2. Potter…¡Devuélveme mi cuerpo!

Sirius soltó un suspiro y agarró la mano de la rubia a tiempo para impedir que el cuerpo de Lily cayese al suelo.

- Puedo sola – escupió mirándole en la oscuridad del pasadizo que conducía a Hogwarts.

- Por supuesto… - corroboró el moreno con sarcasmo comenzando a andar de nuevo, conduciendo a James por el oscuro pasillo.

Anne le siguió con lentitud, intentando mantener la concentración en el Wingardium leviosa que había invocado con la varita de Lily. Así, ambos continuaron avanzando por la oscuridad, uno sujetándose la capa que cubría su desnudez y agarrando a duras penas la varita con la mano esposada a Anne, la cual, con esa misma mano, sujetaba la varita de su amiga, que se rebelaba contra su nueva ama, y con la otra mantenía en su sitio los pantalones de Sirius a la vez que sujetaba su ropa bajo el brazo.

Al fin, llegaron a la salida del pasadizo que conducía a los terrenos del castillo. Con dificultad, Sirius sacó de uno de los bolsillos del pantalón de James un pergamino doblado y, dejando a su amigo en el suelo con delicadeza, apuntó la varita al pergamino y susurró "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas". Al instante, en el pergamino comenzó a aparecer un plano de Hogwarts plagado de puntos que hacían referencia a todas las personas que en él había. Gracias a las altas horas de la madrugada, casi todos ellos se encontraban en sus correspondientes habitaciones.

- Bien, ahora, cuando salgamos, vamos a ir a la puerta que da a los invernaderos – indicó el moreno recomponiéndose la capa. Anne le miraba con incredulidad. - ¿Qué? – inquirió Sirius cuando se encontró con los ojos de la rubia, que a la oscuridad titilaban suavemente.

- Nada… - masculló la Gryffindor repitiendo el Wingardium leviosa.

Sirius frunció el entrecejo y, con un suspiro, empujó suavemente a la chica por el hueco.

- ¿Por qué yo primera? – inquirió apartando de un manotazo la mano del moreno.

- Porque si salgo yo delante, vas a ver mis mejores cualidades, y eso sólo lo tienen reservado las mejores – comentó el moreno con atractiva diversión.

- Las mejores guarras, querrás decir – rebatió la chica esforzándose por salir sin que se le cayesen los pantalones o Lily.

- Eso no son más que celos, Bayle, celos porque tú eres una de las pocas que no está entre ellas… - presumió con la vista fija en la anatomía posterior de la rubia, que ya había logrado sacar a la pelirroja de allí.

- Más quisieras… - murmuró tirando de la mano por la cual estaba sujeta al Gryffindor. - ¿Quieres darte un poquito más de prisa? El árbol este empieza a moverse... – Sirius salió sujetándose la capa por la entrepierna, dejando al descubierto gran parte de su pecho - ¡Tápate!

- No me da la gana – murmuró, concentrado en sacar del túnel a James. Cuando lo logró, se apresuró a alzarse para tocar uno los nudos que había en el tronco malformado y, al momento, el árbol frenó su movimiento. Para ese entonces, Anne miraba en otra dirección. - ¿Tan poco control tienes sobre ti misma que no puedes ni mirarme? – inquirió el moreno con diversión. La rubia se giró con las cejas alzadas y sonrió, repasando el pecho del moreno con tranquilidad. Sirius se encogió mínimamente bajo la escrutadora mirada.

- Ya ves que no – determinó Anne mirándole con satisfacción.

Sirius se tapó con refunfuñe, alegando con un murmuro que hacía frío, y se encaminó con decisión hacia el castillo. Anne le siguió sonriente, dando tumbos con el cuerpo de la desgraciada pelirroja, y sujetándose el pantalón del moreno.

Cuando llegaron frente a la puerta de madera que daba a la zona de los invernaderos, toda la alegría que había invadido a la rubia escasos instantes atrás, había desaparecido. Sujetar su ropa bajo el brazo, a la pelirroja con una varita que no era suya, mantener los pantalones del imbécil de Black en su sitio y, para colmo, ser arrastrada por el mismo, no era ninguna bendición.

