¡Nuevo capitulo! Tengo mucha inspiración, así que habrá que aprovecharla. Gracias a todos los que leyeron, dejaron review e incluyeron esta historia en sus favoritas/alertas. De verdad lo aprecio mucho, es el primer fic en español que recibe tan buena respuesta… jaja.
Espero que este capitulo aclare algunas de las dudas y les deje un panorama más claro.
Los juegos del hambre, sus personajes y todo lo relacionado es propiedad de Suzanne Collins.
Capitulo 2
El Panadero y sus hijos.
Katniss' POV
Mientras camino hacia la casa del Panadero, comienzo a tener serias dudas sobre la viabilidad de mi plan. Sé que el Panadero les ha comprado esclavas a sus hijos mayores, pero no estoy segura de si me aceptara a mí. Conocí a una de las chicas que compro, hace un par de años, cuando el número fue 18. Su nombre es Miriam y siempre fue una de las chicas mas asediadas del colegio. Aunque su familia es pobre, todos estaban seguros que se casaría con el hijo de algún mercader, porque era MUY guapa. Pero luego su número fue elegido y tuvo que venderse, para no arriesgar la vida.
A las otras no las conozco, pero sé que todas eran mayores de 18 cuando fueron compradas. Y todas son increíblemente bellas. No creo ser fea, pero no soy de las chicas a las que todos voltean a ver pasar. También puede que me rechace por la edad, pero si lo hace tendré que rogarle que me acepte. Porque no puedo arriesgar a Prim y porque cualquier otro… quien sabe que será de mi en manos de cualquier otro.
Y luego esta el detalle de su mujer. No estoy segura de poderla tolerar. Me pregunto si me tratara mal. Quizás solo me ignore. O tal vez…
Debería dejar de sobreanalizarlo. No me hará ningún bien.
Finalmente llego a la casa y llamo a la puerta. Segundos después el Panadero me abre y me recibe con una breve sonrisa. –Lo siento Katniss- me dice y yo me siento sorprendida ¿Cómo sabe que vine a…? –Ya le compre varias ardillas a Gale esta mañana, ¿no te lo comento?
Gale es algo así como mi mejor amigo, aunque no estoy segura de cómo nombrar la relación. Pero somos compañeros de caza y la mayor parte del tiempo nos repartimos el botín. Solo que esta mañana no lo vi, así que no me ha dicho nada sobre las ardillas. Aunque claro, no estoy aquí por eso. –No lo he visto en todo el día- le respondo y trato de sonreír- pero estoy aquí por otro motivo.
Él frunce el ceño, algo confundido y luego parece comprender. Su mirada se torna triste y la sonrisa desaparece. –Oh… ¿ha salido el doce?
Asiento. Todo mundo sabe que la única razón por la que aceptaría esta humillación es por proteger a Prim. Él suspira y abre la puerta. –Pasa- me invita- hablemos en mi estudio.
Entro y me sorprende lo bien que huela la casa. Huele a pan recién hecho y siento que se me abre el apetito. Pero de inmediato recuerdo porque estoy aquí y vuelvo a perder el hambre. El Panadero me conduce a una habitación pequeña, con un escritorio sencillo y me invita a sentarme en una silla, mientras él se acomoda al otro lado de la mesa.
-Katniss…- inicia y parece no saber como continuar. Se me queda mirando largamente, con pena en sus ojos y decido ser yo la que hable.
-Quiero…- empiezo, aunque yo tampoco se que decir. Trago saliva y me obligo a continuar- quiero ofrecer mis servicios.
Eso no suena tan mal. El Panadero continúa observándome y sacude la cabeza tristemente.- Katniss, sé que quieres proteger a tu hermana. Pero eres muy joven…
-Por favor- murmuro, agachando la cabeza- yo… esta es mi mejor opción. No quiero… no quiero acabar en el burdel.
Él suspira de nuevo. –Mis hijos mayores han llegado a su límite de esclavas- me explica. Yo lo miro confundida, no sabía que hubiera tal cosa- el Capitolio fijo un limite. Al parecer, cada año les era más difícil conseguir candidatas- vuelve a suspirar y yo contengo la respiración. Así que no podrá aceptarme. ¿Qué voy a hacer?- Sin embargo… queda mi hijo menor.
Lo miro y siento un leve sonrojo teñir mis mejillas. Peeta. Me ayudo una vez pero, ¿lo hará de nuevo?
-Peeta es muy joven- continua el Panadero- técnicamente, no sería correcto de mi parte comprarle una esclava y no creo que él acepte tal cosa pero… podrías hablar con él.
Asiento. Supongo que debo hacerlo. No quisiera, nunca he hablado con él en realidad y me siento apenada. Pero es mi única opción. Y si él no me acepta… entonces estaré en serios problemas. Y Prim estará en riesgo.
-Esta en la cocina. Ven, te llevare con él.
Me levanto y lo sigo, con la cabeza baja y meditando. No estoy segura de que hacer ni de que decir. Creo que improvisare sobre la marcha.
