¡Hola mi gente! Pues bien, aquí les entrego el capítulo 2. Perdón por la espera pero ¡Ya está aquí! Y con mucho suspenso, drama y mucho coqueteo lésbico.
ACLARACIÓN: Ni frozen, ni sus personajes, ni ninguno de los personajes presentados a continuación me pertenecen, bla bla. Mucho lesbianismo, si no te gusta, no lo leas:/.
Podrían dejarle un review a esta humilde escritora para endulzar un poco su vida o no sé. Todo comentario es bienvenido.
Ya estoy trabajando en el capítulo 3 para no hacerlos esperar demasiado.
Sin nada más que agregar: Disfruten el capítulo 3.
Capítulo 2: ¿Qué puedo hacer por ti?
De repente apareció en un cuarto, sola. Era una habitación grande, amplia, cómoda. Pero tan fría, helada, silenciosa. Reconoció a primer ojo su cama de color azul con sus deliciosas sábanas de seda pura. Vibró de pies a cabeza al reparar que la habitación le pertenecía. Asustada como si fuera la primera vez que la veía deslizó sus extremidades por el suelo hacía su propia cama.
Vio a una mujer en su cama, una mujer de facciones tan delicadas, de una sonrisa tan dulce y un precioso cabello castaño recogido en un perfectamente peinado moño. Vio a su madre.
La mujer recostada en la fina cama, tenía sus cálidas manos apoyadas en la suavidad de las sábanas de seda. Acariciaba la cara de una pequeña niña de porcelana. Le sonreía a la mujer como sin ninguna preocupación, como si aquella mujer fuera a arreglarle la vida con una caricia. Sus pequeñas manos jugueteaban con las sábanas.
Se sintió como una maldita espectadora en un espectáculo que lucía su nombre.
La mujer Movía sus naturalmente rosados labios con una elegancia inhumana. No entendía lo que le decía. La pequeña rió. Necesitaba saber que decía. Su madre depositó un beso en su frente y se dispuso a levantarse. "Mamá". Se levantó. "Mamá". Camino sigilosamente hasta la puerta. Cada pasó era una tortura, "No te vayas mamá", entonces corrió a tropezones, "No te vayas de nuevo", pero parecía que el camino a su madre cada vez se hacía más largo, sus pies se hacían de hierro , "Mamá no me dejes". La mujer tranquilamente tomó el pomo de la puerta, dio una última mirada a su pequeña antes de girarlo lentamente. "¡MAMÁ!".
Y todo ennegreció.
La fuerte campana la devolvió a la realidad. No estaba en la comodidad de su cama recubierta por sábanas de seda, no estaba en su gran habitación llena de juguetes, no estaba con su madre.
Estaba en su reducido metro cuadrado, con su incómoda cama de metal, con el frío atravesando su tez pétrea. "Te encerraron ¿Qué esperabas?" Y se auto-dedicó una amarga sonrisa.
Elsa Winters había sobrevivido a su primer día en la Penitenciaria Juvenil De Máxima Seguridad. Y no había estado del todo mal. Y recalcamos el "No del todo".
Dejó caer sus delicadas manos níveas por sobre su rostro sin ninguna aparente delicadeza. Hizo un mohín para levantarse. Consiguió las fuerzas necesarias para hacerlo, se incorporó lentamente,se frotó los ojos con la palma de las manos. Entornó los ojos por sobre sus mangas anaranjadas, reparó la puerta de acero cerrada."Un muy ingenioso despertador colectivo" razonó Elsa y suspiró.
Un par de ronquidos le hicieron recordar que no estaba sola. Giró la vista y diviso a un reducido bulto anaranjado. Sonrió para sí, después de todo, nunca había dormido con alguien más tan cerca de ella.
Winters se acercó lentamente a la pecosa, se agacho sutilmente junto a ella.
-Anna…-Le susurró en el oído. Solamente recibió ronquidos aún más fuertes como respuesta.
Elsa, decida a despertarla, posó su mano en el hombro de su compañera de celda y presionó con un poco más de fuerza de la necesaria- Anna, despierta- Como acto de reflejo, la pecosa se despertó de golpe, tomando de las muñecas a la rubia y aprisionándola contra el colchón, con una cara tan fría y dura que no le daba honores a sus adorables pecas.
