"Junto a su esposo…"
Sentí que la tierra bajo mis pies se movía, al escuchar aquella palabra lo único que deseé fue que mi padre entrase en risas diciendo que era broma; sin embargo, esas risas nunca llegaron, y pese que sentía que mi estómago devolvería su contenido de un año, necesitaba preguntar.
"¿Esposo? ¿Yuzu se casó?" después de formulada la pregunta, me di cuenta de lo ridículo que sonaba, obviamente se había casado, por ello nunca respondió a mi carta.
"Si Mei, se casó hace 8 años. Ya tendrán tiempo de ponerse al corriente de todo lo acontecido, por favor, ve a prepararte" Por alguna razón sentí en la voz de mi padre algo de molestia. Igual, poco me importaba lo que podría pensar en este momento, Yuzu, mi Yuzu, se había casado hace tantos años. Hace tantos años la había perdido para siempre.
Sin decir palabra alguna subí las escaleras mientras sentía que unas traicioneras lagrimas rodaban por mis mejillas; entré al que una vez fue mi cuarto, tirando la puerta tras de mi me derrumbé en ella. No podía creer que lo dicho por mi padre fuese cierto, de ser así, Yuzu me habría olvidado, se habría enamorado nuevamente de alguien más, y ese alguien está en este momento ocupando el lugar que tanto he deseado, a su lado. Probablemente fui egoísta al quererla siempre solo para mí, desear que me necesitase única y exclusivamente a mí; pensar que yo sería la única a quien amaría. Quizá me equivoqué al pensar que rechazando mi destino como Aihara y huyendo "al fin del mundo", ella iría conmigo. Aún recuerdo aquel día en que renuncié a todo por lo que alguna vez luché, solamente por ella…
FLASH BACK
Habían pasado dos años desde que escribí aquella carta de "despedida" para Yuzu, no la había visto desde entonces, sentía que, si la veía nuevamente, saldría corriendo a sus brazos y no la dejaría ir nunca. Fueron los años más difíciles de mi vida, hasta ese momento. La amaba, la amaba con cada latido de mi corazón; no pasaba un día en que no pensase en ella. Es ridículo el hecho de que la tomase como mi fuerza para continuar con esta estupidez del compromiso.
Y ahí me encontraba, a un día de mi boda, arreglando los últimos detalles para la cena de ensayo. Me casaría al día siguiente, con un hombre gentil y comprensivo, tanto, que aceptó un acuerdo prenupcial en el que consumaríamos nuestro matrimonio carnalmente hasta finalizada mi carrera universitaria. Quizá aprendería a quererlo, probablemente me enamoraría de Udagawa.
Decidí dejar mis divagaciones para entrar al salón en el cual se encontraban todos los invitados a la boda; la lista era lo suficientemente larga como para que se llenase por completo un campo de futbol; en el centro de toda la escena lo vi, con su sonrisa amable mirándome fijamente, en ese momento me di cuenta de que jamás podría amarlo, no como amaba a Yuzu. La cena de ensayo se alargó por un par de horas, los invitados hablaban con nuestras familias y nosotros simplemente nos encontrábamos en la mitad de un lugar que sabíamos no era el nuestro.
Al terminar la cena me excuse diciendo que estaba agotada y debía descansar para el día siguiente; busqué con la mirada a mi padre que se encontraba en una esquina del salón, al ver sus ojos, de alguna manera supo que necesitaba hablarle. Salió tras de mí, y haciendo uso de toda la valentía que había guardado durante años, inicié la conversación que cambiaría mi vida para siempre.
"Padre… No quiero casarme" Dije de golpe, mirando atenta su rostro, esperando alguna señal de alarma o de molestia, pero eso nunca pasó.
"Entonces no lo hagas pequeña. Este matrimonio fue arreglado por tu abuelo, y en gran parte es mi culpa, ya que no tomé el lugar de heredero como debía, lo siento Mei" Dicho esto, me abrazó con fuerza.
"No te disculpes, yo elegí este camino, pero tardé demasiado en darme cuenta que no es lo que deseo para mi vida, no es lo que me hace feliz" Sollozaba entre sus brazos, tal como lo hacía cuando era niña y sufría algún tropiezo, antes de que mamá muriera, por supuesto.
"Aun así, es mi responsabilidad como padre ayudarte. Tengo un contacto en Toronto que puede sernos de ayuda." Tomó su teléfono y realizó algunas llamadas.
"Vamos a tu cuarto, debes empacar las cosas importantes que necesites, partes mañana a primera hora hacia Canadá" Dijo con una sonrisa triunfante.
Corrí a mi habitación, tomé una pequeña maleta y empaqué algunos objetos personales, el pequeño oso que Yuzu había reparado para mí fue uno de los primeros en la lista. Al terminar, caí en la realidad de lo que estaba sucediendo, huiría de casa, de este matrimonio arreglado, pero ¿dónde quedaba Yuzu?, no tenía tiempo para decirle lo que estaba pasando, pero había una forma en que podría comunicárselo. Decidí escribirle una carta, pese que me había prometido jamás hacerlo, esta vez sería diferente, esta vez le diría todo lo que siento y rogaría por que aceptase esos sentimientos.
"" Querida Yuzu
Probablemente no desees saber de mí, después de mi última carta no esperaría otra cosa; sin embargo, esta vez te escribo para decirte que por fin pude tomar parte de la valentía que me demostraste durante el tiempo que compartimos, pude renunciar al destino que creía estaba dispuesto para mí.
