Disclaimer:
La trama es original así como los personajes que en ella aparecen, las situaciones y nombres aquí presentadas son ficticios y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
[PROHIBIDA SU COPIA Y/O ADAPTACION]
Esa noche en su habitación Félix no pudo pegar ojo, por más vueltas que le daba a su cabeza no encontraba la manera de cómo ayudar a su hermana a recuperar su alegría. Incluso llego a pensar en dejar la universidad para poder estar más tiempo con ella si con ello mejoraba su estado de ánimo.
Ya cansado de no encontrar una solución se levanto de la cama y tomo su portátil, bajo a la cocina y se puso un vaso de leche y unas galletas en lo que la computadora se encendía. Dejo el vaso y el plato junto al portátil y abrió su correo, en cuanto vio la ingente cantidad de e-mails entrantes soltó un bufido y cerró la aplicación sin más.
Tomó una galleta y dio un sorbo a su bebida antes de abrir una aplicación a la que se había aficionado hacia meses para terminar un trabajo. Era una plataforma que le permitía subir las historias que hacía para clase y en donde otros usuarios podían leerlas y dejarle su opinión.
Como ensayo para un futuro dedicado a la escritura era una buena práctica. Vio que tenía varias notificaciones, en cuanto dio clic sobre el desplegable sus ojos se abrieron mostrando su entusiasmo, sin quererlo había encontrado el medio para volver a compartir una afición que antaño los mantuvo muy unidos y que a Ana le encantaba.
Recogió las cosas y subió a su habitación con una sonrisa de satisfacción, ahora tenía que descansar porque mañana le esperaba un día de mucho trabajo.
Pasaban más de las doce del día y Sandra y Miguel llevaban ya desde las nueve en el hospital, que es cuando empezaban las horas de visita, con su hija. Estaban extrañados que su hijo no los acompañara pero al parecer él había salido de casa desde temprano.
Trataban de sacar algún tipo de conversación pero Ana solo respondía con monosílabos sin apartar su vista del paisaje urbano que apenas se veía a través de la ventana. Sandra incluso le había llevado su muñeco de peluche favorito, pero nada, no había ni siquiera un mínimo cambio en la expresión decaída de su hija.
Toc, toc, toc - sonó el suave golpeteo en la puerta, Ana siguió con la vista puesta en la ventana en lo que sus padres se volteaban hacia la entrada de la habitación. Esta se abrió lentamente para dejar pasar a su hijo, quien venía cargando un par de bolsas.
- ¿Donde estabas? - fue la pregunta inmediata de su padre al ver aparecer tan tarde a su hijo.
- Tuve que hacer algunas compras. - mencionó mostrando las bolsas.
En cuanto escuchó la familiar voz los ojos de Ana despertaron de su letargo y una radiante sonrisa se dibujo en sus pálidos labios.
- ¡Félix! - se giró de inmediato para ver a su hermano.
- ¡Eyy!, ¿como estas enana? - respondió bromista acercándose a la cama.
Dejó las bolsas en el suelo y le dio un cálido y fuerte abrazo a su hermana.
- No me digas así, desde que te fuiste a la universidad ya he crecido. - replicó haciendo un tierno mohín y sin soltarse del abrazo.
Sus padres los miraban enternecidos, dos lagrimas de emoción resbalaban por las mejillas de Sandra. Miguel tomó la mano de su esposa y le hizo una seña que ella entendió.
- Bien, ya que estas aquí nosotros vamos a ver al doctor Estévez. - abrió la puerta cediéndole el paso a su esposa y la cerró al salir él dejando solos a sus hijos.
Ana miro curiosa las bolsas que estaban en el suelo. - ¿Que has comprado? - preguntó mirando ahora a su hermano.
- ¿Eso? - señalo indiferente las bolsas - ... son cosas para ti. - dijo a la vez que tomaba una de ellas.
Ana miraba impaciente como Félix rebuscaba dentro de la bolsa, soltó una risilla por la cara de concentración que ponía su hermano, sus ojos se abrieron de más al verlo sacar dos libros en los que se apreciaba unas elaboradas encuadernaciones.
- Aquí tienes. - con una enorme sonrisa dejo sobre sus piernas los dos volúmenes.
Ana no disimulaba su alegría a ver el regalo, "Todos los cuentos de los hermanos Grimm" y "Cuentos completos de Charles Perrault". Recordaba con cariño como su hermano siendo ella más pequeña le leía algunos de esos cuentos, llegando a ser hoy en día de sus lecturas favoritas.
