Cada hueso de mi cuerpo parece estar hecho de plomo mientras subo los escalones hacia el improvisado escenario de la plaza. La chica que fue elegida como tributo me dedica una mirada de incredulidad y forma la palabra gracias con sus labios, aunque todo el distrito me odia, es la única que se siente agradecida, después de todo acabo de salvar su vida. Le sonrió de vuelta, aparentando una calma que no tengo para nada. Las manos me tiemblan y las cierro en un puño para disfrazar el temblor.
Ni siquiera me preocupa lo corto que esta mi vestido, lo mucho que puedo estar revelando ante las cámaras en este momento porque mientras me acercó a Gil Terrance recuerdo que me ofrecí voluntaria para ser tributo, que en una semana estaré luchando por mi vida contra 23 chicos con sed de sangre.
— ¡Nuestra primera tributo de la noche! — dice Gil con ese estúpido acento del capitolio.
Se acerca a mí y toma mi mano arrastrándome frente al micrófono, incluso sus manos tienen destellos naranjas, como si pequeñas estrellas se hubieran incrustado en sus poros. Su tacto es tibio lo que me permite saber que tan fría estoy. Sonríe al público como solo él sabe hacer y me pregunta mi nombre.
—Daphne Oak. – contesto sin titubear, viendo a nadie en particular.
Desde mi posición todos lucen extraños, todos parecen estar en un momento de shock, nadie se imaginaria que me ofrecería voluntaria. Y entonces sucede lo inimaginable, todos estallan en aplausos. Todos, aplauden con felicidad, vitorean y sonríen triunfales. Nunca, desde que los juegos empezaron alguien había aplaudido de esa forma, en ocasiones hay unos que otros aplausos pero nada como lo que esta sucediendo ahora. Chiflan, aclaman mi nombre y sus gritos me aturden tanto que quiero taparme los oídos con ambas manos pero no les daré esa satisfacción. Gil aplaude con ellos creyendo que me vitorean porque soy una héroe, pero yo se la razón, están felices porque podrán verme sufrir en la arena.
—Muy bien, muy bien. Pero la emoción aún no termina, ahora vamos por los chicos.
Mientras Gil se acerca a la urna de cristal de los chicos tengo un deja Vu, de la última cosecha que había presenciado.
Tenía 15 años, y jamás me había sentido tan aliviada en mi vida como en ese momento. Los nudillos de mis manos estaban blancos de tener los puños cerrados, no fui escogida, no iba a ser un tributo ese año. Le sonreí a mis hermanos que me animaban desde donde se encontraba el público, aun no cumplían los 12 y los gemelos tenían tiempo para disfrutar lejos de la angustia de la cosecha.
Pero entonces un nuevo nudo se había atorado en mi garganta y una mano invisible presionó mi corazón, mi atención voló directamente hacia el presentador Gil quien ahora buscaba un papel entre los miles de la urna. Habían dos papeles que deseaba no tomara (8, en realidad, 4 por cada año que sus nombres se habían metido a la urna, yo tenía 8 porque en mi primer año pedí 5 teselas, ellos no me dejaron pedir mas a partir de ese año.). 2 personas que deseaba no fueran elegidas, solo dos personas que me importaban lo suficiente para cerrar los ojos y rezar a algún dios que me escuchara.
—Aquí esta. —dijo el presentador acercándose al micrófono con el papel "ganador".
Mis ojos volaron hasta donde estaban mis amigos, los dos estaban juntos como siempre, sus miradas eran duras y serias pero los conocía tan bien como para saber que ambos estaban muriéndose por dentro. Bryan mordía su labio tan fuerte que imagine que podía oler la sangre. Jaime tenía sus manos en puño al igual que yo hace un momento. Quería estar con ellos, abrazarlos fuertemente y asegurarles que estarían bien, pero no era buena mintiendo.
—El chico que vendrá este año es… ¡Jamie Woods!
Mi primer pensamiento fue que no era Bryan, mi novio estaba a salvo y podríamos escapar tal y como lo habíamos planeado esa mañana. Pero entonces veo al chico que sube las escaleras y mi corazón se detuvo, era Jamie. Su cabello se había despeinado un poco mientras subía y ahora lucia como cuando cortaba árboles en el bosque, aunque tenía las manos en puño aún se podía notar el ligero temblor. Las lágrimas se agruparon en mis ojos y en unos segundos estaba llorando, era imposible. Jamie.
—No, no, no, no. — las palabras las repetí mientras su mirada me encontraba y sonreía tristemente.
