¡Feliz San Valentín a todos! Primero que nada, mil disculpas por haber tardado tanto en actualizar. Entre que estoy terminando el capítulo 8 de Aventura en el Antiguo Mundo (que trataré de subir la semana que viene), y que he tenido mucho lío con la universidad y con que tuve muchas visitas de familiares en mi casa últimamente, apenas tuve tiempo para escribir con calma. Pero aquí os traigo el nuevo capítulo de esta precuela, en la que aparecerán los rivales de Luffy y Nami en el Concurso de Parejas irisiano. Espero que os guste.
Quería agradecer también a todos los que habeís añadido a Follow y Favoritos esta historia, y a los reviews de Kaoru Likes One Piece, Falkner Zero, MIKHITA y Alice1420; los cuales me han animado tanto en este pequeño proyecto. Y en especial a Zero y a Kaoru, gracias por vuestro apoyo en cuanto mi vida personal, ¡sois SUPER!
¡A leer se ha dicho!
A la mañana siguiente, Nami fue a entregar su solicitud de ingreso para el Concurso de Parejas de Iris; sin embargo el encargado, una vez recibió el documento, le hizo una pregunta que ella no se esperaba.
-¿Usted o su pareja han consumido algún tipo de Akuma no mi?
-Yo no, pero mi novio es usuario de una fruta Paramecia, llamada Gomu Gomu no mi.
-Muy bien.
Entonces, el muchacho puso sobre la mesa un papel en cuya cabecera se leía: LISTA DE USUARIOS DE AKUMA NO MI.
-¿Qué significa ésto?- quiso saber la pelirroja, molesta de que no la hubieran informado de lo que temía que suponiese un inconveniente para ganar.
-Lo siento, señorita; pero una vez que los participantes se apunten, deben acreditar si han consumido o no una fruta diabólica.
-¿Y qué ocurre si es así?
-Bueno, no es una restricción para acceder a la competición; pero de ser usuario, el participante debe darnos constancia de ello para que así le identifiquemos en caso de usar habilidades de Akuma no mi para hacer trampa, lo cual se consideraría una falta grave y por tanto, la expulsión del usuario y de su pareja evento.
Maldición, se lamentó Nami con los hombros hundidos, Con lo fácil que resultaría ésto gracias a los poderes de Luffy...
La joven no tuvo más remedio que registrar el nombre de su compañero en la lista y así ambos quedaron oficialmente ingresados como competidores. A pesar del fastidioso imprevisto que suponía la prohibición de que Luffy se valiera de sus habilidades de goma, la navegante decidió ser positiva y confiar en la fuerza y en la determinación de su capitán; no era la primera vez que conseguían algo sin la necesidad de sus poderes ni sería la última. Además, Nami contaba con su brillante inteligencia, ¿qué podría salir mal?
Aquel mismo día, al atardecer, la tripulación se reunió en la posada más admirada de todo Iris, cuya decoración daba a entender el por qué de su buena reputación. El interior disponía de muebles fabricados con vidrio endurecido, además de alguna escultura de cristal recargado con vivos colores, las cuales habían sido elavoradas por Gabriel Rommer, el artista más famoso del lugar y que además era el presentador del Concurso de Parejas del actual año; el hombre poseía los poderes de una Akuma no mi que le permitía crear el más fino cristal y darle forma con sus propias manos.
En un momento dado, mientras sus nakamas daban buena cuenta de la comida y el sake de calidad que les sirvieron, Nami se apartó para sentarse en la barra y disfrutar tranquilamente de una bebida refrescante y bien cargada. La cartógrafa se había decantado por estrenar uno de sus nuevos conjuntos: una elegante blusa blanca semitransparente, que dejaba entrever su bello bikini azul marino; y una falda negra con pliegues ondulados a juego con unas lujosas sandalias de tacón alto, las cuales iban adornadas con detalles de pequeñas joyas multicolor. La competición comenzaba al día siguiente, y estaba dispuesta a celebrar con anticipiación la victoria por todo lo alto.
-Oi, barman- llamó la muchacha al hombre que estaba tras la barra- Póngame la jarra de cerveza más grande que tenga.
El aludido le tendió una considerable jarra del líquido espumoso, el cual la cartógrafa se bebió en apenas un minuto, dejando perplejo al barman.
-Es la primera vez que veo a un extranjero acabarse una jarra de ese tamaño en tan poco tiempo- comentó.
