HAPPY LIFE: CEMENTERY FLOWER
CAP 2
"El hombre ante la tumba"
Habían pasado diez días y el Asakura se había visto sumamente ocupado
Por una parte, deseaba simplemente descansar y tirarse al suelo, no pensar en la escuela a la que tendría que asistir próximamente si no quería recibir la visita de uno de los espíritus de su abuelo para reñirle por su irresponsabilidad y quizá disfrutar largamente de las termas que existían en aquella casa hasta que su cuerpo ya no pudiese más; sin embargo y muy contrariamente a lo que deseaba, desde el momento en que había ingresado en aquella enorme casa se había dado cuenta de que su estancia por el momento iba a ser de todo menos placentera.
Desde que había abierto la entrada principal había podido observar la hierba que crecía salvaje y sin cuidado por todo el patio lo que significaba que si en verdad quería vivir en paz tendría que cortar el césped sí o sí; de igual manera al llegar a la puerta de ingreso a la vivienda (lo cuál le había costado debido a todas las plantas que lo rodeaban y que llegaban literalmente hasta el escalón de la entrada) había terminado por toser ante la gran presencia de polvo, tierra y humedad que parecían rodear el hogar por todos sus rincones, provocándole un suspiro profundo de resignación… para luego, terminar estornudando varias veces debido a la alergia que aquello le había provocado
Le resultaba increíble pensar que alguna vez su propia madre viviese ahí con su padre cuando fuesen jóvenes
En esos instantes, parecía una verdadera ruina
Y eso le había significado al chico el tener que pasar días y días de su valiosa primer semana en Tokyo, limpiando, tallando, recogiendo las habitaciones y cortando el césped para al menos, dejar el sitio algo habitable; sin embargo, aún eran muy pocos días y el chico se había visto durmiendo en unos viejos futones con polvo en lo que lograba hacer funcionar nuevamente los aparatos y acudía a los centros de luz, agua y demás servicios para que los reactivasen
Era demasiado trabajo y lo estaba llevando a cabo el solo
Lo único que le consolaba, aparte de sus pensamientos de libertad era la música de Bob, que se colocaba para dormir en las noches y que le despertaba con un poco más de energía en las mañanas
Tenía que admitirlo, el lugar era bastante solitario si no contaba a las personas que habían fallecido en el sitio antes de que su familia comprase la propiedad y que se paseaban por la casa, a veces sorprendiéndole entre la noche y haciendo tanto ruido extraño que no se atrevía ir al baño por temor a encontrarse con uno de los espectros con el aspecto que tenía al morir
Una cosa era que fuese shaman y una muy diferente, que no sintiese miedo de ver a una persona desfigurada por quemaduras y con pedazos de su cuerpo cayendo por todas partes
Por otro lado…
No había tenido la oportunidad de volver al cementerio de noche. Yendo a comprar algo de comer instantáneo a las tiendas y por insumos para la limpieza de la gigantesca casa, apenas y había conseguido dar una vuelta por el lugar para saludar a sus nuevos amigos muertos y se había enterado, que el misterioso visitante de la tumba con su nombre seguía asistiendo noche tras noche y permanecía en el lugar hasta bien entrada la madrugada, charlando con la roca negra como si esta pudiese responderle
Eso sí le había sorprendido
No conocía a nadie que le hablase a las tumbas, era una costumbre de respeto ya perdida con los años modernos por lo que su curiosidad acerca de aquella persona solo se había incrementado
Además, por lo que le decían, era una visita diaria sin faltar en ningún momento a aquella costumbre sin importar que hiciese frío o lloviera. Esa persona siempre se encontraba en el sitio y charlaba con la lápida en un tono de voz muy bajo y sentido; los muertos del cementerio no se habían atrevido a acercarse a aquel sujeto cuando se encontraba en el lugar debido a que había una energía en este que les hacía sentir incómodos. El ser espectros no les quitaba las emociones, así que simplemente, decidían dejarle en paz
Esperaba poder tener finalmente la oportunidad de ir aquella noche y pillarle
El chico se estiró tanto cómo pudo, cerrando los ojos y dejando escapar un gemido de cansancio vestido en aquellos momentos con sus ropas de casa, un delantal de cuerpo completo y un pañuelo que había amarrado sobre su cabello para protegerse de la suciedad; dejó salir algo de vaho por la boca y volteó a ver en aquellos momentos el estado de los baños que ese día había estado limpiando. Había retirado las hojas de los árboles y demás basura que había flotado a las aguas termales por lo que finalmente, estas lucían limpias o al menos, menos opacas de lo que debían de ser; había algunas zonas más despejadas de suciedad dentro de la casa, ya podía comer en una parte de la cocina y la habitación que había elegido para él, era mucho más habitable.
