Buenas ^^
Dejo aqui el capitulo dos. Espero que también les guste y me dejen sus reviews ^^ Agradesco muchisimo los ya dejados, me han puesto muy feliz. Ah, y -DeAtH tHe NiiiA- no es por presumir xD pero mi ortografía es algo de lo que estoy orgullosa =^^= Claro que también me mando errores de vez en cuando, como todos xD
Sin más, dejo la segunda parte de mi fic:
Capitulo 2: El precio de la libertad
Las dos figuran que se habían presentado en el Shibusen, fueron rápidamente rodeadas y conducidas a presencia del director de la escuela. Este les estaba esperando en su mesa baja, tomando té de hierbas y observando el mundo a través de su espejo. Cuando les dejaron a ellos tres bajo la estricta supervisión de Sid, las manos de Eureka temblaban y sentía el sudor bajarle desde el cuello y empaparle la espalda. Nunca en su vida había sentido más miedo, ni siquiera el espanto que se había llevado con el Kishin se comparaba estar en presencia del Dios de la Muerte, Shinigami.
La sombra negra enmascarada se levantó lentamente y se acercó un poco a la chica. Detrás suyo estaba Free, quien vigilaba atentamente todo lo que ocurría a su alrededor con sus orejas, nariz y ojos. Eureka volvió a sentir su fin muy próximo, aún cuando la figura oscura no irradiaba nada. Ni maldad, ni odio, energía o agresividad. Solo se acercó y se quedó viéndola.
Las cuencas vacías de su máscara le asustaban mucho, pero Free estaba allí también…
"Olvídalo, él solo quiere deshacerse de ti" se reprochó, tragando saliva con dificultad.
Un brazo delgado se despegó del cuerpo de Shinigami, y su mano blanca se extendió. Eureka levantó un poco los brazos en un reflejo por protegerse, y Free gruñó en señal de que estaba preparado para lo que fuera, pero el sonido de la hoja de Sid a su espalda le obligó a quedarse callado.
La mano de Shinigami fue hasta su rostro, e hizo un gesto con sus dedos índice y anular.
-Hellooo~ ¿Qué tal el día de hoy allá afuera?-preguntó.
Esto sorprendió mucho a Eureka y a Free. La chica reunió todo el valor que le fue posible y respondió.
-Bien…hace sol…
Shinigami se estiró de arriba abajo, expresando su agrado.
-¡Muuuy bien! Significa que podré ir de pesca con Kid-Tomó mucho aire y luego volvió a hablar-Y dime, ¿Qué haces aquí?
Eureka y Free estuvieron a punto de irse de cara al suelo con semejante pregunta. En lo que se reponían, Sid se dirigió a su superior.
-Eh… es una bruja Shinigami-sama, ha venido para entregarse.
-¡Hoo hoo! ¡¿Quién lo diría?!-habló Shinigami emocionado-¡No me esperaba más de tres candidatas en un par de años y ya tenemos una docena aquí dentro! Perfecto, perfecto…
Se dirigió a su espejo y contempló Death City por un momento.
-Parece que he hecho bien después de todo, solo espero que la gente pueda entenderlo.
-Lo entenderán a su debido tiempo Shinigami-sama-dijo Sid sin bajar su hoja ni una vez, notoriamente desconfiado del hombre lobo que ahora le daba la espalda.
-Sid-kun, yo creo que nuestros invitados no se sienten nada cómodos contigo apuntándoles con tu arma, si quieres puedes ir y traernos más galletas con chispas de chocolate.
Una expresión de desconcierto se pintó en la cara de los dos nuevos, pero Sid solo asintió y salió de lugar.
Cuando estuvieron solos, Shinigami se tomó algunos segundos antes de empezar a hablar nuevamente.
-Dime, ¿Cuáles son tus razones para entregarte?
Eureka volvió a juntar mucho aire para poder sacar las palabras atoradas en su garganta.
-Qui-quiero dejar de escapar, y quiero dejar de ser una carga…
Esto sorprendió a Free. Se golpeó la frente al conocer las ideas que volaban en la cabeza de Eureka y quiso decir algo, pero Shinigami lo adivinó y le detuvo levantando su mano.
-¿Una carga? ¿Para quién?
La chica permaneció en silencio un momento, en el que el Dios de la muerte volvió a hablar.
-¿Para Shibusen? ¿Para ti, o para alguien más?
Ella permaneció en silencio, sin saber muy bien qué responder.
-Te llamas Eureka, ¿Verdad? Eureka Frog. Eras una de las cómplices más cercanas de Medusa si no mal recuerdo.
La bruja sintió que con esto, sus oportunidades de ser perdonada se habían ido al tacho. Esta vez no pudo hablar por temor. Shinigami pudo leer muy bien esto ante la respuesta de su cuerpo; había apretado los labios, los puños y cerrado fuerte los ojos.
-No tienes que asustarte…-dijo, pero fue interrumpido por Free.
-Ella no quería hacer lo que hizo, tuvo que hacerlo.
Shinigami arqueó un poco su cuerpo de lado a lado y luego miró a Free por sobre el sombrero de la chica.
