Fandom: Saint Seiya
Personajes: Aiolos, Shura, Deathmask
Disclaimer: Saint Seiya y cualquier personaje conocido dentro de este fic no me pertenece.
Rating: T
AU, Universo Alterno, Pre-slash
Parte 2/3
Dos notas antes de empezar el capítulo, iban a ser dos capítulos, pero el segundo fue demasiado largo, así que lo dividiré. La segunda, este capítulo se lo dedico a Adamantha Cryptmaw, ojalá te guste. Gracias por el apoyo.
Empezó a llover.
Su mente estaba hecha un enredo, Aiolos todavía no acababa de procesar los acontecimientos recientes. Tenía la vista fija en Shura, o más bien, en la nuca del muchacho, que era lo que tenía en primer plano.
En la próxima parada se bajaba para ir al departamento de su hermano. Tenía que armarse de valor y preguntarle por lo menos su número telefónico. El corazón le latía rápidamente y le sudaban las manos.
Sacó el móvil del bolso del pantalón. Bueno, eso era lo que trataba de hacer, sus dedos resbalosos no lo permitían. Secó sus dedos en la tela del pantalón, y obtuvo un mejor agarre del dispositivo electrónico.
En el momento que sus dedos atraparon el móvil, lo soltaron inmediatamente. El teléfono comenzó a vibrar.
Era un mensaje de su hermano con instrucciones para llegar a su apartamento, incluyendo un croquis como archivo adjunto.
Cuando levantó la cabeza, nadie estaba en el asiento delantero. Giró la cabeza para buscar al chico. Shura, se recordó, su nombre es Shura.
El bus estaba estacionándose, y Aiolos alcanzó a distinguir la figura de Shura en la puerta del frente. Se levantó a seguirlo.
Cuando bajó del bus notó que estaba lloviendo pero él no llevaba consigo un paraguas. El impermeable lo cubriría de la lluvia helada. Subió la capucha para proteger su cabeza y se dirigió con pasos acelerados al departamento. Una ráfaga de viento le arrancó el gorro de su lugar, sintiendo como lo empapaba el agua helada y se apresuró a acomodar nuevamente la protección. Admitió que las condiciones atmosféricas entonaban con su ánimo.
Al pasar junto a un establecimiento, vio el aparador con dulces en exhibición, dobló la esquina y se metió por la otra entrada de la tienda a comprar un chocolate. Eso le levantaría el espíritu.
Sus pensamientos se centraban en una sola persona. El chico castaño, Aiolos. Tiene bonito nombre... y nunca lo veré de nuevo.
Tomó un suspiro. Si le hubiera interesado lo suficiente me hubiera pedido el número de teléfono, y no lo hizo. Suspiró otra vez.
Con todo lo que pasó creo que él tiene razón en no querer nada conmigo. Por todo lo sucedido, él mismo se descartó para invitar a salir al chico. Él nunca se atrevería a tanto. Sentía cómo el color le subía a sus mejillas. ¡Qué vergüenza!
Se pasó un momento explorando el mostrador de los chocolates, tomándose su tiempo al eligir las golosinas, siendo que al final se llevó una ración de varios dulces que vendían a granel. Pagó su compra y salió del lugar.
Todavía estaba arriba del transporte, una señora de la tercera edad tenía problemas al bajar los escalones y entre dos personas le ayudaban. Aiolos estaba con la vista siguiendo a Shura, en cuanto lograra salir le daría alcance. Su corazón latía con fuerza.
Después de unos minutos que le parecieron una eternidad logró su propósito y en la acera buscó al moreno, lo avistó a una distancia de cuadra y media y echó a correr tras él.
Al cruzar una calle casi lo atropella un auto, pero se recuperó de la impresión y volvió a la persecución. El conductor del auto no dejaba de gritarle, pero no le prestó atención. Tenía otra distracción en su mente, y en el corazón.
Shura dobló por una esquina y al llegar al sitio, Aiolos lo creyó reconocer, estaba torciendo por la esquina siguiente, sus músculos se inyectaron de energía y siguió con más velocidad.
