo hasta que lo sintió estremecerse, apretarlo con fuerza y gemir, como, valga la redundancia, si estuviera en celo, llevándolo también a él al punto de no retorno.
Lo dejó desplomarse encima de él acariciando su espalda y su cabello, y el contacto lo hizo consciente de cierta humedad pegajosa embarrándose entre sus vientres, lo mismo que en lo alto de sus muslos, y de otra que sentía escurrir hacia debajo desde su culito… Moría de ganas por averiguar como se vería, además de un último resabio de su sentido común, preocupado por como lo habría dejado, así que lo apartó con cuidado y lo tendió de espaldas, mirándolo a su gusto, rosado, brillante, cada segundo ligeramente más cerradito, rebosando de fluidos…
Se veía delicioso y algo lo instaba a perderse en él, así que se inclinó sobre Takashi y hundió la cara entre sus nalgas para comerse su agujerito recién desvirgado, probando los fluidos que escurrían, dulces como era de esperarse, el sabor desconocido de su propio semen mesclado con ellos… espero ver sangre, pero no había, o si la hubo, se diluyo en medio en medio de tanto.
Lamió la curva de su nalga con la lengua y se fue acercando a sus alrededores hasta que la hundió en su agujerito y lo penetró tan profundo como pudo, preocupado solo por disfrutarlo él, aunque le parecía oír a Takashi gemir. Era tan delicioso sentir sus nalgas en sus manos, presionándose cálidas contra sus mejillas, humedeciéndolas, y clavar su lengua en ese tunelito suave y resbaloso, tan estrecho como si no acabara de poseerlo, y que lo sentía apretar entorno a su lengua que no quería detenerse.
Pero Takashi quería otra cosa. Cerró los muslos y lo empujó, se revolvió para que lo soltara y cuando lo hizo, sentado sobre sus piernas frente a él, se apoyó en su regazo y volvió a lamerlo, sin importarle el gemido adolorido de Kaname, que aún no estuviera listo para una segunda ronda… Él quiso apartarlo, detenerlo solo en lo que dejaba de ser doloroso por que podía ver en su cara que lo que hicieron no había sido suficiente, pero algo le dijo que sería peligroso intentarlo y se dejó ir hacia atrás, apoyando las manos en el suelo y aguantando la sensación, excesiva pero cada vez menos dolorosa…
Y apenas le logró de nuevo una erección se volteo de espaldas a él y se le ofreció, su pecho apoyado contra el suelo y sus manos separando sus pompas para que no le cupiera la menor duda de donde lo quería… sospechaba que así, más que encima de él, que había sido casi agotador y muy insatisfactorio por momentos, cuando no lograba ir tan rápido como necesitaba, sería mejor, sería él quien se movería, y tenía más fuerza, podría ir más rápido… y no tendría que verle la cara…
Seguro Kaname haría lo que él quisiera, pero no significaba que estuviera de acuerdo cuando ni siquiera él sabía de donde sacaba valor para ofrecerse así… por qué dejaba de importarle de nuevo apenas lo sintió detrás de él, acercándose…
Ésta vez si maulló de gusto cuando lo sintió entrar, más fácil que antes, aunque ahora también lo sentía abrirlo, llenarlo, más hondo, en otro ángulo… y el nuevo era mejor. Lo sentía rozar una y otra vez ese punto que había tocado con sus dedos, que él mismo había logrado alcanzar cuando lo montaba, aunque era difícil y tenía que inclinarse mucho.
Ahora, sin esfuerzos, o si Kaname los hacía no le importaba, lo frotaba una y otra vez, y el ardor, la necesidad que sentía en su culito se incrementaban de un modo delicioso, acercándolo con cada embate al placer supremo, aunque ya no era sensación desesperante de antes, cuando no tenía nada… cuando sabía que no tendría nada. Era incluso calmante, aunque cada vez estuviera más excitado. Un alivio mejor dicho, y cuando se corrió de nuevo y él siguió penetrándolo solo tras una breve pausa, sintió que tocaba el paraíso.
Incluso el leve dolorcillo que sentía, de estar así, tan empinado, tan abierto, tan follado, le encantaba, y ahora, mitigado un poco su ardor, podía notar las cosas que Kaname le hacía, sus manos recorriendo su espalda, sus labios besando, lamiendo de tanto en tanto su cuello y su nuca, sus dedos aferrando su cadera cuando más rápido iba, clavándole los dedos mientras más fuerza usaba para penetrarlo, meneándolo tanto que sentía que lo rompería… se corrió de nuevo y esta vez estuvo sazonado por el dolorcillo de que él lo había mordido en el hombro, y cuando creyó que se vendría dentro suyo, como la vez anterior, que se había sentido tan bien aunque cuando se retiró le dieran ganas de llorar por que había terminado, no lo hizo.
Él lo privo de eso y no pudo evitar volverse a verlo molesto, sorprendido, pero aun así disfrutando de verlo tocarse, girándose por completo para al menos poder tenerlo más cerca e intentar tocarlo, pero entonces, él se corrió y le salpicó toda la cara.
Kaname jadeó y pasó su dedo cerca de su ojo para limpiar una gota que había quedado ahí. No había sido su intención, solo había recordado en el último momento que si no tenían cuidado Takashi podría quedar embarazado y no se le ocurrió mejor modo de evitarlo que salirse y correrse fuera, pero él se había molestado. No sabía por qué, pero lo hizo.
Aunque tampoco es que le hubiera durado la molestia, pues había tomado su mano y, sin dejar de mirarlo del mismo modo deseoso que tenía desde que llegó, pero en el que podía empezar a reconocerlo, la dirigió a su boca, sacando su lengüita para lamerla, y a pesar de comenzar a estar cansado, supo que aún faltaba para que Takashi quedara satisfecho.
