Todos los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto
JUEGO DEL DESTINO
CAPITULO 2: LA NOVIA
. . .
. . .
Apenas el reloj dio las 8:00 de la mañana, un despertador se activó con violencia dentro de una de las habitaciones del área de alumnas de la Universidad de Konoha, rompiendo con el silencio de la mañana y molestando a todos a su alrededor. Sin embargo, a la joven que dormía plácidamente a su lado, no pareció importarle en lo absoluto. En esos momentos, lo único que deseaba era poder volver a los brazos de Morfeo, y poder olvidarse en ellos de todos los problemas que la agobiaban día a día…
Pero justo cuando estaba a punto de lograrlo, una almohada le cayó de lleno en la cara.
—¡Levántate puerca!
Ino gruñó molesta y se revolvió entre sus sábanas blancas antes de contestar.
—¡¿Quieres dejarme en paz!? ¡Frente!— le gritó a su amiga, devolviéndole la almohada en un fuerte golpe.
Luego de eso, la joven se dio la vuelta y volvió a hundir nuevamente el rostro en su propia almohada, dispuesta a volver a dormirse, cuando de pronto, una intensa luz le dio de lleno en el rostro. Su compañera de habitación acababa de abrir las cortinas al lado suyo.
—¡Maldita sea! ¡¿Qué parte del "déjame en paz" no entendiste?! —gritó nuevamente la joven de cabellos dorados, tapándose el rostro con una sábana.
Sakura colocó las manos sobre las caderas y se paró frente a su amiga antes de contestar.
—Me tiene sin cuidado lo que digas. Hoy tienes clase temprano al igual que yo, y no pienso permitir que llegues tarde... otra vez.
De pronto, la joven de cabellos rosados agarró con fuerza las sábanas con las que su amiga s estaba cubriendo el rostro, y las jaló de un fuerte golpe hacia abajo. Pero el movimiento resultó ser demasiado fuerte, y Sakura terminó arrastrado con la sábana a Ino, quien terminó cayendo en un estrepitoso golpe.
Furiosa, Ino comenzó a levantarse del suelo, mientras continuaba gritándole a su amiga
—¡Qué crees que haces! ¡Deberías medir esa fuerza bruta que tienes!—. Dijo, mientras se incorporaba y encaraba totalmente de pie a su amiga. Esta le dirigió una mirada de cuerpo entero antes de preguntar.
—¿¡Aún no te lo has quitado?!
Ino tardó un par de segundos en reaccionar. Para cuando lo hizo, observó hacia la parte inferior de su cuerpo, y pudo reconocer sobre ella la fina lencería blanca que había usado la noche anterior, esa que solo usaba cuando estaba… "trabajando".
—Olvidé quitármela anoche—.dijo, para luego comenzar a recoger las sábanas que habían caído al suelo junto con ella.
Su amiga sonrió de medio lado antes de hablar…
—Claro, estoy segura que tenías muchas otras cosas en qué pensar anoche. Y por cierto, ¿Qué fue exactamente lo que pasó con ese tipo?
La rubia apenas se detuvo un instante para contestar.
—Solo un tipo que se debió pasarse de tragos.
—¿Solo eso? A mí me pareció que fue algo más…
De pronto, Ino se levantó de golpe y dirigió una mirada fría a su amiga ante su insinuación, evidentemente molesta e incómoda.
—El tipo debe haber estado borracho. ¿Podemos hablar de eso mas tarde?
—Como digas…
Fingiendo hacerle caso a su amiga, Sakura se encogió de hombros y caminó hacia su lado de la habitación, para comenzar a preparar los cuadernos de las asignaturas que le tocaban ese día. Sin embargo, ella no estaba para nada dispuesta a dejar el tema para más tarde Por experiencia propia, ese "más tarde" en boca de Ino, solía convertirse en un rotundo "nunca jamás".
—Pero no me puedes negar que estaba guapo. Y por lo visto, estaba muy interesado en ti, ¿No es cierto?
