El despertador empieza a perturbar el ambiente pacífico que tenía la habitación del hotel en donde los hermanos alemanes se hospedaban, Ludwig es el primero en despertar para luego vestirse, mientras Gilbert hacia un puchero, este no quería levantarse de la cama.

-Nooo…Bruder, no quiero despertar aún, 5 minutitos más- Murmuró Gilbert para agarrar las sábanas y enrollarse en ellas.

-Bruder, tienes que levantarte, Hay muchos lugares por conocer, no podemos perder tiempo…Además quiero ir a ver a Feliciano un rato- dijo el alemán rubio jalando a su hermano.

- ¿Con que Feli el Italiano?, hmmmm…Me huele a algo más-dijo Gilbert levantándose para apoyarse en el hombro de su hermano.

- ¿Por qué no van a correr por los campos de rosas?, ¡de la mano, y muy abrazados! -dijo Gilbert alborotando el cabello de Ludwig.

- ¡¿D-D-DE QUE HABLAS?! ¡LO ACABO DE CONOCER! - Gritó Ludwig sonrojándose para luego separarse de su hermano, ir al baño y encerrarse en él.

- "OH, Ludwig, ti amo mucho" "Yo también Feliciano" "¡Vamos a casarnos, aunque sea ilegal!" "SI!"-Imitaba Gilbert la voz de Ludwig y Feliciano, para luego empezar a matarse de la risa.

- ¡NO LE VEO LO GRACIOSO BRUDER!, ¡PARA AHORA MISMO! -gritó Ludwig agarrando un balde del baño y llenarlo con agua, mientras el color de sus mejillas se tornaba más rojo.

- "OHHHH LUDWIG! ALEMÁN DE MIS SUE-…"-Antes de que Gilbert terminara su frase, Ludwig abrió la puerta y lo mojó lanzando el agua que estaba en el balde en la cara de su hermano.

-Brudeeeer! - grito el Albino sacudiéndose.

-Te lo merecías, por fastidioso- sonrió Ludwig acomodándose su cabello, el cual estaba muy desordenado.

-Que aburrido que eres…-dijo Gilbert agarrando una toalla para secarse el cabello, y en acto seguido quitarse la remera que estaba empapada y ponerse otra ropa.

-Bueno, será mejor bajar a desayunar, perdimos exactamente media hora en nuestra pelea-dijo Ludwig agarrando una casaca de cuero.

-Ok, voy detrás de ti- respondió Gilbert, que en sus interiores sonreía, ya que…

El conoce muy bien a su hermano…


Lovino se encontraba haciendo la limpieza del hogar, aunque solo con empeño lograba limpiarlo completamente, una vez el estante de libros antiguos de Romulus habría caído encima de él si no fuera porque su amigo español (que viene de visita las veces que puede) lo jaló hacia él.

Feliciano se encargaba de llevar al abuelo sano y salvo al comedor, para luego hacer el desayuno para los tres.

- ¿Que se te antoja hoy nonno?, supongo que debes estar hambriento como siempre- habló Feliciano mientras alistaba la mesa.

-Si Feliciano, ¿lo de siempre no?, ¿han comprado croissants Feli? – respondió Romulus mirando a su nieto que caminaba de un lado a otro.

- ¡Si!, ¡Fratello fue a comprar a la panetteria!, eso era lo que nos faltaba, porque si tenemos Leche, cereales, galletas, bollería, zumo de naranja, yogures, mermelada y Nutella- sonrió Feliciano mirando a su hermano para luego acercarse a la alacena y sacar los croissants.

-No sobrecargues al nonno, no está en estado para comer en exceso, Bastardo – Dijo Lovino dejando la escoba a un lado y dirigirse al comedor.

-Ow, Lovino, ¡al menos por hoy! - suplicó Romulus a su nieto Lovino, el cual sonreía, no por ser cruel, al igual que Feliciano tiene que encargarse de cuidar a su abuelo.

-Debemos cuidarte, no dejar que empeores…- replicó Lovino, desviando la mirada de su abuelo.

- ¿Te estás preocupando por mí?, que lindo Lovino…-Dijo Romulus para acariciar el cabello de Lovino.

- ¡NO!, S-solo te estoy haciendo entrar en razón-respondió Lovino quitando la mano de Romulus de su cabeza.

-Claro Lovi, entonces solo algo ligero Feli- Habló Romulus mirando a Feliciano.

