Capítulo 1: Siete Años Después…
Referencias:
* Letra cursiva: recuerdos, o momentos antes de la actualidad.
* Letra negrita: personajes hablando en otros idiomas.
*Contiene Lemon.
POR LA MAÑANA.
Habían vuelto a vivir. Una nueva oportunidad de vivir la vida, casarse y tener hijos sin la necesidad de preocuparse por el peligro que pudiesen correr, todo había terminado y ellos tenían una vida asegurada. Obviamente, algunos como el nuevo patriarca, Shion y Dohko de Libra (confinado a los Cinco Pinos en China) tendrían otro punto de vida.
Shion lo había pensado; pensó, pensó y pensó. Al final sólo decidió vivir su vida y en la decisión entraba tener algo más que una amistad con el cabellero de Piscis, Albafica.
¿Cómo fue que terminó así? Simple, Albafica le había gustado desde hace tiempo, negar sus sentimientos sería como negar que él mismo fuese lemuriano. El tema fue el santo de Piscis. Según escuchó apenas llegó al Santuario, Albafica, al igual que su maestro y sus antecesores, tenía la sangre venenosa, mortal para un ser humano común y corriente. Sólo mantuvo distancias.
Cuando logró el séptimo sentido se arriesgó a cruzar ese jardín que sólo el guardián de Piscis y el pupilo de Sage, Manigoldo, cruzaban a sus anchas. ¿Cómo podría olvidar ese primer contacto que tuvo con aquel caballero? Un día en el que había terminado sus actividades antes de lo esperado y como no tenía ningún lugar que limpiar, decidió subir los doce templos con la única meta de conocer al guardián del doceavo templo. Sobre los rumores de la toxicidad de su sangre, la noticia más creíble que tuvo fue que Dohko cayó desmayado dos veces seguidas en un solo día, claro, soltó unas cuantas carcajadas pero en el momento de ir la casa de Piscis por primera vez se las tragó todas sus risas al tratar de cruzar la puerta que conducía al gran jardín de Piscis. Manigoldo soltó unas cuantas palabrotas y le obsequió varios chipotazos.
En esos momentos que estuvo inconciente pudo sentir cual era el efecto del veneno de las rosas, sólo podía ser imaginación suya. Las manos blancas del santo de Piscis acariciaban sus mejillas y podía sentirlo a sólo un centímetro suyo, ese olor que expedían las rosas, inundaban sus pulmones de dulzura. Para él fue un sueño pero en realidad sucedió.
Albafica se había preocupado por su compañero, ¿estaba delirando? Por lo general las rosas no tenían ese efecto en los santos, en especial los dorados, solían desmayarse al comienzo. Caballeros como Aspros, Sísifo y sus dos vecinos de abajo, Dégel y el Cid ya se habían acostumbrado al olor, pasaban sin muchos problemas o sólo tenían mareos leves, nada de que preocuparse. Manigoldo pareció volverse autoinmune, lo único que podría afectarlo grave y mortalmente sería que tuviese contacto con la sangre, cosa que Albafica no dejaría (mentira, si lo molestase más de lo común podría echarle unas cuantas gotas a su comida).
Cuando despertó se encontraba aún en Piscis, por simple inercia, lo primero que hizo fue nombrar a Albafica para luego caminar hacia el jardín y caer nuevamente inconciente.
Albafica sólo pudo deducir que los nuevos caballeros no eran muy inteligentes, pero, éste le caía bien. En algún lugar de su mente, cuerpo o espíritu, ese adolescente sin la mínima pizca de inteligencia tenía algo especial, algo que lo hacía diferente. Podría ser ese color inusual de ojos, el cabello corto y rubio… esos labios delgados y agradables a simple vista, posibles causantes de deseo a muchos. Había posibilidades de que fuese ese cuerpo que siendo joven, estaba bien formado. Esos catorce años que decían que el niño poseía podría dejarse atrás, alguien como Shion de Aries podía hacerse pasar por alguien que ya había cumplido los diecisiete o un poco más. Tenía porte maduro, su rostro lo decía todo.
