Capítulo 1
¡Demasiada información y pocas respuestas!
Ambos adolescentes se encontraban agotados, cansados. Sudando y jadeando por el esfuerzo, mientras la canción llegaba a su fin, el azabache miró con cierto tono de superioridad a Hinata.
– He ganado. – Sentenció. Pero Hinata frunció el ceño, mordiéndose el labio inferior.
– ¡Mentira! He ganado yo. – Contestó con rabia, acercándose un paso al contrario.
– He. Ganado. Yo. -–Hizo la misma acción acercándose a Hinata, hasta que quedaron cara a cara, comenzando a gritar como niños.
– Yo.
– YO.
– ¡No!
– Sí.
– Que no.
– Que sí.
– YO.
– MALDITO ENANO, HE DICHO QUE HE GANADO YO.
Y podrían haber seguido discutiendo durante toda la mañana, pero otra persona hizo acto de presencia en la escena. A la espalda de Hinata, aquel chico rió con un tono suave y agradable.
– Los dos lo habéis hecho muy bien. – Dijo, dando un aplauso leve. El más bajo se giró pero, antes de que pudiese decir nada, el otro se pronunció.
– Ah, Suga. – Dijo, visiblemente más tranquilo que hacía un escaso minuto. El otro chico, de cabello color beige, una marca debajo del ojo y con un curioso mechón rebelde en lo alto de su cabeza, sonrió apaciblemente.
– Kageyama, tenemos que entrar ya. Vas a llegar tarde a tu examen de acceso. – Y, como si de un perrito se tratara, Kageyama asintió y caminó hacia él. Pero, antes de que se fueran, Hinata apretó los puños, frunciendo el ceño.
– ¡Puede que tu técnica sea mejor que la mía, pero te aseguro que te superaré! ¡He venido a ésta academia para ser un gran bailarín, por eso me encargaré de aplastarte! – Gritó, con los ojos cerrados con fuerza. Suga parecía confundido, pero Kageyama se encontraba muy serio, examinando al más pequeño. Después, le señaló, en una épica pose.
– Te invito a que lo intentes.
Tras eso, Kageyama y Suga se fueron por su camino y Hinata por el suyo, hasta que recordó que era el mismo que los otros dos, por lo que el camino hasta la entrada del edificio principal fue el camino de la vergüenza caminando detrás de su rival y Suga. La prueba de acceso pasó tan rápido que ni se dio cuenta; consistía en un examen con preguntas de secundaria básica, otro teórico sobre baile y una prueba práctica de improvisación. Pero aquello no fue lo que más recordaría Hinata durante días después. Fue aquel misterioso Kageyama, su amigo Suga, el intenso combate. Solo deseaba volver a encontrarles allí dentro, poder retarle en un futuro y sentir que había ganado.
El día de los resultados llegó, y Hinata pudo ver en los tablones colocados en el interior del edificio principal de su futura Academia su nombre entre los elegidos. Con sus ojos brillando, alzó un puño, emocionado. Definitivamente, se convencía cada vez más; debía llegar a lo más alto. Y con ese pensamiento un mes después llegó a su primer día de clase.
Con su mochila cargada de libros y el corazón cargado de esperanzas y el son del baile, su pasión, entró a su clase por primera vez, encontrando allí una escena algo fuera de lugar: allí dos chicos discutían casi llegando a las manos, mientras el resto de la clase cuchicheaba. Perplejo, Hinata se alejó del cúmulo de la pelea y se sentó en un sitio libre al lado de la ventana. Miró a todos lados y se dio cuenta de que había un chico al lado suyo de cabello castaño y en pincho que miraba atento.
– Eh... ¿Qué les pasa? – Preguntó el pequeño, parpadeando un par de veces. El chico se giró hacia él, sonriente.
