Disclaimer: Los personajes de Ed, Edd y Eddy pertenecen a Danny Antucci. Este fanfic no tiene ningún fin de lucro y lo escribo porque es muy divertido c: (aunque si pudiese ganarme la vida escribiendo fanfics, creo que dejaría la Universidad).
Revisó una vez más que la ortografía de la etiqueta que estaba poniendo sobre su cuaderno de biología fuese la correcta. Era algo que hacía con casi todas las cosas que etiquetaba, así que no le pareció nada del otro mundo cuando se acercó al librero para buscar su diccionario y comprobar empíricamente que, sí, que lo había escrito bien.
Sonrió con satisfacción cuando vio que la palabra del diccionario era exactamente igual a la que había colocado en la etiqueta. Sin embargo, le dio un segundo vistazo antes de decidirse a cerrar el dichoso libro y colocarlo otra vez en su lugar.
No era una exageración. No, en ningún caso. No se podía fiar de nada en realidad, ni de su propia ortografía. Prefería revisar el diccionario cada vez a equivocarse de esa manera que, al fin y al cabo, para eso estaba.
Finalmente, colocó la etiqueta, sin borrar la sonrisa de su rostro, y guardó el cuaderno en su mochila. Había transcrito todos los apuntes de ese día, y se encontraba realmente satisfecho con su propio trabajo. Y con los de álgebra.
Porque en general, ese había sido un buen día. Casi, casi perfecto.
Cuando miró el reloj de la pared, se dio cuenta de que casi eran las nueve y de que, claro, que ya era tarde. Se levantó de su escritorio y bajó las escaleras pacíficamente. No porque no tuviese prisa, sino porque correr en las escaleras era algo completamente inseguro e innecesariamente riesgoso.
Antes de ir a dormir, tenía un par de cosas por hacer: revisar que todo estuviese en orden.
¿Ventana de la cocina? Cerrada. ¿Puerta trasera? Cerrada. ¿Llave de agua del baño? Cerrada. ¡Oh! ¿Y la llave de paso de gas? Sí, esa también cerrada.
Caminó por todas las habitaciones del primer piso, asegurándose de que nada estuviese fuera de lugar. Y ya casi había terminado, sólo faltaba revisar la puerta de entrada y…
El sonido inusual del timbre de la casa lo hizo dar un salto de asombro. Revisó de nuevo la hora, esta vez la de su celular. No esperaba a nadie a las nueve y media. Ed y Eddy sabían bien que podía recibir visitas exclusivamente hasta las ocho. Incluso los había hecho firmar un contrato.
Se acercó a la puerta de entrada con cautela, sin tener la más mínima idea de quién podría tratarse. Porque realmente no esperaba a nadie.
—¿Esto está funcionando? —escuchó cómo decía una voz familiar detrás de la puerta—. Demonios, parece que este estúpido timbre está roto.
Abrió la puerta con lentitud, como si tuviese algo de miedo de hacerlo. Aunque podría tratarse de un comportamiento natural, considerando quién se encontraba del otro lado.
—Buenas noches, Kevin —saludó, sin abandonar su cordialidad, viendo que era el otro chico el que daba el salto esta vez—. ¿Sucedió algo?
—Bobo —respondió Kevin, casi de manera natural. Edd frunció ligeramente el ceño—. Q-quiero decir, esto, Eddward.
Edd lo miró inquisitivamente, buscando algún signo que le indicara por qué de pronto el pelirrojo estaba en su puerta, llamándolo Eddward. El chico frente a él venía vestido con la misma ropa que llevaba ese día en la escuela, salvo que esta vez además traía la chaqueta del equipo de Béisbol. No parecía nada extraordinario, y tampoco cargaba nada interesante en las manos.
Así que, sin pistas en absoluto, optó por preguntar.
—¿Hay alguna razón en particular por la que tengas que venir hasta mi casa a estas horas?
La pregunta no había sonado de la manera que tenía planeado; cuando la escuchó salir de sus propios labios, le dio la impresión de que había sido incluso algo hostil. Y señores, hostil no es una palabra con la que le gustara identificarse a sí mismo.
Miró a Kevin con cuidado, tratando de analizar su reacción. Vio que el chico sencillamente desviada la mirada y se llevaba una mano al cabello, en una actitud pensativa.
—Bueno, no exactamente… Aunque, en realidad, esto, sí —soltó Kevin, dubitativo—. No sé cómo decir esto.