Se sentía satisfecho
-Bueno… supongo que ha sido un buen día de trabajo
Dijo para sí mismo, retirándose el pañuelo de la cabeza para luego tomar una escoba cercana y dirigirse hacia la cocina, cerrando la puerta detrás suyo lo que levantó un poco de polvo
El Asakura comenzó a temblar suavemente para luego
-ACHÚ!
Una buena cantidad de tierra y telarañas cayó desde el techo hasta el piso que había estado semi-limpio, cubriéndolo todo con una espesa capa de suciedad así como el cabello del shamán que ahora parecía llevar alguna especie de gorro esponjoso; el chico hizo sonido de llorar y quejarse con gruesas lágrimas cayendo por sus ojos al ver que el trabajo de aquel día al menos en el interior de la casa se había arruinado por completo para después, arrojar la escoba y andar hacia la cocina con gesto derrotado
-Si esto sigue así, no acabaré ni en esta vida ni en la siguiente
Se quejó con los brazos colgando por delante y levemente encorvado para después, ingresar en la cocina y ver lánguidamente el destartalado reloj que colgaba de una pared cercana; sus ojos se abrieron de golpe ante ello y dejó salir un pequeño grito
-Se me hace tarde!
Se sacudió el cabello y aunque de todas formas este se veía levemente gris, no le importaba, tampoco era como que estuviese yendo a una cita. Se retiró el mandil y lo arrojó sobre la mesa alta sin cuidado y corrió hacia la salida de la casa para luego comenzar a brincar sobre un pie colocándose las chanclas de madera
Casi caía al suelo pero consiguió hacer equilibrio para de ahí, saltar al jardín delantero y correr hacia la salida de la propiedad para tomar dirección rumbo al cementerio de la colina Funbari.
Ya estaba oscureciendo y las estrellas comenzaban a mostrarse brillantes y cual gemas sobre toda la bóveda celeste y la brisa suave de primavera, ya casi verano le revolvía el cabello conforme trataba de hacer velocidad y lograr llegar a tiempo a dónde deseaba; quería poder instalarse con tiempo de anticipación y poder ver el sitio por el cuál llegaba aquella persona que visitaba al chico de la tumba. No sabía por qué, no comprendía qué conseguiría con ello pero…
Ingresó por la entrada este de aquel terreno y comenzó a esquivar las lápidas y memorias de quienes se encontraban enterrados en el lugar
Apretó aún más el paso y procedió a subir por la escalera norte de la colina del cementerio, pasando de largo a varios espíritus y unos cuantos voltearon a verle
-Eh, Yoh!
Saludó uno de aquellos espectros conforme el chico corría rápidamente y pasaba a su lado
-Tranquilo… por qué la prisa?
El chico no paró hasta llegar a la cima y correr a donde se encontraba el árbol del samurái muerto, hasta que finalmente alcanzó el sitio y se reclinó sobre sus rodillas para retomar el aire perdido; los jadeos que dejaba salir se escuchaban bastante y algunas gotas de sudor caían por su frente
-Relájate chico… pareciera que te estuvieran persiguiendo
El fantasma del obrero se encontraba ahí en la cima, sentado en el aire al tiempo que fumaba un poco y dejaba salir el humo mostrando un gesto de preocupación hacia el shamán, que sacudió la cabeza
-Estoy… estoy bien…
Aseguró Yoh abriendo más la boca para respirar de mejor forma a pesar de que sentía que el aire no le alcanzaba
-Es… es solo que…
-Uh?
El obrero alzó el rostro con expresión de incomprensión mientras que algunos otros espectros que rondaban el sitio y ya se habían acostumbrado a la presencia del niño que hablaba con ellos, flotaban para colocarse cerca y hacerle compañía
-Todavía estás con eso?
Preguntó el hombre dándole otra bocanada a su cigarrillo para después, cerrar los ojos y negar con la cabeza dejando salir el humo ficticio de entre sus labios
-No te has perdido de nada
Aseguró un gigantesco fantasma de un luchador de karate que dejaba ver su enorme dentadura en lo que parecía ser una sonrisa permanente; este viró la cabeza hacia el chico de cabello castaño que parpadeó con extrañeza y algo de sorpresa
-Ah no?
-No
Se rió aquel espectro divertido para después, señalar con su enorme mano en dirección de la entrada sur
-Ves?