"Si alguno de nosotros alguna vez es elegido, seremos fuertes", eso había dicho Jamie cuando tuvimos nuestra primera cosecha, pero parecía tan difícil de cumplir. Unos brazos me agarraron por detrás y tuve un hombro para llorar, era Bryan, susurrándome al oído que Jamie estaría bien. Él tampoco sabía mentir.
Y ahora vuelvo a presenciar una cosecha masculina, en ese entonces solo me preocupaban Bryan y Jamie, el primero esta muerto y el segundo ya ha sido elegido tributo. Pero entonces mis ojos vuelan hasta mis hermanos gemelos, ambos tomándose de la mano sin importarles lo que los otros puedan decir, al igual que cuando eran pequeños y temían de la oscuridad.
Gil se acerca al micrófono una vez más desdoblando el papel de sus manos y lee con una voz clara el nombre del desafortunado. Y no son mis hermanos.
— ¡Corylus Stain!
No puedo más que animarme porque no es el nombre de ninguno de mis hermanos, lo menos que quiero es tener que verlos sufrir en la arena, pero cuando el chico sube al escenario el ánimo se esfuma. Reconozco al chico aun cuando ha cambiado, su musculatura aumento al igual que su estatura, ahora me saca al menos una cabeza. Es un chico de piel tostada por el sol, tiene ojos verdes y el cabello negro como la noche, una apariencia linda pero que para mí solo representa maldad. Entrecierra sus ojos y me fulmina con la mirada, aun después de todos los años que han pasado sigue odiándome y sé que no va a dejar la oportunidad de hacer mi vida miserable durante los juegos.
— ¡Denle un aplauso a sus tributos! — Pide Gil acercando a Corylus al micrófono donde yo aún estoy parada — Ahora, dense la mano.
Lo que pide es tan sencillo, pero ¿cómo puedo hacerlo? Todo en el cuerpo de Corylus implica que está dispuesto a asesinarme, incluso si está asustado por lo que pueda pasar una vez llegando a la arena no lo demuestra pues tan solo me sonríe, pensando tal vez en la manera de matarme, una forma lenta y dolorosa por la humillación que le hice pasar seguramente. Alzo mi mano y agarró la suya en un rápido y fuerte apretón.
—Que la suerte este de tu lado. — digo sarcásticamente.
—Oh, ya lo está. — murmura limpiándose la mano en su pantalón.
Gil aplaude y nos arrastra hasta la puerta del palacio de justicia. Se lo que vendrá a continuación, las ultimas despedidas que tendremos antes de subir a un tren rumbo al capitolio. Tengo ganas de decir que nadie vendrá a despedirse de mí, pero no lo hago ¿no vendrá nadie? ¿Y si viene alguien? ¿Quién podría venir? Al menos ya nadie vitorea como hace un rato, supongo que en respeto a Corylus.
Gil me deja en una habitación tan elegante que sé que desentono, es hasta ese momento en el que todo comienza a formar una imagen clara en mi cabeza. Soy un tributo. Me ofrecí voluntaria, ¿Qué diablos pasaba por mi mente en ese momento? Pero no hay vuelta atrás. Me siento en uno de esos elegantes sillones y miro a la puerta, ¿Quién me visitaría? Maté al hijo del alcalde, el chico mas amado en el distrito 7, todos deben odiarme.
La puerta se abre y me levanto insegura, ¿Quién?
—Hola.
Es la chica, la que fue elegida como tributo y salve desinteresadamente. No tenía intención de salvarla, de hecho ni me importaba que hubiera sido elegida, solo quería ser yo quien fuera elegida como tributo este año, pero desde luego la chica no sabe eso. Es una pequeña, no puede tener más de 12 años, ha estado llorando y sus ojos verdes lucen más brillantes a causa de eso.
—Hola. – le respondo.
No nos conocemos, pero ella corre hasta mí y me abraza, es tan pequeña que su cabeza queda a la altura de mi estómago, justo donde se comienza a formar un nudo con mis entrañas. Salve a una chica de una muerte segura, no pasaría del baño de sangre en la cornucopia. No era ese mi propósito pero se siente bien, la niña podrá vivir feliz y segura un año más.
—No hay de que. — le aseguro sonando lo mas dulce que mi voz me permite.
—No tenías que hacerlo. — responde sin soltarse del abrazo — No debiste ofrecerte.
—Míralo de esta forma, ya estaba muerta.