Shion observó como Albafica le pasaba una mirada rápida y luego desviaba la mirada a un punto lejano, apartado de la realidad. Por fin había visto al caballero de Piscis. Articuló simples disculpas, fue lo único que su cerebro pudo procesar en esos momentos, además de tener algo que sacar a relucir en las narices de Dohko, sintió por primera vez la necesidad de tocar esas facciones finas y bien marcadas…
Apetitosas… pensó. Se despidió, soltó un adiós y bajó lo más rápido posible a la casa de abajo. Nunca olvidaría esa sensación que lo inundó al ver por primera vez a Albafica de Piscis, nunca.
Después de ese encuentro, las visitas de Shion no cesaron, arriesgar su salud física y mental con tal de ver sólo una vez al santo de Piscis valía la pena. Soportar las risas de Manigoldo que lo veía tratar de cruzar sin problemas el jardín le daba una razón más por la cual luchar. Lo iba a superar, no cabía duda. Albafica observaba con mucho disimulo como aquel niño luchaba y claramente y como lo había sospechado, tenía algo de especial.
– Shion… – susurró Albafica adormilado, había sentido todos y cada uno de sus movimientos. Desde que amaneció se estuvo retorciendo sobre la cama, acomodando sus almohadas, girando de lado a lado, alejándose más y más del centro de la cama. Trató de ignorarlo varias veces pero, últimamente estaba más inquieto, cuando tenía quince años era normal pero conforme pasó el tiempo, fue quedándose quieto tanto que al tener más o menos dieciocho años ya se quedaba inmóvil en un solo lugar – ¿No puedes dormir? – preguntó levantando la cabeza para poder observar como seguía moviéndose, cualquiera hubiese dicho que tenía serios problemas.
– No es eso – alzó una almohada y la acomodó detrás suyo –, estuve recordando…
– ¿En serio? – Shion asintió – ¿Y qué recordaste?
– ¿Te acuerdas cuando era un niño y tú solías dejar que Manigoldo me regañase hasta no poder más?
– ¿Has recordado eso? – Albafica se apoyó sobre un brazo y se acercó a Shion, colocó su cabeza sobre el pecho de Shion y acarició una de sus mejillas – ¿Estabas soñando con Manigoldo?
– ¡No! – Shion negó rápidamente con la cabeza – Recordé esa primera vez que te vi – besó su frente y acarició sus cabellos celestes –. Me gustaste desde que te conocí.
– A mí me sucedió igual… Shion, te amo.
– Yo también te amo – deslizó su cuerpo hasta estar a la misma altura que Shion – ¿Ya tienes que irte o aún podemos…?
– El palacio está a quince minutos de aquí… claro que podemos – besó su labio superior, pasó ambas manos por la cintura de Albafica. Unos minutos más no cambiarían nada.
– Debo felicitarte, Dégel – dijo secamente Kardia –. Eres el único ser en toda la existencia que se despierta a éstas hora de la mañana sólo para leer, dime ¿no te cansas de tantas letras?
– Kardia… – Dégel miró como se desperezaba lentamente, podría ser un gatito, ronroneaba y solía arañar, él tenía varios recuerdos de esos momentos. Cuando entrenaban, en el almuerzo, cuando trataba leer en paz… en la cama. Kardia era un hermoso ejemplo de un gatito en tamaño grande – ¿Quieres dejar de quejarte? Puedes seguir durmiendo si quieres.
– No gracias – soltó enojado –, ya no tengo ganas.
– ¿Y entonces de qué te quejas? – ignoró el gruñido que soltó antes de escurrirse hacia la cocina, el típico Kardia – De seguro tiene hambre – cerró el libro y lo bajó sobre la cama, iría a dar de comer a Kardia y luego volvería para poder leer tranquilamente.
Se levantó del sillón y caminó hasta la puerta que Kardia había usada para salir refunfuñando. Dio un paso afuera, su mundo dio vueltas y sintió como su espalda tocaba la pared fría de mármol, dos manos fuertes lo tomaron de cada brazo y lo sujetaron contra la pared.
– ¡Kardia! – soltó Dégel furioso.