- Black, voy a reducir un poco tus pantalones, espera – susurró dejando a Lily con poco cuidado en el suelo.

- ¡Ni hablar! – masculló el moreno quitándole la varita – Si ni si quiera consigues hacer un Wingardium leviosa como dios manda, no voy a permitir que tortures a mis pantalones. – determinó.

- ¡Es por la varita! – se defendió – Además, luego los devolvemos a su tamaño normal, y asunto concluido.

- Ah, es verdad… los devolveremos a su tamaño normal cuando sepamos cómo demonios arreglar la carta que, mira por donde, ¡rompiste tú! – bramó en un susurro acercándose a la rubia con un gesto de furia. Anne se encogió sobre sí misma y chasqueó la lengua.

- No seas estúpido… aunque supongo que eso resultara imposible para ti – masculló dando un saltito para subirse los pantalones. Sirius enarcó una ceja – Si no quieres que lo haga yo, redúcelos tú. No me pienso quedar con el culo al aire delante de tí – susurró.

- No mientas, eso es lo que más te gustaría – masculló el moreno dejando a James en el suelo y colocándose frente a la rubia – Levántate el jersey – ordenó haciendo un gesto con la cabeza. Anne abrió la boca, malinterpretando sus palabras – Por Morgana… - se quejó el moreno adelantando su mano con decisión y levantando él mismo su jersey hasta el ombligo de la chica, ayudado por la varita de Lily. Anne cogió aire con sorpresa, notando como Sirius rozaba sin querer la piel de su estómago, que había sufrido un espasmo por el frío… o eso quería creer ella – reducio.

De pronto el pantalón del moreno comenzó a encoger sobre el cuerpo de la rubia, que miraba hacia otro lado notando como su respiración se había acelerado.

- Ya, así está bien - informó en un susurro mirándole de nuevo. Pero lo que vio no le gusto nada.

Los ojos grisáceos del moreno brillaban con diversión y lujuria fijos en la cintura de la rubia a la vez que apuntaba con su propia varita hacia la pelvis de la chica. Anne frunció el ceño con molestia.

- Black, te he dicho que así está bien – repitió. Pero el moreno sólo torció la cabeza como único signo de haberla escuchado y continuó con el hechizo. Anne notaba como el pantalón se había enguantado en sus piernas y, poco a poco, comenzaba a ajustarse a ellas, al igual que a la cadera. - ¿Qué narices haces? – exclamó con verdadera molestia - ¡Para! – gritó cuando sintió como su culo era fuertemente marcado por el modificado vaquero.

Sirius hizo caso a su orden y levantó la varita, apoyándosela en el mentón y mirando a su compañera de casa con picardía.

- Quién diría que guardabas curvas bajo esos sacos que te pones Baley… y qué curvas – y como si lo que acabase de decir hubiese sido la respuesta a un examen demasiado sencillo para él, cogió aire y se separó de ella tendiéndole la varita de nuevo.

Girándose, tocó la superficie de madera con la punta de la varita y susurró "alohomora".

- Venga, y ahora intenta no hacer demasiado ruido, que pareces una estampida de hipogrifos… - pidió Sirius volviendo a apuntar a James con la varita. Anne , atónita ante lo que acababa de ocurrir, pestañeó repetidamente y le siguió al sentir el tirón que el moreno le había dado a su brazo. Suspiró, confusa, y, haciendo una mueca para colocarse los pantalones, demasiado ajustados esta vez, le siguió por la puerta que éste había abierto, manteniendo de nuevo la varita de Lily mientras esta flotaba ante ella.

Al instante aparecieron en un corredor de la primera planta.

– Sígueme – susurró Sirius.

- Bueno, pero sólo porque me lo pides tú – se burló la chica siguiendo el tirón que Sirius le había dado a su mano al moverse.