Ella se suelta y me mira, sus ojos presentan reconocimiento, soy la chica de la noche anterior, la asesina de la que todos hablaban. Se limpia las lágrimas del rostro y me ofrece la primera sonrisa sincera desde que llegue al distrito.
—Aunque todos estén en tu contra, estaré apoyándote.
Me da un rápido abrazo y se aleja cerrando las puertas dejándome sola. Hubiera deseado que no viniera, habría preferido mil veces no tener ninguna visita, no importarle a nadie, así sería más fácil morir en la arena. Ahora tendré a esa pequeña grabada en mi rostro. Ni siquiera recuerdo su nombre. Apenas me dejo caer en el sillón cuando las puertas se abren nuevamente. No es mi madre, no son mis hermanos, es mi padre.
Con solo verlo sabes que ha pasado toda su vida en los bosques talando árboles, su piel esta tostada por el sol y tiene las manos cubiertas de cortadas por el uso del hacha y la sierra. Abre sus brazos y no me resisto más, corro hasta sus brazos y me veo envuelta en un abrazo que huele a pino.
—Hija, entiendo porque lo hiciste, en verdad que te entiendo.
Ahí está, con él no es necesario hablar, las palabras han sobrado siempre que estoy con mi papá, sabe exactamente lo que pasa por mi cabeza incluso antes de que yo lo entienda.
—Pero cuando te pregunten, y sé que lo harán, di que prefieres morir peleando. Es lo único que debes decir del tema.
No tengo fuerza para contestar, aunque quisiera preguntar qué es lo que sabe, no quiero arruinar el que podría ser mi último abrazo con él.
—Porque, ¿Por qué no me odias? — le pregunto después de un silencio separándome por fin de él.
Limpia mis lágrimas y suelta mi cabello acomodándolo detrás de mis hombros, cae cuan largo es hasta mis rodillas, esta mas limpio por tenerlo atado pero aun así se siente pesado por toda la grasa que llevo encima. Su mirada es tan cálida que todo el frio que había sentido antes ha desaparecido, me mira como solo un padre puede hacer. De nuevo, me da tristeza no haberlo conocido mejor al igual que mi madre.
—Te conozco muy bien mi pequeña Daphne, — dice recorriendo mi rostro con sus manos — no creo que hayas matado al muchacho.
—Pero… — comienzo a protestar y el me interrumpe
—No creo que la hayas matado sin una buena razón.
Si al menos todas las personas me conocieran como mi padre no estaría en esta situación, el besa mi frente y aunque nadie lo dice sé que su tiempo esta acabándose, las ultimas despedidas no duran mucho, pero hay tanto que quiero decirle, explicarle cómo sucedieron las coas, no quiero que se lleve a la tumba la imagen de su hija asesina.
—No tienes que explicarme nada. —dice como si leyera mi mente — Para mí, siempre serás la niña que subía a los árboles y deseaba ser un búho para volar.
Trato de sonreírle pero si lo hago probablemente me ponga a llorar, y sé que no debo hacerlo más, debo ser fuerte. Los agentes de paz entran y le piden a mi padre que abandone la habitación pero soy capaz de formular una pregunta antes de que se vaya del todo.
— ¿Mis hermanos y mi mama?
El solo niega con la cabeza y entonces las puertas se cierra dejándome sola una vez más. Escucho el eco de la puerta al cerrarse y pienso que es el sonido más desagradable que he experimentado, incuso peor que el del hacha cayendo al suelo. Vuelvo a sentarme y abrazo mis rodillas. "Estas muerta para mí", había dicho mi madre, mis hermanos me había rechazado durante la cosecha, si no fuera por mi padre ya no sería miembro de la familia Oak.
Respiro profundamente tratando de calmar el miedo que está invadiendo mi cabeza, ¿cómo poder soportar los días antes de que los juegos iniciaran? ¿A qué se refería mi padre cuando decía que entendía mi razón? ¿Por qué me había postulado como tributo? Había hecho tantas cosas por puro impulso en mi vida, pero esta le había ganado a todas por mucho.
Las puertas se abren nuevamente y no puedo evitar mostrar mi sorpresa, pensé que mi padre sería la última visita que tendría. Dejo de respirar y quiero llorar, quiero correr y escapar pero él no me dejara huir, al igual que los agentes de paz fuera del cuarto. Esta tan cambiado que podría no ser el, pero sus gestos son los mismos. Cierra sus manos en puños y me miraba de forma dolorosa como si en realidad lamentara mi posición.
—Jamie. – digo y no sé de donde saco la voz.
