La gente… Seres que tienden a ocultar sus sentimientos por miedo a ser lastimados en el mundo exterior, pretendiendo ser algo que no son, presumiendo cosas de las que carecen… Sin embargo, existen personas que expresan abiertamente sus sueños, deseos, pensamientos, sentimientos e ideales, teniendo viva la esperanza de que algún día todo aquello que han dicho con sus palabras, demostrado con sus hechos y forjado con todo su esfuerzo cambiará por completo el futuro de su reino…
Conozco algunas personas que son así… Me es difícil confiar en todo aquello que prometen, pero sé que en un futuro ellos me mostrarán... Que este mundo si puede cambiar su trágico destino.
*Lotta Per Un Amore*
Temporada 1: "Unmei no Deai"
Episodio 2: "La Predicción De Muerte"
-¿Qué sucede con Eduard-san? –
-¿A qué te refieres? –
-Últimamente visita la ciudad con gran frecuencia, ¿le sucede algo? –
-Ha conocido a una chica. –
-¿Una chica? ¿Acaso Eduard-san se ha enamorado? –
-No es eso. –
-¿Entonces…? –
-Tiene la sospecha de que es su hermana menor desaparecida. –
-Lo siento… -
-No pasa nada. –
-¿Eduard-san? –
-Buenas Cecilie-san. –
-Ed. –
-Orphe, buenas. –
-Parece que está de buen humor Ed-san, ¿viene de visitar a la joven, no es así? –
-Nunca dejas de acertar Camus, en efecto, vengo de verla. –
-¿Y cómo te ha ido? Por tu pinta de hoy puedo suponer que bien. –
-Exacto, es como un ángel, de verdad me gustaría que esta chica sea mi hermana desaparecida, tenía tantas ganas de verle. –
-Eduard-san… -
…
-Elaine-san… -
-¡Acaben con él! –
Siete hombres emboscaron a Eduard golpeándolo e impidiéndole que se defendiera, sangre comenzó a brotar de las heridas cada vez más profundas en su cuerpo y se llenó al instante de moretones, su vista comenzaba a nublarse, el cuerpo le pesaba y le ardía mucho, se le dificultaba respirar y cada que lo hacía le dolía, comenzó a cerrar lentamente sus ojos al momento que los hombres le dejaron de golpear, estaba muy cansado y adolorido, quería dormir…
-Ela…Ine…San… -
-Eduard-sama… Lo siento. –
El chico cerró sus ojos, su tez se volvió pálida, su cuerpo comenzó a ser frío, finalmente su corazón dejó de latir…
-Vámonos de aquí. –
-Malditos aristócratas. – El hombre líder escupe en el rostro helado del recién fallecido y se gira hacía sus compañeros que sostenían a la chica causante de todo. – Y tú, más te vale no hablar nada. –
-Lo sé. –
-Larguémonos de aquí. –
…
-¡Cecilie, Cecilie! ¡Reacciona Cecilie! –
Orpherus sostenía a Lady von Christ en sus brazos tratando de hacer que reaccionara, durante su conversación la joven colapsó de repente y siendo el más cercano a ella en ese momento fue quien le tomó en brazos para que no se lastimara, trataban de hacerla reaccionar.
Todos los presentes dejaron salir un suspiro de alivio al verla reaccionar.
-¡Cecilie! Menos mal estás bien. –
-¿Orphe…San…? – Su vista era borrosa, escuchaba muchas voces, le dolía la cabeza… Unos segundos después de frotarse los ojos pudo ver con más claridad, su amigo Orpherus le sostenía en brazos con cierto rostro de alivio, Camus estaba sentado del otro lado sosteniéndole la mano y esbozando una sonrisa de alivio y felicidad, Eduard se encontraba frente a ella mirándola fijamente esperando que la chica hablara. – Chicos… -
-Menos mal no te ha pasado nada, Cecilie. –
-¿Qué…Me ha pasado…? – La chica intentó levantarse, pero los fuertes brazos de Orphe le sostuvieron al notar que su cuerpo aún era pesado como para que pudiera mantenerse en pie.
-Colapsaste de repente, nos diste un gran susto Cheri-san. –
-Lo siento… -
Las imágenes que anteriormente había visto se hicieron presentes en su mente una vez más. Estaba confundida, no entendía que significado tenían, ¿visión o ilusión? ¿Cuál era la verdad? No lo sabía, así que decidió advertir al joven que había visto fallecer… Eduard.
