"Al final del Arcoíris"
Disclaimer: La serie Pokémon y todos sus personajes son propiedad intelectual de Satoshi Tajiri y 4kids Entertainment.
Clasificación: NC-17
Género: Romance
Pareja: Ash/Misty
Notas de la autora: Segundo Cap! Pensaba postearlo en unos días más porque tengo miedo de no poder tener los demás a tiempo y tardarme una eternidaaad en subirlos (y se lo frustrante que eso puede llegar a ser). Antes que nada quiero agradecer los pocos pero significativos reviews que me dejaron y que me animan a continuar esta historia.
Primero a L' Fleur Noir, a quien no había ubicado hasta que me di cuenta que has sido la autora de todas las historias Ash/Misty que me inspiraron a hacer la propia. Muchas gracias por brindarnos lo que considero "La Biblia" del Ash/Misty: Meu Anjo.
Original Mermaid: Muchas gracias! Espero que la espera valga la pena y te guste este capítulo.
Arcangel Guerrero: No te preocupes, no creo caer en el género de tragedia, si tendrá su dramatismo, pero como en todo, combinado con el humor, el romance, la ternura, etc!. Gracias por tu crítica!
Ahora sí, el segundo cap! Enjoy!
Capítulo 2°
El Reencuentro
Aeropuerto Internacional de Londres.
-Maldita sea…se supone que debió haber llegado hace una hora- un ojeroso muchacho miró su reloj de muñeca, golpeándolo suavemente con su dedo índice para comprobar que siguiera funcionando.
Eran las cinco de la mañana, estaba en el aeropuerto de Londres y ni señas de Natalie. Estaba cansado, con una resaca increíble y con el estómago vacío, y su novia no aparecía por ningún lado. Había dormido solo dos horas. No sabía como rayos se había levantado tan temprano para ir a recogerla.
-Oh si…porque me amenazó de muerte si no llegaba a tiempo, por eso…- ahí estaba la respuesta.
Pikachu cambió de posición en la silla por enésima vez, intentando dormir un poco. Pero ni siquiera el Pokemon lo conseguía, los asientos eran incómodos y el ruido de los motores era simplemente insoportable para conciliar un poco de sueño y dormir.
Exasperado, Ash se levantó de su asiento y notó que su trasero le dolía. Genial, lo que me faltaba. Pensó desesperado. Lo único que le faltaba era que un tren apareciera en un aeropuerto y le pasara por encima. Caminó por quinta vez hacia el mostrador, en el cual se encontraba una recepcionista igual de ojerosa y cansada. Cansada pero no hambrienta y de malas como él, eso era seguro.
El joven de cabello azabache se apoyó en el lujoso mostrador y miró a la recepcionista con una mueca que intentó hacer ver como una sonrisa.
-Disculpe señorita, ¿Está segura que el vuelo que viene de Italia no está retrasado? Llevo una hora aquí y mi novia no llega-
La mujer resopló exasperada, era la quinta vez que ese hombre le preguntaba aquello. Era cierto que parecía un dios griego bajado del Olimpo entre los mortales, pero se estaba convirtiendo en un hombre necio que no paraba de hacer la misma pregunta. No sabía que rayos estaba haciendo en ese lugar a las cinco de la mañana, soportando la tentación de ver a ese perfecto hombre que era tan necio como atractivo.
-Señor, ya le dije que el vuelo no viene….- la mujer casi se atragantó al prestar atención en el horario, estaba tan cansada y semi dormida que no se había percatado que el hombre tenía razón.
El vuelo de Italia tenía retraso de una hora. Y ella ni cuenta se había dado. Con una sonrisa nerviosa, intentó contestarle al imponente semi dios que se erguía ante ella y alzaba una ceja esperando su respuesta, la cual parecía no salir de sus labios.
-¿Y bien?- cruzando sus brazos, el entrenador esperó que la mujer contestara. Pero esta parecía petrificada y su boca se había quedado semi abierta, sin emitir un solo sonido.
Después de unos segundos de incómodo silencio, la mujer pudo decir unas cuantas palabras coherentes sin delatar su nerviosismo.
-En efecto, el vuelo tiene retraso de una hora, señor- pero ni su tono dócil y delicado funcionó. Y era de esperarse, no había notado un retraso de una hora y hasta ahora tenía el descaro de comunicarlo.
-Una hora!! Jesús! Créame que yo más que nadie lo sé señorita! Solo quiero que me digan si demorará mucho más!- Ash colocó sus manos en el mostrador, esperando una respuesta.
La mujer se quedó petrificada. No por el hecho de que el hombre hubiera gritado, sino por lo que había dicho. Estaba ahí esperando a su novia, el vuelo estaba retrasado y él no había preguntado lo que había pasado con el vuelo, no mostraba una pizca de preocupación. Simplemente se había limitado a quejarse y a demandar que le dijeran si tenía que estar en ese lugar por más tiempo.
-En seguida me comunico con la base central joven, permítame-
Ash suspiró mientras observaba a la mujer llamar y decir un montón de cosas a las cuales no prestó atención. Quería llegar a casa, tomar un baño, comer a sus anchas y dormir todo el día de ser posible. Aunque con Natalie de vuelta, eso iba a ser prácticamente imposible.
Bufó exasperado, imaginando el día interminable que le esperaba con Natalie parloteando por todos lados. No le molestaba su forma de ser, pero en esos momentos simplemente no estaba de humor ni para aguantarse a si mismo.
-El vuelo llegará dentro de una media hora joven, hubo un problema en el despegue, pero su novia no tardará en llegar- ofreciéndole una sonrisa encantadora dejó desarmado a Ash, quien simplemente no podía resistirse al encanto femenino.
-De acuerdo, gracias señorita- suspirando derrotado, el entrenador bajó las manos del mostrador y las introdujo en sus bolsillos del pantalón, para no verse en la tentación de dedicarle una grosería a la mujer con sus dedos. Vaya que se sabía muchas.
Caminó de regreso a las malditas sillas de la sala de espera, las cuales lo habían dejado dolorido y con un humor de los mil demonios. Definitivamente, su inmensa cama adoselada era mucho mejor que esas cosas en las cuales había intentado dormir. Se sentó en una de ellas de nuevo, mirando a su Pokemon somnoliento y al parecer del mismo humor que él. Y seguramente Pikachu estaría de peor humor una vez que llegara Natalie, de eso estaba seguro.
Intentó despejar su mente para deshacerse del mal humor. Cerró sus ojos y cruzó sus brazos, recordando la plática que había tenido con el director el día anterior. La idea del proyecto lo entusiasmaba demasiado. No recordaba cuando había sido la última vez que algo le había interesado en serio desde que era el entrenador más conocido mundialmente.
Suspiró al recordar la otra parte del proyecto, el cual suponía ser el compañero de una bióloga Pokemon. Eso significaba que trabajaría con ella, que la vería de diario y tendría que tratar con ella muchas cosas relacionadas con el proyecto. Estaba seguro que no habría problemas.
Después de todo, tratar con mujeres no es algo que se me dificulte. Pensó con autosuficiencia. Sonrió de medio lado, creando una mueca arrogante que enmarcó su rostro. Pero su sonrisa duró poco al recordar que la mujer con la que trabajaría era una bióloga marina. No entendía porque, pero la idea le hacía sentir una opresión en el estómago, y estaba seguro que no era de hambre.