-Si lo pides, lo tienes- respondió Feliciano encendiendo la cocina para empezar a cocinar.

La familia italiana empezó a desayunar, pero de repente, alguien subió precipitadamente las escaleras. Otro chico con un rulo que sobresale en todo su cabello llegó totalmente agitado y cansado.

- ¡Feliciano, Lovino!, Oh, ¡hola nonno! ¡Chicos vengan conmigo! - Gritó el chico señalando a Feliciano y Lovino.

- ¿Sebastian?, ¡¿dónde te habías metido?!- Golpeó la mesa Lovino mientras veía a Sebastian, el cual tenía una cara de "Esto es algo serio".

- (Ups, me olvidé de él, no se lo mencioné a Ludwig y Gilbert…)- Pensó Feliciano, mirando la escena, para luego agregar:

-Creo que es algo importante, vamos a la sala, hablemos allí…Nonno, tu continúa disfrutando del desayuno-

-Claro, conversen ustedes- sonrió Romulus para agarrar su taza de café y seguir tomándola.

Los (en este caso) Tres hermanos italianos, se dirigieron juntos a la sala, Sebastián sacó de su pequeña mochila unos papeles doblados por la mitad.

- ¿Que ocurre Sebas?, no tienes una cara de que algo bueno ocurre… -mencionó Feliciano sentándose en el mueble.

-No es bueno lo que voy a decir-Dijo Sebastian desdoblando los papeles que tenía en la mano.

-El doctor me habló sobre el estado de nuestro abuelo, y…Necesitamos un tratamiento, rápido- dijo Sebastian.

-Pero no nos alcanza aún, ¡¿cómo podremos pagar todo ese tratamiento!?- preguntó Lovino.

-No sé como, pero si no conseguimos un buen tratamiento, nuestro abuelo…s-se muere- dijo Sebastian evitando romper en lágrimas.

-E-El nonno, se podría…-dijo Feliciano secándose las lágrimas que empezaban a caer por su rostro.

-No, ¡no se va a morir!, ¡para eso los tres trabajamos! ¡Para darle un buen tratamiento!, ¿no? – se paró Lovino para agarrar los papeles y empezar a leerlos.

-Fratello, yo no quiero que nonno se muera…-A Feliciano se le empezó a quebrar la voz mientras empezaba a abrazar a Lovino.

-Yo tampoco -dijo Sebastian apoyando su cabeza en Feliciano.

-No se va a morir, Bastardo. V-Vamos a evitar eso- dijo Lovino mientras las lágrimas de impotencia mojaban los papeles.

Pero no sabían, que, en el pasillo…se encontraba Romulus, el cual había escuchado toda la conversación, llorando el mismo dolor que ellos…


Bueno, es hora de ver otro lugar…

Viajando a través del mundo, un chico de nacionalidad americana aventurero y fan de la comida chatarra, se encontraba descendiendo del avión con sus mochilas en mano para visitar a su compañero británico.

Desde que él tiene memoria, ese chico (de cejas voluminosas) lo ha cuidado, protegido, y enseñado todo lo que él sabe (lo único que él sabe es que nació en Estados Unidos, al parecer acabó perdido en Inglaterra a los 6 años…aproximadamente), no va de visita Inglaterra hace tiempo, pasa más tiempo en Japón a veces jugando videojuegos y leyendo historietas (que allá se dice mangas) con su amigo japonés, pero era momento de visitarlo.

Las cosas han sido algo difíciles entre ellos, desde que, a los 16 años, el americano decidió volverse "independiente" empezar a forjar su propia vida, por sí mismo, y… no le ha ido mal.

Agarrando una hamburguesa, y dándole grandes mordiscos, decide parar un taxi el cual lo llevaría al hogar de su amigo del alma y hermano.

-Disculpe la pregunta, pero usted es americano, ¿no? …-pregunta el taxista mirando desde el retrovisor al chico americano.

-Sabía que no iba a pasar desapercibido tan fácilmente-respondió el americano afirmando la suposición del taxista, para luego agregar:

-Lo soy, al menos de nacimiento y unos años de vida, Pero en Inglaterra se quedó mi corazón-agregó el americano apoyando su cabeza en la ventana del taxi.

El día estaba frío y nublado, pero por suerte no estaba lloviendo.

- ¿Cuál es su nombre, chico? - preguntó el taxista.