– ¡Cállate Dégel! Me las vas a pagar por haberme despertado tan temprano – dijo sensualmente –. Ésta vez el desayuno no te va a salvar de mí – pegó sus labios a la boca de Dégel, sintió como trataba de negarse pero a fin de cuentas, terminó siguiéndole la corriente. Despegó los labios.
– ¿Qué? – Dégel fulminó con la mirada a Kardia.
– Sólo quería ver tu rostro – se acercó aún más a Dégel –. Me gustas cuando estás enojado de mañana temprano.
– Eso rimó.
– Ya cállate – Dégel giró dejando a Kardia contra la pared. Sintió los labios fríos del acuariano recorrer su cuello y darle un pequeño mordisco. Soltó un gemido de placer.
– Me gusta sacarte de tus casillas.
– Está por verse… – susurró sensualmente a su oído.
POR LA NOCHE.
¿Cómo había llegado ahí? En un bar… con más de diez jarras de cerveza en frente suyo y un futuro dolor de cabeza. ¿Qué más da? Iba a morir sólo, estaba mejor cuando seguía siendo sólo un alma en la oscuridad. No tenía hambre, frío, calor. No sentía dolor, ni tristeza, nada. Flotaba en medio de la nada así era feliz. El tiempo no transcurría, no tenía preocupaciones, absolutamente nada.
Podía asegurar que era feliz hasta que sintió tirones por todo el cuerpo, un dolor de cuello increíble. Fue como si le rompiesen los huesos uno a uno, la cabeza le ardía y podía sentir como el aire entraba por sus pulmones, había olvidad por completo esa sensación, cerró los ojos fuertemente tratando de olvidar por completo todo pero lo único que logró al abrir los ojos fue reincorporarse en la realidad después de casi siete años. Respiró profundo y detuvo el aire en su interior, muy mal. Movió el cuello y escuchó varios crujidos, eran sus articulaciones, probó con otra parte del cuerpo y sólo sintió dolor, dolor y más dolor.
Al reincorporarse en el mundo, se enteró de que, estaba vivo de nuevo. No sabía si era algo bueno o algo malo. Recordó todo y quiso volver a morir de nuevo cosa que sería muy malo y que podría hacer enojar a Atenea, sería un acto de mala agradecimiento, ¿podía haber algo bueno en todo eso? Sólo una cosa, volver a ver a Sísifo. Se levantó con todas las ganas del mundo… de nuevo mal.
Quiso morirse nuevamente y ésta vez si de verdad. Sintió que el alma se le iba por los pies y tragó profundo al ver como Sísifo estaba besándose con… el Cid de Capricornio, estaban abrazados, felices, ignorando por completo su triste mirada. Iba a tirarse de nuevo en su tumba cuando la mano de su hermano menor lo sostuvo, estiró fuertemente y lo sacó de ahí. Déuteros los estuvo esperando durante años, ¿cómo le haría eso a su hermano? Se dejó alzar para encontrarse con él y todos sus viejos compañeros, y también, con el que alguna vez fue su pareja.
Pasó una semana desde que revivieron y Aspros sólo podía ponerse más melancólico con cada segundo que pasaba. Aún más cuando sabía que probablemente estuviesen teniendo relaciones sexuales desde que tuvieron la oportunidad. Sintió como Déuteros se preocupaba con él, pero, no necesitaba de su lástima, al menos él podía seguir con su vida a lado de Asmita.
Ignoró por completo su existencia hasta que un día en el cual había decido quedarse en Géminis (de nuevo), Sísifo vino entrando, estaba radiante, sonriente como siempre y más bello que nunca. Nunca olvidaría su última noche juntos, había sido lo mejor que pudo haber experimentado y en especial con alguien que amaba.
– ¿Qué haces Aspros? – preguntó Sísifo al sentir una de las manos de Aspros acariciar su espalda.
– Me divierto – respondió con una media sonrisa –. Quédate quieto – deslizó otra mano por su pecho, por su abdomen y luego, por su hombría.
Sísifo gimió suavemente, incitando a Aspros para que continuase, cosa que hizo con una sonrisa aún más amplia.