Quizá era porque esas dos palabras le recordaban a ese ángel que años antes había dejado en un pueblo ya casi olvidado por él. Su hogar. Tal vez, el hecho de recordar a Misty era lo que lo hacía sentir esa opresión en el estómago. Por Dios! Misty debería ser un asunto olvidado en su vida. O al menos se suponía que debía ser así. Como fuese, Misty era una mujer prohibida para él.
Hermosa, excitante, decidida e inteligente. Su ideal. Pero prohibida.
Centró sus pensamientos en el proyecto de nuevo. Nada fuera del otro mundo iba a ocurrirle si una mujer era su compañera, y tampoco le iba a ocurrir nada si esa mujer era una bióloga Pokemon. Tal vez había tenido problemas de equipo con ella, debido a sus temperamentos tan parecidos. Pero eso había sido con ella, la situación ahora era distinta…
Nada fuera de lo común iba a pasar.
Aliviado por sus pensamientos, se convenció de lo idiota que había sido al temerle a una mujer que ni siquiera conocía. Los problemas de equipo habían ocurrido cuando era un niño y cuando ese ángel de fuego era su compañera. Y ahora, esos dos aspectos estaban completamente eliminados de la lista.
Mucho más tranquilo e intentando poner su mejor sonrisa para cuando llegara su hermosa novia, transcurrió media hora.
Una mujer alta y delgada se quitó sus lentes de sol una vez que hubiese entrado al aeropuerto. Caminó con paso seguro el tramo que le faltaba para llegar a la sala de espera, consciente de la reacción masculina ante su presencia.
Era una mujer bellísima sin duda, que despertaba suspiros entre los hombres y la rabia de las mujeres. Al retirar los lentes de su lugar, reveló unos intensos ojos azules, su rostro era enmarcado por unos labios rosados y unas pestañas inmensas, su cabello recogido en un moño alto dejaba caer unos rizos dorados cuidados con esmero. El vestido celeste le llegaba por encima de las rodillas, delineaba su cintura y sus caderas, terminando en unos flecos que volaban conforme caminaba y dejaban al descubierto sus largas y estilizadas piernas, realzando más su bella figura.
No por nada era una modelo reconocida mundialmente.
Sonrió de medio lado divertida, al mirar de reojo como un hombre casi se estrellaba con una pila de equipaje. Estaba segura que la había estado viendo a ella. Y con esa sonrisa de autosuficiencia, siguió caminando hacia donde se suponía, debía estar su novio esperándola.
Mirando su reloj por sexta vez en esos tres minutos, Ash alzó la cabeza, conciente de que si no veía a su novia explotaría esta vez. Pero para su alivio, Natalie apareció ante él como siempre, sonriendo de medio lado y caminando de manera coqueta y desinhibida, como una provocación en la cual él siempre caía. Sonrió también, aliviado de no tener que pensar más en un cabello de fuego enroscado y unos ojos aguamarina.
Ahora que Natalie estaba de vuelta, sabría que solo tendría en su cabeza ese cabello dorado y esos ojos azules.
-Hola mi amor!!- apenas dejó su maleta a sus pies, la joven se abalanzó al cuello de su novio, a pesar de ser tan alta, tenía que colgarse del cuello de Ash para alcanzarlo.
Ash respondió al abrazo cansado, intentando dominar sus deseos de bostezar, no tenía deseos de comenzar la primera discusión del día si su novia notaba el poco entusiasmo que tenía. Las discusiones podrían venir más tarde.
-Hola preciosa…¿Cómo te fue?- la besó, intentando borrar de su memoria unos labios rosados que le pertenecían a un ángel con cabello de fuego y ojos marinos. Y pareció conseguirlo.
Natalie sonrió una vez que se hubiesen separado y miró con indiferencia al Pokemon que se encontraba sentado a un lado del asiento de su novio. Odiaba que llevara a sus bichos raros con él a lugares públicos, y más si se trataba de esa rata amarilla. Pero decidió no decirle nada al respecto por lo pronto, no quería comenzar una discusión, no después de dos meses de no verlo.
-Muy bien cielo, me dieron el contrato para los próximos dos años, y lo mejor de todo es que no tendré que viajar tanto!- con una sonrisa, lo abrazó con fuerza y hundió su cabeza en el torso del entrenador, quien se había quedado boquiabierto y con los ojos abiertos de par en par.
Eso quería decir que su tortura había terminado, no volvería a acordarse de aquél ángel de fuego en un buen tiempo. No volvería a sufrir cada noche en vela viendo sus fotografías, no volvería a sumergirse en los recuerdos, no volvería a desearla noche tras noche. Natalie no volvería a dejarlo en un buen tiempo y eso suponía un descanso a su mente y a su corazón.
-Eso es fantástico mi vida…- intentó verla a los ojos y reprimir un bostezo, y como todo un casanova experto en el arte de las mujeres, logró entregarle su mejor sonrisa.
Tomó la maleta de la joven que estaba a sus pies y la cargó en su hombro, sorprendido del peso de esta. Maquillaje, eso es seguro. Pensó resignado, no sabía como Natalie podía cargar aquello sin esfuerzo alguno. Tomó a su novia por la cintura y salieron del aeropuerto. Sabía que la gente los miraba escandalizada y la razón era obvia, la modelo más caprichosa e insoportable de Inglaterra con el entrenador más vividor del mundo.
Una pareja simplemente escandalosa para cualquier persona, en especial para los reporteros.
-Mi amor…¿Por qué trajiste a tu ratita amarilla? ¿No se pudo haber quedado en tu departamento o con tu amigo?- la mujer miró al Pokemon con desagrado, el cual solo se limitó a subirse al hombro de su entrenador -el que estaba más alejado de Natalie- y mirar hacia delante.
Aunque la joven se había propuesto no decirle nada, no había podido contenerse.
Ash intentó no enfadarse. Eran casi las seis de la mañana, no tenía nada en el estómago y traía un dolor de cabeza insoportable. Pero aún así, no pudo evitar percatarse del comentario despectivo de su novia. Era muy común que la joven siempre hiciera comentarios así, pero en esta ocasión simplemente no pensaba soportarlos.
-Es Pikachu, no una ratita amarilla, no se podía quedar en mi departamento y mi amigo se llama Declan, Natalie- dijo esto sin voltear a verla y cerrando sus ojos, intentando controlar su respiración y sus deseos de gritar.
-Bueno bueno mi amor, todo eso, ¿Pero por qué lo trajiste?- Natalie miró de nuevo al Pokemon que estaba en el hombro de Ash, completamente alejado de ella.
-Porque es mi amigo Natalie, y porque no pienso dejarlo solo, ya hemos discutido sobre eso-
Una vez que hubiesen encontrado el auto en el gran estacionamiento, se subieron al convertible del entrenador dejando el montón de maletas en el asiento trasero, mientras Pikachu ocupaba su lugar encima de estas. Natalie aseguró el cinturón e intentó persuadir a su novio para seguir con el tema, estaba harta de que el joven llevara a Pikachu a lugares públicos.
-Pero Ash!!-
-Basta Natalie! No pienso discutir sobre eso, estoy cansado, hambriento y con un dolor de cabeza increíble. Tu vuelo se retrasó demasiado y sinceramente lo único que quiero es dormir- diciendo esto entre dientes, el joven de cabello azabache miró a su novia mientras encendía el auto, enfadado por la actitud caprichosa y exigente de la mujer.
