Capítulo uno. Designios de la Fuerza.

No hay muchos seres sensibles a la Fuerza en una Galaxia tan vasta, sin embargo puede no parecerlo cuando estos elegidos se encuentran tan a menudo en el camino de otro. Tal vez solo sean encuentros víctimas de azar o de las circunstancias que los rodean, sin embargo nadie con unas bases mínimas de la historia de jedis y siths podría desechar la idea de que una fuerza superior ha designado esos encuentros como algo ineludible para sus protagonistas.

Que Mace Windows encontrara al que sería uno de sus más fieles compañeros en un pequeño puerto espacial cuando este le solicitó un transporte fue una de estas situaciones. La historia de HoJu era simple: un humano errante por aquel inmenso universo en busca de nuevas experiencias, lo justo para prosperar y un deseo implícito en su mirada de querer evadirse de todo lo que le rodea. Mace Windows sentía lo mismo en cierta manera; despreciaba aquellas formas de vida que se curtían en el odio, como si les alimentara, donde solo la maldad les impulsara bajo una máscara de ciudadano del Imperio del montón. "A veces una máscara no les estaba de más", pensaba Mace Windows a menudo cuando deambulaba por aglomeraciones. Sin embargo, siempre profesaba un enorme respeto por aquellas formas de vida que tanto le molestaban. Se preguntaba si habría alguna otra clase de sentimiento tan irónicamente doloroso.

Estaba claro que HoJu vio la misma mirada en su nuevo compañero, ya que el destino al que Mace Windows se dirigía se encontraba en dirección opuesta a donde tenía en mente ir, cambiando de parecer sin que le importara demasiado. Ambos sentían más que sabían la necesidad de mantener una conversación con el otro para confirmar sus sospechas. Al llegar a Taanab ya sabían lo que ocurriría más tarde. Dejaron a buen recaudo la antigua pero modesta nave familiar de Mace Windows y se dirigieron a una extensa pradera de pastos verdes y a primera vista tranquila. En esa ocasión no se dirigieron una sola palabra: ya no hacía falta, sabían perfectamente cómo era su compañero y lo que estaba pensando en cada momento.

Con el tiempo, los dos amigos erraban juntos en su afán por evadirse y aprender juntos los caminos de la Fuerza, ambos aún novatos en ello: no tenían instructor que les ilustrara, todo era instinto. Si algo les diferenciaba era que HoJu llegaba a ser más sabio cuando se lo proponía y Mace Windows más hábil de la misma forma. Además de huir por escapar de la civilización que tanto despreciaban sabían que había otras razones de mayor peso. Vivían en la época del auge del Imperio Galáctico, donde el Emperador empezaba a apretar su yugo cada vez con más ímpetu, celeridad y agresividad. Sus enemigos eran inmediatamente sometidos mediante su aprendiz y mano derecha, el Lord del sith Vader. HoJu y Mace Windows no simpatizaban con el Imperio ni le agredían; sin embargo, no era un secreto para ellos que podían ser encontrados y juzgados como peligrosos al conocer los caminos de la Fuerza. No quedaban muchos jedis (si es que quedaba alguno) precisamente por eso. Nunca habían tenido la sensación de ser perseguidos, tal vez por su juventud o por la poca habilidad con la que contaban en esos momentos. No eran asuntos del Imperio, aún.

A los dos años de vivencias por toda la Galaxia sus habilidades empezaban a perfilarse, aún cuando todavía no conocían el arte de la construcción del sable láser. Lo que sí se perfiló fue un claro sentimiento de armonía con lo que les rodeaba. Había potencial jedi en ambos, impulsado aún más con el nacimiento de las primeras rebeliones contra el Imperio que, por supuesto, aún no contaban con la fuerza suficiente para resistir al poderío del Puño de Vader. Esa creciente hostilidad hacia el Imperio que empezaba a generalizarse por todos sus dominios fue, como temían, un gran contrapié para ellos: un día tuvieron que tomar la decisión de luchar o someterse. Estaba claro que, de alguna forma, el Imperio les seguía bien el rastro. ¿Sería que empezaban a ser poderosos y ya no podían esconderse de los presentimientos de Vader? Aunque sus habilidades les permitían escapar de las patrullas y emboscadas de los soldados de asalto, sabían que eso no duraría para siempre. Aunque la lucha empezaba a curtirles, los enemigos pondrían más énfasis en acabar con ellos. Tocaba cambiar de estrategia. Acordaron separarse sin ninguna otra pauta que el deseo de que la Fuerza les acompañase.

En ese tiempo que Mace Windows huía del Imperio en solitario perfeccionó su técnica y se convirtió en un jedi bastante sabio para no haber tenido maestro y su corta edad. Construyó al fin su sable láser con un cristal verde y desarrolló su manejo. Sabía cómo moverse para evadir a sus enemigos, sabía cómo engañarlos, sabía sobrevivir. O al menos hasta el día en que al fin le dieron caza.

Un día pasó aquello para lo que había estado preparándose. Sentía la presencia. Sabía que Vader le había encontrado. Era consciente de que pese al enorme tamaño y características de ese planeta, estaba acorralado en aquella oscura calle de Nar Saddaa. No intentó escapar e hizo frente a su oscuro enemigo, aproximándose desde las sombras de aquella calle que adquiría tonos fantasmales. No medió palabra; desenfundó su sable láser rojo y atacó con agresividad al joven aprendiz de jedi. Algo estraño pasaba. El jedi a menudo ganaba terreno ante aquel sith. Un destello verde pasó cerca del rostro del sombrío enemigo y de la cercanía del golpe dejó una marca rojiza en el rostro, que Mace pudo ver con claridad sólo un momento. No había máscara, se trataba de otro sith que por alguna razón le había encontrado, seguro que independientemente del Imperio o de Vader. Mientras cavilaba todo esto bajó la guardia y el sith le desarmó, cayendo de bruces al suelo. Vader o no, estaba acabado. -¿Quién eres, jedi? Preguntó acercándose al jedi desarmado con el sable en alza. –Mace Windows, ¿puedo preguntar por la identidad del maestro de sith que me ha derrotado? –Por supuesto, soy Lord N. Hoy ha sido el día en que te he derrotado, pero no será el día que acabe contigo.