—Si tiene que ver con la feria de ciencias, soy todo oídos —respondió Edd, sonriéndole al otro chico, en un intento por transmitirle algo de seguridad.
—¡Justamente eso! Mira, Doble bob… quiero decir, Eddward —dijo Kevin, corrigiéndose a sí mismo de una forma ceremoniosa que le hizo algo de gracia a Edd—. Primero, quería disculparme, o algo así. Sé que siempre te encargas de esto tú solo, y que disfrutas este tipo de… cosas, y bueno, blablablá, y todo eso.
Doble D debía darle la razón a su compañero pelirrojo en alguna medida en esta ocasión. Claro que se encargaba de todo el asunto él mismo, y no, no necesitaba ayuda de nadie en particular. Era algo que amaba hacer, y sí, por supuesto que lo disfrutaba.
—Y quiero que sepas que en ningún momento tuve la intención de involucrarme en todo esto, de veras, pero no estoy en condiciones de decirle que no al señor Lowell —continuó el pelirrojo, cambiando su tono de voz a uno muchísimo más serio—. Y en serio que esto ahora significa mucho para mí. Así que me gustaría pedirte que me ayudaras… o algo así.
Edd se quedó inmóvil un par de segundos, analizándolo todo rápidamente. Tenía que admitir que la situación le molestaba bastante, porque la feria de ciencias era algo que realmente amaba, y debía reconocer que la primera impresión que tuvo cuando su profesor le dijo que iba a ser Kevin el que iba a "ayudarlo" a llevarla a flote este año fue, sin lugar a dudas, que el pelirrojo resultaría ser un impedimento más que un aporte.
Pero Kevin estaba ahí, frente a él, pidiéndole ayuda porque significaba mucho para él. ¿Eso no lograba ponerlos a ambos al mismo nivel? Edd pensó que, de alguna extraña manera, sí lo hacía.
Porque, cielos, era la primera interacción que habían tenido en años. Sabía que era lógico; el capitán del equipo de béisbol no hablaba con muchachos como él o sus amigos. Y, sin embargo, había venido a pedirle ayuda.
—¿Entonces quieres esforzarte de verdad? —preguntó Edd finalmente. Kevin asintió enérgicamente.
—No puedo prometerte tantas cosas porque, bueno, soy yo después de todo.
—Kevin, en serio, este es un gesto enternecedor —dijo Eddward, sonriéndole al pelirrojo—. Si te esfuerzas, entonces no habrá de qué preocuparse.
—Eso espero Dob… Eddward —se corrigió una vez más Kevin. Edd soltó una risa discreta.
—Valoro el hecho de que uses mi nombre de pila cada vez que quieras referirte a mí para tratar de hacer nuestra relación más cordial —señaló Edd, sonriendo divertido—, pero es completamente innecesario.
—¿Cómo dices? —preguntó el pelirrojo, visiblemente confundido.
—Que está bien si quieres usar "Edd", o "Doble D". No me molesta en absoluto.
—Vale, vale, Doble D —dijo Kevin, alejándose un poco de la puerta—. Entonces, te veo mañana después de clases, supongo.
—De acuerdo, Kevin —coincidió Edd, viendo al pelirrojo alejarse y despedirse de él con la mano—. Que descanses.
El deportista estuvo a punto de cruzar la calle, pero se detuvo un segundo. Dio media vuelta y caminó nuevamente hacia la casa de Edd. Éste lo miro intrigado, preguntándose seriamente qué podría querer esta vez el otro muchacho.
—¿Sucedió algo, Kevin?
—No, no. Para nada.
—¿Entonces por qué…?
—No te recordaba así —soltó de manera impulsiva, cuando estuvo frente a él—. Eres raro, pero no malo. Sólo raro.
Edd, lejos de ofenderse, rió con un poco más de soltura que antes, asumiendo que Kevin estaba tratando de verdad de hacerle un cumplido.
—Muchas gracias, Kevin. Tú tampoco eres tan malo como recordaba —respondió Edd, siendo sincero.
—¡Es que no me puedo creer que hayas dicho que sí! —le recriminó furioso Eddy.
Doble D suspiró una vez más esa mañana. Tan sólo habían transcurrido un par de minutos desde que había cruzado el umbral de su casa y ya quería volver; imaginaba que todo el resto del día sería así de tortuoso, y eso no le daba para nada ánimos de seguir caminando, mucho menos en compañía de Eddy.
—¡Es que! ¡Ed! ¿¡Puedes creerlo!?