– Sage podría vernos… podríamos ganar un castigo por hacer esto en pleno bosque abierto…
– Nadie pasa por aquí a éstas horas… además… ¿por qué no un castigo? Talvez, nos pongan juntos y tendremos una posibilidad para…
– No me molestaría – agregó dándose la vuelta para encarar a Sísifo –. Después de esto en mi casa…
– Como mandes – respondió devorando la boca de Sísifo, tibia y húmeda. No le dio tregua y lo empujó contra el árbol más cercano que encontró y comenzó a desarmar la armadura de Sagitario lo más rápido que pudo. Las ansias de probar el cuerpo de Sísifo aumentaba con cada barrera derribada y la armadura y ropas ya fueron dos. Sintió su miembro despertar al sentir el de Sagitario, fue sacándose las ropas de entrenamiento y tirándolas hacia cualquier lugar, ya no aguantaría sin un momento más.
– Aspros… – gimió Sísifo al apenas sentir la mano de Aspros acariciar su hombría, abrazó el cuerpo del gemelo y dejó que se encargase de hacer lo que quería con él –. Hazlo – dijo con un tono de orden.
Aspros se acuclilló para ingresar el miembro de Sísifo en su boca y succionarlo, Sagitario comenzó a gemir con más fuerza, dando fuerzas a Aspros para comenzar a succionar con más fuerza. Nunca olvidaría ese placer inmenso que lo inundaba, cuando estaba por alcanzar el clímax dijo:
– Aspros… yo… enseguida… – muy tarde. Aspros tragó toda su esencia, un poco de ella quedó en sus labios – Perdona – susurró apenado.
– No importa – Aspros volvió a pararse y miró a Sísifo con los ojos más puros y dulces que podría expresar –. Te amo.
– Te amo – repitió, abrazándolo.
– Date vuelta – Sísifo, obediente se dio vuelta y apoyó el torso sobre la cortaza del árbol, sabía lo que se venía. Tomó una bocanada de aire y se preparó para ser penetrado. Aspros entró en él de un solo golpe, haciendo que su cuerpo se llenase de espasmos y pequeñas explosiones. Una lágrima rebelde se escurrió por sus ojos –. Respira, estoy a lado tuyo… nunca te dejaré – dijo acariciando la mejilla de Sísifo y secando la lágrima.
– Continúa – dijo Sísifo. Aspros separó lentamente su miembro y volvió a hundirlo en él, a cada segundo lo hacía un poco más rápido y fue sólo cuestión de un minuto para que ambos estuviesen gimiendo de placer con cada estocada, entre más fuerte lo hacía, más placer sentía Sísifo.
Estaban a tan sólo un paso de llegar al clímax cuando Aspros bajó una mano a la entrepierna de Sísifo y comenzó a estimularlo, con eso, Sagitario sólo pudo gemir con más fuerza. Sentía como su cuerpo se derretía ante todo el placer que estaba sintiendo. Atrás, adelante… en todas partes.
Jamás lo olvidaría.
Vio como Sísifo lo miraba extrañado. Se levantó rápidamente de su silla y corrió para poder abrazarlo y sonrió al sentir que fue correspondido. Sintió como Sísifo apoyaba sus labios en su cuello y respiraba profundo, después de años, volvió a oler el aroma de Aspros.
Iba a decirle lo de su relación cuando el gemelo besó sus labios, su cuerpo se paralizó por completo antes de corresponder de nuevo con tanto ardor y pasión, fueron a parar en una pared y sus manos comenzaron a tocar el pecho marcado de Aspros, saboreando su cuerpo y mordiéndolo como hace tiempo quería hacerlo.
– Aspros – dijo deteniéndose –. Yo ya no puedo estar contigo, ahora yo estoy con… el Cid.
Eso le asentó como una bofetada, miró con recelo a Sísifo antes de alejarse, ir a su habitación y cerrar la puerta.
Llegada la noche, decidió bajar al pueblo y tratar de pensar, en vez de eso, terminó sentado en la barra del bar bebiendo como si la vida fuese un asco, cosa que no era del todo mentira.
Sintió un vacío, si, era eso. Desde que volvió a la vida fue una de las pocas cosas que sentió.
