Los personajes fueron creados por Thomas Astruc. No me pertenecen en lo absoluto.
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Capítulo dos: Dudas y hallazgo.
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Nathanaël no era muy bueno con las palabras, pero sí para dedicar sonrisas, observar y compartir silencios agradables. Se perdía en sus pensamientos a menudo y contemplaba en detalle lo que llamara su atención para después traspasarlo en papel–la intensidad de los trazos seguía siendo un misterio para ella, puesto que Nathanaël no solía compartir frecuentemente sus dibujos– apretaba sus labios cuando algún trazo le costaba más que de costumbre y, para el desconcierto de Marinette, no le parecía molestar el flequillo que cubría parte de sus ojos.
Era un buen chico, concluyó Marinette después de una semana de haber sido asignados como compañeros de trabajo, y haber hablado con él lo suficiente. En siete días logró obtener algo de él, un poco de su forma de ser. Ese pequeño conocimiento la dejó vagando en sus cavilaciones toda una tarde, después de despedirse de Alya en la escuela. Nathanaël no parecía ser de las personas que guardaran rencores en su corazón, buscar problemas o alegrarse de desgracias ajenas. Tampoco hablar mal de los demás a sus espaldas. Era tranquilo y amable cuando alguien se le acercaba.
Tal y como ocurría con Alya, no entendía cómo un joven de buenos sentimientos fue arrastrado tan fácilmente por los deseos Hawk Moth.
¿Tan poderoso era un akuma para nublar a la gente?
Tikki percibió lo inquieta que estaba esa noche, la muchacha se removía en su cama una y otra vez, gruñendo por lo bajo al ser incapaz de quedarse dormida por sus dudas personales.
—¿Sucede algo, Marinette? —preguntó, en medio de la penumbra. Elevando su cuerpecito hacia la misma altura del rostro de su dueña.
—He estado pensando algo últimamente —responde ella.
—Lo sé, haz estado inquieta desde que llegaste —afirma la kwami—. Deberías dormir, mañana tienes que ir a la escuela.
—Tikki.
—¿Si, Mari?
—¿Por qué una persona puede ser akumatizada? —la voz de la joven era apenas un susurro—. Alya fue akumatizada y tiene un buen corazón. Han pasado dos años, pero no logro comprenderlo del todo: ¿Qué tan fuerte es esa emoción?
Siempre preguntaba lo mismo.
Y las respuestas la tranquilizaban temporalmente.
La kwami ladeó su cabeza, buscando las palabras indicadas para evitar causar más incertidumbres de las que ya había. Marinette podría tener diecisiete años ahora, había cambiado algunos aspectos de su personalidad y su cuerpo había madurado propio de la edad; sin embargo, para el pequeño espíritu, seguía siendo una niña con demasiadas dudas en su cabecilla. Le faltaba por aprender.
Aún era muy voluble.
—Lo que permite que un akuma nuble la conciencia de una persona son las emociones pasajeras, pero intensas —explicó, moviendo sus manitos para enfatizar sus palabras—. Pero existe algo mucho más fuerte que es el dolor y el resentimiento. Sólo se necesita una pequeña parte de dolor propio, de sentimientos rotos para alojarse allí e invadir toda la felicidad de esa persona y convertirla en obscuridad.
»Es un lapso muy corto donde hay inestabilidad. Ahí es cuando la persona deja entrar al akuma hasta perder la cordura, porque busca una manera sencilla de aplacar la decepción o la tristeza. Por eso debemos controlar nuestras emociones y no permitir que haya una catarsis de ellas.
Marinette asintió suavemente, asimilando las palabras y recordando a sus compañeros de clase, a Nathanaël.
Más a Alya.
Su mejor amiga.
Había un gran misterio envuelto en el tema de los espíritus negativos…
Y pese a su experiencia como purificadora de ellos, no comprendía la mayoría de esos aspectos. Había tantos vacíos que Marinette quería rellenar…
Se sintió culpable por no haber estado allí a tiempo para evitar que sus amigos fueran dominados por ellos.
—¿Ocurrió algo en la escuela? —Quiso saber Tikki, colocando una de sus manitos sobre la mejilla de Marinette.
—Me di cuenta de algo estos días.
—Ah, ¿sí?
—La intensidad de esos sentimientos… Siento que no sé nada sobre los akumas, cómo actúan y cuánto dañan a una persona. Hoy hablé con uno de mis compañeros de clase, ¿sabes?
—¿Y? —Tikki se sentó en la almohada, al ver que su dueña aún no tenía ánimos de conciliar el sueño, decidió acompañarla—. ¿Es agradable?
