Alguien
El aroma a pescado asado despertó a Davis Motomiya, Ken Ichijouji y Kari Kamiya, quienes habían estado recuperando las energías perdidas en el agotador día anterior.
TK: ¡Oh! Al menos se levantan para el almuerzo.
Ken lanzó un bostezo al aire sin preocuparse en taparse la boca.
Davis: (Desperezándose) ¡Qué bien huele eso!
TK sonrió enorgullecido de su trabajo, su hermano le había enseñado muchos trucos de cocina, y utilizarlos le hacía recordar que Matt y sus padres podrían estar extrañándolo, pero no quiso amargarse el día, de modo que apartó esos malos pensamientos y sonrió a sus tres somnolientos amigos.
TK: Pueden comer su quieren. Conseguí muchos…
Ken: (Bostezando de nuevo) ¿Cómo los…?
Pero no terminó la frase al ver el cabello mojado de TK y unas redes que había sobre la orilla. Su amigo sí que se había levantado con el sol. Había estado trabajando todo el día y se preocupó en no despertarlos para que pudieran descansar bien.
TK: Hice estas redes con unas lianas del bosque. –Explicó al ver que sus tres amigos miraban su trabajo. -Cuando las estaba buscando encontré un pozo de agua potable –Siguió mientras Davis, Kari y Ken se disponían a almorzar y se acomodaban cerca de la fogata. -También vi… algo muy interesante por aquel lado – Señaló detrás de la "tienda"– Una ciudad en ruinas, no me acerqué demasiado por precaución de que alguien no grato me viera y me siguiera hasta aquí, pero tengo la sensación de que encontraremos un televisor allí.
Davis: (Se puso de pie de un salto y gritó a todo pulmón con la boca llena de pescado) ¡Fi huvieraf rebifado tal veff ya eftadíamof en kafa! –Tragó con dificultad. -¿No pensaste en que algunos de nosotros tenemos familia que se preocupa por uno?
TK levantó una ceja, pero antes de abrir la boca para poder defenderse, alguien más habló.
Kari: (Horrorizada) Te dio agua, te dio de comer, se preocupó por ti cuando estaba lejos, ¿Y TU LO TRATAS DE ESA MANERA TAN MALVADA? Son amigos, Davis, ¿Cómo puedes decir tales barbaridades? –El goggle-boy se sentó, susurrando "perdóname" y terminó su pescado en silencio. –No es a mí a quién debes pedir disculpas.
Davis no contestó. No había sido su intención herir a TK, pero ya no podía revertir lo dicho. Si algo le había enseñado la vida es "lo pasado, pisado" así que decidió no recordar que había dicho eso. TK no quiso decir nada, sabía que Davis no lo había hecho a propósito, eran amigos y como amigos debían entenderse. Y él sí que lo entendía a Davis que, como siempre, solo pensaba en sí mismo.
Después del almuerzo todos se encaminaron a donde TK había visto la ciudad. No estaba muy apartada, solo debían dejar atrás el río y cruzar el bosque hasta su límite. Desde allí podía apreciarse la silueta de una ciudad completamente en ruinas
Ken: Es como si esta ciudad hubiese estado encerrada dentro de una cápsula y a esta la hayan hecho añicos sin preocuparse en dejar no rastros.
Kari: (Sonriendo) Ken… esto era una cápsula. ¿No recuerdan?
Davis hizo memoria: "Kari había quedado atrás. Él y TK fueron en su búsqueda. Angemon apareció. Entraron y se toparon con Andromon".
Ken hizo memoria: "Una aguja de control. Digimons con aros malignos. Él había enviado a Andromon a vigilar esa zona".
TK hizo memoria: "Kari estaba realmente enferma. Tai e Izzy fueron en busca de la medicina para el resfriado. Machinedramon apareció. Sora, Kari y él se habían separado del resto. Luz. Libertad. Andromon. Sacrificio."
TK: Este es el hogar de Andromon. –dijo asomando una suave sonrisa por las comisuras de sus labios.
Kari: ¿Seguirá aquí? –el rostro de la niña se había iluminado.
TK: ¿Lo habrán atrapado como a tantos otros? –preguntó él borrando las huellas de su sonrisa y atenuando la luz que se había encendido en su amiga.
