Capítulo 2 – "Amenaza"
- Dejen a los niños en mi habitación con Santana – Dijo Jesse mientras corría apresurado por el pasillo principal del segundo piso.
Quinn, Kurt y Brody comenzaron a seguirle el paso mientras el chico agitado, se dirigía hacia una de las salas de estancia en la mansión, y se servía un poco de Brandi.
- No has bebido en mucho tiempo – dijo Kurt al notarlo – no deberías hacerlo.
Jesse le lanzo un par de ojos retadores, indicándole que la situación lo ameritaba. Kurt bajo la mirada.
- ¿Cómo pudo pasar? Nadie más estaba en la habitación aquel día – dijo Quinn al llegar finalmente después de seguirles el paso con su gran vestido de gala.
- No tengo idea – dijo Jesse mientras su mirada se perdía en su reflejo en la ventana – pero vamos a averiguarlo.
Sus ojos esta vez se centraron solo en Brody.
- Llama a todo nuestro despacho de abogados. Diles que los quiero ver en la prisión estatal en una hora. Prepara el auto para que salga a esa hora, y cancela todo lo que este planeado para mañana.
- Sería bueno que apareciera en una rueda de prensa. No dejo una buena imagen hoy. – respondió el asistente.
- No estoy seguro si quiera hacer una aparición pública en estos momentos.
- Él tiene razón – replico Kurt – no queremos que haya malentendidos. Tal vez antes su reputación no era muy importante pero ahora están en la boca de todos.
- ¿Quieres que te ayude a preparar algo? – pregunto Quinn amablemente.
- Dile a todos los empleados que salgan de la casa. Y avísale a las personas de seguridad que saldré en unos momentos. Y no quiero a ningún camarógrafo en el camino cuando lo haga.
- ¿A qué hora debo citar a la prensa mañana?
- Te dejare encargarte de todo. Estaré en St Royal para las diez de la mañana.
- Habrá toda una multitud. Tendré que organizarla en la plaza del edificio.
- Haz lo que sea necesario – respondió Jesse algo cortante. La preocupación no le dejaba tiempo para ser amable.
Quinn y Kurt se miraron por varios minutos tratando de pensar juntos en que decir.
Fue entonces que una mujer del servicio de la casa se acercó y entro a la sala siendo sigilosa.
- ¿Desea que prepare los cuartos para las visitas? – pregunto a Jesse
Él ni si quiera la escucho.
- Nosotros lo haremos – le dijo Kurt con un tono cortes.
- Está bien – dijo la mujer caminando hacia la salida. – por cierto. ¿Encontró lo que buscaba esta mañana señorita Fabray? – dijo dirigiéndose a Quinn.
La rubia la miro desconcertada.
- ¿De qué habla?
- Uno de los empleados me dijo que había venido en la mañana.
- Estuve todo el día en la oficina. No llegue hasta esta tarde.
La cara de todos los presentes se puso en blanco en aquel momento. Jesse camino rápidamente hacia la mujer que los miraba confundida.
- ¿A dónde entro la mujer que menciona?
Después de que las palabras fueron confesadas, Jesse corrió hacia su oficina, y abrió la puerta asustado al saber que la intrusa había estado en aquel lugar. Corrió rápidamente hacia su escritorio y comenzó a revisar que todo estuviera en orden.
Los papeles de la empresa, y de la casa, incluyendo el testamento, estaban todos intactos.
Busco en los libreros, movió las sillas, incluso reviso cada una de las fotografías que tenía en el lugar, para cerciorarse de que no hubiera alguna cámara escondida en ellas. Fue entonces que una idea se le vino a la cabeza.
Abrió rápidamente la última gaveta de su escritorio, y descubrió finalmente lo que estaba perdido.
Los planos de la empresa ya no estaban. Alguien los había tomado, y aunque en ese momento nada de lo que pasaba tenía sentido. Esto no podía augurar nada bueno.
En ese momento la intensa lluvia que caía afuera termino por desactivar toda la electricidad de la casa. Por un momento las luces comenzaron a jugarse hasta que finalmente se apagaron.
Jesse comenzó a respirar hondo para guardar compostura. Se sentó en su escritorio y lentamente fue armando piezas para tratar de construir el plan que sus enemigos estaban llevando a cabo.
La mujer que se había acercado esta noche era por completo un enigma. Y ya que ella uso una frase en plural, pudo saber que no estaba sola.
El sonido del teléfono lo asusto por un instante. Después se puso de pie y con una mano temblorosa lo contesto.
- Residencia St James.
- ¿Qué se siente estar debajo del pie que te aplasta la cabeza?
Una voz distorsionada hablaba del otro lado de la línea. El chico trago saliva y comenzó a exasperar rápidamente.
- ¿Quién eres?
- Esa no es la pregunta correcta Jesse. Lo que deberías estarte preguntando es, ¿Qué es lo que voy hacer contigo?
- No puedes hacer nada.
- Siempre siendo tan egocéntrico. Que hayas sido el héroe una vez, no te absuelve de ser alguien estúpido. ¿Qué se sintió haber sido humillado en tu propia celebración? Esto solo ha comenzado.
- ¿Qué quieres? – dijo él con un tono más enojado.
- Esa pregunta es mejor. Lo que quiero, es que dejes a tu linda esposa en prisión por un tiempo. Vamos a darle una pizca de lo que se siente tener una vida difícil. Las personas tienen que pagar por lo que hicieron.
- Yo pague esa sentencia hace mucho tiempo.
- El mártir no es un personaje voluntario Jesse. No te correspondía haberlo hecho.
- Rachel no se quedara ahí.
- ¿Esa es tu decisión final?
- Si – dijo Jesse con voz temblorosa.
- Entonces, arde.
La llamada se cortó dejándolo sin habla. Esta amenaza no había sido como las de los años anteriores. Los eventos que habían pasado en su juventud se habían enterrado casi por completo. Sin embargo, en esta ocasión, el miedo se sentía distinto.
Cuando las luces volvieron Jesse dio un salto al ver a Sugar frente a él.
- ¿Con quién hablabas? – pregunto la chica.
- Me asustaste – dijo él apenas recuperando el aliento.
- Lo siento. Es solo que no te encontraba en ninguna parte – dijo ella acercándose. Tomo su hombro y comenzó a acariciarlo pues sabía que así se tranquilizaba - ¿Necesitas que haga algo por ti? Puedo acompañarte a ver a Rachel.
- No, no tienes porque.
- Quiero hacerlo – dijo ella.
Jesse sonrió y fue entonces que la abrazo descargando así todo el miedo que se había acumulado en las últimas horas.
- Prefiero que nadie salga de la mansión. Está cayendo una tormenta y no estoy seguro de que sea buena idea salir ahora.
- ¿Sabes que estoy contigo en esto verdad? – pregunto la chica – Jesse Bond.
El chico asintió con una sonrisa.
- Lo sé. Cuídate mucho, y a los demás también.
Sugar asintió mientras Jesse salía rápidamente de la habitación.
La noche apenas comenzaba. Y aun habría más cosas por vivir.
Una habitación obscura. Llena de hombres sentados en una misma sala. No tenían una apariencia de ser personas amables. Todos parecían imponentes. Tenían tatuadas distintas imágenes, y sus miradas no guardaban ningún tipo de luz.
Había silencio total en el lugar. Y su postura se asimilaba a la de alguien que esperaba por otra persona.
Fue entonces que un ruido irrumpió con la tranquilidad y el sonido de un par de tacones caminando por el pasillo resonó como un eco a lo lejos.
Una chica rubia con una falda y un saco negro se acercaban lentamente hacia aquella sala. Estaban en lo que parecía ser un despacho abandonado pues aun había artículos de oficina en mal estado por doquier.
La rubia venia caminando de la mano de un hombre. Fue hasta que la luz de la linterna que había en la sala lo alumbro, que se pudo develar su identidad. El señor Crawford, invitado de la fiesta unas horas antes, estaba tomando asiento frente a esos hombres.
La rubia se quitó un par de guantes negros y se quedó de pie a su lado.
El que parecía ser líder del otro clan simplemente observo a las visitas por unos momentos. Impaciente, comenzó a mover los dedos sobre el soporte del sofá. Fue unos minutos después que finalmente tomo aire. Esto no era un negocio cualquiera.
- ¿Te llego mi carta Martin? – dijo este sujeto al señor Crawford, quien parecía responder a este nombre.
- La leí dos veces – dijo el otro con un tono de desaire.
- Comprenderás que esto no es una tarea fácil.
- No hay que hablar de esto como un negocio – dijo Crawford – recuerda que esto es personal.
- Para ti – respondió al visitante – para mí solo es una tarea más en la lista de cosas por las que te estoy en deuda. Parece que nunca acabare de pagarte.
- Tú sabes que somos amigos.
Una sonrisa sarcástica se pintó en el otro hablante.
- ¿Cómo sabemos que la policía no será un problema? – pregunto el líder.
- Yo soy un policía – dijo la rubia saltando a la conversación – no serán impedimento. – su voz parecía algo sutil.
Uno de los hombres que estaba al lado del líder del otro clan susurro a su oído.
- "No vas a confiar en esta chica ¿verdad? Solo mírala".
En ese momento la chica lo miro fijamente y de una manera veloz avanzo hacia él para después descargar su fuerza en el brazo del individuo y someterlo sobre una mesa que residía en el centro. Tomo el arma que guardaba en la espalda baja y le apunto en la cabeza.
- No tenemos tiempo para consejos. – dijo ella
El líder miro a Crawford con ojos sorprendidos.
- ¿Qué te puedo decir? – dijo Crawford divirtiéndose – parece una princesa, pero no lo es.
No hubo contestación.
- Vamos Lee. Tu sabes que esto significa todo para mí – dijo Crawford a su compañero revelando el nombre de éste. La rubia seguía sometiendo al sujeto.
- Suéltalo – dijo Lee mirándola a los ojos.
Ella lo lanzo al piso.
- Theo fue mi sobrino preferido por mucho tiempo. Siempre amable, ignorando todas las atrocidades que hacíamos. Nunca se corroyó con nuestro lodo. – dijo Lee acercándose a Crawford – solo quiero que sepas Martin, que si voy a hacer esto, no será por ti. Será por él.
- Mi hijo fue asesinado por personas que no le dieron importancia. Lo trataron como un número en rojo más. Ahora es momento de que paguen. – Crawford parecía dolido al hablar de su fallecido hijo.
- Solo tienes que decirme lo que necesito hacer. – respondió Lee.
- Tienes una mafia numerosa Lee. Yo creo que estas muy consciente de lo que la gente quiere cuando se te acerca. Dinero, recursos, personas.
- ¿Cuál es el plan?
- Me ayudas a hundir a St James. Y mi querida amiga aquí presente, Kitty, promete alejar a la policía de tu rastro por un largo tiempo. Todos salimos beneficiados.
- ¿Por qué tendría que confiar en ella?
- No tienes opción – dijo Kitty cuando al fin se supo su nombre – si no aceptas ayudarnos, en lugar de alejar a la policía solo les dejare el camino para llegar a tu mazmorra. No eres invisible. Yo solo te hare brillante.
- Pensé que esto era entre familia.
- La familia necesita presionar algunas veces – dijo Crawford – y debes saber que yo no tomo un no por respuesta.
- Solo promete que después de esto me dejaras en paz. Tú y tu amiga.
- Lo prometemos – dijo Crawford mientras una sonrisa se pintaba en su rostro. – es un trato entonces.
En ese momento se había pactado la sentencia para la familia St James. No solo Crawford estaba tratando de hundirlos, sino que ahora, sumando a los recursos ilimitados que este hombre tenía, se adhería este grupo de personas que ayudarían a sucumbir al singular grupo de amigos.
- Nada de policías – dijo Lee una vez más.
- No debes preocuparte – respondió Kitty.
Él asintió.
- ¿Cuál es la primera tarea? – pregunto el hombre resignado.
- Necesito tomar prestado algunos de tus juguetes y un par de tus hombres. – mientras Kitty decía esto una risa para nada inocente se marcaba en su rostro – vamos a armar un show.
Mientras Ali dormía Blaine y Kurt comenzaron a discutir fuera de la habitación de Jesse y Rachel. Por órdenes del anfitrión los niños se habían quedado a dormir en ese cuarto mientras Santana y Sugar los cuidaban desde la barra que aún estaba puesta en el pasillo lateral.
Nadie podía dormir, ni si quiera se podía pensar en eso como una opción. En tan solo dos horas, la casa de los St James había pasado de ser un lugar mágico, a convertirse en un verdadero desastre. Las personas que Jesse había contratado para los movimientos legales estaban ahora caminando en todas direcciones por la sala. Quinn estaba afuera tratando de apaciguar a la prensa, mientras Jesse y Kurt se alistaban para salir hacia la prisión en donde Rachel se encontraba.
- ¿En serio tienes que ir? No creo que Ali esté muy contenta en una casa extraña cuando despierte y no te vea.
- Por eso vas a estar aquí – respondió Kurt ante las insistencias de su esposo.
- En realidad no creo que sea necesario que vayas. No va a ser de mucha ayuda tener a todos en ese lugar. – decía Blaine mientras Kurt lo ignoraba preparando cosas ropa para llevar a Rachel en una pequeña mochila.
- Lo siento. Tengo que ir.
- No me estas escuchando. No quiero quedarme aquí solo con Ali mientras todas estas personas están en la casa. No sabemos qué otras cosas pueden pasar.
- Hay seguridad por todas partes nada malo va a pasar. Además no quiero que salgan ahora que la prensa está rodeando la mansión.
- ¿No crees que habrá más reporteros en la mañana? Es el momento perfecto para salir.
- Blaine escucha – dijo Kurt mientras se detenía para tomarlo de los hombros – ellos son mi familia ¿comprendes? Cuando mi madre murió Rachel fue la única persona que no dejo que me derrumbara. Ahora es tiempo de devolver el favor.
- Devolviste el favor más de lo que se necesitaba.
- ¿Cuántas veces son esas para ser exacto? ¿Acaso le estas poniendo un límite a la generosidad?
- Sabes lo que trato de decir.
- No vas a persuadirme Blaine – dijo Kurt cuando estuvo listo. – volveré en unas horas. Y por favor no salgas a mitad de la noche con la niña. Piensa en ella.
- Eres tu quien no lo hace.
Kurt se detuvo por un momento al escuchar esa frase pero unos segundos después siguió con su camino. Blaine se limitó a mirarlo marcharse. Después entro a la habitación en donde su hija dormía.
- ¿Estás listo? – pregunto Kurt al llegar al pie de la escalera y toparse con Jesse. Ambos aún tenían puestos los trajes elegantes de la fiesta.
- Si claro – dijo Jesse algo aturdido por el ruido en el lugar.
Los dos comenzaron a caminar hacia la salida moviéndose entre las personas.
- Quiero que prepares todo para mañana Brody, y sé que va a parecer algo cruel, pero te necesito activo todo el día.
- No voy a fallar – respondió el asistente a su jefe.
Jesse le devolvió una sonrisa condescendiente.
En ese momento Sugar se puso de pie una vez más y se acercó a Jesse para después tomarlo del hombro.
- ¿Estás seguro de que no quieres que vaya?
- Creo que esto es algo que debo hacer yo solo.
- Kurt va a ir – replico ella.
- Es su mejor amigo.
- ¿Sabes? Parece que Rachel siempre tiene a su gente apoyándola cuando se cae pero nadie parece cubrirte a ti las espaldas.
Jesse la miro por un momento tratando de entender a que venía el comentario.
- Puedo ir si quieres. – dijo Sugar una vez más.
- Preferiría que durmieras un poco – dijo Jesse tomando gentilmente su cabello. – tal vez no lo entiendes ahora, pero tú sabes que estuve a punto de perderte muchas veces antes. Con Ryan y todos sus ataques, pudiste haber muerto.
- Pero estoy aquí – dijo ella riendo nerviosa.
- Lo que no ves es que trato de protegerte. Porque no quiero perder a mi única amiga. Rachel tiene a muchos, yo solo te tengo a ti.
Después de decirlo las puertas de la mansión se abrieron y un sin fin de flashes comenzaron a abalanzarse sobre él y su acompañante. Kurt solamente se cubrió la cara con un par de gafas obscuras mientras Jesse clavaba los ojos al piso.
Cuando finalmente pudieron llegar al auto ambos permanecieron en silencio la primera parte del recorrido.
- ¿Estás bien? – dijo Kurt tratando de romper con la tensión.
Jesse lo miro por unos momentos y después se mordió el labio.
Las emociones comenzaron a desbordarse y en ese instante el chico golpeo con fuerza la ventana polarizada que tenía al lado para después ponerse las manos sobre la cara y comenzar a gritar con ira.
Kurt trago saliva.
Pensó que sería correcto no decir nada y solo dejo que su acompañante se desahogara mientras él intentaba también recuperar el aliento.
- ¡Qué bonito vestido! Me encanta – gritaban las mujeres desde sus celdas al ver a Rachel pasar con su traje de gala aun puesto.
Un par de oficiales la escoltaban hacia la sala de visitas mientras todas las mujeres giraban su cabeza hacia ella mientras con lento paso caminaba por el lugar.
- ¿Qué fue lo que hizo la princesa? – se murmuraban mientras Rachel trataba de evadir su tono sarcástico.
Un sonido mecánico se escuchó cuando la puerta principal se abrió.
Al ver a Jesse, Rachel rápidamente corrió hacia él pero fue detenida por el guardia de seguridad cuando estuvo a unos metros.
El rostro de Jesse estuvo tenso por un par de minutos pero después se conforto de haberla visto, y simplemente volvió a tomar asiento.
Los ojos de Rachel denotaban miedo, era por esta razón que el chico comenzó a sudar frio, tratando de contraer el llanto. Él había vivido de cerca la experiencia que una estancia en la prisión podría brindar. Era debido a esto que temía por la seguridad de Rachel, y simplemente lo destrozaba el tener que imaginar a su esposa en esa situación.
Hubo silencio por un par de minutos. Después cuando el oficial se retiró lo suficiente para darles privacidad comenzaron a hablar.
- Te traje esto para que puedas cambiarte – dijo Kurt entregándole la bolsa con ropa que había llevado.
- Gracias – dijo ella un poco temblorosa por el frio.
- Aun no entiendo cómo pudo pasar esto – continuo Jesse mientras apretaba su mano – no sabemos que pruebas pueden tener, o con que fundamentos ataquen.
- No sabemos quién es el atacante – resalto Kurt
- Una mujer se me acerco en la fiesta y comenzó a decir varias cosas sobre vernos sucumbir.
- Puedes revisar los videos de seguridad, tal vez incluso saber cómo y cuando llego. – dijo Kurt
- Ya lo están haciendo. Les di la orden antes de irme.
- No recuerdo a ningún otro testigo en aquella noche. Claro que he borrado la mayoría de los recuerdos sobre ese par de años.
- Todos lo hemos hecho – dijo Kurt – pensamos que jamás volverían a ser importantes.
Jesse miro a ambos chicos sentados en la mesa junto con él y por solo un momento no pudo evitar sentir culpa.
- No hiciste nada malo. ¿Lo sabes verdad? Si es que existe algún tipo de video, podremos ver que todo fue en defensa propia.
- No tengo idea de lo que vaya a pasar. Pero no te lo negare, estoy muy asustada.
El chico siguió frotando su mano de una manera cariñosa tratando de confortarla.
- Sabes que no voy a dejar que nada te pase.
Rachel alzo la mirada para concentrarse en el reflejo de sus ojos.
Después solamente asintió.
- Tengo a todo un despacho de abogados estudiando el caso para cuando tengamos que ir a la corte. Nada ni nadie va a impedir que salgas de aquí.
- ¿Por qué lo dices? – pregunto Kurt intrigado.
Jesse desvió la mirada por un instante antes de confesar lo que había pasado.
- Cuando la luz se fue en toda la mansión, alguien llamo a mi despacho y me amenazo. Dijo que quería que te dejara en prisión por un tiempo.
- ¿Era hombre o mujer?
- Era una voz distorsionada. Por un aparato electrónico tal vez.
- Tal y como Will lo hacía conmigo – dijo Rachel recordando.
- ¿Qué rayos está pasando aquí? – dijo Kurt sumamente confundido por tantos eventos y coincidencias.
- Sea lo que sea. No estamos preparados. – dijo ella asustada.
- Ahora tenemos recursos, abogados, contactos, seguridad. Será más fácil salir de esto.
- Créeme. No deberías confiar demasiado en eso. – dijo Rachel – las personas que solo buscan hacer daño ven todas estas cosas como simples barreras que derrumban con facilidad.
- Tengo que saber quién era esa chica. – recalcó Jesse.
- Hay otra cosa que tienes que hacer antes – dijo Rachel después de haberse perdido en sus pensamientos por un instante.
La atención se centró en ella.
- Vas a necesitar seguridad mejor calificada de la que tienes, y además alguien que sepa cómo moverse e investigar por su cuenta.
- No puedes estar hablando de ella – dijo Jesse – Despedí a esa chica hace mucho tiempo. No creo que quiera hacer nada por mí.
- Cassandra July es la mejor opción que tienes en una investigadora. Al menos deberías intentar – esta vez el tono de Rachel fue insistente.
La alarma del despertador sonó y la chica que estaba en la cama salto algo asustada.
Unos momentos después estiro la mano para apagarla y se puso de pie mientras trata de acostumbrar sus ojos a la luz.
Cassandra July había sido una de las mujeres que trabajaron para St Royal en la rama de seguridad, durante su primer año de restauración. Esta chica había tenido un talento nato para detectar los peligros aledaños, pero desgraciadamente, durante un recorte de personal, Jesse encontró a alguien que ofreció hacer lo mismo por menos dinero. Cuando supo que el error de despedir a Cassandra había sido grande, era demasiado tarde. La chica no había querido ni si quiera contestar sus llamadas.
Aquella mañana Cassandra se levantó temprano, pues tenía que cubrir algunas rondas en la estación que le había sido asignada. Se dio una ducha, preparo café, y mientras lo bebía noto que había diez mensajes de voz en su contestadora. Todos habían llegado en la madrugada y ni si quiera los había escuchado.
"Hola Cassandra, soy Jesse St James. Sé que no hemos hablado en mucho tiempo pero en realidad, necesito contactarte en estos momentos. Por favor contesta o regresa la llamada. Gracias" – prácticamente todos los mensajes tenían dicho algo parecido.
La chica instantáneamente recordó a su antiguo jefe y sin dudarlo ni si quiera por un momento, borro todo lo que se había grabado en su contestadora. No podía lidiar con esas personas todavía. Había sido un golpe demasiado bajo.
Cuando estuvo lista para salir, se hato el rubio cabello que caía hasta su cintura y se puso un chaleco con las siglas FBI apretando su espalda para obtener un porte autoritario. Debajo llevaba una camiseta color gris y un par de botas cómodas.
Al salir de casa su compañero la esperaba en una de las patrullas que les habían asignado. El chico tenía en las manos dos vasos con cafés recién hechos.
- No tenías que comprarme nada – dijo ella en un tono sarcástico – de todas maneras no te dejare conducir.
La sonrisa en el rostro del chico se esfumo y unos minutos después ambos subieron al auto.
- ¿Puedes creer que se atreva si quiera a pedirme un favor? – dijo ella quejándose mientras esperaban en el tráfico por un semáforo en verde.
- No lo sé, tal vez sea algo realmente importante.
- No me importa si su casa se está incendiando y yo tengo un balde de agua en las manos. No voy a olvidar lo que me hizo.
- Debes entender que en ese momento su compañía estaba en crisis.
- ¿Y tú qué sabes? – respondió Cassandra siendo prepotente.
- Cuentas la misma historia cada que estas ebria y solitaria. Incluso el cantinero se la sabe de memoria.
- Yo era excelente ¿Sabes? Fui la mejor agente en su pequeña empresa. No tenía por qué despedirme. Pensé que era importante.
- No tengo nada que decirte. Es tu decisión. Pero aun así, deberías al menos escuchar de que se trata la propuesta.
Cassandra se limitó a fijar su mirada en la fila de autos que estaba frente a ella, mientras reflexionaba aquellas palabras de su acompañante.
El jardín oval que estaba en la planta baja del edificio Rossets Jones, lugar en donde residían las oficinas de St Royal en los últimos dos pisos, estaba completamente repleto de personas.
Brody había preparado una conferencia masiva de prensa, y ahora que toda la ciudad hablaba de lo ocurrido una noche antes en el baile de recaudación de fondos en la mansión, todas las televisoras y periódicos deseaban con ansiedad contar con la exclusiva sobre el evento.
Fueron tantas las personas que arribaron al lugar, que Jesse tuvo que usar el helicóptero de la compañía para entrar por el techo de dicha edificación. Las personas que abajo esperaban, se entusiasmaron al ver como el peculiar vehículo se acercaba al lugar.