Con algo de esfuerzo tomó el de Charles Perrault y se lo extendió a Félix - ¿Me lo leerías? - preguntó mostrando unos ojos vivaces por la emoción.
- Claro que sí. - tomó el libro y se recostó a su lado para que ella pudiera ver las ilustraciones mientras el leía.
Pasaron dos horas entre las risas y los suspiros de Ana a lo que su hermano le leía, cuando una de las enfermeras entro con una bandeja en sus brazos.
- Buenas tardes, hora de comer. - dijo jovial la joven enfermera.
Félix inmediatamente se levantó y acerco la pequeña mesa móvil al lado de su hermana. El se sentó en un sillón viendo con agrado su buen apetito, eso era una buena señal. Era importante que ella siguiera así, que se recuperara, era aquí cuando recordó las palabras del médico de que debería de estar más cercano.
Estiro el brazo para tomar la otra bolsa y sacar su portátil, lo coloco sobre sus piernas y empezó a teclear en él ante la atenta mirada de Ana que seguía comiendo.
- ¿No me vas a leer más? - inquirió la pelirroja con cierta resignación.
- Si, ahora que termines de comer continuaremos, pero ya no lo haremos de los libros. - enfatizó, sacando ahora una tableta de la bolsa y mostrándola al aire.
Los ojos de ella brillaron ante sus palabras y apuro más en acabar con el sabroso postre.
Una vez más Félix se encontraba recostado en la cama y había acercado la mesa a ellos, colocando en ella la tableta frente a Ana y su portátil frente a él.
- Bien, te voy a enseñar un lugar donde publico todo lo que escribo, además de que hay muchas más historias de gente que escriben muy bien. - Ana seguía con ojos inquietos los movimientos de su hermano sobre su computadora.
- Una vez que hemos entrado, aquí puedes ver las historias que la misma aplicación me recomienda de acuerdo a mi historial de lectura. - movió el puntero sobre la pantalla e hizo click sobre una pestaña - En este otro apartado esta mi perfil, aquí te dice quien soy y te muestra mis historias.
Los ojos de ella se abrieron de más al ver las historias de su hermano - ¿Todas son tuyas?
- Si, no son muchas pero por algo se comienza.
- ¿Me puedes leer una...por favor? - preguntó impaciente y con una tierna mirada de suplica.
- Je, je, ¿cual quieres que te lea? - disfrutó viendo la cara de felicidad de su pequeña hermana mientras sus azules ojos se movían por la pequeña pantalla de la computadora tratando de elegir una historia.
- ¡Esta! - exclamó exultante marcando con su índice sobre la pantalla.
- Muy bien, pues vamos allá. - dio un doble click sobre lo que era la portada de la historia y comenzó a leer en tono pausado.
Durante toda la tarde Félix olvidándose que aun no había comido leyó varias historias tanto suyas como de otros escritores a los cuales seguía y a la vez le explicaba a Ana el funcionamiento de ese entretenido entorno.
- ¿Y bien?, ¿que te ha parecido leer historias desde aquí? - preguntó señalando la aplicación que se mostraba en la pantalla de su portátil.
- ¡Me ha encantado!, hay muchas historias y son muy divertidas, pero las mejores son las tuyas. - en un cariñoso gesto recostó su cabeza contra el hombro de su hermano.
- Me gusta que pienses así, porque ahora es tú turno.
- ¿Mi turno? - inquirió curiosa, levantado la cabeza de la cómoda posición en la que la tenía sobre el hombro de Félix.
Sin decir nada Félix tomo la tableta y la encendió, en el centro de la pantalla estaba el pequeño icono que iniciaba la aplicación, lo tocó rápidamente dos veces y la pantalla de acceso apareció ante ellos.
Félix comenzó a rellenar los datos de registro para acceder a la aplicación, llego un punto en el que se quedo pensando que escribir. Separo las manos del teclado y se giro hacía su hermana.
- ¿Como te quieres llamar?
- ¿Llamarme? - inquirió desconcertada ante la pregunta.
- Sí, estoy creando una cuenta para ti, para que puedas entrar cuando quieras y normalmente todos usan un seudónimo. - rio por lo bajo al ver su expresión de confusión - mira, este es el mío - señalo con el cursor en la esquina superior derecha de su pantalla.
