Hetalia no me pertenece, duh.


Por supuesto que es casado.

Han pasado dos meses desde mi entrada a ese estupido restaurante y recién me entero que el hombre tiene esposa. Supongo que no tiene mucho caso seguir pensando en el de manera romántica, pero no logro evitarlo. No me había sentido así nunca. Quizá lo que más se acercaba era la época en la que fui novia de Arthur durante el último año de preparatoria, hubo besos y algunos arrumacos que no pasaron de eso porque yo no estaba lista.

Al final el se aburrió de mi y me dejó, tal como mi padre lo había hecho. Tal como todos lo hacían.

Entrego una bolsa de papel a una mujer pelirroja y está me extiende un billete de cinco dólares.

—Para ti.—Me dice antes de echar a andar su auto.

Guardo la propina en el bolsillo de mis pantalones negros. Tomo un trapo y limpio mi área de trabajo. Mis pensamientos vuelven a ser sobre el Sr. García.

Mi jefe. No me acostumbro a llamarlo por su nombre de pila.

A veces hablo con el. Cuando el ritmo del trabajo nos da un respiro y conversamos un poco pero siempre me quedo con ganas de más. El habla conmigo como lo hace con el resto de sus empleados pero hay algo especial. Es como si el ambiente se electrificara en cuanto el me pone atención. Quizá son ideas mías, quizá el hecho de que me guste es lo que me hace imaginar cosas.

—Amy, Amy, tienes carro en la ventana.

Emma me extiende una bolsa de papel, sacudo la cabeza intentando despejarme. Le agradezco y le entrego la comida al cliente.

—Entonces, ¿siempre si vamos a ir al cine?

—Claro.

—Ok, yo paso por ti como a las seis. Andamos un rato en el mall en lo que empieza la función. ¿Te parece?

—Está perfecto.

Y así sucede.

Es extraño como los cotilleos suelen ser una fuente de información casi infinita. Mientras buscamos bolsos baratos en Macy's, Emma suelta chismes a diestra y siniestra. Por ella me entero que Marie, una manager a quien consideraba la mujer con la moral ideal, lleva cinco años engañando a su esposo con uno de los cocineros. Que Danielle, otra empleada, sale con una clienta y tiene un amigo que funge como su novio frente a sus padres.

También me entero por ella que el Sr. García se está divorciando.

—Aún no entiendo quien se hartó de quien. Quizá Jessica ya no aguanto el que la siguiera engañando con todo lo que se le pusiera enfrente, o quizá fue José el que no toleró el que ella se estuviera viendo con un exnovio.—Escucho a Emma mientras ella examina un bolso a mitad de precio.—Como sea, creo que ya hasta vendieron la casa.

Yo solo atino a arquear las cejas y a no dejar de sorprenderme.

—Son como Zeus y Hera.—Murmuro. Sintiéndome una estupida al instante.

Mi amiga de encoje de hombros.

—Ninguna me convence.

—¿Quieres ir por un smoothie?—Sugiero.

—¡Oh si! Me encantaría.

Salimos del cine, seguimos charlando en el camino. Aunque ya no se temas tan densos. Thor: The dark world se vuelve nuestro tema central. Sin embargo, yo no dejo de pensar en el divorcio del Sr. García.

Pero, desde luego, el no se fijaría en una perdedora bajita de cabello amarillo y con cierto grado de obesidad.

El estaría disponible, pero para alguien más.

Emma me deja en la entrada del edificio de departamentos. Ya son las once cuando entro en casa.

Mamá me espera sentada en el sofá, apaga el televisor en cuanto me ve. Ya lleva el pijama puesto.

Me da un beso en la mejilla. Me pregunta si la película me gustó y yo contesto que si. Finalmente me deja y va a recostarse. A mi me toca quitarme el maquillaje ligero, y ponerme el pijama. Una vez en la cama y antes de quedarme dormida, el rostro del Sr. García viene a mi cabeza.

Me asusta el pensar que esta atracción se esta convirtiendo poco a poco en una obsesión.

Los meses empiezan a pasar. Mi madre consigue un empleo de medio tiempo en una cafetería. Yo sigo con mi jornada completa en McDonald's. Me han dado un aumento de 50 centavos. Le agradeci con discreción a mi jefe. El me guiñó el ojo y me sonrió.

Gracias a ello los gastos empiezan a solventarse y ya no llegamos a fin de mes tan cortas de dinero. Me vuelvo amiga de Elia, una cocinera de cincuenta y pico años. Siempre me llama "baby" y cada que pido mi hamburguesa especial ella la hace a la perfección. Sin importar lo disparatada que es. La vida avanza sin cambios hasta agosto, cuando mamá vuelve un día de la cafetería y me cuenta que conoció a un hombre encantador. Se llama Raúl y viene de Cuba. No se si sea algo temporal o si van enserio. Supongo que el tiempo lo dirá.

Ah, y también el Sr. Garcia me ha enviado un mensaje de texto, el cual no está relacionado con el trabajo.

Son casi las doce de la noche cuando mi teléfono suena. Veo su nombre y siento de inmediato un vacío en el estómago. Intento tranquilizarme y dejar de ser tan ridícula. Es tan solo un escueto "Hola"

"Hola Sr. García. ¿En que puedo ayudarle?"

"No necesitas ser tan formal Amelia, solo quería saber como estabas jajaja"

Intento relajarme, me siento como un miembro del escuadrón antibombas que intenta desactivar una tonelada de explosivos.

"Perdón, es la costumbre jejeje. Estoy bien, ¿tu cómo estás?

"De maravilla, ¿sabes?, se que a ti te gustan las películas de superhéroes, quiza podríamos ir a ver Guardians of the galaxy".

El teléfono se me cae de las manos, siento que las mejillas se me enrojecen. Esto supera mis más locas expectativas. Me tardo algunos minutos, no quiero parecer ansiosa.

"Claro. Estaría bien"

"¿Te gustaría si voy por ti mañana a las cinco?"

"Si, esta bien"

Pasan tres minutos hasta que mi pantalla vuelve a encenderse.

"Una cosa más, dejemos esto entre tú y yo. Las personas podrían malinterpretar las cosas ;)"


Puede sonar inverosímil el repentino interés de José, pero se por experiencia que ese tipo de cosas pasan. ¡Este fic se acaba en otros tres capítulos!

El título del capítulo corresponde a la canción homónima de Amy Winehouse.