Disclaimer: No, nada en el mundo de Harry Potter me pertenece, por desgracia; solo soy la triste autora de esta historia.
Summary: Siempre escuchas el glamour de la vida de un auror, pero lo que no te dicen es todo aquello que tienes que pasar para poder llegar a la cima. Los días en la Academia son conocidos como el infierno, y mucho más si eres cierta metamorfomaga en un mar de testosterona.
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Bienvenida a la Academia
Por: Jess Grape
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Welcome to a men's world
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Eran apenas las cuatro de la mañana y ella ya se encontraba despierta.
Algo que Tonks odiaba con todas sus fuerzas –incluso más que el café- era levantarse temprano. ¿Por qué? Preguntarán ustedes. Pues porque al levantarse temprano, ella debía hacer algo que detestaba: tomar café. Esa sopa de polvos demoníacos con sabor a azufre traído directamente del infierno era lo único que lograba mantenerla despierta durante su horario de trabajo como aurora.
Oh, sí. Nym…. Tonks era una aurora y eso era tan genial que soportaba con humilde silencio la tortura matinal de tomar café. Bueno, 'humilde silencio' no son palabras con las que Tonks se podía describir, o sentir cómoda siendo descrita. En realidad se quejaba bastante entre sorbos diciendo cuán asqueroso era aquel brebaje oscuro; sin importar cuánta leche o azúcar le pusiera, éstos no podían disfrazar el sabor de aquel grano crecido en Colombia.
Suspiró mirando la pared blanca de su cocina mientras hacía lo posible por tomar rápidamente esa cosa infernal. Cuando por fin terminó, depositó su taza en el lavadero y se dirigió a la puerta de su casa, esta vez no se despediría de sus papás porque: uno, ambos se negaban a levantarse a las cuatro de la mañana y dos… no en realidad ésa era la única razón por la que no se despediría de ellos, así que salió y se apareció directamente en una de las entradas del Ministerio de Magia, donde había unos cuantos magos caminando como inferi debido a lo temprano que era.
Caminó hacia uno de los elevadores y entró aún desanimada.
— ¡Buenos días, Nymphadora! — dijo una alegre voz a su derecha. Ella se mordió la lengua para evitar dejar salir una respuesta sarcástica a dicha persona.
—Buenos días, MacFarlane— contestó enfatizando el apellido del hombre, tratando de hacerle entender que prefería ese trato y no los nombres de pila. Pero aquél simplemente comenzó a parlotear sobre reportes y cosas que tenía que hacer durante el día.
Como si necesitara saber algo más sobre reportes pensó agriamente Tonks. Agradeció a Merlín el llegar a su piso con rapidez y salió sin despedirse. Cuando llegó a su cubículo, encontró su escritorio lleno de hojas y gimió internamente ante el pesado día que se le presentaba. Dieciséis horas de divertido papeleo y corregir la redacción de idiotas que creían que "halla" y "haiga" eran ambos correctos.
Con humilde resignación se sentó en su silla y comenzó a separar los reportes de misión de las peticiones oficiales. De nuevo, 'humilde resignación' no es el término correcto para describir lo que pasó, pero suena mejor que 'berrinche y dejarse caer con tanta fuerza en su silla que existe o no la posibilidad de que haya roto una de las patas, no porque sea pesada sino porque Tonks es muuuy fuerte'.
Pasaron cerca de cuatro horas y ella estaba considerando la opción de cortarse las venas con una de las hojas del reporte de Marcus, tan mal escrito que ella había tenido que transcribirlo para hacerlo ver un poco más presentable, cuando comenzaron a llegar sus compañeros, todos platicando y al parecer, no tenían el néctar de Satanás (alías café) en sus sistemas a juzgar por su actitud alegre.
Al momento, se les acercó un hombre de edad mediana apresurado, hablando sobre una misión que necesitaba ser cumplida al momento, algo sobre un grupo de criminales atacando el Callejón Diagon, se sospechaba de uso de magia negra.
Excitación comenzó a correr por sus venas, ¡al fin! Voy a mostrar mi potencial. Se levantó de su recién arreglada silla y se acercó a sus colegas para unirse a los planes, pero cuando llegó ahí, todos se quedaron callados, mirándola.
El mismo hombre que había anunciado el ataque la miró con indecisión. —Eh… Nymphadora, no es recomendable que tú vayas.
Ella lo miró confundida. — ¿A qué te refieres? Soy tan aurora como todos ustedes, de hecho, me gradué con mejores calificaciones que algunos… Marcus.
—Bueno, el trabajo de campo es muy diferente a tus prácticas en la Academia. Creo que eres más útil administrando los papeles, ¡mira qué bien los clasificas y corriges!
Antes de que pudiera replicar, Marcus maldito Marcus le puso una mano en el hombro. —Nympha, es muy peligroso para una mujer, podrías morir ahí afuera, ¿y quién nos corrigiría y nos traería los sándwiches?