Sintió el aire volver a entrar en sus pulmones, la sangre que volvió a circular por sus venas… abrió los ojos y sintió como la luz se colaba por sus pupilas. Estaba vivo de nuevo.
– ¿Pensando? – susurró esa suave voz que escuchó desde que volvió a la vida – Volviste a dejarme sólo, Déuteros.
– ¿Asmita? – sintió sus manos acariciar su espalda desnuda – ¿Te desperté? – volteó para mirar su rostro, sereno y dulce.
– ¿No puedes dormir? – Déuteros colocó su mano sobre la mejilla de Asmita.
– No – respondió el mayor –. Asmita… hace dos semanas que me sucede lo mismo. ¿No sé qué tengo?
Asmita pasó la mano por el pecho de Déuteros y sonrió – Todo se va a resolver, no te preocupes, estaré contigo pase lo que pase.
– Aún me sigo preguntando, ¿qué haría sin ti, Asmita?
– Muchas cosas – susurró pegándose al cuerpo de Déuteros – ¿Quieres volver a la cama?
– Me quedaré un momento más.
– ¿Te acompaño?
– Gracias – respondió. Déuteros tomó asiento en el sofá que tenía vista al pueblo e hizo que Asmita se sentase en su regazo, pegó la nariz en su cuello y lo besó delicadamente.
– Mmm... contrólate – susurró entre risitas Asmita –. ¿Estás bien?
– Estoy preocupado… mi hermano, él no ha vuelto aún.
– Está dolido Déuteros, es todo.
– Ya lo sé… igualmente… estoy preocupado, no quiero que beba.
– ¿Cómo lo sabes?
– Es mi gemelo, yo también tuve alguna vez el hábito de beber, pero beber contigo es un tanto complicado, la verdad… imposible.
– Agradécemelo.
– Gracias – susurró –. Confío en que tengas ganas para jugar un rato.
– Compruébalo – dijo colocando sus piernas a ambos lados de su cintura.
– ¿Qué beberá? – preguntó la mujer de la barra.
– Lo más fuerte que tengas – respondió el Cid. Su día había sido difícil, peleó con Sísifo, no midió sus palabras haciendo que éste se enojase y lo mandase lejos. Todo por culpa del gemelo mayor, Aspros.
Sísifo venía subiendo por las escaleras de Sagitario, al sentir su cosmos cerca no dudó en correr a su encuentro. Horrible fue su sorpresa al encontrarse que estuvo llorando. Recordó que antes de partir le había mencionado que iría a visitar a Aspros.
– ¿Te encuentras bien? – preguntó al ver sus ojos brillosos como dos pelotitas de cristal. El Cid no dudó en meterlo dentro de la casa y hablar sobre lo que le ocurría. Sísifo fue relatándole lo sucedido, sintió sus mejillas tornarse carmín al recordar como se había besado con Aspros. El rubor se le borró del rostro al ver como el Cid apretaba la mandíbula – ¿El te besó?
– Sí – admitió.
– Lo mato – iba a bajar para golpear como se debe al bipolar o eso intentó cuando Sísifo se interpuso en su camino – ¿Qué haces?
– Me encargo de que no hagas una locura.
– ¡El idiota ese te lastimó Sísifo! ¡No lo voy a perdonar! – exclamó enfrentándose a Sísifo – Muévete – ordenó.
– No lo haré.
– Tomaré tu decisión de otra forma si es que en éste mismo momento no te sales de mi camino.
– No te lo permitiré – Sísifo había dejado atrás esa mirada melancólica y la había cambiado por una con enojo.
– Te besaste con él – terminó por agregar –. Te besaste con él siendo que tú y yo estamos juntos, además de eso te hizo llorar y ¿ahora lo defiendes? ¡Sísifo, por Atenea!
– He dicho que no y no dejaré que te manches las manos – Sísifo evitó la mirada severa –, no lo haré.
– Me engañaste… – susurró.
– ¿Qué?
– Me engañaste…
– No fue apropósito.