Llegamos a la cocina y el Panadero abre la puerta con cuidado. Escucho a alguien tararear una canción y me doy cuenta de que es Peeta. Él se encuentra de espaldas a nosotros, trabajando en algo sobre una mesa. Está totalmente concentrado y solo cuando su padre tose voltea a vernos.
Su primera reacción es sorpresa ante mi presencia. Luego mira a su padre y parece entender todo. –Se trata de Prim, ¿no es así?- me pregunta y yo asiento, incapaz de mirarlo a los ojos. Al igual que su padre, parece sentir pena por mí. –Katniss yo…
Me sorprende que sepa mi nombre. Sé que conoce a Prim, porque ella me ha contado que a veces platica con él saliendo del colegio. Nunca me ha contado como se conocieron, pero Peeta siempre es amable con ella y siempre le lleva galletas o panquecillos. Aunque primero me regalo los bollos a mi, así que quizás…
¿Quizás que?
-Los dejo- anuncia el Panadero y sale de la cocina. Debo averiguar su nombre, pues para mí siempre ha sido "el Panadero" pero pronto será el padre de mi nuevo amo y yo debería saber su nombre…
-Escucha- le digo, acercándome unos pasos hacia él- necesito proteger a Prim. Tu padre me dijo que sería difícil convencerte de aceptarme pero por favor…
-Podría prestarte el dinero- me dice- tengo unos ahorros algo cuantiosos y mi padre podría prestarme el dinero faltante para pagar la inmunidad de tu hermana…
Sacudo la cabeza. Aunque eso sería maravilloso, es imposible. Los prestamos entre ciudadanos del distrito están prohibidos y si alguien se enterara, me azotarían a mi, por aceptar el dinero y a él, por ofrecérmelo. Y las consecuencias para nuestras familias podrían ser desastrosas. Así que no, no puedo aceptarlo.
-Katniss, no puedo…- alega él, dándome la espalda y volviéndose a concentrar en lo que estaba haciendo.
Lo miro aterrada, sabiendo que no puedo perder esta oportunidad. De verdad no quiero acabar en el burdel. Así que paso saliva, reúno valor y avanzo hacia él. –Peeta- digo, tratando de hacer mi voz sonar seductora y llena de confianza. Él vuelve a mirarme y se que debo jugarme mi ultima carta. Es arriesgado y sé que pronto me estaré muriendo de vergüenza, pero debo hacerlo.
Así que sin detenerme a pensarlo, me quito la blusa. Él me observa sorprendido y un rubor comienza a cubrir sus mejillas y yo me apresuro a quitarme el pantalón, antes de perder el coraje. –Es todo lo que tengo para ofrecer- le digo y esta vez soy yo la que se sonroja, pero me obligo a mirarlo a los ojos.
Él parece estar luchando una batalla interna para no permitirle a sus ojos deambular por mi cuerpo. Esta completamente sonrojado, pero no parece capaz de moverse. Sus ojos siguen tratando de apartarse de los míos y recorrer mi cuerpo semidesnudo, pero él parece decidido a no dejarlos. No sé si sentirme halagada u ofendida.
Finalmente, después de lo que parece una eternidad, él se da la media vuelta y yo se que he perdido la batalla. Es horrible, porque la próxima vez que me desnude delante de un hombre, él no será tan considerado como Peeta. Aun así, me obligo a mostrarme tan serena como me es posible.
-Dile a mi padre que te he aceptado- me dice, cuando comienzo a vestirme- dile que… que te de el dinero. Después ve a tu casa y quédate ahí. Regresa mañana. Saluda a Prim de mi parte y dile que…- vuelve a mirarme brevemente y luego sacude la cabeza- No. Nada.
Quisiera preguntarle que pasa, porque parece muy triste y muy tenso, pero me recuerdo a mi misma que solo estoy aquí por una razón y salgo de la cocina. Paso al estudio del Panadero y lo encuentro hablando con su esposa en voz baja. Al notar mi presencia ella me lanza una mirada envenenada y sale de la habitación. Su marido solo sacude la cabeza.
-Me ha aceptado- le digo y siento que vuelvo a ruborizarme, al recordar como me he desnudado segundos antes para convencer a Peeta de comprarme. Comprarme. Eso suena terrible.
Él asiente, como si se lo esperara y luego abre un cajón de su escritorio. Cuenta varios billetes y monedas y me los entrega. Le agradezco y después me dispongo a cumplir las "ordenes" de mi nuevo amo.
Volver a casa. Pasar la noche con mi familia. Regresar al día siguiente.
Mañana empezara mi nueva vida. Pero hoy, tengo que despedirme de la vieja.
¡Y fin! ¿Qué tal, les gusto? Déjenme saber su opinión. Cualquier duda, por favor díganmela. Iré explicando más cosas conforme avance el fic, pero si algo no les parece muy claro, por favor pregúntenme y lo aclarare. ¡Prometo actualizar muy pronto! ¡Gracias por leer!
