Bueno chicas aquí les traigo el segundo capítulo, siento que en el primero no explique muy bien la apariencia de katniss así que aquí lo hago, y les quiero dar gracias a todos los que me dejaron un review el capítulo anterior y ponerme en alertas gracias por darle la oportunidad a la historia. Gracias a Katty, shiji , akatsuki y ane- potter17, gracias chicas por sus comentarios, también a todos los que dieron me gusta y comentaron a la historia en Facebook porque si lo ven en ambos lados no se preocupen yo les pedi que la publicaran ahí. Sin más les dejo el capítulo
Capítulo 2 "la pradera"
"POV Katniss"
Cuando me despierto por la mañana siento un bulto a lado de mi en la cama, es Prim, seguro tubo pesadillas, pues claro es día de cosecha y es su primer año, le acaricio la frente y me levanto, me pongo unos pantalones, camisa, y las botas y la cazadora de mi padre, cuando estoy a punto de salir, su dulce voz me detiene.
-¿a dónde vas katniss?- me doy vuelta y regreso a la cama me siento en ella y le acaricio la cabeza
-voy a un encargo vuelve a dormir, cuando despiertes no tardare en volver- le sonrió y ella se recuesta otra vez.
Salgo de la habitación y llego a la cocina, bajo un tazón saco un pedacito de queso de cabra que nos regaló de Prim por el día de la cosecha, lo ponemos ahí para mantenerlo lejos de los ratones. Al salir de a casa me dirijo a la valla electrificada que está en os límites del distrito, me acerco y agudizo el oído para verificar que no tenga corriente, por lo general solo tenemos un par de horas de electricidad y es durante la noche, pero nunca está de más verificar, cuando me aseguro de que no lo está me escondo detrás de unos arbustos, me tiro al suelo y me arrastro por el suelo para cruzarla, ya del otro lado me infiltro entre los árboles y cuando estoy lo suficientemente lejos de un tronco hueco saco un arco y un carcaj lleno de flechas, eran de mi padre, las fabricaba, seguro con esto hubiera ganado mucho dinero pero las armas en el distrito 12 están prohibidas.
Al agarrar el arco entre mis manos, llega la tranquilidad, la textura de la madera, la flexibilidad de estas, me hacen sentir seguro, a salvo, me recuerdan a mi padre.
Llego a una zona un poco despejada y ahí lo veo, noto como se me relajan los músculos aún más, ahí sentado en una roca en el lugar donde nos encontramos todas las mañanas, está mi mejor amigo, la única persona en el mundo con quien me puedo mostrar como soy… Gale.
Cuando estoy lo suficientemente cerca él se voltea como si sintiera mi presencia, me sonríe de forma arrogante y palmea un lugar a su lado para que me siente, yo sonrió y me siento en el lugar donde me indica.
-hola Catnip- me saluda, yo frunzo el ceño y le doy una mirada de reproche, en realidad me llamo Katniss pero cuando nos conocimos mi voz temblaba tanto que no se escuchaba bien, y entonces se convirtió en mi apodo oficial después de un tiempo.
Cuando el vio mi cara soltó una sonora carcajada, le di un golpe en el hombro y empecé a reír con él. Después de un rato nos calmamos y nos recostamos en la hierba.
-mira lo que case- me dice, voltee a verlo y en una de sus manos traía un pan atravesado por una flecha, yo me rio de nuevo, es pan de verdad, de panadería, y no las raciones rancias y planas que hacemos con nuestra dotación de cereales. Lo tomo y le quito la flecha, a través del agujero de la corteza lo huelo y se me hace agua la boca. El pan bueno como este es para ocasiones especiales.
-umm todavía está caliente- digo, debe haber ido a la panadería muy temprano para cambiarlo por otra cosa- ¿Cuánto te costó?-
-solo una ardilla, creo que el viejo estaba sentimental esta mañana, hasta me deseo buena suerte-
-Bueno creo que todos nos sentimos un poco más unidos hoy- comento poniendo los ojos en blanco- Prim nos dejo queso- le digo mostrándole la barrita que tome en la mañana
-gracias Prim- dice con un gesto exagerado saca su cuchillo y yo corto un poco de vallas silvestres de un arbusto que estaba cerca, partimos el pan por la mitad, y cada uno en su pedazo le unta un poco de queso y le pone algunas vallas – nos daremos un verdadero festín- se pone a imitar el asentó del capitolio, y los gestos de Effie Trinket - ¡casi se me olvida, Felices juegos del hambre- toma una de las vallas- y que la suerte…! – me lanza una y yo la atrapo con mi boca.