La joven abrió sus ojos impresionada por el mal humor de su novio. Era la primera vez que la recibía de esa manera en sus viajes. Definitivamente debía sentirse muy mal para que estuviera actuando así, y ella tenía que hacer algo por remediarlo. Y pronto supo cual era la mejor y la única manera de suavizarlo.
Removió su cinturón y se pasó al asiento del joven, sentándose encima de sus piernas para abrazarlo por el cuello, sin importarle que decenas de personas los vieran al pasar.
Lo besó, intentando que se relajase lo más posible, y lo logró.
El joven relajó sus hombros casi al instante, sus brazos, los cuales habían permanecido inútiles, rodearon de inmediato la estrecha cintura de Natalie, mientras sus labios dejaban de poner resistencia y se rendían ante el beso que la joven le daba. El beso se tornó intenso, arrebatador, salvaje. La sangre del entrenador fluyo rápidamente por su cuerpo, y ejerció más presión en el abrazo del que hacía presa a la joven, mientras jugaba con sus labios sedosos, capturándolos y dejándolos ir una y otra vez. Tal como siempre, solo un incentivo utilizaba Ash para seguirle el juego a esa mujer y solo ese mantenía su relación en pie.
Deseo. Un insoportable deseo.
Se separó de la joven. Intentando recuperar el oxígeno del que se había privado, mirando los estanques celestes de la mujer. Casi como el color del océano. Casi.
Natalie recuperó el aliento, y lo miró con los ojos oscurecidos por la pasión.
-¿Estas seguro que deseas dormir? Tengo unas ideas mejores- lo miró de manera casi descarada y lo besó de nuevo, consiguiendo que esta vez el joven le correspondiera el beso con más fervor y sin pensarlo.
El maestro se estremeció ante la disfrazada proposición que su novia le había hecho. No le desagradaba en lo absoluto. Llevaba semanas sin tener piel y calor femenino.
Y no soportaba un poco más.
Las manos de la joven vagaron por el ancho torso del entrenador, el cual tenía que detener ciertas veces sus caricias, para evitar ceder ahí mismo a la tentación de tocarla. Lo estaba desquiciando y aún recordaba que estaba en un lugar público. Y agradecía poder recordarlo para no cometer una estupidez colosal.
-Natalie, los reporteros…la gente...- un beso profundo lo interrumpió- pueden…- uno más intenso lo dejó sin aliento- vernos..-
-Sinceramente, eso no me interesa dulzura..-
Estuvieron así unos momentos, y entre abrazos, besos y caricias, Natalie consiguió que el joven olvidara la jaqueca, el hambre y el sueño. Se separó de él y levantando una mano comenzó a jugar con sus cabellos negros, los cuales le caían desordenados por la frente, besando sus mejillas y labios para que se olvidara del enojo. Y tal como siempre, terminó consiguiéndolo.
-¿Estas…- besó sus labios largamente- seguro…- se separó de él para seguir jugando con sus cabellos- que aún quieres dormir?-
Hipnotizado y con la respiración entrecortada por los besos y caricias, el entrenador dejó que su novia siguiera mimándolo, extrañado al ver un ángel de piel nívea y cabello de fuego parado en la entrada del aeropuerto. Frunció el ceño confundido, seguro que solo estaba imaginando cosas.
Se concentró en los besos de la mujer que estaba sentada a horcajadas en sus piernas y en la pregunta que recién le había hecho, la respuesta salió de sus labios sin haberla pensado, simplemente no podía darle otra al sentir los besos y caricias que le prodigaba.
-No…-
Definitivamente, ya no tenía ganas de dormir.
Pisó el suelo por primera vez después de horas de viaje y no pudo evitar sentirse mareada. Estuvo a punto de caer de no ser por la mano del joven que tomó la suya una vez que se hubiese bajado del avión. Sintió el cambio de clima como una ola golpeándola y no pudo evitar fruncir el ceño. Se suponía que no debería haber demasiada diferencia ¿O sí? Como fuese, se sintió desubicada en el primer instante.
Londres no era Florida, eso lo sabía, pero jamás pensó que la diferencia fuese a ser tanta.
El aeropuerto era muy similar a los que había visto en todos lados, pero el ambiente húmedo y triste de Londres la hizo sentirse completamente mareada y con ganas de vomitar. Definitivamente eso no era Florida. La mera idea la hizo sentir un hueco en el estómago.
Comenzó su camino, mientras el vestido blanco acompañaba sus pasos y sus zapatos hacían eco en el suelo. Salió de la pista de aterrizaje para entrar al aeropuerto, el cual le pareció más frío y húmedo que el ambiente de afuera.
-"Y ahora….¿Qué se supone que haga?"- intentó recordar las instrucciones que Roxanne le había dado horas antes de salir de Florida, pero algo le impedía hacerlo- "Genial…no quiero saber que será de mi cuando tenga setenta años…si es que llego a tenerlos"- suspiró, pidiendo a los cielos que le ayudaran a recordar cual era el siguiente paso.
Para su fortuna, un hombre mayor ataviado en ropas que parecían ser de chofer, canoso y con unos intensos ojos verdes se detuvo justo frente a ella y la miró como si estuviese estudiándola.
-Me parece que usted es la señorita Misty Waterflower, ¿Estoy en lo correcto jovencita?-
Misty solo atinó a asentir con la cabeza, recordando por fin que alguien iría a buscarla al aeropuerto en cuanto pisara suelo londinense. Lo que no sabía era como diablos la había reconocido ese hombre de sonrisa amable, si no llevaba nada que delatara que era una bióloga Pokemon, ni mucho menos algo que indicara que ella era Misty Waterflower.
Después de un momento la joven pudo recuperar su lucidez, dejar que el hombre tomara su maleta de mano y su equipaje y le indicara lo que harían a continuación.
-Se supone que yo la lleve al centro Pokemon de la universidad, en el cual usted hablará con el director. También conocerá a su compañero del proyecto, o asistente mejor dicho, ya que usted es la directora del proyecto- al ver que Misty no respondía y se quedaba clavada en su lugar, el hombre le sonrió dulcemente, entendiendo la confusión de la joven- Disculpe mi descortesía señorita, mi nombre es William, y estoy a sus órdenes-
Misty abrió los labios para responderle al amable hombre que esperaba su respuesta, pero ningún sonido salió de su boca. Sacudió su cabeza intentando procesar la información que su cerebro iba recibiendo, y cuando estuvo lista para dar una respuesta coherente, el hombre ya avanzaba hacia la salida del aeropuerto, con las maletas de Misty en sus manos.
La joven lo siguió de cerca, era la única ayuda que tenía en ese país desconocido y no pensaba separarse de ella. Ya conocería a los demás una vez que hubiese llegado a la universidad y se instalara en lo que según tenía entendido sería su nuevo hogar.
-Disculpe..- la joven por fin consiguió llamar al hombre que se había detenido en la entrada del aeropuerto- ¿Cómo…cómo supo que yo soy Misty Waterflower?-
El hombre volteó a verla y sonrió con ternura, notando como la joven temblaba un poco, y no la culpaba. Acababa de llegar a un país desconocido, y lo más seguro es que estuviera muy cansada por el viaje. Se concentró en la pregunta que le hizo la jovencita, y mirando sus ojos aguamarina y su cabello rojizo, sonrió sin poder evitarlo.
-Digamos que me dijeron que no tendría problemas para encontrar a una linda jovencita de cabello anaranjado y ojos turquesa- señaló su cabello, el cual caía como cascada por sus hombros y enmarcaba más sus ojos marinos.
