.Hola!, aquí vengo con la segunda parte de este relato que me salió de la nada.

Como ya dije anteriormente, es un song-fic (la primera vez que hago uno así que no sé cómo va quedando...) basado en Apologize de One republic. Supongo que muchos la recordaréis porque fue un temazo...

Quería daros también las gracias por la acogida que tuvo el primer capi, sé que la comunidad en español de Olicitys no está muy poblada (o activa) pero me ha encantado recibir vuestros reviews, me han animado y he terminado el capi este en un tarde... aunque no sé cómo habrá quedado xDD ya me contaréis qué os parece.

Mmm... a las que pensáis que hago sufrir a Felicity... Sí, bueno, es cierto, pero solo porque me baso en la canción desde su punto de vista. Personalmente, me gusta cuando Felicity es una chica e independiente, pero así es como me ha surgido esta historia... a comprobaréis que no ha terminado de pasarlo mal, la pobre.

Solo queda un capi más y terminamos, que la canción no da para más xD

Una vez más, muchas gracias por vuestros comentarios y espero que me dejéis saber lo que opináis de este nuevo.

Hasta pronto!.

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It's too late to apologize, it's too late

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oOoOo

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La segunda vez que tuvo que pedir disculpas ella yacía en una cama de hospital.

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Después de aquella noche en que Oliver la había dejado sola y se había marchado dejando atrás una simple nota, Felicity no había vuelto a verlo. Habían pasado ya cinco meses y no había tenido ni una sola noticia de él. Ni ella ni nadie. Parecía que se lo había tragado la tierra.

No estaba preocupada. Sabía que estaría bien, donde quiera que estuviese, y su desaparición le había dado el tiempo suficiente como lamer las heridas que aquella noche había dejado en su alma y su corazón. Durante ese tiempo había cambiado… Ya no era la inocente Felicity que había sido cuando Oliver Queen había entrado en su oficina con un portátil lleno de agujeros de balas. Ahora sabía que la gente tiende a tener un lado oscuro, sabía que no siempre se gana, sabía lo que era ver morir a miles de personas sin poder hacer nada para evitarlo, sabía lo que era sentirse abandonada, usada…

Sabía que era injusto pensar de esa manera, pues ella misma había puesto mucho de su parte aquella noche… Había querido ayudarlo y esa era la única forma en que había podido hacerlo, por eso no pensaba reclamarle ni quería profundizar en ese pensamiento, pero a veces, inevitablemente, era así como se sentía… como si Oliver la hubiera usado. Él quería consuelo y ella estaba allí… si hubiese estado otra habría dado lo mismo. Sabía que se sentía de esa manera por el hecho de haber despertado sola. Ella había creído que al despertar tendrían una conversación muy incómoda donde él le diría que aquello no había significado nada, que solo la veía como una amiga y que luego volverían a la normalidad. Eso le habría valido. Pero despertarse sola, con una simple nota como recuerdo de lo que había pasado… eso le hacía sentir que ni siquiera era digna de una conversación. Que su amistad no merecía unos simples minutos para dejar las cosas claras…

Pensamientos de ese tipo cruzaban con frecuencia por su mente durante las primeras semanas pero con el tiempo se fueron dispersando, reemplazados por otros que hablaban sobre un Oliver tan herido que lo único en lo que podía pensar era en huir… después solo aparecían puntualmente, hasta que al final optó por olvidar que aquello había ocurrido. Lo eliminó de su mente.

Jamás había pasado.

Siguió su vida con normalidad, trabajando en la compañía, trabajando con Diggle para restaurar la guarida, ayudando como voluntaria para mejorar la situación de las familias de los Glades, esperando el regreso de Oliver…

El día que volvió a verlo esperó que llegase a ella esa ligera punzada de rencor que había estado sintiendo desde aquella noche cada vez que pensaba en él, pero para su sorpresa solo sintió alivio. Alivio de ver que estaba bien, sano y que parecía haber hecho las paces con la muerte de su mejor amigo.

Oliver no hizo mención a lo ocurrido y ella asumió que había optado por el mismo camino que ella: fingir que no había ocurrido, aunque era mucho más protector con ella y a veces le daba la sensación de que la miraba con… anhelo. Poco a poco las cosas volvieron a la normalidad, trabajando juntos en la empresa, trabajando juntos por la ciudad, arriesgando sus vidas una vez tras otra… Y con el tiempo, Felicity consiguió olvidar que alguna vez él le había hecho daño y volvió a sentir todo lo que ya había sentido por él.