-Y aún no ha visto nada, póngame dos más. ¡Mañana pienso tener esos 90 000 berries en la cámara de mi barco! Jijijijiji.
Nami se preparaba para consumir la segunda bebida cuando sintió que alguien se sentaba a su lado: Era un chico de cabello y fina barba cobrizos, que rondaba la misma edad que ella; era bastante alto y de constitución fuerte, y aunque era un poco más ancho que Luffy, su musculatura no se marcaba tanto como la de éste (lo que hacía pensar que se trataba de un hombre que practicaba bastante actividad física, aunque no hasta el límite en que lo hacía el Rey pirata); vestía ropa de marca, que consistía en una camisola verde botella, unos pantalones marrones y unas botas de cuero sintético del mismo color. Por el brazalete de cuentas de cristal policromado que llevaba en el antebrazo, parecía un residente de Iris, pues todos portaban algún adorno o complemento que los identificaba entre los turistas.
-¿Dices que aspiras a ganar el primer premio de Concurso de Parejas, novata?- le preguntó a la pelirroja con un aire altivo en sus ojos avellanados.
Pero la Gata Ladrona no se dejó intimidar y le devolvió la mirada al desconocido.
-Así es, ¿y tú quién se supone que eres, para llamarme "novata"?
-Me llamo Patrick Ommar, y he participado en ese evento junto a mi marido durante cuatro años. Hemos quedado en el primer puesto en cada uno de ellos, así que ya podeís tú y tu compañía volver por dónde habéis venido; no contéis con ganarnos.
-Conque mañana serás nuestro rival junto a tu pareja, ¿eh?- Nami entrecerró aún más sus párpados, recordando los rasgos del individuo con quien ya ansiaba enfrentarse pronto- Luffy y yo no pensamos ponéroslo fácil.
-¡Je! Me encantan los retos, chiquilla. ¿Cúal es tu nombre?
-Nami, y soy pirata. Aunque algunos me conocen como la Gata Ladrona.
-Así que eres una pirata. Bien, ésto se pone interesante.
Las miradas de determinación de ambos rivales era tan intensa que echaban chispas al chocarse entre ellas.
-¡Patrick!- se hizo oír una voz masculina en el interior de la taberna- ¿Ya estás otra vez intimidando a los nuevos concursantes?
De entre la multitud apareció un chico de pelo caoba oscuro y ojos verdes, que también cursaba la veintena de edad; iba atabiado con un uniforme azul turquesa y marrón, en el cual estaban bordadas las palabras "Correo local de Iris" en la esquina superior derecha del pecho, lo cual daba a entender que aquel joven trabajaba como cartero. Su pulsera de acero y cristal lo identificaba como ciudadano del lugar.
-Oh, Akira, ¿ya has salido de trabajar?- le preguntó Patrick al recién llegado, cambiando el semblante competitivo por una feliz sonrisa de oreja a oreja.
-Sí- le respondió el pelirojizo, sin dejar de mirarlo con reproche- Y veo que llego justo a tiempo para observar que continúas desafiando sin motivo a los turistas que deciden participar en el concurso anual.
-ÉL/ELLA EMPEZÓ- se acusaron al mismo tiempo los futuros rivales, mostrándose unos colmillos filosos; parecían dos tigres disputándose una presa (y en parte, así era).
Entonces, después de rodar los ojos ante aquella situación, Akira se volvió hacia Nami con una mirada de disculpa en el rostro.
-Perdona a mi esposo, a veces se muestra competitivo cuando se trata de este tipo de eventos.
La aludida lo analizó del mismo modo que a Patrick; su constitución era más equilibrada y ligera que la del pelicobrizo, en su rostro se apreciaba la sombra de una barba naciente. Por el momento, su actitud era más afable que la de su cónyuge, y su semblante no reflejaba ningún rastro de intimidación como lo hacía éste. Sin embargo, Nami no se confiaba del todo; no era la primera vez que un rival se presentaba como una persona humilde, para que, en el momento final, se mostrase como el traidor que era en realidad.
-No te preocupes- le respondió, dirigiendo una mirada altiva de soslayo a Patrick de vez en cuando- En verdad no me disgusta discutir con mis rivales, así es más sencillo analizar su carácter para cuando nos enfrentemos definitivamente.
-Patrick en realidad es muy buena persona, pero en circunstancias como ésta le pierde perseguir la victoria.
