¡Hola!
Sí, lo lamento mucho, me he demorado siglos, espero poder compensarlos con este capítulo, no es tan subido de tono, así que no se alarmarán. Eso espero.
Gracias a quienes han comentado, lamento si no he contestado a alguno de sus comentarios, estoy perdida. Pero millones de gracias.
Ahora sin más, a leer.
Go.
Tras quince minutos de duro pensar, no pudo más y dejó caer la pluma sobre el pergamino. La imagen de Dumbledore no podía deshacerse de su mente, su barba blanca, sus manías al andar, todo, absolutamente todo de él le abrumaba en demasía.
Cada vez que pensaba en el hombre, la palabra "Mentor" o "Guía" se le venía a la mente, sí, así lo sentía, como el ejemplo a seguir para él, y por supuesto para muchos otros alumnos de Hogwarts.
Draco se frotaba la frente esperando que el genio de la lámpara mágica saliera de su mente, o eso es lo que hubiera pensado cualquier Muggle que lo viera en esa situación, era como si quisiera desgastar la piel de aquel sitio, sin siquiera sentir el dolor.
- Hermano, ya basta – le instó Blaise, algo irritado.
- Cierra la boca Zabini – espetó con agresividad el rubio – no sabes por la presión que estoy pasando por estos momentos.
- Lo sabría, si me lo dijeras – bufó, volviendo a su lectura – asíque no te quejes.
- No puedo, no es que no quiera, hermano – bajó el tono – es confidencial.
- Tu vida siempre lo ha sido Draco – lo miró a los ojos – relájate hermano, sea lo que sea que estás haciendo, no resultará en nada si estás frustrado.
- ¿Qué quieres decir con eso? –
- Mira, si realmente quieres tener éxito en lo que planeas, debes pensarlo con la cabeza fría, de nada sirve que te mortifiques con eso – suspiró – si estás presionado, no te dará resultado, si estás relajado, sí lo hará.
- Te veo y lo único que escucho es "Éxito, Bla, Bla, Bla, planeas, Bla, Bla, Bla, resultado, Bla, Bla…Bla" – frunció el ceño – no estoy conectado.
- De acuerdo – se levantó – y por mucho que me ofenda que hagas caso omiso a mis palabras, te las repetiré, sólo por segunda vez, de una forma más sencilla, en resumidas cuentas, la forma para idiotas – Draco lo asesinó con la mirada, a Blaise poco le importó – sexo Draco, eso necesitas, sólo sexo.
Luego de que Blaise le diera unas palmadas en la espalda, se retiró rogando porque el cerebro de su mejor amigo hiciera clic y captara la indirecta para nada indirecta. Y obviamente, el cerebro de un Slytherin es más rápido que cualquier otro, cuando de esas cosas se trata.
Recordaba muy bien a esas niñitas hablando de no querer acostarse con él, ja, como si eso fuera posible, además, si sexo era lo que necesitaba, no estaba nada de mal la idea de vengarse en el trayecto, ya lo había pensado, pero con la presión latente en el ambiente, lo había olvidado por completo.
Blaise tenía razón, con sólo pensarlo, sus músculos se ponían en tensión, necesitaba relajarlos.
Para la mala suerte, o buena, según él, una de ellas caería esa noche, sí o sí.
Tomó sus libros deprisa, arrojó unos cuantos a su mochila, para llegar cuanto antes a su sala común, pero entre tanta emoción por pasar una relajada noche, uno de sus tinteros cayó al piso y se rompió.
- Demonios – siseó en voz alta, recibiendo una mirada fea de la Señora Pince.
- Te ayudo – escuchó una voz, pero no vio a nadie.
Draco bajó la mirada y allí, una chica con cabellera roja, más que todo anaranjada, estaba agachada y apuntaba su varita al frasco echo trizas, con un haz de luz, lo restauró y con una sonrisa nerviosa, se lo entregó reparado.
- Ya está – rió la muchacha largándose.
Ella era…te sabes el nombre Draco, si lo sabes, es de…, OH por Salazar, ella era…, la recordaba, antes siempre era acompañada por la desabrida de Granger y por los perdedores de Flint y Hannah, claro, el nombre de Hermione le trajo el recuerdo de la conversación de esas perras, la niña pelirroja estaba ahí, en un rincón, sonriendo pero no aportando en nada. Ella era…
Susan Bones.
