Esa tarde su "enfermedad" empeoró aun más. Tratando de disimular lo más que podía, para que este no lo notara, Bills observaba al Supremo Kaiosama sentado a su lado.
La hermosa luz del atardecer llegaba perfectamente al balcón donde se encontraban, haciendo que la piel violeta del shin-jin se viera tan tersa y además le daba unos bellos matices a la colorida ropa que llevaba.
«¡¿Qué, cuándo, cómo?!», pensó Bills al darse cuenta de sus pensamientos. Se obligó a concentrarse en cualquier otra cosa y fijó sus ojos en el postre que tenía en frente. Estuvo un rato saboreando la deliciosa comida mientras escuchaba lo que el Supremo Kaiosama vino a informar.
Oír su juvenil voz lo relajaba, se expresaba de manera amable y clara. Pudo notar que ese tono de hombre contrastaba con la pequeña figura de niño que este poseía, era extraño y atrayente.
Sin darse cuenta, sus ojos volvían a pasear discretamente por el cuerpo del shin-jin.
Por un momento, a Bills se le cruzó por la cabeza la extraña idea de querer ser esa ajustada tela naranja que marcaba la cintura del Supremo Kaiosama, para así sentir esa estrecha zona y no soltarlo jamás.
Si cualquiera que, en ese momento, pudiera leer la mente del dios de la destrucción, pensaría que estaba loco.
Decidió escuchar lo que Vegeta decía. Curioso nombre el que se dio el sayajin que atacaba a la tierra del futuro.
—Súper sayajin rosé, suena delicioso —comentó.
Por nervios a que notaran que no prestaba atención o por que le tenía cansado que el Supremo Kaiosama despreciara semejante manjar, Bills velozmente remplazó el postre del shin-jin por su copa vacía.
Escuchar el pequeño gemido que este pronunció le hizo sentir esa conocida molestia en el estómago.
Recordó que tener esos pensamientos no tenía sentido y solo causaban que se sintiera confundido, así que no quiso pensar más en ello. Bills decidió entonces prestar atención a la explicación de Whis respecto a la identidad del nuevo enemigo. Decidió concentrarse en eliminar a ese ser llamado Zamasu.
Luego de viajar y vigilar al aprendiz del Supremo Kaiosama del universo 10, ver como este asesinaba a su maestro y evitarlo con la habilidad de retroceder en el tiempo de su asistente; volver al planeta sagrado y escuchar como ese idiota se cría capaz de vencerlo, Bills utilizó su técnica mortal, esperanzado de que su acción arreglara los problemas del futuro.
No sirvió de mucho.
El conflicto se resolvió gracias a los sayajin y el Supremo Kaiosama, quien tuvo que viajar al futuro y ayudar en la pelea prestando sus pothara.
—Ay Señor Bills. Estaba tan seguro de que funcionaría —comentó Whis mientras volvían a su hogar a la velocidad de la luz.
—¡Cállate! Era simple lógica. Si no existía en el presente, no existiría en el futuro.
—Y en consecuencia creó un nuevo anillo del tiempo.
—!Que te calles!
—Tranquilícese señor Bills. Últimamente esta muy alborotador. Le pasa algo muy raro —. Esta vez Whis no preguntó, lo afirmó.
—¿Otra vez con eso?
—Ah no, no, no. Esta vez no me lo podrá negar. Está actuando extraño y yo sé la razón -dijo mirando hacía atrás, donde estaba Bills, para así poder ver su reacción.
—¿A sí? Cuenta entonces ¿cuál es tu gran descubrimiento? —se expresó con sarcasmo. Bills no creía en que pudiera acertar, él no fue tan obvio.
—Es el Supremo Kaiosama —. Whis sintió como la mano que se posaba en su espalda tembló -. He notado como lo miraba, es usted muy descuidado señor Bills.
El dios de la destrucción no sabía donde meterse. Estaban solos, viajando a gran velocidad por el espacio. Lo tendría que confesar tarde o temprano.
Después de ver como uno de los suyos era borrado de la existencia por el dios de la destrucción, presenciar una peligrosa batalla y casi morir en manos de Zen o sama del futuro, Shin volvió a su planeta esperando poder descansar un tiempo después de tanta tensión.
Cuando llegó al lugar donde se encontraban los únicos habitantes del planeta sagrado además de él, Shin los saludó y pidió a su asistente, de manera amable como siempre, que le sirviera una taza de té.
—En seguida señor —dijo Kibito para luego retirarse. Shin tomó asiento frente a su predecesor.
—¿ Que pasa niño?, te noto decaído ¿sirvió de algo la información que ese sujeto vino a decirte? —preguntó el antepasado refiriéndose a Zuno.
—Si y bastante, creo. Zamasu era quien causaba los conflictos en el futuro.
—Ya veo, y entonces ¿Qué pasó con el muchacho?
La expresión de Shin le advertía un mal final para Zamasu.
—El señor Bills usó el hakai en él.
—¡¿Cómo?! —exclamó sorprendido. Borrar a un dios no es algo común —. Ese gato desnutrido es muy impulsivo.
—Lo noto muy molesto —dijo enfocandose en lo último. Ya le hablaría luego de su viaje al futuro.
—Fue por los impulsos de Bills que yo terminé en la espada Z... ¿Sabes? lo estuve pensando, y perdí mi juventud encerrado, viendo como el tiempo pasaba. Me gustaría recuperar esos años.
—Eso no es posible —le comentó, sintiendo lástima por lo que le pasó al otro shin-jin, pero las cosas sucedieron de esa forma y no se podía volver al pasado.
—Yo no estaría tan seguro niño.
—¿Qué quiere decir? ¿planea algo?
Kibito volvió justo a tiempo para escuchar la idea del Supremo Kaiosama de hace quince generaciones.
—Usaré las esferas del dragon de Namek —dijo con una gran sonrisa.
—¡¿Qué?! —exclamó Shin y lo miró con reproche —. Pero fue usted quien nos dijo que no debían usarse para cosas sin importancia.
—¡Esto es muy importante!
—Disculpen, ¿Qué es tan importante? —. El asistente estaba un poco perdido en la conversación.
—Recuperar mi juventud para conquistar chicas lindas.
Los dos más jóvenes no pudieron reaccionar de otra forma que no fuera caer cómicamente hacia atrás. Definitivamente no era importante, pero era típico del antepasado tener esas fantasías como prioridad.
—Disculpe antepasado pero, no entiendo una cosa —. Shin habló luego de reincorporarse. Tenía esa duda desde que conoció los gustos de su predecesor —. Dígame ¿por qué le atraen las mujeres? si nosotros... bueno, no tenemos esas necesidades.
—No se de donde sacaste esas tonterías niño, pero nosotros, los shin-jin, podemos tener una pareja romántica. Lo que pasa es que has estado aquí en un planeta casi vacío, y al parecer nadie ha hablado contigo sobre eso —. Su mirada se dirigió hacia el asistente —. Kibito...
—¿Eh, yo?...bueno. Ese tema jamás tuvo importancia como para que alguna vez lo tuvieramos que hablar —dijo Kibito algo incómodo, mirando hacia otro lado con una mano detrás de la cabeza.
El más bajo no entendía nada de lo que los mayores hablaban, pero ellos tenían más sabiduría y conocimientos que él.
Ahora que recuerda, tal vez sus compañeros le puedan explicar por qué se sintió tan extraño cuando cierto dios se le quedó mirando de la manera en que lo hizo esa tarde en la tierra.