—Es una buena persona, es amable y sencillo —comenta Marinette, apoyando su mejilla sobre sus manos—. Él fue akumatizado hace dos años y me cuesta creer que Nathanäel e incluso Alya hayan querido herir a otros para aplacar el dolor de una decepción. Es… confuso.
—Nunca comprenderemos todo, Marinette, hay cosas que salen de nuestra comprensión. Siempre dependerá de nosotros encontrar las respuestas. Todos los conocimientos de la humanidad fueron adquiridos porque hubo grandes personajes en la historia que tuvieron la convicción de investigar.
La joven observó a la kwami en silencio, meditando aquellas palabras—. Tienes razón… Creo que pondré en marcha esa convicción.
El ánimo de Marinette se hizo notar otra vez.
—¿Lo dices por la exposición del castillo?
— Sí, ¡haré junto a Nathanaël la mejor investigación y exposición de todas! —exclama, levantando un puño.
Tikki sonríe apenas al oírla. Gritar en plena noche no era bien visto, pero cuando se trataba de su dueña, podía esperar cualquier cosa.
—Ahora deberías dormir y no llegar tarde otra vez a la escuela… Vives a sólo una calle y siempre eres la última de todos.
Ahí venían las riñas y los sermones; Tikki gozaba de ser experta en ello.
—Me he dado cuenta de otra cosa, también —comentó Marinette, cubriendo su boca con el borde de las sábanas.
—¿Ah, qué cosa?
Ella sonrió cual enamorada, volviendo a su ánimo fogoso habitual.
—¡Adrien está cada vez más alto!
Casi grita.
Tikki suspiró, al ver cómo su dueña hundía el rostro en la almohada con las orejas coloradas.
—Los adolescentes y sus hormonas no tienen remedio.
—Es tan guapo —se excusa, alargando sus palabras, antes de bostezar y sucumbir al sueño.
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—Holaaaaa~
Las "a" alargadas de Marinette le supieron a Nathanaël a alegría y entusiasmo. Llenas de esa jovialidad tan propia de ella, que inconscientemente le robó una sonrisa.
—Hola, Marinette —responde, quitando sus cosas de la mesa al ver que su compañera de trabajo coloca un bolso enorme sin fijarse.
—¡Qué calor! Casi muero derretida allá afuera —exclama, abanicándose con un papel doblado—. ¿Qué haces?
—Estudio.
—Ya veo… —corrió un poco la silla antes de sentarse frente a Nathanaël en silencio. Observó los ejercicios a medio hacer del cuaderno, apoyando su mentón en una de sus manos y leyendo los enunciados de los primeros problemas. Los resultados de cada uno, Nathanaël los había encerrado en un círculo.
Un círculo perfecto, casi envidiable porque los suyos siempre eran deformes.
Nathanaël no era del todo bueno para la gracia objetiva que había en las leyes de la física, se había vuelto una costumbre verlo quedarse en las clases, siendo sermoneado por la maestra debido a sus calificaciones. Eso explicaba la dedicación extra que le daba a la materia.
—¿Física?
Él asintió apenado por el acierto, limitándose a una sonrisa fugaz que desapareció rápidamente de su rostro.
—La maestra me entregó ejercicios extras —se excusó.
—Haz mejorado, ¿eh? Antes solías despistarte en clases… Ahora prestas más atención.
—Necesito tener buenas calificaciones —explicó, girando el boli entre sus dedos—. Por eso he decidido tomar más material que los demás. Y me he replanteado ser más serio frente a la maestra este semestre, porque me ayudó bastante el año anterior y quiero estar a la altura de sus expectativas.
Marinette alzó las cejas sorprendida al oír la confesión, al tiempo que ladeaba su cabeza. No podía negar que se sentía inquieta ante la emergente convicción nacida en sus compañeros, esos aires de madurez que la hacían parecer una niña pese a sus diecisiete años: al contemplar esos planes de vida que ellos se esmeraban por cumplir. Y de los cuales se ausentaban un poco en su manera de pensar.
Ella no estaba tan abierta en cuánto a ese futuro que se les avecinaba.
Algunas universidades de la ciudad habían visitado su escuela, incentivando a los jóvenes a elegir su futuro correctamente, usando todo tipo de encuestas y test vocacionales que revelarían las mejores aptitudes de cada uno.
Marinette guardaba aún en su corazón diseñar vestuarios.
Y poco a poco, ya abriendo mejor los ojos y percatándose de su alrededor, descubrió que París no era la ciudad de las posibilidades que ella creyó por tanto tiempo. Cada persona le indicaba que tuviera opciones más factibles y seguras, que la moda era tan voluble e inestable como el clima en otoño.