-Dios, Elsa, casi me matas- Anna relajo el gesto, le sonrió de lado - Bueno, casi te mato - Y rió sin ganas, podría decirse que casi melancólicamente.
Elsa le devolvió la sonrisa involuntariamente, se quedo mirando los ojos turquesa de Anna sin darse cuenta.
La pecosa fue la primera que reaccionó al ver como se encontraban en una comprometedora situación. Un sonrojo brutal cubrió totalmente su cara. Saltó hacía atrás chocando contra la pared.
-Elsa yo… lo siento...No...No quise…Bueno…No sé….-tartamudeaba. Miró con sus ojos turquesas embalsamados en la vergüenza hacía la rubia buscando su mirada.
-No pasa nada- rió nerviosa.
Anna rió por lo bajo, aún sonrojada. Ambas bajaron la vista al frío piso de su cubículo.
El ambiente mañanero se cargó con un aire caliente, tenso. Un silencio incómodo se formó entre ambas. Ninguna se atrevió a pronunciar ni media palabra, se dedicaron únicamente a contar las múltiples grietas del suelo.
Un segundo campanazo azotó las celdas, todas las puertas se abrieron de golpe (Incluidas las puertas dobles de ambos lados). No sintió las botas de ayer, ni la áspera voz de la corpulenta mujer. No había guardia negra hoy por lo apreciado.
Anna sacudió la cabeza alejando de ella el sonrojo, volvió en sí a su carisma de siempre – Vamos, es mejor llegar temprano, antes de que tengamos que hacer fila- soltó una leve risita.
Al ver la cara de confusión de Elsa, la pelirroja explico: -Hay que ir a las regaderas. "¿Qué?" pensó.
-¿Qué? – dijo con los ojos como platos.
-Que vamos a las regaderas. ¿Qué pensabas? ¿Qué nos bañábamos con saliva o algo por el estilo?- se mofó.
Al ver que la chica de ojos fríos no reaccionó. La cogió de la mano y abrió la boca para decir algo, pero Winters se apartó asustada, encogiendo su mano en su pecho.
La muchacha de piel esculpida en mármol sintió como su cara ardía en fuego.
Summers sacudió la cabeza de un lado a otro – Mejor vamos ya a las regaderas – y le guiñó un ojo.
Elsa, con sus ojos azules cual ventisca en pleno invierno, le dedicó una pequeña sonrisa melancólica a Anna. Ambas salieron por la puerta del lado derecho, por la escalera que baja a la cafetería.
Winters bajo despacio la amplia escalera. Antes de llegar a la cafetería, doblaron por un ancho pasillo. "Este lugar es más grande de lo que parecía" se dijo la rubia platinado. Iban seguidas por un pequeño grupo de uniformes naranjos que comentaban a sus espaldas.
Un escalofrío la recorrió la espalda de la rubia al sentir unos ojos clavados en sus omóplatos. No se giró para ver de quién se trataba, ni pensaba en hacerlo tampoco.
Al fondo había una puerta lo bastante ancha para que pase un elefante por ahí. Al cruzarla se encontró con un casillero anaranjado, cada casilla tenía un número de serie y un nombre.
-Es algo de ropa que nos regala nuestro queridísimo Weselton- le susurro con ironía Anna. La rubia la miro confusa- ropa interior y una toalla -explicó. A lo lejos escuchó un "Hijo de puta" y varias risas que lo acompañaron.
Entró también el puñado de uniformes anaranjados que las seguían. Pudo distinguir a Merida y a Rapunzel entre el puñado de chicas, las otras solo las había visto en la sesión de grupo del día anterior y tal vez en el almuerzo de ayer.
La chica de la mirada fría le sonrió a Anna. La pecosa la dirigió a uno de los casilleros- Entonces metes la ropa aquí y te vas a las duchas- Apunto con la mano el lado derecho de aquel cuarto, donde se veían varías llaves de agua por sobre el techo, había una pequeña separación para una especia de privacidad, una muy rara muestra de privacidad. El suelo de cerámica tenía más grietas de las que la rubia pudo contar nunca y podría jurar que vio sangre.