- ¿F_ecrivain?, ¿ese eres tú? - él hizo un ademan con la cabeza asintiendo.
- Ja, ja, que divertido. ¿Y yo tengo que elegir también uno?.
- Solo si quieres, también puedes usar tu propio nombre.
- No, quiero un seudónimo como tú. - giró los ojos hacía el techo y frunció los labios en muestra de estar buscando un buen apelativo para su cuenta.
- ¿Que te parece A_ecrivain?, como soy tu hermana así compartimos el nombre. - dijo inocentemente.
- ¿A_ecrivain?
Movió su cabeza afirmando en un rápido gesto, impaciente por la opinión de su hermano.
- ¡Me gusta! - exclamó sonriente al ver la cara alegre de su hermana.
Ana veía entusiasmada como Félix movía con agilidad sus dedos sobre el teclado completando así el registro de su usuario. Aquello era completamente nuevo para ella, era como si emprendiera un viaje con destino desconocido; todo lo que su hermano le había enseñado la había deslumbrado y el pensar que ahora ella tenía su propio acceso a ese lugar lleno de tantas historias le producía una grata y a la vez inquietante sensación.
Por insólito que pareciera a sus catorce años no había tenido la oportunidad de interactuar con ese tipo de plataformas. El haber tenido que ser aislada en su casa había ido cerrando poco a poco la relación con sus amigos, así que nunca tuvo la necesidad ni la curiosidad de formar parte de un chat o tener una cuenta en alguna de las tantas redes sociales para estar en contacto con ellos. Por todo esto el que su hermano le facilitara un llave a un entorno donde podría relacionarse con otra gente aunque fuera de una manera virtual le producía una alegría que hacía mucho no sentía.
- Listo, ya tenemos tu cuenta lista, te he elegido esta imagen como tu foto de perfil, ¿te gusta?. - señalo con el dedo sobre la esquina superior derecha de la pantalla.
Sus azules ojos bailaban ante el pequeño círculo que mostraba una hermosa y clara luna llena con fondo estrellado sobre un manto negro.
- Me encanta. - las palabras salieron en un suave susurro de sus labios, acerco lentamente su mano para tocar con la punta de sus dedos la imagen sobre la cristalina pantalla de su tableta.
- Je, je. Pues siendo así, aquí tienes tu tableta lista, "A_ecrivain". - dijo entregándole el dispositivo en sus manos.
- ¿Pu...puedo usarlo ya? - inquirió ansiosa por empezar a explorar por su cuenta ese nuevo espacio de lectura que se había descubierto para ella.
- Claro que si, solo te daré un par de pautas mas sobre su uso y lo demás ya lo iras practicando por tu cuenta, ¿de acuerdo?.
Félix le explicaba con medida paciencia como debía de buscar las historias que le podrían interesar así como agregar aquellas que más le gustaran a su biblioteca para así tenerlas siempre a mano. Le mostró como seguir a otros usuarios y lo que ello conllevaba, como el saber al momento cuando publicaban una historia nueva o actualizaban una en curso.
- Bien pues creo que estas lista para comenzar tú sola, únicamente agregare a los escritores que yo sigo para tengas un punto de partida.
- ¿Tú también? - preguntó risueña.
- Ja, ja, yo el primero, me molestaría si no me leyeras. - respondió divertido dándole un toque en la nariz con su índice.
- Listo, toda tuya. - le entregó la tableta, dejando que ella fuera ahora quien se moviese por la pantalla.
Mientras Ana se entretenía revisando su nueva aplicación, Félix volvía a escribir en su portátil. En la esquina de la pantalla de la tableta apareció junto a la vistosa imagen del usuario de la pelirroja un pequeño punto rojo.
- ¿Félix?, ¿Que es esto? - dijo señalando la nueva marca.
- Eso te indica que tienes un aviso.
- ¿Un aviso?. - miró con curiosidad a su hermano.
- Si, cuando recibas una notificación de que han actualizado una historia o publicado algo nuevo la gente a la que sigues aparecerá esa marca, igual cuando recibas algún mensaje. Despliega el menú para que lo veas.
Ana con ansia presiono el menú y sus ojos brillaron cuando vio sendos unos junto a las opciones de Buzón y Notificaciones. Abrió el primero y vio un mensaje de F_ecrivain, "Hola y bienvenida A_ecrivain", unas sencillas palabras que Félix no imaginaba lo que habían emocionado a su pequeña hermana.