– Lo hiciste igualmente – el Cid desvió la mirada – ¿cómo has podido? Te di todo cuando lo necesitas. Lloraste sólo y te hice compañía. Necesitaste hablar con alguien y estuve a tu lado. Pediste amor y te lo di – se acercó a Sísifo y lo empujó hasta una de las puertas, besó su cuello desfrenadamente –. Te hice el amor cada vez que quisiste. ¿por qué…?
– El Cid… basta ya – dijo poniendo un brazo como límite –, basta… creo que deberías irte a tu casa…
Y con esa última palabra lo confinó a su casa, horas después volvió a bajar para encontrarse con la noticia de que Sísifo había bajado junto a su hermano y que no podría hacer nada, de seguro se lo contaría a Ilias y éste no le permitiría acercársele ni un solo centímetro. ¿Qué haría?
– Aquí está – dijo la mujer –, lo más fuerte que tengo guapo. ¿Quieres algo más?
– Eso es todo… gracias.
– No hay de qué… cualquier cosa, pídemelo – le guiñó un ojo y volteó rápidamente al escuchar su nombre, Calvera.
– ¡Calvera! – dijo un hombre, por el tono de voz, estaba bien ebrio –. Dame una más.
– Un momento – le dijo antes de desaparecer. El Cid buscó con la mirada al hombre que probablemente tendría un buen dolor de cabeza en la mañana. Se quedó estático al encontrarse con Aspros de Géminis, tenía como diez jarras enfrente suyo y estaba por la undécima. Toda esa rabia que sintió en la tarde volvió a inundarlo, ésta vez no se lo perdonaría y mucho más, no dejaría pasar esa ocasión.
Pero antes de siquiera levantarse, vio que Aspros estaba triste y recordó:
– Aspros – repitió Sísifo con tristeza –. Yo ya no puedo estar contigo, ahora yo estoy con… el Cid… eso fue lo que le dije, le dije que estaba contigo y fue cuando… comenzó todo.
No podía creerlo. ¿Qué había hecho? Hirió a Sísifo por una estupidez, Aspros estaba destruido por dentro como por fuera.
Sísifo era su pareja y lo único que trató fue impedir la locura más grande de toda su vida. Fue un idiota y tenía que enmendarlo.
– Me siento terrible – dijo Sísifo golpeando la cabeza contra la mesa. A cada segundo lo hacía con más fuerza.
– Tranquilo – Ilias acarició el hombro de su hermano, haciendo que dejase de golpearse la cabeza –. No solucionarás nada matándote.
– Ilias, dame un ejemplo… ¿cómo hiciste cuando te enteraste de que ni yo ni Régulus…?
– No te voy a mentir – Ilias tomó asiento a lado suyo –, que me sorprendió mucho. En especial de mi niño, cuando vivíamos en el bosque; había un pueblo cercano. Régulus conoció a una niña que lo hacía estar en los cielos, yo estaba increíblemente feliz al igual que su madre. Su madre y yo morimos, pasó el año y cuando vuelvo a despertar, me encuentro con que Régulus estaba besándose con Yato, me llevé una sorpresa grande… luego me enteré de que tú estabas saliendo con el Cid…
– Lo siento… no sabía.
– No te preocupes vi que mi niño estaba feliz con Yato (aunque debo admitir que me reí mucho cuando Régulus arrastró a Yato a un lugar más privado) – Sísifo sonrió –. Ustedes dos son mi vida, mientras sean felices, el resto no me importa.
– ¡Papá! – se escuchó desde la entrada, era Régulus – ¿Yato puede quedarse dormir conmigo ésta noche?
– ¡No! ¡Régulus, cállate!
– ¡Ven Yato!
– Hablando del rey de Roma – susurró Ilias – Yato, ¿por qué no te quedas? – el mencionado enrojeció de pies a cabeza mientras que el otro sonreía ampliamente – Puedes cenar con nosotros, si quieres.
– ¿Yo? – bajó la mirada – ¿En serio puedo quedarme?
– Así es…
– Creo que los dejaré – Sísifo se levantó de su silla –. Iré a hablar con el Cid…
– Sísifo, espera…– agregó Ilias.