La visión de Elsa fue interrumpida por el puñado de chicas que se desvestían y aventaban su ropa a su respectivo casillero. Intentó imitarlas pero entonces sintió otra vez la mirada penetrante del día anterior, la mirada fría que le dejaba los bellos de la nuca erizados. Sentía como los ojos de la desconocida le penetraban su espalda nívea. No quería desvestirse, se sentía acosada.
-Elsa, se supone que te quitas la ropa para bañarte - Dijo Merida, con su tonificado torso al desnudo, escuchó la suave risa de Anna entre el murmullo. La rubia se ruborizo, no era una costumbre bañarse con tanta gente "Y menos una que tuviera los putos ojos en mi espalda". Haciendo un esfuerzo casi inhumano por ignorar la mirada fija de alguna de las reas y pasar la parte superior de su uniforme anaranjado por sobre sus hombros, pero lo hizo. Sacó sus pantalones lo más rápido que pudo antes que el arrepentimiento le helara el corazón.
Cubriéndose los pechos los pechos con su brazo izquierdo se giro sobre sus talones dando un par de pasos delicados intentando no pisar un jabón o algo por estilo dispuesta a entrar a las regaderas, todos los cubículos estaban ocupados.
-¡Hey!, A la cola rubia - Dijo una asiática de cabello negro completamente desnuda.
Antes de que el sonrojo se apoderara de sus pómulos una mano la jaló hacía uno de los cubículos. El cubículo de Anna.
-¡Está conmigo Mulan! - Dijo Summers con su particular simpatía. La asiática se limito a hacerle una mirada de arriba a abajo antes de rodar sus ojos por sobre sus parpados rasgados.
La muchacha de ojos azules detuvo su vista en el cuello de Anna, su largo y sensual cuello, adornado tan perfectamente sus infantiles pecas que se extendían a lo largo de su espalda (En menor cantidad, claro). Algo se formo en la parte baja de su abdomen cuando siguió descendiendo la mirada por sobre sus pechos redondos perfectamente sostenidos en su cuerpo. "Pechos". Apartó la mirada lo más rápido que pudo, no podía seguir mirándola así.
En ese momento Elsa reparó que Anna estaba mirándola con sus ojos turquesas cual barco en plena tormenta. Se mordió el labio al acaparar la mirada de Winters. "Va a matarme". la sangre se le subió a la cabeza en menos de lo que se demoró en darse cuenta que Anna se estaba moviendo. "Estoy jodida". Uno de las manos de Anna se acercaron por encima de la cintura de la rubia hasta chocar con una de las paredes que separaban las duchas. A la chica de los ojos azules se le erizó hasta el último de sus pelos a lo largo de toda su piel. "¿Qué está haciendo?" Cerró sus ojos azules cual cielo en plena ventisca, sus rodillas comenzaron a fallarle, sus corazón traicionero se aceleró, sus manos empezaron a sudarle y su garganta se secó "¿Qué carajo está haciendo?". Summers movió su mano por la espalda de la rubia y se apegó más a ella. Sintió el aliento de la pecosa en su cuello, oyó como los labios de Anna se abrían, no necesitaba tener los ojos abiertos para sentir que estaba relamiéndose los labios "Definitivamente, está matándome" fue cuando Anna retiro la mano de su espalda y se alejó todo lo que el cubículo le permitió y dejó verle a la rubia que tenía ya sus ojos abiertos una pequeña figura rectangular. Jabón. Anna solo buscaba el jabón.
Agitó un par de veces el jabón con una sonrisa traviesa en su rostro. Elsa se contagió y rió por lo bajo.
-¿Pueden ya bañarse? ¡Hay gente que quiere bañarse también! -Una muchacha de tez oscura les gritó reventando la burbuja personal que habían creado.