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I'd take another chance, take a fall, take a shot for you

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Porque más que quisiera era algo que no podía evitar.

Había estado teniendo citas, alguna que otra había tenido perspectivas de convertirse en algo importante, pero con la vida que llevaba le resultaba muy complicado que las cosas avanzasen y al final todo parecía quedar en nada. Eso por no hablar de que ninguno de los chicos a los que había conocido conseguía inspirarla ni siquiera la mitad de los sentimientos que Oliver le provocaba.

Sabía que era un sendero doloroso el que estaba recorriendo (ya había tenido un primer tropiezo que le había puesto muy difícil el volver a levantarse), sobre todo desde que él había vuelto a retomar su amistad… o lo que quiera que tuviese con Laurel, pero no podía evitarlo. Era una amante de las causas perdidas, y él parecía tan perdido y roto que lo único que ella deseaba era consolarlo. El tiempo que pasaban juntos solo hacía crecer aún más sus sentimientos por Oliver y de pronto, Felicity se dio cuenta de que había vuelto a confiar en él con su vida… y su corazón.

Claro que no esperaba que se lo rompiese de aquella manera.

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Meses después de que Oliver hubiese vuelto a la ciudad y hubiese retomado su trabajo como vigilante, una vieja conocida se dejó caer por la zona.

Helena Bertinelli.

Al parecer, ni la advertencia que Oliver le había hecho la última vez que visitó la ciudad, ni el saber que había metido mucho la pata al disparar a Mackenna o atacar a Felicity, la asustaban. Ella conocía su secreto, tenía la sartén por el mango. Tenía el poder.

La policía ya conocía su identidad, ya sabían todos sus delitos y la buscaban. Ella no tenía nada que perder y si Oliver se negaba a ayudarla solo tenía que desvelar su identidad… las pruebas se aportarían solas, y si no… las aportaría ella. Tenía de sobra.

En esta ocasión optó por acercarse con suavidad. Nada de veladas amenazas a su familia ni a sus amigos. Se le acercó una noche en el club, camuflándose entre la multitud, con un nuevo corte de pelo y un color distinto. Aun así, Oliver la reconoció al segundo y la arrastró hasta el sótano del Verdant, donde estaban Felicity y Diggle.

Diggle se puso tieso en cuanto la vio, con todo el cuerpo en tensión, y Felicity se aferró a la silla con tanta fuerza que los nudillos se le quedaron blancos. Helena observó sus reacciones y trató de ocultar la sonrisa de diversión que luchaba por formarse en su cara.

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-Podéis relajaros, vengo en son de paz. –dijo levantando las manos. Diggle enarcó las cejas.

-Nunca hay paz cerca de ti, solo un reguero de muertos. –gruñó.

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Felicity seguía encogida en su silla. No era propio de ella asustarse pero Helena había sido su primer roce con el peligro, y aun ahora podía recordar perfectamente la punta de su ballesta presionando contra su cuello… Como si supiera por donde iba el hilo de sus pensamientos, Helena se asomó por el cuerpo de Diggle, que se había colocado frente a ella, para mostrarle una enorme sonrisa.

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-Hola, Felicity. Me alegro de volver a verte, ha pasado mucho tiempo desde la última vez. –dijo con una sonrisa.

-No el suficiente. –murmuró ella, poniéndose en pie tras Diggle.

-Me hieres… -se burló la chica, llevándose una mano al pecho. –Con el rato tan entretenido que pasamos pensaba que ya éramos íntimas amigas.

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Diggle frunció el ceño y miró de una a otra, estaba a punto de preguntar a qué se refería cuando Oliver intervino.

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-Basta de tonterías, Helena. –dijo agarrándola del brazo para llamar su atención. -¿Qué haces aquí?

-Tranquilo, ya te he dicho que no busco problemas, solo quiero hablar contigo.

-Te advertí lo que pasaría si volvías.

-Lo sé… pero sabes que soy de objetivos fijos. –dijo encogiéndose de hombros. –Necesito tu ayuda.

-Olvídalo. –fue Diggle quien habló. Provocando que la chica frunciera el ceño.

-Quiero su ayuda, no la tuya. –dijo con voz oscura. Luego se volvió hacia Oliver -¿Podemos hablar a solas?

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Oliver la miró en silencio durante un instante, luego, sin dejar de mirarla, pidió a Diggle y Felicity que los dejasen a solas.

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-Oliver… -la advertencia era notable en la voz de Diggle.