Un plan maquiavélico comenzó a formarse en su mente, en un milisegundo dio la vuelta y atajó el brazo de la pobre chica, que asustada, dio un respingo, pero no gritó. Draco acercó sus labios al oído de la chica y sólo para los dos, le susurró.
- Gracias – y se fue luego de eso.
Susan, era la típica tímida que hay en cualquier lugar, aunque eso no le impedía ser amable, su sangre Hufflepuff la orientaba en lo correcto y a pesar de los enfrentamientos entre las casa, la de ella, se destacaba por su neutralidad. Pero ella en especial, era la más neutral de todas.
Su amabilidad era incalculable, lo que la hacía una persona única. Y también fácil.
En el resto de la tarde, comprendió que no bastaba con sonreírle disimuladamente cada que la veía, era jueves y la mayoría estaba en la laboriosa tarea de completar los trabajos para el día siguiente, así que tampoco era que Susan captara la intención de Malfoy.
Decidió que un día más, no lo mataría, aun así, siguió tratándola con galantería.
El viernes transcurrió como todo viernes, caos por aquí, caos por allá, había conseguido terminar sus trabajos con el tiempo suficiente, ya que en su mente se repetía a cada rato, que tendría una buena recompensa al caer el día.
Se excusó con la profesora Sprout para faltar a esa ultima clase, no tenía nada que haces, es verdad, pero eso le serviría para lo que viniera a continuación. Fue a ducharse y a prepararse, no es que fuera algo especial, pero a las chicas les gustaba el olor de su perfume, no quería hacer tanto esfuerzo, así que previno antes de lamentar.
Ya era la hora de la cena cuando la interceptó, iba sola hacía el gran comedor, se le había hecho tarde por alguna razón que a él no le importaba, así le resultaría más fácil llegar a ella, sin que nadie sospechara.
- Hola, tú eres Susan ¿no? –
- S…sí – titubeó deteniéndose.
- Mira, no sé si te diste cuenta, pero no asistí a la última clase de hoy –
- Sí, me di cuenta – se sonrojó – la profesora nos lo dijo.
- Claro – sonrió de medio lado – quería saber, si puedes pasarme los apuntes, los devolveré enseguida, lo prometo.
- Pero, bueno, no es que no quiera – jugó con su cabello – pero no sería más fácil que se los pidieras a alguno de tus compañeros.
- Sí, pero ya sabes cómo son – rodó los ojos, esa niña era tonta – ellos escriben boberías, o no escriben en lo absoluto, así que…
- Bueno, los tengo en mi dormitorio, más tarde te los…-
- ¿Podría ser ahora? – Presionó – no iré a la cena, serán sólo unos minutos.
- E…yo…- suspiró – está bien.
- Te sigo –
Susan emprendió camino mientras se masajeaba un brazo, Draco, a propósito, caminó lo suficientemente cerca de ella como para extasiarla con su olor, escuchaba como Susan gemía sutilmente algunas veces y como en otras, inhalaba la mayor cantidad de aire que podía.
Ya cerca de las cocinas, la chica se detuvo frente a un cuadro de un paisaje y susurró la contraseña, inconsciente del hecho de que Malfoy, podía escucharla también, estaba atontada.
- Te acompaño – susurró Draco cuando ella se volteó a verlo.
Esas dos palabras, pusieron más nerviosa a la pobre muchacha.
La sala común era extraña a la vista de Malfoy, demasiado amarillo y con un toque estilo bar que le hacía arder los ojos, por el mal gusto. Susan lo guió por uno de los pasadizos hasta llegar a una habitación casi al final, una puerta redonda estaba ante él, ya nada más lo podía impresionar.
La chica ingresó, sin decirle que pasara pero dejando la puerta abierta para que fuera elección de él, escuchó como la puerta sonó al cerrarla y de inmediato, volvió a sentir su presencia tras ella.
- Que…acogedor – dijo Draco, no teniendo más palabras para expresar lo que veía. Era tan solo, más y más amarillo con el toque característico que evidenciaba que ahí vivían mujeres.