-Ah…entiendo- Misty sonrió aliviada, quien fuera el jefe de ese amable hombre, Roxanne ya le había dado detalles de quien era ella- Entonces, ¿Usted me va a llevar con…?- no pudo terminar su pregunta, pues simplemente no sabía ni quien rayos era el director del proyecto, mucho menos quien sería su compañero.
Como odiaba los misterios.
-Siento informarle que no sé el nombre de su compañero señorita, yo trabajo para el director de la universidad. Me dio órdenes de venir a recogerla- una vez dicho esto, William se detuvo frente a la camioneta negra, la cual tenía una pequeña pero visible insignia de la universidad Pokemon.
Misty esperó a que el hombre colocara todas las maletas en la cajuela de la modesta pero elegante camioneta. Miró a su alrededor boquiabierta. Le habían dicho que Londres tenía unos edificios majestuosos y que le agradaría a final de cuentas. Pero aquello era como un sueño.
Los edificios eran antiguos, inmensos, melancólicos y elegantes, transportándola al mundo de las viejas novelas románticas que tenía en su colección de libros. Jamás espero que un ambiente húmedo, en ausencia de océano, le fuera a gustar aunque fuese un poco. Y el punto era que Londres le estaba empezando a agradar.
Recorrió con una mirada rápida el estacionamiento. Un convertible rojo llamó su atención de inmediato. No era el auto en si lo que capturó su mirada acuosa, sino lo que había dentro de él.
Una pareja se besaba sin nada de recato, sin molestarse en las personas que pasaban cerca, mirándolos escandalizados y boquiabiertos. La mujer de cabellos dorados se encontraba sentada a horcajadas en las piernas de un hombre. Y que hombre!. Pensó Misty al ver a la pareja a lo lejos. No culpaba a esa mujer por besarlo sin detenerse a pensar en quien pudiera verlos. A simple vista y aunque fuese de lejos, se veía que ese hombre era un bombón.
Sonrió de medio lado al ver a la pareja besarse. La situación se le antojaba descarada y hasta cierto punto extraña. Era muy poco común que se viera a una pareja besarse así en lugares tan públicos.
Observó con atención los brazos del hombre que amarraban la cintura de la mujer. Los brazos parecían de bronce, estaban marcados y tenían un color exquisito. Se contuvo para lanzar un suspiro. Si ese hombre tenía su cuerpo como sus brazos y abrazaba siempre de esa forma, esa mujer de cabello rubio era muy afortunada.
Observó los cabellos negros del joven que seguía sumido en su fantasía, besando a la mujer de cabellos rubios. Sintió una punzada en el estómago. Ese cabello alborotado se parecía demasiado al de un hombre que hacía años había jurado olvidar, pero que amaba con más intensidad que antes. La imagen del entrenador Pokemon, su mejor amigo de la infancia, apareció en su mente de inmediato.
Volteó su rostro, bufando fastidiada consigo misma. Era el colmo que lo imaginara en todos lados, incluso en situaciones tan comprometedoras. Por un momento, en lo más profundo de su traicionera conciencia, la mujer de cabellos rubios tuvo cabellos rojizos, y el hombre bronceado y musculoso no era otro sino él. Ash Ketchum.
Pero eso era imposible. Ella estaba ahí, mirando a la pareja a lo lejos, y la mujer de cabellos rubios seguía teniendo cabellos rubios. Y ese hombre de cabellos negros, seguía siendo simplemente un hombre, un hombre al que no alcanzaba ni siquiera ver su rostro.
William terminó de acomodar el equipaje en el momento justo en el que ella se percató de un detalle en el asiento trasero del convertible rojo. Una pequeña oreja negra. Esa oreja pertenecía a un Pokemon, eso era seguro. El pobre Pokemon, fuera el que fuera, tal vez estaba cansándose de ver a su entrenador besar a la mujer de cabello rubio.
Si así besa siempre, no creo que sea para nada aburrido. Pensó la bióloga con una sonrisa. Pero no esperaba que un Pokemon lo encontrara divertido.
-¿Está todo bien señorita?- escuchó la voz de William detrás de ella, sacándola de su ensueño.
-Por supuesto que sí- Misty volteó de manera brusca su rostro, incapaz de seguir viendo como esos dos desconocidos se comían el uno al otro- Todo está bien- miró ahora al hombre que la llamaba.
-¿Segura? Se ve sonrojada, tal vez el cambio de clima le afectó un poco-
¡Cambio de clima! Ojala hubiese sido eso. La escena que acababa de ver era demasiado como para no sonrojarse. Esos dos no habían tenido consideración alguna, se habían limitado a besarse frente a sus narices y de una manera completamente descarada.
-Estoy bien, gracias William- le sonrió sinceramente, mientras entraba a la camioneta y se sentaba en el asiento del copiloto, intentando serenarse y apagar el sonrojo que había asaltado sus mejillas.
Una vez que William se hubiese asegurado que todo el equipaje estuviese en orden, volteó en la misma dirección a la cual Misty había estado viendo anteriormente y entendió el porque de su sonrojo. Una pareja de jovencitos se besaba descaradamente frente a las narices de todos. Escudriñó bien a la pareja, pues ese auto y ese cabello rubio se le hacían familiares.
Era obvio. El joven Ash y su noviecita la modelo era la pareja en cuestión.
El hombre mayor sacudió su cabeza resignado. Ash Ketchum jamás cambiaría, era un casanova innato. No entendía como podía ser tan buen conferencista -tal vez el mejor de la universidad- y tan descarriado a su vez. Conocía a ese jovencito a la perfección, pues ambos se cruzaban con frecuencia en el despacho del director. Se habían convertido en buenos compañeros. Pero William sabía que Ash solo vivía por y para tres cosas. Su carrera, fiestas y mujeres.
-"Ese jovencito jamás cambiará"- sonriendo de medio lado, el hombre dio media vuelta y entró a la camioneta.
Se sorprendió al ver a la joven de cabellos rojizos, la cual, sin rastro de sonrojo, se había sentado a su lado en el asiento del copiloto.
-Espero no le moleste que me siente aquí- la joven sonrió con timidez al decir aquellas palabras- Pero no me gusta eso de ir atrás habiendo un asiento vacío adelante-
William sonrió. Esa jovencita no estaba acostumbrada a las formalidades.
-No hay ningún problema señorita, puede sentarse en donde a usted le plazca- le sonrió con ternura, confortando a Misty de inmediato.
-Me siento un poco…- intentó buscar la palabra adecuada, pero no la encontraba- Un poco…-
-¿Nerviosa?- Misty asintió al instante- Es normal señorita, no se preocupe, pronto se sentirá como en su casa!- diciendo esto, el hombre puso en marcha la camioneta, dejando a Misty mucho más tranquila.
Una vez la camioneta se hubiese puesto en marcha, Misty no dudo en mirar por la ventanilla hacía el auto convertible, en el cual seguía la pareja muy entretenida. No es que fuese una pervertida, pero por alguna extraña razón quería ver el rostro del hombre que besaba a esa mujer de cabellos rubios y vestido celeste.
Cuando la camioneta se fue acercando, la pareja se separó de una buena vez. La mujer se enderezó y se colocó en su asiento, alisando su vestido. Y por fin dejó al descubierto el rostro del hombre que se encontraba en el asiento del piloto. Misty refunfuñó, aún estaba muy lejos para apreciarlo bien.