- ¿Está todo listo? – pregunto Jesse a su asistente, quien lo había esperado desde un extremo del helipuerto.
- La prensa esta amontonada en el jardín. Las juntas fueron pospuestas y los abogados están en la sala de juntas.
- Bien, ahora solo necesito hacer un par de llamadas – Jesse seguía caminando mientras se abrochaba el saco.
En la planta baja, abriéndose paso entre las personas, Blaine llegaba con la pequeña Ali en brazos hasta las escaleras principales del pequeño escenario que se había montado con un lugar especial para Jesse en su conferencia. Kurt estaba sobre él tratando de apaciguar a la multitud que esperaba al magnate, y al ver a su esposo moviéndose como una pequeña hormiga entre la multitud rápidamente movió el micrófono a un lado y bajo para recibirlo.
- Hola hermosa – dijo el al tener enfrente a su hija - ¿Qué hacen aquí? – esta vez su mirada se fijaba en Blaine.
- Olvidaste darme la ficha de entrada del colegio. Sabes que no puedo entrar sin ella. – dijo Blaine algo enojado.
- Lo siento. La deje en mi traje de anoche. Está en la mansión.
- Genial – dijo Blaine un poco más irritado - ¿Y ahora que voy a hacer? Yo también tengo un empleo Kurt. No puedo solo faltar.
- Te juro que lo olvide por completo.
- Tengo dos cirugías programas para hoy. ¿Qué se supone que pase ahora? ¿Solamente me voy al parque con ella?
- No peleen papi – la voz de Ali apaciguo el momento. Blaine solo agacho la cabeza y le beso la frente a su hija.
- No hagamos esto aquí Blaine – dijo Kurt en voz baja tomando de su brazo.
No hubo respuesta.
- La conferencia solo va a durar unos minutos. Te prometo que en cuanto termine yo me llevare a Ali a casa y podrás irte. ¿Me esperarías? Por favor.
- Está bien – respondió el chico a regañadientes.
En ese momento el rostro de Kurt volvió a la vida. Una vez más había logrado calmar un poco las aguas, pero así como ese don de tranquilizar a su esposo llegaba cada vez que la ira estaba a punto de atacarlo, una pregunta arribaba a la cabeza de Kurt cada vez que esto pasaba. ¿Cuánto más iba a durar esta etapa de tensión entre ellos? Sus amigos estaban en problemas y él no parecía entenderlo. El chico que lo había ayudado en todos los desastres unos años atrás parecía haber desaparecido por completo.
El chico se hizo a un lado para no obstruir el paso y junto con su hija se situaron en una pequeña banca que residía al costado del jardín. La mirada de Kurt fue un poco desolada. Realmente había sentido culpa por no haber pensado en el bienestar de su familia, pero había tantas cosas en su cabeza en aquellos momentos, que las divagaciones lograban ganarle a la conciencia.
La prensa seguía llegando al lugar cada vez más impaciente. Era la hora de dar declaraciones, falsas o verdaderas, necesitaban escuchar algo.
Al otro lado de la calle Kitty caminaba con el porte imponente que la caracterizaba. Esta vez no tenía el cabello recogido, y su vestimenta obscura resaltaba su amarilla cabellera de una manera perfecta. Con las manos en su bolsillo, saco un teléfono celular y marco un solo número, para después ponerlo sobre su oído.
- ¿Dónde están? – pregunto siendo secante.
- Frente a usted. Estamos llegando.
Una van color blanco se estacionó en la acera que rodeaba el edificio Rossets Jones. De él bajaron dos hombres con overoles de trabajo color beige, siendo uno de ellos, el que sostenía el teléfono en su mano derecha.
- Bien, ya saben lo que tienen que hacer. – dijo ella.
- Pensé que íbamos a esperar por su señal. – respondió este hombre mientras sacaba de la parte trasera una pequeña caja de herramientas.
- Voy a estar en el edificio de enfrente. Si les llamo y cuelgo. Pueden activarlas.
- Hecho.
El chico colgó el teléfono y junto con su compañero comenzaron a abrirse paso entre las personas que esperaban por Jesse.
El majestuoso edificio no se encontraba en una zona céntrica de Manhattan, en realidad estaba a las afueras de la pequeña y lujosa isla, residiendo entre la fila de edificios restaurados, que se habían puesto a la venta unos años atrás, mientras se trataba de reconstruir aquella parte de la región. Wall Street estaba muy lejos del Rossets. Esto no impedía que dicho edificio resguardara a múltiples agencias importantes.
Kitty entro a la estancia del edificio de enfrente, como había prometido y mientras las personas se abrían paso ante la seguridad que emanaba, ella simplemente ignoraba a todos quienes se atravesaban.
Cassandra había llegado finalmente a su estación respectiva. El caos que normalmente rodeaba al lugar se había convertido en un ambiente normal para ella. Saludo a todos como acostumbraba, al pasar por los cubículos y escritorios amontonados en el centro del lugar. Después entro a su oficina, y cerró la puerta para después notar que había más mensajes en el buzón que tenía enfrente.
- Oficial July han llamado de la oficina St Royal desde las siete de la mañana – dijo una de las secretarias que contestaban teléfonos entrando a su oficina.
- ¡Lo sé! Tengo el buzón lleno de sus mensajes. Si siguen llamando solo cuelga y no digas nada más.
La mujer asintió.
Fue entonces que desde la suite que había rentado, Kitty decidió hacer otra llamada. Esta vez a la estación de policía.
- Quiero que todas las unidades vayan a Brooklyn esta tarde. Hay una amenaza de explosivo en el lugar – dijo la chica para después colgar el teléfono.
En la estación la orden no se tardó mucho en correr. Todas las unidades comenzaron poco a poco a abandonar Manhattan e incluso las que estaban de guardia, se dirigieron hacia el otro lado del puente.
Fueron muy escasas las unidades que se quedaron en la oficina.
- ¿Sabremos alguna vez porque Kitty es tan…? – dijo Cassandra a su compañero mientras se preparaba para irse ella también.
- ¿Perra? – respondió él.
- Tú lo dijiste.
- No la he visto en meses. Ya todos quisiéramos tener su puesto, y poder faltar un año completo.
- No sé qué hizo para merecer ese puesto. Tú eres mucho mejor.
- Ah, ¿Qué acaso no la has visto? – respondió Cassandra en tono sarcástico – yo si se cómo lo consiguió.
- Siguen llamando de St Royal comandante July – dijo la mujer del teléfono. – no sé qué más decirles.
- Solo diles que no voy a contestar. Pueden dejar de intentarlo.
Las patrullas recorrían el puente hacia Brooklyn a toda velocidad. Parecía que la amenaza de bomba había sido cierta, pues se había encontrado un paquete sospechoso en la escena señalada. Los oficiales trataban de apresurarse a llegar, mientras que todas unidades cercanas, hacían fila en el lugar para evacuar la zona.
Cassandra y su compañero estaban a punto de encaminarse, fue una llamada más la que los detuvo.
Mientras tanto en la compañía St Royal, Quinn había buscado a Jesse por todas partes. Finalmente lo había encontrado en la sala de juntas.
Camino lentamente hacia este lugar, mientras muchas personas se interponían en su camino. El teléfono no había dejado de sonar, y todo mundo en la empresa parecía tener su índice de tensión hasta las nubes.
La chica choco con un par de hombres que lucían overoles de trabajo.
- Lo siento – dijo ella con su voz amable.
- No hay problema – dijo uno de los hombres con los que había tropezado. Llevaban las cajas de herramientas en las manos. Y el teléfono con el que habían hablado con Kitty unos minutos antes.
Quinn empujo la puerta de la sala de juntas y entro como si fuera dueña del lugar.
- Quinn ¿Qué haces aquí? ¿Está todo bien en la mansión?
- Pensé que podrías necesitar ayuda. Tengo experiencia con la prensa. Y no quería verte derrumbado con tantas cosas.
- Gracias, me hace falta toda la ayuda posible – dijo el chico aflojándose la corbata.
- ¿Cómo salió todo con Rachel?
- Estaba asustada – dijo él – hable con todos mis abogados, pero al no conocer mucho sobre el caso, no hay nada que puedan hacer. Tenemos que esperar hasta la audiencia.
- ¿Cuánto tiempo va a estar ahí adentro? – dijo su amiga preocupada.
- Al menos un día más – respondió el esposo con un tono similar.
Ambos salieron de la sala de juntas y se dirigieron rápidamente hacia la oficina de Jesse.
- ¿Cómo están Santana y Blaine?
- Ambos se fueron esta mañana – respondió Quinn mientras ambos andaban apresurados.
- No lo tomes a mal, pero fue un mal momento para llamar a mantenimiento. Ya hay suficiente gente aquí.
- ¿Mantenimiento?
- Choque con un par de tipos que parecían trabajadores de mantenimiento.
- No estaba enterado de que algo anduviera mal – en ese momento ambos se internaron en la oficina.
Kitty miraba todo desde el otro lado de la calle. El gran ventanal con el que contaba le daba una vista panorámica increíble directo hacia St Royal.
Se puso cómoda en uno de los sofás, y se quitó el abrigo para develar un sexy vestido negro que tenía puesto. Se sirvió una copa de vino tinto y comenzó a beberlo demasiado relajada para parecer malvada. Encendió el estéreo que estaba puesto en uno de los extremos de la habitación, y una canción de opera comenzó a sonar entonces. La chica subió el volumen, como si quisiera que la música eliminara todos sus malos pensamientos. Cerró los ojos, y después tomo su teléfono del bolso que había dejado a un costado. Antes de marcar uso un pequeño aparato adaptador, para modificar su voz.
El teléfono de la oficina de Jesse sonó.
- Compañía St Royal. Ahora es un mal momento, si puede llamar desp….
- ¿Ya pensaste en lo que harás con tu esposa? – Kitty hablaba desde la otra línea con una voz modificada. Jesse reconoció la voz que lo había amenazado la noche antes.
- No voy a dejarla en prisión – la contestación fría del chico hizo que Quinn lo mirara intrigada.
- ¿Estás seguro de eso? Te advierto que pelear puede ser la decisión más estúpida que tomaras.
- No te tengo miedo.
- Lo estarás.
Una vez más, sin previo aviso, la llamada termino.
Kitty marco esta vez un número diferente. Los hombres de mantenimiento estaban en la otra línea.
- Háganlo – dijo esa simple palabra, y después, la chica colgó para continuar tomando vino. Subió el volumen un poco más.
Jesse se había quedado pálido después de la llamada. "No te tengo miedo" había dicho. Esa era una gran mentira.
- ¿Quién era? – pregunto Quinn. - ¿Qué pasa Jesse?
Él no respondió. Solo tomo el teléfono que tenía enfrente y comenzó a marcar un número.
- Señorita July – dijo la secretaria de la comisaria.
- ¡Ya te dije que no quiero hablar con nadie de St Royal! – respondió Cassandra a punto de irse.
- Es el mismo Jesse St James. Dice que esto es de vida o muerte.
La chica tomo un gran respiro y después corrió hacia el teléfono.
- No quiero hablar con usted señor James – dijo ella en un tono cortante.
- Cassandra, escucha. Sé que no terminamos en muy buenos términos, y lo siento, pero ahora algo está pasando y sé que eres la única que pude ayudar.
- En realidad no quiero volver a tratar con ustedes. – dijo ella.
- Por favor. Creo que alguien está tratando de matarnos de nuevo.
La cara de Quinn se puso en blanco al escuchar esto.
- ¿A qué se refiere? – pregunto Cassandra Intrigada.
- Tengo mala memoria para muchas cosas señorita July, pero no olvide lo buena que es para descifrar atentados y cosas que andan mal.
- Ese es mi talento.
- Bien, anoche me llamaron desde un número anónimo amenazándome con dejar a mi esposa en prisión.
- Espere, ¿Rachel está en prisión?
- Lo explicare después. Usaron las palabras "Entonces arde" cuando me negué a dejar de pelear por sacarla de ahí. Hace unos minutos la misma persona volvió a llamar. Creo que están a punto de hacer algo en mi contra.
- ¿En dónde se encuentra señor James? – Cassandra había comenzado a armar todas las piezas en su cabeza.
- En las oficinas centrales. Estoy en la mía de hecho.
- Dígame. ¿Algo más paso anoche que no me haya mencionado?
- Robaron los planos de la empresa de mi despacho.
- Bien, ahora hágame un favor, y tómese un momento para ver a su alrededor. ¿Hay algo que no encaje en la empresa?
Jesse recordó a los chicos de mantenimiento que Quinn había mencionado.
- Dos hombres vinieron a hacer mantenimiento de la empresa. Pero no he ordenado nada.
- Bien, esa es nuestra luz roja. Ahora investigue. ¿alguien en especial los llamo?
Jesse puso en altavoz la extensión que tenía al teléfono de Brody.
- Brody, una pregunta ¿Tu llamaste al equipo de mantenimiento?
- Para nada.
La cara de Cassandra cambio de pensativa a horrorizada.
- Escuche señor James – dijo mientras comprendía lo que pasaba – no quiero que se alarme demasiado, pero esto es lo que tiene que hacer. Active una alarma de evacuación. No quiero a nadie en la planta del edifico. Dígales que salgan de inmediato y después de hacerlo, váyase lo más rápido posible.
- ¿Qué está pasando Cassandra? – pregunto Jesse.
- Solo hágalo, llegare en unos minutos.
Cassandra colgó el teléfono mientras la secretaria del lugar y su compañero la miraban confundidos.
- ¿Qué está pasando Cassandra? – pregunto su compañero.
- Alguien está a punto de volar St Royal.
La chica corrió rápidamente hacia afuera y tomando el radio que estaba instalado en su patrulla llamo a uno de los oficiales que habían ido hacia Brooklyn.
- Dean, dime, ¿En dónde están?
- Llegamos a la escena del explosivo comandante.- respondió el sujeto.
- ¿Encontraron algo?
- Hay una bolsa negra en medio del parque de esta calle. Estamos esperando al escuadrón de explosivos.
- No hay nada en la bolsa Dean – dijo Cassandra mientras se preparaba para irse junto a su compañero.
- ¿Cómo lo sabe?
- ¿Confías en mí? Si lo haces, camina hacia esa bolsa, abre el cierre y dime que hay adentro.
- No puedo hacerlo comandante. Es demasiado peligroso.
- Te juro, por lo que tú quieras, que no hay nada adentro.
- No puedo hacerlo.
- ¡Demonios Dean! No puedo esperar por ti. Esto es importante. Solo hazlo
- ¿Cómo sabe que no hay nada adentro?
- Tienes que hacerlo, la vida de muchas personas está en peligro.
El oficial trago saliva y comenzó caminar con la radio en la mano hacia aquel bolso en medio del parque. - "Que haces?"- le gritaban los demás en el lugar.
El chico se había puesto pálido, y cuando estuvo lo suficientemente cerca del bolso, rezo en su cabeza la única oración que sabía.
- Estoy frente al bolso.
- Ábrelo – dijo Cassandra – lo juro Dean. Nada va a pasarte.
Dean no pudo dejar pasar el hecho de que podría estar frente a una bomba. Una vez más se persigno, y posteriormente, abrió el cierre.
A la expectativa todos comenzaron a retirarse del lugar poniendo al hombre más nervioso.
Fue entonces que pudo ver el interior de aquel paquete.
- Hay solo una nota comandante – dijo él aliviado.
- ¿Qué dice?
- S.R.
- Mierda – dijo Cassandra para después acelerar. – St royal.
La chica corría con el auto por las calles sin precaución alguna. Su compañero asustado solamente se abrocho el cinturón y la miro confundido.
- ¿Qué pasa Cassandra?
- Parece como si alguien hubiera enviado a todos los oficiales a Brooklyn para dejar Manhattan despejado. Ahora están demasiado lejos.
- ¿Lejos de qué?
- Alguien va a hacer algo contra St Royal. Se aseguró de que no recibieran ayuda.
Las personas de la empresa comenzaron a salir del edificio a petición del jefe, desconcertando a Kurt y a toda la prensa que se había reunido en el jardín del edificio.
- ¿Qué está pasando? – pregunto Blaine aun con Ali en brazos.
- No tengo idea – dijo Kurt mientras veía a todos salir.
La planta se había quedado casi vacía por completo. Quinn y Jesse caminaban por el lugar dirigiéndose hacia la salida.
- No entiendo mucho de lo que está ocurriendo aquí – dijo ella.
- No es bueno que te lo diga. Solo te asustarías.
- Por favor, solo quiero saber.
- Toma las escaleras Quinn, necesito hacer algo rápido. Por favor.
La chica miro la súplica en sus ojos y obedeció.
Jesse corrió hacia el teléfono y llamo a la seguridad que tenía el edificio.
- Quiero que detengan a dos hombres de mantenimiento que entraron a la empresa. Son farsantes. Robaron algo de aquí – la excusa que uso había sido suficiente. Uno de los guardias tenia a uno de esos hombres enfrente.
Camino hacia él y tomo su brazo fuertemente.
- Señor disculpe ¿Podría acompañarme?
Estaban ambos en el jardín de la planta baja, en donde toda la prensa aun residía confundidos por la evacuación.
- Suélteme – dijo el hombre con la caja de herramientas.
- Me dieron la orden. Por favor acompáñame – dijo el guardia de seguridad.
Fue entonces que de una de las bolsas de su overol el hombre saco una pequeña arma, y le disparo al oficial a quema ropa.
El pánico se sembró entonces en el lugar.
Las personas comenzaron a correr hacia la salida, mientras los dos agresores se perdían en la multitud.
Ambos subieron a la Van en la que habían llegado y arrancaron el vehículo sin mirar si quiera a las personas que se abalanzaban hacia la otra acera.
- Hay alguien herido – dijo Blaine asustado mientras Ali lloraba.
- ¡Oh por dios!– grito Kurt al ver a aquel hombre repleto de sangre unos metros adelante.
- Vámonos Kurt – dijo Blaine.
- Tenemos que ayudarlo.
- ¿Qué tal si ese tipo regresa? Ni si quiera sabemos quién es. Hay demasiada gente aquí.
La música de Kitty se hacía cada vez más fuerte. Mientras tanto, Cassandra luchaba por llegar al lugar.
Jesse corría desde la oficina en la que había tomado el teléfono hacia la salida. Aun le faltaban muchos metros y puertas por recorrer. Estaba cerciorándose de que no hubiera nadie más en el lugar.
Y fue en ese momento, que paso. Kitty tomo un pequeño artefacto dejando al lado su copa de vino y lo apretó fuertemente.
Las oficinas St Royal quedaron reducidas a cenizas en ese instante.
Un fuerte sonido de explosión se escuchó por todas las calles aledañas. Y todo el mundo que giro la cabeza hacia él, pudo ver como grandes llamaradas de fuego, consumían en un instante, el último piso del edificio Rossets.
Cassandra logro escuchar la detonación unas calles atrás del edificio.
Alzo la mirada, y pudo ver, como trozos del cristal en las paredes caía hacia la calle ardidos en llamas.
La prensa que estaba abajo solamente se limitó a tirarse al piso y después correr despavoridos por todo el lugar. Blaine tomo a Ali y a Kurt de la mano, para después comenzar a correr lejos del edificio. Y aunque Kurt giro la cabeza en repetidas ocasiones para buscar a Jesse entre las personas, no logro verlo bajar del último piso.
- Lo estarás – dijo Kitty tomando un sorbo del vino que se había servido mientras miraba el fuego emanar del edificio de enfrente. – estarás asustado.
Capítulo 3 "Sobreviviente"
Una carretera a mitad de la noche, luces parpadeantes en los señalamientos de los establecimientos que aún permanecían abiertos por aquellos lugares. Eran solo imágenes borrosas, el miedo había logrado cegar por completo al chico que conducía.
Las manos de Jesse sudaban, tenía la mirada fija en el frente, y aunque sabía que había estado conduciendo a la perfección, no recordaba ni si quiera como era que había llegado tan lejos.
La imagen de Rachel se había impregnado en su memoria, todo lo que podía pensar era en ella. Sus palabras, suplicándole que se quedara, sabiendo que habría aceptado de inmediato, si eso no implicara que cosas peores se acercaran.
Ryan había destruido todo lo que Jesse conocía como paz para ese entonces. Ese año fue el peor en la vida de Jesse. La familia, los amigos, la seguridad, la normalidad. Eran todos esos los conceptos que habían perdido significado para él.
Dirigió la mirada por un momento hacia el chico que lo acompañaba. Jesse y David parecían estar aun en shock por la adrenalina que los había llenado. Sabían que Ryan no tardaría mucho en alcanzarlos, y era por eso que lo imprescindible en el momento, se centraba en correr rápido. Rápido y sin mirar hacia atrás.
Ninguno de los dos se había percatado del auto que los seguía.
Por un instante, la mente de Jesse se despejo. Había estado escuchando un sonido constante proveniente de algún lugar en el automóvil, pero ya que significaba solo una amena sinfonía en medio de toda la tormenta que ocurría en su mente, dejo de tomarle importancia después de unos minutos. El auto se estaba quedando sin gasolina, y era el indicador del tablero, el que creaba ese sonido de alerta. David y Jesse pararon en la gasolinera.
Parecía casi imposible el saber que pasaría unos momentos después.
Ambos comenzaron a vigilar a sus alrededores. El auto de Finn se había rezagado en el camino, fue por esta razón que no fue detectado por ellos.
- ¿Estás bien? – pregunto David a su amigo mientras el auto se llenaba de gasolina.
- No puedo dejar de pensar en ella.
- Rachel estará bien – su amigo hablaba con completa sinceridad. Era una de las cosas que lo identificaban. – no creo que Ryan se atreva a atacar en medio del baile.
- Tengo que regresar por ella.
Su amigo se acercó para quedarse justo frente a él. Alzo las manos y tomo con ambas el rostro de Jesse, obligándolo de esa manera a que lo mirara a los ojos.
- Hey escucha. Lo que estás haciendo es algo que no muchas personas pueden hacer. Todo lo que haces son cosas que ni si quiera yo podría imaginar. Dejar a tus amigos, dejar atrás toda tu vida. Ryan no ha podido tocarte en todo este tiempo ¿Sabes por qué? Porque eres un guerrero Jesse. No va a poder vencerte, porque tú eres demasiado fuerte. No dejes que nadie te quite eso. Todo lo que pase, todo lo que se pueda venir, porque en realidad creo que lo peor está aún enfrente… todo eso puedes vencerlo. Y algún día, tendrás un cierre, un futuro, y las persecuciones se terminaran. No pienses en Rachel, ni en lo que dejaste allá atrás. Piensa en lo que te dije.
La única manera en la que Jesse pudo responder, fue con un abrazo necesario en aquel momento. David le respondió de la misma manera, y ambos liberaron la tensión que se había acumulado sobre sus hombros.
- Tenemos que irnos – dijo Jesse cuando el tanque de su auto estuvo lleno.
- Tengo una idea. Pero vas a tener que confiar en mí.
- Te escucho.
- ¿Sabes cómo llegar al Hotel en el que nos quedamos las primeras vacaciones de verano? En ese viaje de los de primer semestre.
- Eso creo. Si – dijo Jesse
- Te veré ahí. Le va a ser más difícil a Ryan encontrarnos si nos separamos. Tomare uno de los autos que están aquí y huiremos.
- La policía va a estar detrás de ti también si robas un auto.
- Hemos hecho cosas peores Jesse. Además esto es Lima. Nada va a pasar.
El chico tuvo que pensarlo por un momento. Miro directamente hacia los ojos de David y fue entonces que supo que era lo correcto. Tenían que separarse en aquel camino.
- Yo tomare nuestro auto – dijo David mientras se acercaba hacia uno de los vehículos estacionados a la deriva – tu toma éste. – le indico a Jesse mientras lo habría con agilidad.
- Hey amigo – le grito a Jesse antes de que subiera – te veré pronto.
Él sonrió y después arranco para alejarse, mirando a David por el espejo retrovisor.
En aquel momento no pudo saber que esa era la última vez que lo vería. Unos minutos después, Finn iba a reconocer el auto en el que habían llegado, iba a balearlo con David dentro, y después se desharía del cuerpo.
Un disparo…..
Un disparo…. Atravesando el pecho de David.
Un disparo….
Fue entonces que Jesse despertó.
Una multitud lo rodeaba y muchas personas gritaban cerca.
Había cables en su pecho y un par de paramédicos sostenían paletas eléctricas que habían utilizado para traerlo de vuelta.
- ¿Jesse me escuchas? – Cassandra había aparecido a su lado.
La explosión del edificio Rossets aún había estado lanzando cenizas y material defectuosos hacia la acera de la calle. El lugar se llenó de paramédicos y policías en solo un par de minutos.