-Está todo controlado.

-No puedes…

-He dicho que está todo controlado. Marchaos. –gruñó.

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Felicity tomó la mano de Diggle y tiró de él con suavidad hacia la puerta.

Helena los observó marcharse con una sonrisa curiosa, mientras Oliver seguía sin apartar su mirada de ella, preguntándose por qué había vuelto.

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-Me alegra ver que se las ha arreglado para seguir viva… Es encantadora.

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Esa sencilla e inocente frase pareció disparar algo dentro de Oliver que se acercó a ella de forma amenazante.

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-No te acerques a ella. –advirtió con voz peligrosa.

-No es de mi de quien tienes que preocuparte… ella me gusta, pero las has traído a un mundo muy peligroso. Odiaría ver que no eres capaz de mantenerla a salvo.

-No te atrevas a tocarla, Helena. Ni siquiera la mires.

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Helena enarcó una ceja, una mirada curiosa asomaba a sus ojos, pero optó por ir a lo importante.

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-No estoy aquí por ella, Oliver. –dijo encogiéndose de hombros.

-No voy a ayudarte a matar a tu padre.

-Ya… He visto que has cambiado de estilo. –asintió. –No vengo a pedirte que vuelvas a matar por mí.

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Oliver la miró con sospecha.

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-Muy generoso de tu parte. –se burló.- ¿Qué es lo que quieres entonces?

-Que me ayudes a encontrarlo.

-No.

-Yo me encargaré de todo, solo necesito saber dónde está.

-No.

-Solo tienes que conseguirme esa información, Oliver. Es todo lo que te pido, y estoy haciendo mi mejor esfuerzo por hacerlo bien. –su voz empezaba a endurecerse.

-Darte esa información sería lo mismo que matarlo yo. No quiero más sangre en mis manos.

-Necesito esa información.

-¿Por qué no lo dejas ir, Helena? Ya ha pasado mucho tiempo. Tienes que dejarlo ir, tienes que seguir con tu vida…

-¿Y olvidarme de él? –gritó- Jamás podré olvidarlo, Oliver. Y si alguna vez hubieras amado realmente entenderías mi dolor, entenderías que no puedo avanzar, que no puedo seguir con mi vida sabiendo que el culpable de su muerte está viviendo tranquilamente y sin cargos de conciencia. No puedo.

-Tienes que intentar…

-No necesito un terapeuta, Oliver. –gruñó. –Necesito información. He intentado hacer las cosas bien contigo, dejarte en paz. He acudido a ti porque eres el único que puede conseguirme esa información, pero si te niegas tendré que obligarte a dármela.

-¿Con qué vas a amenazarme ahora, con entregarme a la policía? –se mofó él.

-No voy a amenazarte con nada, simplemente actuaré. Así que así están las cosas: puedes llamar a Felicity y conseguirme esa información, o puedes negarte y obligarme a conseguirla por mí misma. Eso no estaría nada mal… llevo mucho tiempo sola, una charla de chicas me vendría bien… es una gran habladora. –sonrió.

-Te he dicho que no te quiero cerca de ella. –La amenaza estaba marcada en cada sílaba.

-Entonces consígueme esa información y evita que tenga que hacerle una visita. Tienes hasta mañana.

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Oliver masculló una maldición mientras daba un puñetazo a la mesa.

¿Qué iba a hacer?

Diggle le dio la respuesta.

La mejor manera de deshacerse de ella era darle la información, si no lo hacían ella no dudaría en atacar a Felicity y ellos no podían protegerla 24 horas al día. Por tanto, la tarde siguiente, cuando Helena apareció en el sótano en busca de la información requerida, Felicity, flanqueada a ambos lados por Oliver y Diggle, hackeó la base de datos del FBI para conseguir la nueva ubicación a la que había sido enviado el Señor Bertinelli tras el último intento de asesinato de su hija.

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-Wichita. –dijo Felicity con voz tensa, mientras le entregaba un papel con todos los datos de su ubicación.

-¿Kansas? –preguntó con un resoplido de risa- Y yo pensando que se estaba dando la gran vida en algún lugar perdido del mundo… -sacudiendo la cabeza miró a Felicity. –Gracias. –Felicity solo dio un seco asentimiento, con la extraña sensación de que Helena se lo había agradecido sinceramente. –Bueno, esto es todo, así que, tal como prometí, me voy.

-¿Esta vez para siempre? –cuestionó Oliver.

-Si consigo mi objetivo, no volveréis a saber de mí. –prometió.

