Disclaimer: No me pertenecen los personajes de Naruto.

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien, yo acá de regreso con lo prometido: El primer capítulo. Por cierto ayer me olvidé de decir que dado que muchos/as habían dicho que los capítulos les parecían cortos decidí hacerlos más largos, a excepción del prólogo y éste que mantienen el formato de 5 hojas de Word, los demás son aproximadamente entre 6 y media y 7 en adelante :D (Les advierto en un par me deliré así que no quiero quejas de que son muy largos :P). Y como siempre quería agradecerles por tomarse la molestia y el tiempo de leer mi humilde historia y hacerme saber su opinión, porque bueno, todos sabemos que nadie puede juzgarse objetivamente a sí mismo (sea para bien o para mal) por lo que saber lo que ustedes piensan ayuda mucho, miento, muchísimo. Espero poder seguir sabiendo de ustedes. ¡¡¡Gracias!!! De verdad, estoy muy agradecida con todos. Y para Jamie Black 5: Tenés razón, vos también lo sugeriste una vez. ¡Perdón! Perdona que no te mencioné, pero planeo compensarte dedicándote este capítulo. Aunque no es mucho, además porque fuiste muy buena al preguntarme como andaba (mejor y de vacaciones :P). Por eso espero que el capítulo te guste. ¡Bah! Espero que les guste a todos. No los molesto más y los dejo para leer ¡¡¡Nos vemos y besitos!!! Pd: Perdón si me olvido de alguien en las dedicaciones, de verdad no lo hago con mala intención sino que soy extremadamente MUY distraída y olvidadiza (y no exagero), por eso háganme saber si me olvidé de algo o no. Y yo con gusto les hago la dedicación :).


Hasta que la muerte nos separe

I

"18 meses después"

Se revolvió entre las sábanas, como aquel día hacía ya un año y medio atrás, sólo para encontrarse en una situación similar y sin embargo notoria y gratamente distinta.

—Mmm…

Lentamente se giró en la cama sólo para sentir la calidez de alguien recostado junto a él, sonrió y con cuidado rodeó con sus brazos por la espalda a Ino. La cual ante el contacto se agitó y volteó para enfrentarlo, también con una sonrisa.

—¿Shika? —entonces lo sintió besarle lentamente el cuello, en el hueco justo debajo de la oreja. Aquello simplemente la hacía sentir derretirse, y él lo sabía.

—Buenos días —fue todo lo que respondió e Ino se alegró también de ver que él sonreía.

—¿Sabes en que estaba pensando? —murmuró la joven aún soñolienta, él negó con la cabeza­—. Me acordaba de nuestra boda —el chico sonrió, entonces inesperadamente ella lo golpeó.

—¡Ouch! ¿Y eso?

—Por intentar escaparte...

—Pero al final no lo hice —fue todo lo que atinó a decir en su defensa. Ino rió, feliz.

—¿Qué hora es? —preguntó entonces. El moreno de forma perezosa volvió la vista al reloj junto a él, sobre su mesita de noche, y con la voz ronca respondió:

—Las once —como había anticipado Ino se incorporó de forma brusca llevándose con ella la calidez que Shikamaru tanto disfrutaba.

—¡Es demasiado tarde! ¡Shikamaru! —gritó— ¡¿Cómo me dejaste dormir tanto?!

El chico se encogió de hombros y acomodándose boca arriba en la cama suspiró, sintiendo el peso de su cuerpo hundirse en el mullido colchón, deseando poder quedarse allí para siempre, junto ella y de aquella forma.

—No tienes que levantarte ya, Ino ¿Sabes? —ella arrugó la nariz, obviamente consideraba aquello inaceptable.

—¡Claro que sí! Es tarde, hay cientos de cosas que hacer. No puedes holgazanear por la vida —Shikamaru sonrió.

—Si puedes... —ella salió de la cama y comenzando a vestirse murmuró algo casi inentendible sin embargo el chico pudo oír algo similar a "Eres imposible".

Rápidamente se terminó de vestir y cuando se disponía a salir de la habitación sintió los dedos de él rodearle la muñeca.

—No te vayas —la joven rubia intentó soltarse sin embargo él no parecía querer dejarla ir.

—¡Shikamaru hay que hacer demasiadas cosas! No podemos estar perdiendo el tiempo ¿Sabes? Hay que hacer los informes de las misiones de ayer para entregárselos a Tsunade, entrenar, limpiar la casa y hacer las compras. No hay nada en el refrigerador.