Jesse había sido encontrado inconsciente cerca de una de las escaleras de incendios. La explosión no lo había alcanzado. Pero debido al movimiento que causo la detonación en el edificio, su cuerpo había caído por las escaleras, causándole esto, una grave contusión.
- ¿Qué paso? – la pregunta fue producto de la confusión que en ese momento lo golpeaba.
- Alguien voló en pedazos la empresa. No había nadie adentro Jesse todo está bien – la voz de Cassandra seguía pareciendo provenir de un lejano lugar.
Después de verificar que los alrededores del edificio, eran seguros, gracias a la ayuda de los bomberos que habían aparecido unos minutos después. Kurt y Blaine comenzaron a acercarse rompiendo con el perímetro de seguridad que los pocos escuadrones presentes habían instalado.
- Soy un doctor, déjenme atenderlo – dijo Blaine corriendo hacia la ambulancia.
Al llegar hasta donde el chico residía. Con un solo movimiento brusco, Blaine rompió la camisa de Jesse dejando al descubierto una gran mancha roja situada a lo largo de todo su pectoral.
- Tiene una muy grave contusión. – dijo Blaine para sí mismo – Jesse escúchame – dijo con una voz más fuerte - ¿Puedes escucharme?
- Te escucho – dijo el chico con un tono muy tenue, hablando como si le doliera articular sus palabras.
- ¿Recuerdas sobre que parte del cuerpo caíste?
- La explosión me lanzo de cabeza hacia las escaleras.
- La sangre se está coagulando ahí adentro.
Kurt y Cassandra se miraron mutuamente asustados al escuchar esas palabras.
- ¿Puede llegar al hospital? – pregunto la rubia.
- Antes necesito hacer algo.
En ese momento un auto se estaciono cerca. Sugar pudo ver desde la mansión como en el noticiero se anunciaba una explosión que había conmocionado a todos y no había dudado en correr hacia allá. La chica se detuvo al ver el perímetro creado y bajo su ventanilla alzando la cabeza para lograr ver algo hacia adentro.
- Necesito pasar – dijo ella al oficial que estaba enfrente – mi amigo está ahí adentro.
- No hubo nadie dentro del edificio señorita – respondió aquel hombre – lo siento no puede pasar.
- Jesse St James estaba ahí adentro. Necesito saber si está bien.
Una camioneta de prensa estaba estacionada detrás de su auto. Marley Rose, corresponsal de un periódico independiente en aquella gran ciudad, creyó haber encontrado en esa gran tragedia, su oportunidad para demostrar el talento que tenía.
- ¿Ya viste quien está en ese auto? – le dijo a su compañero quien tenía una cámara fotográfica en la mano.
- No te creo – respondió él.
- Es Alice More – dijo Marley entusiasmada al saber que una aclamada actriz de teatro en aquella ciudad había llegado alterada al lugar. Sugar se había puesto un nuevo nombre para lograr pasar desapercibida. Sugar Motta había muerto en un hospital cinco años antes. Su nueva identidad le había dado la oportunidad de tener un cierre.
Sugar había bajado del auto tratando de empujar al oficial.
- Necesito entrar – insistía ella mientras el hombre en uniforme seguía negándose. – usted no lo entiende ¡Jesse! – comenzó a gritar.
Cuando su paciencia se terminó de manera definitiva la chica empujo fuertemente a aquel hombre y salto la barrera para después correr hacia la ambulancia.
Marley hizo lo mismo, pero el policía logro tomarla del brazo.
- Ella entro. Yo también lo hare – le dijo la chica soltándose bruscamente mientras su amigo con la cámara la seguía.
Blaine se había puesto de rodillas junto a la camilla en la que estaba Jesse. Le había pedido al paramédico que lo acompañaba que le diera una aguja.
Momentos después Sugar llego al lugar.
- ¿Cómo esta él? – pregunto la chica.
- Intento salvarlo – dijo Blaine. – cúbrete los ojos. No quieres ver esto.
En ese momento el chico le enterró la jeringa a Jesse y comenzó a salpicar sangre manchándose las manos y el traje que tenía puesto.
El rostro de todos en el lugar se había quedado en blanco.
- Jesse despertó bruscamente una vez más dando tosidos.
En ese instante, Blaine pudo recuperar el aliento.
- Hay que llevarlo rápido a un hospital. – ordeno poniéndose de pie.
Marley había llegado al lugar y siguiendo su instinto se acercó hacia Sugar para comenzar a entrevistarla mientras su amigo la fotografiaba.
- Alice, dinos, ¿Eres amiga del herido?
- ¿Y a ella quien la dejo pasar? – pregunto Cassandra confundida.
- Dinos, por favor ¿Qué relación tienes con el magnate Jesse St James?
- Ahora no por favor – dijo Sugar aun aterrada tratando de subir a la ambulancia. – apártate.
- Por favor, contestanos, solo una pregunta ¿desde cuándo se conocen? ¿Cómo es que…?
Sugar se dio la vuelta y antes de que cualquiera lo pudiera deducir, la chica le había soltado un golpe en la cara a Marley dejándola en el piso con la nariz cubierta de sangre.
- Oh por Dios – su compañero se acero de inmediato.
- Lleva a Ali a casa. No la dejes sola – dijo Blaine mientras se acercaba hacia Kurt. Después el chico subió a la ambulancia, cerrando las puertas para dejarla arrancar.
Quinn llego al lugar unos instantes después.
- ¿Encontraste lo que buscabas cariño? – pregunto Cassandra a Marley de una manera sarcástica.
- Perra – dijo entre dientes la chica con la nariz morada.
Kurt corrió hacia Quinn, quien cargaba a Ali en brazos.
- Hola cariño. Vamos a ir a casa. – dijo Kurt besando la frente de su hija.
- ¿Qué paso? ¿Todo está bien?
- Blaine y Sugar se fueron con Jesse. Hey necesito que vayas a la corte, Jesse tenía que estar ahí para el juicio de presentación, pero bueno…. Alguien tuvo otros planes.
- No puedo creer que todo esto esté pasando de nuevo.
- Según lo que recuerdo esto no se compara con lo que nosotros pasábamos.
- Ahora juegan más rudo. – dijo Quinn.
- Rachel te necesita. Iré en cuanto pueda a alcanzarte.
- Está bien, iré.
Marley y su compañero se hicieron a un lado mientras la chica trataba de detener su sangrado.
- Toma fotografías a todo. Necesitamos esta nota. – dijo la chica sonando ambiciosa.
En una de las tomas, Kitty fue capturada por el chico, mientras salía del edificio con un gran par de gafas obscuras y su característico atuendo sombrío.
- Tenemos que ir a ese hospital Jeff – continuo diciendo Marley – y bueno, tengo la excusa perfecta. – concluyo ella señalando su nariz herida.
"Un ataque que ha golpeado a la nación en su punto más débil"
La voz del hombre que hablaba en el noticiero del medio día, había acaparado la atención de todas las personas en la ciudad.
"Lo que se pensó como un nuevo atentado por parte de grupos organizados, enemigos de esta nación, se catalogó ahora como una agresión a la empresa St Royal. La noche de ayer, Rachel Berry, esposa del magnate neoyorkino Jesse St James, fue detenida, siendo inculpada por el asesinato de una mujer, que unos años atrás había sido encontrada sin vida en su residencia, de Lima Ohio. Se dice que la explosión en la empresa, se dio como repercusión de una amenaza hacia los miembros de la compañía. Al parecer la historia de esta familia, sigue sumando obscuras experiencias. La policía, ya está investigando, las razones exactas, y los autores intelectuales, de dicho atentado"
Blaine llego al hospital por el ala trasera, correspondiente a emergencias.
- ¡Abran Paso! – gritaba aun con el traje puesto, cubierto en la sangre de Jesse. – necesito un quirófano. Preparen todo, no tenemos mucho tiempo.
El chico estaba inconsciente en aquellos momentos, debido a una anestesia que se le había subministrado. Su estado había pasado de estable a crítico, ya que la contusión le había causado una severa hemorragia interna.
El llanto de Sugar se podía escuchar por todo el pasillo, llenando de tristeza a la escena que todos los presentes percibían.
La chica se acercó a Blaine cuando una línea amarilla, marco el final de su camino. Ella sabía que no podía estar dentro cuando lo operaran, así que decidió hacer lo que su corazón le dictaba.
- Necesito saber que vas a salvarlo – dijo en medio del llanto.
- Hare todo lo posible – dijo Blaine mientras se quitaba el saco y la corbata.
- Por favor. – esta vez se aseguró de que el chico la mirara fijamente – es la única persona a la que tengo.
- Él estará bien – respondió Blaine mientras se alejaba lentamente.
Blaine trago saliva, sabiendo que aquella era una promesa que no fácilmente podría cumplir.
Quinn había llegado rápidamente a la primera audiencia de Rachel, sabiendo que alguien tenía que estar ahí supervisando todo lo que aconteciera.
La rubia apresuradamente camino hacia el grupo de abogados, señalados como la defensa. El lugar estaba repleto de prensa por la parte exterior. Dentro, solo un par de personas, ocupaban los lugares correspondientes de visitantes.
Se había pedido una excepcional discreción para el caso, así que no muchas personas estaban esperadas. El jurado, y el juez, se habían preparado unos minutos antes, aguardando solo, la llegada de los demandantes.
- Mucho gusto, soy Quinn Fabray. Jesse St James me envió, a representarlo, hubo un incidente que no le permitió estar aquí.
- Toda la ciudad lo escucho – una mujer le extendió la mano y asintió con la cabeza – soy Isabelle Wright, la abogada de la empresa. Por suerte no estuve en las instalaciones esta mañana.
- Fue un verdadero desastre. Hubo disparos, todo voló en pedazos… parece como si nuestra historia cobrara cada vez más fuerza.
- Vamos ahora a enfocarnos en tratar de salvar a su amiga. Al parecer los demandantes tienen pruebas que avalan la culpabilidad de la señorita Berry. Pero, entre nosotros, solo porque necesito conocer el camino por el que estoy andando… dígame. Usted estaba en esa habitación ¿Su amiga tuvo algo que ver?
La mirada de Quinn bajo y se calvo en el piso de manera instantánea.
- Estoy de su lado Quinn – dijo Isabelle pareciendo persistente.
- Ella le disparo.
Esta vez quien se tomó un momento para digerirlo fue la abogada.
- No me veía eso venir – respondió ella siendo honesta.
- ¿Quiere decir que no hay posibilidades de ganar? – pregunto Quinn asustada.
- No, para nada. Solo significa que tendremos que esforzarnos en mentir con talento.
La jueza alzo la mirada y puso orden en la sala.
- La sesión está a punto de comenzar. Por favor tomen sus asientos.
- ¿Estas ansiosa por saber quién es el demandante? – pregunto Isabelle a la chica que se tronaba los dedos cada dos minutos.
- Solo quiero saber quién tratara de pisotearnos sin éxito esta vez. Nunca ganan. – respondió Quinn haciéndose la fuerte.
- Tenemos la desventaja Quinn. Hare lo posible por aplazar la fianza, pero ya que Jesse no está aquí para ayudar, no sé cómo va a salir esto.
- Me dijo que podía confiar en usted. Sé que todo saldrá bien.
La puerta lateral se abrió de repente dejando salir a Rachel con un aspecto algo fatigado. Gracias a algunas conexiones, la chica se había quedado con su ropa y no había sido obligada a usar un uniforme aun. La audiencia determinaría de qué manera se le daría un seguimiento al caso, y esto era crucial para decidir la estrategia de proceso. Isabelle estaba comprometida a apoyar a Jesse, pero como había dicho antes, las piezas no estaban de su lado.
Rachel se sentó en su lugar correspondiente y comenzó a buscar con la mirada rostros familiares. Quinn agito su mano un par de veces para hacer que la notara.
La chica busco a Jesse a su lado, pero al no encontrarlo, pregunto moviendo los labios a su amiga, "¿Dónde está Jesse?"
"Él está bien" respondió Quinn, tratando de no reflejar en su rostro la preocupación de lo que había pasado, unas horas antes en St Royal.
- ¿Dónde está su cliente señor Wolf? – pregunto la jurado al abogado del demandante – estas no son audiencias para anónimos.
- Estará aquí en cualquier momento
Las puertas del tribunal se abrieron unos momentos después, dejando entrar a cinco personas más. Tres de ellos parecían ser guardaespaldas, uno más era más bien un empleado de la corte guiando a todos hacia enfrente. Por último, la figura de una mujer destacaba entre el grupo.
Rubia, un poco robusta, de tez blanca, y muy bien arreglada. Tenía un traje de lino color arena, formado por una falda corta y un saco que combinaba. Usaba un par de tacones que resonaban por todo el lugar. Y por último, un par de gafas negras resguardaban la imagen completa de su rostro.
- ¿La conoces? Cualquier información puede serme útil – pregunto Isabelle a Quinn, deduciendo que se trataba de la demandante.
- No la he visto nunca en la vida. – respondió Quinn un poco confundida.
La mujer se sentó del otro lado de la sala, dando pie a que la audiencia comenzara. En un sutil movimiento, la rubia dirigió su mirada hacia Rachel y Quinn que se encontraban en el otro lado. Parecía, que a través de esas obscuras y densas gafas, las estaba penetrando con la mirada llena de ira.
De vuelta en el lugar donde Lee residía, una visita los había tomado por sorpresa.
- "Ella está aquí" – se escuchó la voz de un hombre, en la habitación que Crawford y Kitty habían visitado la noche anterior.
Kitty había entrado con un paso firme mirando a todos los hombres en el lugar con superioridad.
- Mi querida oficial – dijo Lee, el jefe de todos los hombres en el lugar. – esperaba tu visita. ¿Cómo salió todo?
- Exitosamente – respondió con una sonrisa - ¿Acaso no ves los noticieros?
- No me gusta la comedia – dijo aquel hombre burlándose
- Esto fue solo el comienzo. La primera amenaza. No quisieron escucharme, y se lo ganaron – Kitty hablaba mientras caminaba hacia dentro de la habitación.
Cuando ambos estuvieron solos, la puerta se cerró.
- ¿Cuál es tu siguiente jugada?
- En realidad, no es mía. Crawford quiere que hagan algo por él. En lo personal creo que es apresurado. Pero tú sabes cómo es su temperamento.
- Te escucho. – el hombre se había servido un trago de whisky.
- Él quiere tener a todos tus hombres bajo su mando.
La piel de aquel hombre se quedó fría. Tuvo una cara seria por un instante pero después simplemente soltó una carcajada.
- Es una broma ¿Cierto?
- Para nada. De hecho creo que ya solo hay una cosa más que hacer para lograrlo.
Aquel hombre tiro violentamente el vaso de licor que tenía en la mano y camino hacia Kitty para tomarla del cuello y lanzarla hacia la pared.
- Y dime bonita ¿Cuál es esa cosa?
Un disparo se escuchó en aquel lugar.
Lee cayó al piso mientras Kitty se limpiaba la sangre que se había impregnado en sus manos.
- Matarte – dijo ella.
Un instante después, abrió la puerta y salió hacia el exterior encontrándose con toda la gente del mafioso ya muerto, reunida en el lugar.
- Esta hecho – dijo ella – ya no trabajan para Lee.
- Fue una sabia decisión – Crawford apareció desde un costado del edificio tomando la atención de todos – estarán mejor conmigo.
- Sabes que más te vale que sea cierto ¿verdad? – dijo uno de los hombres que los observaban.
- Tengo conexiones, y muchos recursos. Solo era cuestión de tiempo para que este cartel, fuera capturado. Lee no tenía visión, no tenía estrategia. Yo los hare, compañeros, los mejores de todos.
- ¿Cómo planeas lograr eso? – pregunto otro hombre.
- Tengo un plan. Un plan que nos pondrá a la delantera de todos los demás. Pero antes… necesito su ayuda para saldar un asunto personal.
Kitty se limitó a mirar a Crawford, dándole hincapié para contarles a todos su historia.
- Hace algunos años – comenzó a hablar aquel hombre. – un grupo de personas, personas desalmadas, usaron a mi hijo para lograr lo que querían. – la voz comenzó a hacérsele rasposa – Theo era mi única luz en el mundo. Mi esposa murió, y él fue la única razón por la cual no la seguí en el camino. Era una persona bondadosa, era caritativo. No era nada como yo. Jesse St James y Rachel Berry lo arrastraron hacia una muerte violenta. Mi hijo estaba en Lima, muy feliz cuando murió. Esos dos lo dejaron en medio de la carretera sin vida, como si se tratara de alguien sin importancia. Un bulto más en el camino. Tuve que enterarme, por un noticiero, que mi hijo, mi único heredero, había muerto.
El rostro de aquel hombre cobro de pronto una fuerza inesperada. El odio que sentía, le otorgaba esa característica.
- Así que, me prometí que llegaría a saber quién era el responsable. Kitty, mi querida ayudante, me ayudo a saber la verdad. Y finalmente, cuando fui consciente de que St James y Rachel Berry habían sido los únicos culpables. Jure que me vengaría. Así que, compañeros, hoy les pido su apoyo. Para terminar con estas dos personas que ningún bien le hacen al mundo. Después de terminar con ellos. Tendremos lo que tanto esperamos. Victoria.
Todos aquellos hombres, se miraron los unos a los otros y comenzaron a asentir con la cabeza dando aceptación a las palabras de su nuevo líder.
- Solo díganos que tienen que hacer.
- Por ahora solo esperar. Muy pronto les daré instrucciones.
Kitty lo miro con una sonrisa mientras Crawford tomaba su hombro y susurraba.
- Esos bastardos ni si quiera lo ven venir.
Jesse había salido de cirugía después de un exhaustivo intento por sacarlo de riesgo. Blaine lo había llevado a una de las habitaciones de terapia intensiva, dejando a la seguridad del hospital a resguardarlo, mientras él iba a informarle a Sugar las noticias que tenía.
La chica estaba sentada en el piso junto con Cassandra. Ambas tenían vasos de café en la mano.
Los nervios estaban causando ansiedad en ambas, así que la rubia saco un par de cigarros de su bolsillo.
- Toma uno – le dijo a Sugar.
- No fumo. Ya no más. – respondió la otra con una sonrisa. – además, estamos en un hospital.
La rubia le mostró su placa de policía indicando que eso no era inconveniente para ella.
Cassandra encendió el suyo y se limitó a fumar en silencio mientras observaba como la chica comenzaba a sucumbir.
- ¿Hace cuánto que conoces a Jesse? – pregunto para calmarla.
- Seis años – respondió Sugar mordiéndose las uñas.
- ¿Cómo se conocieron? Pensé que en ese entonces el chico no era muy social.
- Él me salvo – dijo ella – yo había tocado fondo aquella noche. Fue uno de esos momentos en los que te das cuenta que no tienes a nadie en el mundo. No tienes familia, no tienes amor, y en realidad, no quise seguir sintiéndome así. Entonces, subí a la habitación de mi padre, abrí uno de sus cajones, saque un revolver, y lo apunte hacia mí. Parece que fue una señal de la vida la que me dijo "no lo hagas" e hizo que Jesse entrara por la ventana y me detuviera. Desde entonces no me he separado de él. Incluso los años que estuvo en prisión después de la muerte de Ryan y Terri, iba a verlo cada que podía. Escondida, y cuidando de no ponerlo en riesgo. Siempre estuve ahí.
- Eres una muy buena amiga – dijo Cassandra mirándola con atención.
- Él es mi familia.
- ¿Y en serio te llamas Alice?
- Ahora sí. Pero mi verdadero nombre es Sugar.
- ¿Sugar Motta? Si, creí que te había visto en algún lugar. Iba a obras locales cuando estaba en la universidad. Te vi un par de veces en el escenario.
- La chica que llego a Broadway – ambas rieron sutilmente – me cambie el nombre para empezar de cero.
- A veces me gustaría hacerlo.
El silencio perduro por un par de minutos.
- ¿Y tú como lo conoces? – pregunto Sugar, esta vez.
- No es una historia muy linda – dijo ella.
- ¿En serio? ¿Cómo es que nunca escuche de ti?
- Bueno, en realidad no creo que muchos sepan de mi existencia. Yo conocí a Jesse en un bar hace un par de años. Un tipo borracho, se acercó hacia mí y Jesse me defendió. No contaba con que aquel hombre comenzaría a golpearlo con una botella cortada y yo termine ayudándolo a él. Hablamos esa noche. Y me contrato como su jefa de seguridad. Le conté que estaba en la academia de policías, así que no lo dudo. Ese fue el mejor empleo de todos ¿sabes? Me ayudo a pagar la universidad, y a ayudar a mi madre con todas las deudas que se habían acumulado con los años. Pero un día, tuvo que hacer un recorte de personal debido a que la empresa estaba en crisis, por un asunto de inversiones, y bueno, nuestra amistad termino. Tuvo que dejarme ir. Y no volví a hablarle desde entonces.
- ¿Cómo es que viniste a ayudarlo ahora? – pregunto Sugar.
- No lo habría hecho. Créeme. Soy demasiado orgullosa. Pero en cuanto conteste ese teléfono y escuche su voz pidiéndome ayuda, no pude olvidar lo último que me dijo antes de despedirme.
Sugar la miro atenta en ese momento.
- Él dijo "Cassandra, no te estoy dejando ir porque ya no seas útil, es solo que aquí ya no puedo darte lo que te mereces. Y me mataría ver a alguien con este potencial, ganar una miseria".
- Así que no te despidió solo porque si ¿cierto?
- Lo que en ese entonces me hizo enojar fue el sentimiento de traición. Pensé que éramos amigos, y con eso, me sentí como una simple empleada.
- Si dijo eso, no eras simplemente una empleada. Créeme.
Cassandra la miro con aceptación.
Las chicas giraron apresuradas la cabeza hacia el final del pasillo, cuando un par de zapatos masculinos resonaron por aquel lugar.
Blaine camino hacia ellas con la mirada clavada en el piso, mientras ambas se abalanzaban hacia el a un paso apresurado. La tensión podía sentirse en el lugar, conforme los pasos se acortaban. La cara del chico no parecía alentadora.
- ¿Cómo está? Por favor, dime que está bien. – pregunto Sugar.
Cassandra se limitó a dirigir su mirada hacia Blaine sin decir una sola palabra.
- Salió de peligro. La hemorragia fue controlada a tiempo, y ahora solo hay que esperar a que pase sin complicaciones el post operatorio.
- ¿Esta consiente?
- Aun no, la cirugía termino hace un par de horas.
- ¿Podemos verlo?
- Claro. Pregúntenle a una enfermera como llegar. Tengo que hablar con Kurt.
Las chicas obedecieron de inmediato y corrieron en dirección opuesta. Blaine avanzo rápidamente hacia uno de los teléfonos en la recepción de la planta en la que se encontraba y comenzó a marcar rápidamente el teléfono.
Con las manos completamente heladas, comenzó a marcar el número que tenía en mente y tomo aire de manera constante. Cuando la llamada se recibió el chico se esforzó por sacar la voz desde dentro de su estómago.
- ¿Kurt? – dijo jadeando.
- Blaine, estoy con Ali. Pero necesito estar con Quinn en la corte, estoy tratando de llamar a alguien para que la cuide por unas horas, pero no estoy seguro de quien.
Hubo un silencio permanente después de aquel largo comentario.
- ¿Está todo bien? ¿Blaine? ¿Cómo esta Jesse?
- Está bien – seguía luchando por hablar.
- ¿Qué pasa? No te escuchas nada bien ¿ocurrió algo malo?
- Lo saben Kurt – dijo el chico con un nudo en la garganta.
- No entiendo.
- Escucha. – esta vez el sonido de su voz disminuyo deliberadamente. - ¿Recuerdas aquella noche en el hospital? Cuando Sugar llego herida de bala. Y tú y Quinn habían sido tomados por Terri.
- ¿Cómo podría olvidarla?
- Al terminar la cirugía, la enfermera me entrego mi teléfono. Dijo que alguien había llamado muchas veces, y había colgado cuando se dieron cuenta que no era yo al habla. Pensé que eras tú así que, cuando el teléfono volvió a sonar, conteste de inmediato.
- ¿Quién era Blaine?
- No lo sé. Pero dijeron que sabía lo que había hecho aquella noche. Dijeron que si no le daba un mensaje a ustedes, era yo quien iba a terminar perjudicado.
- ¿Qué dijeron?
- Quieren que Rachel se quede en prisión. Si los abogados de la empresa logran sacarla bajo fianza esta tarde todo sobre aquella noche se sabrá.
- No pueden hacerte daño.
- ¡Mentí Kurt! Dije que alguien estaba muerto cuando en realidad no era cierto.
- Fue por Jesse. No tienes nada que ver en esto.
