Capítulo 02: Cara A Cara Con El Pasado.
"No podía ser verdad. Ese no podía ser él. Yo mismo me encargué de destruirlo, matarlo y dejarlo irreconocible para los demás. Pero, al mismo tiempo, no podía negar que tan solo con verlo mi alma se estremecía de miedo. Alguien que jamás creí volver a ver en mi vida, volvía y no sabía las consecuencias que traería… y que tan malas serian".
Mis párpados se abrieron lentamente. A pesar de tratar de reconocer en donde estaba, no podía debido a que todo lo veía borroso. No sabía el porqué, pero algo en el ambiente me hacía sentir miedo y dolor. "Era como… si supiera donde estaba".
Cuando mi visión se mejoró, sentí como mi cuerpo tembló al instante al reconocer donde estaba (aunque al comienzo lo negara). Antes de seguir observando el lugar, me detallé y observé que yacía colgada por unas cadenas puestas en mis muñecas y tobillos. Reconocí que los grilletes de estas eran modernos, ya que tenía un sistema incorporado de voz para ser desbloqueadas. Por más que tratara de soltarme, era imposible si no tenía los utensilios necesarios… "y como tenerlos si mi cuerpo yacía en ropa interior".
Sin más que hacer con los grilletes, decidí ver todo lo demás y rezar (aunque no lo hacía) de que el lugar que veía solamente fuera mi imaginación. Noté al fondo de este cuarto amplio algo que, si mi mente no me fallaba, era un cuerpo de una persona oculto bajo una sábana con lo que parecía ser manchas de sangre. Cerca de mi posición, al lado de una ventada de mi lado derecho, se encontraba una mesa pequeña con unos papeles encima. Sin aviso, escuché como la puerta de este cuarto se abría, y de mi lado izquierdo, veía como la puerta se abría y "él" aparecía.
- Ohh, ya despertó la porquería. – Dijo con burla, mientras esbozaba una sonrisa que solo me producía asco; pero, al mismo tiempo, sentí como mi temor se disipaba un poco.
- Tú no eres Strauss. – pronuncié estas palabras entre los dientes, notando como su sonrisa desaparecía ante mis palabras. Con lentitud, se acercó a mí y, con un rápido movimiento, me dio un puñetazo en mi barriga. A pesar del dolor, mi mirada se mantenía fija en él.
- No soy nuestro padre, hermanita. – Comentó volviendo a mostrar su sonrisa, dejándome pasmada. Vi cómo se alegró de mi estado. – Déjame presentarme: Soy Stanislov. Tu glorioso hermano. – Se presentó, pero solo causaba que me dieran ganas de atacarlo y cerrarle la boca a puños.
- Yo no tengo hermanos. – Le refuté, sin dejar de verlo con rabia. Él soltó unas carcajadas, mientras caminaba de un lado para otro.
- Que trates de negar de dónde vienes solo causa que te hagas daño a ti misma. – Explicaba usando psicología barata y absurda.
- Antes de perder la conciencia por tu patada, tenía miedo; Ahora, te tengo lástima. ¿Qué tratas de probar? – Le pregunté, a lo que quedó serio. – ¿Es que acaso el bebé extraña a papá y se la pasa llorando por él? – Dije en voz infantil, burlándome para ganar tiempo y ver cómo salía de este apuro.
- Es verdad. Yo extraño a papá. – Al decir esto, sus palabras sonaban tristes. – Hacíamos muchas cosas juntos él y yo. Nos drogábamos cuando yo tenía trece años, y lo mejor era que compartíamos las chicas que conseguíamos; a veces al mismo tiempo. – Comenzó a contarme Stanislov sus recuerdos, los cuales solo me daban asco porque lo bello para él, era malo para otros (es decir, la gente buena). En un momento, me miró con rabia. – Pero entonces, llegó tu puta madre. – Al decir esto, le presté más atención a sus palabras.
- ¿Qué quieres decir? – Pregunté, mirándolo fijamente.