No obtuvo respuesta.
Para cuando levantó la cabeza, la cama de su amiga ya se encontraba bien tendida, y no había rastro alguno de ella.
Poco después, se oyó el ruido de la ducha abriéndose.
. . .
Esa misma mañana, Sabaku No Gaara llegó más tarde de lo usual a las instalaciones del edificio central de operaciones del imperio Sabaku No, el mismo que algún día terminaría heredando. Como siempre, llevaba puesto un traje negro impecable de alta costura, camisa de diseñador, y el calzado italiano haciendo juego con su vestimenta. Todo un ejecutivo poderoso e imponente, a pesar de sus cortos 24 años.
Sin embargo, algo no hacía juego con ese aspecto. Se trataba de unos extraños lentes oscuros de sol que ocultaban sus hermosos ojos verdes aguamarina, y que desentonaban por completo con su aspecto, sobre todo considerando que ese día no había salido el sol, y que ya estaba dentro del edificio.
—Quien te viera pensaría que ahora eres uno de los "Hombres de negro".
El gesto de burla de su hermano mayor no pareció caerle en gracia.
—¿Tienes una mejor idea? — le dijo, quitándose los lentes para observar directamente a su hermano. El morado de su ojo pronto llamó la atención de éste.
—Está feo—. Le dijo—. Mejor póntelos de nuevo. Dudo que quieras usar maquillaje para disimularlo.
Gaara solo frunció el ceño molesto. Lo último que necesitaba, era otra de las ideas "geniales" de su hermano. A demás, en esos momentos no tenía tiempo de ponerse a jugar con cosméticos para disimular la hinchazón de su ojo.
—Oye, y… ¿Qué fue lo que pasó con la chica esa? ¿La rubia?
Gaara entrecerró los ojos antes de voltearse, y dirigirse a su escritorio. Lo último que quería, era hablar de esa chica.
—¿Has visto los documentos del caso Hiyoshi?
—No me cambies de tema.
—No los encuentro…
Kankuro resopló hondo. Su hermano podía ser uno de los abogados más admirables en el mundo del derecho penal, pero como persona, era una bonita estatua de piedra.
—Te estoy preguntando por la rubia que ayer quisiste secuestrar del local nudista al que fuimos—. Insistió el mayor. Al ver que su hermano continuaba sin hacerle caso, decidió provocarlo—. Aún tengo la panty, por si la quieres…
Gaara levantó la mirada y la clavó fijamente en su hermano mayor. Si Kankuro no hubiera estado lo suficientemente preocupado por su vida en ese momento, hubiera jurado que hasta se había sonrojado.
—No quiero hablar del tema.
Y no quería. Recordar a la rubia de la noche anterior solo hacía que su cabeza diera vueltas, que el ritmo cardiaco se le acelerara, y que sus manos sudaran frío. ¡Maldición! ¿Qué había hecho esa rubia para que él pudiera perder su cordura tan fácilmente?
—Pues yo sí—. Insistió el otro Sabaku—. Resultó muy interesante poder ver ese lado… "humano" que tienen ahí dentro—. Dijo, señalado hacia el pecho de su hermano menor—. Deberías dejarlo salir más seguido.
—Si, claro. — contestó con sarcasmo, mientras se quitaba los lentes y le señalaba nuevamente su ojo morado a su hermano mayor.
Este rió aún más divertido.
—Buen punto. Pero déjame decirte que…
De pronto, ambos se detuvieron al escuchar el sonido del reloj de pared ubicado fuera de la oficina, en el pasadizo, que parecía estar queriendo decirles algo. ¿Qué no estaban olvidándose de algo importante?
—Si más no me equivoco, tenemos reunión en…— el pelirrojo miró hacia su reloj de mano, solo para terminar maldiciendo—. Hace quince minutos.