-Malditas llaves- Ash se agachó para tomar las llaves plateadas que estaban a un lado del acelerador, las cuales habían ido a parar ahí después del "jueguito" en el cual Natalie y él habían participado tan activamente- Genial- ironizó fastidiado. Intentó alcanzarlas, pero él era tan grande que le costaba trabajo caber debajo del volante.
Se desató el cinturón y se agachó lo más que pudo, intentando tomar las llaves.
Y mientras Ash tomaba las llaves, una camioneta negra pasó justo frente al auto convertible. Con una mujer de cabellos rojizos en el asiento del copiloto.
-Ash..- Natalie sonrió divertida ante el evidente esfuerzo de Ash para poder salir de ahí abajo- ¿Todo bien?-
-Sí- Ash se enderezó, encendiendo el auto de una buena vez, completamente desesperado. Quería llegar a su departamento de inmediato y continuar con el juego que había comenzado con su novia.
Estaba seguro que sería un juego muy divertido.
Misty bufó enojada ante su evidente mala suerte. Justo cuando comenzaba a ver mejor, el bombón de hombre se desaparecía de su vista buscando algo en su auto. Suspiró poco después y se concentró en admirar la hermosa ciudad de Londres, después de todo, aunque ese hombre fuese un dios caído, era un simple desconocido.
Al que le hubiese gustado ver con atención, por extraño que le pareciera hasta a ella misma. Ella no era de las mujeres que miraba a cuanto hombre se le apareciera en frente. Pero este hombre era un caso especial. Se dijo mentalmente. Era un hombre demasiado sexy como para perderlo de vista.
Y eso también le pareció extraño. Pues según sus amigas, ella había tenido la oportunidad de convivir con miles de hombres que entraban en la categoría de "sexy" sin siquiera prestarles atención al físico.
Se encogió de hombros despreocupada. Después de todo, no volvería a ver ese hombre en su vida, tenía novia…
Y ni siquiera lo pude ver. Pensó decepcionada. Vaya que eso era tener mala suerte.
Misty abrió su boca de par en par. Su hogar no podía ser ese, de ninguna manera.
-William…¿Está completamente seguro que esta casa es mía?-
-Así es señorita- William sonrió ante la evidente sorpresa de la nueva directora- Este, a partir de hoy, será su nuevo hogar-
Misty no pudo pronunciar alguna otra palabra. ¿Esa mansión sería su hogar? Por todos los dioses! Es cuatro veces más grande que mi casa en Florida. Pensó completamente atónita. Sabía que ese nuevo trabajo le daría un gran reconocimiento en su ramo. Pero jamás pensó que fuese a tener tantas comodidades y regalos, jamás.
La dichosa casa o mansión, según el calificativo de Misty, se encontraba a una corta distancia del centro de observación de la universidad. La universidad, en donde tenía entendido que también trabajaría dando conferencias, se encontraba un poco más lejos, cruzando el inmenso campo de observación.
Era una casa antigua, e inmensa. Estaba compuesta de dos pisos, o tal vez tres, dado que creía ver una especie de ático en el piso superior. Ventanales inmensos rodeaban el primer piso de la casa, y la puerta principal era de caoba con detalles en todo dorado. Solo falta que sean de oro. Pensó a punto de reírse. El segundo piso tenía dos ventanas inmensas en la parte delantera, y en uno de los lados de la casa tenía un inmenso ventanal con un balcón. Estaba segura que la vista desde ahí sería espectacular, pues el balcón miraba hacia las inmensas montañas nubladas del lugar.
Podía decir que no tenía vecinos. La casa era tan inmensa que necesitaba un gran jardín y árboles a los alrededores. Las demás casas no eran tan grandes como esa, y el espacio que las separaba era demasiado.
Ese hogar era un sueño. Todo Londres era un sueño. Pero no era su lugar aún.
-Bien- William dejó las maletas en el suelo para sacar las llaves de su bolsillo- ¿Le parece si entramos?- preguntó esto mirando a la joven, la cual solo atinaba a asentir con rapidez.
El hombre tomó las maletas a sus pies para entrar con ellas. Pero Misty tomó una de inmediato. No soportaba que alguien hiciera todo por ella.
-Déjeme ayudarle, me siento una inútil así- Misty recibió las llaves del chofer y lo miró con una sonrisa, dando media vuelta para encaminarse a la enorme puerta de caoba.
William sonrió por enésima vez esa mañana. Esa jovencita sería excelente para el proyecto de la universidad. Normalmente todos los directores de programas que se habían llevado a cabo en esa universidad eran insoportables, creyéndose la gran maravilla por dirigir proyectos, muchos de ellos sin importancia. Pero esa mujer era todo lo contrario. Parecía no estar consiente de lo importante que era su trabajo en la universidad, y la gran importancia que ese proyecto tendría a nivel mundial.
Se limitaba a ayudar en todo lo posible y William no pudo evitar sentirse afortunado. Por fin no tendría que soportar a un engreído o engreída que se sintiera lo mejor del mundo.
En cambio, Misty estaba en todo el derecho de sentirse así. Un proyecto mundial estaba en sus manos.
-Santo cielo!-
Fue lo primero que exclamó la joven de cabellos rojizos al abrir la enorme puerta de caoba.
William entró detrás de ella y dejó las maletas en el suelo. La que Misty llevaba en la mano se le había caído en el primer instante en el que puso un pie en la casa. Su casa.
-Es…es increíble!- Misty admiró todo lo que sus ojos veían, sin podérselo creer.
-¿Es hermosa verdad?- William sonrió al ver que ella solo asentía, mirando todo con la boca completamente abierta.
Si la fachada había sido increíble, el interior era simplemente mejor.
La casa estaba decorada con detalles antiguos, era impresionante. El vestíbulo era sencillo, elegante y discreto. Un perchero estaba a un lado y una mesita con elegante adornos y portarretratos vacíos, seguro para que ella los llenara. Pasó inmediatamente por el lugar y se encontró con una espaciosa sección.
La sala fue lo primero que llamó su atención. Los sillones eran enormes, elegantes y acogedores, en color vino. Una chimenea inmensa estaba frente a los sillones que conformaban la sala, y un tapete justo frente al fuego. También había cuadros hermosos de paisajes melancólicos y forestales. Por primera vez en toda su vida, le agradaron cuadros en los cuales no aparecía el océano o la playa. Las paredes de ladrillo café hacían el lugar más elegante y sobrio.
La sala de estar estaba casi a un lado, en el cual se encontraba una enorme televisión de plasma y un enorme sofá mullido. La cocina quedó fuera de su vista, pero supuso que sería igual de increíble que todo lo demás.
No pudo evitar sentirse satisfecha. La casa era elegante pero sencilla. Ideal.
-Esta casa es un sueño!- atinó a decir una vez que recorriera el primer piso, tocando con fascinación la chimenea.
-Pues es muy bueno que le guste, a partir de hoy, es totalmente suya-
-¿Mía?- Misty abrió sus ojos de par en par, con su mano aún en el borde de la chimenea- Pero si yo creí que solo la utilizaré mientras este aquí!-
-Es cierto señorita, pero tome en cuenta que el proyecto es muy largo, lo cual quiere decir que pasara mucho tiempo aquí- la miró, comprendiendo su gran sorpresa- Además, acéptelo como un regalo de la compañía. Usted tendrá a cargo un proyecto de suma importancia. Se merece un hogar cómodo!-
Misty sonrió enternecida. Si todas las demás personas la iban a tratar como William, sería mucho más sencillo adaptarse a Londres.