Después de dar una gran vuelta para evitar a Filch, llegaron frente al retrato de la Dama Gorda y entraron en la sala común de Gryffindor. Ya en el interior, posaron con cuidado a James y a Lily en un sofá de la pequeña habitación.

- Bien – suspiró Anne – ¿Y ahora? Porque resulta que tenemos una serie de problemas. – masculló apoyándose en la pared para masajearse los pies con la mano libre, que por andar descalza se le habían quedado como un gigantesco callo. - No podemos vestirnos, ni despertarles, ni separarnos. – Sirius se descolocó el pelo con la mano esposada a Anne, por lo que la chica se vio arrastrada a acercarse a él peligrosamente. – Y tampoco podemos tocarnos el pelo – sumó tirando de su mano y alejándose del moreno, que se había colocado la capa que le cubría el cuerpo alrededor de la cintura, y como a la salida del pasadizo del Sauce Boxeador, había dejado su torso al descubierto. La rubia intentaba no mirar el pecho del Gryffindor, pero, como si de un delicioso manjar se tratase, sus ojos iban a parar inevitablemente al punto de aquel cuerpo al que se mantenía esposada que quedaba al aire, presumiendo de una musculación esbelta y notable, aunque no exagerada.

- Voy a llamar a Lunático – dijo Sirius ignorando los pensamientos de Anne. Sin molestarse en preguntar, emprendió el camino hacia su habitación, siendo seguido irremediablemente por la rubia.

- ¡Es que no te das cuenta de que estamos esposados! – exclamó la chica alcanzándole con rapidez.

- Desgraciadamente, sí – masculló el moreno subiendo las escaleras.

- ¿Por qué eres tan borde? – preguntó la chica con fastidio – El año pasado eras un pelmazo pero por lo menos hacías gracia… - Sirius se frenó de golpe y la miró con seriedad.

- Que estés vestida con mi ropa, sin tener nada debajo, y esposada a mi brazo no quiere decir que puedas hablarme y mucho menos divagar sobre mi forma de ser – informó el moreno – Así que, por el bien de los dos, más te vale que cierres la boca e intentes que los pantalones no dejen a la vista más de lo que me gustaría ver. – Anne agarró instintivamente los pantalones del moreno, que habían escurrido demasiado abajo por lo ajustados que habían quedado, y, ruborizada, emprendió por sí misma la subida, siendo seguida por el Gryffindor, que, con disimulo, sonreía divertido.

Finalmente, llegaron a la habitación de los chicos de séptimo y, para desgracia de Anne, Sirius no dudó un segundo en acercarse a la cama de Remus y tirar de la manta.

- ¿Qué pasa? – exclamó el prefecto con un ojo entrecerrado y en calzoncillos. - ¡Anne! – exclamó tapándose de nuevo.

- Lunático, necesitamos tu ayuda – explicó Sirius levantando la mano esposada y mostrándole a Remus su principal problema. El castaño frunció el ceño y se fijó en las fachas de Sirius, que rodó los ojos – No preguntes demasiado.

***

La luz de un Sol dominguero hizo que Anne entreabriera un ojo. No sabía qué hora era, pero el cansancio que sentía le hizo tratar de acurrucarse entre las mantas, sin embargo, una mano en su cintura no le permitió moverse demasiado. Abriendo el ojo de nuevo, giró la cabeza al sentir que, esa mano, pertenecía a un cuerpo que había tras ella y que, para más exactitud, la estaba abrazando. Tragó saliva y, cuando fue a levantar un brazo para deshacerse de aquel que le aprisionaba, se dio cuenta de que ambas extremidades estaban esposadas y, ante el movimiento de su mano, la otra, como por un resorte, reaccionó, intentando volver a su postura anterior. Sin embargo, como por una certera equivocación, se posó con tranquilidad y firmeza sobre uno de los pechos de la rubia.

- Siempre quise estar así contigo – susurró Sirius a su espalda. Anne abrió los ojos con sorpresa, sintiendo como la piel de su escote se erizaba ante el contacto de la mano del moreno sobre su pezón. – Katherine… - jadeó.

