2. Comandante Woods.
El despertador sonó a las 7:00 como cada día. Lexa se quejó contra su almohada y tras tomarse unos minutos para desperezarse y encontrarse lo suficientemente concienciada para salir de la cama, se dirigió al baño para lavarse la cara y cepillarse los dientes. Suspiró delante del espejo y por su mente pasaron imágenes de los últimos cinco años. Cada día como soldado raso, cada salto, cada caída, el día que obtuvo la medalla al mérito de honor, y por supuesto, el día que el general la nombró comandante de aire. Todo se había acabado, y era inevitable sentir nostalgia por todos esos momentos que no volverían a repetirse.
Volvía a su ciudad, y nadie de allí lo sabía, ni siquiera su hermano, Lincoln. Pensó en él y decidió llamarle para contárselo todo. En un principio pensaba darle una sorpresa, pero sabía que si se presentaba allí sin haber avisado y sin contar nada de lo que había pasado, Lincoln se enfadaría bastante, y no quería que su vuelta se convirtiese en algo amargo.
Cogió su móvil y marcó el número. Apenas sonaron un par de tonos cuando descolgaron al otro lado de la línea.
-¿Lexa? - La voz de Lincoln sonó sorprendida.
-¿Qué pasa, hermanito? - Contestó Lexa con tono alegre.
-Pues nada, muy sorprendido de que me llames. ¿Cuánto hacía que no hablábamos? ¿Un año casi? ¿A qué se debe el honor?
-Pues verás... vuelvo a casa - La confesión de Lexa dejó a Lincoln descolocado. Por su mente había pasado que tal vez le llamaba para preguntarle cómo estaba todo, como hacía una vez cada año, pero para nada esperaba que le dijera eso.
-¿Qué? ¿Y eso? ¿Cuándo vuelves?
-Supongo que te contaré largo y tendido cuando te vea, pero tuve un grave accidente y no puedo continuar en el ejército.
-¿Un accidente? – Lincoln sonaba alterado - ¿Y no has podido llamarme antes? Hubiese ido enseguida, lo sabes.
-No quería que te preocupases, ya lo sabes. De todas formas, ya te contaré cuando vuelva. Realmente yo… - Lexa cogió aire antes de hablar – yo llamaba para preguntarte algo, Lincoln. A parte de hacerte saber que vuelvo, claro.
-Dispara.
-¿Sabes si… si mi piso está vacío? – Lexa escuchó suspirar a Lincoln al otro lado del teléfono.
-Sí, no está viviendo aquí. Se fue un par de meses después que tú, realmente. Supongo que los recuerdos le podían – Lexa sintió un dolor en su pecho.
-Y… ¿sabes dónde está? – Intentó evitar hacerle esas preguntas pero en su interior se moría por saberlo.
-Sí, claro. Vive en el mismo edificio que nosotros. – Un silencio se produjo a ambos lados de la línea – Lexa, ¿de verdad te hace algún bien saber esto?
-Tranquilo, era sólo simple curiosidad – Intentó quitarle importancia al asunto.
-Bueno, ¿y cuando vuelves? – Lincoln quiso cambiar de tema. Sabía que siempre había sido algo delicado para su hermana.
-En un par de días. Hoy tengo que ir al cuartel por última vez y mañana aprovecharé para recoger todo y en cuanto esté todo listo me pondré de camino con el coche.
-Lexa, son 12 horas en coche.
-Lo sé, tranquilo, pero me apetece conducir y despejar mi mente.
-Bueno, está bien. Avísame cuando estés de camino para aquí y Octavia y yo iremos a ayudarte con la mudanza, ¿de acuerdo? – Lincoln sonaba realmente emocionado por volver a ver a su hermana pequeña después de tanto tiempo.
-Hecho, tengo ganas de verte. Hasta luego.
-Hasta luego, Lexa, cuídate.
Lexa colgó el teléfono y se dispuso a cambiarse y ponerse su uniforme militar por última vez. Era tan raro pensar que después de ese día no tendría que hacerlo, no tendría que ir al cuartel a hacer lo que se había convertido en su rutina, que intentó desviar sus pensamientos hacia otra cosa. Pensó en Lincoln, pensó en Octavia, pensó en la ciudad donde iba a volver después de cinco años e, irremediablemente, pensó en ella. Pensó en cómo estaría, en si tendría pareja, o si la habría olvidado. Pensó en qué pasaría si volviesen a encontrarse.
A veces meditaba si había sido un error dejarla para cumplir su sueño. Desde siempre había querido estar en el ejército y, aunque en medio de su relación con Clarke tuvo que pensarlo muchísimo, decidió que nada ni nadie, aunque fuera la persona que completaba su alma, iba a hacer que dejara a un lado lo que siempre había querido hacer.
Pero aquella aventura había terminado, y Lexa volvía a casa. Estaba segura que Clarke no querría verla. Seguro que seguiría tan testaruda y cabezota como siempre. Un sonrisa se posó en su rostro al pensar en ella.
Olvídate. No querrá saber nada de ti.
