De pronto, un berrykin amarillo con una gorra cuya visera estaba volteada hacia atrás entró de espaldas sosteniendo una cámara filmadora, viniendo delante de él una mujer con un micrófono.

—Buenas tardes a todo el mundo que pronto nos verá en esta transmisión por mi sitio de la Berrynet, soy Mavis Macedonia, que les trae las noticias actuales. Hemos llegado al café de la ciudad Tutti Frutti, el cual es frecuentemente visitado por la gente de esta ciudad. Veo que hay gente disfrutando de su comida, es seguro pensar que lo están pasando bien y que si hay más comida que hacer o que ya esté preparada, sus cocineros la mantienen en las debidas condiciones para servirla a quien pueda pedirla. Sólo miren a la gente, todos se ven contentos, eso me dice que el ambiente dentro de aquí es enteramente positivo, y además, siento que hay una carga energética intensa de pureza, felicidad, cariño y de todos los demás valores y sentimientos positivos de la vida, sinceramente nunca jamás había sentido esto en ningún otro sitio al que había ido antes, siento que es un momento único en mi vida por no haber vivido jamás nada igual ni parecido. Veamos más a fondo este alegre lugar.— todo eso decía con voz feliz la sonriente reportera habiendo entrado al café con su camarógrafo.

Entraron para grabar más y se ubicaron a un lado de la barra, cerca del sofá de Frutillita, en tanto con ella y todo el mundo, incluyendo a sus dos hermosas mascotas, se alegraron al ver a la reportera hacer noticia de su café, así que Frutillita fue a intentar hablar con ella, sin percatarse de que alguien más entró pocos pasos detrás de la reportera.

—Bienvenidos usted y su camarógrafo a mi restaurante, señorita Mavis.— dijo Frutillita con una voz tranquila y enormemente feliz y sonriendo con ganas.

Frutillita se paró a la izquierda de Mavis al darles la "bienvenida" y ellos la miraron con sonrisas sinceras, cuando entonces se volteó hacia su izquierda al sentir a alguien jalar suavemente su manga izquierda.

—¿Me atiende, señorita?.— con una voz tranquila, sin tanta emoción, sin sonreír, mirando con ojos entrecerrados y hablando sin expresar emociones como la felicidad ni ninguna otra le preguntó el señor que entró después que la reportera.

—No puedo hablar ahora, tenga, lea un menú si quiere.— le respondió con una voz tranquila y minúsculamente baja, sin emociones como la felicidad ni ninguna más y sin sonreír.

Le entrega uno de los menús que tiene en la barra, el señor lo mira y trata de decirle algo más.

—Tome una fresa.— le dijo manteniendo el volumen y tono tranquilo, pero agregándole una cierta felicidad y sonriendo ahora.

Tomó una fresa y se la dio al señor, a quien solamente le quedó recibirla, entonces Frutillita volvió con la reportera.

—¿Le parece entrevistar a mis empleados?, esos berrykins de ahí.— le preguntó Frutillita con un volumen un poco más alto por quitarle lo minúsculamente bajo, con una voz alegre y tranquila, sonriendo y estirando su mano derecha hacia sus empleados, a modo de indicarle a Mavis que ellos son.

—Caramba, ¿los que están ahí son los cocineros?.— preguntó Mavis con el mismo tono feliz y tranquilo y yendo con los cocineros, quienes ya le prestaban su atención y la miraban con grandes sonrisas luminosas.

Se paró junto a ellos mientras el camarógrafo filmaba.

—Disculpen, señores, ¿ustedes y la señorita están descansando ahora y tienen algo ya preparado?.— les preguntó Mavis alegremente con una sonrisa.

—Sí, ella y nosotros estamos descansando mientras nadie pide nuestra atención o más comida, y hace unos minutos metimos dentro del horno una olla con puré de patatas, cualquiera que lo coma verá que su sabor es mejor que cualquier otro que ya se haya preparado en otra casa en la ciudad. Asimismo, cualquier comida que la señorita Frutillita y nosotros cocinamos queda con sabores todavía mejores, numerosos habitantes de la ciudad cocinan cualquiera de las mismas comidas que nosotros, pero solamente a nosotros nos quedan con esos mejores sabores que todos saben que son insuperables y únicos.— con una sonrisa luminosa, una voz tranquila y feliz y una mirada enteramente relajada le contestó el berrykin rojo.

—Dígame usted, ¿hay alguna comida que sea la especialidad más grande del restaurante o algún ingrediente distinto que usen para sus preparaciones?.— le preguntó Mavis con voz alegre y tranquila al berrykin amarillo.

—La respuesta es mixta. Primero, no, porque no hay ninguna comida que se cocine mejor que cualquier otra, y sí, porque hay un ingrediente que de forma igualitaria le aplicamos a todas las comidas sin excepción, ese ingrediente es el amor en el más máximo de los grados.— respondió él con el mismo estado de ánimo que el otro y que todos en el restaurante.

—¿Les importa mostrarme lo que ya tienen cocinado y decirme si hay algo más aparte del puré de patatas?.— preguntó ella.

—No, adelante, venga.— dijo el berrykin amarillo.

Fueron los cinco a mostrarle ese puré, así que se pusieron los guantes, lo sacaron del horno entre todos, lo pusieron en donde mismo estuvo cuando lo cocinaban y el berrykin rojo le quitó la tapa a la olla.