Que iba y venía.
Se descubrió en un París que ya no era arte, sino ciencias lógicas y puramente exactas, con un trono ocupado por las matemáticas.
—Te felicito por eso, Nathanaël, quizá te conviertas en el favorito de la maestra en un tiempo más —habló sin pensar.
—¿Eh? —Él levantó la mirada de sus apuntes, intrigado por las palabras de ella—. No quiero ser su favorito y no aspiraré a serlo. Ya tiene uno y ese es Adrien.
Los sentidos de Marinette se afilaron al oír ese nombre, como si el susodicho estuviese presente justo a su lado y perturbara su corazón como de costumbre. Casi olvidó de lo que hablaban por esa incomodidad que de pronto la había invadido.
—Él es muy inteligente y-y atento, he oído que es su materia favorita —comentó Mari jugando con una coleta de su cabello—. No por nada tiene buenas calificaciones y es aplicado… ¿recuerdas ese ejercicio de energía? Él lo pudo resolver sin…
Nathanaël apoyó el mentón en la palma de su mano izquierda sin soltar el lápiz entre sus dedos, entretenido con los gestos de Marinette que se desataban sin elegancia a centímetros de él: hablando y hablando. Cada estudiante de la clase sabía que la pelinegra concebía algo más que una simple admiración por Adrien, se volvía torpe ante su sola presencia y se le coloreaban las orejas.
Él la había observado antes–mucho antes, cuando en ese entonces llegó a quererla– y estaba al tanto del nerviosismo que la embargaba cuando sentía, oía y miraba a Adrien; era tan automático en ella que florecía sin detenimientos, ni reparos. Ese constante comportamiento no cambió con la edad, sin embargo, seguía allí; siendo infantil y absurdo desde la perspectiva del pelirrojo.
Demasiado evidente.
—… él siempre resuelve los… ¿Por qué sonríes?
—Por nada.
—¿Te ríes de mí?
—No —mintió, siguiendo con el problema a medio resolver.
—Siento que divagué en el tema... —la joven rio avergonzada, llevándose un mechón tras la oreja. Le había prometido a Alya no ser tan evidente sobre sus sentimientos.
«¡Eres una tonta obvia!»
—Sólo un poco —murmuró Nathanaël, mientras encerraba el resultado en un óvalo perfecto, después de comprobar todo el proceso.
Marinette, advirtiendo esa taciturna alegría en las facciones de su compañero y deseosa por cambiar el tema de conversación, se inclinó hacia él interesada por saber la respuesta del cálculo.
—¿Qué te ha dado?
El muchacho le enseñó su cuaderno, contento y orgulloso, más lo segundo.
«Presión manométrica: 1.02x10^5 Pa»
—¡Vaya! —exclamó la pelinegra, llevándose las manos a ambos lados de su rostro, al recordar ese problema en particular—. Es el que no he podido resolver.
—Es sencillo —Nathanaël se acercó a ella para indicarle el proceso—. El resultado es la diferencia entre la presión absoluta con la presión atmosférica…
—¿Ah, sí?
Él asintió—. Eso se hace al final, después de haber sumado las presiones totales del sistema…
Mientras el muchacho le explicaba en voz baja cada paso del ejercicio, Marinette iba escribiéndolo en la palma de su mano con un bolígrafo robado del estuche de Nathanaël, asintiendo y riéndose cuando él se confundía y le venían lapsos de nervios porque se le enredaban las ideas.
—Listo, lo anotaré en mi cuaderno cuando esté en casa —dijo, admirando sus palmas rayadas de boli azul—. Gracias.
Nathanaël se encogió de hombros, restándole mérito a su pequeña travesía de tutor, aún incrédulo de que había dado indicaciones en un problema de física, una instancia inimaginable semestres atrás. Viendo que su compañera estaba repasando los detalles del ejercicio en su cuaderno, aprovechó ese lapso de silencio para estirar levemente sus brazos hacia adelante, quitando la rigidez acumulada en su cuello y hombros. Cuando se reincorporó en su puesto, recostó su espalda contra el respaldo de la silla y echó su cabeza hacia atrás suspirando de alivio.
La constante posición cabizbaja lo había cansado.
—Hey, Nathanaël —lo llamó Mari y él se volvió a verla. El movimiento fue suficiente para quitar el flequillo de su frente, exponiendo su rostro con claridad.
Recién en ese entonces, acompañado de un tintineo en su mente, Marinette percibió algo diferente en el pelirrojo. Se quedó mirándolo intrigada y sorprendida, olvidando la razón de haberlo llamado.
—¿Hum?