- Fui yo quien firmó el acta de defunción. No Jesse. Así que seré yo quien va a terminar en prisión si esto no se resuelve.
- ¿Qué necesitas que haga?
- Llama a Quinn. Dile que deje a Rachel al menos una semana. No puedo arriesgarme.
Un silencio persistió ante la duda.
La llamada termino momentos después, dejando a ambos participes tratando de recuperar la respiración.
Mientras tanto en la corte, Quinn no quitaba los ojos de encima de aquella mujer, que se regodeaba frente a la defensa, esperando por su turno en el lugar de declaraciones. El jurado había iniciado la sesión, y por el momento solamente se presentaba el caso a la fiscalía.
Isabelle se tronaba los dedos a medida que las manecillas del reloj avanzaban. No iba a ser una tarea fácil.
- El jurado está listo para comenzar los testimonios.
- ¿Quién será su primer testigo señorita Wright? – pregunto la jueza.
- Comenzare con la presentación y abordare los testimonios más tarde.
- Esta es una audiencia rutinaria, no va a lograr nada más que quitarnos tiempo – el abogado de la defensa había dado su primer golpe mientras la rubia con las gafas gigantes sonreía.
Quinn lucia enojada.
- En realidad no creo que sea ético criticar mi trabajo. – respondió Isabelle de inmediato. – si me permite.
Marley entro a la habitación de Jesse dejando a su amigo en el corredor vigilando que nadie se acercara. La chica sostenía una cámara fotográfica en las manos y desde el instante en que piso la habitación, comenzó a fotografiar, cada cosa en el lugar sin perder oportunidad alguna.
Las heridas, las marcas, el rostro marginado de aquel hombre. Todo había quedado capturado por su lente.
Fue tan solo un instante en que se acercó hacia su rostro para ver de cerca la cicatriz que resaltaba en el borde de su cabeza. Su cabello había sido cortado de una manera uniforme, pero aun así, la marca sobresalía.
El chico tomo su brazo de repente de una manera violenta haciendo que la chica saltara del susto y tratara de zafarse.
Jesse comenzó a mover los labios, quitándose las maquinas que le impedían hablar.
La chica noto la intención que tenía, y lo ayudo a quitarse un par de cables de encima.
- ¿Eres de la prensa? – dijo él con todas las fuerzas que tenía.
- No – respondió con miedo.
- No voy a hacerte daño.
Ella lo miro fijamente y supo que decía la verdad.
- Lo soy. Soy de la prensa.
- Necesito que hagas algo por mí…
- Marley Rose. – ella se presentó.
- Quiero que vayas a mi casa y le pidas a algún empleado que te entregue la lista de invitados y las cintas de seguridad. Investiga a todas las mujeres rubias de la fiesta. Sin excepción alguna.
Ella lo miro con atención y unos momentos después asintió con la cabeza.
- ¿Con que fin? – pregunto intrigada.
Jesse clavo sus ojos en la mirada de aquella chica y apretando su mano, de una manera gentil esta vez, respondió.
- Una de ellas trato de matarme.
Kurt corrió hacia el primer teléfono público que hayo en la calle al saber finalmente que el tráfico no lo dejaría ir más adelante. Se había estacionado en la acera y ahora solamente se limitaba a correr con todas sus fuerzas esperando no ser demasiado lento como para impedir que algo malo sucediera.
Blaine corría peligro, y todo lo que pasara en la audiencia definiría su futuro profesional. Era demasiado riesgoso jugar a la suerte y no hacer nada. Tenía que contactar a Quinn e impedir que Rachel saliera de prisión aquella tarde.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca de uno de los teléfonos marco el numero indicado y rezo en sus adentros que Quinn atendiera. Desafortunadamente la chica no lo hizo.
- El jurado llama a Kendra DelMonico al estrado.
Aquel nombre resonó en el lugar como un eco potente.
Rachel y Quinn compartieron miradas de asombro mientras aquella rubia se alistaba para sentarse junto a la jueza con su peculiar andar altanero.
La hermana de Terri era la demandante. Una persona de la cual no se tenía dato hasta la fecha, y por lo tanto, era completamente imposible saber cómo jugaría sus cartas. Las mujeres DelMonico parecían tener todas, el mismo porte. ¿Sus modos de atacar eran también las mismas? Guiándose en la experiencia las chicas esperaban que la respuesta a esta pregunta fuera negativa.
Las gafas fueron removidas de sus ojos y fue entonces que el interrogatorio tomo lugar.
- Señorita DelMonico – comenzó Isabelle – me gustaría iniciar con saber cómo obtuvo las evidencias que alega poseer. Las cuales inculpan de manera inminente a la acusada.
- Es fácil. Hubo alguien más en la habitación en la cual mi hermana murió.
- ¿A qué se refiere con alguien más?
- Alguien además de los amigos de Rachel y el fallecido amante de Terri.
Los ojos de Quinn se abrieron de golpe.
- Así que está diciendo ¿Qué tiene otro testigo que avale lo que dice en estos momentos?
- Esa persona no se encuentra aquí por razones de seguridad. Como sabe la familia St James es lo suficientemente poderosa para tomar represalias. Pero le aseguro, que las pruebas son certeras.
- ¿Qué se supone que este "testigo" mencionado, vio aquella noche?
- Bueno, según sus palabras esta persona presencio como todos en aquella habitación torturaban de una manera inhumana a mi hermana. Al parecer querían venganza por lo que Ryan les había hecho y comenzaron a descargar su enojo en ella.
- ¡Eso es una mentira! – Quinn grito desde su lugar con una voz potente.
- ¡Orden! – grito de inmediato la jueza.
Isabelle miro atentamente a Quinn y le ordeno que tomara asiento. La chica miro a su amiga, sentada con esposas en las manos comenzar a temblar ante aquellas declaraciones.
- Tú debes ser Quinn ¿cierto? La lesbiana.
Quinn contuvo su coraje y le clavo la mirada a aquella mujer.
- No sé porque esta chica no está tras las rejas también. ¿Acaso el delito de complicidad quedo impune en estos días? Estoy seguro que con ese temperamento ella fue una de las personas que torturo cruelmente a mi hermana.
- No se muestran ninguno de esos datos en la autopsia – argumento Isabelle.
- Como dije antes. Los St James tienen mucho poder.
- Ninguna de estas pruebas fue alterada. ¿acaso tiene como demostrar esto?
- Pregúntele a su amiga. ¿Mi hermana te pareció lo suficientemente atractiva como para perdonarla? O tal vez solamente te quitaste las ganas con ella y la abusabas mientras los demás las observaban.
- ¡Cállate! – Quinn grito ofendida de una manera explosiva. – esto es una ofensa – dijo mirando a Isabelle.
- Señorita DelMonico, limítese a responder las preguntas que la defensa le proporciona. – la jueza intervino.
- He terminado – Isabelle camino hacia la salida sabiendo que habría un receso de quince minutos para dar orden en el lugar.
Quinn salió detrás de la abogada y trato de tomar aire mientras sus sumos disminuían de una manera considerable.
- No nos va a ayudar en nada que explotes frente al jurado cada vez que esa mujer trate de orillarte a hacerlo.
- Lo siento. No tuve un muy buen día.
- Lo sé. No es para nadie un día agradable.
Ambas se miraron mientras respiraban profundamente.
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
- Te diste cuenta de que todas sus pruebas se basan en la especulación. Ni si quiera tiene al testigo en la sala. Esto nos da mucha ventaja.
- ¿A qué te refieres? – pregunto Quinn intrigada.
- Te llamare al estrado. Solo necesito que des tu testimonio. Con pruebas factibles en tus argumentos, será tu palabra contra la suya. Y bueno, como lo dijo, estas del lado St James Quinn.
La chica asintió y se tranquilizó al escucharlo.
- Sacaremos a tu amiga esta tarde.
Al darse cuenta de que Quinn no contestaría su teléfono, Kurt había corrido hasta la corte por los últimos veinte minutos.
Totalmente agitado, entro por la puerta principal y vio a su amiga parada en una de las entradas hacia la sala.
- ¿Qué estás haciendo aquí? – pregunto Quinn cuando Isabelle ya se había ido.
- Algo paso – dijo Kurt con un tono acelerado. – alguien amenazo a Blaine con delatarlo por lo que hizo con Sugar. Dijeron que si sacábamos a Rachel esta tarde lo harían público.
- ¿Qué?
- No podemos dejarla ir. Necesitamos tiempo.
- Tampoco podemos dejarla ahí dentro más tiempo.
- Solo serán unos días. Quinn por favor. Es Blaine de quien estamos hablando. Solo, necesitamos tiempo.
Fue entonces que la chica trago saliva y se preparó para hacer lo correcto.
Entro a la sala de una manera lenta y cabizbaja mientras asimilaba lo que estaba ocurriendo. Ella ansiaba poder ver la cara de Kendra cuando Rachel saliera bajo custodia aquella tarde, logrando de esta manera, que se tragara todas las palabras que había dicho unos minutos antes. Sin embargo, ahora parecía que su plan se había venido abajo.
Isabelle la llamo al estrado y cuando Quinn estuvo lista para dar su declaración, supo que era momento de ayudar a uno de sus amigos.
- Estuve inconsciente todo el tiempo. No vi nada – dijo la chica con enojo dentro de ella al ver la sonrisa de Kendra resplandecer.
Isabelle se quedó boquiabierta al darse cuenta de que había perdido aquella batalla.
- Se declara a la acusada culpable por el momento. La sentencia se dictara dentro de una semana. Se levanta la sesión.
El rostro de Rachel se dirigió con miedo hacia Quinn quien aún tenía los ojos clavados al piso.
Ella bajo del estrado y se dirigió hacia su amiga antes de que se la llevaran.
- Te sacaremos pronto – le dijo – ellos tienen la ventaja. Pero la vamos a recuperar.
Aquella tarde se pudo ver, como el marcador se había revertido para el equipo más fuerte.
Jesse, Quinn y Kurt, habían todos comenzado a sucumbir.
¿A manos de quién?
Aquella interrogante, seguía siendo incierta para ellos.
Capítulo 4 "Abducida"
El despertar de aquella mañana en verdad se asimilaba a un nuevo nacimiento para Jesse. Había estado en aquella cama cientos de veces, visto el mismo amanecer a través de esa ventana la misma cantidad de ocasiones. Pero algo en este día había cambiado. La tranquilidad se había ido.
A una persona a la cual le han quitado todo de la manera más violenta, en realidad es difícil de hacer sufrir. Jesse había sido despojado de la familia, la amistad, la paz. Aun así, en los momentos más obscuros que había pasado a lo largo de su vida, hubo siempre una luz al final del camino que lograba apaciguarlo. La tranquilidad es un concepto que muchas personas toman por sentado. Pero no es hasta que este valioso tesoro se pierde, que en realidad comienzas a percibir su falta, tan notoria como si te hubieran privado del aire.
Los enemigos que estaban atacando en el bando contrario parecían ser más listos que todos los anteriores. No iban tras el dinero. No iban tras la familia. Ni si quiera les importaba robarles la paz por un par de días. Ellos solo querían que a partir de ahora, y de una vez por todas, la tranquilidad de estas personas saliera de su vida. Pues esta, era en realidad, la mejor venganza de todas.
Cuando el chico logro abrir los ojos por completo, noto que no estaba solo. Alzo la mirada para obtener un mejor panorama, y logro saber quién era aquella persona que lo acompañaba.
- ¿Es un hermoso día cierto? – pregunto Sugar mientras le sonreía al chico en la cama tratando de confortarlo.
- ¿Qué día es hoy?
- Lunes. Pasaste casi una semana en cama. Los médicos dijeron que saliste de peligro y nos dejaron traerte a casa el viernes, despertaste por instantes. Al parecer sigues siendo igual de fuerte que como te recordaba.
En un intento por aparentar mejoría, el chico trato de ponerse de pie pero el dolor que sintió presionándolo en el pecho lo detuvo, y se limitó a quedarse sentado al pie de la cama.
- No debes esforzarte demasiado. Las heridas van a sanar con el tiempo.
- Creo que tiempo, es lo que menos tenemos.
Ella dio una mirada condescendiente.
- ¿Qué paso con Rachel?
- Su segunda audiencia es pasado mañana. No pudieron hacer nada el día de la explosión, pues otra amenaza llego unas horas antes.
- Pero ¿Ella está bien? ¿Han ido a verla?
- Todos los días durante la última semana. Hay veces que Quinn y Kurt ni si quiera van a trabajar.
Tomando todas las fuerzas que tenía Jesse logro ponerse de pie y caminar hacia la gran ventana que Sugar bloqueaba con su delgada silueta. La tomo de los hombros e hizo que lo mirara.
- ¿Estas segura de que quieres involucrarte? – le pregunto.
- Amenazaron a Blaine por el favor que me hizo. Le faltaron el respeto a una celebración que también significaba mucho para mí. Pero por encima de todas esas cosas, casi me quitaron a la persona más importante para mí. Si esto es una nueva pelea. No voy a quedarme viendo desde lejos.
- ¿Cuándo te volviste tan valiente? – pregunto Jesse con una sonrisa en el rostro.
- Cuando todos mis temores se cumplieron uno por uno, hasta que me quede sin ninguno que esperar.
Ambos miraron por un momento como el sol comenzaba a retomar su lugar más alto mientras la obscuridad cedía por unos instantes en el día.
- Necesito ir a trabajar. Mi suplente ya cubrió por mis demasiados días.
- Claro, estaré bien.
- ¿Estás seguro?
- Ninguno de nosotros lo está.
Ella asintió comprendiendo el punto y tomo su bolso para comenzar a alejarse.
- La enfermera vendrá en unas horas. Necesitas la mejor ayuda posible para volver a ponerte en pies. Te necesitamos completamente sano.
- Dalo por seguro.
- Y por cierto. Hay demasiadas flores en tu habitación. Se acumularon durante todos estos días. Podrías devolver las notas de agradecimiento para apaciguar los comentarios de todos, o solamente tirarlos. Depende de ti.
- Me hare cargo.
Ella asintió una vez más y salió finalmente de la habitación cerrando la puerta a sus espaldas.
Jesse comenzó a caminar lentamente por el lugar mientras el dolor en su cuerpo cada vez se hacía más grande. Fue entonces que un detalle en uno de los floreros llamo su atención. Se acercó lo más rápido que pudo, y tomo el pergamino que venía incrustado dentro de él.
Al abrirlo pudo ver los planos de la empresa que le habían sido robados, con los puntos específicos en donde al parecer, las bombas habían sido colocadas marcados con pequeñas señales rojas.
Al abrirlo por completo, una pequeña nota se deslizo por la mesa, revelando el mensaje que estaba oculto entre aquellos papeles.
"Espero que no te moleste que los haya tomado prestados. No podemos esperar para verte en el campo de nuevo. Mejórate"
El chico se recargo sobre la mesa cuando su espalda no pudo soportar más el peso, y en un arranque de ira tomo el florero para después lanzarlo contra la pared.
Si aquellas personas podían dejar paquetes dentro de su habitación sin que nadie lo notara. Era entonces confirmado. Iban tras la tranquilidad.
Marley entro rápidamente a su oficina después de caminar por los largos pasillos del edificio en donde desempeñaba su trabajo. El periódico para el que trabajaba podía ser descrito como una empresa en ascenso.
Después de que uno de los más grandes periodistas fuera despedido de su empleo perfecto en el New Yorker, decidió no quedarse atrás y abandonar su sueño creando de esta manera su propio periódico, con la esperanza de verlo crecer a una magnitud inmensa, de la cual, su veracidad y política fueran pilares hacia esta transición.
Marley Rose había sido una de sus primeras reporteras. Recién graduada de Berckley, la chica se había mudado a Nueva York para alimentar su pasión por el periodismo. Por meses había estado buscando una historia que la hiciera sobresalir, y así por consiguiente, ganarle un nombre en el mercado a su periódico.
Después de tanto tiempo buscando, y sufriendo en el camino por intentos erróneos, la chica había creído finalmente haberla encontrado.
- ¿Encontraste algo? – pregunto de inmediato a su compañero Jeff al entrar a su oficina.
- Si, prepárate. – contesto el chico dejando al lado un panque que tenía en las manos mientras corría hacia el computador principal.
La chica pinto una sonrisa llena de curiosidad y fijo su mirada en el monitor.
- Estuve toda la noche revisando las cintas de seguridad. Desde las siete de la noche hasta las once treinta, tuve a todas las rubias en la lista contadas. Estuvieron bebiendo unos tragos, platicando con sus amigas o sentadas con sus magnates maridos. Y es entonces que…
- ¿Qué?
- Aparece ella.
Jeff inmovilizo la imagen y capturo a Kitty usando la máscara que le cubría toda la cara acercarse a Jesse.
- ¿Cómo sabes que alguien no se cambió de ropa?
- Lo pensé al inicio. Pero después vi esto.
La cinta comenzó a rebobinarse una vez más.
- Mira la reacción de Jesse cuando ella se acerca...charlan por un momento… y después ¡bam! La toma del brazo violentamente.
- ¿Y esa no es Quinn Fabray?
- Quinn Fabray estaba del otro lado de la habitación. Mira.
- Así que solo pudo haber una explicación.
- Esta chica dijo algo que lo hizo enojar…
Su atención había sido capturada
- Si creías que era todo, una vez más te equivocas Mar – dijo él – hay una misteriosa mujer rubia en las fotografías que tome de la explosión en St Royal. Mira la estatura, la silueta de su cuerpo. Llámame paranoico pero estas dos mujeres se parecen demasiado.
- Lo suficiente como para ser la misma persona tal vez.
El rostro de Marley se ilumino de repente al haber escuchado lo anterior.
- ¿Estás listo para ir a investigar?
- ¿Crees que podamos acércanos a St James?
- El me dio la misión en persona. Tenemos privilegios. Y una muy gran exclusiva…
- Está bien, vamos. Yo preparo mi cámara y tú prepara tu nariz.
Jeff soltó una risa burlona instantáneamente a la cual, Marley solo respondió con una mirada fulminante.
Ambos tomaron su equipo y salieron rápidamente hacia el pasillo que conducía a la salida.
- ¿Tienes alguna idea de hacia dónde vamos?
Ella saco un panfleto de su bolsa y lo puso frente a los ojos de su compañero.
- Hay una conferencia de prensa con Jesse en el Plaza. Necesitamos lograr llegar hasta él.
El chico asintió y empujo la puerta para salir.
Cuando Marley estuvo a punto de hacer lo mismo la voz de su jefe detrás de ella la detuvo.
- Necesito verte en mi oficina – dijo él. – de inmediato.
Marley le hizo una seña a Jeff con la mano a través de la puerta indicándole que la esperara dentro de la camioneta.
Casi como si el director de la escuela la hubiera llamado a su oficina, ella camino cabizbaja detrás del hombre que la había requerido.
Al entrar a su oficina, el tomo asiento y de inmediato Marley se puso a la defensiva.
- Sé que no he cubierto todas mis horas como debo y en verdad estoy trabajando lo mejor que puedo en los artículos que me diste pero ahora, creo que finalmente encontré…
- Marley, detente.
Ella noto la reacción en los ojos de aquel hombre y lo obedeció temerosa.
- Hey no te conozco lo suficiente, pero sé que esa mirada nunca trae cosas buenas. En serio, ya de por si es un día difícil. No lo hagas más difícil ¿sí?
- Eso es importante Marley. Y créeme no es algo que me haga feliz tampoco.
- ¿Entonces por qué decirlo?
- Tres nuevos periodistas vienen directo desde El Daily Post para ayudarnos a levantar los números.
- Bueno, es magnífico, ahora si me disculpas, en serio tengo que hacer algo muy importante…
- Ellos vienen en protesta contra su editor en jefe pues la editorial de la empresa era demasiado severa en los pasados meses. Desde Mubarak hasta los fraudes electorales, todo les había sido censurado, y bueno, todo el mundo sabe que en América la libertad de expresión está más que permitida.
- No lo entiendo.
- Ellos tienen experiencia Marley. La única manera en la que pude traerlos fue brindándoles sueldos que ni si quiera yo imaginaba dar alguna vez.
- ¿Y?
- Y me quede sin presupuesto para la mayoría de los empleados que ya tenía.
Ella comprendió el punto y rápidamente tomo aire para después acercarse al escritorio.
- No puedes hacerme esto.
- No quisiera hacerlo Marley créeme. Desde que te vi entrar por esas puertas el primer día, con tu actitud desafiante, jure que te daría la oportunidad de destacar. Pero estos son tiempos desesperados, tengo una familia que sustentar. Y esto no está funcionando.
- Solo dame una fecha límite y te demostrare que tengo la exclusiva del año. Tú nómbrala y la tendré. Lo juro.
- No hay tiempo.
- Si lo hay. Tu solo dime el día y la hora. En serio, esta vale la pena, lo sé.
- Un mes.
Ella asintió con la cabeza y tomo otro profundo respiro para digerir la noticia.
Sin decir una sola palabra salió rápidamente a la calle, sin comentarle nada a su compañero que la esperaba ansiosa dentro del vehículo.
- Estira tus piernas – El instructor hablaba lo más amable que podía debido a lo imponente que le resultaba la presencia de Jesse. – ahora trata de levantarla lo más que puedas.
Después de haber prohibido que paquetes ajenos entraran a la casa sin una minuciosa supervisión, Jesse se había internado en una de las habitaciones vacías de la mansión para comenzar con su rehabilitación. Esta tarde estaría dando su primera aparición pública después del incidente en St Royal y no tenía ni el más mínimo deseo de aparecer en el lugar sobre una silla de ruedas.
- Necesito ponerme de pie – replico Jesse.
- Su cuerpo no está lo suficientemente fuerte.
- Tengo que ir a una conferencia de prensa, así que en realidad, necesito poder caminar.
- Traje un bastón para usted que me requirieron sus enfermeras. Esta acoplado a su altura así que no habrá problema en caminar.
Jesse soltó una pequeña risa.
- No voy a usar un bastón.
- Es la única manera en la que podrá caminar a una velocidad razonable.
- Podría caminar perfectamente si dejara de tratarme como a un niño y me ayudara a pararme.
- No es prudente. Solo tome el bastón.
- ¡No necesito un maldito bastón! – grito Jesse mientras lanzaba el artefacto al otro lado de la habitación.
- Creo que es suficiente por hoy – dijo una voz femenina al otro lado de la habitación.
Cassandra comenzó a caminar hacia Jesse mientras el instructor retrocedía.
- Me pagaron por cinco horas, solo hemos trabajado dos.
- Estoy segura que no habrá problema – dijo ella – en serio. Puede retirarse.
Jesse solamente tenía la cabeza agachada con los ojos clavados en el piso. Cuando alzo la mirada pudo ver como Cassandra tenía una intención distinta a la del sujeto que se había retirado.
- ¿Cómo te sientes? – interfirió la chica.
- Totalmente jodido. En realidad nunca me sentí más impotente que ahora.
- Tienes que tener paciencia.
- No hay tiempo para ser pacientes, Cassandra. Durante los últimos años he pasado por demasiadas cosas. Me he roto tantas veces los huesos que no llevo la cuenta. Las heridas se fueron haciendo casi coleccionables para mí. Y la mitad de esas heridas se formaron todas en prisión. Por eso no quiero que Rachel siga ahí dentro. Y es horrible sentir que no puedo hacer nada por ella.
- Entiendo – dijo Cassandra asintiendo con la cabeza – ahora vamos. Párate te ayudare.
Jesse sonrió condescendientemente.
Solo estaba usando un pantalón color negro en todo el cuerpo. Estaba descalzo y no tenía ninguna camiseta puesta, pues se sentía incómodo al ejercitarse con ella. Estaba descalzo, pues pensó que de esa manera podría moverse mejor.
Cassandra lo ayudo a levantarse y rápidamente le acerco sus manos mientras el chico hacia muecas que denotaban dolor.
- ¿Qué es lo que te molesta?
- La impotencia. – respondió.
- Entonces visualízala. La única manera de olvidar el dolor es enfocándote en algo más importante. Trata de caminar diez pasos hacia mí. Pero solo pensando en Rachel.
- ¿Estas segura que va a funcionar?
- Solo inténtalo.
En ese momento el chico miro fijamente a su compañera y se fijó la meta que era necesaria. Tomando toda la concentración que tenía solamente se enfocó en un solo objetivo. Ayudar a la mujer que lo había ayudado durante todo este tiempo.
Cada vez que el chico había estado a punto de sucumbir el recuerdo de sus momentos juntos lo habían levantado. Y aunque había pasado mucho tiempo sin que fuera necesario utilizar ese recurso, era bien sabido por él que era la única manera de superarlo.