En el acto, ambos cogieron la documentación que debían llevar de la oficina del pelirrojo, y luego corrieron a la sala de reuniones. Lo último que necesitaban, era que su padre los regañara por una estúpida tardanza. Ya luego tendrían oportunidad de hablar…
Y Kankuro sí que tenía pensado hablar. No iba a dejar pasar por alto lo que había ocurrido el día anterior, sin que su hermano le diera una buena explicación al respecto…
. . .
Mientras tanto, dentro de las instalaciones de la Universidad, dos jóvenes caminaban apresuradas en dirección a sus respectivas facultades, discutiendo...
—Pero...
—Ya te lo dije, solo estaba borracho, ¡Eso es todo! — contestó con molestia la rubia ante la insistencia de su amiga. Sin embargo, en el fondo sabía que eso no era cierto. Cuando ese pelirrojo la cargó, no detectó en él más que olor de una intensa y penetrante fragancia masculina, nada en comparación al vulgar olor de alcohol y mujeres de los demás sujetos del lugar.
—Pero el lío que armó fue bien feo—. Le dijo la de cabellos rosados—. Jirayra está molesto. Dice que los chicos hacen mucho escándalo cuando apareces.
—Que ni se queje—. Ino refutó con molestia—. Muchos de los clientes que compran su cerveza van al local solo para verme bailar.
—¡Hey! No te lleves todo el crédito tú sola—. Le recriminó su amiga—. Te recuerdo que yo también tengo mis admiradores.
Y sí, los tenía. Muchos de los chicos que iban a ese bar lo hacían solo por ver a su amiga en traje de vaquera bailando sobre la barra con increíble destreza y sensualidad, y mucho descaro. Pero también sabía que su acto de rubia encuerada se había convertido en la novedad del momento, y que gracias a ello había logrado mantener ese puesto de "trabajo" nocturno los últimos cuatro meses…
—Volviendo al tema del pelirrojo ese…— insistió su amiga—. ¿Estaba guapo? No lo pude ver bien la cara porque estaba en el vestuario esperando a que terminara tu acto. Por cierto, fue un desperdicio que no pudiera salir con el traje de diabla roja.
—Pues… para serte sincera, no lo pude ver bien—. Admitió con tristeza Ino—. Solo recuerdo sus cabellos rojos, y la forma brusca en que me cargó.
—¿Nada más? — preguntó Sakura.
Bueno, en definitiva Ino recordaba mucho más, pero no quería hablar de eso en ese momento. Recordaba perfectamente su mirada intensa y penetrante, apenas visible por las luces de los reflectores, y la sensación de ese cuerpo masculino apegado al suyo mientras la cargaba. Y esos bíceps…
—Solo que es un bruto. Me cargó como si yo fuera un costal de papas.
Sakura rió a carcajada limpia ante el comentario de su amiga, recordando como había terminado sobre el hombro de ese apuesto muchacho.
—A demás, solo para que lo tengas en cuenta… se va a casar.
Cierto. El chico había sido llevado a ese sitio con su hermano y sus amigos para celebrar su despedida de soltero, como muchos otros lo habían hecho en ocasiones anteriores. Y para eso mismo, ellas habían sido contratadas. Para animar el evento, calentar las mentes sucias de esos hombres llenos de hormonas, y luego hacer que consumieran el sueldo de cinco meses seguidos en whisky y cerveza. Nada más.
—Si, eso ya lo sé.
—A demás, se confundió de chica—. Ino avanzó un par de pasos más hasta estar delante de su amiga, y luego la miró con tristeza—. Debe haber pensado que soy una mujerzuela o algo así.
Sakura agachó la cabeza y suspiró. En el fondo, a ella también le dolía que la gente la confundieran con algo que no era, y que jamás iba a ser.
