Gracias por sus palabras para quienes las dejaron ^^
Espero que se entienda lo que puse en este capítulo y que no deje muchas dudas, se que es muy cortito, pero es mejor ir lento y bien escrito, a rápido y mal escrito (lo sé no tiene nada que ver pero bueno xD)
Espero que les guste! :)
Capítulo 1: Primer Día
El joven abrió los ojos después de un sueño, que según él, era el mejor de todos. Pero, ¿cómo no pensar eso si tenías en tu poder una pizza que aunque comieras y comieras no se terminaba nunca?, y el solo recordarlo hizo que le rugiera el estómago a nuestro joven amigo.
Miguel Ángel saltó de su cama y fue a darse un baño rápido para después ir a desayunar.
Antes de salir del cuarto se despidió de su pequeña tortuga; la cual había sido un regalo de su maestro cuando era muy pequeño, de hecho le había dado una a cada uno de sus hermanos contándolo a él también.
En el camino se encontró con uno de sus hermanos mayores, Donatello. El muchacho traía puesta una de sus tantas playeras moradas y sus jeans de un azul pálido. Su pelo castaño no era muy largo, pero era buen contraste con su piel blanca; realmente no era muy alto, solo le ganaba a Mikey por unos pocos centímetros, pero este sonrió al verlo.
-¡Hola Donnie!-saludó con alegría el menor.
-Hola Mikey. ¿Listo para el primer día?-preguntó Donatello, Miguel Ángel asintió con entusiasmo.
Ese día era el 1° para los cuatro hermanos, era el día en que entrarían a la preparatoria, una de las mejores de Nueva York.
Los cuatro hermanos se habían mudado desde Japón junto a su padre adoptivo Splinter, o como ellos le decían frecuentemente, "sensei" o "maestro" ya que el viejo hombre les enseñaba hasta esa fecha el arte del bushido y el ninjutsu, un deseo de su verdadero padre antes de fallecer por un accidente automovilístico junto a su madre cuando solo tenían cuatro años, algo que los devastó tanto a ellos como a su sensei, quien les había anunciado la muerte.
Los dos hermanos llegaron a la cocina y se encontraron con sus otros dos hermanos mayores en plena discusión, como ya se habían acostumbrado. No había día ni un día en que ni Leo ni Raph discutieran, si no lo hacían era algo malo, algo tan malo como el fin del mundo.
-¡Raph!-exclamó Leonardo, se notaba algo exasperado así que ya debía llevar bien tiempo la "conversación". El mayor traía puesta una playera azul y jeans, junto a unos tennis blancos, algo muy casual. Su pelo castaño no era tan largo pero si oscuro para su piel nívea, y sus ojos café chocolate miraban a su hermano menor con frustración.
-¿Qué intrépido?- le preguntó Rafael, siempre usaba ese apodo contra su hermano mayor con el afán de molestarlo, pero en el fondo, muy muy en el fondo lo decía como un enorme cumplido.
-Rafael, por favor ve a cambiarte, ¡no puedes llegar a una preparatoria con eso!-le riño Leonardo, su hermano traía unos pantalones negros rasgados por casa todas partes, botas negras estilo militar, una playera color rojo sangre con sus mangas rasgadas que dejaba ver sus fuertes brazos y para rematar, voluminosas cadenas atadas a su pantalón.
-¿Qué tiene de malo?-preguntó Rafael arqueando sus negras cejas, Leo puso los ojos en blanco y negó con la cabeza indignado-¡Mira Leo, yo me visto como quiera!
Don y Mikey se miraron, esa discusión iba para largo. Con un cruce de miradas los dos decidieron tomar el desayuno sin ellos.
En eso llegó un hombre ya viejo, su poco pelo y barba eran de color blanquecino casi plateado por el paso de los años, traía consigo un bastón y el control remoto de la televisión.
-Buenos días mis hijos-dijo este, los cuatro dejaron de hacer lo que hacían para dar una pequeña inclinación con la cabeza al hombre en forma de saludo antes de seguir con sus cosas.