El muchacho más alto se situó entre él y el menor, tratando de alguna forma de generar paz entre ellos (o eso intuía al menos Edd).
—Vamos, los niños buenos no tienen que pelear.
—Los niños buenos no traicionan a sus amigos —dijo el más bajo, todavía furioso—. ¡Y mucho menos con el enemigo! Entre todas las posibles personas, tenías que elegirlo a él. A Kevin.
—Cielos, Eddy, ya te mencioné que no tuve nada que ver en la decisión del señor Lowell.
—Ya, sí, ¡pero es Kevin! —le recriminó nuevamente—. No has pensado que quizás podrías haber dicho algo como, déjame pensar… ¡OH! Ya sé: "¡NO!".
El sarcasmo que estaba usando su amigo no lo ayudaba a sentirse de mejor ánimo. Ciertamente, podría haber dicho que no; después de todo, era una situación completamente indeseada tener a Kevin, de entre todas las personas, ayudándolo con la feria de ciencias.
No es como necesitara ayuda, en primer lugar.
—Eddy, me parece que estás hiperbolizando una situación menor —respondió Edd con voz pausada—. En primer lugar, el trabajo de Kevin no es más que prestar algún tipo de asistencia menor. Y en segundo, Kevin no es más enemigo. La última vez que nos llamó bobos, o nos humilló de alguna manera fue cuando todavía éramos niños. Ahora apenas si nos dirige la palabra.
Contra todo pronóstico, la reacción de Eddy no fue de ira. Doble D casi podía afirmar que fue más bien de resignación, aunque no entendía bien el por qué.
Se fijó que su amigo dejó de caminar unos segundos para quedarse mirando al piso, concentrado en algún punto del asfalto. Se mantuvo así unos instantes (en los que Edd realmente temió por la salud mental del otro), antes de levantar su mirada con rabia y seguir caminando, con un paso muchísimo más firme que el anterior.
—¡Eso ya lo sé, cabeza de calcetín! ¡Ni siquiera necesitas recordármelo! —gritó Eddy, recobrando su tono de enfado—. Ese estúpido orangután se cree mucho mejor que nosotros ahora. Es taaan superior que ni siquiera nos mira en el pasillo; pobre imbécil.
La mirada de fastidio que había cargado Edd hasta ahora se desvaneció cuando oyó las palabras de su amigo.
"Con que es eso, Eddy".
No podía culparlo. La relación de rivalidad de Kevin y Eddy se había interrumpido entre ellos cuando al pelirrojo las cosas comenzaron a funcionarle de maravilla. Tanto, que incluso olvidó lo mal que se llevaba con Eddy. Edd suponía que la popularidad tenía efectos así en la gente.
Sintió unos brazos grandes rodearlo por la cintura y alzarlo del piso, en un abrazo muy apretado.
—Ed, p-por favor. Mi espacio vital e-está… —pidió como pudo Doble D.
—Eddy sólo está preocupado porque tiene miedo de que dejes de jugar con nosotros, como cuando Kevin nos cambió a todos por los palos de béisbol —explicó pausadamente Ed, sin borrar la sonrisa de sus labios.
—¡Por favor! ¡Eso no es cierto! —se quejó Eddy, desviando la mirada y cruzándose de brazos—. Ni siquiera me importa lo que pasó con ese estúpido de Kevin…
—Lo sé, Eddy —coincidió Edd, sonriéndole. En el fondo, todos sabían que Eddy mentía, pero no hacía falta recalcarlo.
—Sólo… no dejes que te robe el intelecto o algo así —agregó Eddy en voz baja, acelerando el paso, casi logrando dejar atrás a sus amigos.
Kevin salió del camarín con prisa. La práctica del equipo se había extendido más de la cuenta y había quedado con Doble D esa misma tarde para comenzar lo-que-sea en lo que estaba involucrado. Todavía no tenía ni la más remota idea de cómo iba a arreglárselas para que las cosas no resultaran en un completo fracaso, pero tenía algo de esperanza en que el Doble Tonto solucionara gran parte del problema.
Después de todo, el bobo seguía siendo un nerd y suponía que debía tomarse con seriedad ese tipo de cosas.
—¡Kevin! —escuchó la voz de una chica llamarlo.
Tuvo que detenerse; era consciente que no tenía mucha opción, considerando de quién se trataba.
—Nazz —le respondió con una sonrisa, mientras volteaba para verla mejor. Lamentablemente, la chica no era alguien a quien pudiese ignorar.