—¿No estabas a dieta? —murmuró el moreno finalmente soltándola, deseando que aquello le evitara de tener que ir al mercado a comprar. De todas las cosas que debía hacer aquello era lo que más odiaba pues Ino nunca se limitaba a comprar lo estrictamente necesario.

—¡A dieta, no en ayuna! —espetó, él bufó viendo su única posibilidad de escape fallida.

—Bien, bien —resopló— ya me levanto. Qué problemática eres mujer...

—¡Ya hablamos de esto Shikamaru, te dije que no me dijeras así!

—Bien, lo siento no seas pro... —se interrumpió. Ino rió, así como también lo hizo él—. Lo siento, no puedo evitarlo.

Ella se inclinó sobre él y besando suavemente los labios de su marido salió de la habitación, escaleras abajo hacia la cocina. Dispuesta hacer el desayuno para ambos.

Tomó cuidadosamente el arroz y comenzó a prepararlo, poniendo a su vez en una tetera el agua sobre el fuego para el té. Mientras se dispuso a lavar los platos sucios que habían quedado de la noche anterior, dado que tras regresar de la misión habían estado demasiado agotados como para hacerlo. Cuando finalmente terminó, lavó sus manos y sintió en ese instante a Shikamaru abrazándola por la espalda mientras depositaba lenta y pausadamente pequeños besos alrededor de sus hombros.

—Shika... —sin embargo no se detuvo.

—¿Qué? —aún con los labios contra la piel de ella, la tetera comenzó a pitar anunciando el hervor del agua.

—El agua... —forcejeó intentando zafarse, el moreno la soltó con un leve bufido y se dirigió hacia la mesa en la cual tomó su lugar habitual junto a la silla de ella. Al cabo de unos segundos el desayuno estaba servido.

Los primeros instantes fueron silenciosos mientras Ino evaluaba las reacciones de él en relación a la comida, Shikamaru parecía complacido.

—¿Está rico? —él asintió.

—Mucho mejor que el de la semana pasada —ante el comentario la rubia no pudo evitar sino enfadarse sin embargo decidió callarse y evitar la confrontación, sólo por esta vez.

—Tu mamá me ayudo...

—Me parecía.

—¡Eres irritante! —y sin decir más se puso de pié y comenzó a lavar su tazón ahora vacío. Shikamaru por su parte había tomado un papel y un lápiz y había comenzado a escribir algo. Ino, obviamente, no pudo evitar sentir curiosidad por lo que obvió el hecho de que supuestamente estaba enfadada con él y preguntó— ¿Qué haces?

—La lista de cosas que hay que comprar —ella bufó.

—¿Para qué haces lista? No la necesitamos —espetó tercamente cruzándose de brazos.

—Si la necesitamos, Ino. Para no olvidarnos nada ni comprar cosas innecesarias —replicó el moreno haciendo hincapié en la última palabra. La muchacha sonrió y rápidamente se acercó a besarle la mejilla, jugando entretanto con el cabello de él entre sus dedos.

—Aunque no hay nada de malo en comprar alguna que otra cosita... ya sabes... darnos un gusto —él bufó mas no replicó, sabía que aquello pasaría. Era inevitable, siempre lo había sido. A pesar de las insistencias de él en obviar aquellas compras superfluas ella siempre insistía en comprarlas de todas formas. Y él era demasiado vago como para reprochar.

Una vez que estuvieron listos tomaron el pequeño papel que Shikamaru había escrito, y que Ino quería obviar, y se marcharon hacia el mercado.

El camino fue apacible, se encontraban en otoño por lo que podían admirar a cada paso el colorido follaje de los árboles tras el verano, mostrándose con sus más llamativos tonos de rojos y dorados, invadiendo el aire de un agradable aroma otoñal que invitaba a relajarse. El cielo, por su parte, se encontraba despejado a excepción de algunas nubes furtivas y blanquecinas que flotaban libres por el firmamento.

—¡El día es perfecto! —Shikamaru asintió. Sentía enormes deseos de dejarse caer en la hierba y contemplar las nubes, sin embargo sabía que Ino no se lo permitiría, no hasta terminar las compras al menos.

Por lo que aceleró el paso, no tenía sentido en retrasarse en algo tan fastidioso como lo eran las compras. Sabía que cuanto antes terminara podría marcharse más pronto a su lugar favorito para contemplar las nubes. Y si Ino no se lo permitía, se escabulliría.

—Shika ¿Qué es lo primero de la lista? —lo cuestionó mientras paseaban por los pasillos del mercado con un canasto en mano.

—Leche —replicó él, ella tomó una de las cajas, la que decía descremada, y la colocó en la cesta que llevaba en las manos.