Este tiempo sin tu presencia ha sido el más triste de mi vida, jamás pensé extrañar tanto a alguien; te necesito, necesito escuchar tu voz, sentir tu calidez, el dulce olor cítrico de tu cabello. Necesito tenerte a diario en mi vida, me enamoré de ti y del dechado de virtudes que posees, de la maravillosa forma en la que tratas a los demás y de esa personalidad impulsiva que alguna vez me fastidió. Y te amo, te amo como jamás amaré a alguien, y como jamás alguien te amará. Por ello, te pido perdones a este corazón que late desbocado por ti.
Parto mañana hacia Toronto, mi vuelo es el primero de la mañana, por favor ven, te estaré esperando para huir a nuestro destino, juntas; para siempre juntas. Por favor, si aún me amas, si sientes lo que yo por ti, ven.
Si te cuesta tomar una decisión tan precipitadamente lo entiendo; por ello, al final de la carta dejaré la dirección a la que llegaré en Toronto, Si decides venir conmigo, entonces serás bienvenida en aquel lugar.
Por favor… No me dejes esperando. Aunque por ti, esperaría la eternidad completa si me lo pidieses.
Te amo, Yuzu.
Siempre tuya… Mei ""
Al terminar la carta, la puse en un sobre rojo y junto a Kumagoro la entregué a mi padre.
"Padre, por favor entrégale esto a Yuzu esta noche, te lo suplico, es algo muy importante" Le dije esto sonando lo más calmada posible.
"Bien Mei, lo haré. Tus pasajes están listos para mañana, descansa por favor, vendré mañana antes del alba para llevarte al aeropuerto sin que nadie lo sepa." Dicho esto, dio media vuelta y marchó, llevando consigo la única esperanza que tenía de recuperar a la persona que amaba.
Al día siguiente, tal como prometió, mi padre apareció antes del alba, y sin que nadie lo notase, salimos de la mansión Aihara rumbo al aeropuerto. Me encaminaba a una nueva vida, dejaría todo esto atrás y tenía la gran ilusión de que sería con Yuzu.
"¿Le entregaste la carta a Yuzu, padre?" Pregunté con un atisbo de duda al llegar al aeropuerto, mi padre había estado muy callado durante el trayecto, característica que era muy extraña en él.
"Si Mei, tan pronto llegué a casa le entregué la carta a tu hermana, junto con Kumagoro"
Entonces solo tendría que esperar a que ella llegase, estaba segura de que lo haría, porque seguía amándome como antes, tanto como yo a ella.
Pasaban los minutos, veía desesperadamente a un lado y otro, buscaba en cada tumulto de gente esa cabellera rubia que tanto amaba. Sin embargo, ella nunca llegó, mi vuelo partió con algo de retraso, aunque no fue suficiente como para perder la ilusión de verla.
FIN DEL FLASH BACK
Mientras me duchaba y lágrimas caían por mis mejillas confundiéndose con gotas de agua, recordaba que durante meses esperé que ella llegase; después de un año mi esperanza fue desvaneciéndose, hasta desaparecer por completo cinco años después. Aun así, podía decir con plena certeza, que en ese momento seguía amando a Yuzuko.
Me vestí con un traje negro ajustado, decidí usar lentes oscuros, quizá así no notarían que estuve llorando hace unos minutos, aunque fuese un funeral, no deseaba que me vieran así.
Un auto negro elegante estaba esperando en la entrada de la mansión, mi padre me esperaba ya dentro del mismo, me disculpé por la espera y partimos hacia el salón fúnebre. Durante el trayecto recordé las repetidas veces en las que traté de entablar alguna relación afectiva con alguien, casualmente, siempre eran rubias, vaya que tenía una fijación. Lastimosamente, nunca pude ofrecerles algo más que sexo y un cascaron vacío, porque eso era yo desde que me alejé de ella.
Al llegar al lugar, pude deslumbrar la poca gente que fue invitada, definitivamente era un evento privado. Entre la pequeña multitud pude ver a mi madre, un poco mayor pero seguía siendo la misma mujer con apariencia amable. Las personas se quedaban viéndome, imagino que les sorprendía el hecho de verme en aquel lugar después de diez años de huir de mi boda. Si esta fuera otra situación, quizá sonreiría con sorna, pero debía mantener la compostura.
Entonces, rodando un poco la mirada, la vi… Estaba tocando el piano del salón ¿desde cuándo sabía tocar aquel instrumento? Me di cuenta de que ya no tenía su típico cabello rubio; sin embargo seguía siendo igual o aún más hermosa que antes, su piel blanca, sus labios con un ligero toque de labial, su cuerpo parecía una escultura tallada por las manos del más talentoso artista. Sus manos se movían ágilmente por las teclas de marfil; me encontraba frente a una aparición, solo la había visto en mis más dulces sueños. En aquel momento, el tiempo se detuvo, solo nos encontrábamos ella y yo en el gran salón, no sé cuánto tiempo pasó, pero al acabar la tonada, se percató de mi presencia, abrió sus ojos y me miró tan profundamente que sentí que me derretiría en ese mismo instante.
"Mei…" No pude escucharle por la distancia que nos separaba, pero por el movimiento de sus labios, sabía que pronunciaba mi nombre.
"Yuzu…" Susurré al viento, deseando con todas mis fuerzas alcanzarla.
Justo en ese pequeño fragmento de espacio y tiempo, me di cuenta de que seguía enamorada de aquella mujer, seguía amando con locura inminente a Yuzu.