Comenzó a dar pasos lentamente y cuando lo noto ya estaba lo suficientemente cerca de Cassandra como para sonreír y alegrarse.
- Si el dolor comienza a hacerse insoportable solo dímelo.
- Duele menos ahora.
Ella asintió complacida.
- Vamos por quince ahora.
Jesse asintió después de tomar un respiro profundo.
- Quiero que estés a mi lado hoy en la conferencia. – dijo él antes de comenzar de nuevo.
- Ahí estaré. – respondió Cassandra.
"Esta tarde la sorpresiva aparición del empresario Jesse St James involucrado en un caso legal que ha llevado a su esposa a prisión, se llevara a cabo en el hotel Plaza a las cinco de la tarde. Esta es la primera vez que se le vera en público después del atentado que su empresa St Royal sufrió la semana pasada, como una posible amenaza a la familia. Sus abogados siguen trabajando en el caso. Este es un escándalo que ha despertado interés en cientos de personas, llevándonos a cuestionar, la verdadera identidad de las familias más poderosas de la ciudad de Nueva York".
- Comenzaron a caer – dijo Crawford con una sonrisa en el rostro mientras Kitty veía atentamente las imágenes en el televisor.
- Todo va de acuerdo al plan. – respondió ella.
- ¿Cuándo vas a traérmelos Kitty? Las manos ya me escosen.
- Te dije que me dejaras trabajar a mí. Y por cierto, lo que haremos hoy será la última tarea. Una vez que tengas la miel en tus manos, las hormigas se acercan solas.
- ¿Estas segura de que vendrá?
- Totalmente
La chica comenzó a caminar fuera de la habitación y se encontró con diez hombres en la estancia de aquel lugar preparados para recibir instrucciones. Los antiguos participantes del grupo de Lee parecían obedecer de manera inmediata la ley del más fuerte. Su lealtad había sido cambiada en tan solo un par de días, para servir incuestionablemente a Crawford y la chica que lo acompañaba siempre.
- Todo está listo. Salimos en una hora – dijo ella.
La chica estaba bien vestida como era usual en ella, a excepción de sus grandes gafas obscuras. Los demás tenían ropa de color negro y todos sostenían en las manos varias mascaras blancas acompañadas de las grandes armas que les pertenecían.
- Lo único que hay que hacer es traer varias carnadas. El plaza tiene mucha seguridad así que entraremos por la puerta de empleados. Aquí está el mapa del camino que deben seguir. Nadie puede desviarse por ningún motivo.
- ¿Solo iremos por alguien de los St James cierto? – pregunto uno de los hombres en el lugar.
- Hemos actuado muy severamente contra ellos. Si seguimos así las personas comenzaran a verlos como víctimas. Por eso tendremos que distraer a la gente.
La sonrisa en el rostro de Kitty se ilumino de repente.
- La familia del gobernador estará dando su solidaridad en el evento. Todos entraran desde sus habitaciones hasta el salón en donde se desarrollara la conferencia. Quiero que tomen a su hija y después hagan lo mismo con diez personas más. Esas diez personas son solo distractores y rehenes, no importa quienes sean. De esta manera se pensara que íbamos tras el gobernador y no tras Jesse.
- ¿Qué hay sobre St James?
- No haremos nada con él. Pero además de los rehenes tomaremos algo que le importe.
En ese momento Kitty coloco una foto de Ali, la hija de Kurt y Blaine en la pared.
- Estoy completamente segura de que esta niña estará acompañando a Kurt Hummel en la conferencia. Tómenla. Y cuando salgan del lugar, no duden en hacer lo necesario para que nadie los siga.
- ¿Vas a estar ahí? – pregunto uno de los chicos.
Ella lo miro con un rostro burlón y altanero.
- Yo siempre estoy ahí.
Mientras Blaine tomaba una taza de café esperando para irse al hospital, su mirada fue interrumpida por la ágil imagen de su esposo moviéndose cual tornado en la estancia.
- ¿Vas a recoger a Ali de la escuela? – pregunto el chico intrigado.
- Sí. – respondió Kurt sin prestar mucha atención.
El chico con la taza de café en las manos noto su desapego a la conversación.
- ¿Qué estás buscando?
- Un paquete de papeles que deje aquí ayer.
- ¿Vas a ir a la conferencia de prensa?
- Si, pensé que te lo había dicho – dijo Kurt estando de espaldas para que Blaine no viera el miedo que se había impregnado en su rostro.
- ¿Estás hablando en serio? ¿Vas a volver a arriesgarte de esa manera?
- Duplicaron la seguridad Blaine, nada malo va a pasarnos.
- ¿No me estas escuchando?
Kurt se detuvo por un momento y lo miro fijamente.
- Te escucho perfectamente. Sé que esto no te agrada para nada, pero es lo que tengo que hacer. Mi amiga me necesita.
- ¿Y no has pensado que tal vez tu familia te necesita aún más?
- ¿Vamos a hacer esto otra vez?
- Lo haría las veces que fuera necesario para hacerte razonar.
- ¿Qué se supone que necesito entender? ¿Qué es lo que tienes que decir que finalmente me hará darle la espalda a mis amigos? ¿En serio quieres convertirte en la persona que me separe de ellos?
- ¿En serio quieres convertirte en la persona que nos va a separar a nosotros?
- No sé qué esperas que haga ¡Te lo juro! ¿Quieres que me quede en casa mirando desde el televisor como todos ellos se van al carajo y yo no pueda hacer nada? ¿Es eso lo que quieres?
- ¿Sabes qué? Olvídalo. Ve y salva a tus amigos.
- No puedes ser tan injusto conmigo.
- ¿Injusto yo?, lo que sea.
- En verdad no sé cuándo te convertiste en esta persona.
- Cuando ya no se trató más de tu y yo Kurt. Fue cuando Ali se convirtió en nuestra hija, y comencé a ponerla siempre primero. Algo que al parecer a ti no te sucede.
- ¿Crees que no me importa nuestra hija?
- No lo sé, Kurt se me hace tarde.
En el momento en que Blaine cerró la puerta de una manera violenta, Kurt supo que algo en su corazón se había comenzado a romper. Esta pelea era una repetición de las que habían ocurrido en la última semana. Poco a poco el miedo de que su relación comenzara a llegar a su fin, se hacía fuerte y factible. Era su peor pesadilla. Pero con todo lo que había pasado últimamente, las pesadillas parecían más reales que nunca.
Después de tomarse un momento para guardar compostura, el chico preparo todas sus cosas y fue a recoger a su hija.
- Está en la escuela. Va hacia allá – dijo un hombre por medio de una radio que estaba estacionado unos autos detrás de Kurt.
- Bien. Asegúrate de que lleguen al lugar y no los pierdas de vista – respondió Kitty del otro lado de la línea. – llego la hora.
La prensa estaba completamente lista en el Plaza media hora antes del evento. Las personas de recepción se habían dado a la tarea de atender a todos lo más rápido que se pudiera, pero eran tantas las personas en el lugar, que el desorden en las entradas y el tráfico lento para los autos en las afueras, se convirtió en un serio problema.
- ¿Estás listo para hacer esto? – pregunto Marley a Jeff mientras ambos esperaban sentados en una de las diversas filas para prensa.
- Nací listo.
El lugar estaba armado de una manera estratégica para optimizar el desarrollo de la conferencia. Todas las sillas estaban colocadas con la vista hacia una serie de mesas instaladas con micrófonos y equipos de sonido, en las cuales los guardias de seguridad, residían en su mayoría.
Los chicos que hablaban entre ellos un momento atrás comenzaron a inspeccionar la zona a medida que este salón se llenaba de gente.
- ¿Por dónde crees que entren?
- No tengo idea, nunca imagine que habría tantas puertas.
- Son siete las conté.
- Seguramente entraran desde allá atrás. Hay demasiados autos y personas en la puerta principal.
- Eso se reduce a tres puertas.
- Sigue fotografiando a todas las personas. Tal vez la rubia aparezca una vez más.
Jeff asintió.
- ¿No sería eso genial? – los flashes comenzaron a dispararse.
Afuera Kitty esperaba en su camioneta, mirando atentamente a los hombres de Crawford estacionarse tras la entrada de empleados en un callejón aledaño al hotel.
- Solo esperamos por la señal Kitty – dijo uno de ellos a través de su radio.
- Se las daré en unos momentos. – la chica cambio de línea - ¿Dónde están Luke? – pregunto al hombre que seguía a Kurt.
- Estamos a unas calles del plaza.
- ¿La niña aun viene con él?
- Así es.
Ella colgó el teléfono.
Unos momentos después giro su cabeza hacia la acera y miro atentamente como Quinn se acercaba hacia la entrada principal del hotel.
No le quito la mirada de encima, y de una manera atenta siguió todos sus pasos.
Quinn giro la cabeza por un momento, y pudo notar a la chica dentro de la camioneta.
Kitty se dio cuenta de inmediato y lentamente giro su cabeza hacia el parabrisas.
Sin hacer un movimiento brusco, la ventana polarizada de su asiento, comenzó a subirse.
Quinn no le dio importancia, y después de hacer una mueca de desconcierto continúo con su camino.
La rubia en la camioneta se aisló encendiendo la radio, con sus usuales canciones de soprano a un volumen alto, mientras la ira comenzaba a invadir sus ojos. Fue entonces que su momento finalmente llego.
Una gran caravana de autos color negro comenzó a formar una larga fila frente al plaza, provocando de esta manera que todas las personas que esperaban afuera, comenzaran a alborotarse.
El gobernador bajo junto a su esposa de uno de esos grandes autos, sonriendo cordialmente hacia todas las personas que se abalanzaban para saludarlo.
La chica pisó el pedal del acelerador y rápidamente su camioneta se abalanzó hacia la avenida, haciendo que varias personas tuvieran que correr hacia otro lado. Ella paso de largo por el Plaza, y fue entonces, que los hombres de Crawford recibieron la señal.
- Jeff necesitamos movernos. Una vez que la seguridad nos acorrale no podremos acércanos a St James.
- Miden lo doble que nosotros – dijo el chico mirando a los guardias que habían comenzado a entrar. - ¿Cuál es tu plan?
- Tendré que ir según mi instinto. Vamos por la puerta de servicio.
- ¿En serio crees que Jesse St James entrara por la puerta de servicio?
- Mira eso. Quinn Fabray entro en ella. ¿Crees que sea una señal?
- Y muy buena. Vamos – dijo Jeff para después ponerse de pie y correr tras de Quinn.
Kurt entro por la misma puerta hacia la sala, pasando por un pequeño salón en el cual, el Staff de los St James, y el del gobernador se quedarían.
- ¿Qué haces aquí? – dijo Quinn al ver a su amigo. – pensé que estarías con Ali.
- ¿Quién crees que vino conmigo? – respondió él mostrando a la niña que tenia de la mano.
- ¡Hola preciosa! ¿Cómo estás?
- Estoy bien. – respondió Ali.
- ¿Vienes de la escuela? ¿Te divertiste?
- Sí.
Kurt aprovecho ese par de minutos para dar un vistazo a través de la puerta. La silueta de Jeff y Marley entrando a la habitación le bloqueo la vista.
- ¿Vas a estar allá afuera? – pregunto Kurt a su amiga.
- No lo creo. Necesitan a alguien que se quede aquí para ordenar la salida.
- ¿Escuchaste eso? Jesse saldrá por aquí – susurro Marley a Jeff.
- ¿Puedo dejarte a Ali? Quiero estar en la mesa con él. – dijo Kurt refiriéndose a Jesse.
- Seguro. Nos vamos a divertir. – respondió Quinn cargando a la pequeña y alejándose lentamente.
- Hey Quinn – dijo Kurt antes de que se alejara demasiado – que Blaine no sepa que ella está aquí ¿sí?
La chica noto la tristeza en el tono de Kurt y sin decir una sola palabra asintió.
El Mercedes de Jesse se estaciono en la parte trasera del hotel, haciendo que sus nervios aumentar al escuchar el "estamos aquí" en la voz del chofer.
Brody estaba sentado en su lado derecho, mientras Cassandra lentamente apretaba su mano del lado izquierdo. Él le dio una mirada de agradecimiento y lentamente bajo del auto.
- No tienes de que preocuparte. – dijo Brody – apenas y se nota que cojeas.
- No sabía que estaba cojeando – dijo Jesse sumamente preocupado.
- Solo sigue caminando – dijo Cassandra lanzándole una mirada fulminante a Brody.
La seguridad del hotel escolto a Jesse, quien ocultaba sus muecas de dolor ante el personal que lo saludaba a su paso.
- Solo sonríe – dijo Cassandra – eres Jesse St James. Tienes que recordarlo.
Jesse tomo aire y cuando estuvieron frente a la puerta del salón de la conferencia se tomó un momento.
- ¿Quién está en el panel Cassandra?
- El gobernador y su esposa están en el centro a tu lado. las demás caras conocidas son Kurt Hummel e Isabelle Wright. Los otros deben ser personal del gobernador.
- Está bien. ¿Te aseguraste de que hubiera un espacio para ti?
- No, no gracias. Sabes que nunca me gustaron las cámaras.
- Lo prometiste – dijo Jesse mientras el Staff del lugar le aseguraba los artefactos de sonido.
- Estaré abajo. Justo detrás del panel.
- ¿Estas segura de que puedes cuidarte sola?
Cassandra hizo a un lado el saco que tenía puesto y dejo ver el arma que tenía incrustada entre la ropa y su cintura.
- No se preguntan esas cosas.
Jesse sonrió.
En ese momento las puertas se abrieron y una ola de aplausos inundaron el lugar. Toda la prensa lanzo sus flashes hacia Jesse mientras el chico luchaba por mantener la sonrisa.
Cassandra y Brody lo siguieron todo el camino hasta el pie de las escaleras.
Brody siguió su paso para sentarse en el extremo derecho de la mesa. Mientras Cassandra se colocaba los comunicadores con la seguridad del lugar, y se postraba justo detrás de la mesa.
Isabelle se acercó para darle la mano, mientras Kurt solamente le sonreía desde lejos.
- Tenemos que hablar sobre lo que ocurrió en la corte – susurro Isabelle con una sonrisa al oído de Jesse.
- En realidad estoy muy apenado, pero tengo que explicarle todo lo que paso aquel día.
- Estoy ansiosa por escucharlo.
Después de decir eso Isabelle y Jesse tomaron asiento, para que de esta manera, la conferencia comenzara.
Los hombres de Crawford comenzaron a entrar por la puerta trasera dirigiéndose a la sala en donde estaban Quinn, Ali, y los Staffs de ambos magnates.
Todos usaban atuendos en color negro y entraron en grupos de tres por puntos específicos para no causar un alboroto inmediato.
- Señor James. – dijo una reportera alzando la mano.
- Díganos. – le respondió él otorgándole la palabra.
- ¿Cuál es su postura ante las acusaciones que Kendra DelMonico hizo en la audiencia pasada?
- No tengo ninguna postura, todas esas acusaciones son falsas.
- ¿En que se basa para decir esto? – prosiguió la reportera.
- La señorita Kendra DelMonico argumenta con pruebas que no ha podido demostrar de una manera certera, por consiguiente todas sus acusaciones permanecen como especulaciones. – respondió Isabelle tomando la palabra.
- ¿Qué se sabe sobre el incidente en las oficinas St Royal? – pregunto otra reportera.
- La policía y varios agentes especiales estuvieron investigando durante los últimos días. Al parecer se trató de un atentado exclusivo hacia la empresa, aun no se sabe cómo se tuvo un acceso tan acertado a las vías de aire acondicionado, pero se sigue trabajando en eso. Hemos descartado algún motivo político o externo. Y por supuesto la seguridad del señor James se ha duplicado.
Jesse seguía tomando profundos respiros mientras la conferencia continuaba.
- Disculpe señor no puede pasar más adelante. Las vías están cerradas debido a una conferencia. – dijo una chica de recepción al toparse con uno de los secuestradores.
- ¿Tienen cámaras de seguridad?
- Sí, señor.
- ¿Puede revisarlas creo que algo está fallando? – dijo él.
- Estoy segura de que nuestro sistema de seguridad funciona perfectamente.
- Revise otra vez.
La chica miro el computador que tenía enfrente y pudo ver como todo el sistema se había ido en negro. Solamente algunas líneas de interferencia podían verse en el monitor.
- No hay ninguna cámara funcionando. Permítame llamar a seguridad.
Sin decir una sola palabra aquel hombre le disparo a la chica, con el arma que tenía en la mano. Ésta contaba con un silenciador que le permitió no crear ningún sonido estridente.
- Estamos seguros – dijo por la radio este hombre poniéndose la máscara que tenía metida en el bolsillo. – vamos a entrar.
Tres hombres se unieron a este último llegando al pasillo principal de la habitación del Staff y rápidamente les dispararon a los hombres que fungían como guardias.
Entraron a la habitación y todas las miradas se dirigieron hacia ellos.
- ¡Hey no puede entrar aquí! – dijo uno de los chicos que venían con el gobernador abalanzándose hacia ellos.
El hombre recibió dos disparos. Uno en el pecho y otro en la cabeza. Haciendo que todas las personas comenzaran a gritar y se tiraran al piso.
- ¿Escuchaste algo desde afuera Rodríguez? – pregunto el hombre que disparo a uno de sus compañeros que se había quedado en la conferencia.
- Ni un maldito grito.
- Bien.
Quinn se tiro al piso y comenzó a abrazar a Ali pues la pequeña había comenzado a llorar totalmente aterrada.
Jesse seguía tomando agua de una manera progresiva, pues sus labios se secaban cuando los nervios se apoderaban de él.
- ¿Cómo se encuentra su esposa en estos momentos? – las preguntas de la prensa continuaban.
- Ella está bien. Estamos haciendo lo posible para sacarla de ahí en el menor tiempo posible.
- ¿Qué nos dice acerca de su recuperación?
- Está yendo de lo mejor. Mis terapeutas y yo trabajamos todos los días para ponerme de nuevo a trabajar.
El chico alzo la mirada en ese momento y pudo ver a una mujer completamente pálida alzar la mano justo en medio de la sala.
Mientras tanto Cassandra era notificada de que las cámaras de seguridad habían sufrido una caída.
La chica no podía moverse a causa de Jesse, y aunque sus pies le pedían investigar, sabía que esto podía ser solo una trampa, y no estaba dispuesta a caer en otra.
- Dime – dijo Jesse dándole la palabra a la chica con rostro asustado.
En la habitación en donde estaba Quinn los cuatro hombres de Crawford se habían instalado en puntos clave para agilizar su tarea.
- Esto es lo que va a pasar – dijo el sujeto que había entrado primero. – todos van a ser llevados a otro lugar, del cual muchos no van a salir vivos. Por suerte, un par de ustedes, tienen conexiones con gente muy importante, y serán necesarios antes de volarles la cabeza.
El llanto predominaba en el lugar.
Quinn había ubicado un pequeño mueble que estaba ubicado frente a ella y se acercó hacia el oído de Ali para susurrarle algo.
- Hey preciosa. No tengas miedo, no voy a dejar que nada malo te pase – el llanto de la niña era suave, pero aun así parecía estar sufriendo. - ¿Puedes hacer algo por mí? Es muy importante, para que podamos salir de aquí mi amor.
La niña asintió sin decir una sola palabra.
- Quiero que gatees un poco hacia ese mueble, y cuando estés cerca, entra ahí y no salgas hasta que escuches mi voz diciéndotelo, ¿está bien?
- Quiero a mi papi – decía Ali.
- Estará aquí pronto. Ahora solo haz lo que te digo, vamos cariño.
Ali gateo hacia el punto que Quinn le había indicado y se metió en aquel mueble cerrando la puerta.
- ¿Estas asustada dulzura? – dijo uno de los hombres con armas acercándose a la hija del gobernador. – te aseguro que cuando te levantaste en tu gran mansión esta mañana no te imaginabas que terminarías el día chupándosela al tipo del que te ríes cuando pasas en tu auto por los barrios pobres.
La chica se había quedado muda y se limitaba a llorar en silencio.
- ¿Qué se siente princesa? – decía aquel hombre susurrándole al oído. - ¿Crees que tu papi pueda salvarte esta vez?
Ella temblaba de una manera acelerada.
- ¡Contesta perra!
- Por favor no me hagas daño – dijo ella mientras aquel hombre la empujaba con fuerza.
- Llévatelos a todos. – dijo él a sus compañeros.
La reportera que parecía ahora estar en medio de un llanto inconsolable desconcertó a todos en el lugar.
- Lo siento señor James – dijo ella con las mejillas bañadas en lágrimas – en realidad no fui yo la que eligió decir esto. Yo… me obligaron…
- ¿De qué habla? – pregunto Jesse entregado.
- Le juro, que no tengo nada que ver en esto.
- ¿Qué es lo que tiene que decir? – pregunto Isabelle con un tono prepotente.
- ¿Qué se siente, que su brillante discurso de superación, se haya convertido en una completa… mierda?
El rostro de Jesse cambio de color instantáneamente.
La seguridad del lugar escolto lentamente a aquella mujer hacia la puerta mientras el chico parecía haberse quedado sin palabras.
Rápidamente giro la cabeza hacia su compañera Cassandra, tratando de decirle algo.
Marley y Jeff estaban boca abajo en el piso de la habitación mientras los rehenes comenzaban a ser atados de las manos.
El chico comenzó a tomar fotografías desde su ángulo enfocándose en los tatuajes que los sujetos tenían en las muñecas. Rápidamente saco el rollo y lo deslizo hacia donde estaba Marley.
La chica lo miro con ojos desconcertados mientras recibía dicho paquete y lo ponía entre sus manos.
- Encuéntrame Marley. – le dijo Jeff – prométeme que me vas a encontrar.
- ¿Qué haces? – pregunto la chica.
- Solo, prométemelo.
- Está bien. Lo prometo – contesto susurrando.
- Cuando la puerta se abra corre como nunca. Y después, encuéntrame.
Sin saber a qué se refería su amigo, la chica asintió y espero para ver qué pasaba.
Jeff se puso de pie en ese momento y mientras tragaba saliva tomo el valor necesario para articular un par de palabras.
- Si lo que quieren es llevársela a ella ¿Por qué no nos dejan a todos en paz?
Uno de los hombres con armas lo miro, fijamente a través de la máscara mientras una sonrisa se pintaba en su rostro.
- Mira nada más. Tenemos a un valiente aquí.
- Solo déjenos en paz.
- ¿Eso es todo lo que quieres?
Jeff solo trago saliva.
- No, no es todo.
Después de decir eso pateo con fuerza el arma que aquel sujeto tenía en las manos mientras todos los demás se alteraban.
Rápidamente el secuestrador recupero su arma y le lanzo un disparo a Jeff sin darse cuenta que su silenciador se había quedado en el piso.
Todos en la conferencia se alarmaron al instante, corriendo sin orden hacia las salidas de emergencia.
- ¡Ve! – le grito Jesse a Cassandra mientras la seguridad del lugar lo resguardaban en el piso.
- Tiene que ser una broma – dijo ella entre dientes mientras corría al lugar del impacto.
Los secuestradores comenzaron a sacar a las personas del lugar mientras el cuarto se vaciaba de a poco.
Rápidamente uno de ellos llego hasta donde yacían Quinn y otro chico de aproximadamente catorce años. Ali seguía escondida en aquel mueble como la rubia se lo había ordenado.
- Por favor, no me obligues a ir. Te prometo que no diré nada. Yo solo trabajo aquí para pagarme una escuela, mi madre está enferma. Por favor… soy una buena persona. – rogaba aquel chico.
El secuestrador lo miro fijamente mientras respiraba de una manera precipitada.
Sin decir una sola palabra más paso de largo hasta donde estaba Quinn.
- ¿Dónde está la niña? – pregunto.
- No se dé qué hablas – dijo ella mirándolo fijamente.
- Dime ¿Dónde está la niña?
Otro de los hombres de Crawford se acercó a ellos mientras se escuchaban golpes del otro lado de la puerta indicando que estaban a punto de derribarla.
- Dejémonos de juegos y digan la verdad. Ambos sabemos que no vienen aquí por la hija del gobernador o alguna otra persona. Si quieren algo de Jesse llévenme a mí. Dejen a la niña en paz.
Ambos hombres se quedaron mirándola mientras la apuntaban con sus armas.
- No hay tiempo. Tráela. – le ordeno uno a otro. – tienes agallas linda. Me gusta – le dijo a Quinn mientras la jalaban violentamente.
Quinn se quedó del lado del secuestrador que había permitido que el chico asustado se quedara. Sabía que una persona completamente desalmada no lo habría permitido. En medio de la persecución, y buscando por una seña en particular antes de que le vendaran los ojos, Quinn pudo ver como una rasta caía por su hombro fuera de la capucha que todos se habían puesto.