Ambas, tanto Ino como Sakura, llevaban ya buen tiempo trabajando como bailarinas de elite en el club nocturno del viejo Jirayra. Sakura había comenzado 7 meses atrás, debido a ciertos problemas en su familia que le obligaron a dejar de depender de sus padres para vivir; y dado a que el tiempo que le demandaban sus estudios de medicina no le permitían ni siquiera buscar un trabajo de medio tiempo, no pudo encontrar otra mejor solución. En el caso de Ino, la historia era distinta. Ella había estudiado sus dos primeros años de diseño y alta costura en una prestigiosa Universidad del extranjero, pero una desgracia en su familia hizo que perdiera todo lo que tenía, y la obligo a regresar a Japón, en donde cambió de carrera para estudiar Derecho. Por suerte, pudo contactar a su amiga apenas llegó a la ciudad, y ella le consiguió una vacante con su jefe.
Ambas se miraron de pronto con cierto aire de nostalgia en el rostro, cuando de pronto, el sonido de un timbre las hizo reaccionar.
Sakura buscó fuerzas para hablar.
—Mujerzuela o no, eso no nos libera de tener que ir a clases—. Dijo sonriente.
Ino correspondió a la sonrisa de su amiga. Ambas podían entenderse a la perfección, ya que habían pasado por muchas cosas juntas…
Luego de caminar unos cuantos metros más, ambas llegaron a una acera más grande que cruzaba justo frente a ambas.
—Listo, acá nos separamos—. Dijo Sakura—.No te olvides que hoy vamos a comer más tarde con Hinata.
La rubia asintió. Hinata era una de las pocas amigas de su… "antigua vida" que aún podía considerarse como tal. La única que no les había dado la espalda. La única que valía la pena. Y el día anterior, ella misma les había llamado apenas llegó de vacaciones a Japón, para almorzar juntas.
—Si, jamás me olvidaría de eso— contestó, intentando mostrar alegría. Luego, dio un par de pasos hacia el lado de la acera que correspondía al camino hacia la facultad de leyes, y alzó la mano en señal de despedida—. ¡Nos vemos!
Sakura levantó la mano y correspondió a su amiga al despedirse, para luego quedarse parada en ese sitio y verla partir, mientras un nudo se le formaba en la garganta. Su amiga realmente no merecía haber tenido que pasar por todo aquello…
. . .
Horas más tarde, y acabada la reunión, Gaara salió de la enorme sala de reuniones con un aspecto de cansancio total, seguido por un sonriente y bastante relajado Kankuro. A veces, envidiaba las sorprendentes habilidades escapistas de su hermano mayor, quien siempre lograba evitar que lo metan en todos y cada uno de los líos de la empresa. Otras veces, le parecían irritables al extremo.
Y este era uno de esos momentos.
—No puedes seguir haciendo eso, Kankuro.
—¡¿Qué?! — preguntó fingiendo inocencia su hermano mayor—. Yo no hice nada.
—Exactamente. No hiciste "nada".
El mayor se rascó la cabeza mientras reía en un intento por fingir inocencia. En realidad, odiaba tener que resolver todos y cada uno de los líos de la empresa. Lo suyo, era ir directo a la acción: los tribunales.
—Odio el trabajo corporativo. Necesito un caso, y pronto.
—Pues tendrás que vértelas con Temari.
—¡No puede ser! ¡Esa maldita perra no me va a querer dar nada!
—Es nuestra hermana.
—Lo sé, y la quiero más que a nada el mundo—. Sentenció firme el mayor—. Pero como jefa es un ogro verde con verrugas y aliento de sapo.
—Y por eso es jefe de tu área. En cambio tú…
—Sí si, lo sé—. El castaño se cruzó de brazos y prácticamente se recostó sobre el sillón antes de continuar—. Soy el hijo vago que avergüenza a la familia. Pero soy feliz con ello.
Sí, él era feliz. Y gracias a su felicidad, Gaara era el que tenía que cargarse con todo el negocio familiar a su corta edad. Su padre había renunciado hacía mucho a dejar a Kankuro como líder del negocio, temiendo que éste lo echara a perder todo en una noche de juerga. En el caso de Temari, ella estaba fuera de discusión. Si bien su trabajo era impecable y su fortaleza era superior a la de muchos hombres, su padre jamás dejaría el negocio de la familia en una mujer.
La última opción que le había quedado… era él. Gaara.