Kari: ¿Crees que los demás están en peligro? –levantó la vista hasta encontrar los ojos de TK.
TK: Por desgracia… tengo el presentimiento de que sí.
Los dos niños mantuvieron conectadas sus miradas. Se conocían muy bien, sabían lo que el otro estaba pensando, no era necesario hablar más, ambos sabían lo que encontrarían en esa ciudad, pero ninguno dio siquiera medio paso atrás. Se armaron de valor y avanzaron el corto tramo hasta la ciudad en ruinas.
Algunos edificios aún se estaban derrumbando, este ataque había sido reciente.
Davis recordaba donde estaba el televisor hace un tiempo atrás, cruzaron las calles desiertas hasta el centro de la ciudad, no encontraron más que objetos rotos y sin vida, los restos de la aguja de control y, como Kari y TK se lo habían imaginado, el televisor, que también estaba hecho pedazos.
¿Ya no había esperanzas?
"Psssst, psssst, psssst".
Un sonido extraño les llamó la atención. Provenía de debajo… de debajo de ellos, ¿Cómo era posible que debajo de ellos se escucharan ruiditos? Debajo de ese liso suelo negro… entonces una de las baldosas vibró. Y después se corrió, varias hiedras venenosas salieron de la oscuridad del hueco donde antes había estado la baldosa. Como si fueran cuarto largos dedos, cuatro hiedras tomaron la pierna derecha de TK y otras cuatro hiedras se aferraron al tobillo izquierdo de Kari.
Los dos niños cayeron al suelo lastimándose las rodillas y la baldosa se los tragó.
X: Ya dejen de gritar como dos maniáticos, no voy a hacerles daño.
Ambos se callaron de golpe y dejaron que el digimon los arrastre hasta un rellano penosamente iluminado por una suave rendija. No podían imaginarse como ella podía estar a salvo ¿Y si estaban allí los otros?
Kari y TK: ¿Cómo lograste escapar Palmon?
Palmon: ¿Cómo se enteraron?
Kari y TK: ¿De qué nos debemos enterar?
Palmon hizo una mueca extraña, ¿Cómo era posible que respondan a un llamado si no sabían a que se los llamaba?
Palmon: Hace unos meses las cosas estaban de maravillas. –Sonrió, pensando en buenos momentos. –Pero luego esa malvada oscuridad nos cubrió… -se estremeció. –Todas las ciudades fueron destruidas por sus ejércitos… lo que primero destruyeron fueron los televisores. Ninguno se salvó, no podrán regresar, en realidad -Lloriqueó- creíamos que no los volveríamos a ver jamás.
Kari se apenó mucho por ella y le secó las lágrimas que tan rápido brotaban de sus grandes ojos verdes.
Kari: Todo se arreglará, ya lo verás.
Palmon: ¿Cómo puedes decir eso? Ustedes no podrán hacer nada sin Gatomon y Patamon.
Un brote de esperanza nació rápidamente en su corazón.
TK: ¿Sabes dónde están?
Palmon: (Negando con la cabeza agacha) Ayer estaban aquí conmigo. Este es nuestro puesto de vigilancia. Ellos salieron a investigar y… todavía no han regresado… tengo mucho miedo.
Lloraba desconsoladamente, Kari la abrazó muy fuerte diciéndole frases alentadoras e intercambió una mirada de preocupación con TK ¿Dónde estaban sus digimons? ¿Se encontraban sanos? ¿Y salvos? ¿Quién había arruinado este mundo de esa manera?
Palmon: Estos túneles existen desde que la oscuridad se volvió a apoderar de nuestro mundo, al principio nos escondimos todos juntos y de a poco fueron desapareciendo. Primero descubrieron a Agumon, a Biyomon y a Gabumon; después encontraron a Gomamon, a Armadillomon; hace una semana se llevaron a Veemon y a Hawkmon, ayer a Gatomon y a Patamon… estoy segura de que ahora me buscan a mí.
Kari: (Tomándole las manos) No dejaremos que nada te suceda, Palmon.