La rubia notó como la furia subía por su cuerpo, haciendo que su abrazado pezón se erizase del todo, pero desde luego no por la caricia del Black. ¡Si quería meterle mano, que por lo menos se acordase de con quien estaba! Como si de brasas estuviese formada la cama, se incorporó quedando sentada y acompañando su sorpresivo movimiento con un chillido agudo.

- ¡Sirius Black, quita tu mano de mi teta si no quieres que te la arranque! – el moreno se incorporó del susto y a causa del tirón que la rubia le había dado a su mano esposada. - ¡Cómo pude aceptar ayer quedarme a dormir en esta habitación! ¡Claro, como según tú dormir en la sala común podría traernos problemas y dormir en el suelo no era para ti, pues mejor dormimos juntos mientras tú me tocas una teta soñando con la guarra de Katherine! – gritó mientras se bajaba la camiseta del moreno, que a causa del libertinaje de su mano, había adquirido una postura algo atrevida.

- Ves… ya dije que eras celosa - masculló Sirius tirando hacia atrás el brazo y haciendo que la rubia se inclinase hacia él – Si te alivia, las tuyas son mejores. – susurró. Anne abrió la boca y, sin que Sirius se lo esperase, le pegó un empujón que le hizo golpearse contra el cabecero. El moreno sólo sonrió. – Por cierto, ¿podrías alcanzarme un pantalón de James? Yo no soy tan exhibicionista como tú… - pidió el moreno alzando las cejas con picardía. Anne le miró sin creer lo que el moreno decía.

- ¿Has dormido desnudo? – preguntó con una vocecita aguda recordando cómo la noche anterior, cuando el Black había intentado calzarse unos pantalones de Remus, el moreno había vuelto a sentir cómo sus manos hervían bajo la tela de la ropa de su amigo.

- No, tu trasero cubría exactamente la zona de mi desnudez. – explicó señalando la parte en la que, bajo la manta, se encontraba su entrepierna.

- ¿Sabes Black? Eso te deja muy por debajo de mis expectativas. No había nada que diferenciase "tu desnudez" de una tabla – replicó mordazmente echando un rápido vistazo a la zona pélvica del moreno. Era una suerte que él hubiese dormido bajo la sábana y ella encima, como manera de prevención a que él se quemase con el pantalón que ella misma vestía. Aunque si lo pensaba, él no se había quejado al abrazarla…

- Eso era porque no había nada cerca que despertase a mi…

- Black, ¿cómo es que has podido tocar tu ropa sin quemarte? – le interrumpió la rubia, pensativa. Sirius la miró frunciendo el ceño. Al instante agarró la camiseta que ella vestía y comprobó que no le quemaba.

Con rapidez, Anne agarró su sujetador, que estaba en el suelo, y sintió que su mano hervía bajo el tacto de la prenda.

- ¡Mierda! – exclamó soltándolo de golpe justo sobre la cabeza del moreno.

- No sabía que fueses tan facilona, Baley… - comentó con picardía el Black cogiendo la prenda y examinándola de cerca. – Sí, mucho mejor que Katherine…

- ¡Suéltalo! – gritó Anne con impotencia. Sirius sonrió y lo metió bajo la sábana – Eres la persona más cerda que he conocido en mi vida.

- Gracias – susurró Sirius incorporándose y quedando a escasos centímetros de la rubia. – Así que podemos tocar nuestra ropa siempre y cuando la lleve puesta el otro… qué útil. – comentó enrollándose con la mano libre la sábana alrededor del cuerpo y abriendo la cortina que rodeaba la cama. Remus, Frank y Peter les miraban desde sus camas. – Buenos días – saludó el moreno con buen ánimo.

- ¡Maldita sea, Black! – gruñó Anne gateando tras él sobre la cama - ¿¡Es que no ves que estamos esposados y que no puedes hacer lo que te de la gana!? Ah… hola, chicos – saludó notando como su rostro se teñía de un bonito color escarlata.

