-No puedo creerlo. ¿Qué demonios haces aquí, Granger?
-Que yo sepa no tienes el uso exclusivo de esta tienda- contestó ella a la vez que se volvía para contemplarse en el espejo.
La verdad es que estaba guapa la sangre sucia. Había cambiado mucho desde que Voldemort murió. Ahora Hermione Granger era una estudiante de Derecho mágico con un gran futuro profesional ante ella. Además que su cuerpo había cambiado: nunca fue gorda, pero ahora estaba más voluptuosa que antes, tenía más curvas y su pelo, la comidilla de las chicas Slytherin, estaba liso y brillante y le caía hasta la mitad de la espalda. Ya no parecía una come-libros.
-Vaya, Granger, la ruptura con Weasley te ha sentado muy bien- pensó Draco.
-¿Y bien? ¿Te ha comido la lengua el gato, Malfoy?- preguntó la morena.
-No, Granger, simplemente estaba pensando…
-¿Pensando? ¿Una nueva habilidad?
-Callate, Granger.
-No me mandes callar, Malfoy.
-No lo haría si no fueras una sabelotodo.
-Piérdete.
-No puedo. Semejante cuerpo no puede perderse, es Patrimonio de la Humanidad.
-Creído.
-Bueno, ya está. No se peleen- intervino Madame Malkin.
-Empezó ella- dijo Draco mientras Hermione le sacaba la lengua por detrás de Madame Malkin.
-No me importa quien empezó. A ver, ¿Qué necesita usted?
-Una túnica de gala.
-¿Color?
-Verde serpiente- dijo Hermione, sarcástica.
-Muy graciosa, Granger- sonrió Draco- Negro.
-Corazón negro…- dijo Hermione en un susurro audible.
-¿Dijiste algo?- preguntó Draco.
Hermione se volvió hacia él y le sonrió. Había visto esa sonrisa en su cara miles de veces, pero nunca dirigida a él. Era una sonrisa espectacular, perfecta. Parecía que el sol hubiera salido cuando sonreía así. El corazón empezó a latirle con fuerza.
-No, nada- dijo ella.
Draco se la quedó mirando hasta que la dueña de la tienda le dijo que se subiera él en un taburete para tomarle medidas.
-Bueno, querida- dijo Madame Malkin mientras Draco se subía al taburete- Lo tuyo ya está. Como te dije antes, te lo enviaré a tu casa dentro de una semana.
-Muchas gracias.
-Deja que te ayude, querida.
-Hermione alzó los brazos para que la señora Malkin la ayudara a quitarse la túnica sin que se soltara ningún alfiler. Debajo llevaba puestos unos vaqueros y una camiseta de tirantes color rosa. Draco se aclaró la garganta (se le había secado de golpe) y dijo:
-Vaya, y a donde piensas ir tan gua… elegante- se cortó justo a tiempo. ¿Había estado a punto de decir que era guapa?
-No es de tu incumbencia, Malfoy- dijo ella mientas se acomodaba el pelo y cogía su bolso- Pero voy a una boda.
-Vaya, que casualidad, yo también tengo una boda.
-Que bien- dijo ella, indiferente.
Estaba a punto de salir por la puerta cuando Draco le preguntó:
-¿Cuándo es la boda?
-Tres de Septiembre- contestó.
-¿Qué?- exclamó él.
Hermione dejó la mano sobre el pomo de la puerta y se giró hacia él.
-¿Qué ocurre, Malfoy?
-¿Vas a ir a la boda de Astoria y Blaise?
-¿Cómo sabes…?- comenzó a decir ella. De pronto se interrumpió, abrió mucho los ojos y dijo- No me digas que tú también vas.
Draco asintió lentamente mientras Hermione se dejaba caer en una silla con cara de consternación.
-Vaya, vaya. Esto va a ser interesante.
-¿Qué dices, interesante? Esto va a ser un desastre, Merlín bendito.
-¿Por qué dices eso?- preguntó con cara de inocencia el rubio.
-No me vengas con esas Malfoy. Tú y yo siempre estamos a la gresca y les vamos a estropear la boda. Si no fuera porque ya mandé la confirmación de mi asistencia…
-Habla por ti, Granger. Yo me voy a comportar como siempre, genial- dijo él mientras Hermione le fulminaba con la mirada.
-Bueno, querido, lo tuyo ya está también. En una semana te lo mandaré a tu casa.
-Gracias, señora- dijo Draco, bajándose del taburete.
Draco se paró delante de Hermione, que aún parecía en estado de shock. Se puso de cuclillas para estar a su mismo nivel.
-Mira, Granger, tú y yo hemos tenido nuestras diferencias, ya lo sé, pero esta va a ser la boda de mis amigos y no pienso fastidiarla. Además, coincidirás conmigo en que desde sexto ya no te insulto ni nos llevamos tan mal como en años anteriores.
-Eso es cierto- reconoció Hermione.
-Podemos hacer un pacto de no agresión- propuso Draco.
-Un ¿Qué?
-¿Y tú eres la abogada?- rió él.
-Sé lo que es- se defendió ella- lo que pasa es que no pensé que fueses precisamente tú el que me lo propusieras.
-Muchas chicas se mueren por una proposición mía, así que…- dijo él.
-Venga ya- rió ella- De acuerdo.
Hermione extendió su mano a Draco y él se la estrechó. Era suave y delgada.
Draco se puso en pie, aun sujetando la mano de Hermione, y tiró de ella hacia arriba para que se levantase.
-¿Amigos?- preguntó él.
-No corras tanto, hurón- dijo ella sin malicia- Conocidos solamente.