El chico levanta la cabeza y sus ojos encuentran los míos, son los mismos de color caramelo pero ahora están detrás de unos anteojos, escuché que perdió la vista durante la arena. Viste como solo una persona con dinero podría, con pantalón y camisa de vestir e incluso una corbata verde que solo hace que sus ojos destaquen más. Es tan grande y fuerte que parece imposible que hace dos años él hubiera llorado conmigo en el bosque cuando su madre había muerto.
—Hace dos años, – comienza a decir mientras se va acercando a donde estoy – un chico estaba sentado en el mismo sofá en el que estás tú. Temblaba y procuraba no llorar porque eso significaba debilidad, y al lugar a donde iba, los débiles no llegaban lejos.
—Jamie, no. – trato de detenerlo. No puedo permitirme el lujo de volver al pasado.
—Entonces uno de sus mejores amigos entró por esa puerta y se despidió. El chico no podía sentirse más infeliz, sabía que no tendría ninguna oportunidad en los juegos pero aun así se despidió de su amigo como si pudiera volver a verlo en unos meses.
—Por favor. – pido cuando las lágrimas empiezan a caer y ruedan por las mejillas.
—Hasta ese momento lo llevaba bien, fingiendo ser fuerte, fingiendo que las cosas podrían estar bien, que podía detener las lágrimas. Entonces su mejor amiga entró por esa misma puerta, el la saludo pero ella no ocultaba sus lágrimas y en cuanto entro se lanzó a sus brazos.
Cierro mis ojos y cubro mi rostro con mis manos, como si solo así pudiera impedir que el recuerdo entrara a mi memoria, pero mientras más seguía hablando el recuerdo más empujaba hacia mí. Recordaba con perfección aquel día, Jamie había sido elegido tributo y era el momento de despedirse, yo había querido entrar a solas, había cosas que no podía decirle si Bryan estaba presente. Cosas que él debía que escuchar de mis labios antes que marchara, antes que yo marchara.
—Tranquila. – había dicho un Jamie mucho más joven y debilucho.
— ¿Cómo me puedes pedir eso Jamie? ¿Cómo puedes siquiera pensar que estaré bien si tú te vas?
Yo debería estar reconfortándolo, en cambio el me reconfortaba a mí. Acariciaba mi cabello suavemente y besaba mi coronilla bajando lentamente sus labios queriendo otra cosa. Jamás me había besado pero ¿Qué importaba ya? Alcé mi cabeza y pose mis labios en los suyos, una energía que solo existía entre los dos comenzó a fluir, podía quedarme todo el día besándolo pero él no tenía todo el día. Subí mis brazos a su cuello y deje que mi cabeza reposara en su pecho. No dijimos más por unos momentos, solo disfrutamos de nuestra compañía, de ese exquisito momento en el que nuestros corazones palpitaron al mismo ritmo.
—Es una lastima que tengas el cabello tan corto, siempre me gusto largo. — dijo en ese momento, un comentario que parecía tan desubicado que podía hacerme reír, pero no hallaba risa en mi garganta.
—Gana, regresa, vuelve. — fue lo que dije aun abrazando su pecho.
Estaba siendo inconsciente, aun si el ganaba y regresaba yo ya no estaría ahí. Lo mejor era que perdiera, por más duro que sonara y por más devastador que fuera para mí. Su muerte solo sería lo que me tranquilizaría porque solo así podía convencerme que no estaba engañándolo, que no estaba dejándolo solo, que era la única alternativa.
–Regresare por ti. — había dicho el y los agentes de paz entraron pidiendo que me fuera.
Deje que me escoltaran hacia la salida dándole la espalda a Jamie, deseando que lo ultimo que recordara de el fuera su fragancia cuando lo abrace, sus brazos rodeándome, sus labios. Pero cuando las puertas estaban cerrándose tuve la urgencia repentina de contarle todo, de explicarle a donde iba, que no iba a estar cuando regresara y lo único que salió de mis labios fue una disculpa, entonces la puerta se cerró y me separo de mi amigo para siempre.
—Era su mejor amiga, pero también era la novia de su mejor amigo, aunque sabía que estaba mal le beso. — dice el sacándome de mi recuerdo, tan cerca de mí que podía sentir su respiración.
En ningún momento baje mis manos, tal vez si lo mantengo lejos de mi vista desaparecerá, como un sueño. Puedo ignorar su voz, había practicado muchas veces cuando peleábamos e insistía tener la razón, pero esta vez su voz es tan suave y fuerte que exige toda mi atención. Las palabras llegan a mí formando una imagen clara en mi mente sobre su rostro.