El barbudo resopló en respuesta, aunque no perdió la compostura en absoluto. Patrick no era un hombre egoísta, de hecho, era profesor en un orfanato, y siempre estaba dispuesto a que todos sus alumnos sacasen las materias adelante y sobre todo, se formasen como buenos ciudadanos y personas. Gozaba de un buen salario, y en ocasiones donaba parte de este ingreso al orfanato donde trabajaba. Sin embargo, Patrick tenía una afición que podía llegar a ser obsesiva: amaba ganar, especialmente si había premios económicos de por medio.
-Así que que te has apuntado al Concurso de Parejas- siguió hablando Akira a la pelirroja- Os deseamos a ti y a tu pareja la mejor de las suertes.
El joven le tendió la mano a la navegante, la cual aceptó aún sin fiarse de aquel comportamiento tan amable, aunque no podía dudar que parecía sincero.
-Habla por ti, Akira- dijo entre dientes Patrick, observándola a la pirata con un feroz desafío; ciertamente temía que aquella pirata, tan temida y famosa por su poder del clima y su agilidad en combate, pudiera arrebatarle el primer puesto que tanto había disfrutado conquistar en aquellos cuatro años y, sobre todo, los jugosos 90 000 berries.
-NAMIII- se hizo oír una potente voz chillona entre la multitud que llenaba la taberna.
Acto seguido apareció Luffy, con las dos manos cargadas de carne de rey marino y muslos de jabalí, y el sombrero de paja colgando en la nuca. La chica suspiró profundamente ante la manía que tenía su novio de aparecer en tan vulgar compostura; aunque al menos, esta vez no hablaba con la boca llena.
-Oi, Nami. ¿Ya acabaste de beber?- le preguntó con su característica sonrisa- Ven a cenar conmigo, shishishi.
Conque éste muchacho será también nuestro rival, reflexionó Patrick con una sonrisa satisfecha, No parece una gran amenaza para mi premio, será mejor que me centre en la pelirroja.
-Luffy, quiero presentarte a dos de los concursantes del concurso de mañana- respondió la joven, aún fastidiada por la primera aparición de su compañero ante sus rivales- Ellos son Patrick y Akira Ommar, y competiremos contra ellos.
El capitán Mugiwara se giró hacia los hombres y les dedicó la misma sonrisa confiada de siempre.
-Hola, "Patuck" y "Amira", shishishsi. Yo soy Monkey D Luffy.
El matrimonio no reaccionó ante el nombre del Rey pirata, pues los asuntos de piratería no era un tema de mucho interés en Iris City. Es más, la Marina (ahora reformada para estar a la orden de la República de Red Line) ni siquiera pasaba por aquella ciudad más de dos veces por año para realizar revisiones, debido a que los piratas no se acercaban a la zona con intención de atacar a causa del efectivo sistema de autodefensa irisiano (incluyendo armas de alta tecnología, y militares y policías bien formados), fruto de las excelentes ganancias y calidad de vida del que gozaba el lugar. Por tanto, siempre y cuando no provocasen problemas entre la población, los piratas podían circular por las calles y ser tratados como meros turistas.
-Encantado, Luffy. Yo soy Akira.
-Lo mismo digo, Luffy. Y me llamo Patrick, no "Patruck"- lo corrigió molesto el pelicobrizo.
-Oh, sí. Perdona, "Pato", shishishi.
-PA-TRICK- dijo el aludido, enseñando unos dientes de cocodrilo- ¡Me llamo Patrick!
Akira, ante aquella cómica confusión por parte del moreno, tuvo que taparse la boca para contener la risa. Pero ésto sólo le ganó un tortazo en la cabeza por parte de su pareja.
-¿Y TÚ DE QUÉ TE RÍES?- lo regañó el barbudo, con el puño aún humeante por el impacto.
-AAAUU, cómo duele...- Akira se llevó las manos al chichón que acababa de sobresalir entre su cabello.
Pobre "Amira", entiendo lo terrible que es el que tu pareja se enoje contigo, pensó Luffy mientras observaba la escena un tanto conmocionado, recordando lo doloroso que podía resultar cuando Nami se enfadaba.
La pareja Mugiwara y el matrimonio Ommar compartieron algunas palabras más durante un breve rato, exceptuando entre Nami y Patrick, los cuales sólo se intercambiaban miradas de alta tensión (literalmente, pues saltaban chispas): se habían declarado la guerra mutuamente. Sus respectivos compañeros no pasaron por alto aquéllo y se despidieron lo más cordialmente posible, aunque la pelirroja y el pelicobrizo mascullaron ansias de derrota contra el otro mientras se alejaban, para consternación de sus acompañantes.