- ¡Todo mundo hágase a un lado! – grito Cassandra apuntando con su arma hacia la perilla de la puerta.
Otro disparo se escuchó en medio de aquel caos. Esta vez Cassandra había derribado la puerta con su arma permitiendo el paso de los oficiales y paramédicos al lugar.
- ¡Ali! – gritaba Kurt desesperadamente al lograr entrar. - ¡Ali!
La niña escucho los gritos de Kurt y rápidamente abrió la puerta.
Cuando logro verla, Kurt corrió hacia ella y la abrazó fuertemente. La pequeña estaba completamente fría y sus lágrimas parecían no poderse detener.
- ¿Dónde está Quinn mi amor?
- Ellos se la llevaron – respondió Ali con la voz entre cortada.
Cassandra movió en la cabeza en negación mientras comprendía lo que había pasado.
- No si puedo detenerlo.
Rápidamente la oficial comenzó a empujar a todos abriéndose paso hasta la salida por la cual aquellos hombres habían salido junto con los rehenes.
Al llegar a la puerta trasera, logro abrirla de una sola patada y pudo observar como cinco camionetas daban la vuelta, alejándose del hotel a una velocidad acelerada.
La chica corrió hacia el auto en que había llegado Jesse e hizo que el chofer saliera utilizando solo la fuerza de sus manos.
Ella puso su arma en el asiento del copiloto y piso el acelerador para comenzar a seguirlos.
En ese momento Jesse pudo ver como se alejaba, sintiéndose aún más impotente que en aquella mañana.
Cassandra tomo la radio que tenía asegurada en su pantalón llamando a todos los oficiales para apoyarla.
Las patrullas que habían rodeado el perímetro del hotel comenzaron entonces una persecución hacia aquellos vehículos que no habían logrado alejarse lo suficiente.
Jeff estaba en la misma camioneta que Quinn. La chica se había quitado el abrigo para ponerlo sobre su pecho mientras lo presionaba tratando de detener la hemorragia que el disparo le había causado.
El chico de las rastas simplemente la miraba sin haberse quitado la máscara aun. Quinn no tenía el valor suficiente en esos momentos como para articular alguna palabra.
La hija del gobernador y tres rehenes más estaban en la primera camioneta. Dos más la escoltaban en la parte trasera (una de ellas era en la que Quinn estaba) mientras las dos últimas se habían rezagado debido a un par de choques que habían tenido que realizar para quitar autos de su camino.
- ¡La policía está demasiado cerca! ¡No vamos a poder perderlos! – dijo uno de los trabajadores de Crawford que iba en las últimas dos camionetas por radio a Kitty.
La chica se había colocado en uno de los edificios aledaños al túnel subterráneo que llevaba hacia la autopista principal.
- Déjame eso a mí. – respondió ella.
Cassandra tomo su arma y la saco por la ventana disparando hacia las camionetas que habían quedado muy cerca del auto que ella conducía. Estaban a cien metros del túnel y la chica cada vez iba más rápido.
Los disparos comenzaron a serle regresados obligándola a ella, y a los demás oficiales a esquivarlos mientras seguían su paso.
- ¡Están demasiado cerca! – insistió uno de los hombres de las camionetas que se habían rezagado.
- Mira otra vez. – dijo Kitty presionando el botón de un artefacto que tenía en la mano izquierda.
En ese instante ambas camionetas volaron en pedazos justo antes de alcanzar el túnel.
La policía freno de pronto al ver tal explosión y se limitó a quedarse en aquel lugar.
Las otras tres camionetas hicieron caso omiso a lo que había pasado y siguieron con su camino.
- ¡Demonios! – grito Cassandra al bajar del auto dándose cuenta de que los habían perdido.
Poco a poco, la imagen de aquellos grandes vehículos, desaparecieron con la distancia.
Capítulo 5 – "Kitty"
La noche tormentosa en la que la casa de Rachel se había convertido en el escenario de la batalla final, aún no había salido por completo de la cabeza de todos los presentes. Aunque Quinn y Kurt habían tomado terapias para dejar atrás todos aquellos fantasmas, aun temblaban cuando los rayos relampagueaban cerca, imitando el sonido de aquellos disparos que tantas veces habían escuchado cerca.
En aquella habitación, Rachel, Quinn y Kurt residían en el piso atados previamente por Rick y la rubia que los había amordazado minutos antes. Jesse había llegado en el momento debido, y antes de saberlo, la batalla final había comenzado.
Un par de ojos escondidos en la obscuridad observaban todo lo que pasaba desde el closet de aquel lugar. Dos manos tambaleantes los acompañaban. Una piel fría como la nieve cubría a aquella persona, que sin poder decir una sola palabra, era testigo de lo que ocurría.
- Bueno, entonces… ahora solo queda asesinarme ¿cierto? – decía Jesse mientras el arma de Terri lo apuntaba.
- Ese es el plan. – respondió Terri.
- Solo prométeme que los dejaras en paz después – dijo Jesse refiriéndose a los chicos en el piso.
- Jamás me volverán a ver – dijo la rubia – y eso será una bendición para mí.
Fue en ese momento cuando Rick descubrió el arma que Jesse había guardado en su espalda.
- Justo como lo sospeche – dijo él quitándole el arma – los James no saben pelear justo.
- Gracias cielo – decía Terri a Rick – Jesse te presento al padre de mi hijo.
La persona en el closet sabía que Terri estaba embarazada, por eso sus nervios comenzaban a incrementarse. Seguía sin hacer ningún ruido.
Rick alzo su arma y apunto hacia la cabeza de Jesse.
- Solo cierra los ojos Jesse – decía – no dolerá mucho si no pones resistencia.
Y fue ese instante en el que el transcurso de la historia cambio. Jesse se abalanzo hacia Rick y ambos comenzaron a forcejear con el arma. Rick se puso de pie después de que Jesse lo hiciera y disparo sin tener un blanco fijo.
El cuerpo de Terri cayó al piso, yaciendo con un disparo en la cabeza.
En los últimos segundos su mirada se centró en ese closet entrecerrado.
La persona ahí dentro pudo ver como su peor pesadilla se materializaba ahí afuera. Se mordió la mano tan fuerte para no gritar, que la sangre comenzó a escurrir sin que lo notara al instante. Sus lágrimas eran de dolor y no de miedo. Fue el final de su vida, y el comienzo de una nueva.
Antes de que la policía llegara aquel closet había sido abandonado. Solamente las memorias de alguien destrozado yacían en el lugar.
Quinn y los demás rehenes habían sido llevados a lo que parecía ser un edificio abandonado a las afueras de Nueva Jersey. Todos fueron puestos en una sola habitación con dos de los hombres de Crawford para resguardarlos.
El terror del momento no se les había pasado ni tan solo un poco, y todos temblaban y lloraban desconsoladamente, llenando de tensión el lugar.
En el piso, Quinn seguía presionando con fuerza la herida de Jeff, mientras se daba cuenta como poco a poco el chico iba perdiendo color y comenzaba a quedarse dormido.
- ¿Podrían ayudarme? – gritaba Quinn desesperada a las personas en el lugar. – si fueran a disparar ya lo habrían hecho – decía refiriéndose a los hombres con armas.
Ninguna de las personas hacia caso y se limitaban a ver de lejos.
- Gracias por ayudarme – dijo Jeff a la chica mientras la miraba a los ojos. – me llamo Jeff.
- Yo soy Quinn, Jeff, necesito que te mantengas despierto.
- No creo que ninguno de ellos vayan a ayudarme Quinn. Aprendieron la lección de nunca molestar a esos hombres, tomándome de ejemplo.
- No hables así, créeme, he visto a peores que tu ponerse mejor.
- Mira tus manos Quinn. Es demasiada sangre.
La chica miro por primera vez como sus manos se habían teñido por completo de color rojo. Su mirada recibió el golpe de aquella imagen y la rubia se mareo por un momento.
Las lágrimas de desesperación comenzaron a salir de sus ojos y al intentar quitárselas para ver mejor, se manchó la cara con la sangre del chico.
Alzo la mirada para buscar ayuda una vez más, pero no pudo ver a nadie dispuesto a hacerlo.
Fue entonces que Quinn se puso de pie y miro a los hombres que resguardaban la puerta con una ira descomunal.
- Necesito que un doctor lo vea – dijo ella con una voz fría.
Uno de aquellos hombres soltó una risa burlona.
- Si no lo hacen por él, tendrán que hacerlo por mí.
- ¿Y qué te crees linda? ¿Crees que eres más importante que cualquiera de los demás?
- ¿No te dieron órdenes de mantenerme viva?
La mirada de aquel hombre cambio.
- No me tientes.
- Vamos dispárame – Quinn supo que su boca estaba llena de razón cuando la tensión se pintó en la mirada de aquellos hombres.
Los demás rehenes comenzaron a temblar cuando Quinn camino lentamente hacia los secuestradores y sus armas afuera.
La rubia se puso frente al arma de uno de ellos y lo miro retándolo.
- Vamos, dispárame maldito. – decía la chica.
La mano de aquel hombre comenzó a temblar al llenarse de ira mientras Quinn parecía perder el miedo.
Finalmente, él bajo el arma y Quinn pudo confirmar sus sospechas.
- Eso pensé – dijo la chica.
Ella camino hacia Jeff y vio en aquel lugar varios pedazos de cristal en el piso, que parecían provenir de la ventana rota que yacía en un costado.
- Les voy a preguntar solo una vez más – dijo ella - ¿Van a ayudarlo o no?
Hubo un silencio completo en aquel lugar.
Ella sabía que este secuestro se había provocado solo por ella y sus amigos. Era por esta razón que la culpa de la muerte de Jeff no la dejaría vivir en paz.
- Bien – dijo ella. – ahora sí tendrán que hacerlo.
La chica tomo uno de los trozos de cristal y se hizo una larga cortada en las muñecas viendo como instantáneamente sus brazos comenzaban a bañarse en su sangre.
Rápidamente aquellos hombres corrieron hacia ella, mientras las demás personas solamente se asustaban un poco más.
Quinn cayó al piso observando la mirada de Jeff clavándose en ella.
- Vamos a estar bien – le dijo con las fuerzas que logro tomar.
Uno de los secuestradores abrió la puerta y corrió para avisar a Crawford. El plan de Quinn parecía haber funcionado. Ahora el tiempo, era su mayor rival.
Marley entro a su oficina con un rostro pálido y la mirada perdida, mientras sus piernas y manos temblaban de manera simultánea. Empujo la puerta y paso por paso, siguió su camino habitual hacia el lugar en donde Jeff tenia los aparatos y editores de video.
Su Editor en Jefe, la vio al entrar, y debido a su aspecto moribundo decidió seguirla rápidamente.
Ella empujo la puerta con fuerza, y mientras trataba de recuperar el aire, saco el rollo que Jeff le había entregado del bolsillo y comenzó a mirar a todas partes para encontrar el material que necesitaba.
- ¿Marley? – pregunto su jefe desde la puerta.
- Le dije que necesitábamos una cámara digital.
- ¿Qué ocurrió Marley?
- Le dije, a Jeff que se necesitaba una cámara digital, pero el siempre, fue un fanático de las antigüedades, así que acepte. Acepte cuando él quiso usar una cámara de rollo, acepte cuando él quiso usarla en el trabajo, acepte, cuando se ofreció a recibir una bala por mí, y ahora… ahora esta con un disparo en el pecho en algún lugar de esta ciudad y yo solo estoy aquí parada buscando un…
- ¡Marley basta! – Aquel hombre se había acercado hasta ella para tomarla de los hombros y sacudirla fuertemente. – Dime que paso.
- ¡Le dispararon! Todo fue por mi culpa. ¡Unos hombres le dispararon a Jeff! Y ahora tengo que encontrarlo.
- ¿Cómo paso esto Marley?
- En la conferencia de prensa, de Jesse St James. Llegaron por la puerta trasera, no sé cómo lo hicieron. Pero se llevaron a todos. Logre escapar, con ayuda de Jeff, y… después le dispararon.
- Voy a llamar a la policía.
- ¿Crees que no lo saben? Se llevaron a la hija del gobernador con ellos. Todo el mundo debe estar buscándolos.
- Respira hondo Marley. – le dijo él mientras la tomaba gentilmente. - ¿Qué es lo que querías hacer? Voy a ayudarte.
Ella asintió y guardo compostura sabiendo que no lograría mucho si seguía estando alterada.
- Creo que se cómo encontrarlo. – dijo la chica mientras le mostraba el rollo que tenía en las manos.
Una de las habitaciones del Plaza había sido abierta para resguardar a los visitantes de la conferencia de prensa después del ataque que se había suscitado minutos antes.
El gobernador había sido trasladado a una habitación aledaña a la de Jesse. Su equipo estaba tratando de investigar todo lo que podían sobre los hombres que se habían llevado a su hija. La prensa había lanzado una lluvia de artículos en tan solo unos minutos por todo internet, afirmando que este atentado había sido un ataque exclusivo hacia el gobernador, posiblemente en manos de alguno de sus enemigos.
Cassandra, Jesse, Isabelle y Brody, estaban en un solo cuarto tratando de pensar en lo más inteligente que se podía hacer. Todos habían comenzado a caminar en círculos al intentar que la tensión comenzara a alejarse si ponían su mente en otro lugar.
- ¿Alguien podría explicarme lo que está sucediendo aquí? – pregunto Isabelle sabiendo que sin los datos suficientes no podría hacer nada para ayudarlos.
- Es una larga historia – respondió Brody.
- Si no se esta larga historia, no podré hacer nada por ustedes. Ya estuve con las manos atadas una vez en ese tribunal y nadie quiso explicarme que había pasado.
- Es complicado, Isabelle – dijo Jesse – hace unos días, en la fiesta de la compañía, recibí una amenaza por parte de alguien a quien desconozco por completo. Dijeron que no iban a descansar hasta verme sucumbir junto con mi familia y amigos, y ahora parece que lo están cumpliendo.
- Este golpe fue para el gobernador.
- Ellos vinieron por Quinn – respondió Jesse a la abogada – no fue por nadie más. Lo hicieron para aparentar, la toma de rehenes fue solo un truco. Son listos.
- ¿Qué más ha estado pasando sin que yo lo supiera?
- No había nada que pudieras hacer para ayudar.
- ¿Fueron ellos los que volaron en pedazos la empresa?
Él asintió.
- ¿Qué fue lo que viste Cassandra? – pregunto esta vez a su rubia acompañante.
- Trate de seguirlos, pero de pronto dos de sus camionetas volaron en pedazos antes de entrar al puente. No tenían placas y estoy segura de que se desharán de esos vehículos para antes de esta noche.
- Fue un plan muy bien dirigido.
- ¿Pero por quién? – pregunto la abogada confundida una vez más – siempre hay pistas en un caso, algún indicio. ¿Cómo es que llegaron las amenazas?
- Fue una chica rubia que se acercó a mí en la barra de la mansión. Ella entrego el primer mensaje.
- ¿Por qué no empezaste con eso? ¿Revisaron ya todas las cintas de seguridad?
- Hice que se encargaran de eso.
- ¿Quién las reviso Jesse? – pregunto Cassandra.
En la entrada del hotel, Marley y su jefe habían llegado en su auto para buscar a Jesse. Cuando se pudieron abrir paso entre la multitud de seguridad que había rodeado el hotel, llegaron hacia el pasillo con ascensores y se toparon con un filtro de guardias que no los dejo avanzar.
- Soy editor en Jefe de un periódico. Necesito hablar con alguien. Es urgente.
- Todos son periodistas aquí señor. Nadie puede subir o bajar en estos momentos. Es por seguridad.
Marley miro a su jefe angustiada y comenzó a tronarse los dedos como un reflejo a su nerviosismo.
- Voy a hacer que llegues hasta St James – dijo aquel hombre. – solo no te detengas por ninguna razón hasta llegar a los ascensores.
- ¿Qué tal si los apagaron?
- Hay números marcándose sobre las puertas ¿ves? – dijo aquel hombre señalando el ascensor más cercano. – están encendidos.
- ¿Qué vas a hacer?
- Lo necesario para salvar a Jeff. No pierdas ni un minuto Marley.
Después de decir aquellas palabras, el sujeto comenzó a caminar hacia los guardas formando un puño en su mano derecha. Su rostro denotaba la furia que se había acumulado en él. Jeff y Marley se habían ganado su afecto en los últimos meses, con su entusiasmo y espíritu, tratando de brindarle al periódico lo mejor que ambos podían ofrecer.
Cuando estuvo frente a uno de ellos le clavo la mirada.
- Ya le dije que no pueden entrar.
- No importa imbécil. – el jefe de Marley le dio un golpe al guardia, dejándolo tirado en el piso.
Todos los oficiales en el lugar notaron rápidamente la riña que se había suscitado en aquel lobby y corrieron hacia ese espacio para detenerla.
Marley corrió hacia uno de los ascensores y lo abrió para entrar a él con velocidad. Uno de los oficiales trato de detenerla, pero ella fue más rápida.
Una alarma de seguridad se activó en el edificio, y los oficiales que resguardaban los demás pisos entraron en alerta, para atrapar a la intrusa que había irrumpido con el filtro de seguridad.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el último piso de aquel edificio, Marley rogo con todas sus fuerzas que su instinto no la traicionara en ese momento.
Los guardias buscaban por ella en todo el piso caminando con un paso veloz entre los pasillos. La chica se acercó a una de las personas que residía en el pasillo y pregunto por St James.
La mujer a la que había interrogado le señalo la última habitación del pasillo. Una habitación que estaba repleta de hombres en traje, y con gafas obscuras.
Ella comenzó a caminar hacia el lugar indicado mientras tragaba saliva, y trataba de disimular su miedo.
- Es una habitación restringida. – dijo uno de los guardaespaldas que la detuvo al llegar a la puerta de la habitación.
- Vengo de parte del gobernador, tengo que darle una información importante al señor James. – la chica sabía que decir la verdad no era una opción viable.
En ese momento el mensaje de la alarma llego hasta el auricular que aquel hombre tenía en el oído.
- Voy a tener que pedirle que me acompañe hasta la salida.
Marley recibió con estas palabras la alerta que esperaba y se abalanzo hacia la puerta antes de que la forzaran a irse.
Comenzó a dar fuertes golpes en ella gritando el nombre de Jesse para lograr que la escucharan. Los guardias la tomaron con fuerza y comenzaron a forcejar contra ella para removerla.
- ¿Qué rayos está pasando ahí afuera? – dijo Cassandra al escuchar los golpes.
Ella se acercó hacia la puerta y la abrió de par en par, permitiendo que Jesse reconociera a la reportera que el mismo había contratado.
Jesse avanzo con lentitud hacia la puerta, tratando de ignorar el dolor que le causaba.
- ¡Déjenla! – les grito a los guardias que habían comenzado a arrastrarla por el pasillo. – ella viene conmigo.
En tan solo un instante aquellos hombres obedecieron la orden y soltaron a la chica que aun temblaba a causa de la adrenalina del momento.
Ella corrió hacia la habitación, dejando que Cassandra cerrara las puertas a sus espaldas.
- ¿Quién es ella? – pregunto Cassandra.
- Una aliada – respondió Jesse mirando a la chica con atención - ¿Estas bien?
- Ellos también tienen a mi amigo. Yo estuve en la habitación de los rehenes pero logre salir.
- Eso es de mucha ayuda – dijo Isabelle acercándose – tienes que decirnos todo lo que viste.
- Creo que tengo algo que los puede ayudar mejor.
Todos miraron a la chica con expectativa.
Ella comenzó a sacar de su bolso un paquete con fotografías y las regó sobre la mesa que estaba enfrente.
- Estas fotos son del secuestro hace unas horas. Mi amigo enfoco un tatuaje que todos aquellos hombres tenían en la muñeca. Es una especie de insignia. Si estos hombres pertenecen a la mafia…
- Este tatuaje nos ayudara a saber en qué grupo. – respondió Cassandra. – ya he visto este tatuaje antes.
Esta vez los ojos de todos se dirigieron hacia Cassandra.
- Estos son los hombres de Lee Stone.
- ¿Quién es él? – pregunto Jesse.
- El mafioso más importante de la ciudad. Está a cargo de la costa Este en la unión de italoamericanos. Ahora sabemos quién los tiene. – respondió Cassandra.
- ¿Por qué un grupo de mafiosos está detrás de ti y tus amigos? – pregunto Isabelle.
- No tengo idea.
- Hay algo más. – agrego Marley – investigue lo que me pediste. A esa mujer rubia en la fiesta. Revisamos con mi compañero, al que secuestraron, todas las cintas de seguridad de la fiesta. Y la encontramos a ella.
Jesse miro con atención la fotografía y rápidamente reconoció la máscara que Kitty estaba usando aquella noche.
- Es ella.
- ¿Crees que sea una mensajera? – pregunto Cassandra mirando la foto con atención.
- No es la única vez en la que estuvo presente – dijo Marley – estas son fotografías del día de la explosión en St Royal.
La figura de Kitty capturada por Jeff fue apreciada por todos en aquel lugar.
- Espera un segundo – dijo Cassandra sorprendida. – la conozco.
La cara de Jesse volvió a tomar color cuando su amiga pronuncio estas palabras.
- La conozco. – dijo ella una vez más.
Quinn abrió los ojos lentamente tratando de ubicarse en el lugar, mientras intentaba soportar la luz que le golpeaba los ojos directamente.
A su lado dos sombras borrosas residían de pie, forzando a la chica a reaccionar y comenzar a moverse.
Un fuerte dolor recorrió sus brazos cuando tratar de apoyarse en la camilla en la que estaba para ponerse de pie. Ella recordó instantáneamente lo que había tenido que hacer por ayudar a Jeff y no forzó las heridas que al parecer habían sido controladas en sus brazos. Una serie de cables colgaban a lo largo de su antebrazo. Lo que parecía ser un suero estaba incrustado en su muñeca derecha, y una bolsa de sangre le había sido colocada en el otro brazo.
- No hagas ningún movimiento brusco. Podrías desangrarte de nuevo. – dijo una voz masculina a su lado.
La chica giro la cabeza siguiendo la dirección de aquella voz y trato de ubicar al hombre que le había hablado unos segundos atrás.
- ¿Quién eres? – pregunto.
- Me llamo Joe – dijo él – te pido que no me distraigas por favor. Estoy tratando de salvar a tu amigo, y ahora hago todo lo que puedo.
Al escuchar estas palabras la chica se sentó sobre la camilla y fue entonces que pudo ver todo con claridad.
Sobre otra camilla a su lado, Jeff residía con un color totalmente pálido y sangre en su pecho, mientras Joe parecía estarlo preparando para iniciar una cirugía improvisada.
- ¿Qué es lo que haces? – pregunto ella.
- Tu amigo aún tiene la bala adentro, es inútil detener la hemorragia y comenzar la transfusión si sigue ahí. Necesito sacarla.
Jeff abría los ojos brevemente por momentos, tratando de ubicarse al igual que Quinn unos minutos atrás.
- ¿Puedes ponerte de pie sin que los cables te molesten?
- Eso creo – respondió ella.
- Voy a necesitar tu ayuda.
Joe tenía guantes en las manos y había terminado de bañar el pecho de aquel chico con un líquido de color marrón.
La chica se puso de pie y comenzó a caminar hacia donde estaba Joe, cuidando que las agujas que tenía incrustadas en las muñecas no se forzaran demasiado.
- ¿Vas a abrir su pecho? Ni si quiera lo has anestesiado.
Joe soltó una risa burlona.
- Me dijeron que te salvara a ti y que a él lo tirara en el rio cuando estuviera muerto. No creo que tu amigo les importe mucho.
La chica trago saliva.
- Va a dolerle mucho – dijo Joe mientras los ojos de Jeff comenzaban a llenarse de terror. – pero no dejare que muera.
Quinn miro fijamente al chico que estaba de pie a su lado y pudo ver en su mirada que el mal no había ocupado aquel cuerpo todavía. Unos minutos después, cuando pudo estar más consiente de todo lo que la rodeaba, la chica reconoció las rastas de Joe, que había visto en el hotel unas horas antes.
- ¿Qué necesitas que haga? – pregunto ella.
- Quiero que pongas algo que pueda morder en su boca. No quiero que los demás escuchen sus gritos allá afuera. Háblale de algo que lo distraiga, y trata de calmarlo.
Jeff comenzó a mover la cabeza en negación, haciendo que Quinn lo mirara y comenzara a acariciar su cabello.
- Voy a comenzar antes de que lo perdamos – dijo Joe tomando el bisturí.
Había colocado un tubo en la muñeca de aquel chico tratando de iniciar una transfusión antes de que fuera demasiado tarde. Ahora solo quedaba remover la bala de su pecho.
- Pon algo en su boca. – le recalco Joe a Quinn.