- Joder, Canuto, una cosa es que tengas tus ligues y otra ya que los traigas aquí mientras nosotros estamos en la habitación. – exclamó Frank negando con la cabeza – ¿Es que no tienes sentido de la privacidad?

- Lo siento, chicos, Baley es muy juguetona y a veces sus juegos salen mal – comentó levantando la mano que les mantenía esposados. La rubia abrió la boca con incredulidad y le miró con odio.

- ¿¡Qué estás diciendo!? – exclamó rodeada de las risas de Remus y Peter, que estaban al tanto del problema de los dos Gryffindors.

De pronto, un gruñido al otro lado de la habitación les llamó la atención. James Potter se retorcía graciosamente bajo las sábanas.

- ¿Cornamenta, qué haces? – preguntó Sirius.

- ¿Qué…? ¡AH! – un grito agudo de James les hizo sobresaltarse, a la vez que el moreno se levantaba como impulsado por un cañón y, apuntando a la tienda de campaña que se había formado en su entrepierna, preguntaba - ¿¡Qué narices es esto!?

- Em… pues si no lo sabes tú… - comentó con diversión Remus mientras se rascaba la cabeza.

- ¿Remus? ¿Qué haces tú…? ¡¿PERO QUÉ HAGO YO AQUÍ!? – gritó James con los ojos abiertos como platos y centrando la vista en Anne, que con la camiseta descompuesta y los pantalones ajustados pero caídos le miraba con confusión detrás de un Black semidesnudo. - ¡Anne, qué narices has hecho!

- Eso me pregunto yo… - masculló la rubia frunciendo el ceño.

- Cornamenta, amigo, ¿qué te pasa? – preguntó Sirius acercándose a él con lentitud y arrastrando por lo tanto a la desconcertada Anne.

- ¿Cornamenta? – susurró James con incredulidad. Y en lo que se tarda en decir "snicht", el moreno salió disparado hacia el baño para, nada más entrar, proferir otro grito agudo. - ¡Potter, vas a morir!

Los presentes en la habitación observaron en silencio como James salía del baño y más tarde de la habitación con la velocidad de un suspiro para bajar en tropel las escaleras.

Sirius agarró del brazo esposado a Anne y tiró de ella hacia la Sala Común.

- Black, creo que no es una buena idea… - masculló la rubia sin poder frenar la fuerza del moreno, que estaba realmente concentrado en sujetarse la sábana alrededor de la cintura.

Y evidentemente no fue una buena idea.

Nada más pisar el suelo de la Sala Común, una veintena de ojos se posaron sobre ellos dos. Pero un nuevo bramido de James les hizo olvidarse de lo comprometido de su situación.

- Potter… ¡DEVUÉLVEME MI CUERPO!

***

…-¿Podrías pasarme la falda?- preguntó Lily mirándole con esos ojos suyos verdes esmeralda que lo volvían loco.

- No sé… Creo que te prefiero sin ella…

- ¿Qué dices, Lily? – una voz femenina y demasiado aguda le sacó de sus ensoñaciones.

- ¿Eh?

- ¿¡Qué si me pasas la falda!? – repitió la chica morena, que le miraba desde la puerta del baño enrollada únicamente en una toalla que más desvelaba que escondía.

James frunció el ceño pensando que aún estaba soñando y preguntándose por qué narices había habido ese cambio de personajes tan desfavorecedor.

- Lily, ¿estás bien? – otra voz le hizo darse la vuelta para encontrarse con la cara pecosa de Alice Habbot. - ¿Dónde está Anne?

James parpadeó dos veces mirando a la novia de Frank, su compañero de habitación. ¿Por qué narices le llamaban Lily?, ¿O es que acaso Lily estaba en la misma cama que él?... Emocionado palpó a su alrededor para descubrir que, desalentadoramente, eso no era así.

- ¿Qué hace? – preguntó la chica de la toalla acercándose a él con el ceño fruncido.