Palmon sonrió tristemente y susurró:
Palmon: Ahora deben quedarse aquí. Cada día a las dos en punto de la tarde y a las ocho en punto de la noche, un miembro del ejército oscuro sale a la caza. Si pisáramos el suelo de arriba durante la hora en la que el ejército oscuro está al acecho, se accionaría el "chillido" y nos encontrarían. Esos digimons son verdaderamente malignos, con esos ojos negros y diabólicos y su actitud de superiores que dice "si lo sé, soy puros datos, no tengo vida y voy a destruirte". –Se estremeció por segunda vez.
Kari: (Alterada) ¡No podemos quedarnos aquí sentados! ¡Davis y Ken están arriba! ¡Tenemos que salvarlos a ellos también!
Palmon: Lamento no haberlos traído, es que solo tengo permitido salir una vez, y tan solo poseo dos manos. –sollozó. –Incluso si Mimi hubiera estado con ustedes, yo me vería obligada a salvarlos solo a ustedes. –dijo secándose más lágrimas. –Es que son los más importantes para esta misión.
A TK le impresionó esa respuesta, había pensado un millón de posibilidades, pero esa ni se acercaba a sus deducciones, ¿Ellos eran los más importantes? No. No iban a aceptarlo. Eran un equipo y estaban juntos, pateaban para el mismo lado, luchaban en la misma línea.
TK: (Desconcertado) ¿Por qué lo dices? –quiso saber.
Palmon: La luz de la esperanza nutre la fe que da vida.
…
Davis: ¡KARI! ¡KARI! ¿Puedes Oírme? ¡Kari! –gritaba una y otra vez.
Ken: Es inútil, estás gritando hace más de cinco minutos, no pueden oírnos, ni podemos mover estas baldosas. Deben tener un código que sólo puedan abrirse al tacto de determinado digimons.
Davis: No me voy a rendir. –dijo por enésima vez en cinco minutos, e intentando remover la baldosa que se había tragado a su chica, añadió: -¡Kari está en peligro!
El sonoro ruido de unos pasos acercándose resonó en el pasillo.
Ken: (Tomándole los brazos) Clámate… -le susurró. –No, Davis, silencio, alguien viene, debemos escondernos.
Lo difícil en una situación así es encontrar un escondite que no se esté derrumbando o que no se encuentre en el pasillo por donde se oyen esos inquietantes pasos. Palpando una pared de escombro hallaron un hueco lo suficientemente grande para ocultarse dentro, y lo utilizaron.
Un robot apareció de la nada muy cerca de su escondrijo, estaba totalmente cubierto por un metal ennegrecido que lo protegía, sus manos terminaban en garras y de su espalda surgían delgados tubos plateados. Su cabeza estaba recubierta por un casco, del mismo metal que el resto del cuerpo, que solo les permitía ver sus negros ojos, y que se dividía, a la altura del cuello, en dos hombreras. Una azul, del lado derecho, y una roja, del lado izquierdo.
El extraño comenzó a registrar el lugar detenidamente, rincón por rincón. Ambos niños cerraron los ojos, como si el hecho de que ellos no lo vieran provocara el milagro de que aquella maligna versión de Andromon no los encontrara.
Y al parecer funcionó. Justo cuando el digimon tipo androide colocó su brazo en el interior del hueco, un chillido desgarrador lo desconcertó y desesperado salió corriendo.
Ken le hizo señas a Davis y siguieron al extraño digimon fuera del edificio. La luz del sol los cegó, habían pasado demasiado tiempo a oscuras en un callejón sin salida. Tan pronto se fueron acostumbrando al cambio en la iluminación pudieron notar la presencia de otros digimons: Otamamons, unos digimons renacuajo de color azul marino; Gekomons, unos digimons anfibios, parecidos a unas ranas, con una tuba dorada en sus cuello; Floramons, un digimon flor cuyo cuerpo está protegido por pétalos; Mushroomon, un digimon que se asemeja a un hongo venenoso y púrpura; Gotsumons, es un digimon formado por rocas y con forma humanoide; Kiwimons, es un digimon ave que no puede volar, tiene también características de una planta ya que le crecen hiervas en la cabeza que le sirven para nutrirse y Bearmons, que tenían aspecto de osos salvajes de color gris y usan un gorro, unas muñequeras y un cinturón como banda de color azul oscuro.