Rápidamente abrió la pestaña de notificaciones para encontrarse con el mensaje "F_ecrivain te siguió", por tonto que pareciera ese simple mensaje le produjo una cálida sensación de alegría y sin poder evitarlo se abrazo del brazo de su hermano.
La puerta de la habitación se abrió y en ese momento Sandra y Miguel entraron seguidos por el doctor Estévez.
- Hola chicos, ¿como lo han pasado? - preguntó su madre sin dejar de sonreír al ver a sus hijos de esa manera.
- Mira mamá lo que me ha regalado Félix. - con alegría mostraba a los adultos la tableta.
- Me da gusto verte de tan buen humor Ana y ya me han informado que has comido muy bien, si sigues así antes de lo pensando podremos comenzar con el tratamiento. - comentó el médico, quien había estado al tanto del sustancial cambio en el estado de ánimo de su pequeña paciente.
Después de un rato en el que el doctor Estévez les explicó cómo sería el proceder en el caso de Ana si ella continuaba como lo había hecho ese día Miguel y Félix se retiraron a muy pesar de la joven pelirroja que quería que su hermano se quedara aun más con ella. Esa noche se quedaría con ella su madre, además Félix aun debía terminar unos trabajos de la universidad.
No levantaba la vista de la pequeña pantalla desde que su hermano se había marchado no había dejado de devorar historia tras historia de los escritores a los que ahora seguía. Como una esponja absorbía cada palabra de las originales narraciones.
- Ana deja eso ya, es tarde y necesitas descansar. - la pelirroja estaba tan absorta en su lectura que no le prestó atención a la recomendación de su madre.
Sandra exhalo aire exasperada y se levanto del sillón acercándose a su hija. Sin que Ana se lo esperara su madre le había arrebato de las manos el dispositivo.
- He dicho que tienes que descansar señorita. - Ana vio con disgusto como su tableta se alejaba de ella, sus ojos se abrieron de más cuando un pequeño punto apareció en la esquina de la pantalla.
- ¡Mi punto rojo! - exclamo a la vez que de un impulso se erguía para tomar de las manos de su madre su tableta.
- ¡Ana! - exclamo ahora sorprendida por la repentina acción de su hija.
- Mamá por favor solo déjame leer esto, mira hay un punto rojo. - señalaba con ilusión la pequeña marca.
- ¿De qué punto rojo me hablas? - dijo sin comprender a lo que se refería su hija.
- Este. - volvió a señalar con un rápido movimiento desplegó el menú para ver la notificación "F_ecrivain ha actualizado...".
- ¡Es Félix, ha actualizado una de sus historias!. - exclamó exultante ante la idea de encontrarse un nuevo capítulo de la historia de su hermano que había empezado a leer esa tarde con él.
- Ven, siéntate aquí conmigo. - se movió para dejarle lugar en la cama a su madre.
Ana le explicó lo que era aquello y lo que el punto rojo significaba, después de ello volvió a leer desde el principio la historia junto con su madre.
Los días fueron pasando y la salud de Ana mejoraba cada vez más rápido, la primera semana Félix la visitaba cada día y aprovechaban el tiempo leyendo nuevas historias. Por las tardes, cuando su hermano se marchaba, siempre esperaba ansiosa que el punto rojo apareciera, esa pequeña marca se había convertido en un grato acompañante porque sabía que detrás de él había siempre un nuevo capítulo o un mensaje de Félix.
Llegó el momento en que Félix tuvo que regresar a la universidad, no podía descuidar mas sus estudios y estaba ya en el límite de faltas permitidas. Sandra y Miguel temían que su hija sufriera una recaída al irse su hermano, pero cuál fue su sorpresa de que su pequeña Ana seguía igual de jovial y conservando su buen estado de ánimo, eso sí, siempre acompañada de su inseparable tableta y expectante de que en cualquier momento apareciera el punto rojo.
El médico ya le había comentado a Félix el efecto positivo que causaba en su hermana aquellas historias por lo que siempre procuro subir dos actualizaciones por día una en la mañana antes de que Ana comenzara su tratamiento y otra por las noches antes de dormir.
Sandra iba apurada ese día había tenido un contratiempo y se había demorado en llegar al hospital, no le gustaba dejar a su hija sola en aquel frio e impersonal lugar. Grande fue su sorpresa cuando entró en la habitación y vio al doctor Estévez sentado en una silla junto a su hija escuchando detenidamente la historia que esta le leía de su tableta.