Estaba durmiendo, tenía un sueño apacible y tranquilo. Sonrió, Kardia podía ser demasiado dulce al dormir y sólo cuando dormía, el resto de las veces se la pasaba haciendo lo que solía hacer. Besó su frente y lo dejó descansar tranquilamente, buscó entre sus sábanas sus ropas y se las puso. Antes de salir de Escorpio, se encargó de que Kardia tuviese una temperatura estable y sí, la tenía. Cruzó Sagitario y Capricornio, los dejó atrás hasta llegar al suyo. Frío y silencioso, agradable para leer.
Entró a su cocina, sacó la pava y la cargó con agua, buscó en una de sus alacenas el frasco que contenía manzanilla y lo apartó de los demás. Buscó en la alacena de a lado una tacita para servirse, esperó a que el agua hirviese y así poder tirar la manzanilla en al agua caliente, la dejó reposar y mientras eso, fue por un libro de su biblioteca.
Una vez que tuvo todo listo, sirvió el té en la tacita, cogió su libro y salió al jardín de Acuario. Tenía un hermoso juego de jardín hecho de mimbre bajo un sauce llorón, examinó su jardín. Por las líneas fronterizas con Capricornio tenía una variedad de plantas de olivas albinas, con las de Piscis tenía híbridas del té albinas, sí, había conseguido plantas albinas para todo su jardín. Gracias a la temperatura de su casa, era posible que estás viviesen sin problemas, el sol ardiente de Grecia no las afectaba ningún poco, cosa que alegraba a Dégel. El sauce llorón hacia juego perfecto con las vides de uva blanca, su jardín era perfecto. Fue a tomar asiento, encendió una vela y con ayuda de la luz de luna pudo leer sin muchos problemas.
Pasaron dos horas y sintió que ya tendría que ir a dormir, cerró el libro y cogió la tacita de té, iba a salir cuando… vio que su vecino de arriba bajaba corriendo por el jardín de Piscis y se acercaba a su casa. Bajó el libro y la tacita y fue rápidamente a su encuentro.
Albafica tenía la respiración agitada, cuando Dégel iba a preguntarle qué sucedía, Piscis se adelantó y dijo:
– ¡Dégel! – se detuvo a tomar una bocanada de aire y habló – Necesito saber si tienes algo para sacar… – volvió a tomar aire – la ebriedad a una persona.
– ¿Por qué la pregunta? – inquirió Dégel confuso.
– Es que Aspros…
Dos horas antes…
– ¿Una noche difícil? – preguntó Calvera a el Cid.
– Mejor dicho día…
– Pues, ¡cuéntame! ¿Qué sucedió?
– Me peleé con mi novio y él… se enojó conmigo y me echó de su casa.
– Ya veo – Calvera se sobó la nuca –. De seguro te perdonará, mira… la vida no es fácil pero sólo tú puedes hacer que se complique más. Habla con él, yo creo que te escuchará guapo– dijo Calvera.
– ¿Hablas español? – preguntó el Cid.
– Así es… mira, tengo clientes de varias partes de Europa… franceses, portugueses, italianos, ingleses… españoles, también vienen de América; todos ellos me enseñaron su idioma y tengo la ventaja de aprender rápido, además, están los caballeros como Dégel que viniendo una vez y me enseñó varias cosas u otros clientes frecuentes como Aldebarán o Manigoldo que sólo me hablan en portugués e italiano.
– ¿Los conoces?
– Sí, ¿tú también?
– Son mis compañeros de armas.
Pasó la noche hablando con Calvera, algunos minutos iba y luego volvía, pero mantuvo una conversación agradable con ella. Fue contándole varias cosas sobre el Santuario, alguna que otra novedad, atrayendo la atención de la mujer.
– ¡Ohh! ¿con quién tengo el gusto?– preguntó Clavera extendiendo la mano.
– Soy el Cid de Capricornio, un gusto.
– El gusto es m…– Calvera calló cuando escuchó que algo o alguien se caía, el Cid volteó para encontrarse a Aspros en el suelo… parecía estar inconciente. Se acercó a él y le tomó el pulso, estaba muy bajo. Aspros necesitaba ayuda – ¿Lo conoces?