El niño se acercó con cuidado al borde de aquella caída y entonces pudo ver una figura alta de una persona que entraba al cementerio en pasos lentos pero firmes y que llevaba un pequeño ramo de flores blancas consigo, además de lo que parecía ser una bolsa de compras; los ojos del chico resiguieron a aquella persona que con cuidado dejó la bolsa en el suelo y de ahí se acercó un cubo con agua y un cucharón para arrojar agua sobre la lápida un par de veces.
Una vez hecho esto, colocó las flores en un pequeño nicho a un lado y sacó incienso de la bolsa para colocarlo en el nicho del otro lado y encenderlo
Después de ello, del mismo bolso sacó una pequeña naranja y la colocó enfrente de la lápida y de ahí, una pequeña cajita con curry Odon. Finalizó todo palmeando una vez las manos para dejarlas juntas y cerrar los ojos en un rezo silencioso, del que eran testigos no solamente el pequeño Asakura desde la cima de la colina sino los fantasmas que le rodeaban y que de alguna manera, ahora guardaban absoluto silencio como si aquella persona fuese capaz de escucharles aunque era obvio que un humano jamás podría hacer eso
La mirada del pequeño Yoh era neutra y pensativa conforme todo aquello acontecía
No era la primera vez que veía a una persona mostrar respeto por sus fallecidos o presentando ofrendas para estos, pero…
Algo le decía que eso era diferente
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Una semana más
Noche tras noche, en algo que parecía haberse convertido en una costumbre silenciosa el heredero de la casa Asakura se dirigía al cementerio y por un par de horas, disfrutaba de recostarse en el árbol en la cima de la colina para disfrutar de las estrellas que brillaban intensamente sobre su cabeza conforme las luces del día se apagaban, por supuesto no sin antes pasar por delante de la tumba de su "Yo de las estrellas" y saludarle con un gesto alegre, dejándole sin pensar algún objeto interesante que hubiese obtenido aquel día
Una pequeña rama de bambú, un dumpling de los que hubiese comido aquel día, una estampa con la imagen de Bob que le hubiera gustado, una fruta…
No entendía exactamente porqué, pero ahora sentía ese "algo" que lo empujaba a visitar esa tumba y saludar a su homónimo cada noche, con una sonrisa y un presente. Tampoco comprendía porqué incluso sentía esa necesidad de llegar un poco antes, solo para platicar con aquella imagen delineada en plata acerca de su día, de lo que había conseguido lograr mientras limpiaba la enorme casa y cómo se sentía terriblemente frustrado porque no veía avances y muy pronto tendría que ingresar en la escuela
Y de lo solo que se sentía
Oh sí, siempre le hablaba de eso a aquel Yoh Asakura que ya solo era un recuerdo de cenizas en algún recipiente enterrado bajo esa roca negra
Cómo desde el momento de nacer algo hubiese faltado a su lado, cómo cada día se le dificultaba abrir los ojos y levantarse solo por el hecho de saber que estaba destinado a llenar las expectativas de su abuelo y sus padres, de la chica con la que debía de casarse y que ahora parecía de alguna forma utilizarle para desahogar su propio dolor a pesar de que ya tenía un rato sin verle pero que temía, no fuese a durar demasiado aquel alivio; de cómo no tenía amigos porque las personas de su escuela le tenían miedo o lo odiaban, de cómo esperaba que al menos los chicos de su nueva escuela lo dejaran en paz y acerca del torneo de shamanes que se celebraba cada 500 años y que le daba una oportunidad para conseguir su sueño de una vida tranquila
"Quizá y hasta algún día pueda conocerte en persona, si gano el torneo" había dicho con ánimo hacia aquella tumba
Y esa noche no había sido diferente.
