Disclaimer: Digimon no me pertenece, sino a Toei animation.
Este fic participa en "la semana de la diversidad sexual II" del foro "proyecto 1-8"
Tipo de Fic: Combinación 2 con Hikari y Takeru; col el extra citas por internet.
Título: Amor por correspondencia.
Nº Palabras totales: 3424 según word.
Una joven de unos veintitrés años aproximadamente examinaba el álbum de fotos de su infancia, álbum que era testigo de las aventuras que ella y sus amigos habían tenido, amigos que poco a poco se habían distanciado entre sí hasta perder el contacto, fruto todo ello de los caminos que cada cual había escogido seguir para labrarse un futuro. Cerró el álbum y lo guardo en el estante, entre sus libros de Pedagogía e Historia de la educación, mirar aquel álbum siempre la ponía un poco triste, la hacía sentir nostálgica.
Fue hacia el espejo, mientras se arreglaba para las clases de la tarde fijo su mirada en su reflejo, una joven de cabellos castaños y aspecto serio pero afable le devolvía la mirada; eso le recordaba que ya pocas veces sonreía y que debía hacerlo más a menudo. Pero entre las distintas tareas universitarias y el trabajo para poder pagarse los estudios con comodidad, no tenía tiempo para esas distracciones que hacían que su sonrisa fluyese. Miró el reloj, faltaba un cuarto de hora para que comenzasen las clases, por suerte vivía cerca del campus, tan solo necesitaba cruzar la calle y listo, no había pérdida.
Bajó las escaleras, saludando al hombre que estaba en recepción y que gestionaba aquella residencia universitaria en la que vivía, habiéndose asegurado antes de salir que lo tenía todo, no deseaba retroceder por cerca que estuviese. Miró en sendos sentidos antes de cruzar la calle, incluso estando el semáforo verde para los peatones lo hacía; mientras cruzaba se acordaba de uno de sus mejores amigos, aquel en quien confiaba plenamente con los ojos cerrados y le hubiese entregado el corazón de pedírselo, pero ya no estaba aquí; se había marchado a Francia ya que le dama mayores posibilidades en la literatura de las que tendría en Japon. Era una lástima, pero en su momento se había alegrado que marchase a perseguir su sueño de ser escritor y no había cambiado de opinión, lo malo era no saber nada. Pero comprendía que el perder unos amigos y hacer otros distintos era parte de la vida.
Entró en clase y se sentó en el habitual sitio de siempre, no era una clase cualquiera, ni siquiera esta formaba parte del curriculum de su carrera, pero la había cogido como un extra pensando que le podía ser muy útil conocer como las relaciones interpersonales se veían influenciadas por la tecnología; al principio la materia le había parecido un tanto aburrida, luego desconcertante, cuando el profesor les había dicho que tenían que entregar un trabajo en el que analizasen el comportamiento de las personas según las redes sociales, redes de citas... Lo que se les ocurriese, pero que estuviese centrado en la relación de las personas mediante la tecnología. Así que tanto por entretenimiento como por sugerencia de una de sus compañeras de magisterio, se centró en las citas por internet; ¿Y qué mejor forma de conocerlo que experimentarlo de primera mano?
Abrió el portal de internet, entró en el correo que había facilitado para acceder a la página de citas y aprovecho el enlace que había guardado como correos importantes para acceder a su perfil. Todavía no había quedado con nadie, pero sí que había comenzado a intercambiarse correos con uno de los jóvenes que conoció en ese portal a principios de semestre. Era algo inocente y relajante, y siempre esperaba el momento de poder conectarse y hablar; bien intercambiando mensajes o bien hablando por privado cuando coincidía que ambos estaban conectados. Tecleó su Nick, el nombre que empleaba en esa página: Luvita. Era algo que se le había ocurrido entre varios otros y había terminado por sacar uno al azar. Encontró nada más abrirlo un e-mail del que consideraba ya su amigo por internet Phytospoir. Sonrió leyéndolo y se puso a responderle.
