No pongas todas tus esperanzas en Yoh y búscate tu propio destino

Era la Anna que yo conocía, pero en su interior, algo había cambiado. Su determinación. Quizá aquellas palabras le devolvieron a la realidad y le mostraron que, en realidad, dependía demasiado de Yoh, que en realidad, siempre le estaba haciendo entrenar para que él se convirtiera en el rey de los Shamanes. Y si él fallaba, ella se quedaría sin nada.

Lo que Kino pretendía era que ella misma se labrara un futuro. Y parecía que la oportunidad había llegado. Ahora que no estaba Yoh para solucionar los problemas, sería Anna quien debería hacer algo. Y Anna se lo tomó en serio. Sabía que, a pesar del duro entrenamiento impuesto a su prometido, el sedentarismo que ella misma había llevado no la había hecho mejorar en absoluto. Por eso, lo primero era purificarse.

Y para que me hiciera una idea de la gravedad del asunto (aunque yo ya tenía una bastante clara), me explicó que debía buscar a Ryu, a Horo Horo, a Ren, a Chocolove, a Liserg, a Fausto…

Asentí, haciéndole ver que comprendía, y me calcé para ir en busca de Ryu, el único que sabía que continuaba viviendo en la ciudad.

Llovía, pero a pesar de ello, había un cuervo posado en el murete que cercaba la casa. Nos miramos un instante, parecía que el animal realmente quería decirme algo. Y cuando proseguí mi camino, él se quedó allí, vigilando los movimientos de la itako, que aguardaba en el interior, haciendo o pensando Dios sabe qué.


-Doña Anna. ¿Ocurre algo?

-Yoh ha desaparecido.

Y lo deja caer así, tan tranquila, sabiendo que es una bomba para Ryu, que lo hubiera sido aunque lo hubiera preparado, aunque lo hubiera dicho con tacto.

-Que Don Yoh ha… -no pudo continuar. Perdió de golpe todo el color de la cara, el peinado se le hundió.

-Quiero que busques a los otros, que los reúnas aquí.

-Pero… pero… ¿cómo?

-Fue en busca de Manta. Ya no preguntes más, solo hazlo.

-¿Y usted?

Anna se dio la vuelta, ya a medio camino de la puerta, y le miró.

-Yo iré a Izumo. Allí sabré todo.

-Pero…

-Hazlo.

-Doña Anna.

-¿Algún problema?

Su mirada amenazadora, su tono de voz furioso, cansado de tantas preguntas, le asustaron lo suficiente como para mantenerlo callado, pero cuando salíamos por la puerta de la casa pudimos oír su grito desgarrado, y durante horas, pude ver las lágrimas que caían de sus ojos, porque eran las mismas que surgieron los míos cuando me enteré, las mismas que me ahogaron noche tras noche, en la intimidad de mi habitación, hasta que se agotaron. O hasta que Anna me convenció de que no iba a pasar nada.

-Si los espíritus hubieran querido decirme algo lo habrían hecho. La advertencia viene del más allá. –me dijo, sentadas en el tren. –Voy a buscar a Yoh, y lo voy a encontrar. –su voz daba un poco de miedo por la seguridad que rezumaba… pero era una seguridad aterrorizada, estoy segura, por todas las estúpidas razones que se daba para convencerse a sí misma de que lo conseguiría (nunca me las confesaría a mí). Esta vez no tenía a nadie a quien echarle la culpa en caso de fallar. Y eso era en parte lo que más le dolía. Tenía miedo porque creía que estaba sola. Y no se había dado cuenta de que yo estaba con ella, y de que los demás también lo estarían. No solo por Yoh, sino también por Anna Kyouyama, esa itako que durante el torneo de Shamanes los mantuvo al hilo a todos, a la que, sin decirlo, habían cogido una especie de cariño, una relación ambigua, pero especial, por ambos lados, sin que ninguno se diera cuenta.


En Izumo el día era igual de gris. Llovía, el viento soplaba gélido, y se colaba entre la ropa, pero a Anna no pareció importarle.

-Ven. –me dijo con determinación.

La seguí sin preguntarle siquiera a dónde íbamos. La seguí a través del camino embarrado, la seguí cuando cerró el paraguas para meterse entre los árboles, y también cuando escaló un pequeña pendiente pedregosa, estando ya empapadas, para llegar al pequeño sendero que conducía a la cascada helada donde debía purificarse. Estaba todo envuelto en una bruma densa, pero hacía mucho frío. Los abrigos no hacían demasiado, pero al menos impedían que la ropa que llevábamos debajo se mojara.

Anna se acercó a un pequeño socavón en un lado de la pared de roca donde podíamos estar resguardadas.

-No tienes la yutaka. –le advertí. Normalmente, los rituales de purificación se hacen con esa prenda.

-No importa. –comenzó a desnudarse. Se lo quitó todo, dejándolo a resguardo de la lluvia.

Se me quedó mirando.

-¿A qué esperas?

-¿Yo… yo también? –tartamudeé.