- Cuando llegué aquí, papá dijo que había obtenido una nueva adquisición. Me dijo que tenía a una Pegaso. Estaba feliz de eso. Fui corriendo a su habitación y, sin mediar palabras con la chica, me abalancé sobre ella y la lamí en varias partes deliciosas (ya que estaba desnuda). Sin aviso, vino nuestro padre y, cogiéndome del cuello, me alejó de ella. Gritó: "¡Ella es solo mía!" – Al terminar esta frase, su respiración se agitó y apretaba los puños con ira. – Sabes que es lo mejor, tu madre le decía cosas como: "Gracias Strauss. Tú sabes que al único hombre que quiero dentro de mí eres tú" Luego de eso, usaba su linda boquita para mostrarle lo feliz que estaba… y no lo besaba a él en sus labios exactamente. – Al decir estas palabras se rió, lo cual hizo que apretara mis puños con enojo.
- Todas esas palabras dichas por mi madre solo fueron mentiras para que bajara la guardia. – Le dije con satisfacción, pero noté que no dejaba de sonreír.
- Lo sé. Nuestro padre me llamó y me dijo que podía disfrutar de ella todo lo que quisiera. Que luego del incidente que ocasionó, quería castigarla hasta que su mente y cuerpo no pudiera más. – Se rió. – Aunque en el video que hizo papá, detallando los días que estuvo con ella, yo no aparezca… te puedo asegurar que incluso todos en la bodega disfrutamos de tu linda mami. – En eso, vi como sacó dos fotografías. La primera que me mostró me dejó petrificada. Mi madre yacía, desnuda, en medio de un círculo de hombres, igualmente desnudos, quienes la manoseaban con morbo a pesar de sus lágrimas. – Y lo mejor fue que papá y yo volvíamos a hacer las cosas juntos. – En eso, cambió la foto, mostrándome como Strauss, quien estaba sentado en una silla, violaba a mi madre de frente y la besaba en sus labios agarrándola de su cuello, mientras Stanislov la violaba por detrás, sujetándole los pechos con fuerza. Al ver esto, y su maldita risa, me moví bruscamente tratando de golpearlo con mis puños o darle patadas, a pesar de saber que me era imposible por las cadenas que me lo impedían. Él, al ver mis acciones, solo comenzó a reírse con más fuerza.
- ¡Deja de reírte! – Le objeté, gritado con rabia. Él se detuvo, pero su sonrisa se mantenía.
- Me gusta cómo te enojas; Y adoraré cuando tu alma se quiebre. – Dijo de una manera maliciosa, como si llevara tiempo esperando por esto. Vi como lentamente comenzó a caminar, alejándose de mí y acercándose al cuerpo bajo la sábana. Ya a su lado, quitó la sábana, mostrándome quien era. – Es tan hermosa, ¿no crees? – Comentó, mientras se agachaba y acariciaba el cuerpo de Topaz el cual, al igual que el mío, solamente era cubierto por su ropa interior. Desde mi posición, noté muchos moretones en todas partes.
- ¡¿Qué le hiciste?! – Le pregunté con enojo, a lo que me miró fijamente.
- Digamos que se despertó antes de tiempo y tuvimos que encargarnos de ella para que supiera quién mandaba. – Me respondía con serenidad, mientras paso a paso se acercaba a mí. – Antes de volverla a drogar pedía que no te hiciéramos daño. Ohh, que lindo ese amor fraternal. – Decía con sarcasmo, mientras envolvía la sábana como una almohada y se la ponía debajo de la cabeza de Topaz. – Ahora nos veras todo. – Le dijo, quedando su cabeza levantada un poco. A pesar de que Topaz tuviera los párpados abiertos, sus ojos no tenían emoción alguna. – Creo que me pasé con la dosis. – Se dijo a si mismo Stanislov, quien alzaba los hombros en señal de indiferencia.
- ¿Cómo sabias lo de las armas? ¿Cómo sabías donde estaríamos? – Le pregunté, tratando de descubrir más y, a la vez, se alejara de Topaz.
- Oh, eso es fácil de responder. Puedes entrar. – Dijo él.
- Hola, pequeña ladrona y asesina. Es bueno verte de nuevo– Comentó el Capitán Max, quien fue el que comando el escuadrón que me atrapó a los días de haber matado a Strauss.
