Nota de autora: se me olvidó ponerlo en el capítulo anterior, aunque ya lo mencioné en el resumen, si alguien quiere leer esta historia pero no ha leído la primera parte, le recomiendo que lo haga para poder seguir el hilo de esta, ya que es su secuela (por así decirlo). La otra historia se llama "Nada es lo que parece (Bellarke)".
Bueno, os dejo aquí el nuevo capítulo.
Leed, disfrutad y comentad, please. Gracias :) Bye.
Capítulo 2
Momentos antes había estado estudiando, por lo que tenía todos los libros y apuntes desparramados por la mesa alta —donde solían comer— de la sala.
Ahora Clarke, sentada en el sofá con las piernas sobre el mismo, dibujaba tranquilamente un rostro familiar en su cuaderno de dibujos, delineando suavemente los ojos color avellana y haciendo aquella mirada más profunda. Le encantaba la pintura. Era una forma maravillosa de exprarse; era una de sus pasiones.
Frente a ella había una mesa metálica y baja en la que se encontraban esparcidos varios bocetos de otros dibujos hechos con anterioridad.
La chica se encontraba sola en la casa en aquel momento. Su madre aún estaba de turno y, seguramente, le había dicho ella aquella tarde al acabar las prácticas, llegaría bastante tarde.
Clarke no había vuelto a ver a Bellamy desde que, tres días atrás, ella le gritara. Se había sentido mal desde que aquel día hubo llegado a su casa. Él no había hecho nada malo; no tenía culpa de nada. Lo único que ella quería era pedirle perdón. Extrañamente, le aterraba que el chico se hubiera enfadado y no quisiera volver a verla.
Y no se lo reprochaba. Ella le había gritado sin motivo alguno.
En aquel momento llamaron a la puerta. No podía ser su madre, ya que ella siempre utilizaba su pulsera identificativa y, además, le había dicho que llegaría tarde.
Entonces, pensó en Wells y Glass. Ellos iban a visitarla de vez en cuando a su casa; sobre todo los viernes, aunque fuera un rato. Sin embargo, sabía que su amiga Glass no podía ser, pues le había avisado de que esa noche no podría pasarse porque había quedado con Lucke, ya que ese viernes libraba antes.
Así que sólo le quedaba Wells. Pero cuando abrió la puerta no se encontró con su amigo.
Se llevó una grata sorpresa al comprobar quién era.
—Hola, princesa —dijo, con aquella seductora sonrisa suya. Esta vez no llevaba su uniforme de cadete, sino unos pantalones negros y anchos con unas botas de hombre y una chaqueta oscura sin abrochar que revelaba debajo una camiseta azul no demasiado oscura, pero tampoco demasiado clara.
—Bellamy —sonrió Clarke, aún sorprendida por aquella visita inesperada pero agradable—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Bueno —suspiró—, la última vez que nos vimos no tuvimos una buena despedida.
—Es cierto —coincidió, bajando la mirada avergonzada—. ¿Quieres entrar?
—Claro —dijo él, sonriente.
La joven se apartó para dejarle pasar y cerró tras él.
—Vaya —silbó Bellamy—. Tu casa es bastante grande.
—Supongo que así son todas las casas en Phoenix —dijo, guiándole hasta el desastroso salón—. Perdona el desastre —rió nerviosa—. Es que estaba estudiando y luego me he puesto a dibujar...
—¿Todo esto lo has hecho tú? —la interrumpió Bellamy, admirando sus obras.
—Sí, bueno...; me encanta dibujar —sonrió ella.
De pronto, se acordó del dibujo que había estado haciendo momentos antes y que había dejado sobre la mesita baja frente al sofá, con todos los otros bocetos. Pero ya era demasiado tarde: Bellamy se había fijado en él y lo cogía entre sus manos.
Clarke se puso roja de vergüenza.
—Soy yo —dijo, mirando el dibujo. Era más una afirmación que una pregunta, pues Clarke, como buena artista, había plasmado clara y limpiamente sus rasgos, facciones y expresiones.
—Sí —respondió la chica en un susurro apenas audible. Pero él la escuchó y la miró sonriente, apartando la vista de la obra de Clarke.
—Esto es genial —dijo encantado. Y añadió—: Es muy realista.
—Sí, bueno... yo... —balbuceó, sin saber muy bien cómo excusarse. Ni siquiera sabía ella misma por qué lo había dibujado—... así es como me relajo cuando estoy cansada o preocupada.
—¿Estabas preocupada? —le preguntó Bellamy, alzando una ceja sorprendido.