Phytospoir,
Me alegro que te vaya bien, espero que pronto puedas publicar el artículo en el que estabas trabajando, la verdad me alegro mucho que te diesen esa oportunidad. El trabajo que estoy haciendo marcha bien, tan sólo tengo que pensar cómo enfocar los datos recogidos, pero ya sabes, nada que unas pequeñas horas de trabajo y análisis para sacar adelante el trabajo.
La verdad hay algo que me gustaría decirte desde hace tiempo y es que admiro era determinación para estar cursando dos carreras al mismo tiempo, con el esfuerzo que ello conlleva.
En cuanto a lo de si en estos momentos salgo con alguien es una pregunta un tanto personal, pero supongo que no hay nada de malo en responderte que no, no hay nadie con quien salga, no tengo mucho tiempo para mantener ni alimentar ese tipo de relaciones; sobre todo por todo aquello que suponen. Conocer en profundidad a una persona, es algo que cuesta mucho trabajo realizar, muchas experiencias que pasar juntos y desgraciadamente para ello se necesita cierto tiempo. Son pocas las personas a las que había llegado a conocer con esa profundidad, de tal forma que no espero encontrar más personas así en la vida.
Luvita.
Le dio al botón de enviar y abrió el documento Word, pasando al mismo las estadísticas que había recabado sobre las citas en internet y otros servicios similares, no pensaba que su trabajo fuese a ser el mejor de la clase, eso ya hacía tiempo que lo había superado y era consciente que no en todo podía ser la mejor, pero sí que estaba elaborando un trabajo bastante decente. Miró pensativa el resultado y avance, conocedora que tarde o temprano tendría que dar un paso más para poder poner la guinda final al trabajo. Podía escribir la conclusión en base a los datos que ya tenía, pero el profesor les pedía como conclusión una opinión personal. ¿Era legítimo opinar sobre algo que no se conocía completamente?, conocía bien la respuesta a esa pregunta que le rondaba la cabeza aun cuando no quisiera.
(***)
Un joven rubio bajaba del metro, hacía unos meses que había regresado a Japón, con la mayoría de sus dos carreras completadas. Se había marchado a Francia a estudiar Literatura, pues era allí donde podía aprender más y mejor, pero también había decidido matricularse en periodismo, siguiendo de esa forma los pasos de sus padres. Le había gustado el trabajo que hacían desde pequeño, aunque no tanto que les dijesen lo que debían escribir. En un principio lo había hecho pensando en que así podía enriquecer sus conocimientos literarios pero había terminado por gustarle al punto de dar prioridad a esta carrera para sacarla cuanto antes, a expensas de retrasarse con la de literatura. Actualmente estaba realizando en un periódico local las prácticas como becario para así terminar la carrera, mientras tanto seguía estudiando literatura. Tenía pensado escribir un libro o dos, pero para ello antes necesitaba conocer todos los estilos posibles.
En el periódico donde trabajaba, le habían encargado un artículo un tiempo atrás, artículo que podría firmar con su nombre. Era una oportunidad única, no solían dársela a los estudiantes al menos, así que era algo que no podía desaprovechar. El artículo trataba sobre las citas por internet, así que tras investigar en varios portales, había acabado entrando en una de las distintas páginas que había comenzado a establecer una relación por correspondencia con una de sus usuarias. La chica debía decir que le agradaba, aunque por el momento no habían entrado en temas demasiado personales, era algo que habían acordado al empezar a escribirse. Reconocía que había momentos en que le gustaría conocerla, y eventualmente tendría que hacerlo, pero se había dado cuenta por como escribía y las cosas que se contaban que era un ser dulce y sensible y que no sería bueno presionarla.
— ¡Takaishi!, ¿Cómo llevas el artículo? – Le gritó el jefe de redacción desde su despacho nada más velo entrar
— Muy bien.
— Perfecto, lo quiero para finales de semana
Asintió, para seguidamente dirigirse a la zona que le habían asignado en la redacción. Si fuese solo por ese artículo, por esa oportunidad había podido finiquitarlo enseguida, pero era prácticamente el chico de los recados, y entre que deseaba fervientemente aprovechar adecuadamente esa oportunidad y los recados que había tenido que hacer para el resto de periodistas. El plazo se le terminaba.