- ¡este siempre, siempre de su lado! – concluyo con la misma efusividad
Después de un rato disfrutando el desayuno, nos hundimos en un silencio cómodo, no dejo de pensar en que pasara por la tarde, si voy a los juegos, si Prim va a los juegos, no sé qué haría, Prim me necesita, y yo la necesito a ella.
-sabes podríamos hacerlo, huir, internarnos en el bosque- me dice Gale rompiendo el silencio
-nos atraparían- le respondo cansado, el nunca deja esta ilusión sabiendo que es inútil.
-puede que no, si seguimos ese sendero- me dice señalando unas montañas a lo lejos
-¿Qué quieres hacer?- le pregunto cambiando de tema rápidamente, el voltea la cara para ver el cielo, yo hago lo mismo, ya que mi incomodidad sobre el tema es notoria, él sabe que no podemos dejar a nuestras familias, son demasiados.
-vamos al lago a pescar- me contesta finalmente mientras me mira a la cara- así dejamos las cañas puestas mientras recolectamos en el bosque, atraparemos algo bueno para la cena-.
A última hora de la mañana tenemos una docena de peces, una bolsa de verduras, y lo mejor de todo, un buen montón de fresas. De camino a casa pasamos por el Quemador, el mercado negro del distrito 12 que funciona en un almacén abandonado en el que antes se guardaba carbón. Casi todos los negocios están cerrados a esta hora en día de cosecha, aunque el mercado negro sigue bastante concurrido. Cambiamos fácilmente seis de los peces por pan bueno, y otros 2 por sal. Sae la Grasienta, la anciana huesuda que vende cuencos de sopa, nos compra la mitad de las verduras a cambio de un par de trozos de parafina.
Una vez terminados los negocios en el mercado, vamos a la casa del alcalde, llegamos por la puerta trasera, para venderle la mitad de las fresas, porque sabemos que le gustan especialmente y puede permitirse el precio.
Su hija Madge abre la puerta, va en mi clase en el colegio, no la conozco muy bien, ya que nunca hemos hablado, casi siempre está sola, yo digo que es algo reservada, y además con la única chica con la que la he visto es con "ella".
Hoy a cambiado el soso uniforme por un vestido blanco, y lleva su pelo recogido en un lazo rosa.
-bonito vestido-dice Gale
Madge se le queda viendo, mientras trata de averiguar si es un cumplido de verdad o de una ironía. Yo escucho que alguien va llegando y a espaldas de Madge la veo, tiene el pelo recogido en una cola y una mascada, tiene puesto un vestido verde que hace que su piel se vea aún más pálida, parece una muñeca, delicada, tímida, se parece mucho a Prim, noto que trae algo sujeto con sus brazos, apretándolo contra su pecho, noto que va a voltear la mirada y me vuelvo a concentrar en mi mejor amigo y en la hija del alcalde.
-Tu no irás al Capitolio – dice Gale con desprecio, fija su mirada en el pequeño adorno circular que tiene en el pecho, es de oro puro, de bella factura, serviría para darle de comer a una familia entera durante varios meses.
-ya vasta Gale, no es su culpa- le digo ya que si lo dejo descargara toda su furia contra Madge.
- no, no es culpa de nadie, las cosas son como son.- apostilla Gale
-buena suerte Katniss – me dice Madge y me pone el dinero de las fresas en la mano
-lo mismo digo- le contesto mientras veo disimuladamente a sus espaldas para ver a Peeta, que tiene la mirada baja, doy media vuelta y camino para alcanzar a Gale que ya se ha adelantado.
Mientras caminamos lo mirto a la cara, todavía está ardiendo debajo de esa expresión glacial, su ira me parece inútil, y aunque estoy de acuerdo con el ¿de qué sirve despotricar contra el Capitolio?