—Bueno, tú mismo lo has dicho —señaló—: la última vez que nos vimos no tuvimos una buena despedida.
—Sí, claro. Respecto a eso... —pero Clarke le interrumpió apresuradamente.
—Bellamy, siento muchísimo haberte gritado aquel día...
—No, Clarke —negó él—. No tienes que disculparte...
—...no fue justo —siguió hablando como si el joven no hubiera dicho nada—. Tú no tenías culpa de nada.
—...soy yo el que debe disculparse —agachó la cabeza evitando su mirada—. Lo siento mucho, de verdad. No debí insistir. Sólo estaba precupado —le sonó extraño que aquellas palabras salieran de su propia boca.
La mirada de Clarke se enterneció.
—No es culpa tuya, Bellamy —suspiró profundamente—. Soy yo. Aún no estoy preparada para enfrentarme a lo que ocurrió —sonrió con cariño—. Pero me alegra saber que puedo contar contigo. Espero contártelo algún día.
Por fin el muchacho alzó la mirada y la miró sonriente.
—Yo también lo espero.
De pronto, el chico se fijó en uno de los dibujos de la mesita y lo cogió entre sus manos.
—Este ciervo en el bosque está muy conseguido —dijo, realmente admirando la obra—. Tengo que admitirlo —la miró un momento—: eres muy buena.
—Gracias —dijo ella con una sonrisa agradecida. Hasta ahora sólo les había permitido a sus padres y a sus dos mejores amigos, Glass y Wells, ver sus dibujos—. Me fijé en la imagen de un libro sobre la Tierra; tengo muchos dibujos sobre ella. Me gusta mucho ver imágenes y leer sobe la Tierra.
—¿En serio? —Bellamy alzó una ceja—. Yo también he leído libros sobre ella; es muy interesante.
—Sí —coincidió—. Y fascinante.
Observó el dibujo del ciervo una vez más, mientras ella estaba de pie junto a él, ambos sumidos en un apacible silencio.
—Bueno, aunque me fascinan tus dibujos y todo eso de la Tierra —le dijo a Clarke, dejando el dibujo sobre la mesa baja—, creo que deberías hacer algo más que relajarte; deberías divertirte, princesa —y le dedicó una de sus sonrisas.
—Dibujar es divertido —rió ella.
—Es viernes noche. Necesitas divertirte con otras personas —hizo una pequeña pausa, como si estuviera pensando—. Dijiste que te gusta bailar —recordó.
—No quiero volver a encontrarme con Connor —dijo sin emoción alguna en la voz—. Y él siempre está de fiesta los viernes.
—Bien. No quieres salir. No importa; lo entiendo —dijo sinceramente. Entonces, se quitó la chaqueta y la dejó sobre el respaldo del sofá. La camiseta azul que llevaba puesta era de manga corta y ancha. Le gustaba cómo le quedaba la prenda a Bellamy, pensó Clarke. Y cuando se descubrió a sí misma admirando los músculos de sus brazos, sacudió ligeramente la cabeza y desvió la mirada—. Tendremos que traer la fiesta aquí, entonces —sonrió él—. Podemos divertirnos nosotros solos.
La chica rió gratamente.
—¿Dónde está el reproductor de música? —le preguntó—. Sé que en Phoenix tenéis ese tipo de lujos.
Ella alzó una ceja.
—¿Es en serio?
—Por supuesto, princesa —sonrió con picardía—. Soy yo el que iba a hacer que te divirtieras, ¿recuerdas?
—Pero... hay vecinos —balbuceó.
—Las paredes están insonorizadas —insistió; no se daría por vencido—. Y tampoco necesitamos ponerla demasiado alta. Además —añadió—, aún es bastante temprano como para molestar a alguien. A no ser que aquí seáis unos quisquillosos —bromeó entre risas.
Clarke suspiró derrotada, poniendo los ojos en blanco y fingiendo ofenderse, aunque en realidad le divertían sus bromas.
Se acercó a la pared frente al sofá y la mesita, y tecleó en una pantalla táctil de la pared. Podría activarlo con la voz y sería mucho más rápido, pero aquella vez prefirió hacerlo manualmente. Una pantalla mucho más grande se proyectó en el aire, rozando sólo un poco la pared. Desplazó con el dedo índice las múltiples opciones, buscando el reproductor. Cuando lo encontró, pinchó con el dedo sobre él, se apartó y, finalmente, lo activó con la voz:
—Reproducir.
La música comenzó a sonar aleatoriamente.
Espero que os haya gustado. En cuanto al secreto de Clarke, espero haber dejado la huella de la intriga en vosotros. Pero tranquilos, que se revelará más adelante :)