Encendió el ordenador y se metió en la tan acostumbrada página, algunos de los más veteranos se habían reído un poco de su proceder en la investigación, pero había hecho caso omiso; su reportaje, su forma de investigar. Leyó el e-mail que según la zona de la fecha había recibido un par de horas atrás, y de inmediato, procedió a responderle.
Luvita,
Si, ha sido una gran oportunidad todo esto y aunque me encuentro un poco estresado es algo por lo que tengo que pasar si aspiro en algún momento a ser un buen escritor. Estoy seguro que tu trabajo va a ser de los mejores de la clase, sobre todo por lo que me comentaste días atrás de agregar la experiencia personal al mismo, eso es sin duda un movimiento brillante que si tienes unos profesores que realmente se precien de serlo sabrán apreciarlo.
Esa fue una decisión más difícil de tomar de lo que parece, pero no me arrepiento en ningún momento de cursar dos carreras al mismo tiempo, aunque haya llegado el momento en que por las circunstancias en las que estoy haya tenido que darle más preferencia a la de periodismo que a mis estudios literarios. Es ahora cuando tengo mi oportunidad de hacerme un hueco en el mundo de la prensa, y desde ahí podré saltar a escribir alguna obra literaria con mayor facilidad. Sé que suena un poco ambicioso pero ha sido mi sueño desde hace mucho tiempo.
Lamento si te he puesto en un aprieto con esa pregunta, pero simplemente me daba curiosidad y no he podido evitar hacértela. Para compensarte por ello te diré que yo tampoco me estoy viendo con nadie, simplemente no encuentro la gente adecuada con la que me sienta cómodo quedando ya sea para charlar o en plan cita. Es más con pocas personas me he sentido tan a gusto hablando como contigo, aunque no nos conozcamos personalmente siento como si ya nos conociésemos de mucho tiempo al leer tu correspondencia y responderte. Tus palabras me dan los ánimos que necesito para continuar con el trabajo y alcanzar mis objetivos.
Phytospoir.
Al terminar su respuesta, sin dudarlo le dio al botón de enviar y cerró el programa, poniéndose segundos después a redactar el artículo, ya no podía demorarse más con el mismo, aunque le apetecía mucho incluir de forma sutil la experiencia de haber quedado en conocer a alguien físicamente tras unos meses intercambiando correo; pero no había podido ser y aunque lo deseaba, el presente correo no era el más adecuado para tal proposición, además hacerlo con ese fin sería aprovecharse de la chica y de verdad deseaba conocerla al real.
(***)
Habían pasado ya unos días, siempre esperaba unos días antes de responder, antes de abrir nuevamente el correo de ese chat en particular. Estaba ansiosa por ver si había recibido mensaje, sí, no podía negarlo. Pero era algo que podía controlar y la forma de hacerlo era precisamente no conectarse a todas horas. Entró en la página, aprovechando la quietud de la residencia universitaria para leer el contenido de e-mail
Phytospoir,
¿En serio lo dices? Bueno eso me da ánimos; además es un poco gracioso que ambos estemos trabajando sobre lo mismo pero para distintos trabajos, lo tuyo es algo más oficial y lo mío se quedará en una nota como parte de una materia que escogí tan solo por curiosidad.
Está bien que quieras hacerte un nombre antes de tratar de publicar algo por tu cuenta, así poco a poco te vas abriendo camino y, supongo que será más fácil que una editorial se interese por tu trabajo de esa manera que siendo un completo desconocido. En todo caso suerte en ese asunto, te la mereces.
No te preocupes, lo comprendo perfectamente, solo que hacía mucho tiempo que no sentía una comodidad de ese tipo y ha resultado un poco extraño. Por cierto, ya que eres un experto en literatura, ¿Hay algún libro que puedas recomendarme? Últimamente no encuentro nada que hacer en los descansos y ratos libres, me gustaría dedicarlos a alguna actividad productiva más que a "mirar las musarañas", ya sabes, no deseo caer en el ostracismo.
