N/T: Aquí la segunda parte espero y les guste, siento la tardanza tuve problemas con mi computadora y hasta ahora pude publicar.
Todo comenzó bien, estaban buscando ropa de tu talla pero al parecer no había nada para él, solo tallas para mujeres más altas. Pero al parecer ninguna para chicas pequeñas, tal vez sería bueno ir con alguna de las novatas de la tropa 104 habían visto a una chica que era bastante pequeña y encajaba perfecto con el teniente Zakarius que ahora había sido transformado en una mujer.
-Tal vez deberíamos…- Nanaba dijo.
-Me rehusó…- Antes de que el rubio terminara la frase el teniente había contestado sin dudar dos veces, tal vez Nanaba no sabía muy bien él porque de su respuesta adelantada pero para Mike sería más que una burla que alguno de los novatos lo vieran en esa forma más que una burla sería la vergüenza de su vida.
-Entonces…- Se carraspeo la mejilla con ligero nervosismo, no sabía muy bien qué hacer en esa situación, no estaba preparado y más bien porque tenía que estarlo. Lo había tomado por sorpresa el experimento de Hanji.
-¡Nanaba!- Una voz suave pero con un tono de maduro llamo al rubio, quien se dio la vuelta ante el llamado encontrándose con el capitán Erwin Smith.
-Capitán Erwin…- Añadió dándose la vuelta.
Al escuchar la voz del otro, lo único que hizo Mike fue esconderse detrás de Nanaba. Todo empezaba a volverse molesto, estaba casi desnuda si no fuera por los benditos arneses que evitaban que se le cayeran los pantalones pero la camisa estaba por caerse. Si bien sabía las mujeres detestaban mostrar sus pechos en público, más que cuando estaban en relaciones con otra persona o bien se bañaban, pero él no era una mujer era un hombre entonces tenía o no tenía que tener miedo de que le vieran desnudo del torso.
-¿Has visto a Mike?- Pregunto cargando un par de papeles en la mano derecha.
-El teniente Mike, Eh… bueno…- Dijo nervioso tratando de encontrar una buena respuesta a ello, pero en el momento en el estaba a punto de responder Mike picaba su costilla con uno de sus dedos para que evitara contestar alguna tontería. El chico de ojos azules solo se estremecía levemente ante el toque que el mayor hacia a sus cosquillas tratando de verse normal ante Erwin. Y por lo visto el teniente no quería ser descubierto, no ahora hasta tener todo en orden para poder explicárselo a su mejor amigo.
-B-Bueno, tal vez tiene que saber… que…- De nuevo su costilla fue sorprendida por uno de los dedos del otro que no se veía muy feliz de estar siendo escondido por Nanaba pero tenía que resignarse si no quería ser descubierto por el Erwin.
No se veía muy convencido cuando escuchaba las respuestas de Nanaba, pareciera que ocultaba algo.
-E-El puede estar en el comedor, s-se veía muy cansado…- Bien, puedo haber dicho algo sin sonar tan nervioso aunque la tartamudez podría no haberlo convencido muy bien pero tenía que saber si lo había logrado al menos un poco.
-Oh, ya veo… entonces si lo ves puedes decirle que vaya a mi oficina tenemos mucho trabajo.- El capitán contesto con una suave sonrisa en su rostro, dando unos pasos se despidió del soldado llevando en sus manos los papeles con los cuales empezaría el siguiente trabajo.
Qué alivio, realmente se sentía tan aliviado de saber que el capitán Erwin no los había descubierto pero más aliviado se sentía porque los golpecitos que el mayor daba a sus costillas habían cesado. Podía tomarse un respiro, pero solo uno porque aun tenía un problema más grande que ese.
-Entonces… nos vamos.- Añadió Mike mirando al rubio fijamente.
-Sí, ya voy…- Contesto suavemente empezando a caminar por el pasillo junto al teniente.
Hasta ahora todo estaba bien, Nanaba había llevado a Mike al cuarto que compartía con su compañero Gerger. Unos cuantos minutos después estuvieron los dos solos en la habitación, el rubio pensaba sobre dónde buscar ropa para el mayor y sobre como solucionarían lo del cambio de género.
-Bien…- El rubio se levanto de la cama en donde había dejado al mayor y camino hacia la puerta.
-¿Irás a buscar ropa para mí?- Cuestiono mientras se quedaba encima de la cama, simplemente con la camisa gigante que lograba cubrirle todo el cuerpo y esos inmensos mechones de cabello que se cargaba ahora.
-Sí, no salgas ¿de acuerdo? No sería bueno si alguien te viera así, ¿Verdad?- Se quedo unos cuantos segundos delante de la puerta, escuchar la suave voz de la chica realmente era un tono de voz muy suave y dulce. Realmente dulce.
-Pero, Gerger no comparte cuarto contigo… El puede venir y verme así. ¿No?- Añadió mirando al rubio desde la comodidad de la cama en la que estaba.
-No lo creo, está entrenando con René y Henning tardará unas cuantas horas. Entonces espera aquí, vuelvo en unos minutos. Te cuidare todo el tiempo que pueda…- Dijo abriendo la puerta suavemente y saliendo de ahí sin decir nada más.
El teniente se quedo ahí escuchando lo último que dijo un rubor se apodero de sus mejillas. Pero ahora, simplemente se quedo ahí escuchando el silencio de la habitación. Aunque lentamente empezó a retirarse la chaqueta de la legión, desabrochando arneses con cuidado tal y como pensó ellos eran los únicos que impedían que su camisa cayera ya que cuando los removió esta cayó al suelo y logró ver su pecho en el cual adornaban dos pequeñas montañas. Y algo más, un vientre delgado y suave no estaban sus abdominales, sus brazos eran delgados y las piernas igual lo único bueno era que su habilidad de olfatear estaba intacta, podía sentir todo olor y la habitación emanaba un olor realmente dulce como vainilla idéntico al que Nanaba siempre se cargaba encima, y licor ese era el de Gerger.
Todo bien hasta ahora, salvo porque seguía siendo una mujer. Desde lo más profundo de su cabeza deseaba tanto que Hanji encontrara pronto la cura. Pero no podía esconderse siempre tarde o temprano tenía que salir sea como sea.
Se acerco hasta donde estaba el ropero, el único de la habitación empezó a buscar algo que pudiera usar en lo que llegaba el soldado pero solo camisas de talla grande muy grande. Hasta que encontró una camisa blanca de botones que podía ajustarse bien y poder usar solo unos minutos en lo que la ropa que el recluta traía llegara.
No dudo en colocarse la camisa y olfatearla, bien. Sabía de quien era el aroma de su amado y querido recluta…
-Nanaba…- Susurro olfateando la manga de la camisa.
N/T: Presiento que la siguiente parte les gustará algunos y a otros no, pero simplemente es para seguir la historia. Y siento la tardanza, lo que pasa es que mi computadora tuvo un problema y no pude hacer nada. Pero ahora ya está bien, ya puedo seguir.