-En un momento- Anna giró una manilla incrustada en la pared, una lluvia de agua helada le corrió las espaldas a ambas. Anna rápidamente enjuagó su cabello y se enjabonó. Winters la imitó. En menos de 5 minutos ya se había bañado. "La ducha más rápida de mi vida". Rió para sí al recordar las duchas interminables con ella misma, donde podía demorarse lo que quisiera, donde sus productos capilares de importación lo dejaban mejor que cualquier peluquería. Avece nuestra rubia echaba de menos aquellos pequeños lujos. "He estado dos días, No puede ser para siempre... ¿O sí?". Una brisa helada la sacó de sus pensamientos, su compañera de celda la había arrastrado ya a los casilleros. Ya se había vestido. Y ella seguía desnuda.
Ya vestidas, las regaderas se desocuparon y la muchedumbre se dirigió a el patio, pasando por la cafetería. El clima era frío, el ambiente se notaba pesado, cargado. Anna, que tiritaba de frío, dirigió a la rubia hacía la última parte del gran sector recreativo pavimentado, reparó que estaba dividido por la mitad por una valla metálica, donde en el lado opuesto había también una gran cantidad de gente con los mismos uniformes anaranjados. A lo lejos, al otro lado del alambrado, se divisaba un cabello tan blanco como la mismísima nieve. Su compañera de celda con su natural carisma le llevó hacía allí.
-Se demoran un siglo entero, no me hago joven esperándote - Dijo un ahora visible muchacho alvino, de ojos azules. Notó la presencia de Winters y la recorrió con sus ojos invierno de pies a cabeza, hasta la última célula de su piel esculpida en mármol fue revisada por el chico alvino - ¿La nueva? - Y sonrió de lado dejando ver su brillante sonrisa- Jack Frost, para servirte guapa - Y le guiñó un ojo. La chica de los ojos azules cual ventisca en pleno invierno no pudo hacer más que sonrojarse.
Había un muchacho robusto a su lado, de complexión ancha, miró con sus obscuros ojos café a Elsa, recorrió únicamente su pálida cara - Kristoff - Dijo con voz ronca.
Abrió la boca para responderle ero la distrajo una puerta abrirse al otro lado del alambrado, arrastraban a un pequeño organismo anaranjado, lo llevaban arrastrando sus pies. Parecía muerto. Se alarmó al notar que lo traían directo hacía allí.
Al acercarse pudo notar la pequeña contextura de aquel extraño bulto. Parecía un niño. Entonces fue cuando los dos mastodontes uniformados arrojaron al pequeño a la grava esparcida por el suelo.
Kristoff, se apresuró a levantarlo por sus pequeños y débiles costados. Con algo de dificultad el infante tocó con sus pies el suelo y logró mantenerse en pie sujetando a el muchacho rubio por su fibroso brazo. Elsa vio las cadenas en sus manos, bajó la vista y vio las de sus pies, como las que traía ella misma el día que la trajeron. Lo tenían encadenado. Tenían encadenado a un niño, "¿Qué clase de imbécil encadena a un niño?".
-Hey Olaff, ¿Todo bien enano?- Le dijo el alvino mientras sacudía el polvo del traje naranjo.
-Lo habitual- Respondió con una media sonrisa, dejando ver sus grandes dientes. Al repasar un par de veces las facciones del muchachito notó lo demacrado que estaba. Su cara era delgada, pálida y larga, su nariz tal vez demasiado grande para una cara tan aniñada, sus labios partidos y sus ojos hundidos. Era una imagen lamentable.
El muchacho robusto miró a ambos lados antes de meter su mano por la parte superior de su traje anaranjado, sacó de ahí una rodaja de pan, una ínfima rodaja de pan. Con sus grandes y masculinas manos le tendió el pan a Olaff. Los ojos negros del pequeño brillaron y con algo de dificultad logró introducirla por su boca. Disfrutó cada bocado.
Escuchó el murmullo de la inconfundible voz de su compañera de celda, no le estaba prestando atención, no podía apartar la vista del pálido muchacho de ojos negros.
No pudo mirarlo por mucho tiempo, sonó una sirena. Por ambos lados del alambrado comenzaron a ingresar guardias quienes movieron a la masa de reos hacía su respectivo sector. Su mente se alejó de los pensamientos referentes al muchacho escuálido de antes, y se centró en el escalofrío que le recorrió la columna. La misma mirada de antes. La misma puta mirada de antes. "¿Acaso esto podría ser peor?".
