Decir que sí

2.- Hablándote...

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Abrió los ojos tan lentamente que, por un momento, pensó que ya no los tenía. Cuando pudo hacerlo completamente, miró su alrededor. Todo era desconocido. ¿Dónde estaba? El lugar no se asemejaba a nada que ella tuviese por Paraíso o Infierno...

Entornó su mente hacia los últimos recuerdos vívidos que poseía. El semáforo cambiando de verde a amarillo, el pedal a fondo... el idiota que la chocó. Un mustang negro. El tipo o tipa era alguien importante, o alguien con dinero... o un simple idiota con suerte. Como ella, no pudo evitar pensar.

Se recostó en la cama de nuevo. ¿Quién la habría traído hasta allí? ¿Quién podía tener tanto tiempo libre para ocuparse de una accidentada desconocida?

Tiempo libre.

Eso era algo que ella no tenía.

¿Cuánto tiempo habrá pasado desde el accidente? ¿Una hora? ¿Un día? ¿Un mes?

Se fijo en que, al pie de la cama, estaba su bolso de pertenencias personales.

Se levantó, no sin antes aullar un poco. Tenía una pierna bastante lastimada y le dolía al caminar. No podía ni siquiera incorporarse sin sentir un agudo dolor subirle por el muslo. De cualquier modo alcanzó el susodicho bolso, y extrajo el mini celular del bolsillo exterior.

Dio un hipido de la sorpresa. Más de doce llamadas perdidas. Revisó rápidamente los números. Eran de la compañía. Un escalofrío le subió por la espalda.

Miró la fecha.

Habían pasado dos días desde aquello...

—Vaya, al fin despiertas... pensé que, a pesar de todos mis esfuerzos, te habías ido sin remedio...

Una voz de hombre que ella no supo reconocer se avecinó por la puerta, invadiendo su espacio personal.

—¿Quién eres? —preguntó la pelirroja algo ariscamente, al castaño que se había quedado en el umbral, mirándola.

—¡Vaya, qué geniecito! ¿Esa es la manera de demostrar agradecimiento hacia la persona que te trajo aquí? —suspiró. A cada palabra y mirada de ella, sus sospechas estaban más confirmadas. Aquella pelirroja de ojos violetas no podía ser otra que la suya. Rika Makino.

La que fue suya... recordó con cierta amargura.

¿Y ella se comportaba así porque lo había reconocido, y le odiaba?

—Lo lamento... es que estoy nerviosa, no sé qué me pasó, no sé si estoy bien, no sé si puedo irme... no sé que hacer, es todo.

No. Ella no lo había reconocido.

—Tranquila, todo está bien. —hizo como que rebuscaba en su mente algo que decir para entablar conversación, a pesar de saber bien qué preguntar. Notó cierta ansia de hacerlo pronto. —¿Me puedes decir tu nombre?

La pelirroja frunció el ceño. ¿Qué más daba un nombre? ¿Y con qué derecho?

—Es para saber como suena pronunciado por ti, nada más. —el castaño le guiñó un ojo coquetamente. Ella rehuyó la mirada, furiosa. Ese gesto le recordaba a alguien.

¡Basta! ¡Todo le traía recuerdos de él y esos días! ¿Era acaso por la reciente fecha?

—Sabes perfectamente cómo me llamo, señor desconocido. Habrás rebuscado en mis cosas algo que te lo diga, y lo habrás encontrado, ¿no?

Seguía siendo tal como la recordaba: altanera, orgullosa, fría, arisca... indomable. Otrora le tomó más de tres años domar a esa fiera por completo como para recomenzar otra vez, era ciertamente una tarea casi imposible de lograr en cinco minutos.

Sonrió. ¿Cómo reaccionaria ante aquella palabra? ¿Le brillarían los ojos, o destellarían con furia atrayendo a su mente los momentos que pasaron juntos?

—Uy, qué mal carácter... si hasta pareces una gata fiera...

—¡CÓMO TE ATREVES...! ¡NO VUELVAS A LLAMARME ASÍ OTRA VEZ, INFELIZ! ¡El hecho de que me hayas salvado no significa que puedes humillarme como quieras, yo no te pedí que hicieras nada por mí! ¡Me hubieses dejado morir y yo te lo agradecería más! Tarado...

Vaya... al parecer sí había algo de rencor hacia el vocablo. ¿Sería porque él solía llamarla así cuando estaban juntos (y cuando no, también)?

—Lamento haberte molestado... Si quieres puedes marcharte ya.