Luvita
Dedicó el resto de la tarde a terminar y maquetar el trabajo, guardando el mismo tanto en el ordenados como en un disco duro extraíble, además de meterlo en el Pendrive del cual lo imprimiría. Aquello se había convertido en un ritual, que comenzó cuando años atrás un buen amigo experto en informática le comentó lo conveniente que era guardar las cosas importantes en varios lugares. Terminada esa última faena, revisó el saldo de su tarjeta universitaria, por ver si le compensaba ir a la copistería de la universidad o dirigirse a otra; Por suerte tenía bastante para imprimir y encuadernar aquel trabajo.
De camino a la copistería, al otro lado del campus, cerca de donde se impartían las filologías, se cruzó con un chico rubio que iba leyendo el periódico. Su cara se le hizo familiar, muy familiar, pero descartó la idea, dándola por imposible. Sin decirle nada continuó su camino, no deseaba correr el riesgo de equivocarse y tener que dar explicaciones. No tenía inconveniente en disculparse si era preciso, pero la mayoría por esos lugares solía ser un poco cortante, sobre todo si la interrumpían. No reprochaba ese comportamiento, pues no se pueden reprochar unas actitudes que ella misma tomaba en periodo de exámenes.
(***)
Había terminado las clases de aquella tarde y se encontraba en cierta manera ansioso, esa misma mañana había comprado un ejemplar del periódico en el que trabajaba, pues era el día en que su artículo saldría publicado y sentía cierta emoción por leerlo. No había sido hasta ese momento, atravesando el campus hacia la parada del autobús, que había podido leerlo y disfrutarlo como era debido; completamente ajeno a las personas que pasaban a su alrededor.
Tan solo levantó la mirada para saber que bus debía coger para regresar a su casa.
Al llegar recortó el artículo, su primer artículo y guardó el recorte en un álbum que pretendía emplear para esos fines, para cosas relacionadas con su carrera. No esperaba a nadie, así que simplemente, por no calentarse mucho la cabeza, metió una de esas pizzas precocinadas en el horno y se dio una relajante ducha. No tenía problemas en hacerlo, pues el temporizador del horno funcionaba perfectamente y se apagaría transcurrido el tiempo programado, permitiendo al calor residual mantener la cena caliente.
Vio la edición nocturna del telediario mientras cenaba, haciendo crítica mental de las noticias que salían y como eran enfocadas; desde que estaba estudiando periodismo era imposible no darse cuenta de cómo la ideología de una cadena podía verse en la forma de presentar las noticias, en el tono en que lo hacían, por ello era bueno comparar las noticias de unos sitios y otros y luego sacar las conclusiones de las mismas, sobre todo cuando se trataba de cuestiones políticas. Lo importante era formarse un criterio propio.
Con un suspiro apagó la televisión, centrando su mirada en una fotografía enmarcada de cuando era niño, de alguna de las aventuras por las que había pasado en el mundo digital. Era una foto de grupo, pero él tan solo veía a una persona, de la que supo con el tiempo que estaba enamorado pero nunca lo confeso, no quería forzarla a que lo aguardase a su regreso, sabía que ella lo hubiese hecho pero también que aquello no era vida. La echaba de menos, pero ¿Qué iba a hacer?, ni siquiera vivía ya en la antigua dirección que tenía. Suspiró nuevamente, era el momento de pasar página.
Sacó su portátil y lo encendió, accediendo a la página en la que había terminado por hacer aquella amiga con la que mantenía correspondencia. Al principio había sido divertido, pero poco a poco sentía que estaban desarrollando una verdadera amistad, una conexión; y, por lo que leía, el sentimiento parecía ser mutuo. Se tomó unos instantes antes de redactar su respuesta y enviarla.
Luvita,
Completamente en serio, si no creemos en nosotros mismos, ¿Quién va creer en nosotros?. Es más ¿Quién dice que el trabajo tuyo vaya a quedar en un cajón, los trabajos realmente sobresalientes pueden llegar a ser publicados en revistas monográficas que se interesen por ellos. Sé que lo tuyo no es aspirar a ello, me da que eres tan modesta con tus logros que no pensarías siquiera ni intentarlo; tan sólo permíteme darte un consejo; nunca dejes pasar ninguna oportunidad. Quizá llegues a arrepentirte de hacerlo.