-¿Elsa, me estás escuchando?- Dijo Summers tomándola suavemente por el codo.
-Eh, sí - Y le sonrió de medio lado - No pasa nada - Anna le devolvió la sonrisa acompañada con su natural y sencilla risa.
Y siguieron el camino así, Summers hablando y la rubia asintiendo y mirando de reojo por su espalda para localizar la penetrante mirada. La puta mirada que tenía clavada en la nuca.
Pasaron por la cafetería en dirección a las celdas. Subieron sin ninguna prisa. Más de una vez la pecosa intentó tomar de la mano a la muchacha de ojos azules cual ventisca en pleno invierno, quien la rechazaba con su natural elegancia.
Al llegar a la gruesa puerta de acero se introdujeron en calma a su respectivo colchón.
-Anna, ¿No toman desayuno?- Su compañera la miró con diversión.
-Sí, pero no ahora- Aclaró como si fuera la cosa más obvia del mundo - Después almorzamos y tenemos la tarde libre - Y le agregó su infantil sonrisa de medio lado.
-¿Libre de hacer lo que queramos?
La pelirroja se acercó al cuerpo níveo de la rubia con un coqueteo impregnado en su frente - Lo que queramos...- Le ronroneo cerca de la cara. Asustada, Elsa empujó a la pecosa con un poco más de fuerza que le hubiera gustado. Tener tan cerca a Anna era un problema en curso. Un problema gigante. La chica de ojos turquesa le sonrió dolida y sin decir ni media palabra se recostó en su lado de la celda, con vista a la fría pared de concreto.
La rubia, por otro lado, la rubia se sentó en el colchón apoyada en la pared. Miró detenidamente a Anna, quien se revolvió incómoda entre sus propios brazos.
Se sentía extraño mirarla. Se sentía raro estar cerca de ella. Se sentía inusual su aroma. Pero le gustaba, le encantaba, le fascinaba la delicada rea cubierta de pecas. Y no tenía ni la menor idea de porqué (Ni le interesaba saberlo tampoco).
Caminaba por los pasillos de su instituto, la misma gente de mierda, los mismos pasillos de mierda, el mismo pasillo de mierda, los mismos casilleros de mierda. Era consciente de que era una de las personas más populares. "Tu padre es uno de los mejores empresarios del país ¿Cómo no serlo?". E cierto modo le atraía la fama, pero de cualquier forma le desagrada esas miradas juzgadoras que todo el mundo le lanzaba.
Se le acercó una delicada figura del cabello como mismísimo cobre derretido, al irse acercando pudo notar las pecas que cubrían probablemente el 87% por ciento del cuerpo, los ojos tan fieros y salvajes que le hacían semejanza a un mar en plena tormenta, sus largas y tonificadas piernas, sus pechos bien posicionados en su tronco. Definitivamente la reconocería en cualquier lado. Anna estaba en su instituto. "¿Qué carajo está haciendo aquí?". Veía que movía sus labios, hablaba mientras sonreía dejando ver sus blancos dientes perfectamente ordenados.
Se detuvo frente a ella, tomó su rostro con ambas manos mientras el cúmulo de espectadores al rededor murmuraban pequeños secretos entre ellos. Se estaba acercando a sus labios, sus carnosos labios naturalmente rojos como las rosas en el principio de la primavera se acercaban a los suyos.
-Elsa...
Y entonces se percató que todo era un sueño. Y el escenario en su contorno empezó a romperse, romperse en millones de pedazos. El mundo se le estaba viniendo abajo.
Anna con preocupación comenzó a alegarse, más que alegarse, daba marcha atrás. Sus pies por si solos comenzaron a hundirse en el vacío que se encontraban. Anna estaba alejándose, al levantar la vista reparó que no se encontraba ahí con ella. Estaba sola, completamente sola, en todo el sentido literal de la palabra.
Unos brazo la levantaron y apareció otro escenario. Era una calle, una sola carretera con un par de faroles que se divisaban a lo lejos. Sus piernas comenzaron a andar por si solas, dirigidas específicamente a el centro. Sintió una suave presión en su mano izquierda, y entonces la vio: Anna caminaba con ella cogida de su mano.