—Oye, y volviendo al tema de la rubia….
—Tengo hambre. Vayamos a comer.
Kankuro refunfuñó. Su hermano también tenía grandes habilidades a la hora de escaparse de los temas realmente "importares". Pero al menos, el almuerzo le daría la oportunidad perfecta para conversar…
—Conozco el lugar perfecto.
. . .
En ese mismo momento, en la tarde, unos gritos femeninos irrumpieron de pronto con la paz en las calles de la ciudad….
—¡Apúrate cerda!
—¡Deja de llamarme cerda, frentezota!
En la calle, y a escasos metros del restaurante de ramen de Ichiraku, Sakura e Ino se encontraban corriendo a una velocidad impresionante, mientras miraban su reloj y observaban a los alrededores, angustiadas. Habían quedado en encontrarse con Hinata a la 1 de la tarde, y ya se les había pasado media hora…
—¿Tenías que demorarte tanto, puerca?
—¿Qué no viste que tuve examen sorpresa?
Ambas jóvenes continuaron discutiendo por largos minutos, hasta que de pronto llegaron a su destino. Al dar la vuelta en la esquina, encontraron aparcado en el estacionamiento del local el enorme auto negro distintivo de los Hyuuga.
—Ya llegó.
—Claro que ya llegó. Ella nunca llega tarde.
Agitadas, ambas jóvenes se dirigieron hacia la puerta del local, y lo abrieron con fuerza. Por poco y le dan a un mesero que estaba cargando una bandeja llena de platos listos para ser consumidos.
—¡Ten cuidado, frente! ¡Tú siempre con tu fuerza bruta! Algún día vas a matar a alguien…
—¿A si? ¡Y qué me dices de tú y tus….
De pronto, ambas callaron al reconocer a la persona que tenían en frente. Sentada, con todo el recato posible, con su cabello largo azulado y esos ojos blancos característicos de su familia, se encontraba nada más ni nada menos que su antigua amiga de la infancia: Hinata Hyuuga.
La joven vestía tan formal e impecable como la recordaban, con una blusa de seda hasta el cuello con mangas cortas, y una falda formal que terminaba exactamente a la altura de la rodilla. Toda una señorita de sociedad. Sin embargo, la sonrisa en su rostro, era otra historia….
—¡Hinata-chan!
Ambas gritaron y corrieron hacia su amiga, a quien casi ahogan en abrazos. Hinata apenas pudo reaccionar ante el efusivo abrazo de sus amigas, sonrojada.
—Sí, yo…. — se esforzó por hablar la joven, mientras buscaba un poco de aire—. Yo también las… he extrañado.
—Hinata-chan, disculpa la tardanza—-. La primera en hablar fue Sakura—. Pero la cerda esta se demoró más de la cuenta.
—¿Cuántas veces te tengo que decir que dejes de llamarme cerda?
La joven sonrió ante la pequeña disputa entre sus dos amigas. Había extrañado con mucho verlas pelear de ese modo.
—No… no se preocupen—. Habló en voz baja, como siempre lo solía hacer—. La espera no… fue tan mala, y…
De pronto, una voz fuerte masculina interrumpió el momento.
—¡Aquí tiene su orden, señorita!
Ambas levantaron la mirada al reconocer la voz del varón.
—¿Naruto?
—¿Lo… conocen?
—Para nuestra desgracia, sí—. La Haruno se adelantó a contestar—. Venimos a comer aquí todas las tardes y él ha estado trabajando aquí desde hace….
—Dos meses—.contestó el rubio, sonriendo.
A Hinata, aquella sonrisa pareció que le iluminaba el día.
—Y lleva dos meses acosando a Sakura—. Comentó ácida la Yamanaka.
—Lo que me recuerda… — Naruto volvió a tomar la palabra y se volteó hacia la de cabellos rosados con expresión de inocencia total—. ¡¿Sakura-chan, tendrías una cita conmigo!?
La Haruno apretó los puños con fuerza antes de contestar.