Lexa recordó cómo de destrozada dejó a Clarke cuando se fue, y cómo de devastada estaba ella misma. Pensó que era mejor así, y que estaba segura de que Clarke la olvidaría, cosa que ella no había sido capaz de hacer. Había estado con varias chicas pero se cansaba de ellas enseguida. Ninguna había sido capaz de llenar cada espacio de su interior como Clarke lo había hecho. Y estaba segura de que nadie podría hacerlo en un futuro.
Disipó esos pensamientos de su mente y salió de casa en dirección al cuartel por última vez. En cuanto llegó, se dirigió a su despacho. Lexa miró en sus estanterías y observó las fotos que había en ellas y una sonrisa nostálgica apareció mientras su mente vagaba por los recuerdos de aquellos maravillosos años en el ejército.
Cuando llevaba varios minutos sumergida en sus pensamientos, alguien llamó a la puerta.
-Adelante – Dijo Lexa, volviendo a la realidad.
-Comandante – Dijo una voz femenina una vez la puerta fue abierta, al mismo tiempo que hacía el saludo militar.
-Indra, pasa.
-¿Lista para marcharte? – Dijo Indra mientras se colocaba al lado de Lexa. Indra había sido su mejor amiga desde el primer día, realmente una de las pocas que la había hecho sentir como en casa el primer año, cuando todo era muy duro.
-No, la verdad. Ha pasado todo tan rápido… - Lexa sintió las lágrimas acumularse en sus ojos. Siempre había sido una persona fuerte pero ver cómo su sueño se había visto truncado al tener aquel accidente era demasiado para ella.
-Te vamos a echar de menos por aquí, lo sabes, ¿verdad? – Le dijo Indra colocando su mano sobre el hombro de Lexa.
-Y yo a vosotros, Indra. Va a ser todo muy extraño a partir de ahora. Pero prometo que buscaré algún hueco para venir a visitaros.
-¿Desde la otra punta del país? – Dijo Indra, con un tono entre divertido y de sorpresa.
-¡Claro! – Dijo Lexa, aunque en el fondo sabía que seguramente no cumpliría esa promesa, al igual que en esos cinco años no había vuelto a pisar su ciudad aunque había prometido que lo haría.
Lexa pasó ese día paseando por el cuartel, se dirigió a cada uno de los despachos donde estaban sus superiores presentando sus respetos y teniendo las correspondientes despedidas con cada uno de ellos. Algunas más distantes pero otras más cercanas, como con el general Kane.
Antes de irse definitivamente, pasó por la pista de prácticas. Anya y su equipo estaban a punto de despegar para practicar con los paracaídas.
-¿Quieres hacernos volar tú? – Le sugirió Anya.
-Me encantaría – Dijo Lexa entusiasmada.
Se puso sus gafas de sol y se subió en aquella avioneta en el asiento del piloto. Sintió cómo los motores se encendían y decidió disfrutar de esa sensación que tanto la llenaba por una última vez. Lexa adoraba volar, era una sensación que le hacía sentir libre. Era lo que le había impulsado a ir al ejército. No pudo evitar que las lágrimas corrieran libres sobre sus mejillas al ser consciente de que iba a ser la última vez que podría pilotar un avión.
Sintió envidia de los soldados que en la parte trasera de la avioneta se preparaban para lanzarse al vacío. Cuando estaban a una buena altura, Lexa dio luz verde para que saltaran, y así lo hicieron hasta que sólo quedaron Anya y ella en el aparato.
-No hace falta que aterricemos ya, puedes deleitarte un poco en el aire – Le dijo Anya, sabía que su amiga lo estaba pasando mal teniendo que dejar el ejército, y ella sólo podía hacer lo que le hubiera gustado que hiciesen con ella.
Lexa remontó el vuelo y se perdió entre las nubes y una sensación de bienestar la invadió de repente. Vio el sol acariciando las nubes y el recuerdo de Clarke volvió a aparecer en su mente. Le hubiese encantado compartir ese momento con ella. Como cada momento importante en su vida en los últimos cinco años.
No se puede tener todo.
Y ahora tú no tienes nada.
Tras volar durante casi una hora, finalmente aterrizó el avión y se despidió de todo el mundo, dejando atrás ese cuartel que había sido su vida durante cinco años.
Volvió a casa y se encontró, una vez más, pensando en Clarke.
¿Qué coño te pasa, Woods?
Sí era bien cierto que de vez en cuando la rubia rondaba la mente de Lexa, pero no con tanta intensidad ni asiduidad como ese día. La comandante estaba nerviosa, y sabía que se debía a que las posibilidades de encontrarse con Clarke una vez volviese a la ciudad eran más que probables.
Lexa suspiró. Todo había sido su culpa y ahora se estaba volviendo loca por la posibilidad de volverla a ver. Los recuerdos que había vivido con aquella rubia de ojos azules que le quitaba el aliento volaron libres por su cabeza.
[FLASHBACK]
Lexa salió de la universidad tras una clase horrorosa. A continuación tenía otra, pero su cabeza estaba tan saturada que decidió ir al césped que se encontraba en la parte trasera del campus, sabiendo que probablemente allí se encontraría Clarke.