- ¿Por qué? – Fue lo único que dije al verlo. Él se me quedó viendo por unos segundos, captando rápidamente mí pregunta.
- Es fácil. Me avergonzaron. – Dijo con enfado, acercándose lentamente a Topaz. – Cuando volví de Central City hace años, luego de llevarte a ti a tu juicio, aquí solo recibí burlas de mis compañeros, de los agentes y soldados bajo mi mando. "No me respetaban". – Al llegar donde Topaz, le escupió en la cara, haciendo que mi pelaje se erizara de la rabia. Desde allí, giró y me vio fijamente. – ¿Quién crees que les dio los datos de las propiedades vacías de Robotnik? Fui yo. ¿Quién crees que le dio datos confidenciales de tu llegada al estado de San Andreas? Fui yo…– Con cada pregunta y respuesta dadas por sí mismo, él comenzó a acercarse a mí. – ¿Quién crees que planeó todo tu encuentro familiar? – Preguntó, llenándome de rabia.
- Eres una vergüenza. No te mereces pertenecer a G.U.N. – Le exprese fríamente.
- No soy la única escoria de G.U.N que gana vendiéndole a los malos. – Refutó con malicia.
- ¿Quieres llevártela a alguna de tus propiedades? – Le preguntó Stanislov al capitán Max.
- Tengo amantes más jóvenes que ella. Córtala y véndela por piezas. A la gente le gusta eso. – Le sugirió a Stanislov con morbo, a lo que este le sonrió. – Bueno, me tengo que ir. Espero tener el dinero en mi cuenta bancaria… por qué no querrás tenerme como enemigo. – Le dijo como si fuera una amenaza, a lo que este solo le asintió con la cabeza. Él caminó a la puerta y, antes de retirarse, me miró, se rió en mi cara y se salió de la habitación.
- Me dan ganas de matarlo. – Comentó para sí mismo. – ¿En dónde estaba?... ah, sí. En esto. – Dijo, sacando una navaja de sus pantalones. Con lentitud, pasaba su navaja por la piel de ella.
- ¡No la toques! – Le objeté en gritos, pero él no me prestaba atención.
- Tal vez sigua el consejo de Max. Muchos hombres tienen fantasías con chicas sin brazos y piernas, y pagarían muy bien por eso. – En eso, de un corte, le desgarró su brasier (sostén) y con sus manos empezó a manosearle sus senos.
- ¡Te he dicho que no la toques! – Le grité con más fuerza, agitándome entre las cadenas.
- ¿Y por qué me detendría ahora? – Me preguntó con sarcasmo. – ¿Veamos qué tan delicioso sabes? – Dijo, mientras le arrancaba el pantis y, con perversidad, comenzaba a lamerla en su intimidad. – Delicioso. – Expuso, mientras seguía aprovechándose de ella.
- ¡Tú y Strauss solo son pedazos de mierda! ¡Creen que todo les pertenece, y que pueden hacer lo que quieran!... ¡Pero no es así! – Le expresaba yo con todo mi odio, a lo que se detuvo en lo que se hacía. De improvisto, el guarda espalda de Stanislov se acercó a mí y me dio un puñetazo en la barriga.
- Strauss fue el mejor jefe que se conoció. Pero tú tuviste que arruinarlo, porquería. Deberíamos destrozarte por… – Mientras decía este empleado descontento al miraba con ganas de matarme, noté como Stanislov se acercaba. Vi como sacó de los bolsillos de sus pantalones una pistola y, antes de que se diera cuenta el canino, puso la boca del arma en la cabeza y le disparó.
- Nadie… le hace… daño a… mi familia…– Le decía al cadáver entre jadeos, mientras lo sacaba a rastras de la habitación, dejando detrás de sí un rastro de sangre en el piso. –… excepto yo. – Me dijo a unos centímetros de mi rostro, asustándome (pero sin expresarlo en mi rostro) por su maquiavélica sonrisa. – Bueno, volveré a degustar de la exquisitez de tu amiga. – Me informaba, mientras volvía a caminar hacia Topaz.
