Segunda Parte:

La cafeína es deliciosa, pero es adictiva porque es una droga, y las drogas son dañinas. El amor es como la cafeína.


Hinata está de malas porque no ha ingerido cafeína, y no es que me quiera aprovechar de la situación, yo simplemente estoy pensando en nuestros intereses.

Neji vio a lo lejos una chica entrenando con un muñeco de práctica, se trataba de Hinata, Neji la reconoció al instante y dibujó una sonrisa en su boca. Decidió acercarse con cautela, procurando hacer el ruido suficiente para que Hinata percatara su presencia, ya que no era su objetivo tomar por sorpresa a la pelinegra y salir medio muerto como resultado.

La ansiedad de Hinata ya era más que perceptible, todo porque llevaba casi tres semanas sin ingerir café. Ella podía soportarlo, pero los efectos secundarios eran palpables, como la sudoración excesiva y el dolor de cabeza. A Hinata le dolía la cabeza y a cada rato se quejaba. Neji supuso que para apaciguar su frustración Hinata había decidido moler a puños al pobre muñeco de práctica que de nada tenía culpa. Neji lo sabía, así que lleno de buenas intenciones, se dispuso a llevar consigo una taza de té para aliviar el dolor de Hinata-sama. Por supuesto, cuando Hinata esperanzada tomó la taza con líquido humeante y percató que se trataba de té -en vez de café- se la devolvió a su primo, pero lanzándosela en la cabeza. De allí surgió la proposición…

—Hinata-sama, hagamos un trato. Si le consigo su café, me permite hacerle el amor. ¿Qué opina? —Neji lo sugirió de manera tan desinteresada y relajada, que Hinata tuvo que voltear y mirarlo fijamente para comprobar si estaba hablando en serio. Y a juzgar por la seriedad en su gesto, Neji hablaba muy en serio.

—Opino que no me vengas con tus malditos disparates tan temprano, imbécil. —Respondió Hinata, dándole nuevamente la espalda a su primo.

Neji se esperaba una respuesta semejante, sin embargo no se dio por vencido. Él sabía muy bien que Hinata no accedería a la primera, pero si insistía, quizás Hinata-sama podía considerarlo.

—Piénselo, lleva casi tres semanas sin tomar café, debe ser muy frustrante para usted.

—Prefiero suicidarme antes de dejar que un depravado asqueroso como tú ponga sus asquerosas manos sobre mí. —Espetó Hinata mirandolo con recelo.

—Está claro que no aguantará un día más —añadió Neji a su favor, haciendo un gesto de lástima que le sacó a su prima una venita de ira en la frente—, su cuerpo necesita cafeína pronto.

Aunque no quisiera aceptarlo, Neji tenía toda la razón. Hinata sentía un mortal dolor de cabeza, incluso en algunas ocasiones reconsideraba seriamente la idea de clavarse un kunai adentro de su oreja como alternativa para aliviar su dolor. Ella buscó en aldeas adyacentes y no encontró ni dos míseros granos de café. Hinata había perdido las esperanzas, y con ellas la voluntad de seguir buscando. Sin embargo, aún no podía darse por vencida, y menos teniendo un primo que, aunque exigía un alto precio, podía ser capaz de encontrar ese condenado café del que era adicta.

—Vamos a suponer que acepto —Vaciló Hinata, acercándose hacia su primo—. ¿Dónde rayos conseguirás granos de café?

—Eso no se lo puedo decir, tiene que confiar en mí —Fue la respuesta de Neji, la cual causó más frustración en la heredera—. Pero por supuesto, yo accederé a conseguirle café si usted promete cumplir con mi condición.

—¿Cuál es tu condición? —Preguntó entre dientes.

—Por supuesto, que me permita hacerle el amor. —Respondió con una sonrisa. Hinata se sonrojó levemente. Neji tenía que estar tomándole el pelo o hablándole muy enserio para que hablara de aquella forma considerando el hecho de que fuesen primos -casi hermanos- de toda la vida, y sabiendo lo celoso que era Hiashi en cuanto a los chicos que deseaban a su adorada hija mayor. Y sabía que Neji no era de los que toman el pelo…

Si Neji le conseguía café, ella tendría que acostarse con él, con su primo, con su propia familia…

—Eres un asqueroso depravado, espero que te mueras, jodido pederasta. —Soltó Hinata cruzándose de brazos y bajando la mirada para ocultar el sonrojo.