"Nooo, Ryo, ¿qué estas haciendo? ¡La encontraste! Después de quién sabe cuánto tiempo, ella misma llegó a ti. ¿Cómo vas a dejarla marchar ahora así como así? ¡Tal vez no vuelvas a correr esta misma suerte nunca más, cómo la dejas ir!"

—Bien. Era lo que estaba esperando.

Y como si el destino se moviera a favor del castaño, cuando Rika intentó ponerse de pie, cayó de bruces al suelo. Lo de su pierna, al parecer, era bastante más que una simple contusión del accidente.

Ryo corrió a socorrerla, pero ella evadió el gesto, demostrando que aún así sabía valerse por si sola. Los años la habían hecho fuerte, haciéndola pasar por cosas más difíciles y dolorosas que una lesión física.

Sonrió. Ella nunca cambiaría lo suficiente como para dejar de quererla.

—En vista y considerando, no puedo dejarte marchar así. Al parecer, esto es más grave de lo que creíamos, y no sería responsable de mi parte no ayudarte. Ya bastante te malogré con el choque, y...

Rika abrió los ojos de par en par. Con que por eso la había ayudado...

—¿Fuiste tú el imbécil del mustang negro que casi me mata? —su mirada transmitía muchas más cosas, todas terribles, que su tono de voz. El castaño se asustó.

—Lo siento... —fue lo único que pudo articular. —Por eso intento compensarte.

—No es necesario.

—Yo creo que sí...

—Yo digo que no, gracias. Ahora si me permite...

—¿Por qué siempre huyes, Rika? ¿Le temes a algo?

—¿Con qué derecho dices tú que huyo?

—Porque no me permites ayudarte...

—¿Y con qué derecho me llamas por mi nombre así, tan suelto y sonriente, si ni siquiera yo sé el tuyo?

Silencio. Ryo había captado el mensaje subliminal. Ahora la pregunta que invadía su mente era "¿Qué contestar?". No podía decir la verdad, y si mentía, ella se enteraría. De cualquier manera ella no se quedaría con la duda. Buscaría, se lo sonsacaría. Registraría cajones y muebles de ser necesario... ella lo sabría.

¿Qué contestar, por dios?

—Eh... Tú tampoco me has dicho como te llamas, así que yo no tengo por que hacerlo.

—¡Demonios, estás jugando conmigo? ¿Crees que soy una imbécil?

—¿Te contesto, o conservo mi integridad física?

Silencio, otra vez. Nadie en mucho tiempo había sido capaz de rebatirle nada a Rika Makino, sosteniéndole la mirada. Generalmente, el que lo intentaba huía despavorido incluso antes de que ella abriese la boca para replicar. ¿Y éste sujeto lo hacía como si nada?

"Me recuerda a él más de lo que yo creía. No lo puedo soportar... Es como si... Ryo hubiese vuelto, y..."

Un sonido de celular irrumpió en el ambiente, cortándolo como si fuese un cuchillo. Era el de la pelirroja. Se adelantó hasta el bolso que continuaba en la cama, lo tomó y lo abrió para contestar.

—¿Hola? Eh... sí, lo sé... ¿desaparecida?... Verás, es una larga historia, Morimura. ... Sí, es verdad, tuve un accidente, y... ¡no, estoy bien!... no sé si pueda regresar...

Y no pudo continuar con la conversación. De un momento a otro, el móvil estaba en manos del castaño, excusándola de algo que ella no haría.

—¿Bueno? Habla el doctor personal de la señorita Makino... sí, ella no podrá volver al trabajo en una semana, licencia médica... fractura en la pierna, reposo absoluto. Arréglenselas sin ella, ¡nos vemos en siete días! —y cortó la comunicación, airado.

Esto ya era demasiado. ¿Qué seguía ahora, que el desgraciado éste la amarrase a la cama, obligándola a tomar "reposo absoluto"? ¡Y más encima mentiroso! ¿Doctor personal? ¡Ja!

—¿Qué demonios hiciste, imbécil?

—Algo que tú no harías, claro.

—Me pones de mal humor, ¿sabes? ¡Y déjame en paz, no quiero volver a verte!

Rika tomó sus cosas rápidamente, y con bastante esfuerzo, casi cojeando por la lesión de su pierna izquierda, salió de la habitación. Recordó que estaba en un lugar desconocido... una casa, para ser más exactos. Y no sabía dónde estaba la salida... de cualquier modo, la buscaría. No soportaba estar un minuto más allí, y tenía que hacerlo rápido. No tardaría en oír los pasos del animal que la atropelló, tras ella, intentando retenerla.