—Su micrófono, por favor.— le pidió el rojo amablemente.

Ella puso su micrófono delante de la boca de él y él continuó hablando.

—Respondiendo su pregunta, ahora no hay nada más cocinado porque el puré de patatas es lo único que queda, ya les dimos a los clientes todo lo que nos pidieron, y mencionando que la razón de no haber nada más que el puré es que en nuestro restaurante, cocinamos puré todos los días porque siempre hay algún cliente que viene por querer de él, a veces vienen por puré en la hora de la cena, mientras que en el caso de todas las comidas que también cocinamos, no las preparamos anticipadamente, sino cuando los clientes nos las piden, así está formada la costumbre en nuestro restaurante.

—¿Usted y su camarógrafo desean darle una probada?.— les preguntó el berrykin amarillo con alegría en su voz, su cara, sus emociones, mente, corazón y espíritu.

—Está bien para mí, ¿y para ti?.— respondió Mavis y le preguntó a su camarógrafo.

—Sí, estaría bien.— dijo él con el mismo tono feliz y la misma sonrisa.

El berrykin rojo tomó la cuchara de madera, sus tres amigos se apilaron debajo de él para elevarlo y tomó una pequeña porción.

—Espera un poco, toma esta cuchara para darle su porción al camarógrafo.— le dijo felizmente el berrykin morado al rojo.

Tomó una cuchara de las que usan los berrykins, bajó al suelo para darle la cuchara al berrykin amarillo y fueron pasándola hacia arriba hasta dársela al rojo, éste sacó un poco del puré con la cuchara de madera, tomó una pizca con la que ellos usan para comer, la pasaron hasta abajo y el amarillo se la dio al camarógrafo, quien dejó la cámara en el suelo para recibirla, mientras a la vez, Mavis recibía la de madera y ambos probaron al mismo tiempo el puré, quedando bastante asombrados con el impresionante e inimaginable sabor, pues era mucho mejor que el sabor de cualquiera de las comidas que siempre les habían gustado respectivamente.

—Por las mil magdalenas, el sabor del puré es mucho mejor que los sabores de todo lo que siempre me gustó comer.— dijo Mavis con una felicidad aún más grande en su voz, hablando con una voz un poco más baja por contener la mayor parte de su asombro para no hablar como si gritara, diciendo eso con una gran sonrisa, con la impresión siendo enteramente notoria en su voz, su cara y sus emociones y siendo notorio que le gustó el puré.

—Eso mismo digo yo, es el puré más delicioso que he probado.— dijo el camarógrafo con el mismo ánimo que ella y también conteniéndose para no sonar como si gritara.

Ese señor va de nuevo donde Frutillita y le da jalones suaves a su playera.

—Disculpe, señorita Frutillita, disculpe.— la llamaba con el mismo estado de ánimo de antes y la misma expresión facial.

—Ahora no. Tome otra fresa, están muy sabrosas.— dijo ella sin sonreír al decir "Ahora no" y diciéndolo sin mayores emociones y sin ninguna como la felicidad ni ninguna más, sonriendo de nuevo y agregando algo más de alegría a su voz al darle la otra fresa, decir lo que entonces dijo y quitando la mano de él de su playera al decir "Ahora no" por estar más preocupada de la reportera.

Al señor sólo le quedó recibirle la fresa, pero así como hizo con la anterior, se guardó ésa segunda en un bolsillo del abrigo y pensó que mejor esperaría hasta que Frutillita estuviera desocupada, así que mientras tanto se paró delante de la barra.

—Si gusta, señorita Mavis, puede ir a hablar con algún cliente, ellos también pueden tener algo que decir.— le dijo Frutillita alegremente.

—Muy bien.— aceptó Mavis con gusto.

Primero fue con Pastelito de Manzana.

—Buenas tardes, jovencita, ¿su nombre por favor?.— le saludó y preguntó amigablemente con alegría.

—Buenas tardes, me llamo "Pastelito de Manzana".— le saludó y respondió con el mismo modo y sonrisa.

—¿Tiene algo en su caja?.— preguntó con su atención centrada en la caja.

—En esta caja están encerradas unas descontroladas trenzas electrónicas, soy una inventora y esas trenzas fueron mi última creación, pero sufrieron una falla grande y se volvieron incontrolables y saltarinas...

Le dio la misma explicación que le dio a Frutillita, pero como dijo todo hablando con una voz un poco más baja por ser una entrevista, el señor en la barra no la escuchó.

—Puedo mostrarle las trenzas para que su camarógrafo las filme si quiere.

—Si no hay problema con eso, entonces está bien.— dijo Mavis.

Tomó la caja, se arrodilló en el suelo y la abrió delante de la cámara.

—Funcionaban a control remoto y ni siquiera con él podía controlarlas.— dijo Pastelito sin sonreír y quitando el tono alegre de su voz por uno tranquilo que no expresaba ninguna emoción.

De repente, ambas trenzas se levantaron y saltaron de la caja.

—¡Oh no!, ¡con permiso, señorita!.— gritó Pastelito de Manzanas desesperadamente, sintiendo pánico y levantándose para ir por las trenzas, pero sin poder hacer nada porque con el salto, éstas salieron volando y alejándose de ella.