Si, esto de escribirse por internet tiene su gracia, coincido en eso. Es una excelente forma de distracción, y al mismo tiempo agradable al haber encontrado alguien como tú para conversar.
Hay algunos títulos que me parece encontraras interesantes, te adjunto una lista de ellos, ya me dirás que te parecen.
Por cierto, me gustaría pedirte una cosa si estas dispuesta; quisiera conocerte en persona. ¿Sería posible que quedásemos?
Phytospoir
(***)
Llevaba unos días meditando su respuesta a ese último mensaje, la pregunta final del mismo la había puesto un poco nerviosa, era completamente inesperada. No quería dejar la pregunta sin respuesta pero al mismo tiempo no quería precipitarse en su respuesta. Era bien consciente que esa respuesta podía suponer un paso definitivo, así que tenía sus dudas. Podía ser peligroso, pero no le parecía que lo fuera.
Se sentó frente al monitor, leyendo nuevamente el e-mail; creía que hacerlo le ayudaría a tomar una decisión al respecto. No se equivocó, leerlo nuevamente le ayudó a aclarar las ideas; decidió aceptarla, escogiendo el lugar y la hora para quedar. Eso le hacía tener un poco de control de la situación.
Phytospoir,
Antes que nada, gracias por la lista con los libros, debo admitir que algunos de ellos resultan bastante llamativos, tanto por sus títulos como por sus sinopsis. Parece que con el tiempo que llevamos escribiéndonos me hubieses llegado a conocer mejor que nadie. Me parece bien eso de quedar, ¿Qué te parece el viernes? en la cafetería que hay cerca de donde está el perro Hachiko, al medio día. Estaré sentada en una de las mesas de la terraza con una flor invernal. ¿Cómo podré reconocerte?
Luvita
Le dio a enviar; sorprendiéndose al obtener una respuesta casi de inmediato, eso le demostraba que su destinatario estaba conectado, aunque pocas veces habían coincidido y hablado a través del chat, tan solo un par de veces después de la primera vez que lo habían hecho, cuando se habían conocido.
El día acordado se arregló con antelación, y tomó el tren hasta Sibuya, aquel lugar donde habían quedado era emblemático, y la estatua tenía un simbolismo muy sentimental, una historia muy triste de una gran lealtad. Se sentó en la terraza, dejando la Rosa invernal sobre el libro que llevaba a un lado y pidió una reconfortante bebida caliente mientras aguardaba. No tuvo que esperar mucho, enseguida lo vió, tal y como le había dicho que iría, vestido completamente de caballero ingles del siglo XVIII; debía decir que aquello llamaba mucho la atención, pero se veía precioso.
Abrió los ojos sorprendida, se trataba del mismo chico que había visto en una ocasión por la universidad, el mismo que le había parecido similar a alguien conocido y había desechado la idea. Por la expresión que notó en él al estar frente a ella, la había reconocido también.
- Ni por un momento se me ocurrió que tu pudieses ser Phytospoir, Tk – Dijo tras saludase mutuamente.
- Me alegro de verte Kari, ahora que se quien se esconde tras el pseudónimo comprendo el significado del mismo.
- Siempre fuiste muy perceptivo.
- No tanto como tú.
Estuvieron hablando por horas, compartiendo lo que había sido sus vidas después de tantos años, un poco sorprendidos y agradecidos de haberse reencontrado; tenía cierta gracia que precisamente hubiese sido gracias a un portal de citas por internet. Ambos se habían tomado aquello como una segunda oportunidad para continuar con su amistad, y redescubrir si seguían sintiendo aquello que en su momento ninguno de los dos se había atrevido a confesar.
Un año después de aquel encuentro, estaban sellando su amor y sus promesas con un beso ante el altar. Para ellos siempre sería un chiste que fuese precisamente internet lo que los había juntado nuevamente y para siempre.