-Eduard-san… -
-¿Qué sucede, Cheri-san? –
-Aléjate de ella… - Las fuerzas volvían a abandonarle, sabía que volvería a caer inconsciente en cualquier momento, sin embargo estaba decidida a confesar lo que había visto, temiendo por la vida de su amigo que veía en peligro.
-¿A qué te refieres? –
-Aléjate… De ella… Aléjate… De… Elaine… San… - Las fuerzas le abandonaron de nuevo, cerró sus ojos y perdió el conocimiento una vez más.
-¡Oye, Cecilie! Reacciona. – Orphe le llamaba esperando que reaccionara.
-Tenemos que llevarla a su habitación, Orphe-san. –
-De acuerdo. – Orpherus cargó en sus brazos a la chica y el grupo se dirigió a la habitación de Cecilie.
Una vez llegaron, Orphe le recostó en su cama.
-Yo cuidaré de ella, pueden ir a descansar si gustan. –
El rubio miró de reojo a su amigo, notando que Eduard se encontraba muy serio y pensativo. – De acuerdo, muchas gracias Camus. –
-No es nada, Orphe-san. – el ojicarmesí tomó asiento en una silla ubicada al lado de la cama mientras miraba fijamente a la chica inconsciente sobre esta.
Orpherus y Eduard abandonaron la habitación y caminaron con rumbo al jardín principal de la academia. El transcurso del camino fue llenado de un silencio aterrador… Orphe conocía a su amigo y sabía que algo le ocurría en esos momentos.
-¿Qué te sucede Ed? Has estado muy serio desde hace rato. –
-No es nada… -
-No trates de ocultarlo, te conozco. –
Ed dejó salir un suspiro profundo y dirigió su mirada al rubio, viéndolo directamente a sus penetrantes ojos azules. – Estoy confundido… ¿Por qué…Por qué Cheri-san dijo eso? ¿Por qué me pidió que me alejara de Elaine-san? –
-Ed… -
-Entiendo que no es nada concreto, pero… Por lo menos quiero disfrutar ese tiempo que puedo pasar con Elaine-san que alguna vez nos fue negado por la Condesa. –
-Entiendo. Entonces deberías preguntarle a ella cuando despierte. –
-De acuerdo. –
-Ahora relájate Ed, si Cecilie ha pronunciado esas palabras debe saber algo que nosotros no. –
-Orphe. –
-Nunca desconfíen de las predicciones de Cecilie. –
-¿Lui? –
-¿Qué haces aquí? –
-Cecilie tiene la capacidad de adivinar el futuro de quienes están a su lado, si te ha dado una advertencia te sugiero que la sigas, lo que menos desea es que alguien cercano a ella sufra en el futuro. –
-¿Y cómo demonios puedes afirmar eso? –
-Porque la conozco desde hace tiempo, y debido a esa capacidad que posee ha salvado muchas vidas… - Ludwig se dio la vuelta y caminó de regreso al edificio. – Y también sufrió mucho debido a ese poder… - Estas últimas palabras fueron más bien un murmuro del pelivioleta que se perdió de la vista de los otros dos al entrar por fin al edificio.
-No te precipites a nada Ed, lo mejor será esperar a que ella despierte y nos dé una explicación. –
-De-De acuerdo, Orphe. –
Los chicos dieron un paseo por el jardín antes de regresar con Camus y Cecilie para ver cómo iba la joven en su recuperación.
En ese mismo momento dentro de la habitación, Camus sostenía la mano de la chica mientras la miraba fijamente.
-Puedo percibir dolor y angustia dentro de ti, ¿qué pasa por tu mente en estos momentos? –
-No vayas Eduard-san… Tienes que alejarte de ella… Tienes que alejarte de Elaine-san… - La joven comenzaba a hablar inconscientemente mientras dormía, Camus comenzó a extrañarse, sabía que no era un simple delirio de la chica debido al desvanecimiento que había sufrido.
-Cecilie-san… ¿Acaso tú puedes…? –
Habían pasado 20 minutos desde que Orphe y Ed habían regresado a sus respectivas habitaciones después de haber terminado con su paseo.
-¿Qué estoy haciendo, pasando el tiempo con ella y usándola como sustituta de mi hermana? –
El chico se levanta de la silla y mira a su chaqueta militar en la cama y una pequeña nota sobresaliendo del bolsillo superior.
-¿Uh? –
Eduard abre la nota y comienza a leerla.
-Eduard lo siento, ya no puedo aguantarlo más. Quisiera salir corriendo y olvidarlo todo ¿Vendrás conmigo? Te esperaré. –
Continuará…