- Anne estará por ahí con Black – otra chica se levantó de la cama que había a su lado y los miró a los tres con una sonrisa de picardía – Ayer, cuando volvía de mi cita con Bigilius, ella y Black me hicieron que subiese a Lily a la habitación porque ellos estaban esposados y no podían subir por la escalera. ¿Estás mejor Lily? – preguntó la chica dejando que lo anterior se fuese asentando en la mente de las demás.

- ¿Qué Anne y Sirius estaban esposados? – preguntó la chica de la toalla con una mueca de fastidio.

- Sí…

James sonrió al imaginarse lo que estarían imaginando las chicas. Sin pensarlo, su mano se dirigió hacia su entrepierna para colocar lo que todas las mañanas se despertaba con más ganas de fiesta que él, y entonces, pegando un salto en la cama, comenzó a comprender. ¡¿Dónde narices estaba?! Alarmado, levantó las mantas y miró, encontrándose con dos protuberancias a la altura del pecho que no le dejaban vía libre para observar su paquete. ¡Tenía tetas!

- Chicas, un momentito – exclamó con voz aguda dirigiéndose al baño.

Cuando nada más entrar se miró al espejo, una mueca de asombro de parte de la pelirroja Lily Evans le devolvió la mirada.

No podía ser cierto…

- Lily – le llamó desde fuera Alice – deberías bajar a ver esto. – comentó mordazmente la chica – ¡Potter se ha vuelto loco!

James tragó saliva desde el cuerpo de Lily preguntándose qué es lo que habría pasado para amanecer en el cuerpo de la pelirroja.

- Si, ya salgo – contestó asustado. Después de observarse durante unos segundos en el espejo, se dio cuenta de que sus ganas de mear empezaban a hacerse notar seriamente. "Será mejor que baje y luego ya veré que hago…" pensó, imaginándose lo que le haría Lily si se enterase de que había ido al baño con su cuerpo.

Suspirando y a la vez divertido, salió del baño a tiempo para ver a la chica de la toalla sentada en su cama en tanga y sujetador. Carraspeó e, intentando apartar la mirada de la morena, salió de la habitación. No tardó demasiado en escuchar los gritos.

- ¡Potter, bajar ahora mismo! ¡Sé que me estás escuchando! – aterrorizado, abrió los ojos y aumentó la velocidad de sus pasos hasta llegar frente a la pelirroja, que en ese momento era moreno. - ¡Por fin!

- ¿Qué te crees que estás haciendo? – le susurró James desde el cuerpo de Lily cogiéndola del brazo y llevándola a parte - ¿A caso quieres arruinar mi reputación de sinvergüenza sexy pero cuerdo? – Lily utilizó la nueva fuerza de su cuerpo y se deshizo del ahora fino brazo de James. Era curioso estar hablando con su propio cuerpo.

- Quizás sí – masculló ella - ¿Se puede saber a qué vienen esos pelos? – preguntó intentando peinar su propia cabeza desde el cuerpo de James.

- ¿Estás loca? – exclamó James apartándose de su cuerpo. – Más te vale que te controles porque yo tengo muchas ganas de mear y seguro que no te apetece que vaya al baño con tu cuerpo – le amenazó observándose a sí mismo – Díos… que bueno estoy – murmuró.

- ¡Ven! – exclamó Lily pensando en las palabras que habían salido por su propia boca y, agarrándole del brazo, tiró de él hacia la habitación de los chicos, ante lo que todos los presentes abrieron los ojos. James Potter tirando de Lily Evans hacia la habitación del primero sin que ésta se resistiese era más de lo que podían imaginar.

Sirius suspiró y, aunque él no se percató, varias alumnas cayeron rendidas al suelo por su gesto. Sin embargo Anne tan sólo se cruzó de brazos con hartura, provocando que la mano que permanecía esposada a Sirius quedase rozando de nuevo su pecho. La rubia se ruborizó cuando vio la sonrisa juguetona y juvenil del moreno Black, que únicamente ataviado con una sábana, se acercó a ella y le susurró.