Neji remarcó una sonrisa triunfante, y para estar seguro, preguntó…

—¿Eso significa que aceptó mi propuesta?

—Sí, lárgate a buscar el café. —Respondió la heredera dándole la espalda a su primo y retomando los violentos golpes al muñeco de práctica.

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Tal y como era de esperarse, Neji consiguió café el mismo día de la propuesta. Y para completar su tarea, lo cocinó y lo llevó a la habitación de su prima.

—No puedo creerlo, ¿Cómo lo hiciste tan rápido? —Hinata no cabía en su asombro. Tal y como lo prometió, Neji obtuvo en un par de horas lo que ella había estado buscando insatisfactoriamente por dos semanas y medias.

—No pregunte como… confórmese con tener lo que deseaba. —respondió Neji, entregándole la taza humeante de café a su prima, quien la recibió con brillos y lágrimas en los ojos.

Oh… la sensación del café bajando por su garganta fue deliciosa… fue placentero sentir la cafeína corriendo por sus venas, inundando todo su cuerpo. Hinata se sintió aliviada. Además, el café de Neji siempre era el mejor, él tenía una técnica para lograr hacerlo siempre exquisito. Hinata podía reconocer el café de su primo entre cientos de cafés; probar precisamente ese café luego de tantos días sin ingerir ni una gota, fue tan satisfactorio como probar agua luego de cuatro días en el desierto de Suna sin tomar ningún líquido.

—¡Te lo agradezco! —Hinata hizo una reverencia a su primo—. Muchas gracias, maldito pederasta de mierda, en verdad… ¡gracias!

—Levante la cabeza, Hinata-sama —indicó Neji, tomándola por la mejilla para alzarle la cabeza—. No tiene nada que agradecerme, recuerde que me pagará con su cuerpo. —Susurró lo último al oído de su prima. Ésta se separó rápidamente.

—¿En serio piensas hacerme pagar con mi cuerpo un miserable café que ni siquiera supo bien? —Mintió, ese fue el café más delicioso que probó en su vida, pero Hinata intentó sonar decidida para liberarse de aquella incómoda situación.

—Así es, ese fue el trato. —Dijo, mirándola desde arriba con tanta severidad que Hinata sintió que la estaba desnudando con sus ojos. Frunció su seño y evitó aquella lasciva mirada que la hacía sonrojar -una mirada así, hacía sonrojar a cualquiera-.

—Está bien, tómame… pero apresúrate, no pienso aguantar tu mugrienta perversión toda la noche. —Hinata se dio por vencida. Tendió su cuerpo en la cama y se colocó en una posición que daba consentimiento para hacer con ella cualquier cosa sucia.

Neji parpadeó varias veces y tragó fuertemente al ver a su prima de aquella forma.

—U-un momento Hinata-sama, ¿No quiere tomar una ducha primero…?

—No. —Negó rotundamente.

El Hyuuga no podía creer lo que sus blanquecinos ojos veían, ni remotamente creía que Hinata de verdad accedería a cumplir su parte del trato. Él esperaba algo como una patada en la entrepierna y unos cuantos insultos de su parte, por esa razón, ver a su prima sonrojada y tendida en la cama a sólo unas cuantas manos de distancia fue una fantasía hecha realidad. Su prima le estaba dando aprobación para hacerlo

Por supuesto, no estaba en los planes de Neji acostarse con Hinata-sama esa noche, así que sólo se dedicó a besarla y tocarla -nada de penetración-. Esa era una oportunidad que de seguro no tendría nuevamente jamás en la vida, y sería un total delito no aprovecharla, pero por encima de su perversión, Neji tenía "respeto". Un respeto muy peculiar que se basaba en espiar a su prima desnuda, pero no jamás sobrepasarse con ella.

Ambos primos comenzaron compartiendo un lento y profundo beso. Neji era todo un experto en causar placer con su lengua, Hinata no tuvo ninguna oportunidad de ganar la osada batalla que se llevaba a cabo en sus bocas, al final Neji la subyugó. Para hacer el momento más ameno, comenzó por acariciar la hermosa y suave pierna de su prima, provocándole unos cuantos quijidos de placer que resonaron en lo más profundo de su garganta. Hinata comenzó a temblar.