-Por supuesto. Necesito que me ayudes.

Los ojos se me llenaron de lágrimas debido a la emoción. No podía creer que Anna me hubiera pedido ayuda…

Me quité la ropa en un abrir y cerrar de ojos y fui la primera en dirigirme al río. Sin embargo, en cuanto metí mi decidido pie lo saqué. El agua no estaba fría, estaba congelada; y entre la lluvia que me había empapado y el viento, parecía que una capa de escarcha cubriría mi cuerpo de un momento a otro. Temblaba todavía indecisa cuando ella pasó a mi lado, se metió dentro, y se sentó bajo la cascada, con los ojos cerrados.

-Vamos. –animó sin mirarme.

Fui tras ella, firmemente, y me senté a su lado.

-Cierra los ojos, deja la mente en blanco. Entrarás en un mundo totalmente diferente, una realidad paralela en la que podrás percibir muchas cosas.

»Tienes la habilidad de leer el futuro. No la desaproveches; registra cada sensación y luego cuéntamelas.

Poco a poco, fui perdiendo sensibilidad. El frío me anestesió el cuerpo.

-Concéntrate. –insistió Anna, ya con un tono ausente.

La mente en blanco, no sentía nada. Nada en absoluto. A mi alrededor el mundo había desaparecido, me había vuelto ciega. El sonido de la cascada, el de la lluvia repiqueteando en las piedras se fundió para ir desapareciendo paulatinamente. Más tarde, haciendo memoria, me di cuenta de que no lo eché en falta en absoluto. Era como si hubiera dado un paso dentro de un mundo extraño, que me acogía con los brazos abiertos para contarme uno a uno los secretos de las entrañas del planeta.

Y vi muchas cosas.

Vi un fondo blanco, y sentí el azote de un viento furioso en mi rostro. Entre los rastros de nieve que flotaban en el aire se dibujaron varias sombras. Sombras muy grandes, gigantescas, que luchaban contra algo que no podía adivinar. La niebla era densa, parecía que la podría coger con la mano. Gritos humanos resonaban, hombres vestidos con lo que parecían pieles, con cuernos en los yelmos, y las grandes sombras abalanzándose contra ellos.

No muy lejos de mí pasó una sombra mucho más sutil que las demás. Su escudo emitía unos bellísimos haces de luces de colores, que me mantuvieron como hipnotizada hasta que percibí que la forma pertenecía a una mujer ataviada con ropajes guerreros. A su lado aparecieron más como ella, con los cabellos ondeando debido al viento.

Se oyó el aullido de un lobo. El eco de un cuerno. Más aullidos.

La tierra tembló. Yo temblé con ella. Podía ver algo más allá, un edificio grandioso, más allá de la vasta explanada. Una enorme serpiente se arrastraba a sus pies…

Alguien me zarandeaba.

Abrí los ojos y vi a Anna.

-Ya está bien.

-Pero, pero… estaba viendo algo.¡Lo estaba viendo! –la emoción no me dejaba vocalizar bien. –Yo… ¡era una batalla¡En mitad de la nieve! Y…

-Lo sé. Yo también lo he visto.-Me cortó.

Me quedé un instante paralizada.

-Entonces…

-Ahora iremos al templo, cogerás tus tablillas, y me dirás qué va a pasar. Sabes lo que tienes que ver, así que espero que sirvas de algo.

Empezó a vestirse. Yo la secundé. Era difícil ponerse la ropa sobre la piel húmeda, pero lo conseguí, y salí corriendo tras ella.

-Doña Anna… -me atreví a preguntar por fin cuando estábamos casi llegando al pueblo.

-¿Qué pasa? –no se paró a mirarme.

-¿Qué era…¿Qué era esa batalla¿Lo sabe?

Anna lo meditó un instante, solo un instante de silencio en el que solo se oía el murmullo de la lluvia.

-Lo único que se me ocurre… es Midgard.


Espero que os haya gustado, y que no se esté haciendo demasiado pesado (que no me esté volviendo muy retórica y retorcida :P)

Con respecto a un comentario de que Tamao nunca llamaría idiota a Yoh… bueno, era en sentido cariñoso, pero creo que tienes razón. Está demasiado colada por él como para hacerlo.

Y con lo de la pareja Tamao-Yoh… pues aquí lo siento. Lejos de lo que pudiera parecer, Tamao NO es la protagonista. Creo que le falta un poco de carácter, a pesar de no caerme mal del todo; es simplemente una narradora objetiva de los hechos que van ocurriendo. Más tarde dejará de serlo, pero vendrá en próximos capítulos. No tengo nada en contra de ella, y esto NO quiere decir que vaya a ser un Yoh-Anna. (o sí… quién sabe… depende de cómo vaya quedando todo)

Procuraré aclarar todo el próximo capítulo (por si alguien está intrigado n.n) pero no sé lo que tardaré en escribirlo. (Espero que no mucho ). Para los que quieran tener una idea… solo recomiendo que echéis un vistazo a la mitología germánica.