Una vez sentados con el resto de sus nakamas, Sanji dejó de gruñirse con Zoro debido a que estaba demasiado cerca de Robin (aunque era de lo más normal, ya que ambos estaban juntos), y se desplazó hasta el lugar donde se encontraba Nami.
-Nami-swaaaaaan. Sino tienes ganas de comer aquí, yo mismo te preparé algo que esté a la altura de tu divino paladar, para que tengas las energías necesarias en el concurso- la alagó con una sonrisa bobalicona, repartiendo corazoncitos por toda la mesa.
-No, gracias Sanji-kun. No tengo mucha hambre.
-Como quieras, mi dulce ángel de cabellos anaranjados. Sé que dislumbrarás a todos en el evento de mañana.
-¿Y yo también, Sanji?- preguntó el inocente Luffy, masticando un muslo de jabalí.
-Tú no necesitas nada de eso, idiota gomoso. Aún si fueras una chica...
-Definitivamente, Ero-cook, necesitas un psicólogo-comentó el espadachín peliverde con sorna- Pareces una cabra en celo constante.
-REPITE ESO SI TE ATREVES, MARIMO.
-¿QUÉ ME HAS DICHO, CABRÓN CON HEMORRAGIAS?
Los dos Mugiwaras se enzarzaron en una pelea de pellizcos y empujones, acompañados de insultos tan inaudibles que parecían ladridos; la tripulación se cambió a la mesa de al lado para permitirles zanjar el asunto con un espacio adecuado. Entonces, observaron que algunos empleados de la taberna cargaban varios enormes sacos de grano y los transportaban fuera del lugar.
-¿A dónde irán con todos esos cereales?- se cuestionó Chopper, asomándose curioso.
-Es pienso para animales- le respondió una chica irisiana que se encontraba cenando en una mesa cercana- Lo esparcirán por toda la plaza principal para alimentar a las cabras de Iris.
-¿Las cabras de Iris?- dijeron los Mugiwaras al unísono, excepto Zoro y Sanji, que continuaban con su intensa riña.
-Son uno de los símbolos de este condado, y por tanto, son una especie protegida. Aunque viven en estado salvaje, son unas criaturas muy dóciles con los humanos y se les permite caminar con total libertad por las calles de la ciudad durante las fiestas locales; además, cumplen un papel importante dentro del Concurso de Parejas, de ahí que a partir de esta noche todos los establecimientos dejen comida para ellas en la plaza y así permanezcan por aquí durante los días que dure el evento.
-¿En qué sentido participan esas cabras en el concurso?- quiso saber Nami; ya que cuanto más informados estuviesen Luffy y ella sobre las pruebas, mejor podrían preparse para superarlas.
-No puedo decíroslo, eso sólo puede ser revelado por el presentador en cuanto dé comienzo la prueba.
Resignada, la pelirroja tomó otro sorbo de cerveza y se mentalizó la idea de ganar como fuera el primer premio, y así, además, le haría tragar sus palabras a cierto fanfarrón pelicobrizo.
El día siguiente prometía ser muy, pero que muy reñido.
Más tarde, la tripulación se retiró de vuelta al Thousand Sunny, dispuestos a dormir. Pero Nami, a la cual le tocaba aquella noche el turno de guardia, se apoyó en la baranda del barco para admirar la belleza de la ciudad de cristal. Luffy había decidido quedarse con ella, alegando que no tenía sueño y así sus nakamas del camarote de los hombres no lo correrían a patadas por el alboroto que seguramente provocaría.
-Luffy, mañana tienes que emplearte a fondo- le alegó su novia, volviéndose hacia él con aire autoritario- No pienso permitir que ese Patrick se lleve mis 90 000 berries.
-Entendido, Nami. Shishishishi.
La navegante exhaló aire sonoramente, esperando que su atolondrado capitán comprendiese la seriedad de la situación. Poco después, Nami recordó que tenía que revisar algunas coordenadas en las bitácoras de su último viaje, pero no encontró en sus bolsillos el cuaderno donde las había apuntado.
-Oh, vaya. Me olvidé en el camarote la libreta de bitácoras.