Ella sonrió con dificultad.
—¿Cuánto tiempo llevas aquí? Pareces cansado…
No, no era eso.
—Dos horas.
La muchacha torció su labio, pensativa.
—Vine por ti para avanzar en el proyecto. Han pasado más de diez días sin planear cómo lo haremos —murmura, haciendo una morisqueta—. Avanzar cuanto antes nos dará más tiempo para prepararnos, ¿no crees?
—Lo sé…, guardaré mis cosas —Nathanaël cerró su cuaderno y Marinette se puso de pie, todavía pensativa por lo que acababa de descubrir—. Tengo algunas ideas, pero gastaremos un poco de dinero si quisiéramos ponerlas en marcha.
—Oh, no hay problema con ello —respondió contenta, levantando un puño en lo alto, acercándose a él. Quizá Nathanaël no era muy expresivo con sus emociones y no demostraba el mismo entusiasmo que ella por el trabajo, pero sí era responsable.
El joven le entregó una hoja de cuaderno rasgada por el costado—. Aquí están mis ideas, podríamos usar algunas de ellas si están bien.
Marinette lo recibió callada, apenas leyendo dos líneas en el transcurso porque bajó la mirada pinchada por la curiosidad; el muchacho guardaba sus cosas y ella lo observaba de soslayo, atenta a cada detalle. No sabía con exactitud, pero algo tenía Nathanaël que lo sentía diferente.
¿Serían alucinaciones suyas?
Unos segundos después la joven acomodó su bolso en uno de sus hombros, disponiéndose a leer luego de una auto-reprimenda interna por su desfachatez.
Nathanaël seguía siendo el mismo.
«Maqueta.
Visitar castillo.
Vídeo histórico.
Fotografías.
Pintar (las partes más emblemáticas).
Línea de tiempo.
Investigar leyendas locales.
Personajes históricos.
¿Vídeo "turístico"?»
Hmmm…
No eran malas ideas, pensó, algunas eran bastante buenas y didácticas. Marinette se llevó un dedo a los labios, analizando las opciones más originales que garantizaran una calificación perfecta, descartando las que podrían repetirse dentro de sus compañeros y, de paso, evitar la decepción de la señorita Bustie.
Tendrían mucho trabajo por hacer si aspiraban a resaltar entre las demás exposiciones.
Iba meditando aquello cuando sintió a Nathanaël ponerse de pie e instintivamente se hizo a un lado para darle espacio, pero se detuvo de improviso.
Ya dándose cuenta de lo diferente.
Levantó la cabeza y unos ojos entremezclados de azul y verde reflejaron su propio semblante desconcertado en sus pupilas.
¿Nathanaël estaba más alto?
—¿Qué pasa? —pregunta él, confundido por el semblante de la muchacha. Las expresiones de Marinette eran muy graciosas y él no quería reírse en su cara sin saber la razón.
—¡Estás más alto! —Chilla Marinette como si no lo hubiese visto en dos años, completamente fuera de contexto, apuntándole con el dedo. Le sacaba una cabeza de altura, su mirada seguía siendo igual de dulce, pero las facciones de su rostro, que seguían siendo gráciles, ya rebosaban cierta madurez.
—¿Q-qué?
Esta vez el desconcertado era Nathanaël.
¿Cómo no lo había notado?
Se lo contaría a Alya: ¡Qué despistada era!
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¿Y qué les pareció?
Aunque parezca poca cosa, este capi tiene importancia dentro de la trama, ¿saben? De hecho, cada acción de los personajes va repercutiendo y se ve más adelante en la historia, en los arcos posteriores. Es la primera vez que realizo una historia con arcos, para que vean lo profundo que quise hacer esto jajaja xD
Quiero darles las gracias por haber leído el primer capítulo, me hizo MUY FELIZ saber que les haya dado buena impresión, no tienen idea del alivio que sentí, porque al publicar estaba muy nerviosa y me preocupaba del apoyo que tendría el fic, jaja. Espero no decepcionarlos más adelante, la historia fue pensada en arcos y tiene un desarrollo paso a paso. Así que, aunque pueda parecer lento al principio, tiene su justificación de serlo. Aquí cada acción y forma de interactuar de los personajes es valiosa.
El siguiente capítulo ya le da el inicio a todo.
Muchas gracias por leer, en serio. Nos vemos en el siguiente capítulo, en dos semanas más. Espero que le haya gustado este capítulo, de no ser así, les debo una disculpa. A medida que avanzamos se van haciendo más largos y complejos.
¡Demuestren que no somos pocos y pocas los que gustamos del Nathanette!
Bye, bye~
PD: ¿reviews?