Se liberó una injusta batalla, todos esos digimons atacaban a aquel extraño ser al mismo tiempo, con todas sus fuerzas y esperanzas, eran muchos, pero… ni siquiera igualaban las fuerzas del digimon androide que podía derribarlos con un simple movimiento de su brazo y dejarlos inconscientes durante horas. Pero, por lo visto, él no quiso perder su valioso tiempo en una ridícula lucha con digimons tan débiles. Así que se alejó, como si tuviera algo más importante que hacer. Y Davis y Ken lo sabían, él los estaba buscando a ellos.
Los digimons ganadores de la batalla festejaron el que su oponente se rindiera. Y cuando notaron las miradas de Davis y Ken, sus relajados cuerpos se tensaron y se irguieron como para atacar.
Ken: No les haremos daño alguno. –les sonrió al tiempo en que ambos alzaban las manos más arriba de sus cabezas, indicándoles inocencia.
Otro chillido desgarrador desconcentró a los digimons y salieron despedidos como balas hacia las calles. Davis tuvo la loca idea de seguirlos, no sabían si eran buenos o malos, pero algo era seguro: ellos los llevarían con otros digimons.
Al llegar a cierto cruce de calles, el gran grupo de digimons se dividió por especie y todos desaparecieron en distintos puntos de la pared al mismo tiempo.
Ken y Davis lograron colarse por la puerta de los Gekomons y se encontraron en una… una especie de… ¿GUARIDA?
Todo era diferente allí, el clima era cálido, había risas y música, el lugar era muy amplio, tanto que cabría un edificio y sobraría espacio. Tenía imágenes de doce diferentes animales en las paredes, los digimons allí parecían disfrutar. Contagiaron su alegría a los dos amigos y de pronto se sintieron fuertes, protegidos. Ambos disfrutaron mientras caminaban observando la habitación que les recordaba a los castillos de los cuentos, pero en este caso, era un castillo subterráneo.
Mediante se acercaban al centro de aquel salón, la música sonaba a mayor volumen. Descubrieron en esa extraña sala, a una gran multitud de digimons de todas las especies que habían conocido anteriormente, y a muchos más que aún no habían visto, todos reían, cuando hacía unos minutos estaban tensos y dispuestos a luchar.
La sala era una especie de comedor comunitario donde, como en la cafetería de la escuela, podías sentarte con tus amigos y pasar un buen rato mientras sacias tu estómago.
Por un momento Davis se alegró junto con los digimons, y cantó con ellos, luego se preguntó: ¿Por qué cantaba? ¿Cómo se sabía esa canción? Él nunca antes la había escuchado, ¿O sí la había oído? No podía estar del todo seguro, la voz que cantaba le hacía perder el hilo de sus pensamientos. ¿Conocía la canción o no la conocía? Era imposible conocer una melodía propia del digimundo y también era poco probable que esa fuera una canción de su mundo ya que allí no podía haber ninguna radio que reprodujera ese tipo de música. Los artefactos electrónicos que conectan ambos mundos no sirven en el digimundo, con excepción de las computadoras.
Miró a su amigo que se encontraba tan perplejo como él. Ken se encogió de hombros en respuesta. Ninguno de los dos podía hacerse una idea clara de lo que sucedía en aquel extraño castillo subterráneo.
Davis comenzó a buscar entre la multitud el punto de dónde provenía la música, entonces…
Davis: ¡ES HUMANA!
Él tenía razón. Conocían la canción porque era de su mundo, del mundo real, la estaba cantando alguien, una niña, una humana. De cabellos muy largos y negros, de tez bronceada y grandes ojos verdes, traía una vestimenta sucia y raída, como si hubiera pasado días en ese subsuelo sin otro conjunto de ropa para cambiarse. ¿Quién era? ¿Cómo había entrado? ¿Qué sabía ella sobre este mundo y qué sabía sobre los digimons?
La chica no puedo verlos en ningún momento ya que un enorme Monzaemon se colocó delante de ella al tiempo en que le entregaba algo envuelto y le gritaba que escapara. Así, todos los digimons del lugar se dieron vuelta y se interpusieron entre los chicos y ésta nueva alguien. Lo único que pudieron ver es que ella colocó una caja en la pared y desapareció dentro de ésta.
Al retirarse la chica, todos los digimons de la sala se les tiraron encima para agredirlos.
Espero que les haya gustado el segundo capítulo! Gracias por leer!
Nos vemos con el siguiente capítulo :)