- Mi nombre es Alfred, Alfred F. Jones -Respondió Alfred, sacando una foto antigua, de él y su amigo británico cuando eran solo unos niños.

Un chico de cejas voluminosas se encontraba pálido por lo que se venía, tan asustado e impactado que se le cayó la taza de té de la mano, terminando rota y con el líquido caliente esparcido por el suelo.

Parpadeó, una de sus manos se dirigió a su cabello desordenado y sus ojos esmeralda volvieron a mirar con temor al mensaje que su "hermano de cariño" le mando por E-mail hace 9 horas.

"My Dearest y cejón, Arthur:

HAHAHA, ¡Arthur! ¡Estoy por tomar un vuelo directo a Inglaterra!, ¡Nos vamos a ver muy pronto!, por favor no me asustes al entrar, y no cocines scones…no me gustan.

With love and freedom,

Alfred F. Jones"

Otro disparo en el corazón, Arthur no ve a Alfred desde que se hizo "independiente", eso lo hacía temblar y tenerle más miedo a la reacción que el tendrá al ver a su "amigo y hermano" que a su compañero antiguo de clases ruso.

Empezó a dar vueltas por la sala y luego se dirigió a la cocina para agarrar una escoba, recogedor y trapeador para limpiar el desastre de la hora del té, que estaba totalmente arruinada.

- ¿Que nunca le enseñe a avisar con anticipación? - se preguntó a si mismo Arthur con una mirada muy incómoda.

- Osea, ustedes me entienden, ¿no?, estoy totalmente desarreglado, la casa ni siquiera está limpia y el cuarto de huéspedes que solía ser su cuarto está lleno de telarañas y polvo -dijo Arthur golpeando la escoba contra el suelo, mirando lo que parecía ser la nada.

- ¿por qué no es tranquilo como ustedes queridas hadas? -dijo Arthur suspirando con fuerza.

Solo Arthur las puede ver y conversar con ellas, y no solo las hadas, también espíritus, duendes y cualquier presencia fuera de la vista de alguien normal, eso hace sentir a Arthur especial.

Aunque Alfred y otros amigos de Arthur crean que él está tal vez algo loco, él es feliz con sus propias creencias.

Luego de unos largos minutos de tráfico, unas amigables conversaciones con el taxista y algo de hamburguesas, llegó a su destino.

-Tenga, quédese con el cambio señor- sonrió Alfred dándole el dinero al taxista.

- Thanks, eres un buen chico-respondió el taxista

- ¡Disfruta de tu estadía en Inglaterra! -Agregó el taxista para encender el carro otra vez e irse.

-Que buena persona, bueno, es hora de ver cómo los años funcionaron con Arthur – dijo Alfred para agarrar su equipaje y dirigirse a la puerta del hogar.

Alfred se acerca a paso tranquilo a la puerta, mira el jardín y sigue igual como cuando se fue, las enredaderas aferradas a las rejas, unas rosas y claveles cerca de la ventana.

Llega a la puerta, antigua pero elegante, acerca su mano para tocar la puerta, dudando un poco "¿cómo reaccionará?" su mano tiembla, pero logra dar unos golpes, se empiezan a escuchar pasos muy apresurados acercarse y detenerse justo en la puerta…Hay un silencio algo incómodo.

-Um…-

- O-OH! ¡ALFRED NO SABIA QUE YA ESTABAS A-AHÍ! -Grita Arthur sin dejar terminar a Alfred su oración.

-Hi!, ¿me vas a abrir la puerta? Or I'll have to wait here...-dijo Alfred cruzando los brazos.

-Dilo apropiadamente por la vida de la reina, Alfred -respondió Arthur con una expresión que sus cejas resaltaban más.

- Solo abre! -Dijo Alfred tocando la puerta con más fuerza.

- Lo sé, lo se…- dijo Arthur abriendo la puerta lentamente, pero con los ojos cerrados, y al abrirla totalmente, abrió sus ojos despacio.

Encontrándose con la figura de la persona que crio dese niño, pero ya no era más "su niño ".

-Hola Arthur, ¡he regresado! – dijo Alfred abriendo sus brazos.

Los ojos de Arthur estaban hipnotizados viendo en lo que se había convertido Alfred, si, era un pedazo de basura para él.

Era...porque ahora, él es un pedazo de basura muy tentador.