—¡Olvídalo! ¡¿Cuántas veces te he dicho que la Universidad no me deja tiempo para nada?! ¡No tengo tiempo para citas!
Y eso era cierto. La Universidad apenas le dejaba tiempo suficiente para su "trabajo nocturno". A demás, lo último que necesitaba Sakura en esos momentos, era salir con alguien.
Hinata tragó saliva y fijó la mirada en su plato de ramen por unos instantes, sintiéndose triste. Por algún motivo, la demostración de afecto del rubio hacia su amiga le causó cierta angustia en el pecho. Hasta podría jurar que sintió una pizca de celos….
Que de por sí, estaban totalmente fuera de lugar.
—Y ahora vete a traernos dos tazones de ramen a Ino y a mí.
Haciendo puchero, el rubio se dio la vuelta y se dirigió a la cocina.
Una vez a solas, Ino volteó hacia Hinata y la observó con curiosidad.
—Y, Hinata-chan. ¿Podemos saber qué es lo que querías contarnos?
—Si, Hinata. Tu llamada nos cogió por sorpresa a ambas. ¿Qué nos querías decir?
La Hyuuga dio un respingo y se sonrojó al verse interrogada tan repentinamente por sus amigas, pero tampoco pudo culparlas. Ellamisma las había citado para almorzar con ella.
Sin otra opción, Hinata suspiró hondo antes de contestar a contestar.
—Yo…. Quería contarles que…— tuvo que tragar aire antes de continuar—. Es que yo…. me voy a casar.
. . .
En ese mismo momento, ambos hermanos Sabaku No se encontraban dentro del auto del mayor, corriendo a toda prisa. Llevaban ya 20 minutos en ese auto, y por la velocidad a la que conducía su hermano, Gaara estaba casi seguro que en cualquier momento terminarían saliendo del estado.
—Nos estamos alejado mucho de la empresa.
Kankuro ignoró el comentario de su hermano y pisó el acelerador. Su hermano lo fulminó con la mirada.
—¿Sabes? Me gustaría seguir vivo para esta tarde.
—Ya deja de quejarte, que cuando lleguemos, me lo agradecerás.
Gaara suspiró hondo ante el comentario de su hermano, mientras comenzaba a sospechar. ¿A qué se podría referir su hermano con eso de… "me lo agradecerás"? la última vez que le dijo alo parecido, terminó en cargándose a una rubia en un club nudista.
Volvió a observar a su hermano, y no pudo negar la sonrisa en su rostro. Y en ese mismo instante, comenzó a barajar las posibilidades de bajarse y tomar un taxi de regreso a la oficina. Lo malo, es que para eso debía convencer a Kankuro de detenerse.
—¿No tenías hambre? Vamos a ir a comer a un sitio en donde sí sirven comida de verdad.
Los ojos del pelirrojo se abrieron de para en par.
—No me digas que…
—Sí, vamos a ir a comer al puesto de ramen donde trabaja el baka ese de Naruto.
. . .
. .
.
Fin del capítulo 2
Comentario de la autora: ¿Qué tal, les gusta? Espero que sí. Este fic va a estar un tanto complicado, hasta medio novelesco, y para mi desgracia voy a tener que olvidarme de las escenas de acción que tanto me gustan, pero ya veré la forma de incluir algo en la trama. Ahora, volviendo al tema del fic… va a esta siempre envuelto en temas de derecho, aunque debo admitir que no sé nada del tema. Espero que mi experiencia con "La ley y el orden", "The good wife" y "Legally Blond" (de la cual sería interesante hacer un fic en el futuro) me sirvan de algo.
Sobre las actualizaciones, por ahora voy a ver si voy rápido, pero luego probablemente los estudios y el trabajo no me lo permitan. Igual, siempre intentaré darles gusto a todos.
Comenten y háganme saber sus sugerencias.
Pd. La posibilidad de que intente mi primer NaruHina está latente, pero sepan uds que esta pareja atenta contra mi otra pareja favorita: NejiHina.