- Si fueras un hombre de verdad, te enfrentarías a mí cara a cara; En vez de ser un cobarde y mantenerme atada. – Le dije, captando su atención y borrando la sonrisa de su rostro. – Puedes destruirme así, lastimando a las personas cerca de mí, pero tu conciencia siempre te dirá que fuiste un cobarde llorando por papá. – Terminé de decirle, esbozándole una sonrisa de satisfacción.
- "Desactivar: código 349" – Pronunció entre los dientes, a lo que hizo que los grilletes que me sujetaban se abrieran y me liberaran. – Muéstrame lo que tienes, porquería. – Dijo, mientras se acercaba hacia mí a paso ligero. Sin perder tiempo, tomé impulso y le lancé una patada frontal. Para mi sorpresa, él la evitó sin problemas, a lo que aprovechó para contraatacar, dándome un golpe en mi pierna y tirándome al suelo. – Oh, mi querida hermanita, ¿crees que no me preparé para este día? – Comentó, poniéndose en posición de pelea. Lo miré con rabia y, reponiéndome, también me puse en posición de pelea.
- No voy a dejarte salir con la tuya. – Le dije, comenzándole a lanzar diferentes movimientos de combate; pero él los evitaba con suma facilidad. "No sabía cómo pero parecía que intuyera mis ataques".
- Tus entrenamientos son buenos, pero, en manos de cualquiera, no sirven. – Comentó, al mismo tiempo que me agarraba y me lanzaba contra la pared. – Realmente el capitán Max te odiaba. Cuando lo contacté, me dio todo sobre ti con gusto… y una buena suma de dinero. – comentó, mientras yacía en el piso y, agarrándome del pelaje de mi cabeza, chocó mi cabeza contra el piso. Sentí como retrocedía poco a poco, permitiéndome pararme.
- Sabes cómo me muevo, pero eso no es razón suficiente para que me des una paliza. Aun sigo drogada, ¿verdad? – Le expuse, a lo que soltó unas carcajadas.
- Y si es así, ¿Qué piensas hacer? – Me preguntó mostrándome su endemoniada sonrisa.
- Destruirte. – Le contesté, mientras volvía a atacarlo, lanzándole patadas una y otra, y otra y otra vez; pero nada. Además de las drogas dentro de mi cuerpo, más sus conocimientos sobre mí, me dolía negar que también era muy habilidoso con diferentes técnicas de combates. En un rápido movimiento, me abrazó y me comenzó a estrujar fuertemente.
- ¿Sabes que haré primero luego de que te venza? Primero: la violaré a ella frente a tus ojos; segundo: Te violaré a ti frente a ella; y finalmente, las mandaré al peor rincón del mundo y las volveré unos sacos de carne sin vida, con lo que los hombres se divertirán día a día hasta su muerte. – me decía. Rápidamente, giró y me lanzó hasta el fondo, donde choqué contra la pared y quedé al lado de Topaz. – En el lugar donde las mande me pregunto como morirán, ¿por las drogas que se les inyecta para hacerlas dóciles? O ¿Por las enfermedades que les meterán? – se preguntaba a sí mismo, mientras se reía de manera lunática. Sentí la rabia recorrer mis venas. A pesar de que quería destruirlo, no había podido encontrar como. Todos mis intentos terminaban en fracaso. Miré a mi lado y, al ver a Topaz en un estado casi como de una persona que estuviera en coma, me di cuenta de lo que tenía que hacer.
- Tú ganas. – Le informaba, mientras me recomponía.
- Buen chiste. No me hace gracia. – Me comentó, manteniendo una posición de alerta.
- No es un chiste. Tú ganas, ya que no hay nada que pueda hacer. – Le decía, mientras me agachaba a coger parte del brasier (sostén) desgarrado de Topaz y, con este mismo, le limpiaba el escupitajo que le había tirado el capitán Max en su rostro. – Solo te pido que la dejes libre. Es lo único que te pido. Hazme lo que quieras, pero déjala a ella fuera de esto. Esto es entre tú y yo, nadie más. – Le dije, viéndolo fijamente a los ojos.
- No te creo. – Comentó, desconfiando de mis palabras.
- Me ganaste. Me estoy entregando a ti voluntariamente. Ya no puedo seguir más. – Le expresé.