-Buenos días sensei-dijeron los cuatro a coro.
Splinter fue a la estufa y puso a hervir agua para su tan relajante té de manzanilla. Mientras hacia su labor levantó la vista hacia el enorme reloj pegado en la pared de la cocina, en este se leía que eran las 7:50 a.m. Con un sobresalto se volvió a sus hijos, dos comían tranquilamente, y dos discutían fervientemente.
Agarró su bastón y golpeó el piso con fuerza, los cuatro adolescentes se volvieron a mirarlo confundidos y sorprendidos.
-Hijos míos, ¿Hoy no es su primer día en la preparatoria?-preguntó el anciano padre.
-Sí, ¿por qué sensei?-preguntó Miguel Ángel confundido, los otros tres no tuvieron que preguntar ya que vieron la hora en el reloj.
-¡Dios!-exclamó Donatello y se levantó con rapidez intentado terminarse su desayuno antes de llegar al fregadero. Leonardo y Rafael corrieron escaleras abajo para ir a los distintos cuartos y agarraron las distintas mochilas, cuando ya tuvieron dos cada uno subieron al vestíbulo donde los esperaban Mikey y Donnie.
Los cuatro salieron precipitadamente por la puerta después de un "¡Adiós Maestro Splinter!" y se subieron a la van que Donatello había mejorado hacia un tiempo para dirigirse a la preparatoria, a su primer día en una escuela normal.
Los 4 hermanos llegaron a la institución antes de que tocara la campana de entrada, ellos estaban emocionados e intimidados a la vez. Claro, ¿cómo no estarlo después de que toda tu vida fuiste educado en casa?.
Aunque pareciera patético, era cierto, los cuatro Hamato habían sido educados y entrenados en casa toda su vida por su gran maestro Splinter, algo que los dejaba en desventaja por las relaciones sociales con los chicos de su edad; tampoco era que no tuvieran amigos, solo que eran muy pocos.
Los cuatro muchachos se miraron, el campus era amplio. Jóvenes pasaban de un lado a otro buscando su primer salón, algunos para su inducción, otros para su primera hora normal.
Los nuevos asintieron con la cabeza decididos y comenzaron a buscar un profesor para que les dijera donde era el salón de inducción. Mientras lo hacían sintieron una que otra miradita de parte de las chicas que estaban pasando a sus lados; unas se susurraban cosas entre ellas sin quitarles la vista de encima, otras los saludaban, algo que a Leo y a Don los hizo sonrojar, pero no a Raph ni a Mikey, estos disfrutaban de la atención.
Al fin encontraron a un profesor, quien se veía apurado, Leo dudo un poco antes de trotar hacia él para alcanzarlo.
-¡D-Disculpe! ¡Señor!-exclamó Leo, el hombre lo miró a través de sus anteojos.
-¿Sí?-preguntó el profesor con un poco de prisa.
-¿Usted sabe dónde está el salón para la inducción?-preguntó Leonardo, el hombre miró su reloj y luego a él.
-eh…¡Sí!-dijo y apuntó hacia la derecha, ahí se encontraba un edificio-pasas por ese edificio y luego doblas a la derecha, verás unas escaleras, es en el pasillo a la izquierda en el salón 404-dijo las indicaciones algo atropelladas por su prisa y antes de que Leo pudiera dar las gracias salió corriendo mirando su reloj y refunfuñando.
Los cuatro hermanos se quedaron mirando el correr del profesor antes de reaccionar por el sonido de la campana. Se sobresaltaron y corrieron en dirección contraria del hombre guiados por Leo.
-¡Nuestro primer día y llegamos tarde! ¡Típico!
-¡Ya cállate Mikey!-dijo Raph con un gruñido.
Y así los cuatro comenzaron su día.
Le seguiré, pero con tiempo porque ya comienzo la próxima semana proyectos y toda la cosa ¬¬
Gracias por leer !! :D