La rubia usaba su uniforme de animadora, y estaba apoyada en uno de los casilleros, en una pose muy casual y amigable; seguramente llevaba todo el tiempo ahí, pero lo más probable es que Kevin no la hubiese notado por la prisa que tenía.
Pero no haberla notado le resultaba bastante extraño, en realidad; se veía muy linda como para no hacerlo.
—¡Aquí estabas! —soltó Nazz alegremente, mientras se acercaba a él y se colgaba de su brazo—. Te llamé tres veces a tu celular, pero no respondiste.
—¿Ah, sí? —preguntó el pelirrojo—. V-verás, la verdad es que tengo prisa, y bueno, no me fijé en las llamadas perdidas.
—¿Qué? ¡No digas eso, Kev! —se quejó la chica, visiblemente desanimada—. No me digas que ya lo olvidaste.
—Esto… c-claro que no he olvidado nada, Nazz.
La chica se llevó las manos a la cintura y lo miró fijamente con actitud desafiante. Kevin no pudo negar que eso había logrado intimidarlo bastante. Conocía lo suficiente a Nazz como para entender que estaba en problemas.
—¿Entonces? —soltó ella sencillamente.
—¿Entonces qué? —preguntó el pelirrojo, bastante confundido.
—¡Pero, Kev! —se quejó Nazz, cruzando los brazos y apoyando su espalda en los casilleros, visiblemente molesta—. Basta de mentirme. Sólo admite que olvidaste que hoy veríamos una película y ya.
El pelirrojo se llevó una mano a la cara y suspiró con cansancio.
—OK, tú ganas; admito que lo olvidé —dijo finalmente, rendido ante su amiga.
—Eres el peor ex novio del mundo —soltó ella burlonamente—. Piensa en cómo vas a compensarme por esto.
—Podemos ver una película cuando tú quieras —contestó el pelirrojo, moviendo los pies impacientemente—. E-es sólo que ahora tengo que… esto…
—Wow, wow… ¿Dónde vas con tanta urgencia, muchacho? —preguntó la chica, con auténtica curiosidad.
"Oh, oh"
—¿Pareciera que tengo prisa? —soltó Kevin, tratando de desviar la pregunta.
—Sólo mírate —le respondió la rubia, aguantando la risa—. ¿Me estás ocultando cosas, Kev?
—Jamás.
—Yo no estaría tan segura —rebatió la chica, mirándolo directamente a los ojos—. ¡Ya sé! ¡Es una cita!
No pudo evitar reír enérgicamente cuando escuchó a su amiga sugerir que iba a una cita. Porque, por favor, una cita no era en absoluto algo parecido a la reunión que tendría con el Doble bobo.
Si tan sólo Nazz supiera dónde realmente tenía que ir, de seguro entendería el chiste.
—¿Qué es tan gracioso? —reclamó la chica, bastante molesta—. ¡Si te vas a burlar de mí, al menos dime por qué!
—Nazz, no es nada —respondió, todavía riendo—. Aunque tal vez entiendas mejor el chiste si hago… ¡esto!
Kevin se acercó rápidamente a su amiga y comenzó a atacarla con cosquillas. La chica trató de defenderse, pero sus esfuerzos fueron en vano, y terminó retorciéndose contra los casilleros.
—¡Kevin! —gritó Nazz entre risas—. ¡Sabes que… pff! ¡U-usar cosquillas no es j-justo!
—Lo sé —respondió, sin dejar de hacerle cosquillas—. Pero adivinaste; la verdad tengo prisa.
—¡Kev, b-basta!
—¡Te veo luego Nazz! —soltó finalmente, antes de salir corriendo por el pasillo.
—¡E-espera, Kevin!
Kevin debía admitir que no tenía reales intenciones de contarle a su amiga dónde iba exactamente; no porque se avergonzara o algo así (la vergüenza no existía cuando se trataba de Nazz), sino porque conocía a su amiga casi a la perfección, y sabía que ella insistiría en ayudarlo.
Y no quería sonar mal, Nazz era una gran chica y todas esas cosas, pero dudaba que tuviese algún tipo de conocimiento científico, e intuía que todo se traduciría en más y más problemas
"Y no es como si me faltaran, precisamente".
Tardó un par de segundos en recordar que su destino era ese lugar que llamaban "biblioteca". En alguna parte de su memoria, tenía consciencia de que un lugar así existía, pero jamás pensó que alguna vez iba a tener la oportunidad de conocerlo.