- Demuéstrame que lo que dices es cierto. – me pidió, a lo que solo hubo una cosa que se me vino a la mente.
- De acuerdo. – Le respondí, mientras me quité mis prendas íntimas, quedando completamente desnuda. Vi como los ojos de Stanislov se abrieron como platos. – ¿Es suficiente prueba para ti? – Le pregunté, a lo que él retrocedió hasta la puerta de la habitación, acercándose al cadáver de su guarda espalda. De allí, sacó un celular y comenzó a marcar.
- Aló, Grey. Para informarte que quiero que olvides a las dos chicas que te iba a entregar como mercancía. – Decía, a lo que sentí que una parte de mí se calmaba. Vi como colgó la llamada y tiraba el celular al suelo. – Listo. Misión cumplida. – Me decía, mientras señalaba la mesa. Entendí lo que quería que hiciera. Caminé hacia la mesa y me senté en ella. Vi como Stanislov sacó una navaja y, mostrándome su filo, se acercó a mí. Aun con la navaja en su mano izquierda, él comenzó a manosearme por todo el cuerpo con su mano con su mano derecha.
- Prométeme que no le harás nada. Prométemelo. – Le pedía, a lo que sentí como me dio una cachetada fuerte en el rostro.
- ¡Si sigues así, te juro que la mato frente a tus ojos! – Me expresó con rabia, colocando su navaja en mi cuello. Él, al notar mi miedo, se calmó. – Te lo diré una vez más. Te juro que no la lastimaré. Que, una vez que tu y yo nos divirtamos, la dejaré en un lugar donde la encuentren sin problemas. Es una promesa. – Le dije, acariciando mi rostro. – Es tan maravilloso. Probé a la madre; Estoy a punto de probar a la hija… y, si tengo suerte, probaré a la nieta o nieto dentro de unos años. – Comentó con malicia, aterrándome por lo que pasaba por su mente. – Oh mira, mi pequeño amigo quiere salir de mis pantalones y unirse a la fiesta. Bueno, no perdamos el tiempo. ¡A divertirnos! – comentó feliz, mientras retrocedía unos centímetros. Vi como bajó parte de su cierre, pero se atascó un poco con su miembro, notando su cara de ardor. – ¡Agr! ¡Maldita sea esta cosa! – Decía con rabia. En ese momento, vi mi oportunidad. Con fuerza, le di una patada en todo su miembro, notando como gritaba de dolor y unas pequeñas manchas de sangre aparecían en su pantalón. Me bajé de la mesa y, al ver que me dio la espalda, le di una patada con todas mis fuerzas en su espalda, haciéndolo chocar contra la pared. En el suelo, vi como quiso alcanzar su navaja. Lentamente, cogí la navaja y la clavé en su mano izquierda. Sentí satisfacción al escuchar su grito de dolor. Volví donde Topaz y, poniéndome devuelta mi ropa intima, la acaricié en el rostro.
- Tranquila, ya todo va a estar bien. Solo voy a terminar esto de una vez, para que tú y yo nos podamos ir tranquilamente. – Le comentaba, mientras sentía como unas cuantas lágrimas me brotaban y me las limpiaba.
- No siento mis piernas. – Le escuché decir a Stanislov con dolor.
- Claro que no las sientes. Te destrocé una de las vertebras de la columna; y era la que controlaba tus piernas. No volverás a caminar… jamás. – Le informé, mostrándole una sonrisa. Caminé a la puerta y, cogiendo el arma del guarda espalda, me devolví donde él y le apunté a la cabeza. – Tantos años por la venganza. Yo solo me tardé dos, y era una niña pequeña. Eres patético. – le decía, notando como él, que se jactaba de ser alguien fuerte, lloraba. – Strauss siempre será una herida en mi alma; pero tú, no serás nada. Ni siquiera serás un mal recuerdo. – Le decía, saboreando la sensación de tener mi dedo en el gatillo, a punto de matarlo. – Adiós, hermanito… – Dije, para terminar toda esta mala experiencia.