—Tal vez si ella no lo hubiera besado de vuelta el habría muerto ese año, pero el problema es que lo hizo y él se prometió regresar y luchar por ella. Porque había pasado años guardando su amor por ella y no podía morir sin tenerla de vuelta en sus brazos.
Toma mis manos, alejándolas lentamente de mi rostro, pero aun así no abro los ojos. No puedo después de su confesión de amor, ¿Qué pretende hacer con eso? No puedo sino sentirme aun mas desdichada, yo estaba consciente de sus sentimientos por mi, pero también estaba consciente de los sentimientos de Bryan, Bryan se confesó antes y pensé que solo así Jamie desistiría pero no lo hizo y se comporto como mi amigo igual que siempre, ¿Por qué no se había rendido?
Para mí, Jamie es como mi hermano.
—El chico gano, pero cuando regreso a su casa se enteró que la chica y su amigo habían desaparecido, los dos habían huido el mismo día que él se fue al Capitolio.
Se detiene y abro mis ojos, lo tengo a tan solo unos centímetros que puedo sentir su respiración, su mirada esta llena de dolor, no puedo hacerle frente. A el no. Empiezo a llorar nuevamente, llevo todo el día llorando y no entiendo de donde saco las fuerzas para continuar o como tengo tanto liquido en el cuerpo. El acomoda un mechón de mi cabello detrás de la oreja y me pregunta en una voz tan baja que bien podría haber sido solo un pensamiento.
— ¿Por qué?
—Jamie, Bryan y yo te lo íbamos a decir, te lo iba a decir pero…
—No, no quiero saber porque te fuiste. ¿Por qué regresaste?
La pregunta es tan desconcertante que me tomo unos segundos para asimilarla. Él sonríe como si le pareciera gracioso mi momento de incredulidad, torciendo la boca hacía la izquierda y creando un hoyuelo en la mejilla de ese lado.
—Si huyeron, sé que fue para algo mejor que el distrito 7. Sé que fueron libres. ¿Por qué volvieron?
¿Por qué volvimos? Me quedo preguntándome a mí misma. Hace unas horas conocía la respuesta, me la había estado repitiendo el último mes pero ahora, ahora parecían solo palabras huecas. El limpia las lágrimas de mis mejillas tal y como mi padre había hecho y jala de mí gentilmente hasta tenerme de pie. Tenemos la misma estatura ahora, cuando hace dos años él podía aparentar ser mi hermano mayor, ahora lo he alcanzado.
Rodea mi cuerpo con sus brazos y me siento en mi hogar de nuevo, ni siquiera mi padre podía hacerme sentir así, solo mis dos mejores amigos podían hacerlo. Solo Jamie puede hacerlo ahora. Nos quedamos en silencio, ¿se habría dado cuenta él que nuestros corazones seguían el mismo ritmo? ¿Qué no habían cambiado con el paso de los años?
—Cuando te fuiste ese día, cuando tu visita termino me dijiste una última cosa, no entendí lo que era.
—Dije que lo sentía – aseguro sonando de repente 10 años más joven.
No pregunta porque, no hace falta. Se separa de mí y se asegura que lo vea bien, levanta mi barbilla y acaricia mi mejilla con el torso de su mano enviando una descarga eléctrica hasta la punta de mis pies, desvío mí mirada un poco, no puedo seguir observando sus ojos que tanto me arrastraban al pasado y ¿para que negarlo? Sus rostro esta demasiado cerca y sus labios son tan carnosos que me piden morderlos, ¿Cómo puedo pensar en besarlo aun cuando mi ex novio acaba de morir?
—Seré tu mentor, me asegurare que ganes.
—No deberías. Merezco morir.
—Jamás escuche una cosa tan absurda en mi vida. — y suena como el Jamie que conocí, aquel que se enfadaba cada vez que no podía usar el hacha adecuadamente.
—Maté a nuestro mejor amigo, mate a Bryan.
Su cuerpo se tensa y su mirada se endurece, ¿será posible que no lo hubiera escuchado? Aunque claro, ¿Quién me asegura que el aún vive aquí? Quizá había venido del capitolio solo para la cosecha.
—Es lo que dice la gente. No les creo, sé que eres inocente.
Besa mi coronilla justo cuando los agentes entran para pedirle que se retire, me dice que me vera en el tren y caigo de rodillas cuando las puertas se cierran. No merezco su ayuda, no soy inocente.