—¿Está nerviosa? —Preguntó Neji con voz grave, bajando su boca por el cuello de su prima y chupando un poco en esa área.

—Deja de parlotear… y hazme tuya… rápido. —La voz de Hinata era entrecortada, lo que le dio a entender a Neji que ya estaba excitada. Sólo la tocaría un poco más y luego se detendría, no debía tocarla demasiado o sino sería él quien terminaría excitándose, y si eso sucedía, no sería capaz de controlar sus actos.

—Que… ¿Está tan urgida? —susurró Neji al oído de su prima, introduciendo seguidamente su lengua.

—Ahh… —Hinata soltó un gemido más audible que los anteriores al sentir la agradable humedad en su oído—. Bueno ya sabes lo que dicen, al mal tiempo darle prisa. —Seguidamente desabotonó su short.

En seguida Neji percató que no había nada debajo de esa pequeña prenda, cosa que lo tomo por desprevenido, nunca se imaginó que de antemano Hinata ya estuviese preparada. La situación se tornó cada vez más candente, sobre todo porque Hinata ya estaba húmeda, lo que causó un leve sonrojo en el Hyuuga.

—Hinata-sama, ¿Se puede saber porque no lleva bragas? —preguntó Neji divertidamente. Hinata emitió un bufido tras el comentario.

—A ustedes los de mente podrida les excita cuando no hay nada que les impida ir directo a la acción, ¿no? —Se defendió.

—A mí me hubiese gustado quitárselas lentamente. —Soltó Neji con una sonrisa sensual, posicionando su cuerpo arriba del de su prima.

Hinata dio un pequeño sobresalto al sentir la mano de su primo acariciando lentamente aquella parte íntima de su cuerpo, un ferviente sonrojo se apoderó de sus mejillas.

—Un momento Neji… —No podía continuar, a Hinata le costaba demasiando trabajo controlar el volumen de sus gemidos y verse tan indefensa delante su primo le causaba demasiada vergüenza. Por encima de todo Hinata era una persona muy orgullosa, sentía que no podía continuar con todo eso, su primo no podía enterarse que…

—¿Ah~? —Neji paró repentinamente las caricias en la intimidad de su prima al darse cuenta de un detalle—… No me diga que es virgen.

Hinata no pudo evitar abrir los ojos y sonrojarse hasta las orejas. Su primo había descubierto su secreto. A sus diecinueve años, la osada Hinata aún era virgen.

—Sí, lo soy. ¿Algún problema con eso? —Aceptó de mala manera, evitando la divertida mirada de su primo—. No todos somos depravados como tú, tengo cosas más importantes por hacer que estar pensando en sexo. —Se defendió.

Neji emitió una risita perversa mientras se acercaba al sonrojado rostro de su prima.

—No me diga que se está guardando para Menma —El comentario logro enojar a la pelinegra, más ésta no hizo el esfuerzo por defenderse, lo que le dio le indicó a Neji que efectivamente tenía la razón—. Vaya, me siento celoso. Lástima que él sólo tenga ojos para Sakura-san.

Neji metió su mano libre bajo la camisa de su prima y comenzó a sobar el pecho derecho, no se le hizo raro que tampoco tuviera sujetador. Su pecho era tan suave como lo había vivido en sus fantasías, tan grande que no cabía completamente en la palma de su mano, y su pezón erecto era del tamaño perfecto. Sus caricias provocaron una apreciable oleada de placer en Hinata, quien en cierto momento le fue imposible aguantar sus gemidos.

—Pero me siento feliz de ser yo quien pruebe por primera vez esta jugosa fruta. —Susurró Neji, levantándole la camisa a su prima, dejando expuestos sus perfectos pechos. Sonrió al ver lo rosado y duros que estaban los pezones, como si todo el placer se manifestara en ellos.

Hinata reprimió un agudo gemido cuando su primo posó su boca en uno de sus senos sin dejar se acariciar el otro. Comenzó a mover su lengua en perfecta sincronía con la mano que aún acariciaba su intimidad; en ese punto le era casi imposible controlar sus gemidos, incluso su cuerpo comenzaba a retorcerse del placer que le proporcionaba Neji. Hinata mordió su labio inferior para reducir sus gemidos.