- ¿Doctor? - preguntó tímidamente aun incrédula por lo que estaba viendo.
- ¡Ah!, Sandra, buenos días. - dijo jovial el médico sin moverse de su asiento.
- ¿Está todo bien? - volvió a preguntar dubitativa.
- Por supuesto, tenía un poco de tiempo y pase a visitar a mi paciente favorita, - dijo revolviéndole el rojo cabello con su mano - y ahora me está leyendo la ultima historia de su hermano, que por cierto es muy bueno.
- Si mamá hoy desde temprano estaba... - no pudo terminar de hablar cuando su madre la interrumpió.
- Si, el punto rojo. - completó sonriéndole a su hija.
- ¡Si!, tenía cinco actualizaciones, ¿te lo puedes creer?. - era más que evidente la alegría en su cara.
- Ja, ja - el médico rio ante el espontaneo comentario de la joven - aprovechó para decirle que Ana he evolucionado favorablemente y esta lista para comenzar el tratamiento de quimioterapia, lo hemos preparado todo para empezar el próximo lunes.
Los ojos de Sandra se humedecieron ante la noticia, aunque no era decisivo era un gran paso hacia la recuperación de su pequeña. Desde que su hijo le diera esa tableta Ana había dado un cambio de ciento ochenta grados, estaba feliz sobre todo porque estaba en contacto con su hermano, todos los días se escribían pequeños mensajes pero lo mejor de todo era aquel pequeño punto rojo que había despertado en su hija el anhelo por algo, disfrutaba viendo su cara de felicidad cada vez que la pequeña señal aparecía en la esquina de su pantalla.
Lamentablemente Félix estaba en exámenes finales y no le era posible asistir a la primera sesión del tratamiento de su hermana, pero ese fin de semana se esforzó en actualizar el mayor número de capítulos para ella, sabía lo que ella disfrutaba de ellos y sobre todo que la hacían olvidarse aunque fuera por un momento de su enfermedad.
- Ana deja ya la tableta que no tardaran en venir para llevarte a la sala de tratamiento. - dijo su padre.
- Pero papá aun no ha llegado el nuevo capítulo de Félix, ves no está el punto rojo. - le mostraba con gracia la pantalla del dispositivo.
Miguel tuvo que contener la risa ante el divertido gesto de su hija.
- ¡Llego, mira el punto rojo! - una vez más le mostraba la pantalla para que viera la pequeña marca.
De inmediato abrió la notificación y fue directamente al nuevo capítulo de su hermano.
La enfermera entro con un silla de ruedas para llevarla a la sala donde se le aplicaría el tratamiento.
Buenos días Ana, es hora de irnos. - dijo cordial.
- ¿Ahora?, por favor, ¿puede terminar de leerlo? - la miró con un dulce gesto de suplica.
- ¿Un punto rojo? - preguntó con desenfado la enfermera.
Ana afirmó con un rápido movimiento de cabeza. Sosteniendo de forma protectora su tableta contra su pecho.
- Cinco minutos, ni uno más. - dijo la enfermera, soltando una risilla entre dientes al ver la expresión de alegría de la joven. El doctor Estévez ya les había informado de lo importante que era aquel dispositivo para Ana y por ende para su recuperación así que todas las enfermeras de aquella planta eran sumamente permisivas con ella.
Sin más Ana comenzó a leer el capitulo, al llegar al final una suave y linda sonrisa se dibujó en sus labios mientras una cristalina lagrima recorría su ligeramente sonrojada mejilla.
- Vamos. - dijo subiéndose a la silla y entregándole con sumo cuidado su tableta a su madre. Una mirada de esperanza en sus azules ojos llamó la atención de los ahí presentes, atrás quedo la triste niña que antaño buscaba una referencia de donde asirse para no caer en la vaga rutina de su apesadumbrada vida, ahora esa referencia había llegado en la sencilla forma de un pequeño punto rojo al cual esperaba con ansia y valoraba aquello que representaba.
Sandra pudo ver la pantalla aun encendida y mostró un gesto de ternura al leer el final del capítulo de su hijo.
"Mi querida Ana,
No me pidas la luna que sabes que no puedo dártela, pero prometo dejarte una y mil historias que puedas leer bajo su claridad.
Te quiere tu hermano."
FIN