-Elsa...- le susurró con una voz aterciopelada que le erizó hasta el último cabello a lo largo de su cuerpo. La pelirroja tomó nuevamente su rostro a punto de besarlo y con el mismo tono aterciopelado de antes le dijo a la altura de sus labios: -Te quiero...
Y el escenario volvió a quebrajarse.
Pero esta vez no reapareció.
Abrió los ojos alternada. Lo primero que divisó fue el bulto naranjo que descansaba al frente. Algo le tranquilizó verla. No sabía porqué pero lo hizo.
Estaba dispuesta a levantarse cuando la estruendosa sirena sonó rebotando en cada una de los compartimientos. Summers, sobresaltada giró sobre sí misma, estrellándose contra el piso. Seguida de una enorme carcajada de parte de la rubia.
-No es gracioso, pude haber muerto - dijo señalando con su pulgar su pecosa espalda - Imagínate quedo inválida - Y entonces agarró sus piernas con una cara de muerte impregnada en su cara - ¡No siento mis piernas! ¡No las siento! - Y la pecosa se lanzó a reír con su propio chiste, al cual Elsa se le sumó.
-Ven, levántate - Y le tendió una mano, quien Summers gustosa la aceptó.
Ya de pie, se sacudió el polvo que se le había pegado en el uniforme. Se aclaró la garganta y agregó: -Ahora viene tu maldito desayuno - Y estallaron en carcajadas una vez más.
En silencio la pelirroja comenzó a deslizarse por la puerta, le hizo un gesto con la cabeza para que la siguiera. Juntas bajaron el tramo de la escalera a la cafetería, pero algo le perturbo a la muchacha pálida. Algo le decía que no tenía que estar ahí.
-Anna... Yo... Después te alcanzo - Y sin decir ni media palabra se giró en dirección a las regaderas. "'¿Qué estoy haciendo?". Pareciera que sus pies se negaran a seguir las ordenes de su cabeza, la guiaban por el corredor como si tuvieran un mapa del recinto y hubieran estado ahí toda su vida. Giraron por el corredor y se encontró con el clásico fondo blanco, y al final una preciosa puerta hecha con madera de roble. Aceleró el pasó en dirección a la puerta. Apenas u mano rozó la perilla de cobre una descarga eléctrica le recorrió la columna. Respiró hondo y se dignó a entrar.
El aire era algo seco dentro del recinto, sus techos eran altos y sobre todo lo que más le fascinó a la muchacha de piel pétrea fueron lo largo e interminables estantes repletos de libros. Se dirigió apresurada al estante que le quedaba más cercano.
Con la punta de sus delgados y finos dedos tocó la contextura de uno de los textos. Fue la sensación más maravillosa que pudo nunca conocer. Con ternura fue repasando la contextura de cada uno de los libros. Inhalando el olor a hojas y a silencio eterno en el que se encontraba.
Pero no todo es perfecto.
Al menos no en la P.J.D.M.S nada lo podía ser.
Algo le perturbo a su alma. Algo inquietante e incómodo. Algo extraño que le molestaba.
Y entonces lo sintió. Sintió la misma mirada de mierda. La misma mirada penetrante de mierda. Pero eta vez era distinta, era dominante. Como si quisiera aplastarla posando su vista en la nuca de la muchacha de ojo azules cual ventisca en pleno invierno.
En ese momento reparó la situación en la que se encontraba: Estaba a solas con su depredador. Absolutamente sola. Y el miedo la invadió.
Escuchó pasos, delicados pasos como si la persona a sus espaldas estuviera caminando de puntillas para despistarla. Sin apartar la mirada de Elsa en ningún momento.
Dejó el miedo de lado, inhaló profundo y decidida a encarar a su acosador, se giró sobre sus talones.
Y no estaba preparada para lo que vio.
No estaba para nada preparada para lo que vio.
"O por Dios..."
Para los que ya leían esta historia, podrían no sorprenderse por nuestro acosador. PERO DE CUALQUIER FORMA AHORA HAY MUCHO MÁS TRAMA.
Espero que lo hayan disfrutado.
Besitos y esperen el capítulo 3.