Al llegar a pocos metros del otro empezó a llamarlo por su nombre. Pero el chico no lo escuchaba.
Al darle alcance lo tomó por el brazo.
"Shura" - dijo casi sin aliento, pero con una sonrisa formándose en su boca.
No era el rostro de Shura. No era él. Desorientado, se excusó por la equivocación. Intentó localizarlo, girando y mirando hacia todas direcciones sin lograr encontrarlo. Había pocas personas afuera, la lluvia había convencido a los transeúntes desprovistos de alguna protección contra el agua, buscar refugio de la lluvia intensa, que hasta hace poco era una llovizna ligera.
Descorazonado por el fracaso en su busca, se resguardó del aguacero bajo una marquesina de un local. Se sacudió el exceso de agua de su cabellera y pasó un pañuelo por la cara para secarse. Sacó el móvil de entre sus ropas y abrió la imagen del croquis que le envió su hermano. La estudió unos minutos hasta que se orientó para dirigirse hacia la zona donde se encontraba el departamento de Aiolia.
La lluvia amainó y decidió seguir, tomando el rumbo que concluyó era el indicado. Era atravesar un par de calles más debido al desvío que hizo del camino sugerido por el hermano, no se encontraba tan alejado del edificio de departamentos. En el trayecto de regreso la lluvia cesó, y él no dejaba de pensar en Shura. Quisiera poder encontrarlo nuevamente.
Elevó una plegaria al cielo con su petición y sonrió.
Si tuviera que esperar en esa parada de bus todos los días hasta verlo otra vez, lo haré.
Con ese plan de acción en mente, apuró el paso. No tardó en encontrar la edificación, entró al vestíbulo, no había portero a la vista y se dirigió hacia las escaleras.
Aiolos consideró un instante subir por ahí, pero como iba al quinto piso, desistió. Llamó al ascensor y esperó. Miró hacia los números en el panel que indicaban el piso donde se hallaba el elevador.
Cuando se abrieron las puertas con un campanilleo, observó que la cabina estaba vacía, entró y oprimió el botón con un cinco en color blanco. Escuchó pasos acercándose rápidamente, y alguien lanzó un llamado para detener el ascensor.
Dio un paso al frente con el brazo estirado para mantener la puerta abierta y el cuerpo de una persona chocó contra él, haciéndoles perder el equilibrio, cayendo juntos al suelo.
Durante el lapso de tiempo en que Shura compraba chocolate, había escampado afuera, y al salir a la calle pensó que su suerte mejoraba.
No quería echar a perder su apetito comiendo dulces antes de cenar, pero probar uno no le haría daño. Estaba delicioso, así que se metió otro bombón a la boca.
Siguió así por todo el camino hasta llegar al frente del edificio donde vivía. Mientras subía por la escalinata alcanzó el fondo de la bolsa de los dulces, sólo quedaba uno. Reconociendo su culpabilidad de ser un goloso, y no importándole lo más mínimo, se lo acercó a los labios para consumirlo de un bocado.
Entró al vestíbulo, y mientras de deshacía de la bolsa vacía en el cubo de basura situado en una esquina, escuchó el tintineo del elevador al abrir sus puertas, se apresuró para alcanzarlo.
Pidió detener el cierre de las puertas con un grito, que se percibió algo inarticulado porque todavía saboreaba algo del chocolate. Aceleró al final de la carrera con tal ímpetu que pegó un salto para entrar al ascensor, viendo un espacio desocupado en el lugar.
La propiedad de la impenetrabilidad de la materia se manifestó cabalmente, a saber, ningún cuerpo puede ocupar a la vez el lugar de otro.
Cumpliéndose enseguida la ley de la gravedad, por efecto de la privación del equilibrio de dichos cuerpos. Esta serie veloz de acontecimientos trajo como consecuencia que Shura resultara encima del otro mencionado.
No debí comer tanto chocolate. Pensó Shura.
Continuará...
