Capítulo dos: De nuevo en casa

Shinichi y Shiho se pasaron el resto del día limpiando. Acabaron prácticamente muertos pero valió la pena, la casa estaba reluciente.

-Bueno, ahora a dormir, que los de la mudanza estarán aquí a las siete y media - dijo Shinichi levantándose del sofá y yendo hacia su habitación -. Buenas noches.

-Buenas noches - respondió su compañera de piso, marchándose también a su cuarto.

Ambos se acostaron, el día siguiente sería duro.

Ran volvía de casa de sus padres con su pequeña en brazos. Sonreía mientras recordaba el día que habían pasado, a Eri y Kogoro les encantaba que Ran les llevara a la niña los domingos y se lo pasaban muy bien.

Los abuelos de la pequeña la llenaban de mimos, y su abuelo le contaba historias sobre su gran época de detective, las cuales las hacían reír a las tres, era mientras oía una de estas historias que Natsuki se había quedado dormida. Ran se había despedido de sus padres y había puesto rumbo a casa, después de todo, ya era tarde y a ella mañana le tocaba madrugar.

Cuando pasaba por delante de la antigua casa de su mejor amigo, creyó ver una silueta en una de las ventanas. Por un momento temió que fuera un fantasma, pero se obligó a tranquilizarse, hacía tiempo que debía haber dejado esos miedos infantiles a un lado, ahora tenía una hija de la que ocuparse y esas cosas eran ridículas.

Volvió a mirar la ventana pero la silueta ya no estaba, tal vez se la había imaginado, o quizá algún ladrón despistado había entrado a robar, sin saber que la casa llevaba años vacía.

Natsuki se revolvió en brazos de su madre y Ran reemprendió el camino a casa.

Casa de los Kudo, 6:30 de la mañana.

-¡¡SHINICHI!!

Ese gritó habría dejado sordo a cualquiera, pero el joven hacia el que iba dirigido simplemente levantó la cabeza adormilado y dijo:

-¿Qué pasa?

-¿Cómo que qué pasa? - contestó Shiho - Son las seis y media, los de la mudanza llegaran en una hora.

-Una hora es mucho tiempo - resopló el muchacho volviendo a cubrirse con el saco de dormir.

Shiho suspiró con cansancio y le sacó el saco de golpe.

-¡Eh!

-Una hora es mucho tiempo, pero debemos ducharnos, vestirnos y desayunar, ¿o es qué piensas trabajar con el estómago vacío?

-Creía que serían los transportistas los que colocarían los muebles.

-Sí, pero si quieres dormir esta noche en una cama debes decirles donde ponerlos, a menos que quieras volver a dormir en el suelo claro.

Shinichi miró el saco de dormir que sostenía Shiho, la verdad es que no había dormido muy bien.

-Creo que prefiero mi cama - contestó el chico.

-Bien, pues entonces ya sabes.

La chica salió de la habitación mientras Shinichi la sacaba la lengua por detrás. Ambos se ducharon y luego bajaron a desayunar, un par de tostadas y un café que se habían traído en un termo, hasta que los muebles se instalaran no había otra cosa.

Cuando terminaron salieron a la puerta a esperar a los camiones de mudanza, que no llegaron hasta pasadas las ocho, lo que molestó a Shinichi sobremanera, ¿para que diablos le despertaban a las seis y media de la mañana si esos tipos iban a llegar más de media hora tarde?

Los transportistas se deshicieron en disculpas con ellos, por lo visto habían pinchado una rueda de camino y eso les había retrasado.

Shiho decidió que lo mejor sería alejar a esos hombres de Shinichi así que los llevó dentro para indicarles un poco como iban los muebles, dejando al joven Kudo solo junto al camión.

Este en cuanto perdió de vista a Shiho se coló dentro del vehículo a buscar sus cosas, ¿dónde habrían puesto esas cajas con sus libros de misterio?

Ran acababa de dejar a Natsuki en la guardería y se dirigía a clase cuando algo la detuvo, al pasar por una calle cercana a la casa de Shinichi, había visto de lejos un camión de mudanzas, ¿sería posible que alguien fuera a mudarse allí? Eso explicaría la sombra del día anterior.

Si no se daba prisa llegaría tarde a la universidad, pero la curiosidad pudo con ella y se acercó un poco, escondiéndose tras una pared, no quería que la pillaran fisgando. No veía nada extraño, el camión estaba abierto pero desde su posición no podía ver lo que había dentro, y tampoco iba a entrar a mirar.

-¡Shinichi! - se oyó desde el interior de la casa.

Ran se quedó sin respiración un momento ¿Shinichi? ¿Sería posible que hubiese vuelto? Pero ¿y si no era él? Había muchos chicos que se llamaban Shinichi pero, que se fuera a vivir a la antigua casa de otro con su mismo nombre era demasiado improbable ¿no?

Mientras le daba vueltas Ran vio salir de la casa a la misma mujer de cabello castaño rojizo que le había parecido ver salir de allí ayer. ¿Quién sería?

-¡Shinichi! - gritó de nuevo.

-¡Te he oído perfectamente! No soy sordo ¿sabes? - dijo alguien desde el interior del camión.

-Pues si me has oído ¿por qué no vienes? Necesito ayuda, no conozco bien la distribución de la casa.

-Está bien, ya voy.

Del camión salió un joven de pelo negro (*o castaño oscuro, como queráis es que este tema jamás quedará resuelto*) y ojos azules que Ran, que espiaba de lejos, conocía muy bien.

-¿Se puede saber que hacías ahí dentro? - le preguntó aquella chica que Ran no conocía.

-Intentaba encontrar las cajas que tenían mis novelas de misterio.

-Tú no cambias ¿eh? Venga, vamos dentro que hay trabajo.

-Lo que usted diga generala - bromeó Shinichi poniéndose firme.

Ambos entraron en la casa y Ran dio la vuelta y se apoyó en la esquina de la calle. Shinichi había vuelto, después de tanto tiempo, ¿debía visitarlo? Una triste sonrisa se dibujó en el rostro de la chica, ¿qué le iba a decir? -Hola Shinichi, estuve enamorada de ti pero en este tiempo que no hablamos me quedé embarazada y ahora estoy criando a mi hija sola.- No, seguramente él ni se acordaba de ella, además, seguro que esa chica que estaba con él era su novia, quizá incluso su mujer, y aunque no lo fuera, aunque Shinichi sintiera algo por ella, seguro que en cuanto supiera que tenía una hija saldría corriendo, como todos los chicos con los que había intentado salir desde el nacimiento de la niña.

Con el ánimo por los suelos, dio media vuelta y se encaminó a la universidad.