Solo esperaba que todos la tratasen así.
-Gracias William- miró las maletas en la sala- Si desea me encargaré de mis cosas más tarde-
El chofer dudó un momento, pero después de mirar a la joven y su actitud sencilla, asintió sonriente.
-Ahora tendremos que ir con el director de la universidad, supongo que querrá conocer el proyecto en su totalidad, el lugar en el que trabajará, sus compañeros y demás cosas-
-¿Ahora?- no pudo evitar sentir un nudo en el estómago, pues no estaba preparada para enfrentarse de lleno a su nuevo mundo.
-Sí señorita, el director me encargó que la llevara con él. Una vez ahí, él se encargara de que usted conozca todas y cada una de la instalaciones- y con un ademán de todo un caballero, señaló la puerta de entrada, esperando para que ella saliera primero.
Misty suspiró, era ahora o nunca. Tarde que temprano, tendría que enfrentarse a la idea de que ya no estaba en Florida. Y el momento había llegado antes de lo esperado.
Desnudo de la cintura para arriba, el entrenador se movió en su enorme cama por cuarta vez en los últimos cinco minutos. Solo una sábana blanca cubría sus piernas y el cuerpo desnudo de su novia, la cual estaba recostada a su lado y dormía profundamente.
El jueguito había terminado tal como siempre.
El regreso de Natalie lo había tranquilizado profundamente, y contrario a lo que había pensado, habían terminado enredados en las sábanas. Obviamente no para dormir precisamente. Sabía que las horas de "felicidad" y placer se acabarían pronto, y Natalie estaría parloteando como siempre y exigiendo cuanto capricho se le viniera a la mente.
Pero por lo pronto descansaba en paz, pues la joven modelo dormía plácidamente, agotada por el viaje y el interesante jueguito que habían jugado horas antes.
Un incesante ruidito lo despertó poco a poco. Ash se enderezó al reconocer que lo que se escuchaba no era otra cosa más que el teléfono que tenía en la mesita de noche. Bostezó con pereza, consultando su reloj de pulsera con el ceño fruncido.
Las doce del mediodía. ¿Quién rayos le hablaba a esa hora?
-Ash…contesta- Natalie se revolvió fastidiada en la cama, cerrando sus ojos con fuerza para seguir durmiendo.
Saliendo por fin de su estado de semi inconsciencia, Ash tomó el teléfono y habló con voz ronca.
-¿Diga?-
Abrió sus ojos de par en par al reconocer la voz del director. Y como un rayo recordó la llamada que le había hecho anoche, diciéndole que lo necesitaba en la universidad ese día para antes de la una de la tarde. Nada más y nada menos que para conocer a la directora del proyecto que a él también le había sido asignado.
Se levantó como un resorte, olvidándose de su desnudez y arrastrando la sábana mientras escuchaba la voz del director al otro lado de la línea. Natalie despertó al sentir que quedaba completamente desnuda. Miró a Ash casi dormida mientras fruncía el ceño, intentando tomar la sábana que estaba en el borde de la cama, completamente enredada.
Ash comenzó a buscar sus ropas, las cuales estaban regadas por el suelo. Juro que no vuelvo a jugar de esa manera. Pensó mientras se comenzaba a poner sus jeans de manera rápida.
-En seguida salgo, señor. Estaré ahí en media hora cuando mucho- se quedó en silencio un momento, escuchando al director- Lo veo allá. Hasta luego-
Colgó la llamada, arrojando el inalámbrico en la cama. Sin decir nada siguió buscando entre las ropas que se encontraban por todos lados. Encontró su camiseta tirada cerca de la puerta de la habitación y se la puso como pudo. Sus zapatos siguieron, los cuales se encontraban arrojados en una esquina de la habitación.
-¿Ash?- Natalie se cubrió con la sábana, sentándose en la cama para mirar extrañada a su novio- ¿Qué pasa cielo?-
-Olvidé que tenía que estar en la universidad a la una- le dijo cortante, mientras se terminaba de poner los zapatos y se arreglaba la camiseta.
-¿Quiere decir que te vas a ir?- Natalie se enredó en la sábana, cubriendo por completo su cuerpo desnudo, y se levantó de la cama- ¿Justo ahora?- lo miró indignada, haciendo que el entrenador volteara a verla.
-Por favor Natalie- el joven entrenador la miró exasperado, no tenía tiempo para reproches- Es mi trabajo, y tengo que estar ahí en menos de una hora-
-¿En sábado? ¡Pero tu no trabajas en sábado!- gritó esto, deteniéndose justo frente al alto entrenador.
-Pues a partir de hoy acostúmbrate a que mis días estarán más llenos de trabajo. Porque el lunes comienza un proyecto en el cual fui requerido- al decir esto, Natalie solo abrió su boca sin dejar salir un solo sonido de esta. Ash prosiguió- Esto no es como las conferencias, y demandará mucho más tiempo de trabajo-
-Pero Ash! Acabo de llegar!! ¿Piensas irte así como así?-
-Es mi trabajo Natalie! Entiéndelo! No iba a estar toda mi vida solo dando conferencias!-
Natalie arrugó la boca con furia, viendo como Ash daba la media vuelta y salía de la habitación sin voltear a verla. Lo siguió completamente enfurecida, intentando no tropezar con la sábana que seguía amarrada a su cuerpo. Se quedó de pie a uno cuantos pasos de la puerta de entrada, observando como Ash tomaba las llaves del auto, se acomodaba el celular en el bolsillo del pantalón y llamaba a Pikachu, sin prestarle la más mínima atención.
-Ash!! Acabo de llegar después de semanas de no vernos!-
El joven entrenador dio la vuelta con rapidez, acercándose a su novia lo más posible. No iba a soportar berrinches, y muchos menos soportaría estar bajo el mandato de sus caprichos. Él NO sería controlado por nadie.
-Escúchame bien Natalie. Este proyecto es muy importante para mi carrera, así que no pienso tirarlo por la borda con tus caprichos. Yo no te reclamo cada vez que te vas por semanas a cumplir con TU trabajo. Es exactamente la misma situación. Ahora, te pido que entiendas lo valiosa que es mi carrera para mí- le susurro por lo bajo, intentando no subir la voz por miedo a gritarle o decir algo de lo que se fuera a arrepentir después- Así como la tuya lo es para ti-
Dando la media vuelta, sin darle tiempo a responder a la joven, Ash giró la perilla de la puerta de entrada, deteniéndose en el lugar antes de salir.
-Regresaré más tarde- diciendo esto, desapareció tras la puerta dando un portazo.
Misty suspiró tranquila una vez que se hubiese sentado en el sillón de la oficina del director. Todo estaba saliendo bien. Hasta el momento, todo había sido de su agrado, y todos la habían tratado muy bien.
Esperaba que todo siguiera como hasta ahora.
-Perfecto señorita Waterflower, espero que el centro de observación y la universidad hayan sido de su agrado- el director se sentó en el pequeño sofá frente a ella, tomando la taza de café que se encontraba ya preparada en la bandeja de la mesita de centro.
-Llámeme Misty, por favor- sonrió, tomando su taza de café mientras se acomodaba el pequeño mantelito en sus piernas.
-De acuerdo Misty. Por cierto!- el hombre se golpeó la frente suavemente, recordando algo- Que descortés de mi parte. Soy Richard-
Misty sonrió. Era cierto. Llevaba horas platicando con él y ni siquiera se había molestado en preguntarle su nombre.