- No lo hagas. No lo hagas. No lo hagas…– Escuché repetir una y otra vez detrás de mí con una voz casi apagada. Giré y vi que quien las decía era Topaz, mientras de sus ojos brotaban lágrimas. Me sorprendí de que pudiera hablar. Dejé lo que estaba haciendo y me acerqué a ella. – No lo hagas. No lo hagas. No lo hagas…–Seguía repitiendo, como si fuera lo único que pudiera decir.
- Está bien. No lo haré. – Le comenté, secándole sus lágrimas. – No seré yo quien decida su suerte. – dije, parándome y, sintiendo que mis alas volvían a estar funcionales. Cogí a Topaz de la manera más delicada posible y, con fuerza, comencé a cargarla mientras abanicaba mis alas para volar. Era duro y muy dificl, pero quería sacarla de allí lo más rápido posible y, debido a que la ventana de la habitación tenía barrotes, me tocaba ir por el camino largo. No me dio miedo que hubiera más personas porque, al ver que nadie vino cuando Stanislov gritó, deduje que no había nadie más. Ya afuera de la bodega y a muchos metros de distancia, tapé el cuerpo de Topaz con las sabanas que él le puso como almohada. Noté que a mi alrededor las diferentes bodegas que se encontraban allí estaban abandonadas. – Ya vuelvo. – Le dije, mientras volvía a la bodega. Ya adentro, inspeccioné el lugar y vi que tenía varias cajas de armamentos pesados dentro de cajas listas para entregar. Saqué unos explosivos plásticos y, colocándolos en varias partes del lugar, me dispuse a despedirme de Stanislov. Vi que él aun yacía tirado en el piso. Medio lo levanté (tratando de evitar sus golpes) y lo recosté contra la pared. Le até un explosivo en el pecho y le amarré el detonador en la mano que aun tenía buena.
- ¿Qué haces? – Me preguntó, viéndome con rabia.
- Le prometí a Topaz que yo no te haría nada. Sea lo que sea que pase ahora, será cuestión del destino. – Le comentaba. – Ruega que el detonador no esté defectuoso, porque los explosivos están activados. Así que… Adiós. – "Fue lo último que le dije a él… en la vida". Antes de salir de la bodega, cogí el celular del guarda espalda y un portátil que encontré allí. Ya afuera, casi llegando donde mi gran amiga, no sé cómo pero escuché un gritó a todo pulmón. En segundos, vi como la bodega comenzó a explotar y sus cimientos caían poco a poco hasta que no quedaba nada. – Ya no hay recuerdo, mami. Donde te lastimaron al fin ha desaparecido. – Dije, esperando que ella me contestara.
Sin perder más tiempo, llamé a emergencias y pedí que mandaran una ambulancia. Esta no tardó más de quince minutos, ya que eran acompañados por autos de policías. Las paramédicas, con rapidez nos subieron y se pusieron en marcha. Les conté que nos habían drogado y que habíamos logrado huir y, que cualquier cosa, les explicaría a la policía de los hechos.
- Tranquila, ya todo esto está bien. – Me decía la paramédica, tratando de darme confianza.
- Sí, todo está bien. Al final, yo gané. ¡Yo gané! – Expresé, mientras comenzaba a reírme con locura. Me reía una y otra vez sin detenerme. Noté como la paramédica que me acompañaba se asustaba y, para tranquilizarme, me inyectaba una medicina para dormirme.
Enzo notó como Rouge reía psicóticamente, mientras repetía las palabras "Yo gané" una y otra vez.
- Gané. Le gané a mi pasado. – Decía ella, aun riéndose.
- No ganaste. Perdiste. – Comentó Enzo, mientras se secaba las lágrimas de su rostro, borrándole la sonrisa del rostro a Rouge. – Ibas a entregarte a Stanislov para que soltara a Topaz. Te sacrificaste y solo ganaste porque actuaste al notar que tenias una oportunidad. ¿Verdad? – Le dijo la nutria a la murciélago.
- Es verdad. – Le respondió, mientras lo abrazaba y lloraba sobre su hombro. Luego de unos minutos, ella volvió a estar en calma.
- ¿quieres continuar? – Le preguntó Enzo.
- Sí, pero a mi manera. – Le respondió a la nutria. Ella se dirigió al baño, acompañada por Enzo, y allí, puso a llenar la tina con agua. Cuando esta estuvo llena, echó unas gotas a la tina y esta se llenó de espuma. Sin pena, ella se quitó su bata negra.