Recorrió los pasillos en círculos un par de veces antes de llegar al dichoso lugar. Se perdió tantas veces que llegó a cuestionarse si realmente era apropiado que fuese; tal vez era una especie de señal, que estaba tratando de advertirle de algún desastre que pasaría en su vida… o algo así.
Cuando entró a la biblioteca, quedó un poco atónito. Para ser honesto, no recordaba haber estado en ese lugar ni una sola vez, y la cantidad de libros que había lo había dejado algo confundido.
Sin embargo, todo pensamiento extraño que pudo haber estado teniendo en ese momento fue interrumpido cuando cruzó el umbral de la puerta.
Miró a su alrededor totalmente desorientado, sin poder entender de dónde había salido ese lugar. La cantidad de estantes repletos de libros era verdaderamente abrumante; realmente no entendía por qué la gente necesitaría tantos libros en primer lugar. Dudaba que a alguien le alcanzara la vida para leer la mitad de esa montaña de información.
Pero en serio, ¿dónde diablos estaba?
—¿Joven?
La voz pertenecía a una mujer de unos cincuenta años, que lo miraba inquisitivamente. Kevin debía reconocer que se sentía francamente intimidado.
—¿Esta cosa siempre estuvo en la escuela?
La bibliotecaria –o eso suponía él- le puso una cara de hastío que difícilmente le había visto esbozar a otra persona.
OK, había sido una pésima elección de palabras. Se felicitó mentalmente por su intelecto superior.
—¿Necesita algo? —preguntó la mujer, ignorando su pregunta.
—Esto… sí, sí —se apresuró a decir—; estoy buscando a un chico con una gorra de calcetín, ropa algo ñoña y con un espacio entre sus dientes. Se llama Eddward…
—El señor Marion —lo interrumpió ella—. Llego hace unos veinte minutos. Debe estar sentado cerca de la sección de química.
—Gracias —dijo Kevin, dando un par de temerosos pasos al interior de ese mundo desconocido.
—No hay de qué —escuchó que respondía la mujer—. Ah, por cierto; sí, la biblioteca siempre ha estado aquí. Pero no se preocupe, nos encanta recibir deportistas como usted.
Kevin no sabía si sentirse agradecido u ofendido con las palabras de la bibliotecaria, pero decidió que lo más sensato sería ignorarlo y dedicar sus energías a encontrar la dichosa sección de química.
Mientras más se adentraba en los estantes, más espantado se sentía. Se preguntó si acaso existía algún tipo de fobia para los estantes gigantes repletos de libros y revistas, porque de pronto había comenzado a sentirse algo ansioso.
Tratar de encontrar al chico en ese mar de cosas nuevas no estaba dando muy buenos resultados. Había un montón de ñoños en el lugar, pero ninguno era el que estaba buscando.
"¿De dónde sale toda esta gente?"
Los bobos de la biblioteca lo miraban discretamente cada vez que pasaba cerca de ellos. Trataba de hacer como que no se daba cuenta, pero estaba comenzando a fastidiarlo; ¿cuál era el problema con que él estuviese ahí?
"Estúpido Doble Tonto, voy a matarte cuando te encuent- Oh, ahí estás".
Finalmente, pudo divisar al chico bobo sentado en una mesa alejada, pero cerca de la ventana, demasiado concentrado en un libro como para notar que Kevin llevaba rato buscándolo con la mirada.
Suspiró antes de acercarse, tratando de calmar los nervios que habían aparecido de repente.
"Calma, Kev. No tienes nada que temer porque, bueno, no sabes nada… ¿Qué es lo peor que podría salir mal?"
Finalmente terminé de escribir este capítulo. Es mi mala costumbre; realmente tardo meses en subir la continuación a las historias :( Si alguien estaba esperando este capítulo hace tiempo, realmente lo siento :( Me empeño demasiado en mantener los personajes IC, que la narración no sea aburrida, blablablá. Espero haberlo logrado :)
La parte buena: tengo casi un 70% de este fic terminado, pero hay muchos capítulos que están a medias y, bueno, estas cosas pasan.
Anyway, gracias a todas y todos los que pusieron esta historia en favoritos, en follows, y que comentaron el capítulo anterior :) de verdad le dan ánimos a esta chica de seguir con este extraño pasatiempo. Amo esta historia en particular dhusiad de verdad que sí :')
¡Hasta pronto (espero)!
Cualquier crítica, tomatazo, zapatazo y loquesea-azo es bienvenida ;)