-En ese caso, buena suerte. –Bufó Diggle.

-Yo también te echaré de menos, encanto.

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Con un simple asentimiento Helena se dio la vuelta y desapareció hacia la salida. Felicity se giró con prisas y conectó las cámaras del club, para asegurarse de que se iba. En cuanto la vieron abandonar el local y estuvo a un par de calles de distancia Diggle cogió el teléfono y contactó con un antiguo compañero de guerra que ahora trabajaba para el FBI.

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-Esto no me gusta. –dijo Oliver en cuanto lo vio terminar la llamada.

-Es nuestra mejor opción para librarnos de ella. –aseguró John.

-¿Y si no funciona? ¡Le contará al mundo entero quién soy! –Oliver se paseaba de un lado a otro, maldiciéndose por haberse dejado convencer de esa estúpida idea. Felicity se mantenía quieta en su asiento, en completo silencio.

-Oliver, solo hay dos maneras de que escape de esa casa, o muerta o detenida. Y si resulta ser la segunda no tendrá motivos para delatarte, ella sabe que su padre está allí, pero no tiene ni idea de la seguridad que rodea la casa.

-¿Crees que simplemente va a llegar y atacar? No es tan estúpida como crees, estará estudiando el lugar unos días y cuando se dé cuenta de la seguridad extra sabrá que la hemos delatado a la policía.

-Nunca dijimos que no lo haríamos… -Diggle se encogió de hombros. –Y en cualquier caso, están advertidos. Son profesionales, Oliver. La seguridad extra estará dentro de la casa, invisible a cualquiera que esté fuera. Les dará tiempo de programar una buena defensa antes de que llegue.

-Eso espero.

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Los tres días siguientes parecieron estar cargados de negros nubarrones en el horizonte mientras esperaban noticias de Helena. Oliver rogaba porque las cosas se solucionasen a su favor. No sabía de qué manera, porque una parte de él seguía sin querer ver morir a la chica, pero otra tampoco quería arriesgarse a que ella lo delatase en su negociación con la policía… y luego estaba la posibilidad de que consiguiese escapar, que casi era la peor porque entonces tendría que encargarse él de ella.

Aquella noche en la guarida solo estaban Oliver y Diggle, pues Felicity estaba en una cita. Su entrenamiento estaba a punto de terminar cuando fueron interrumpidos por el teléfono de Oliver, que tomó una toalla para secarse el sudor y se acercó hasta la mesa. Su mandíbula se apretó al descubrir quien estaba al otro lado de la línea.

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-¡Me has traicionado!. –el gruñido de la chica sonaba bastante irregular.

-Helena…

-¡Avisaste a la policía! –acusó. –¡Han estado a punto de matarme!

-No he avisado a nadie, tu padre es un confidente importante y está bajo una estrecha vigilancia. –intentó calmarla.

-¡Y un cuerno! –jadeó. –Esa casa estaba llena de federales. Pero ya ves que de poco te ha servido, conseguí mi objetivo. –rió, casi sin aire.

-Helena… -el pesar se notaba claramente en la voz de Oliver.

-Quise hacer las cosas bien contigo. Te pedí un simple favor y tú me enviaste a una muerte segura. –gruñó, haciendo caso omiso de su intento por aplacarla. -¿Por qué te empeñas en que te haga daño? ¿A caso te gusta sufrir? Si ese es el caso, has conseguido tu objetivo.

-¿De qué estás hablando? –El cuerpo de Oliver se había puesto tenso como un arco.

-Nunca has entendido mi motivación, mis razones para querer acabar con él –sonaba desquiciada y Oliver empezaba a temer que cometiera una locura. –Pero estás a punto de saber lo que se siente.

-Helena, ¿qué estás haciendo? ¿Dónde estás? –Oliver ya estaba en movimiento, sacando el arco de su caja y preparando todo su material. Diggle ya estaba armado.

-Estoy a punto de acabar con la mujer a la que tanto quieres. –sin más colgó.

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Oliver cerró con fuerza el baúl del arco y empezó a cambiarse a toda prisa.

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-¿Dónde está? ¿Qué te ha dicho?

-Va a por Laurel. –gruñó

-¿Qué?

-Está furiosa porque intenté impedir su venganza y quiere que sienta lo que es tener la necesidad de acabar con alguien que te ha hecho daño. –dijo mientras corría hacia la escalera.