—Ok, primero que nada… no, no primero que nada, de nuevo: No. Me. Digas. Así. Y para tu información, se dice 'corregiría', tarado, ¿cómo pudiste entrar a la Academia? Y yo no les tengo que traer los sándwiches, ¿qué soy? ¿La sirvienta? ¿Su cocinera?
Él la miró especulativamente. —Pues…— sus ojos recorrieron el vestuario de Tonks. Y para su horror, cuando miró abajo, llevaba un delantal que decía 'Kiss The Cook'; se llevó una mano al pecho y levantó la mirada, pero ya no se encontraba en los cuarteles de los aurores, sino en una cocina.
— ¡Ahhh! — cayó de su cama y golpeó su cabeza contra la mesita de noche. — ¡Demonios! Ouch…— se dejó caer de nuevo en el piso, una mano en la zona lastimada y los ojos apretados. —Estúpidos hombres…
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Cuando llegó a la Academia, aún le quedaban diez minutos para entrar a clase. Lo que le dio tiempo de comer con normalidad su sándwich de mermelada. Oh, si me pudiera casar contigo lo haría, delicioso, simplemente sublime pensó extasiada. Con una sonrisa se dirigió al salón 604 ubicado en el sexto piso, ¿sabes lo que significa eso? Seis pisos de escaleras. ¡Seis!
Al menos esta vez no fue la última en llegar; pero llegó sin aliento, jadeando y al ver a sus compañeros, se indignó que ellos no tenían la respiración mínimamente alterada. Idiotas.
Dieron las nueve de la mañana y su profesor aún no había llegado. Nueve diez, sentía miradas de otros en ella. Nueve veinte, alguien se quedó dormido. A las nueve y media llegó un hombre de edad mediana, cabello y barba castaños.
—Bienvenidos a Teoría de la Investigación, llevarán esta materia durante todo el año y el siguiente, comenzaremos con prácticas. Espero que hayan traído suficiente pergamino y tinta para tomar dictado, ésta clase es una de las más importantes… la base de su educación como aurores, si la fallan, dejan la Academia. No pueden recursar, no pueden regresar. Durante este año veremos todo el proceso que conlleva hacer una investigación en cualquier tipo de caso y también practicaremos la concentración y la paciencia, virtudes esenciales que no cualquier persona tiene. Verán que para su segundo año, habrá la mitad de ustedes—dijo recorriendo sus ojos por el salón y su mirada se detuvo, incrédula, en el asombroso cabello de Tonks y en su cara, pero probablemente más en su cabello por lo genial que era. El hombre dejó escapar una sonrisa desdeñosa. —Ser un auror, no es fácil, es trabajo de grandes. —sus ojos de nuevo pasando por cada mujer presente, de nuevo, deteniéndose en ella más de lo necesario, divertido por alguna razón— Es trabajo de hombres. Las mujeres, bueno, al ser expulsadas, aún pueden aplicar para enfermería o… cocina.
El profesor Smith resultó ser un verdadero cretino, un cerdo misógino. Y Tonks tuvo que soportar las dos horas de su increíblemente aburrida clase mordiéndose la lengua ante los comentarios del hombre, hablando de cómo las mujeres estaban hechas para la casa, para educar niños, simplemente para el matrimonio. Y las miradas de sus compañeros en ella, ¿por qué demonios la veían?
Para cuando terminó la clase, salió del salón como alma que se la lleva el diablo, nervios a flor de piel. Estaba esperando cualquier tipo de provocación para dejar salir su mal humor. Solo un poco.
Escuchó pasos tras de ella, aumentó su velocidad, la persona también; rodó los ojos y se giró para encarar a un chico de al parecer su misma edad.
—Hola, oye…
—Mira— lo interrumpió con el dedo índice levantado. —Sé lo que estás pensando: oh, esta chica parece ser muy tonta para caer en mis redes. Pues ¿qué crees? ¡Sorpresa, cielito! No lo soy. ¿Crees que es coincidencia que en una clase de cuarenta alumnos solo tres seamos mujeres? Déjame decirte algo, trabajé muy duro para conseguir entrar a la Academia y de aquí en adelante tendré que trabajar aún más. Así que no necesito distracciones, ¿me entiendes? No estoy interesada en ti o lo que puedas ofrecerme, niño.
El chico la miró con los ojos y la boca muy abiertos por un par de segundos y después levantó una ceja. —Solo quería decirte que tenías mermelada en tu mejilla. Pero gracias por un rechazo que no me interesaba tener— dicho esto, se dio media vuelta y se alejó, creyó escuchar un "perra", pero no estaba muy segura. Oh, así que por eso las miradas. Se recargó en la pared y agachó la cabeza.
Tierra, trágame.