-Por supuesto que me agradó el campo señor, es increíble ver a tantos Pokemon juntos y en tan buen estado. La universidad es simplemente excelente- dijo esto sonriendo al director de la universidad para seguir bebiendo de su taza. Tomar café la estaba relajando demasiado.
Por alguna estúpida razón, aún después de haber conocido a casi todo el personal, seguía sintiéndose nerviosa.
Muy nerviosa.
-Bien Misty, supongo que Roxanne te contó del proyecto- la voz del director la sacó de sus cavilaciones.
-Así es- asintió, dejando su café en la mesita de centro.
-En cuanto esta investigación comenzó a llevarse a cabo aquí, supe de inmediato que necesitaría a alguien especializado en Pokemon acuáticos.- la miró fijamente, con una media sonrisa- Después de todo, de eso se trata esta idea, o "proyecto" como ya todos los han llamado-
-Roxanne me comentó que una nueva especie de Pokemon acuático está desarrollándose o más bien, se está expandiendo, pero existen ciertas anomalías o imperfecciones con estos Pokemon- Misty ladeó su cabeza confundida al ver que la sonrisa del director se ensanchaba.
-Así que eso fue lo único que te contó…- el director murmuró esto mientras meneaba su taza de café con la cucharilla. Misty frunció el ceño confundida.
-¿Disculpe?-
-Ah! Olvídalo Misty. Te irás dando cuenta que esto es más importante de lo que parece…-
Misty no entendió una sola palabra de la última frase que el director le había dicho. ¿Más importante de lo que parecía? ¿A que se refería con eso? Lo único que sabía es que Roxanne le había ocultado algunas cosas a cerca de lo que el proyecto realmente era, e importaba.
El director se levantó de su asiento. Se dirigió a su escritorio, mirando su reloj de pulsera extrañado. Era ya casi la una de la tarde, y lo había llamado a las doce. El departamento de Ash no quedaba muy lejos de la universidad, lo cual hacía más raro que no llegase aún.
-Ya debería estar aquí…- el director meneó la cabeza, sentándose en su silla frente al escritorio- Por favor Misty, toma asiento aquí, así podremos platicar los tres- el hombre ojiazul señaló las dos sillas de caoba frente a su escritorio.
-¿Los tres?- Misty cerró sus puños con fuerza una vez que se hubiese levantado del cómodo sofá de la oficina. Sabía bien a lo que se refería, pero algo le impedía digerir la información con claridad.
Y el nudo en su estómago seguía haciéndose más notable, impidiéndole pensar con claridad.
-Tu compañero, Misty- el director volvió a mirar el reloj en su muñeca, meneando la cabeza poco después- No es muy puntual como puedes ver- rió un poco al decir esto, indicándole a Misty que se sentara frente a él.
Misty se acercó al escritorio, quedándose clavada en el suelo, simplemente no podía sentarse. Los nervios le impidieron moverse.
-¿Así que es…- Misty intentó no parecer grosera, pero no pudo evitar la pregunta- hombre?
-Sí…¡Por Dios!- el director la miró con los ojos abiertos de par en par- ¿No me digas que tienes algún inconveniente con el hecho de que sea hombre?-
Misty sacudió la cabeza con rapidez. Negando así las locas suposiciones del hombre frente a ella. Simplemente, el hecho de que fuera una persona del sexo opuesto a la que conocería, aumentaba su nerviosismo. No era muy buena para tratar con hombres. A decir verdad, solo había tratado de manera profunda a pocos hombres en su vida, lo cual la dejaba en desventaja en este caso.
-Claro que no señor-
-Menos mal- Richard se dejó caer aliviado en su enorme silla- Porque él y tú trabajaran mucho juntos, es más, serán un equipo para todo. Se necesitaran demasiado Misty. Y como ves, no planeo que empecemos con el pie izquierdo.
-No se preocupe señor- Misty se sentó por fin en la silla, al parecer sus piernas empezaban a responderle.
-Tranquila, todo irá bien. Él es un buen chico, es algo alocado y me atrevería a decir que coqueto- Misty se espantó al escuchar la descripción que su nuevo jefe estaba haciendo de su misterioso compañero, y quiso saber más.
Se acomodó en su silla y siguió escuchando al hombre canoso que le sonreía.
-Pero es todo un caballero, querida. Además, es un excelente entrenador Pokemon, por eso pensé en él de inmediato…-
Misty se tensó al escuchar aquella parte de la descripción. Lo cortó casi de inmediato, sin poder digerir bien la última parte de la información recibida.
Un excelente entrenador.
-¿Entrenador? ¿Es un entrenador Pokemon?- preguntó completamente confundida. Y alterada. El proyecto no tenía nada que ver con entrenamiento Pokemon, y no sabía que rayos haría ella a lado de un entrenador.
-Así es- el director pudo percibir cierta tensión en aquella pregunta, pero pensó que tal vez había sido su imaginación- El proyecto requiere estudios e investigaciones, pero también una profunda observación y cuidado, ese chico adora a los Pokemon. Por lo tanto es perfecto para el trabajo-
Misty no terminó de escuchar toda la oración. Un hombre que adoraba a los Pokemon, un excelente entrenador. Alguien como…
Ash.
No le gustó la descripción. Le recordaba a él. Y lo que menos quería era acordarse de que en algún lugar de mundo, el hombre al que amaba se encontraba haciendo su vida. Lejos de ella.
-¿Sucede algo malo?- la pregunta la sacó de su ensimismamiento.
Sonrió, meneando la cabeza a modo de negación. Todo estaba bajo control.
Y esperaba que lo siguiera estando.
Bajó de su auto sin siquiera percatarse del montón de mujeres que lo miraban embelesadas. Hoy no tenía tiempo de coqueteos. Tenía que llegar a la oficina del director.
Y rápido.
Se encaminó al enorme edificio que estaba a unos cuantos metros de distancia, con Pikachu en su hombro. Miró su reloj de pulsera, marcaba la una y quince minutos. Genial, el primer día y llego tarde. Se reprendió mientras caminaba con rapidez hacia la entrada de la universidad. Estaba haciendo esperar a una persona, y no solo a una persona, sino a una mujer. Eso no era propio de Ash Ketchum, y por alguna razón, esta vez no quería dar una mala impresión.
Ni siquiera sabía porque.
-Hola Lía! Adiós Lía!- saludó y de despidió de manera instantánea con un grito, levantando la mano mientras pasaba de largo rumbo a la oficina del director.
Lía meneó la cabeza divertida, sonriendo abiertamente al ver la desesperación de Ash por llegar a su destino. Sabía que a Ash no le gustaba llegar tarde cuando de trabajo se trataba. Porque para todo lo demás, era un impuntual de primera. Sabía además su afición por no quedar mal con ninguna mujer, y menos con una compañera de trabajo. Con esta no debería llegar tarde. Pensó divertida al recordar a la mujer que sería su compañera. Ash seguramente se quedaría pasmado al ver lo afortunado que había sido.
La señorita Waterflower había estado con ella apenas hace media hora, y Lía no había podido evitar quedar encantada con ella. Se le notaba nerviosa cuando caminaba por los pasillos de la universidad, atrayendo las miradas de todos, en especial la de los alumnos y maestros jóvenes, por no decir todos los hombres del lugar.
Pero una vez que se sintiese a gusto se había portado muy amable con ella. Era tranquila, decidida y se notaba que muy divertida, a pesar de su coraza de tranquilidad. Conociendo a Ash, quedará prendado de ella de inmediato.