-¿Y te dijo que iba a hacerle daño a Laurel? –preguntó confuso. Helena no podía haber sido tan específica. -¿qué hay de tu hermana? ¿No podría estar refiriéndose a ella?

-Dijo que iba a acabar con la mujer a la quiero. Conoce de sobra mi historia con Laurel. –su voz era dura, no estaba para dar explicaciones.

-Espera un momento –preguntó John, agarrándolo del brazo para detener su carrera. -¿qué hay de Felicity?

-¿Qué pasa con ella? –preguntó confuso.

-Puede que haya ido a por ella. –dijo con obviedad.

-¿Y por qué iba a hacer eso? Sabe que estoy enamorado de Laurel.

-Oliver…

-Va a por Laurel, Diggle.

-¡Oliver!

-Tengo que protegerla. –gruñó.

-Ni si quieras te planteas que sea Felicity quien pueda estar en peligro, ¿no es cierto?

-No tiene motivos para estarlo.

-Eso ni tú te lo crees, simplemente estás aferrado a Laurel y a esa estúpida ilusión de de que todo vuelva a ser como era. ¿De verdad vas a dejar a Felicity en peligro solo por no aceptar la realidad?

-Tengo que irme. Ahora.

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Se miraron el uno al otro intentando convencerse de la verdad de sus palabras, hasta que Diggle sacudió la cabeza.

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-Ve tú a por Laurel si quieres, yo buscaré a Felicity.

-Es una pérdida de tiempo y puede que necesite tu ayuda. No voy a ser capaz de matarla.

-Arréglatelas.

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Sin más de dio la vuelta y echó a correr hasta su coche. Algo le decía que no era Laurel quien estaba en peligro.

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Felicity trataba respirar con normalidad mientras presionaba la herida abierta que tenía en el vientre. Sabía que no tardaría en desmayarse… aunque no sabía si era por el dolor o la falta de oxígeno.

Desde el otro lado del salón Helena Bertinelli la miraba mientras se presionaba su propia herida, casi en el mismo lugar que la de Felicity, aunque la suya era una herida de bala.

Felicity había llegado de su cita, ¡una buena por una vez!, se había despedido del chico en el portal con un suave beso, y había entrado en su apartamento solo para ser recibida con una flecha salida de la ballesta de la chica, que la hizo chocar contra la puerta cerrada. Abrió los ojos impactada por el dolor y la sorpresa y encontró a Helena mirándola desde la ventana por la que se había colado.

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-Lo siento. –dijo la chica- Realmente no me gusta tener que hacerte daño, pero él tiene que saber lo que es perder a quien se quiere… tiene que entender que no se trata de un capricho, que necesitaba… -sus palabras eran entrecortadas y la falta de oxigeno la obligó a callar y a cerrar los ojos, tratando de respirar.

-¿Por qué…? –Felicity no llegó a terminar la frase. Se sentía dolorida y mareada.

-¡Me habéis tendido una trampa! –gruñó la chica, valiéndose de la fuerza de su furia. –¡Me enviasteis directa a la muerte!

-Yo… no… yo no… -Felicity sabía que se estaba desangrando y que tenía que pedir ayuda con rapidez.

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I need you like a heart needs a beat

It's nothing new…

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Oliver la ayudaría, solo tenía que contactar con él. Sabía que él la sacaría de esta. Agarró su bolso con prisa y marcó directamente al teléfono de Oliver, con la esperanza de que al ver que llamaba pero no hablaba, supiese que algo iba mal.

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-No hace falta que lo llames, ya lo he hecho yo. Y si, ya sé que no ha sido culpa tuya. –dijo Helena cerrando los ojos y apoyándose en la pared. No era eso lo que Felicity había querido decir, pero tampoco se atrevió a contradecirla. –Probablemente fue idea de ese estúpido guardaespaldas y Oliver lo apoyó. Yo confié en él y él me traicionó. Es hora de que sepa lo que se siente, de que entienda que no se puede seguir adelante cuando pierdes a quien realmente quieres.

-¿Qué tiene eso que ver conmigo? –se las arregló para preguntar.

-Le he dicho que iba a matar a la mujer que quería… así que estará a punto de llegar. De hecho debería estar ya aquí. –dijo frunciendo el ceño. –Mi plan era que llegase a tiempo para verte pero tarde para salvarte, aunque si sigues desangrándote así no llegará a tiempo para verte morir, sino para encontrarte muerta. –dijo con voz entrecortada.

-Él no me quiere… -negó Felicity.