Rápidamente Quinn tomo el suéter con el que había intentado detener la hemorragia de Jeff y lo puso en su boca para amordazarlo.
- Todo va a salir bien – le susurro al chico que la miraba asustado.
El bisturí comenzó a cortar su pecho.
Jeff abrió los ojos de golpe y comenzó a moverse tratando de ponerse de pie, parecía que gritaba estruendosamente, pero gracias a que Quinn lo había amordazado antes ningún sonido salía de su boca.
- Se rápido por favor – dijo Quinn.
- Hago todo lo que puedo – respondió Joe.
- Piensa en otra cosa Jeff. No sé nada de ti, pero, si tienes una novia, o tal vez en tu familia. Piensa en algo que no sea esto.
- Con suerte se desmayara para cuando haga lo siguiente.
- ¿A qué te refieres?
Joe miro hacia Quinn antes de meter su mano en el pecho de Jeff y comenzar a buscar por la bala. Al chico sobre la mesa comenzaron a marcársele todas las venas del rostro debido a la fuerza con la que luchaba contra el dolor.
- La encontré – dijo Joe mientras intentaba sacarla. – solo me tomara unos minutos más.
- ¿Por qué no se ha desmayado aun? – dijo Quinn mientras seguía acariciando el cabello de aquel chico.
- Mala suerte supongo. – respondió Joe concentrándose en lo que hacía.
La rubia miro fijamente al chico que los había ayudado una vez más y supo que no había que temer estando con él.
- Fuiste muy valiente al hacer lo que hiciste – dijo él a Quinn.
- Nunca dejo atrás a las personas que me necesitan.
- A veces es necesario hacerlo.
Ambos compartieron una última mirada antes de que Jeff volviera a apretar los dientes para tratar de gritar.
Cuando la puerta de su casa se abrió y cerró con movimientos sutiles, Kurt se estremeció de pronto, sabiendo que las peleas con su esposo seguirían de manera inminente.
Él trataba de dormir a Ali, quien se había aferrado a su regazo mientras su padre le leía un cuento con la luz encendida. La pequeña había pasado dos horas en compañía de Kurt, sin poder pegar un ojo a pesar de la hora que era.
- Creo que necesitas intentar al menos – dijo Kurt cerrando el libro mientras acariciaba la frente de su hija.
- Mi papá acaba de llegar, lo escuche. Tal vez él quiera leerme otro – dijo la pequeña.
Kurt sonrió asustado y trago saliva mientras abrazaba a su hija y le besaba la frente.
- Siento mucho lo que paso hoy Ali – dijo Kurt – en verdad siento mucho que hayas tenido que pasar por eso.
- ¿La tía Quinn va a estar bien?
- Si, ella va a estar bien. No tienes por qué preocuparte.
Blaine subió al segundo piso y camino hacia la habitación de Ali encontrando a su hija entre los brazos de Kurt. Él sonrió por un momento, y después simplemente mostro indiferencia hacia su esposo.
- ¿Tienes hambre? – pregunto Kurt para romper la tensión.
- Comí en el hospital.
Un nuevo lapso de silencio se apodero de la habitación.
- Si quieres dormir puedo quedarme con Ali – dijo Blaine sin si quiera mirarlo a los ojos.
- Está bien – respondió Kurt sabiendo que ese ambiente no sería nada bueno para su hija – buenas noches preciosa. – beso la frente de Ali antes de salir por la puerta.
Blaine noto de reojo que Kurt se había quedado un instante en la puerta observándolos. Cuando finalmente se había ido, el chico se quitó los zapatos y se subió a la cama para abrazar a Ali.
- ¿Cuál era el libro que estaban leyendo? – le pregunto.
- Ya terminamos cuatro – le dijo ella – puedes tomar uno nuevo.
- ¿Cuatro? ¿Cuánto tiempo llevan aquí los dos?
- No lo sé. No puedo dormir.
- Tienes escuela mañana cielo, tienes que descansar un poco.
- No tengo sueño papi.
- Si te quedas recostada en tu cama, tal vez llegue pronto. ¿Quieres intentarlo?
Ella asintió.
Blaine pasó sus manos por el cabello de la niña un par de minutos.
- Ahora solo cierra los ojos y el sueño llegara solo ¿Si linda?
- ¿Puedes dejar la luz encendida? – inquirió la pequeña cuando su padre estuvo a punto de bajar el interruptor.
- Siempre has dormido con la luz apagada.
- Por favor – le suplico.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué tienes miedo de la obscuridad?
- No le tengo miedo a la obscuridad.
Blaine presto más atención y se sentó al pie de la cama.
- ¿Entonces que pasa cariño?
La niña dudo en hablar por un par de minutos. Después simplemente encontró la confianza necesaria
- Tengo miedo de que esos hombres vuelvan.
- ¿De qué hombres hablas? – pregunto intrigado.
- Los que se llevaron a la tía Quinn y le dispararon a esas personas.
Después de escuchar eso, Blaine se llenó de ira y salió de la habitación dejando la puerta entrecerrada. Camino rápidamente hacia su habitación y se encontró con Kurt sentado en la cama, alistándose para dormir.
- ¿Qué rayos te pasa Kurt? ¿Llevaste a la niña a la conferencia de prensa y pensabas ocultármelo? ¿Por qué no me llamaste y me dijiste que hubo disparos en el lugar?
- No quería…
- ¿Qué? ¿Qué descubriera que una vez más pusiste en riesgo a nuestra hija? Primero tiene que presenciar esa explosión en St Royal y ahora más personas se mueren enfrente de ella. Quiero que me digas exactamente que paso en ese lugar.
- Alguien secuestro a Quinn… Ali estaba con ella cuando paso.
- ¡Pudieron llevársela también Kurt maldita sea! Y a ti no te importo. No te importo sabiendo que era un completo riesgo arrastrarla contigo hasta ese lugar
- No sabía que iba a pasar algo malo Blaine. Lo siento si no puedo predecir cada cosa que me va a pasar en el día.
- ¡Siempre le pasan cosas malas a ellos! No a ti, no a mí, siempre son ellos y no dudaste ni un segundo en arrastrar a Ali hacia sus problemas.
- ¡Ellos son mi familia Blaine! No un montón de desconocidos, tienes que darte cuenta de la diferencia.
- Estoy harto, de soportar todo lo que les pasa sabiendo que no es de mi asunto. Pusieron en riesgo mi carrera, y ahora están poniendo en riesgo a mi familia.
- ¿Qué es lo que sugieres? ¿Qué los haga a un lado justo cuando están pasando el peor momento de sus vidas?
- No sé qué vas a hacer tú, yo si lo hare. Y no voy a permitir que decidas por Ali ir por el mal camino.
- Somos un matrimonio Blaine, no puedes tomar decisiones así nada más.
- Quiero el divorcio.
El rostro de Kurt se puso pálido. Reprimió las lágrimas y simplemente clavo sus ojos en el chico que agachaba la mirada.
- Es obvio que no podemos seguir así. Al menos yo no puedo soportarlo más.
- Sabes que si no estamos juntos nos van a quitar a Ali.
- Hare todo lo posible para arreglar eso.
- ¿Entonces ya estas completamente seguro de esto? – en esta ocasión Kurt no pudo soportarlo y su voz se cortó mientras las lágrimas caían.
- Ni si quiera puedo verte a los ojos.
El chico camino hasta la cama y tomo una almohada para después caminar hasta la habitación de Ali y cerrar la puerta de una manera estruendosa.
Kurt simplemente se tiro en la cama apagando la luz, mientras lloraba en silencio.
La lúgubre mirada de Kurt estaba oculta tras de un par de anteojos de color obscuro, los cuales contaban con una densa nitidez que le permitían mirar con claridad sin que las personas pudieran hacer lo mismo cuando giraban sus ojos hacia él. Había conducido hacia la mansión St James antes de que Blaine despertara y sin haber dejado ninguna nota como aviso. Sabía que no era necesario tener otra pelea como la de la noche anterior.
Al llegar a la gran puerta de aquella propiedad un montón de reporteros se abalanzaron hacia su auto para detenerlo antes de que pudiera pasar por el filtro de seguridad. El chico simplemente hacia caso omiso a todas las preguntas que se escuchaban desde fuera, sabiendo que ninguna tenía en su contexto alguna buena intención hacia la familia. Su amiga estaba perdida, y las personas no se reunían para ayudar. Solo les interesaba saber los detalles de aquel terrible suceso.
Cuando los oficiales de la caseta de vigilancia se acercaron para escoltarlo, Kurt abrió su ventanilla y le entrego una credencial necesaria para que aquellas rejas de abrieran. Una mujer corrió rápidamente hacia él y postro su inmenso micrófono frente a su boca tratando de hacerlo hablar.
- ¿Qué sabe sobre el secuestro de su amiga Quinn Fabray? – pregunto la mujer.
El chico trago saliva y antes de cerrar nuevamente la ventanilla se bajó las gafas y dejo que ella viera los ojos hinchados que tenía a causa de las lágrimas.
- Lo mismo que tu – respondió.
Fue entonces que ella retrocedió sabiendo que no era el mejor momento y el auto de Kurt avanzo en línea recta.
En el comedor de aquel lugar residían tazas de café vacías, y un montón de papeles y fotografías que habían sido usados la noche anterior.
En aquel lugar, Casandra, Sugar, Jesse, Marley y Brody, habían pasado horas buscando por algún dato que les ayudara a encontrar a sus amigos.
Marley no podía quitar de su cabeza el recuerdo del sonido que la había estremecido cuando una bala se incrusto en el pecho de Jeff, sabiendo que había hecho una promesa, que en ese entonces, no pareció tan complicada.
Kurt entro a la habitación haciendo que todos giraran su cabeza y notaran que el chico no estaba en su mejor condición. Se sentó al lado de Sugar y se quitó las gafas, dejando notar su pálido aspecto.
- Kurt ¿estás bien? – pregunto Jesse rompiendo el silencio en el lugar.
- No creo que ninguno de nosotros lo este.
- Puedes regresar a casa, en serio, nosotros vamos a recuperar a Quinn y a Rachel.
- No puedo estar en casa en estos momentos. En serio, puedo manejarlo. Necesito sentir que estoy haciendo algo para ayudar.
Jesse lo miro por unos minutos y después asintió.
- Estamos cerca de encontrarla. – dijo el para inyectar un poco de entusiasmo. – Cassandra ha rastreado a esta mafia desde hace un par de años. La policía les otorga inmunidad debido a los diversos infiltrados que tienen en el sistema.
- ¿Cómo vamos a cursarlos entonces?
- Como siempre lo hemos hecho. No dejando nada en manos de la policía.
- Tenemos una mala experiencia ya por haber tratado de resolver las cosas por nuestra cuenta. – dijo Kurt
- Ahora no hay otra opción – esta vez Cassandra respondió – si llamamos a la policía en estos momentos, para dentro de unas horas, el lugar en el que están escondidos será desalojado por completo. No podemos hacer ruido con esto.
- ¿Qué es lo que me toca hacer? – Kurt insistió.
- Por ahora el plan ya está marcado. En varias ocasiones hemos visto a algunos de los hombres de Lee entrar a un club nocturno a las afueras de Manhattan.
- Supongo que iremos a hacerlos hablar.
- No todos lo haremos – respondió Jesse.
- Jesse y Brody y tú están marcados por ese grupo desde hace mucho. Teniendo contacto con la familia, con la empresa. Es demasiado riesgoso ponernos a todos en un mismo lugar. Sabrían que estamos ahí de inmediato.
- ¿Entonces que procede?
- Marley, Sugar y yo podemos ir bajo el radar. No teníamos contacto con ustedes hasta hace unos días. Seremos las únicas que entremos al club.
- ¿Es seguro hacer esto?
- Son tiempos desesperados – respondió Marley a Kurt. – no eres el único que tiene a su mejor amigo en peligro.
- Se llevaron al compañero de Marley – dijo Jesse al ver que Kurt no comprendía.
- Yo soy buena cuidando de las personas. Créeme, no estaremos indefensas. – dijo Cassandra.
- ¿Qué hay de nosotros? ¿No haremos nada?
- Yo y Brody iremos con Rachel a la prisión. Tengo que saber que se encuentra bien y necesito que él me ayude a pasar desapercibido por toda la prensa. – dijo Jesse. – necesito que hagas algo mientras nosotros dos estamos ahí dentro. Isabelle nos estará esperando en un par de horas. Ella necesita saber a quién se enfrenta para poder ganar la audiencia pasado mañana.
- Solo dímelo. – respondió Kurt.
- Cassandra encontró una dirección a la que necesitamos que vayas.
- ¿De quién es? – pregunto Kurt.
- Encontramos en las cintas de seguridad, a una mujer rubia la cual creemos, está siendo la mano derecha de nuestro enemigo. – dijo Jesse.
- Kitty D. Wilde – dijo Cassandra – ese es el nombre con el que la conozco. ¿Es real? Eso no es seguro.
- ¿Qué necesitamos saber sobre ella?
- Todo lo que sea posible – dijo Cassandra – fue jefa de mi departamento por más de tres años y hasta la fecha no he sabido ningún dato sobre ella, además de su nombre y sus cargos en la institución. Le gusta vivir en la obscuridad.
Kurt estiro su mano para recibir el trozo de papel en donde estaba escrita la dirección.
- Esta es la última dirección que actualizo en el sistema de datos. – dijo Cassandra al entregarla.
- Estoy seguro de que recuerdas como encontrábamos pistas en Lima – dijo Jesse.
- No toques la puerta, siempre estará abierta – respondió Kurt recordando aquellos días en los que irrumpían en cualquier lugar. - ¿Cómo es que regresamos a esto?
Todos guardaron silencio y tomaron aire al saber que sus planes habían sido fijados. Estaban listos para ser ejecutados.
Unos minutos después las personas comenzaron a dispersarse, y Kurt avanzo hacia la cocina a buscar un vaso de agua. Jesse le siguió el paso y se puso de pie a sus espaldas mientras observaba como el chico se recargaba sobre el fregadero mirando hacia la ventana. En tan solo unos momentos el llanto pareció incontenible y simplemente se desmorono mientras desahogaba todo lo que estaba cargando emocionalmente.
Después de meditarlo por un momento, Jesse se acercó hacia él y comenzó a acariciar su hombro mostrándole apoyo.
Kurt sonrió por un momento al darse cuenta que tan incómodo se había tornado el ambiente. Giro la cabeza y limpiándose las lágrimas miro a Jesse agradeciéndole.
- Hicimos un pacto cuando éramos pequeños ¿Sabías eso? – dijo él.
Jesse negó con la cabeza.
- Prometimos que estaríamos juntos siempre. Enterramos una caja en el parque y creímos que con eso bastaría. De hecho salió mejor de lo que esperaba. Pasamos por tantas cosas juntos. La mayoría de las personas deja de hablarse después de la secundaria.
- Sé que esto es difícil.
- Todo parece estar pasando demasiado rápido ¿Sabes? Mi matrimonio está desmoronándose poco a poco, y toda la alegría que tenía hace unos días. Ese… sentimiento de seguridad que tenía al saber que mi vida estaba en perfectas condiciones, hoy parece más bien como un muy mal sarcasmo.
- ¿Qué fue lo que paso con Blaine?
- No lo sé. Lo juro, ni si quiera yo puedo entenderlo – dijo Kurt llorando – y eso no es lo peor ¿Sabes? Porque he estado en situaciones igual de difíciles. Lo que hace esto ser la peor de todas, es que mis amigas no están aquí para ayudarme. Antes no lo había notado, pero ahora lo sé. Los problemas se hacen más pequeños cuando tienes en quien apoyarte.
Jesse trago saliva y después abrazo a Kurt intentando hacer que el chico se desahogara.
- Va a estar todo bien – le repetía Jesse esperando que esas palabras fueran verdad.
Jeff y Quinn habían sido trasladados a la habitación de los rehenes unos minutos después de que el procedimiento de Joe terminara. Él los había acompañado personalmente, poniendo como excusa las guardias que los hombres de Crawford se repartían para vigilar a todas las personas en el lugar.
Mientras Quinn yacía sentada en el piso tratando de recuperar las fuerzas, Jeff seguía inconsciente sobre una camilla con un mejor color que en las horas pasadas.
Todos guardaban silencio. Se habían tranquilizado después del incidente que Quinn les había hecho presenciar. Ahora los rehenes permanecían en el piso con los ojos vendados y la boca atada, sin saber si quiera uno de ellos, que era lo que el futuro deparaba.
Joe se acercó hacia Quinn y la tomo de la mano para poderse sentar junto a ella. La chica dio un salto a causa de la impresión, y después se tranquilizó al recordar que él era el único de los secuestradores que estaba en la habitación. Joe levanto su mano una vez más, esta ocasión lo hizo para quitar la venda de los ojos de Quinn.
- ¿Cómo te sientes? – pregunto él.
- No podría decir que me siento mejor. Pero la herida ya no duele tanto.
Por un momento Quinn no supo que decir. Estaba segura de que la persona sentada a su lado no era peligrosa, pero por alguna razón, estaba envuelto en toda aquella situación que no atraería a cualquiera. Tenía dudas en la cabeza que habían rondado en ella desde el momento en que Joe la ayudo por primera vez. Ahí solos, en esa habitación en la que todos parecían estar demasiado asustados como para prestar atención, la chica decidió interceder.
- ¿Cómo es que alguien como tu está con personas como ellos?
Él no respondió por unos momentos, solamente medito sus palabras.
- Supongo que escogí un camino equivocado. Un callejón sin salida, podría asemejarse más…
Ella guardo silencio esperando que su historia continuara. Tuvo razón.
- Yo era un estudiante de medicina. Una universidad en Boston. Estaba en mi tercer año cuando el dinero comenzó a terminarse. Mis padres son granjeros en Iowa, tenían demasiadas deudas y problemas como para hacerlos sentir peor con mi situación, así que decidí no decirles nada. No recuerdo cuál de todos mis compañeros fue el que me hablo sobre este… negocio, que él había encontrado unos meses atrás. Parecía muy interesante, demasiado tentador. Y en ese momento estaba tan desesperado por conseguir un poco de dinero que ni si quiera pregunte lo esencial. Tocaba las puertas de los chicos de la facultad a las tres de la mañana, ofreciendo la mercancía. A veces había entregas especiales, más grandes de lo normal, a personas desconocidas afuera del campus. Después se enteraron de que estudiaba medicina, y que me había especializado en lo farmacéutico. Fue entonces que decidieron nunca dejarme ir. Desde entonces trabajo para ellos ayudándolos con las sustancias y con algunas heridas que llegan a hacerse en las entregas, no termine la universidad. Ni si quiera he visto a mis padres desde hace años.
Quinn clavo su mirada al piso y dio un respiro profundo. Las historias que se escondían detrás de las personas que te acompañaban día a día eran en algunas ocasiones inimaginables.
- Lo siento mucho.
- Está bien. Supongo que yo me lo busque.
Hubo un silencio momentáneo.
- ¿Y cuál es tu historia… Quinn?
Ella medito esa respuesta por un par de minutos para después soltar una pequeña risa de ironía.
- Supongo que la misma que tu – dijo ella – a excepción de las drogas. Me metí en un juego que nunca pude controlar. Con personas que jamás fueron las correctas.
- Tú no tienes excusa para seguir atada a eso. ¿Por qué no simplemente te vas?
- Es difícil cuando esas personas se convierten en tu única familia. Ellos son lo que me detiene.
- ¿Y desearías que fuera diferente?
Quinn volvió a pensar en esta respuesta por un momento.
- Eso es lo curioso. Si cambiar mi vida y quitar todo lo malo que me ha pasado implicara no haberlos conocido nunca, no creo que sería capaz de hacerlo.
Cassandra estaciono su auto en la calle que pasaba por detrás del club al que se dirigían. Sugar y Marley estaban sentadas en el asiento trasero tronándose los dedos mientras trataban de convencerse de que hacían lo correcto.
La rubia dejo a un lado su atuendo masculino y en esta ocasión había dejado salir un lado más atrevido, el cual, era necesario para que su misión resultara exitosa.
- Arregle las cosas para que pudiéramos entrar por la puerta de Staff – dijo ella – Marley y yo seremos acompañantes, Sugar, tu eres la nueva cantante que contrato el lugar. Solo tienes que estar pendiente de los movimientos que podrás observar mejor desde arriba del escenario, si algo extraño sucede, usas esto.
Ella le entrego a Sugar y Marley un par de dispositivos de audio para poder comunicarse con ellas durante su estancia ahí dentro.
- Vamos a encontrarnos en una hora aquí fuera. Los hombres de Lee tienen todos el mismo tatuaje que apareció en la fotografía de Jeff, así que es fácil reconocerlos. Marley, trata de acercarte a alguno de ellos, platica con el como si estuvieras coqueteando, y cuando se descuide, pones algo en su bebida para poder huir. Cuando se den cuenta de que los drogamos ya estaremos suficientemente lejos.
Las chicas del asiento trasero asintieron decididas a hacer lo necesario para salvar a las personas cuyas vidas estaban en riesgo.
- Espero que hayas traído tu arma – dijo Marley.
- Traje más que eso – respondió la rubia.
Con un sutil movimiento y cuidando de no ser vista saco un maletín plateado de debajo del asiento del copiloto y al abrirlo dejo a la vista tres pequeñas pistolas de las cuales dos, fueron entregadas a sus compañeras.
- Llévenlas bajo el vestido. No es nada extraño que las chicas que trabajan aquí las usen, pasaran desapercibidas. Traten de evitar usarlas, si están en riesgo, solo pídanme ayuda y yo iré a intervenir. Esto no es un juego chicas. Los hombres con los que tratamos son cientos, y nosotras solo somos tres, así que necesitamos asegurarnos de movernos con cautela.
- Ayudaste a mis nervios y te lo agradezco.
Casandra hizo caso omiso al comentario sarcástico de Sugar y bajó del auto haciendo que las otras dos la siguieran.
- Están en Lady's Night – les decía mientras caminaban hacia la puerta – quítense el miedo de la cara y sonrían.
Ellas hicieron caso y fue así como se presentaron al hombre que cuidaba la entrada.
Las chicas llevaban vestidos cortos y resplandecientes que habían sido seleccionados para hacerse pasar por acompañantes del lugar. Marley llevaba una peluca en el bolso que comenzó a ponerse frente a uno de los espejos del Staff al igual que Cassandra, ambas comenzaron a maquillarse mientras daban un vistazo a los alrededores. Sugar había sido llevada a una pequeña habitación detrás del escenario, para cambiarse y maquillarse antes de su presentación.
Cuando noto que Marley estaba perdiendo el miedo, Cassandra se tomó un momento para distanciarse y comenzar una comunicación con las otras personas que las ayudarían aquella noche.
- ¿Estás ahí Kurt? – pregunto ella al cambiar de frecuencia.
- Llegue hace veinte minutos. Pensé que todo se había cancelado.
- Dime que es lo que ves.
- Todas las luces están apagadas. Cortinas cerradas, césped largo.
- Lo pensé. Esa perra no está viviendo ahí. Solo tiene la propiedad para asegurar una dirección.
- ¿Cuál es el punto de entrar entonces?
- Te sorprendería como las mentes de los psicópatas funcionan Kurt – dijo Cassandra – estoy seguro que hay algo en esa casa que podría servirnos.
- ¿Qué tal si tiene algún sistema de seguridad?
- Lo revise antes – respondió la chica mientras avanzaba hacia el club para comenzar a identificar a los trabajadores del mafioso. – ninguna compañía de la ciudad brindo sus servicios a aquella casa. Además si hay cámaras encendidas, lo único que tienes que hacer es decírmelo para que busque la manera de deshacernos de ellas.
- ¿Algún consejo? – pregunto Kurt mientras se quitaba el cinturón de seguridad.
- Usa el intercomunicador lo menos que puedas.
- ¿Por qué?
- Me desconectare en unos minutos. Si tienes que pedir ayuda tendrás que llamar al celular de Jesse para que el me avise. No puedo tener más de dos líneas de comunicación y Marley y Sugar me necesitan más que tú. Así que trata de no meterte en problemas, no necesitamos a otro de los nuestros en prisión.
- Ahora no parece tan mala idea alejarse de todo por un tiempo.
- Hey, no pienses así. Solo atraerás mala suerte.
- Pensé que eras del tipo de personas que no creían en la suerte.
- Y La primera vez que yo te vi a ti pensé que eras hetero.
Kurt sonrió por primera vez en todo el día mientras cruzaba la calle.
- "Suerte" Cassandra.
- Cuídate – le dijo ella antes de cancelar su comunicación.
Cuando giro la cabeza pudo ver que Marley se había terminado de arreglar y ahora estaba a sus espaldas. La chica se acercó sutilmente para susurrar algo en su oído.
