Capítulo 2: La gran noticia...

Ya casi anochecía cuando la pequeña Lily llegó a su casa esa misma tarde. Para su sorpresa y la de Petunia, sus padres se encontraban sentados en la mesa de la cocina, frente a frente. En cuanto Lily los vio así, su cuerpo comenzó a temblar, y le invadió una potente sensación de temor. Temor al rechazo, al mismo rechazo que su hermana Petunia le profesaba. Lily ya había pensado en la reacción de sus padres. Sabía que la consideraban una niña con mucha imaginación, y sobre todo, una niña especial. Tenía cierto miedo a su respuesta, por lo que optó por no decir nada hasta que llegara la carta explicándolo todo. Por ello, nada más entrar por la puerta, se llenó de nervios. Su padre, sostenía nerviosamente la temblorosa mano de su madre, y su mami, su dulce mami leía con expresión inescrutable una de las cartas.

Parecía que ninguno de los dos se había percatado todavía de la presencia de las niñas, así que a Lily no le quedó más remedio que saludar con un tímido beso a los dos.

En cuanto se aproximó a ellos, Elisabeth, su mamá, dejó de leer, y le miró a los ojos. Su padre hizo lo mismo, y a pesar del miedo que sentía, hizo acopio de toda su valentía, y sostuvo la severa mirada de su madre. Después de todo, la valentía siempre había sido una de sus mejores cualidades.

Petunia fue la responsable de romper la tensa situación. Comenzó a danzar alrededor de Lily, y con una enorme sonrisa, burlonamente repetía una y otra vez:

- Está loca, es rara, el bicho raro de mi hermanaaa!...

Petunia no cesaba de burlarse, y sus padres todavía no decían nada, por lo que Lily comenzó a temerse lo peor, y unas silenciosas lágrimas amargas comenzaron a surcar su linda carita. Ahora realmente tenía miedo.

Tras ese momento de caos, Edward, su padre, mandó callar a Petunia, acarició el rostro de su niña, y le dijo suavemente:

- Lily, cielo, ¿qué son estas cartas? ¿Quién te las manda, qué broma es esta?

Una nueva valentía nació en Lily tras estas palabras de su padre, su reacción no parecía tan mala como se había temido. Por su parte, su mamá parecía entre sorprendida y divertida:

- Cariño, nos hemos asustado al principio al ver tantas cartas para ti,pero hemos llegado a la conclusión, de que ésta debe ser una broma de algún amiguito tuyo, ¿De quién se trata?

Lily sonrió tímidamente, con lo que se ganó otra sonrisa por parte de sus papás, y contestó, casi de carrerilla:

- Mamá, Papá, no es ninguna broma. Es cierto, soy una bruja. El hijo de los Snape, nuestro vecino de la calle la Hilandera, él me lo explicó todo, me dijo que había mucha magia dentro de mí. El mundo de la magia existe, ¡hay magos y brujas, incluso un ministerio de magia! Y las cartas son del colegio, ¡ese colegio quiere que estudie allí, y que llegue a ser una buena bruja! Se que cuesta creerlo…pero es cierto, por favor, tenéis que confiar en mí, ¡darme una oportunidad!- dijo Lily, a una velocidad asombrosa.

- Cariño, ¿estás segura? - Preguntó su papá condescendientemente.

- ¡Claro que sí! Y hay una manera de que me creais! Mi amigo Sev, me contó que un representante del colegio se presenta en casa de los niños de padres no magos para explicarlo todo, y… ¡demostrar que es cierto! - contestó una emocionada Lily.

- De acuerdo, cielo… esperaremos a mañana, pero…por favor, de momento no te ilusiones demasiado, no queremos que te decepciones si se trata de una broma de mal gusto.- concedió dulcemente su mamá.

Esa misma noche la pelirroja no pudo dormir. Pasó horas y horas dando vueltas imaginando cómo sería ese colegio, la cantidad de amigos que haría allí, las clases, los profesores, los hechizos… y qué clase de profesor vendría al día siguiente a su casa, a explicarles todo. Cuando por fin consiguió dormirse, tuvo vívidos sueños acerca de un coche volador, en el cual sobrevolaba Londres junto a su amigo Sev…

A la mañana siguiente, le pareció que no había dormido ni una hora. No obstante, se levantó llena de energía y nervios. Estaba nerviosísima, no sabía qué iba a pasar con sus padres….

Pasaba el día, y sus nervios se incrementaban hora tras hora, para la gran satisfacción de Petunia, que no hizo más que criticar durante todo el día la puntualidad de los bichos raros de esa escuela.

Cuando por fin Lily había perdido casi toda esperanza de que nadie apareciera, un sutil golpeteo como de alas se produjo en la ventana de su habitación. Emocionada como nunca antes lo había estado, la niña abrió la ventana, y descubrió a una enorme lechuza, blanca como la nieve, encaramada a su ventana, que ululando contenta, se posó en su hombro, y dejó caer un pergamino. Lily nerviosa, leyó el contenido:

Estimada Sr. Evans, como ya le explicamos en la carta de admisión del colegio Hogwarts de Magia y hechicería, y al ser usted hija de muggles, personal de la institución se presentará en su domicilio hacia las 18:00 horas del día 15 de julio para explicarle a sus padres su situación. Sin más asuntos que tratar, le esperamos en la escuela el día 1 de septiembre para comenzar el nuevo curso escolar.

Atentamente,

Minerva McGonagall, subdirectora adjunta.

Una inexplicable emoción se apoderó de ella mientras bajaba las escaleras de su casa como un rayo, de 3 en 3, cuando a mitad de la escalera, la interrumpió Petunia, cerrándole el paso:

- ¿Por qué estás tan contenta? No ha venido nadie de la escuela esa de raritos todavía, aún no han venido a por ti, quizá han cambiado de opinión, y han pensado que eres demasiado tonta para ir allí, ¡quizá ni siquiera puedas juntarte con esa clase de gentuza!-canturreó burlonamente.