Había ido a saludar al dueño de aquella lápida, de alguna forma siempre sintiendo que a pesar de su ausencia podía escucharle donde estuviese para luego, dejarle una pequeña pluma blanca sobre la superficie de la base
-Esto es algo muy especial para mí
Dijo en un tono confidente, con la mirada enternecida y algo soñadora
-Es una pluma de cisne, mi animal favorito- dijo sonriendo un poco mientras que acariciaba aquel pequeño objeto- solamente una vez pude verlos en un zoológico… y conseguí esto. Creo… que te gustaría igual que a mí, son animales muy especiales, casi como fantasmas pero puros… ángeles, en realidad
Comentó sin saber por qué de repente, había comenzado a sentir una gran presión en su pecho
Podía recordar ese día… había ido en un único paseo con sus padres a un parque en otra ciudad donde le habían llevado a una zona donde se podía pasear en lancha y su favorita, había sido una con forma de aquel magnífico ejemplar; él era demasiado pequeño como para comprender la verdadera intención de sus padres, que era la de desarrollar un poco más sus poderes espirituales ya que en aquella zona habían existido batallas antiguas y los cuerpos de los caídos seguían bajo tierra, debajo de las estructuras y construcciones de aquel parque
Los fantasmas lo rodeaban todo, algunos terribles y otros intentando comunicarse con ellos pero el niño no se había concentrado en ello
Él… simplemente era un crío feliz, que por un día le pareció sentir que sus padres lo amaban y que aprovechó para que le llevasen de paseo en aquel enorme y blanco bote por sobre las aguas cálidas del lago artificial dónde se movía; de ahí, habían pasado al pequeño zoológico donde como si fuese algún tipo de predestinación, varios de aquellos hermosos ejemplares se movían sobre pequeñas lagunas y caminaban por los caminos cercanos, agitando las alas y dejando escuchar sus graznidos
Y aquella pluma…
Había un hermoso y gigante ejemplar de cisne macho que se le había quedado viendo y al niño se le había figurado que se lo comería; pero después de unos momentos, el ave se había girado para retirarse dejando atrás la más grande, blanca y brillante de las plumas de su cuerpo, la cuál el pequeño recogió con gran emoción en el corazón y decidió guardarla por siempre
Quizás Mikihisa y Keiko se habían decepcionado con el resultado de aquella tarde…
Pero para ese niño, había sido el momento más feliz y pleno de sus cinco años de existencia, uno dónde los entrenamientos y los espíritus no existían y la batalla de shamanes estaba lo suficientemente lejos como para no tener que verse obligado a pensar en ella
La luz del sol sobre su piel… el aroma de la comida en las pequeñas tiendas…
Un día perfecto
Antes de que pudiera retenerlo, un corto sollozo escapó de sus labios así como una nueva lágrima que le quemó la piel y le hizo sobresaltarse
Estaba llorando… qué tontería…
Rápidamente se secó la mejilla y se rió apenado tragándose un segundo sollozo mientras que agachaba la cabeza y cerraba los ojos, sonriendo con vergüenza
-Mírame nada más… lamentándome aquí cuando tú has perdido más que yo
Dijo en un tono bajo de voz y negó un par de veces con la cabeza para después, emitir un suspiro profundo
"Si pudieras pedirme algo… qué sería?"
Los ojos de Yoh se abrieron grandemente, sintiendo tensar su cuerpo. Seguramente, lo había imaginado o era su propio pensamiento el que le hablaba con su voz, rodeándole o al menos, haciéndole sentir como si fuese abrazado
A veces la mente era tan poderosa cuando la desesperación era grande…
-No volver a estar solo nunca
Dijo despacio, bajando los párpados a la mitad. Ni siquiera sabía por qué se había respondido a sí mismo o dicho aquello en voz alta cuando esas líneas podían significarlo todo o nada; podrían significar que buscaba una amistad real… o podían decir que anhelaba con todo su ser sentirse amado para variar. Amado solo por ser él, no por ser el heredero de los Asakura, por brindar riquezas o cosas así, solo ser amado por ser un chico normal, común y corriente que quería vivir en paz y no tenía demasiadas aspiraciones en la vida… no por ser un participante futuro de una batalla para convertirse en rey…
Solo quería…
"…"
Dejó escapar una risa nerviosa y sacudió la cabeza un par de veces
Pero qué tontería. Quizás aquel día se sentía más cansado de lo que creía. Un crujido cercano le hizo abrir mucho los ojos y cubrirse la boca con fuerza al darse cuenta de que había estado a punto de gritar; después de varios momentos de ver en todas direcciones con miedo, se decidió a saltar detrás de unos arbustos dándose cuenta de que ya no podía correr a la colina del árbol y el templo sin ser descubierto por quien quiera que estuviese yendo a esas horas
Aunque creía ya saber de quien se trataba, después de todo sin darse cuenta había dejado pasar el tiempo
Y en efecto, a los pocos segundos aquellas pisadas dieron lugar al cuerpo de un adulto muy joven, de ojos negros y mirada triste que caminaba despacio hacia aquella lápida de mármol para comenzar a repetir su ritual de cada noche
Ahora que lo pensaba… quizás era el padre del fallecido
No, no se veía tan grande… quizás un hermano mayor. Yoh entornó un poco los ojos y puso mayor atención a los rasgos y las expresiones de aquella persona que parecía ver con algo de perplejidad la pluma colocada en la base de la lápida para luego, tomar la pluma entre sus dedos; el Asakura se tensó y separó los labios, sintiendo la necesidad de intervenir, después de todo, aquel objeto era demasiado especial para él y le dolería demasiado el ver como aquella persona la tirase pensando que se tratara de basura
No podía permitir eso
Y sin embargo, para su sorpresa pudo ver como el adulto simplemente la colocaba con cuidado a un lado con las demás cosas para proceder a limpiar la lápida con el agua de la tina colocada especialmente para ello y después de que se hubiese secado un poco la superficie, empezar a acomodar las flores, el incienso, la fruta… y al centro de todo, su pequeña pluma en un lugar muy especial de honor
El chico de los auriculares naranja estaba sorprendido, no esperaba aquella actitud de ese hombre que ni siquiera se había cuestionado la presencia de esa cosa
La mirada del niño se volvió dolida y pensativa, viendo más fijamente los rasgos de aquel joven. Era muy fino en su rostro pero podían verse casi mil años de penurias cruzando por su semblante; sus ojos negros y profundos, reflejaban demasiada melancolía y tristeza, una que para el shamán casi gritaba que se mantenía con vida solamente por que sí. Que de poder, felizmente se dejaría morir para hacerle compañía a quien se hubiese adelantado… el próximo año?
