-¿Te vistió tu madre de nuevo?-sabía que le irritara que hiciera esa pregunta en voz alta, la avergonzaba, sin embargo eso hacían los amigos, es decir los mejores amigos fastidiaban en algunas ocasiones.

-Cállate-me dijo entornado los ojos en una muestra clara de cansancio. Teníamos las mismas clases y exactamente los mismos horarios. Eso me encantaba, se sentía genial estar cerca de ella, era como si el mundo fuera mejor cuando ella estaba.

-¿Has hecho tu tarea?-me preguntó mientras empezaba a caminar hacia la primera clase. No podía evitar no mirarla.

-¿La de matemáticas?-pregunté siguiendo su ritmo.

-Hoy no tenemos matemáticas-me explicó revoleando su coleta entre sus pasos.

-Entonces, creo que no-le respondí con una sonrisa. Era tan perfecta su mueca de irritación que no pude bloquear la risotada que le siguió.

-¡McCarty!-dijo Alec entrando desde el pasillo de la izquierda. Era tanto el murmullo de la sala que pude fingir que no lo escuchaba, pero eso arruinaría mi reputación.

-No puedo creer que te sigas juntando con estos idiotas Em-comentó Helen mientras apresuraba su paso para dejarme solo en compañía de ellos.

-¡Hey, Alec!-dijo levantando la mano para chocar los cinco.

-Escucha Laurence dará una fiesta en su casa ¿Vienes?-preguntó expectante. Laurence la impactante rubia, competencia de mi mejor amiga, que si no iba a su fiesta dejaba de ser popular, seguramente a Helen no le importaba.

-¿Cuándo es?-pregunté interesado.

-El viernes-ni había terminado de decir esto que yo ya estaba entrando al salón de Biología.

-¿A que fiesta te han invitado ahora?-preguntó mi compañera de banco bastante irritada.

-A una de Laurence-dije restándole importancia, sabía que la pondría furiosa pero no me importó.

-Supongo que vas a ir-dijo con su cabeza gacha, resignada a que eso pasara.

-Es lo habitual-le expliqué mirándola a los ojos y con una sonrisa dispuesta a suavizar todo.

-Espero que no sea este fin de semana-dijo de repente moviendo su cabeza como si quisiera quitarse un feo pensamiento.

-¿Por qué no podría ser este fin de semana?-pregunté sorprendido.

-A si que si es este fin de semana-comentó medio enfadada.

-No es lo que te he preguntado, Helen-dije de repente irritado. Que yo recordara no tenía nada para este fin de semana. Mis padres se irían a pasar unos días en lo de mi tía, según lo que sabía, así que estaba libre.

-Teníamos una cita-dijo mirando su libro.

-¡Lo siento! Mira, cuando salgamos de aquí iré y hablaré para cancelar todo ¿sabes?-le dije rápidamente. ¡Que tonto había sido!

-No, está bien. Mantener tu popularidad es mucho mas importante que ir a un estúpido café con tu mejor, ah perdón, tu EX – mejor amiga-dijo totalmente enfadada, tanto que tuve que ver como se cambiaba de lugar junto al estúpido de Collin. Lo único que pude hacer durante la clase, fue agarrar un papel y empezar a escribir mensajes.

"sabes que te quiero, no me hagas esto. Es ridículo", le escribí tan rápido como la mano me dejaba.

"No es ridículo. Lo ridículo es haberte dado otra oportunidad", me contestó después de un minuto.

"No empieces con ese discursito", le advertí con una letra gigante.

"¿Qué discurso Emmet? Soy una estudiante, no un presidente, ni tu madre como para darte discursos. Ya estas bastante grande, deberías aprender un poco de tus errores, solamente eso", apareció el papel totalmente arrugado por la furia.

"¿Errores? Está es la primera vez que te dejo plantada", le expliqué con una letra inteligible.

"Seguro. Como la del partido de béisbol, la feria, el cine, la actuación de tu hermanita, piensa Emmet hay demasiadas cosas por las que te puedo culpar", dijo dándome una lección.

"No hacia falta mi expediente. Pero, tu no me puedes culpar…", le escribí haciendo hincapié a algo obvio.

"¿Qué quieres decir?" se notaba hasta en la letra que estaba confundida.

"Que crees que soy lindo y por eso no lo haces" le mandé el comunicado con un beso.

"Idiota. Lo único que te interesa, eres tú."y eso fue lo último que me escribió ese día. Traté de llamarla durante toda la tarde pero lo único que logre fue escuchar a su padre maldiciéndome.

-Hola-saludé a la hermana de Helen desde la entrada de su casa. Eran las 7 de la mañana, horario de ir a la escuela.

-Helen no quiere verte-dijo en voz alta. Pero luego bajo las escaleras minuciosamente como si temiera que pudieran escucharla o como si sintiera perseguida.- Me ha pagado 15 dólares para que te dijera esto-me dijo guiñándome un ojo- Pero estuvo llorando toda la santa noche por ti-dijo con una sonrisa malévola.

-Te mataré, Libby-gritó una voz proveniente de la ventana de Helen. Miré y la vi, estaba total y puramente hecha una pena.

-Déjame entrar-le pedí en un grito no tan grito.