Y entonces, cuando se disponía a retirarse a la habitación que compartía con Robin para recuperar los apuntes, el elástico cuello de Luffy se enrolló alrededor de su vientre y sus hombros, de manera que éste quedó mirando a su novia frente a frente.
-¿Qué haces?- quiso saber ella mostrando una expresión contrariada.
-No puedes ir- le contestó con una mirada divertida.
-¿Qué dices? Claro que puedo, suéltame.
-Nami, escucha. Creo que no deberías entrar ahora.
-¿Y por qué no puedo ir a mi propio cuarto, idiota? Si estás intentando coquetear conmigo, hoy no puedo, tengo que revisar las bitácoras.
-No por es eso, es que Zoro entró hace poco en ese cuarto con Robin, y no creo que vaya salir por ahora. Shishishishi.
Se hizo un solemne silencio, al tiempo que Nami se tapaba la boca con una mano, sonrojada ante la situación tan bochornosa en la que podría haber involucrado a sus dos nakamas.
-Maldita sea, en qué lío me habría metido si hubiera entrado.
-Por eso te he avisado, shishishi.
La muchacha entendió que esa noche tendría que olvidarse de trabajar en sus anotaciones, y el riesgo de ataque de enemigos en aquella ciudad era nulo, así que su función de vigilante esta vez era prácticamente prescindible. La noche era preciosa: el oscuro cielo estaba cubierto de brillantes estrellas y el puerto bañado en los diverosos colores que reflejaban los cristales irisianos; el suave movimiento del agua y el murmullo de la brisa nocturna actuaban como melodía de fondo. Nami no pudo resistirse a una ocasión tan hermosa y perfecta.
-Supongo que tendré que darte las gracias por ello, capitán.
-¿Hm? No es neces...
Las palabras del chico de goma fueron interrumpidas por los labios de su cartógrafa, que cubrió su boca con una sensualidad digna de dejar sin aliento a cualquier ser humano, pero Luffy no era un humano corriente, y aquello sólo le dio deseos de seguir catando aquel sabor único del cual era el exclusivo beneficiario. En pocos segundos, sus lenguas se habían dado mutuo permiso para fundirse en un húmedo baile cargado de pasión y de ternura al mismo tiempo. Con el cuello aún enroscado en el cuerpo de ella, Luffy acercó el suyo hasta que la abrazó por la espalda.
Si alguna vez le hubieran explicado (correctamente, y no en la manera tan basta en que lo hizo Ace) sobre la abrumadora sensación que conllevaba el arte de besar, hacía mucho tiempo que le habría dado a Nami su primer beso; si tal solo hubiera comprendido que aquel remolino de emociones desconocidas que le atormentaban el estómago desde que había decidido luchar por ella y su libertad en Arlong Park, además de confiarle más de una vez su tesoro de paja, de seguro no habría esperado tanto para confesarle lo que sentía a su nakama pelirroja...
Pero ahora estaban allí, juntos, y no se arrepentían de nada, ni siquiera del tiempo que les había conllevado entender que aquello que habían sentido el uno por el otro durante aquellos dos años era amor. Lo importante era el ahora, el presente, y éste les sonreía como nunca, de modo que debían aprovechar cada segundo como si fuera el último (y así podía ser a causa de su condición como los piratas más buscados de todos los mares). No volvieron a la realidad hasta que se separaron para recuperar aire.
-¿Tu Kenbunshoku Haki detecta alguna amenaza, capitán?- Nami se pasó lentamente su gatuna lengua por los labios mientras decía ésto, descubriendo la evidencia de la creciente excitación que llenaba a su pareja.
El moreno negó con la cabeza en respuesta, se sentía incapaz de pronunciar una sola palabra a causa del fuego que le nacía en las entrañas y se manifestaba dolorosamente en su entrepierna.
-Bien- contestó la navegante, consciente de ésto.
La chica restregó sus caderas con movimientos sinuosos, lo que hizo que Luffy emitiese un ronco gruñido mientras la estrechaba todavía más contra su musculoso torso.
-Tengo hambre de ti, Nami- logró confesarle a su compañera entre ahogados jadeos.
La aludia se ruborizó sin darse cuenta, nunca dejaría de sorprenderla ver salir a la luz el lado seductor del muchacho de goma. Quién lo diría hacía tres años...
-Entonces estamos a mano, su majestad.