- Gracias –
- Y dime Susan, ¿qué haces en tus ratos libres? –
- Leer, estar con Hannah –
- Ya veo –
Susan comenzó a buscar en su mochila los apuntes que Malfoy necesitaba, eso le dio la pista a él para descubrir cual era la cama de ella, era bastante pulcra y ordenada, comparada con las otras. Draco se sentó en la misma, haciendo que la chica abriera los ojos con impresión, en ese momento, Draco deseó saber Legeremancia, para descubrir qué pesaba ella.
- Aquí está – informó ella, con el cuaderno entre manos.
- Ven – la invitó el rubio a sentarse a su lado, la chica obedeció - ¿puedes explicarme un poco?
- Claro –
- Eres muy amable –
Comenzó a explicarle algunos puntos de la clase, se trababa algunas veces al notar como Draco se acercaba cada vez más a ella pero fingió que no pasaba nada, aún.
- Hueles bien – susurró el rubio de pronto, interrumpiendo su cátedra.
- Gracias – se sonrojó – tú igual.
- ¿Puedo? –
- ¿Cómo? –
- ¿Que si puedo? – apuntó a su cuello.
- Yo…-
Pero no esperó más. No quería escucharla toda la noche, no quería escuchar nada que saliera de su boca, a no ser que fueran gemidos.
Hundió su rostro en el cuello de Susan logrando que ella gimiera por la sorpresa y soltara el cuaderno que se estampó con un sonoro golpe en el suelo. La chica quedó echa piedra, no se movió de su lugar, mientras Draco la acariciaba con su nariz.
- Susan – susurró besándole el lóbulo – deja la amabilidad a un lado – y la besó.
La pelirroja acababa de encontrar el elixir para hacerla relajar, el beso que Draco le daba le sabía a gloria y a muchas otras cosas que no se detuvo a pensar. Era cierto, ella era demasiado amable con la gente y nunca hacía nada que no fuera lo correcto, pero por una vez, se estaba dejando llevar.
Las manos presurosas de Draco soltaron su blusa en un segundo, comenzó a tocarla con desesperación, Susan no tenía el cuerpo de las muchachas con las que habitualmente se acostaba, pero tenía lo necesario para tener sexo, sólo eso le importaba.
Los gemidos de Susan llenaron por completo el lugar, en un momento, Draco ya estaba encaramado encima de ella, besándola, tocándola, mientras ella solamente se dedicaba a disfrutar. Así que sería de aquellas pasivas pensó Draco algo irritado, pero algo es algo.
La despojó de su ropa por completo, mientras que él sólo se desabrochó el pantalón y la camisa, la muchacha estaba en otro mundo, ni cuenta se dio.
Besos en el lugar correcto, pequeños toques que le brindaban una corriente a su espina era todo lo que necesitaba para hacer caer a Susan, la chica estaba muy extasiada, sólo gemía, gemía con placer.
Draco abrió sus piernas y una mano escurridiza se filtró con rapidez, la intromisión asustó a Susan, quien apretó sus piernas deprisa.
- Tranquila – susurró Draco – te gustará.
- Pero…-
- Shhh…tranquila –
Unas cuantas caricias y las piernas de Susan volvieron a abrirse, Draco introdujo sus dedos por la sedosa piel de la parte íntima de Susan, suave, cálido, muy cálido y húmedo, encontró ese punto sensible que hizo saltar a la chica con el más simple roce, el rubio se entretuvo al escuchar como Susan avergonzada pedía más, la sentía aún tímida, pero ya no había vuelta atrás.
El calor de la habitación incrementaba de forma alarmante, la pálida piel de Draco se teñía de un rojo suave, algo sofocado, siguió en su tarea y ésta vez, a la par de sus dedos, su lengua probó el sabor de los senos de la chica. Susan aferraba sus manos a la colcha de su cama, estaba por desmayarse, o eso creía ella antes de que él introdujera un dedo en su interior.
- ¡Ay! – se quejó, pero no le instó a sacarlo.
¡Maldita sea! Pensó Draco abrumado, estrecho, así estaba Susan, muy a pesar de lo húmeda, del calor, estaba estrecha y eso solamente podía significar una cosa, Susan era virgen.
¿Cuántas veces le dijo su padre, que no se metiera con niñas vírgenes? Sí, la sensación estrecha era de lo más satisfactoria, pero no podía llevar su propio ritmo con una de su clase, las mujeres eran más emocionales, y ante cualquier dolor, el hombre debía parar para que ella se acostumbrara a su presencia. Draco no pudo más que golpearse internamente por su falta de información, y es que no sabía cómo no se había puesto a pensar en que la mayoría de las chicas de ese grupito eran vírgenes, estaba seguro de que Lavender y la Weasley no.