Pero a Lily no le importaron esas palabras, ella estaba radiante de alegría, y no podía haber nada, nada en el mundo que le estropeara la enorme felicidad que sentía en esos momentos. Así que apartó a su hermana como pudo sin dirigirle una palabra, y decidió salir a la calle corriendo, en busca de su amigo Sev. ¡Tenía que contárselo!

Cuando por fín lo encontró, sólo, en el parque, meditabundo, triste, soñador… estaba pensando en ella, sí, en Lily, la única persona que era capaz de sacar de su cabeza todos sus problemas, de devolverle la alegría que la horrenda situación de sus padres en casa le quitaba. Su padre era un tirano, un asqueroso maltratador que no hacía más que hacer sufrir a su madre, su dulce mamá. Él lo odiaba con todas sus fuerzas. Un odio que sólo conseguía aplacar su preciosa Lily. Una enorme sonrisa se extendió rápidamente por el rostro del niño en cuanto la vio.

- Lily! ¡¿Te llegó la carta, verdad, te llegó!

- Síííííí! ¡Y esta tarde llegará alguien de la escuela para explicarles todo a mis padres!

El chico, preocupado por el asunto de sus padres, frunció el ceño, y dijo, lleno de temor:

- ¿Tus padres? ¿Tus padres ya saben…? ¿Saben algo, les has dicho algo?

- Sí, anoche recogieron un montón de cartas de Hogwarts… - canturreó Lily con expresión altanera.

- ¿Y…. ¡¿Cómo han reaccionado, qué te han dicho, te… te dejarán ir a la escuela, verdad..?¡Dime que te dejarán, por favorrr…! - dijo el niño, con cara de cachorrito abandonado.

La expresión de alegría de la niña cambió por momentos para convertirse en preocupación, y contestó:

- No lo se, Sev, pero… supongo que cuando lleguen de la escuela, les explicarán todo, no? Y… les convencerán. Sí, seguro que sí! ¡Les convencerán cuando vean que no es ninguna broma de mal gusto!

Tras esas palabras, la preocupación de los dos niños desapareció como por arte de magia, dando paso a una tarde llena de risas, promesas e ilusión en la que Severus le contó todo lo que sabía sobre Hogwarts: le contó que era un enorme castillo, donde había cuatro casas.

Estaba Griffindor, la casa de los valientes de corazón. El sitio donde van las personas leales, llenas de coraje y valentía. También Rawenclaw, donde la sabiduría guardaba un papel primordial. La casa de la inteligencia, apertura de mente y la razón. Después Hufflepuff, la casa de los leales. El trabajo duro no asustaba a un verdadero Hufflepuff. Y, por último, Slytherin, la casa de los astutos. Los astutos Slytherins de verdad sabían lo que querían, y cómo conseguirlo. Era la casa a la que Sev quería ir, y por supuesto, deseaba con toda su alma que Lily fuera a Slytherin con él.

Cuando ya faltaba poco para las 6 de la tarde sin embrago, Severus se tornó serio, y se dispuso a informar a Lily de un asunto que él creía, ella debería saber, debería estar prevenida de ello… Así que temeroso, se incorporó lentamente, cogió de manera tímida la mano de su Lily, y comenzó:

- Lil… tengo que contarte algo… en nuestro mundo, quiero decir, en el mundo de los magos… existe algo que se llama la pureza de sangre. Se trata de las familias de magos y brujas que no han sido nunca mezclados con muggles, se llaman sangre limpia, generaciones y generaciones de sangre mágica corre por sus venas…

Al ver que Lily, muy atenta, se disponía a replicar, Severus la interrumpió, y prosiguió con la explicación:

- Esas personas le dan mucha importancia al rango de sangre. Si tus padres son muggles, te llamarán sangre sucia…- (Lily hizo una mueca de disgusto)- … y te despreciarán. Incluso si sólo una parte de tu familia es muggle no te aceptan, esa gente sólo quiere a magos puros aprendiendo magia, y son capaces de hacer cosas realmente malvadas…

Pero al ver que unas preciosas lágrimas de miedo comenzaban a formarse en los preciosos ojos de su linda Lily, se apresuró a añadir:

- ¡Pero eso no es algo que deba preocuparte, porque….porque tú tienes mucha magia dentro de tí, y Hogwarts es un lugar muy seguro! Y… ¡a mi no me importa cómo sea tu sangre, yo siempre te protegeré!

Lily, agradecida por las palabras de su amigo asintió lentamente, y poco a poco una sonrisa fue dibujándose en su cara. Decidió no pensar más en ese asunto, y siguió columpiándose.

Poco rato después, al ver qué hora era, le dio un vuelco al corazón:

- ¡AHHH!La cita! Alguien del colegio debe estar ya en mi casa!

Así que sin siquiera despedirse, echó a correr calle abajo como nunca lo había hecho, hasta su casa.

En cuanto entró, vio para su tranquilidad que todo estaba igual, todavía no había llegado nadie. Pero poco le duró la tranquilidad, pues nada más subir el primer peldaño hacia su habitación, unos golpes secos en la puerta de entrada le anunciaron que tenían visita.

Fue hasta el salón, donde se encontraban sus padres, y dando saltitos de emoción alrededor de ellos, los acompañó hasta la puerta, cuando de repente recordó con pesar…que no había avisado de la visita a sus padres, ¡se le había olvidado!

Ya no había nada que hacer, así que con una sonrisita nerviosa miró hacia la puerta, y… creyó que jamás se había preparado para ver lo que vió…