– Así es… es Aspros de Géminis – Calvera se cubrió la boca de sorpresa – Lo llevaré al Santuario, necesita ayuda, gracias por todo.
– No hay de que – el Cid apoyó un brazo de Aspros sobre su cuello, hizo uso de sus fuerzas y lo cargó, tendría que llegar a Aries. No sabía exactamente lo que le sucedía pero, supuso que estaba en peligro.
15 minutos antes…
– ¿Cómo que bajó? – preguntó Sísifo poniendo los brazos en su cintura – ¿Y por qué no me has dicho nada aún, Ilias?
– Tú dijiste que no querías saber nada y que te dejase sólo, fue por eso que no te lo dije.
– ¿Y por qué yo no me di cuenta?
– Escondió bien su cosmos – respondió Ilias –, me dijo que estaría en el bar…
– ¿¡En el bar!? – suspiró molesto – Iré por él.
– No creo que sea necesario – dijo Yato, entrando con Régulus y una de las sirvientas de Tauro –. Dile lo que nos has dicho.
– Mi señor Aldebarán me dijo que buscase al su santidad porque el señor Aspros estaba teniendo muy ebrio, tanto que se desmayó y comenzó a tener convulsiones.
– ¿¡Qué!? – exclamó Sísifo histérico y dirigiendo una mirada a Ilias – Iré por ellos Ilias, tú – apuntó a la sirvienta – apúrate.
– ¿Tenemos que hacer algo? – preguntó Régulus.
– Ambos quédense aquí – dijo Ilias yendo hacia el jardín de Leo.
– Si papá…
– Como usted diga…
– ¿Por qué no se lo dijiste a Shion?
– Estaba durmiendo plácidamente, no quise despertarlo. ¿Por qué no estás en Escorpio?
– Kardia estaba durmiendo, no quise molestarlo con la luz de la vela y el olor a té de manzanilla…
– No sé que puedo darle de aquí – dijo Albafica bajando todo los frascos que tenía en su alacena, Dégel examinó cada uno de ellos y apartó el frasco que contenía hierbas energizantes.
– Con esto será suficiente… ¿qué planta medicinal tienes en tu jardín?
– En estos momentos aún no he plantado ninguna especie, lo que tengo aquí es lo que hay.
– Necesito… ¡café!
– ¿¡Qué!? – preguntó extrañado Albafica.
– Café, café ¡café! Eso hará que se le pase la ebriedad y con agua helada podremos bajar la fiebre…
– Dégel – inquirió Albafica –… tiene convulsiones.
– Se estabilizará, hay que hacer que Aspros se despierte, en lo importante. Las convulsiones ya son efecto secundario, prueba de que está…
– Bien ebrio – concluyó Albafica –. Manigoldo tiene café, le pediré.
– Tráelo a Acuario, yo me encargaré de bajar aún más la temperatura.
– Tenemos que apurarnos.
– Bien…
Ambos bajaron, Albafica fue hacia Cáncer y Dégel se quedó en su casa para disminuir la temperatura hasta 5 centígrados, la temperatura ideal.
Después de diez minutos. Aldebarán, Manigoldo, Ilias, Asmita, Kardia, Sísifo y Albafica detrás de el Cid que cargaba con ayuda de Déuteros a Aspros, faltaba poco para que los santos de plata también estuviesen presentes ahí.
Todos estaban reunidos en la sala de Acuario, esperando buenas noticias por parte de los médicos de turno, Ilias, Dégel y Albafica.
Después de media hora, Albafica salió diciendo que Aspros estaría bien y que todos podrían irse a sus casas para poder descansar. Todos se retiraron menos Déuteros y Sísifo. El gemelo menor se encargó de que Asmita se fuese a su casa al igual que lo hizo Sísifo con Ilias y el Cid.
La noche aún no terminaba. Déuteros tenía que arreglar las cosas y hablar con Sísifo.
Oi de nuevo! Me alegro de que hayan vuelto a leer este fic… ¿qué les pareció? Ojala sigan leyendo y me dejen algunos rewiews!
Até logo…
Rusian Girl.