- Ya te dije que eran mejores, no hace falta que insistas tanto. – Anne entrecerró los ojos y descruzó los brazos.

- ¿Sabes, Black? Si alguna vez hiciese eso que dices, sería porque tú estarías en mi cuerpo. – le respondió. Sirius amplió su sonrisa, haciendo que un leve cosquilleo ascendiese desde el ombligo de Anne hasta sus condenados pechos.

- Será mejor que vayamos a mi habitación si no queremos provocar algún que otro infarto – murmuró el moreno.

La rubia suspiró con alivio cuando Sirius se separó de ella y comenzó a caminar hacia la escalera de la habitación de los chicos, tirando de su mano con suavidad. Y justo cuando quedaban escasos dos metros para llegar a la escalera, una prenda de color beis resbaló desde la sabana que cubría la desnudez de Sirius para caer al suelo. Anne observó su sujetador horrorizada y, sabiendo que ella no podría recogerlo, tironeó débilmente de las esposas. Sirius se giró mirándola extrañado y, percatándose de las miradas de los presentes en la sala, descubrió cual era el centro de tanta atención. Anne, con mirada aterrada, vio como Sirius emitía una carcajada que sobrepasó el nivel de los murmullos que se extendían en la Sala Común. Con un gesto de picardía, el moreno se agachó sin apartar los ojos de la rubia y agarró la prenda interior.

– Que descuido, ¿no? – comentó con diversión. La rubia entrecerró los ojos con furia y le empujó hacia las escaleras mientras el moreno se reía mordazmente.

Cuando, después de subir hacia las habitaciones de los Gryffindors con algún que otro tropezón de la torpe Gryffindor acompañado de un insulto de poca galantería, entraron en el cuarto de los de séptimo, las ganas de volver a salir casi les vencen. James, que ahora era Lily, se encontraba sentado con tranquilidad sobre su cama observando como la pelirroja, que ya no lo era, gritaba a diestro y siniestro.

- ¡Y todo esto por el estúpido juego ese! – de pronto Lily, desde el cuerpo de James, se volvió hacia la puerta para mirar a Anne y Sirius, dados de la mano por alguna inexplicable razón, la observaban con cautela. - ¡Vosotros! ¿Podríais explicarme qué narices significa esto? – preguntó levantando los dos trozos de la carta mágica. Anne se escondió tras Sirius sin percatarse de ello.

- Evans, tranquilízate, que nosotros tampoco lo estamos pasando precisamente bien. – gruñó Sirius acercándose a ella y quitándole la carta.

- Oye, podrías avisarme cuando vayas a moverte, que ya estoy un poquito hasta las narices de ser arrastrada – se quejó Anne siguiéndole con sumisión y soltando su mano con rapidez. Sirius la miró ante el gesto de desagrado de la rubia y, con fastidio pegó un tirón a las esposas, lo cual hizo que la Gryffindor tropezase con una zapatilla que había en el suelo y que, finalmente, se agarrase al brazo desnudo del moreno, que sonrió con satisfacción.

- Yo que tú no sonreiría tanto, Black, ¿o es que acaso quieres que todo Gryffindor se entere de la trágica actuación masculina que has interpretado esta noche? – ronroneó la rubia parpadeando con malicia. Sirius enarcó las cejas, sorprendido por ese cambio de estrategia, que había pasado a ser una atrevida y original amenaza. Pero antes de que le diese tiempo a devolverle la pullita, un carraspeo de parte de James les hizo volver a la realidad.

- Cornamenta – dijo Sirius cogiendo aire y mirando al cuerpo de James, pero, tras fruncir el ceño al caer en la cuenta de que ese no era el verdadero James, se giró hasta quedar frente al cuerpo de la pelirroja, que le miraba con una sonrisa juguetona - ¿Qué hacemos?

James se levantó de su cama rascándose la parte trasera de la anatomía de Lily, ante lo que la prefecta soltó un grito que le hizo apartar la mano de allí con rapidez.

- Ejem… yo creo que… bueno, a ver… - masculló el moreno carraspeando – No tengo ni idea.