Antes de que Nami pudiera besarlo de nuevo, el joven monarca desesnroscó su cuello y tomó a su amante en brazos, para acto seguido llevarla hasta la cocina, donde ambos saciarían su apetito, y no gracias a la comida precisamente.
Un par de horas más tarde, los dos piratas enamorados descansaban sobre el sofá de la cocina, desnudos y agotados, pero sobre todo felices. Una Nami empapada en sudor reposaba sobre el pecho del capitán, acariciando su tersa piel ligeramente bronceada y cubierta de marcas de batalla. Entonces alcanzó la gran cicatriz en forma de X, el recuerdo físico de la pérdida de Ace y de la crueldad de Akainu, aquel maldito marine con el que Luffy se había enfrentado por segunda vez durante la Guerra Final. Nami lo recordaba perfectamente: ambos combatientes habían luchado con fiereza y sobre todo, con un odio mortal. Fue la primera vez que había despertado el poder de la Gomu Gomu no mi, y también la primera en la que el moreno, en el momento en que lo derrotó, había tenido que contenerse con toda su voluntad, para no acabar con el hombre que le había arrebatado a su hermano. Ella había corrido a abrazarlo con todas sus fuerzas, llorando desconsolodamente contra su clavícula sangrante, aliviada porque estuviera vivo.
Tranquilo, Luffy, le había susurrado entre sollozos, Ya ha pasado todo; lo has conseguido. Por favor, cálmate.
El muchacho, respirando con dificultad y casi sin fuerzas, le hizo caso y se dejó caer sobre ella, que lo sostuvo mientras Chopper y Trafalgar Law acudían a atender sus heridas. En los días siguientes, mientras se recuperaba, Nami había permanecido a su lado en todo momento; ni siquiera había querido moverse del lugar cuando el renito le comentó que ella también debía reposar (no se había librado de sufrir también golpes y heridas durante la batalla). Durante el tiempo que permaneció dormido, Luffy murmuraba los nombres de sus nakamas y amigos, además del de Ace (esta vez entre lágrimas); y finamente, susurró algo que ella jamás esperaría escuchar de sus labios...
-Te quiero, Nami- la voz relajada de su novio la devolvió al presente.
La cartógrafa miró fijamente los ojos negros de él, que expresaban un profundo amor y devoción; aquella mirada hacía que todas la barreras que ella había levantado a lo largo de vida, se derrumbasen como un castillo de naipes.
-Yo también te quiero, Luffy.
Después de besar con delicadeza la gran cicatriz rosada, Nami apoyó su cabeza en el hueco del hombro del capitán, dispuesta a rendirse a Morfeo.
-Oi, aún no es hora de dormir- alegó Luffy mientras le acariciaba las nalgas con fervor.
-¡Je! Olvidaba que eres un luchador incansable.
La Gata Ladrona irguió la cabeza y le devolvió la mirada lujuriosa al Rey pirata. Ambos ansiaban terminar aquella noche con un encuentro digno de recordar durante varias semanas, y así sería.
-Hagámoslo sobre la encimera- propuso (o más bien ordenó) la chica.
Sólo con escucharlo, el cuerpo de acero de Luffy se despertó al máximo y cargó a su pareja hasta la nueva superfice de juegos. Luego, le colocó el sombrero sobre la cabeza y la sujetó por las caderas, preparándose para adentrase en su interior.
-¿Sanji no se enojará si se entera?- dudó el moreno por un instante.
-Le diré que fue idea mía- sentenció Nami juguetona, guiñándole un ojo.
-Valep. Shishishishishishi.
La risa del muchacho fue acallada por un grito placentero de su compañera en cuanto entró en ella. Y así, tras un buen rato disfrutando de su unión, Nami consiguió recuperar la cordura por un breve instante para avisar a su capitán de cierto asunto.
-Espero que mañana... aaahh... -conseguía decir apenas, mientras él seguía, fogoso, embistiéndola-en el ... en el concurso... aaaaaahhhh... te esfuerces de la misma manera en que lo haces ahoraaaaaaaaa, ¡por Oda, Luffy!
-Mmmmmhhmmm... Haré lo que pueda, Namiiiiiii. ¡Aaaaah!
Y de esta manera, la pareja pirata más buscada de los océanos coronaba aquella hermosa noche con una sesión cargada de tal pasión que haría temblar el barco, sino fuera porque estaba reforzado a prueba del más poderoso monstruo marino; una fuerza que los amantes parecían querer desafiar.