– Uno es de baile clásico y otro de moderno. – Explicó, como si fuese lo más natural del mundo. No hizo falta ni que Hinata dijera nada, ya que su expresión explicó totalmente su confusión. – Ah, no estarás al corriente aún... ¿Sabes que hay asignaturas de baile moderno y clásico?
Hinata asintió.
– Yo he escogido las de baile moderno. – Explicó. El otro sonrió, asintiendo.
– ¡Hah! Yo también. –Dijo animosamente. Después carraspeó. – Pues desde siempre se han formado dos bandos en la escuela; los clásicos y los modernos. Se llevan fatal entre ellos por lo general, y en las asignaturas comunes como Literatura, Japonés, Inglés o Matemáticas pasan a veces éstas cosas. Ésta vez, el de baile moderno le ha dicho al de baile clásico que se ponga un tutú y le baile el lago de los cisnes. Y después algo de "bailame ésta" y bajarse los pantalones.- Terminó de explicar, a lo que Hinata tragó saliva, entre atemorizado y asombrado por la competitividad que había en la academia. Empezaba a digerir poco a poco que no se encontraba en un cuento de hadas.
– ¡Ah! Soy Inuoka Sou. – Se presentó el chico, que le había parecido desde el principio muy agradable a Hinata. Éste sonrió.
– ¡Hinata Shouyou! – Respondió. Inuoka terminó por girarse totalmente hacia él, dándole la espalda a la pelea que estaba siendo reprimida entonces por un profesor.
– Encantado, Shouyou. ¡Ah! ¿Vas a entrar a algún grupo de baile? Yo voy a aplicar para entrar a Nekoma. ¡Son tan geniales! – Comentó animado, apoyando el codo sobre la mesa, y su cabeza sobre la mano.
– ¿Grupo de baile...? – Preguntó el pelirrojo, que seguía muy confundido. Inuoka rompió en carcajadas, palmeándole la espalda.
– ¿Pero has entrado a ciegas sin saber nada de nadie? ¡Pareces el protagonista de un shounen! A ver... los de baile clásico van por libre, a su marcha y sin juntarse con nadie; pero los de baile moderno tenemos grupos de baile. Además, la escuela hace de vez en cuando competiciones de baile entre grupos. ¡Es lo más divertido del mundo! Los reyes de las competiciones son Nekoma. Pero hay muchíiisimos. – Y mientras Inuoka seguía hablando sin cesar, a Hinata se le encendió la bombilla, lo que mostró con un gesto animado.
– ¡Ah, el Small Dancing Giant estaba en un grupo llamado Karasuno! – Gritó, haciendo que toda la clase se girara hacia él por un momento. Inuoka se quedó pensativo, casi decepcionado.
– Sé quién es él, pero... Karasuno ahora no es como en sus tiempos, Shouyou. – Le comentó casi en baja voz, pero Hinata no escuchó. Y tampoco le dio tiempo, pues el profesor consiguió calmar a los dos e indicó que daría inicio la clase. Por lo que los dos nuevos amigos se pusieron en su posición.
En esa aburrida clase de Matemáticas, Hinata estuvo pensando sobre lo que había vivido hasta ese momento. Las rivalidades, los equipos... Estaba deseando inscribirse en el equipo de Karasuno, aunque no sabía ni cómo.
Pero, aún más, todavía no sabía dónde estaba Kageyama. Si iría a su clase o quizás a otra; qué asignaturas habría escogido, o si le volvería a ver. Y quería saber más sobre Suga, su misterioso amigo.
Pero, unas horas después, llegaba la hora de comer. Y en HQ Dance Academy, a las cuatro hasta las siete comenzaban las clases de baile, donde todos los alumnos se encaminaban a las asignaturas optivas, de baile moderno o clásico, que habían escogido, cada uno en el edificio especial que tenían para cada especialidad.
Y Kageyama caminaba hacia sus clases de baile a paso sonoro, decidido, con su gesto usual. Al abrir la puerta del aula, no pudo evitar cegarse con la luz que desprendía su interior. Y con quien se encontraría allí...