-Te quiere. –afirmó la chica. -Quizás todavía no ocupas totalmente su corazón, pero eres importante para él. Perderte lo destrozará.

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Lágrimas calientes resbalaron por las mejillas de Felicity al ver que Oliver había rechazado su llamada.

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-Le dijiste que ibas a matar a la mujer que quería, pero no me nombraste en ningún momento, ¿cierto? –susurró con voz dolorida.

-Sí.

-Pues te ha salido mal la jugada. –dijo Felicity, lanzándole el teléfono a través del suelo para que viese el mapa. Mostraba un punto rojo justo al otro lado de la ciudad. –No es a mí a quien quiere.

-Ha ido a salvarla a ella. –susurró Helena con incredulidad. –Siempre ella. –dijo sacudiendo la cabeza. Entonces levantó la mirada hacia Felicity y la vio llorando calladamente contra la puerta. –Lo siento.

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Felicity la miró y no supo si se refería a haberle hecho daño para nada o al hecho de que Oliver hubiese preferido a Laurel.

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-Realmente lo siento.

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Felicity cerró los ojos y dejó que el dolor la inundara. ¿Era así como se sentía cuando te rompían el corazón? ¿Era esto lo que se sentía cuando el hombre al que amas no se acuerda de ti porque está demasiado ocupado pensando en otra persona? Oliver no solo había ido corriendo a por Laurel, una muestra de que aun seguía enamorado de ella, de que siempre lo estaría; además había rechazado su llamada de socorro, lo que quería decir que ni siquiera se había preocupado por ella.

¿Por qué iba a preocuparse? Ella no era nada para él, nada aparte de una amiga y compañera. Laurel era la importante en su vida.

Siempre lo sería.

Puede que fuese el dolor de su alma, o puede que fuese el dolor que le provocaba el agujero que tenía en el estómago, pero Felicity sintió que las sombras de la inconsciencia empezaban a arrastrarla justo cuando sintió el primer golpe en la puerta, que la empujó contra la pared. Abrió los ojos lo justo para ver a Diggle arrodillarse a su lado gritando su nombre y luego todo se fue a negro.

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Oliver iba a casa de Laurel a toda velocidad con su moto, saltándose todas las leyes de tráfico con las que se encontraba. Su teléfono vibró en el bolsillo y dando una rápida mirada vio que era Felicity quien llamaba. Haciendo una mueca de impotencia apretó el botón de declinar la llamada. Tenía que darse prisa en llegar a Laurel.

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Luces en el techo que se movían a toda prisa.

Gritos que pronunciaban su nombre.

Enfermeros que corrían.

Doctores que daban órdenes.

Dos hombres discutiendo.

Alguien llorando.

Pequeños flashbacks se deslizaban por la cabeza de Felicity, que lentamente empezaba a parpadear.

La habitación estaba a oscuras, y se alegró porque los pocos reflejos de luz que se reflejaban de los monitores fueron suficientes para hacerle lagrimear los ojos. Parpadeando para tratar de enfocar la vista se dio cuenta de que estaba en una habitación de hospital, una muy cara, si el lujo del mobiliario era una señal. La cabeza le estalló cuando intentó girarla y no pudo evitar un gemido de dolor, fue entonces cuando una sombra se movió en la habitación y ella supo que no estaba sola.

En cuanto Oliver se dio cuenta de que estaba despierta se acercó con rapidez a la cama y la tomó de la mano, mientras la otra se acercaba a posarse en cara para poder mirarla a los ojos.

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-¿Felicity? –su voz sonaba ronca, como si llevase mucho tiempo sin hablar, o como si… como si hubiese llorado.

-Ag… agua… -pidió ella. Oliver se giró con rapidez, las manos le temblaban cuando encendió la lámpara que había cerca de la cama para coger el agua, pero ante el gemido de dolor de la chica volvió a apagarla.

-Toma, aquí. –dijo acercándole un vaso de agua a los labios.

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Felicity tomó un sorbo y pronto sintió como el sueño volvía a apoderarse de ella.

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-Felicity…

-Cansada… -susurró ella antes de volver a caer en la inconsciencia.

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Antes de que su mundo volviese a quedarse completamente en negro pudo escuchar los lamentos de Oliver.

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-Felicity… -dijo con voz temblorosa, apoyando su cabeza en sus manos entrelazadas. –Perdóname, por favor… perdóname.

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Y...? Me odiáis? Sé que la pobre parece una mártir tan sufridora, pero ya sabemos que lo que no te mata te hace más fuerte... nos vemos pronto!