Se había convertido en el rincón secreto de las dos, donde compartían horas simplemente charlando y tumbadas, atrapando en sus cuerpos los rayos del sol.
Lexa había sentido algo especial por esa chica desde la primera vez que la había visto, y estaba casi segura de que aquello era recíproco. Y no podía evitar ponerse nerviosa cada vez que la veía. Y eso mismo le pasó cuando la vio tumbada sobre la hierba con la cabeza apoyada en su mochila y los ojos cerrados. Sigilosamente, se sentó a su lado intentando que la otra no se percatase de su presencia y con cariño acarició su mejilla, haciendo que Clarke abriese los ojos.
-¿No tienes clase? – Susurró la rubia.
-Sí, pero me apetecía venir. ¿Y tú?
Clarke encogió los hombros.
-Sabía que vendrías, y vine.
Lexa se quedó en silencio y se tumbó al lado de la rubia. Estuvieron varios minutos sin hablar, pero como si de imanes se tratase, acabaron con las manos entrelazadas sin saber muy bien cómo. Lexa notó como Clarke se giraba hacia ella y no pudo evitar hacer lo mismo. Aquellos ojos azules examinaban su rostro con un amor y con un brillo que erizó la piel de Lexa.
La morena suavemente se liberó del agarre de la mano de Clarke y la llevó a su cara y la rubia la imitó. Casi sin darse cuenta, fueron acercando sus rostros hacia la otra hasta que sus labios se rozaron. Lexa pudo oír a Clarke suspirar y tras esperar un alejamiento que no llegó, fundió sus labios en los de la rubia en un beso que no sería jamás capaz de olvidar.
[FIN DEL FLASHBACK]
Y, efectivamente, jamás lo olvidó.
Lexa pensó que era una tontería volver a caer en aquellos pensamientos y se centró en recoger todo lo que había por su apartamento y lo metía en cajas.
Tardó casi cuatro horas pero finalmente dejó el piso totalmente vacío. Necesitó la ayuda de Gustus, su vecino, para poder poner todo en el coche. Llevaba cinco años de su vida en esas cajas y obviamente no eran cuatro cosas tontas.
Esa noche se durmió pronto para poder descansar bien y al día siguiente puso rumbo hacia su antigua ciudad con miedo pero con ganas de saber qué le depararía el futuro. Una buena colección de cd's que sonaban en su coche le acompañó y el trayecto resultó ser más ameno de lo que ella esperaba. Paró para dormir unas horas en un hostal de carretera cuando el sueño se apoderó de ella y cuando hubo descansado lo suficiente, continuó con su camino.
Cuando llegó a la puerta de su antiguo apartamento en la ciudad, pudo ver a Lincoln y Octavia esperándola con entusiasmo. Tras los saludos y los abrazos, se pusieron manos a la obra y en unas horas dejaron todas las cajas dentro del piso.
-Lincoln, creo que una de las ruedas traseras está un poco floja, ¿podrías echarle un vistazo? – Le preguntó Lexa a su hermano.
-Claro.
-Genial, ¿queréis quedaros a cenar esta noche? Podemos pedir algo de comida.
-Lo cierto es que tenemos cena en casa de Raven – dijo Octavia.
-Podría ir con vosotros, me hace ilusión verla a ella y a Finn después de tanto tiempo.
-No es una buena idea – Octavia respondió inmediatamente con un tono bastante serio.
-Oh… ¿irá ella? – Lexa sintió una punzada. De repente recordó que estaba con la mejor amiga de Clarke.
-Sí. Oye Lexa, sabes que me caes genial, pero te lo pido por favor, no te acerques a ella – Dijo Octavia con tono autoritario – Lo ha pasado mal y no quiero que vuelva a caer.
-Puedes estar tranquila, O – Dijo Lexa con un tono de tristeza.
-Lex, me parece que vas a tener que cambiar la rueda – Dijo Lincoln tras echar un vistazo al coche de su hermana.
-Genial.
-Bueno, nosotros tenemos que irnos ya. Te llamamos esta semana, ¿vale? – Lincoln y Octavia se despidieron de ella y se fueron.
Lexa decidió ir al centro de la ciudad para hacer algunas compras así que cogió un taxi que la dejó al lado de unos grandes almacenes, donde entró para comprar algunas cosas para decorar el piso que estaba prácticamente vacío.
Cuando terminó de hacer todas las compras, dio una vuelta por el centro de la ciudad. Fue a observar la fachada de aquella iglesia que se imponía entre los edificios. Tras un rato allí, y al ver que la lluvia que había sido constante durante toda la tarde estaba a punto de empeorar, se dirigió hasta un taxi que vio a pocos metros y se subió en él.
Bueno, estos dos capítulos como podéis ver han sido un poco de presentación, para conocer un poco a nuestras protagonistas y su pasado en común. Habrá más flashbacks que nos permitan ver cómo era su relación antes de todo esto. Decidme que os está pareciendo por el momento.
Un saludo y muchas gracias por leer!
Twitter: humvnkru