—No haga eso… —Dijo repentinamente, introduciendo uno de sus dedos en la intimidad de su prima, produciéndole un sonoro gemido—. Ahh~ así es… no se contenga, quiero oírla gemir. Me calienta mucho la voz de Hinata-sama.

Neji atrapó nuevamente con su boca uno de los pezones y lo rozó con sus dientes.

—Uhg… ¡Ahhh~! Neji, n-no… —gimió Hinata entrecortadamente, luchando para mantener su respiración estable—. No me aprietes tan duro… que me duele. ¡iaahhh~!

—¿Le duele…? ¿O le excita? —Sonsacó Neji sonriendo con perversión.

El Hyuuga disfrutaba mucho ver a su prima excitada. Con cada caricia suya, Hinata reaccionaba de un modo diferente, acción que lo incitaba a seguir descubriendo los puntos débiles de su prima, los cuales eran muchos.

—Su cuerpo es muy sensible… —Susurró, ahora lamiendo a lo largo de todo su cuello, subiendo por su mejilla y llegando hasta su oreja—. ¿Qué tal si le quito la virginidad con mi lengua? ¿O con mi dedo? Dígame lo prefiere usted, Hinata-sama… —susurró.

—¡Ahhhh~! —Hinata emitió un fuerte gemido al sentir que las caricias en su intimidad tomaban un ritmo más acelerado—… ¡Ahh~! ¡Neji~! ¡Si haces eso… yo…!

Neji detuvo su mano repentinamente al sentir la presencia de alguien acercándose a la habitación. Maldijo en su mente al infeliz -sea quien sea aquella persona- por aparecer en un momento tan inoportuno. Hinata estaba demasiado excitada como para sentir que alguien se acercaba, por lo que Neji tuvo que callar los gemidos con un profundo beso en su boca.

Entonces la puerta sonó de repente, alertando a ambos Hyuuga.

—Hinata-sama, ¿Se encuentra bien? —Preguntó uno de los guardias atrás de la puerta—. Su padre le dejó un recado, voy a abrir la puerta. —Informó.

—¡U-un momento! —Exclamó la heredera rápidamente, tratando de recuperar el aliento que había perdido presa del placer. Si la veía en esa situación con su primo, seguro le informaría a su padre, y el celoso de Hiashi mínimo activaría el sello maldito de Neji para hacerle pagar haberse propasado con su querida hija.

Sin embargo, la puerta corrediza se abrió de manera repentina, mostrando al ninja guardia arrodillado al ras de la puerta. Estaba cabizbajo, por lo que no percató lo que sucedía al interior de la habitación.

Hinata dio un respingón en su cama y tapó instintivamente su desnudez con la sabana. De alguna manera Neji se las había ingeniado para desaparecer sin ser detectado, escapó de tal forma que ni ella supo cuando quedó sola en la habitación, eso le hizo respirar con alivio.

—¿Hinata-sama? —habló el ninja a la puerta, levantando levemente la cabeza. Hinata envolvió su cuerpo en las sabanas y se levantó colérica de su cama para dirigirse a la puerta. Allí le dio una patada en la cabeza al guardia.

—¡Espera que yo te dé la orden antes de entrar, imbécil! —exclamó enojada.

—¡M-mis más sinceras disculpas, Hinata-sama! —Se lamentó el guardia, tocando el suelo con la frente—. ¡No volverá a suceder!

—Bien, bien… ¿Qué querías? —Preguntó la pelinegra de mala gana, cruzándose de brazos.

—¡H-hai! Comunicarle un mensaje de parte de su padre. —Informó, alzando levemente la cabeza—. Ya ha podido conseguir café en una aldea cercana a Konoha y ha comprado varios kilos, me manda a informarle que usted debe ir mañana en la mañana para buscar el recado. —Concluyó.

—¿Eso era todo lo que debías decirme? ¡¿Me interrumpiste por eso?! —Exclamó Hinata con el ceño totalmente fruncido, asustando al guardia.

—¡Lo lamento Hinata-sama! Su padre dijo que era algo urgente…

Hinata chasqueó la lengua.


Continuará...