-¿Por qué dices eso?
-Medusa le metió serpientes dentro del cuerpo, si Eureka no obedecía sus órdenes, la despedazaría-habló el hombre lobo, impasible.
-Oh, entiendo. Se te pueden quitar los cargos entonces-dijo esto, y pudo ver una expresión de alivio y tranquilidad en el rostro de la chica. Era realmente muy joven para ser una bruja que se creaba su propia fama-¿Y tú, Hombre del Ojo endemoniado?-miró a Free una vez más, quien no se esperaba esa pregunta.
Eureka se dio cuenta entonces del enorme error que había cometido al pedirle a Free que la acompañara hasta Shibusen para entregarse. Le daba terror que la atacaran o hasta la mataran antes de que pudiera pisar los suelos de la escuela, y solo le pidió su compañía una vez. Él accedió de inmediato, hasta con una sonrisa. Ahora, ella se arrepentía enormemente del favor pedido.
-Yo ayudaba a Medusa porque ella me liberó de mi encierro-respondió Free, manteniéndose muy tranquilo.
-Hum… lo entiendo-dijo la figura oscura-pero aún así no lo apruebo.
Un sudor frío bajó por el cuerpo de la bruja. Sintió deseos de salir corriendo del lugar, semejante error que había cometido la aplastaba como a un insecto. El hombre lobo por su parte, se mantuvo todo lo sereno que le fue posible. No quería estropear la posibilidad de que Eureka fuera libre de una vez, por lo que guardó silencio y bajó la mirada.
Shinigami se paseó un momento por la estancia, deteniéndose de cuando en cuando para contemplar una nube de formas graciosas avanzar lenta y detenidamente por la habitación. Cuando se detuvo finalmente, se volteó a ver a la bruja.
-Yo te recibo en la escuela de Shibusen, con las condiciones que ya se les ha impuesto a todas las otras brujas.
La chica tardó varios segundos en poder recuperarse y responder.
-Tengo…tengo que jurar lealtad… y seguir las reglas de la escuela…
-Ahá-afirmó Shinigami-pero recuerda que además debes pagar un precio por tu perdón. Los daños que las brujas han hecho a nuestra comunidad son muy graves, y varios de los que tú ayudaste a cometer son casi irreparables-hablaba con su habitual tono tranquilo y amable.
Volvió a su lugar frente al espejo y se quedó esperando alguna reacción.
-¿Qué precio…qué he de pagar?-preguntó la chica temblorosa, imaginando mil cosas terribles que debería hacer para ganarse el perdón.
-Verás…-empezó Shinigami, y usó el ejemplo que había usado en todos los demás casos-Una pequeña bruja se entregó aquí apenas decreté la nueva ley. Ángela, ¿Te suena?-miró a la bruja, y ella asintió con su cabeza-Pues bien, ella venía protegida por Mifune, un hábil maestro de espadas que la ha cuidado casi toda su corta vida. Para poder entrar y ser perdonada, Mifune pagó su perdón y ahora es maestro de mis alumnos. Otras brujas han pagado con sus preciados objetos de magia, o entregando alguna habilidad valiosa a mis alumnos.
-Pero…pero yo no tengo nada, ni sé grandes trucos…solo quiero que me dejen en paz-tartamudeó ella.
-Lo sé-afirmó la figura siempre afable-y por eso, no es a ti a quien pido el precio de tu perdón.
Eureka no entendió de qué hablaba el Dios de la Muerte, pero cuando escuchó el grillete de acero resonar por el suelo, las cosas se sucedieron demasiado rápido para que ella alcanzara a hacer algo.
-¿Qué he de hacer?-preguntó Free con un tono decidido y serio.
-Has cometido muchos crímenes en tu vida, y tu inmortalidad no nos permite eliminarte de la faz de la tierra. Nada puede vencerte excepto una celda, y es eso lo que necesito para dejar equilibradas las cosas. Has de pagarme con el precio de tu libertad.
La bruja escuchó esto último como si lo hubiera dicho otra persona, en la habitación de al lado, muy despacio y lejano. Nada en ella reaccionó.
Free escuchó esto como una sentencia de muerte, pero ahora existían en su vida cosas mucho más importantes que eso. Tanto así, que su sagrada libertad le pareció poco pago por el futuro de Eureka…su querida Eureka.
-Muy bien. Trato hecho-terminó él, y mientras era detenido por los guardias de la escuela, despidió a la chica con una sonrisa. Una sonrisa que expresaba su agradecimiento por haberle dado libertad de una celda, aunque fuera por poco tiempo, libertad de su alma para hacer lo que quisiera mientras fue Free, y libertad para albergar todos los sentimientos que le fueron posibles al viajar y escapar con ella. Junto a su sonrisa, sus ojos le dijeron muchas cosas a la vez, que se cuidara, que fuera fuerte y valiente, que encontrara su camino en la vida y que nunca la iba a olvidar. Detrás de todo aquello, El hombre del ojo endemoniado le dejó su primer y último adiós.
Continuará...