Pero no le dio más importancia de la necesaria, cuando sintió que el cuerpo de Susan comenzaba a tensarse, dejó la labor de sus dedos y se posicionó entre sus piernas, ella seguía con los ojos fuertemente cerrados, respirando agitadamente, tan en sí misma, que no captó la intención del rubio.
Ya más que lista, Draco se puso en su entrada, cubrió el cuerpo de la chica con el suyo, le besó con aburrimiento más para acallarla que otra cosa, y presionó hacía adelante.
- ¡Ay! ¡Auch! –
Debía esperar, tener paciencia, que se acostumbrara, paciencia, paciencia, se repetía con el pasar de los segundos. Susan le atacaba la espalda, enterrando no tan solo sus uñas, sino que también sus dedos que producían en Draco, un profundo e incomodo dolor.
Empujó un poco más. Suspiró.
Ahora se sentía delicioso, no estaba completamente dentro de ella, pero una de las barreras estaba traspasada, Draco se deleitaba con la suavices característica de toda mujer, mientras Susan aferraba la cintura del muchacho con sus piernas, un indicio de que ya se estaba acostumbrando. Pero a Draco no le preocupó.
Terminó de empujar.
- ¡Ah! –
Entró en ella de una buena vez, paciencia no era su característica esencial, ya mucho tiempo le dio para que se acostumbrara a él, a demás, estaba más que seguro que después de un minuto o dos, ella disfrutaría tanto que se olvidaría del dolor.
La embestía a un ritmo que se le antojaría delicioso a cualquiera que los viera, pero Susan estaba entre excitada y asustada. Las nuevas sensaciones siempre eran así, algo nuevo daba miedo, pero luego y ya te acostumbras, sobre todo si es algo tan bueno.
Como Draco predijo, luego de unos minutos, los gemidos de Susan invadían la habitación, Draco sacó su cabeza del cuello de la chica, estaba más oscuro que antes, debía de apresurarse, aunque teniendo en cuenta como el cuerpo interno de ella deseaba absorberlo, no había que esperar mucho. Una de las cosas buenas de las vírgenes.
Luego de lo que a ella le parecieron horas, pero fueron sólo quince minutos, su cuerpo se tensó y sintió como una explosión en su cuerpo recorría cada parte del mismo, dándole un placer, más allá de lo explicable. Draco se permitió acabar, cuando sintió como las paredes interiores de Susan se contraían, presionándolo hasta llegar al final.
Draco se arregló la ropa rápidamente mientras ella trataba de regularizar su respiración, todavía completamente desnuda sobre la cama.
- ¿Ya te vas? – preguntó ella con timidez, abriendo los ojos.
La amabilidad había vuelto.
- Sí, no querrás que nos vean ¿Cierto? - se calzó el último zapato.
- Cierto –
- Bueno, hasta nunca Bones – y se dirigió a la salida.
- Espera – detuvo agachándose a recoger su cuaderno de notas – Necesitas esto ¿no?
- No – sonrió con malicia – soy bueno en Herbología – y se fue.
Susan pestañeó varias veces, algo confundida por las palabras dichas y por que aún le cosquilleaba cada parte de su cuerpo, cogió una almohada abrazándola con el amago de una pequeña sonrisa, fingiendo no saber a qué se refería el rubio, después de todo, le tenía que agradecer.
* * *
- ¿Por qué Susan no habrá ido a la cena? – preguntó para sí misma, mientras caminaba a la sala común de Hufflepuff.
Antes de doblar la última esquina, Draco pasó por al frente, con una de ésas estúpidas sonrisas que volvían locas a las idiotas de Hogwarts, lo vio introducir las manos en sus bolsillos, pero aún así, no le pasó por desapercibido que la camisa estaba mal abotonada, que tenía el pelo más revuelto de lo normal, y que sus ojos grises tenían más acentuado ese brillo malicioso.
Y recordó, que tampoco lo vio en la cena.
Espero que les haya gustado, recuerden que este Fic es un experimento para relajarme y volverles locos, no esperen mucho sentido.
Besos.
Aniia, la chica, sí, ésa.
-Do Svidaniya-