—¿Después? —él se encogió de hombros y contemplando el papel respondió:

—Arroz y huevos —ella feliz se apresuró a los estantes respectivos de cada producto y tomándolos los dejó caer en el interior del canasto. Entonces notó la mirada que Shikamaru le estaba dedicando.

—¿Qué? —él negó con la cabeza.

—Mira que eres impaciente Ino, acabas de arrojar los huevos adentro de la cesta —ella riendo de forma nerviosa bajó la mirada sólo para comprobar que tres de la docena que habían comprado estaban rotos y el interior se escurría de forma viscosa entre los demás productos.

—Bueno, no es problema —dejó el cesto y tomando otro volvió a rellenarlo con los productos, teniendo cuidado esta vez de no romper ninguno de los huevos—. ¡Listo!

—Eso no se hace... —bufó él, ella rió.

—¿Quién sabrá que fui yo? —el moreno negó con la cabeza y ambos siguieron su camino.

Sin siquiera notarlo habían terminado ya con la lista, sin embargo Ino seguía deambulando por los pasillos del lugar. Aparentemente en busca de algo.

—Ino ¿Qué haces? —ella sonrió y extendió a su esposo un tarro que contenía en su interior un líquido ambarino.

—Ya llevamos miel —señaló él, apuntando con el dedo al interior del canasto donde se podía ver, efectivamente, otro frasco de miel.

—¡Pero no es lo mismo!

—Es miel —señaló el frasco que ella sostenía—, ese es miel, este —señaló ahora el que llevaban en el canasto— es miel.

—No, no lo es —replicó ella llevando las manos a su cintura, obviamente considerando una torpeza el comentario de él—. Esta es jalea real.

Shikamaru bufó —¿Y?

—Y que es mucho mejor que la miel, más deliciosa y...

—Más cara —interrumpió el moreno. Ella frunció los labios en una expresión de súplica—. Oye, Ino no me importa el dinero y lo sabes es sólo que es absurdo. Son prácticamente lo mismo.

—No es cierto, la jalea real es mejor que la miel. Es energética y estimulante, retarda el proceso de envejecimiento de la piel y aumenta la vitalidad, entre otras. No querrás tener una esposa vieja y arrugada pronto ¿Verdad? —él negó con la cabeza ante lo absurdo de la idea.

—No seas ridícula, no envejecerás más pronto por no comer jalea real —ella bufó e ignorándolo colocó el frasco en el cesto—. Ino.

—¿Qué? La llevaremos —el moreno extendió el brazo y sacando el frasco volvió a colocarlo en el estante.

—No, es innecesario —ella se cruzó de brazos.

—Claro que no, hay que arriesgarse Shikamaru ¿Sabes? No siempre conformarse con la rutina —él arqueó una ceja.

—Es solo jalea.

—No lo es ¿Cuál es tu problema? Es sólo darse un gusto, agregarle algo de emoción a la vida —de los labios de él volvió a escapar un bufido.

—Ino, es solo jalea.

—Es por eso que eres aburrido —ahora el ofendido era él.

—No dijiste eso el otro día —objetó él, haciéndola sonrojarse.

—¡Shikamaru! —chilló avergonzada, algunas personas a su alrededor se voltearon a verlos.

—Ino, deja de gritar por favor.

—Bien, pero con la condición de que llevemos la jalea real —él suspiró y dando un paso hacia ella la besó. Lenta y pausadamente, degustando con cuidado el dulce sabor de los labios de ella. Entonces se separó, e Ino sintió como si la boca de él le fuera arrancada. Y a pesar de hacer demasiado tiempo desde el primer beso que habían compartido su corazón seguía latiendo igual de violento que la primera vez.

—Si eso te hace feliz, entonces llevémosla —una sonrisa se extendió en sus labios y se abrazó al brazo de él, colocando nuevamente el frasco en la cesta—. Qué problemática eres...

—Aún así, no puedes resistirte —él moreno sonrió.

No podía negarlo, aquello era ciertamente verdadero. A pesar de todo siempre era él quien terminaba cediendo a sus caprichos y es que simplemente no podía evitarlo. Había algo en ella que lo hipnotizaba, lo atrapaba y le daba el poder de controlarlo. Le parecía gracioso recordar su infancia, cuando tenía doce años y se negaba rotundamente a casarse con una mujer estricta como lo era su madre, sin embargo el destino solía ser la más caprichosa de las previsiones. Y él no había podido evitarlo.

Rió, antes de responder besando la mejilla de su esposa —Eso, es lo que te hace más problemática.