Algo tenía ese hombre que le intimidaba. Se parecía tanto a él... pero era sencillamente imposible. La vida no podía seguir haciéndola sufrir poniéndoselo nuevamente en el camino. Ya bastante tuvo esa vez hace siete años con él. No podía creer que había sido tan estúpida de haberle dicho que sí...

Con lo que le costó decir que sí, ¿él se lo había pagado de ese modo?

—¡Rika, espera! —escuchó que gritaba el sujeto, tentando tras ella.

Echó a correr. Otra vez volvía a tener pesadillas estando despierta.

"—¡Rika, espera! No es lo que tú piensas, esto... no es lo que parece."

"—Es más de lo que parece. Con lo que me negaba a decirte que sí... ¡era por algo! Yo lo sabia..."

"—No llores, ¿sí? Y escúchame..."

"—No lloro... y no te escucho... No quiero volver a verte, Akiyama. Jamás en la vida... Siempre supe que eras un asqueroso cerdo, pero no quise creerlo... Ahora todo esta tan claro..."

"—No digas eso..."

"—Pero ésta es la primera... y la última vez que..."

...lloro por ti.

Había logrado salir, pero apenas se halló afuera, sus piernas no fueron capaces de soportar ni un minuto más su peso, dejándola desplomarse a la luz del sol.

Era tarde ya...

El día se estaba apagando. Y ella se había apagado hace mucho tiempo atrás...

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La pelirroja estaba de regreso.

¿Con qué derecho la vida le volvía a poner la misma mujer en el camino?

No se paró a pensarlo. Más bien pensó qué podía estarle ocurriendo a ella. La lesión de su pierna en ningún caso podía haberle ocasionado desmayos, así que lo más probable es que fuera algo externo al accidente. Y ella no iba a poner de su parte para averiguarlo. Así como iban las cosas, claro que no pondría de su parte.

Lo intento de cualquier modo, por séptima vez.

—¿Me vas a decir qué tienes, o no?

—No.

—¿Estás enferma o algo así?

—No.

—¿Entonces?

—...

—¡Quiero ayudarte! ¿No lo entiendes?

—...

Inútil. Lo único que conseguiría con todo aquello era perder saliva.

Seguía siendo tan inaccesible como hace siete años. Diez, doce... ya no recordaba exactamente hace cuántos conocía a Rika. Seguramente ella tendría diez u once años cuando la vio por primera vez, en el Digimundo.

Increíble... ¿Ellos habían sido parte de algo tan mágico e irreal como el Digimundo? ¿Y dónde había quedado toda esa magia que se supone debían tener los Tamers para merecer ese privilegio?

"—Je, eso se pudre con el tiempo al parecer. De tanto ocultarla en un rincón, se va descomponiendo..." "O tal vez nunca existió..."

Quién sabe. Las rachas de suerte existen, la magia... lo dudaba.

Entonces ¿qué había traído a Rika a su vida otra vez?

¿Por qué se mantenía en silencio ella? ¿Estaba intimidada? ¿Asustada? ¿Preocupada? ¿Por ella misma, o por alguien más? ¿Por su trabajo tal vez? ¿Por su madre?

La escena que se suscitaba en su cuarto era irreal. Le parecía que hasta la veía un poco difusa, a pesar de que observaba cada detalle, queriendo grabar este momento en su mente para la posteridad. No estaba seguro de cuál sería el fin que lo llevaba a hacer eso, era algo más bien involuntario. Pero era, ciertamente, irreal. Ella, su pelirroja, acostada en SU cama bajo circunstancias ni remotamente parecidas a las que a él se le antojaban, mirando hacia fuera por el ventanal, dispuesta a callar eternamente. Si creía conocerla bien, sabía que nada haría hablar a Rika a menos que ella quisiese. Y sabía que tampoco querría. No en la situación de inutilidad y dependencia en la que se encontraba. Porque seguía siendo igual de orgullosa, igual a como la recordaba. Igual... no había cambiado en nada. Al menos a simple vista.

¿Qué habría pasado después, cuando ella salió de su vida? ¿Habría venido alguien después de él, o ella se habría encerrado en su dolor hasta la fecha? ¿Por las noches lloraba o reía? ¿Las pasaba sola o acompañada?

Quería tanto saber de ella... qué habría pasado después, qué había hecho de su vida, con quién estaba (ésta parecía ser su más grande preocupación...), pero claro, Rika no se daría tan fácilmente con un extraño. Porque eso eran ellos dos hasta ahora: extraños. Un extraño que atropelló a otra extraña y que, por motivos morales, había acabado ayudándola en contra de su voluntad, para saber si era ella la pieza suelta de su vida o no.