- ¿Cómo? – exclamó Lily.

- Por Merlín, Lily, tranquilízate – pidió Remus al salir del baño secándose las manos con una toalla – Así lo único que vas a conseguir es que muramos infartados.

- Sí, quizás no sea tan grave y pegando las dos mitades se arregle todo – comentó Anne – Déjame probar, Black – pidió adelantando la mano para que el moreno le diese los pedazos de la carta.

- No, tú no vas a probar nada – negó Sirius apartando las manos del alcance de la chica y provocando, por lo tanto, que la rubia se acercase a él hasta quedar pegados ambos pecho con pecho. Anne frunció el ceño con odio cuando sintió como un calambrazo le recorría la espina dorsal. Si había algo que odiaba en el mundo era a los tíos que iban con el estigma de machos dominantes y que con su actitud parecían decir "Yo soy el hombre, nena: yo conduzco". Le daban arcadas.

- Muy bien, machoman – masculló irritada tironeando del brazo por el que se mantenía esposada al Black – Yo no soy ninguna descerebrada ligera de cascos que se dedica a ir poniendo ojitos a los tipos chulos y arrogantes como tú. Así que no intentes tus tácticas de musculitos conmigo porque, por si no lo sabes, mis amigas me llaman "rompepelotas". – silabeó con furia y gracia.

- ¿Machoman? – repitió Sirius divertido. Nunca ninguna chica se había atrevido a llamarle así. Estúpido y cretino solía ser más usual. Pero jamás nadie se había animado a criticar su masculinidad – Nunca me había sentido tan insultado – se mofó.

- Entonces me extraña que no seas hijo único… - masculló Anne haciendo el intento de cruzarse de brazos y desistiendo al ver la inquietante sonrisa de incredulidad que mostraba Sirius. A pesar de que el moreno tuviese un hermano, Regulus nunca había figurado para él en ese puesto, aunque si lo considerase como tal, entonces sí podría haberse sentido más que insultado…

- Bueno, está bien, dejemos vuestras discusiones de pareja y centrémonos en lo importante – comentó James cruzando las piernas – Como por ejemplo, el problema de que me estoy meando.

- Pues ve al baño – resolvió Peter sin levantarse de la cama. Todas las miradas de los presentes en la habitación se volvieron hacia él, haciendo que se encogiese débilmente.

- Creo que había por ahí un hechizo para eso… - murmuró Remus cogiendo de su mesilla un libro.

- ¿Ves? Por eso anoche llamé a Remus – susurró Sirius al oído de Anne, que se sobresaltó – Siempre tiene solución para todo.

- Sí, como dormir juntos ¿no? – respondió la rubia con sarcasmo. Sirius sonrió detrás de ella. Sí…esa había sido una buena solución.

- Creo que es este – anunció el prefecto. Lily, en el cuerpo de James, se acercó al castaño - ¿Crees que este valdrá? – inquirió.

- Sí… dice que es para absorber agua…

- ¿Estáis locos? – inquirió James con un bailoteo de lo más gracioso - ¿Queréis disecarme? – Remus frunció el ceño y Sirius se carcajeo.

- Cornamenta tiene razón, eso no puede ser bueno para la salud – declaró Sirius.

- Tampoco lo es estar esposada a ti, y me aguanto – rezongó Anne en un murmullo ahogado. Sirius amplió su sonrisa.

- ¿Entonces? – inquirió Lily con los brazos cruzados. Un pequeño silencio se expandió por la estancia, hasta que Frank se atrevió a romperlo con aquello que ninguno se atrevía a reconocer.

- Pues nada, aquí todos somos mayorcitos. – comentó el rubio con diversión – Si no puedes aguantarte, James, ya sabes donde está el baño.


Hasta aquí llegó el segundo capítulo, espero que os haya gustado o por lo menos sacado alguna snrisilla jeje.

pOr favor... estoy con mono de REVIEWS!!!!... os lo agradecería sinceramente :)

Saludos!

Ilisia Brongar