Sin importar las incoherencias en las fechas, le dolía ver a esa persona sufrir tan grandemente y en silencio
Y especialmente, después de ver como colocaba una mano en el mármol y acariciaba con el pulgar la superficie, casi como si le hiciese alguna especia de cariño a quien representara el tallado del niño bajo el árbol; Yoh ladeó un poco la cabeza y entrecerró un poco más los ojos, pensativo y percibiendo cómo su corazón palpitaba fuertemente por las emociones que todos aquellos actos y la sencilla figura del adulto reflejaban en cada expresión y movimiento
Era un escenario tan deprimente y triste de cerca, que no entendía cómo era que no se había percatado antes
Había tanta soledad en sus reflejos, que asfixiaba
-Y pensar que tiene seis años haciendo lo mismo
Suspiró el fantasma de una mujer sentada en una tumba cercana, viendo con lástima al adulto que había empezado a murmurarle a aquella roca negra en un tono tan bajo que ni siquiera se percibía
Los ojos del Asakura se abrieron con sorpresa y volteó entre los arbustos a ver a aquella dama vestida con un largo kimono rojo y la piel del rostro pintada de blanco que ahora, dejaba salir humo de una pipa delgada, elegante y muy larga
-Qué… quiere decir con seis años? –inquirió
-Pues eso- respondió ella volteando sus ojos negros en dirección de aquella persona que espiaba el joven shamán- recuerdo cuando llegó aquí porque ese día había tormenta y llovía muy fuerte. El sacerdote hizo la ceremonia para enterrarle, según tengo entendido, él viene de muy lejos y cuando se mudó trajo consigo las cenizas de ese chico
La mujer cerró los ojos y volvió a aspirar su pipa y soltó el humo hacia un lado
-Todo eso hace seis años y él era apenas un mocoso igual que tú. Desde entonces, cada noche viene a este lugar a dejar esos presentes y a hablarle a la lápida pero es en vano: él no está aquí y es obvio que no le escucha en lo más mínimo
-Seis años… viniendo a visitarle cada noche
Musitó Yoh volviendo a ver a aquel adulto y volviendo a pensar que aquello no tenía ningún sentido. No solamente las fechas no cuadraban sino que técnicamente, aquella persona enterrada en el sitio debía de tener entonces… unos seis años de vida al morir, pero no era eso lo que le indicaba la lápida; y esa devoción con la que el hombre no dejaba de visitarle… la forma en que le hablaba a la roca y la acariciaba con cuidado, la manera en que leía las inscripciones…
El poema de muerte…
Eso no era algo que se dejara en la tumba de un hermano o un hijo.
Solo le quedaba una idea pero… no le parecía muy posible y sin embargo… levantó la vista y volvió a ver los ojos de aquel hombre, alguien que lucía derrotado y cuyo traje negro sin corbata lucía levemente descuidado y que parecía solo emplear su tiempo en sus esfuerzos por asistir fielmente, noche tras noche solo a dejar aquellos presentes
Acaso él ya sabía lo que era?
Su intuición podía estar fallando, pero…
Se puso de pie lentamente y frunciendo el ceño se decidió a acercarse a aquella persona, tomando aire profundamente y apretando los puños conforme paso a paso caminaba al lado de aquella persona; no se suponía que debía de interrumpir a alguien haciendo duelo, pero…
Solo unas pocas palabras… y lo sabría
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