Extraños. Un extraño que se daba el descaro de llamar a la extraña por su nombre, cosa que a ella le molestaba mucho. Tanto, que se botó a huelga de palabra. Ni una, hasta saber la identidad del desgraciado que le había salvado.

¿Tendría que decir Ryo acaso su nombre, y con eso, abrirle la mente a ella?

Sinceramente, jamás... si de él dependía, jamás.

No volvería a abrir viejas heridas.

"—No te mientas... viejas heridas que jamás cerraron."

Pero tampoco soportaba el silencio.

—Te traeré algo de comer, a ver si con eso recuperas las ganas de hablar. Porque me supongo que tienes hambre, ¿no?

Silencio de parte de ella. Aunque había dado en el blanco. Si sacábamos cuentas, Rika llevaba tres días sin comer absolutamente nada.

—¿Te gustaría comer algo especial?

—...

—¡Vamos, que no te dé pena! Sé que tienes hambre...

Rika abandonó la atención que tenía puesta en el ventanal de la habitación, y miró al castaño por primera vez con atención.

Era alguien sin duda, atractivo a la vista. De piel bronceada, llameantes ojos azules que la miraban esperando respuesta, con una amable sonrisa que...

¡Oh, por dios! ¿Dónde había visto esa sonrisa antes?

—Puedo traerte lo que quieras, no te preocupes.

—¿En serio? —articuló, superándose a sí misma.

El hombre solo asintió, sin poder ocultar su alegría. Había logrado sacar palabras de la fría ex Reina Digimon.

—Lo que sea...

—Entonces quiero un revuelto de frutas, si no te es muy incomodo... por favor...

—A la orden. Usted es mi invitada, y aquí es una reina.

Satisfecho con la petición de Rika, el castaño salió de la habitación a cumplir con lo prometido.

Mientras tanto ella volteaba hacia el ventanal otra vez, centrando su atención en un pajarillo de por ahí.

"—No puede ser posible que, después de siete años, esté en el mismo lugar donde partí. En su cama..."

Y se dio el lujo de derramar una lágrima. Aprovechando que él se había ido por un momento...

"—Pero ésta es la primera... y la última vez que... lloro por ti..."

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Notas de la Mileena: jeje... ¡volviiii! Y no es que alguien me echara de menos tampoco ¬¬... como sea. Estoy happy, porque como he podido comprobar, hay gente que lee mis porquerías raras y... T.T voy a llorar... ¡¡¡Les guuuuuuustaaaaa! ToT! Eso es más de lo que yo esperaba, así que decidí echarle p'adelante y continuarla XD

Y como el deber es el deber, debo agradecer abiertamente a aquellas 6 personas que dejaron su review: Padma la Farfalla, Kati, Niebla, HiYo, Krystel y Aya Matsumoto (quien sera esa? xD) ¡Gracias a toos! n.n por hacer feliz a esta demente sin causa con sus reviews... MIS reviews... miiiiiiiiosss… (cara paranoica X.x)

Ah, sip! Alguien me hizo notar (no pondré el nick pa que no suene a respuesta de review y me sancionen ¬¬) el asunto de que Ryo le saca el casco a Rika cuando pasa lo del accidente y cosa rara. Bueno, esta persona (ella sabe quién) me hizo notar que EN NINGÚN CASO se debe hacer eso en un choque por seguridad, y tiene razón. Yo esperaba q nadie lo note ..U pero es que si no lo ponía así, Ryo no se enteraba nunca de que había chocado a Rika y me habría funado el fic porque NADA de lo que pasa en el chap 2 existiría y cosas paranoicas. Lo pensé mucho sobre si ponerlo o no, corriendo el riesgo de que alguien notara esa ENORME incongruencia, pero finalmente no supe como expresar ese hecho de otra manera y decidí dejarlo así, lo cual demuestra lo FLOJA q soy para algunas cosas. Igual doy gracias a esa persona que me hizo el alcance, y ningún problema con el comentario. Eso significa que sí ponen atención a mis leseras n.n sólo espero que no se hayan espantado y dejen de leer el fic O.o! jeje...

Y eso vendría siendo todo por hoy. ¡Muchísimas gracias de nuevo, a TODOS los que dejaron revi, y espero volver a verlos por aquí en este chap! Poooooooor fis... ¿ya?

¡Se les quiereeeeee! ¡Nos leemoooooosss! nn

-Mileena.

¤ End ¤

06-06-06

buen número, no creen? n.n