- ¡¿No tenias nada bajo esa bata?! – Preguntó sorprendido Enzo.
- Estoy en mi casa. Puedo usar lo que quiera. – Le respondió, mientras se metía a la tina. – ¿Qué estás esperando? ¿Una invitación? – Preguntó Rouge. Enzo dudó un segundo, pero se desvistió y entró a la tina, colocándose detrás de Rouge.
- Estamos un poco ajustado. – Mencionó Rouge.
- Sí, es cierto. Dime que lo que está punzando en mi espalda es tu mano. – Comentó Rouge.
- Digamos… que sí. – Le dijo Enzo a Rouge, lo que causó que ambos soltaran unas cuantas carcajadas.
- Bien, es hora de continuar. – Expresó ella, antes de continuar hablando de sus recuerdos.
Topaz y yo compartimos la misma habitación en el hospital al que nos llevaron. Durante la semana que duramos allí, logré comunicarme en privado con el Comandante e informarle de las diferentes cosas que pasaron durante nuestra desaparición. Supe que habían capturado al capitán Max, y que pasaría el resto de su vida en la cárcel. Además, con la información que tenía en el portátil y el celular, se logró desmantelar casi por completo la banda que controlaba Stanislov. Con todo esto, mi preocupación seguía en Topaz. Pasaron tres días antes de que ella lograra recuperar casi por completo la conciencia.
- Buenas. – Escuché saludar en la puerta. Vi que era un hombre, de tal vez ascendencia asiática, portando un ramo de flores en sus manos.
- ¿Quién eres? – Pregunté, viéndolo fijamente a los ojos.
- Mucho gusto. Mi nombre es Tanaka. No sé si Topaz te habrá hablado de mí. – Me respondió, mientras lentamente se acercaba a ella.
- Si, me dijo algo sobre ti. – Le comentaba, mientras veía como dejaba las flores al lado de ella y se arrodillaba, sosteniéndole la mano.
- Hola cariño. Perdón por llegar tan tarde. – Le decía, a lo que ella se despertó. Sin mediar palabras, lentamente ella levanto su cabeza y le dio un beso en los labios de él.
- Sí, te tardaste un poquito. – Le comentó al dejar de besarlo, soltando una carcajada.
- Topaz, lo siento. – Expresé, dejándolos confundido.
- ¿A qué te refieres? – Me preguntó ella.
- Tú tenías razón. Ahora que te veo a ti y al chico que amas, me doy cuenta de mi error. El amor… es importante. Es que solo… pienso en mi mamá y lo que Strauss le quito. – Les decía, mientras sentía mis ojos llorosos. – De niña puede que no lo admita, pero yo solo deseaba que mi mamá fuera feliz con alguien más (además de mí y el señor Han). Alguien que la quisiera a ella y a mí. – Le dije, pasándome las manos por mis ojos.
- ¿Quién dice que no tuvo a alguien a quien amar? – Dijo Topaz, dejándome pasmada. – Creo que es el momento que yo te muestre mis descubrimientos. Expresó, dejándome sin palabras.
En un momento, aparece una murciélago llevando a un felino casi completamente enyesado en una silla de ruedas.
- Bien, hola a todos. Debido a que nuestro autor sufrió lesiones al final del capítulo de su última historia (50 sombras), aquí estoy yo para despedirnos. – Informaba Rouge. – Bueno, chicas y chicos, espero que les haya gustado este capítulo. No olviden dejar sus reviews y… – Comentaba Rouge, mientras leía el libreto escrito por el felino. En un segundo, se detuvo y miró a Malorum55 con malicia y tiró el libreto. –Les avisamos que muy pronto, para los que le gustaron el fanfic de Shadow ("Recuerdos Que Me atormentan") muy pronto habrá una secuela. – Rogue vio como Malorum55 se agitaba en su silla de ruedas, como si tratara de evitar que siguiera hablando. – Se llamará "El Dolor De Los Recuerdos". – Bien, hasta la próxima. Que tengan un buen día. – Se despidió Rouge, notando como el autor la miraba fríamente.