Lía sonrió ante este pensamiento. Ash se merecía una mujer como ella. No a la modelo rubia que tanto le molestaba.
Ash bufó mientras caminaba por el pasillo, reprendiéndose una vez más por su retraso. Mientras se internaba por los pasillos y los ascensores observó como muchos alumnos lo miraban con recelo, pero pensó que debía ser solo su imaginación. Él no tenía problemas con nadie de la universidad.
Siguió caminando para notar como la mayoría de los hombres seguían mirándolo con una mezcla de disgusto y envidia, lo que lo hizo sentirse incómodo y fruncir el ceño. ¿Qué le pasaba al mundo hoy? Como fuese, no tenía tiempo para averiguarlo.
Para su fortuna, Declan lo interceptó una vez que hubiese llegado al área de dirección. La sala de maestros quedaba en el mismo pasillo, y Declan se encontraba tomando un café con algunos otros maestros y conferencistas que lo miraban también de manera extraña.
-Amigo! Te felicito. Eres un maldito afortunado..- le dijo este sonriente mientras tomaba un sorbo de su taza, Ash lo miraba sin entender.
-¿Me puedes decir que rayos les pasa hoy a todos? ¿Qué soy un maldito afortunado? ¿Explícate sí?- Ash frunció el ceño, todo aquello comenzaba a molestarle, y demasiado.
-¿Qué me explique? Pues lo haré con gusto- Declan sonrió más abiertamente, intentando contener la risa al ver la confusión de Ash- Dentro de esa oficina- señalo con un dedo la oficina del director- Esta una mujer con cuerpo de diosa y los ojos más hermosos que jamás hayas visto. Y resulta ser la directora del proyecto, TU compañera querido amigo. Como puedes ver, todos están molestos contigo por tu suerte-
Ash entendió todo a la perfección.
-¿Quieres decir que es una mujer- miró la enorme puerta de la oficina-…guapa?- preguntó ansioso. La idea de la mujer con cuerpo de diosa no le desagradaba en lo más mínimo.
-¿Guapa? Es un bombón. Una escultura. Una diosa. Una creación divina con unas piernas que…-
-Venga. Ya entendí- lo interrumpió sonriente. Eso de trabajar con una bióloga marina ya no le molestaba en lo absoluto. Por el contrario, le estaba empezando a gustar mucho.
-Pero quédate tranquilo, aún te queda un amigo en la universidad. O sea, yo. Esa mujer será hermosa, pero digamos que estoy ocupado-
-Más vale que Melody te oiga decir eso. Si no, te matará- palmeó el hombro del joven castaño y suspiró- Bien, aquí voy- se acomodó la camiseta negra y se miró los pantalones.
-Vamos casanova. No creo que te sea difícil- Declan se volvió a la entrada de la sala de maestros y levantó su pulgar a modo de ánimo- Después de todo, las mujeres hermosas son lo tuyo. Maldito afortunado-
-Basta ya con eso!- Ash lo fulminó con la mirada y lo vio entrar a la sala de maestros. Sonrió al instante.
Todo era perfecto.
-Bien, aquí vamos Pikachu- miró a su Pokemon, el cual se encontraba a sus pies y se acercó a la oficina del director.
Aspiró todo el aire que sus pulmones podían. Levantó su mano para tocar, pero se quedo estático. Llevaba casi media hora de retraso, pero algo lo dejó helado justo frente a esa enorme puerta de madera tallada. Una bióloga marina estaba ahí dentro, y era guapa. Hermosa más bien, al ver el revuelo que había causado en toda la universidad.
Y era su compañera.
Meneó su cabeza de un lado a otro para sacudir todo aquello que le impedía tocar la puerta o entrar con su altanería de costumbre. Ni siquiera sabía porque se sentía tan nervioso. Era solo una cita de trabajo y tenía que ver con su carrera, sus sueños. Lo que más apreciaba de su maldita y miserable vida. Tal vez había solo dos cosas que lo ponían nervioso, y todas tenían que ver con la directora del proyecto.
Era una bióloga marina, y una mujer hermosa.
-"Basta de estupideces, es una mujer, por Dios!"-
Tocó al fin. Haciendo resonar sus nudillos en la puerta de madera.
El hombre ojiazul sonrió al escuchar tocar en la puerta. Misty se sobresaltó de inmediato, enterrando sus dedos en la silla de cuero, para después levantarse como un resorte. Su compañero había llegado. Y no pudo evitar sentirse nerviosa de nuevo.
¿Y sí algo no salía bien?
-Al fin llegó!- el director guiñó un ojo a Misty, mientras esta solo sonreía por cortesía, intentando aplacar el nudo de su estómago que se hacía más intenso- Te caerá de maravilla Misty. Es muy amable.
Eso espero. Pensó, mientras apretaba sus puños. Observó al director levantarse de su silla también, pero ella se quedó clavada en el suelo, sin atreverse a voltear hacia la puerta.
-Adelante!-
Escuchó el sonido de la puerta al abrirse, y vio como el director caminó hacia la entrada de su oficina, recibiendo al "invitado" que recién arribaba.
Ash suspiró al escuchar el "Adelante" de labios del director, y tomando el picaporte de la puerta lo hizo girar hasta abrir el pedazo de madera. Abrió por completo hasta ver al director, el cual ya se acercaba a la puerta para recibirlo, o reprenderlo tal vez por su retraso. Como fuese, le impidió la vista hacia la simple silueta que había apreciado, parada justo frente al escritorio del director, de espaldas a él.
-Siento el retraso señor, el tráfico estaba imposible- mintió. No pensaba decirle que había llegado tarde por estar jugando y discutiendo con Natalie. Por increíble que eso sonara.
-No importa Ash- el director sonrió, dándole una palmada al hombro- Haz llegado y es lo que importa.-
El director se hizo a un lado por fin, y Ash se alegró de poder conocer a la diosa convertida en mujer de la cual le habían hablado tanto. La mujer se volteó. Ash pudo por fin quedar frente a frente con la diosa que estaba en boca de todos.
Y el mundo se detuvo en ese preciso instante.
Tenía el cabello rojizo cayendo como cascada por los hombros, piel nívea y cremosa, un metro setenta de estatura, y unos ojos turquesa que se abrieron de par en par al quedar de frente con él. Notó como ella se quedaba estática, sin hacer algo más que mirarlo sorprendida. No podía ser cierto, esa mujer no podía ser ella.
Imposible.
Un pinchazo en el pecho que le cortó la respiración, y el golpeteo de su corazón que se hizo más y más rápido le dijeron que podía ser posible. Sus pies se quedaron clavados en el suelo, y su cuerpo pareció no reaccionar. No había dudas de quien era la mujer que miraba. Y no era una diosa. Era un ser puro y hermoso.
Era un ángel.
El joven de cabello azabache no escuchó una sola palabra del director. Todo dejó de escucharse, todo dejó de ser visible, todo el mundo dejó de existir en esos momentos, excepto la mujer que tenía frente a él.
-Ash, te presento a la directora del proyecto. Ella es….-
-"No puede ser. No puede ser ella"- parecía una visión.
La miró de arriba abajo, sin saber si lo que tenía en frente era real o una simple jugarreta de su imaginación. Esa mujer no podía ser otra más que la que recordaba y miraba en esos momentos. Era su ángel de fuego, era..
-¿Misty?-
El silencio del lugar que vino después de su pregunta le confirmó que todo era real.
Que ella era real.