Gale y yo nos dividimos el botín que conseguimos en el día
-nos vemos en la plaza- le digo
-claro, ponte algo decente- me dice con sorna, yo solo le sonrió de la misma forma y me dirijo a casa. Al llegar veo a mi madre y a Prim listas para salir, mi madre trae un vestido seguro de sus días de boticaria, y Prim trae uno también de mi madre, seguro de cuando era niña, le queda un poco grande por lo que se le sale la blusa por atrás.
Me espera una bañera llena de agua caliente, me tallo lo más que puedo para quitarme toda la tierra y el sudor del bosque, incluso me lavo el pelo. Cuando termino, en mi habitación se encuentra uno de los trajes de mi padre, sus zapatos que uso en su boda.
-¿estás segura?- le pregunto ya que las cosas de mi padre siempre las ha atesorado mucho.
-claro que si, además Prim quiere acomodarte tu cabello- me dice, yo asiento con la cabeza y ella sale de la habitación para dejarme solo y poder cambiarme. Cuando me veo en el espejo no me reconozco, mi pelo demasiado largo para ser un hombre, la ropa tan elegante que traigo puesta, en definitiva este no soy yo.
-te ves muy guapo-oigo a Prim que está sentada en la cama, no la oí entrar.
-gracias patito- le digo mientras volteo para encaminarme también en la cama- tú te ves muy hermosa- cuando estoy en frente de ella le doy un beso en la frente, le sonrió, y me siento espaladas a ella. Siento como ella con un peine cepilla mi cabello que me llega un poco más debajo de los hombros, y después lo empieza a trenzar.
Cuando termina me levanto, y me arrodillo frente a ella.
-arréglate esa cola patito- le digo mientras meto a camisa que se le sale de la falda y ella dice un gracioso "cuack". Salimos de la casa con mi madre y nos dirigimos a la plaza, cuando estábamos a unos pasos de llegar al registro siento como Prim empieza a agitarse, y va ralentizando su paso, la llevo un poco lejos procurando que no nos vean.
-tranquila, sh no te preocupes, solo te sacaran tantita sangre, dolerá un poco, pero solo será eso, nos veremos después cuando todo esto se acabe- le sonrió mientras le vuelvo a besarle la frente, la tomo de la mano y nos dirigimos al registro, la dejo en el lugar que le toca y yo voy al mío, no sin antes decirle otra vez que todo saldrá bien.
Cuando llegamos a nuestro lugar, el alcalde y Effie Trinket están murmurando algo entre sí, una de las sillas de tres que hay en el escenario esta vacía, cuando el reloj da las dos el alcalde empieza a leer, la misma historia de todos los años, la revolución, sus consecuencias, los juegos, y como gracias a ellos llegamos a la paz.
Cuando termina de leer la lista de los habitante del 12 que han ganado en los juegos, llega Haymitch Ambernaty, un viejo borracho y barrigón que se tambalea en el escenario y se tira en la silla vacía, él es el único vencedor con vida que queda de los dos que hemos tenido.
El alcalde trata de traer de vuelta la atención a la cosecha ya que esto se televisa en vivo por todo Panem, presentando a Effie.
Ella con la misma energía dice atreves del micrófono "¡felices juegos del hambre, y que la suerte este siempre, siempre de su lado" va a la urna de las chicas y saca una papeleta, con ella en mano, cierro los ojos y aprieto los puños "por favor no, por favor que no sea Prim".
Pero al parecer dios me odia, por que oigo como Effie dice.
-¡Primrose Everdeen!- lo único que puedo pensar es en cómo pudo haber sucedido esto Prim tenía solo una boleta, veo como mi hermanita camina temblando en medio de la plaza. A empujones llego a el centro y grito su nombre, ella voltea y trata de correr hacia a mí pero unos agentes de la paz se lo impiden, yo trato de llegar a ella pero más agentes de la paz me bloquean el paso, desesperado trato de esquivarlos, pero me es imposible, siento una impotencia tan grande al no poder hacer nada por mi hermanita.
Los agentes me sueltan cuando ven que una chica de pelo rubio, llega igual al centro de la plaza y grita a todo pulmón
-¡Me presento voluntaria! – la veo que se dirige al escenario, y cuando esta de frente es que la reconozco, abro mis ojos como platos, al verla salvar a mi familia otra vez.- mi nombre es Peeta Mellark-.
Demonios no otra vez.