- No nos conocemos. Ni si quiera me mires por mucho tiempo – dijo la rubia – ahora encuentra a uno de los tatuados y apégate al plan.
Marley se quedó sola en cuanto Cassandra comenzó a bajar las escaleras para alejarse de ella. Recordó entonces la imagen de Jeff cayendo al piso en aquella mañana en el Plaza. El valor que necesitaba para hacer que esto funcionara, llego instantáneamente. Lentamente, mientras bajaba los escalones hacia la planta baja del club, tocaba gentilmente el arma que tenía bajo el vestido para sentirse un poco más segura.
Jesse comenzó a caminar por los pasillos de la prisión arreglándose el traje y preparándose para ver a Rachel, sabiendo que la imagen que estaba a punto de presenciar no sería nada placentera. Brody le seguía el paso cargando en la mano las credenciales de visitantes y los documentos que debía entregar a Isabelle, referentes al juicio y las siguientes audiencias.
La abogada de los St James estaba ya en el lugar cuando ellos entraron a la sala de visitas.
Ambos se sentaron a su lado y esperaron con paciencia a que Rachel saliera.
- Todo parece estarse complicando ¿cierto? – dijo Jesse a Isabelle para romper el silencio.
- Somos expertos en arreglar – dijo ella – su padre nos contrató en peores situaciones, créame. Tendremos esto bajo control.
Confiando en sus palabras el chico asintió con la cabeza y dejo de preocuparse en la manera que lo hacía. Brody le brindo una sonrisa tranquilizante que ayudo a liberar la presión.
Un ruido ensordecedor se presentó en la habitación, cuando la puerta de seguridad que conectaba a aquella sala con la prisión se abrió para dejar salir a Rachel, acompañada de un oficial.
Jesse contuvo la carga de sentimientos que lo abordaba en aquellos momentos, y simplemente se sentó rectamente. Cuando Rachel logro llegar a la mesa tomo la mano de su esposo fuertemente y comenzó a derramar lágrimas de felicidad.
- Creí que no te iba a ver muy pronto. Estaba demasiado asustada, me entere de todo lo que sucedió.
- ¿De todo?
- Lo que paso con St Royal, la explosión. En verdad estuve demasiado preocupada.
En ese momento Jesse se tranquilizó al saber que Rachel no tenía idea de lo que había pasado con Quinn. Sabía que su reacción ante la noticia no traería nada bueno.
- No tienes por qué estar preocupada, todo estamos bien. Además, justamente hace unos minutos Isabelle me estaba diciendo que tiene todo bajo control.
- Una de las cláusulas en la petición que hare al jurado para hacer del procedimiento algo más rápido y con transparencia, implica posponer la fecha una semana más.
Rachel suspiro profundamente al escuchar esas palabras.
- ¿Por qué necesitamos hacer eso? – pregunto Jesse sorprendido
- Hay que ganar tiempo. Necesitamos desacreditar todas las pruebas que supuestamente tienen contra ustedes, y no podemos hacerlo en un día.
- ¿Qué beneficios asegura al hacer esto?
- Podre estudiar mejor el caso, y estaré preparada en la audiencia. Créame es la mejor opción.
En aquellos momentos en los que Jesse pensaba en una respuesta para Isabelle, Kurt estaba rodeando la casa en busca de algún lugar en donde pudiera entrar. Al llegar a la parte trasera como su linterna y encontró que la ventana que daba al sótano no estaba cerrada en su totalidad.
Haciendo a un lado todos los malos pensamientos, el chico se puso en cuclillas para después comenzar a arrastrarse hasta ella, y entrar de una manera poco convencional. Dio un salto dentro del sótano y se encontró con una penumbra total ahí abajo.
Su pequeña linterna no fue suficiente para alumbrar su camino, y lentamente comenzó a dar pasos pequeños teniendo su teléfono celular delante de el para alumbrar el camino. Parecía que estaba dentro de una película de horror. Solamente que en esta ocasión, en realidad había alguien tratando de matarlos a todos.
La piel de Kurt se erizo cuando un sonido estruendoso resonó a sus espaldas. La ventana se había cerrado de manera abrupta dejando al chico helado.
Una vez más tomo aire y recordó que esta era una tarea importante. Siguió dando pequeños pasos.
Giro su teléfono en forma circular mientras él hacía lo mismo sobre su propio eje. El lugar estaba completamente vacío. Tal y como Cassandra lo había predicho, había muebles ahí abajo cubiertos con sábanas blancas que indicaban cuan deshabitado estaba ese lugar.
El chico logro ver cerca unas escaleras y comenzó a subirlas lentamente hasta toparse con una puerta. La abrió siendo cuidadoso y se encontró con uno de los pasillos de la casa, en el cual, la visibilidad era mejor, pues la luz de la luna ayudaba a no quedarse por completo en penumbras.
Vio rápidamente otras escaleras que guiaban hacia el segundo piso. Con un poco más de seguridad, y sin perder la discreción, comenzó a subirlas para buscar en aquella planta.
La mayoría de las puertas estaban cerradas, fue por esto que Kurt siguió avanzando hasta encontrar solo una abierta. Al empujarla, entro a lo que parecía ser una de las habitaciones en el lugar. La cama estaba cubierta por una gran sábana blanca al igual que los demás muebles, pero fue la intuición del chico, la que lo hizo ponerse de rodillas y comenzar a buscar por alguna pista en los muebles.
Al localizar una caja de cartón bajo la cama, no dudo en sacarla y comenzar a hurgar en ella. Lo primero que pudo ver dentro con la poca luz que su teléfono celular le brindaba, fue una fotografía, puesta en un marco.
Se quedó boquiabierto ante la imagen que estaba presenciando, y rápidamente sintió la necesidad de informarlo a sus compañeros.
- Tiene que ser una broma – dijo el chico.
Uno de los hombres de Crawford abrió la puerta y encontró a Joe sentado en el piso junto a Quinn mientras los demás rehenes residían en el piso, sin hacer nada más que temblar.
- Ella quiere verla – dijo éste a Joe señalando a Quinn. – rápido.
La mirada de Quinn se llenó de desconcierto al no saber de qué hablaban, Joe la ayudo a ponerse de pie y ambos comenzaron a caminar hacia la puerta.
- ¿Qué está pasando? – pregunto ella disimuladamente.
- Necesitas mantenerte tranquila. No hagas nada estúpido ¿sí? Con suerte solamente quieran hacerte preguntas.
- ¿De qué hablas? ¿Quiénes?
- Solo ve. – respondió Joe brindándole una mirada amable.
El otro de sus compañeros tomo a Quinn y abrió una de las puertas en el pasillo para hacerla entrar en una habitación vacía. Esa habitación parecía un poco más agradable que la anterior, había varias sabanas en el piso y un par de velas alumbraban, debido a que las lámparas del techo estaban rotas.
Al final del pasillo el sonido de un par de tacones hizo que todos los hombres abrieran paso, y comenzaran a abandonar el lugar. Joe volvió a entrar a la habitación con los rehenes, observando como Kitty se ponía frente a la puerta de la habitación en la que habían puesto a Quinn.
La rubia le brindo una mirada fría, haciendo que él cerrara la puerta a sus espaldas. Finalmente, estando sola en el lugar, Kitty abrió la puerta y entro para estar con Quinn.
Cuando la chica con la cicatriz en la muñeca vio a la mujer que había entrado por la puerta, solamente se limitó a guardar silencio y clavar su mirada en algún otro lugar.
- No estoy aquí para matarte Quinn – dijo Kitty mientras cerraba la puerta – puedes quitar esa cara.
- ¿Quién eres?
- Eso es lo que quiero contarte. – dijo la chica. – pero no basta con solo saber el nombre de una persona ¿cierto? Necesitas saber su historia. ¿Qué pensaría alguien si se le mencionara el nombre de Quinn Fabray? ¿Un caso perdido en la lista negra de Lima? ¿Una fracasada que recibió las sobras de su amigo en una empresa de ropa? Pero ellos no saben por todo lo que has pasado. No saben que gracias a ti que esos ilusos siguen vivos. Siempre fuiste la fuerte del grupo ¿cierto? Valiente.
- Se mi historia. ¿Por qué no empezamos con la tuya?
- No hay problema. Solo que debes saber, Quinn. No es demasiado agradable.
- ¿Eres tú la que está haciendo todas estas cosas a mis amigos?
Kitty soltó una risa burlona y miro a Quinn con indiferencia.
- No tienes idea. Pero no te sientas mal. A veces la ignorancia es en verdad un privilegio.
- No creo que este sea el caso. Quiero saber todo.
- Debería empezar presentándome – dijo Kitty mientras se recargaba en el escritorio que estaba en aquel lugar – soy Kitty. Kitty DelMonico.
En ese momento Quinn se quedó completamente asombrada.
Kurt tomo la fotografía de Kitty con Terri y Kendra, que había encontrado y la metió en uno de sus bolsillos alistándose para salir del lugar. En ese momento las luces se encendieron, todas al mismo tiempo, dejando a Kurt completamente helado. Unos pasos se escucharon al final del corredor, obligando al chico a esconderse debajo de la cama junto con la caja.
Kendra estaba entrando a la habitación en aquellos momentos, con un arma en la mano que Kurt pudo ver desde el reflejo de uno de los espejos.
Marley encontró a uno de los hombres con el tatuaje, sentado en la barra observando a una de las bailarinas que estaban sobre ella. Tomo valor y finalmente se sentó a su lado sonriéndole seductoramente.
- ¿Quieres un trago? – pregunto él mostrándose interesado.
- Solo si te lo tomas conmigo. – respondió ella.
Cassandra la estaba observando desde lejos, mientras ella se había sentado en una de las mesas acompañada de dos mafiosos más.
- ¿Vienes muy seguido?
- Casi todas las semanas. Cuando el trabajo no es demasiado.
- ¿A qué te dedicas?
- Si viniste a este lugar, debes saber por seguro que es lo que hago en mi trabajo.
Ella sonrió para ocultar su nerviosismo.
- Digamos que soy un comerciante. Si eso te hace sentir más cómoda.
- No tengo ningún problema con tu… profesión.
El soltó una risa burlona.
- Hey, ¿Por qué no tomamos el coctel en uno de los cuartos privados allá atrás?
- Solo si prometes hablarme más de ti.
- Te daré todos los detalles – susurro ese hombre a su oído.
Marley lo tomo de la mano y ambos comenzaron a caminar hacia uno de los pasillos laterales del club.
Mientras tanto, en el escenario Sugar se preparaba para comenzar su parte de la tarea.
Se puso frente al micrófono tan pronto como el reflector la ilumino, y comenzó a cantar una canción lenta de Jazz mientras observaba todo el lugar disimuladamente.
- ¿Eres hija de terri? – pregunto Quinn desconcertada.
Una sonrisa hipócrita volvió a pintarse en el rostro de Kitty.
- Algo parecido. – dijo ella.
En ese momento la chica avanzo hacia Quinn y acorto la proxemia entre ambas para lograr hablar mejor. Parecía que se había desinhibido por completo de la tensión que crecía en el lugar.
- Mi madre, Kendra, a quien ya pudiste conocer, es su hermana. Eso me hace la sobrina de Terri. Pero en realidad Quinn, no estuviste tan desacertada. Mi tía y mi madre me criaron juntas. Así que el título de madre es mutuamente compartido.
- Así que ahora solo buscas vengarte.
- Es más complicado que eso. – la mirada de Kitty parecía comenzar a centrarse en el rostro de Quinn – tienes que saber la historia completa.
- ¿Y qué te hace creer que yo voy a confiar en que todo lo que digas es verdad? Después de todo trataste de matar a mis amigos.
- En estos momentos estoy siendo honesta. Por eso puedo asegurarte que para cuando el sol se oculte mañana tú no estarás viva. No te mentiré, en realidad vas a morir. Y es por eso Quinn, que creo que al menos mereces saber porque.
- Eres tú la testigo que Kendra va a presentar en la audiencia ¿cierto? ¿Tú eres la que dice haber visto como Torturamos a Terri hasta la muerte?
- Sé que las cosas no pasaron así Quinn. Pero eso no los hace menos despreciables. Al menos para mí.
Quinn se acercó hacia Kitty y comenzó a dar pasos rodeándola en la habitación.
- Te escucho – dijo unos minutos después. – dímelo todo.
Kendra comenzó a rodear la cama de la habitación mientras daba pasos pequeños. Kurt se cubrió la boca con la mano rogando en esos momentos que la mujer no pudiera verlo.
La rubia camino hacia el baño que estaba dentro de la habitación y se tomó un tiempo para revisar los closets que había dentro. Después en un momento de desesperación, comenzó a tirar todas las cosas que estaban en cajas ahí dentro para buscar al intruso que había irrumpido en su hogar. Aun sostenía con fuerza el arma en sus manos. Estaba lista para disparar.
Dio un par de pasos más para salir del baño, y comenzó a rodear la cama una vez más. Quitándole el seguro a la pistola, se puso en cuclillas lentamente y alzo la sabana que cubría la parte inferior de la cama.
Solamente encontró la caja con objetos escondida ahí abajo, haciendo que de inmediato volviera a levantarse. En ese momento, un ruido de algo cayendo al piso se escuchó en el primer piso.
Kurt había aprovechado de manera correcta los minutos que Kendra había pasado dentro del baño buscando en los closets. El chico estaba ahora bajando las escaleras del sótano, para poder salir por el mismo lugar por el que entro.
Kendra bajo corriendo las escaleras, reconociendo de inmediato la localización de un par de libros tirados en el piso, debajo de la mesa colocada junto a la puerta del sótano.
La mujer corrió hacia ella y la abrió para después comenzar a bajar las escaleras, buscando por un interruptor para alumbrarse.
Kurt no pudo abrir la ventana, estaba ahora escondido entre un par de cajas mientras observaba la tenue luz del pasillo colarse por las rendijas de la puerta. Kendra daba pasos lentos con el arma lista para atacar. Miraba cuidadosamente hacia todos los lugares.
- Cubre a Marley, Sugar – dijo Cassandra usando su auricular para comunicarse con la chica que cantaba sobre el escenario.
Sugar la miro por un momento y de esa manera Cassandra supo que la había escuchado. Al término de la canción la chica bajo del escenario y corrió hacia el mismo pasillo por el cual Marley había entrado con el hombre de la barra.
- Y cuéntame, ¿Cómo es el temible Lee en persona? – pregunto Cassandra al hombre que la tenía sentada en sus piernas.
- Parece que la leyenda no era tan cierta como todos alardeaban.
- ¿A qué te refieres?
- ¿Qué? ¿No te enteraste dulzura? El gran Lee está muerto, ya no trabajamos más para él.
La cara de Cassandra lucho por cubrir su sorpresa, y guardar la curiosidad.
- No sabía nada sobre esto. Cuéntame más.
- Ahora trabajamos para otro hombre. Un magnate, ya sabes, al estilo Wall Street.
- ¿A si? ¿Quién es él?
- No creo que tenga permiso para hablar sobre estas cosas. Podrías ponerte en peligro si sabes algo demás.
- Le perdí el miedo a los mafiosos hace mucho tiempo.
- Bueno, tú obviamente no has conocido a mi nuevo jefe.
Ella fingió una sonrisa mientras descifraba aquellas nuevas noticias en su cabeza, tratando de darles conexión con lo que había pasado en la vida de Jesse los días pasados.
- Necesito ir al baño. ¿Me esperas aquí?
Él asintió mientras Cassandra se alejaba.
Marley estaba ahora con el hombre en uno de los cuartos privados detrás de aquel lugar.
- Entonces, ¿Estás listo para contarme más sobe ti? – le preguntaba Marley.
- Estos cuartos no se hicieron para hablar cariño – dijo él mientras cerraba la puerta.
- Tú lo prometiste. Íbamos a hablar, antes de ocuparnos en lo demás.
- Digamos que no soy un chico muy hablador.
Después de decir esto él se lanzó sobre Marley tomándola de la cintura mientras la besaba en el cuello. La chica comenzó a forcejear por tirárselo de encima, alejando su cuello a cada oportunidad que él tenía para comenzar a besarla.
- ¡Suéltame! – los gritos de Marley fueron escuchados por Sugar al otro lado del pasillo.
De inmediato se levantó el largo vestido que tenía puesto y comenzó a correr para auxiliarla.
Fue entonces que un disparo en seco se escuchó en todo aquel lugar. Proviniendo, justamente de aquella habitación.
Cuando Sugar estuvo fuera, con miedo implantado en sus ojos, abrió la puerta de un empujón. Marley estaba de pie con las manos cubiertas en sangre y lágrimas en los ojos, mirando al cuerpo del hombre que había disparado.
- Necesitamos irnos de aquí. – dijo Sugar tomándola de la mano.
- Creo que lo mate – le decía Marley estando en shock – solo quería defenderme, pero, creo que ahora está muerto….
- ¡Marley necesitamos irnos! – Sugar le grito fuertemente tomando de la cara.
La chica asintió y tomó a su amiga de la mano para que después ambas comenzaran a correr hacia la salida.
Mientras huían Marley se quitó la peluca y los tacones, para lograr una mejor agilidad. En la puerta del Backstage, Cassandra estaba esperándolas para correr hacia el auto y salir del lugar sin ser vistas.
Las tres empujaron la pesada puerta al mismo tiempo y comenzaron a correr por el callejón hacia la calle trasera.
En ese momento, cuando su escapatoria parecía más factible que nunca, todas las esperanzas se desvanecieron de repente. Los mafiosos que estaban dentro las habían rodeado con armas en las manos, haciéndolas detener su paso de una manera abrupta.
- Sabía que había algo extraño en ti – dijo el hombre que estaba con Cassandra mientras le apuntaba hacia la cabeza – las putas usualmente no hacen tantas preguntas.
- ¡Sal ya! – grito Kendra mientras revisaba los alrededores en aquel obscuro sótano. – no me gustan las ratas vagando por mi casa.
Tomando el valor necesario, Kurt tomo uno de los candelabros que estaban en las cajas ahí abajo y golpeo a Kendra en la cabeza dejándola tirada en el piso.
Se quedó mirándola por un momento, pero al ver que comenzaba a moverse, corrió hacia la salida principal y después hacia su auto. Cuando entró, sin ningún impedimento, piso el acelerador y se alejó cada vez más rápido de aquella casa.
Cuando logro recuperar el aliento, tomo su teléfono celular y llamo a Jesse.
- ¿Hola? – respondió él en la otra línea.
- Sé quién es la rubia – dijo Kurt aun alterado – es un familiar de Terri, son ellos quien están detrás de nosotros Jesse. Los DelMonico, buscando vengarse.
- ¿Estás bien?
- Sí, estoy bien. Voy hacia la mansión, te veo ahí en un par de horas.
Jesse colgó el teléfono y giro la cabeza para encontrarse con las caras de sorpresa de las tres personas con las que estaba, aun en la sala de visitas.
- Creo que encontramos algo – dijo a Isabelle mirándola un poco entusiasmado.
Kitty seguía parada mirando a Quinn fijamente.
- Cuando tenía cinco años, mi padre trato de violarme. Era un alcohólico. Golpeaba a mi mama casi todos los días, y cuando no lo hacía simplemente la insultaba. Llegaba solo por las noches, pero eso era suficiente. Había veces en las que en realidad estaba demasiado asustada, que me metía debajo de la cama, y esperaba a que me quedara dormida. Sabía que ahí abajo estaría más segura.
Quinn estaba sorprendida de que el rostro de Kitty no reflejara nostalgia alguna. Parecía más bien, una fría sonrisa que se había formado en base al dolor.
- La noche en que trato de violarme, mi madre no pudo soportarlo más, y le dio diez puñaladas en la espalda. Mi tía llego a la casa esa noche, después de que mi madre le llamara. Limpiamos todo y huimos. ¿Has escuchado de un pueblo en Alaska llamado Seldovia?
- No – respondió Quinn.
- Por suerte, casi se me olvida que alguna vez viví ahí. La policía no pudo encontrar pruebas. Todo fue idea de mi tía. Aun si alguien hubiera estado buscándonos, pasaron años en los cuales nos mudábamos cada seis meses. Hasta que finalmente, ella encontró a un hombre que nos sacó de tantos problemas.
- Ryan James – dijo Quinn.
- Ryan le dio todo a ella. Todo lo que le pedía, incluso cosas que no. Y fue así que mi madre y yo llegamos a tener una oportunidad de hacer todo una vez más. Cuando Ryan le conto a mi tía el plan que tenía para quedarse con la herencia de su hermano, ella no dudo en participar. Además de ser de mi familia, ella también era mi amiga. Me enseño a estudiar a las personas y moverlas a mi conveniencia. Es un don, cuando sabes cómo usarlo correctamente.
El rostro de Quinn comenzó a temer después de ver indicios de nulas emociones en el rostro de aquella chica. Era como si no sintiera nada al hablar tales argumentos.
- Me contaba todo lo que estaba estipulado, pero pronto se dio cuenta de que ese plan tenía muchas fallas. Unos meses después conoció a Rick, un hombre mucho más listo, más amable, y seguramente más ambicioso que Ryan. Fue entonces que un nuevo plan surgió.
- Y mira como termino.
Una mirada de odio fue dirigida hacia Quinn.
- Aquella noche yo estaba escondida en el closet de Rachel ¿sabías? Mi tía quiso que hubiera una testigo por si alguno de ustedes lograba escapar. No seriamos tan tontos como Ryan e intentaríamos cazarlos hasta asesinarlos, nosotros íbamos a meter a prisión a cualquiera que huyera del lugar.
- Entonces si sabes que es lo que realmente paso.
- Ella estaba embarazada. Fue lo que en realidad me hirió.
- No pareces estar lastimada – dijo Quinn.
Una sonrisa aún más fría se pintó en los labios de Kitty.
- ¿Sabes que fue lo primero que me llamo la atención de ti?
Quinn se quedó en silencio.
- Fueron tus ojos. Siempre, me parecieron tan valientes. Los vi aquella noche, y no volví a verlos hasta que te vi caminando hacia el Plaza el día de la conferencia. Ahora, a pesar de todo lo que ha pasado, siguen teniendo ese valor.
Una peculiar tensión comenzó a crearse en aquel lugar.
Kitty avanzo lentamente hacia el escritorio y abrió un cajón para después sacar una bolsa de él.
Había un vestido de color negro, que comenzó a desdoblar.
Lentamente la chica se bajó el cierre del vestido que tenía puesto quedándose solo en su ropa interior y los altos tacones que usaba.
Quinn no pudo evitar mirar fijamente su cuerpo muy bien formado. Era una chica demasiado bella debajo de toda esa ropa. Kitty se soltó el cabello y giro la cabeza para mirar a Quinn. La tensión sexual del momento creció de una manera inesperada.
- Entiendo porque te gustan solo las mujeres – dijo Kitty acercándose – los hombres siempre terminan traicionándote. Si no te golpean, o tratan de abusar de ti. Te disparan en la cabeza. – continuo haciendo referencia a las historias de su familia.
- No todos son iguales.
- ¿Por qué los defiendes? – inquirió – las caricias de una mujer son iguales – decía mientras recorría su mano por su mejilla – las palabras pueden ser las mismas. La fortaleza es la misma. Los besos…
Dejándose llevar por la belleza de Kitty, Quinn comenzó a besarla lentamente mientras la tomaba de la cintura.
Fueron momentos, en los que la razón no tenía cabida. Eran solo los impulsos los que predominaban en el lugar.
Fue entonces que en un momento de noción de la realidad, Quinn recordó con quien estaba tratando. Tomo el arma que estaba incrustada en la ropa de Kitty y le apunto en la cabeza.
La otra rubia se separó de ella de inmediato y le brindo una risa burlona.
- No tiene balas – dijo mientras caminaba hacia atrás.
Uno de los hombres de Crawford toco a la puerta indicándole a la chica que su jefe quería verla.
- Iré en un momento – dijo Kitty sin dejar de mirar a Quinn.
Se puso el vestido que había sacado de la bolsa y se volvió a atar el cabello antes de abrir la puerta.
- ¿Lo ves? No es tanta la diferencia. También las mujeres traicionan.
Quinn se quedó dentro de la habitación, aun tratando de asimilar todo lo que había pasado.
- ¿Qué sucede? – pregunto Kitty al estar frente a Crawford.
- Mis hombres tienen compañía – dijo Entregándole el teléfono que tenía en las manos.
- ¿Qué sucede? – pregunto Kitty.
- Hay unas chicas aquí que parecen estar muy interesadas en nuestro pequeño grupo – dijo el hombre que apuntaba a Cassandra - ¿quieren que me encargue de ellas?
- Diles que llamen a Jesse St James. No me sirven de nada muertas.
El chico puso abajo el teléfono y se acercó a Cassandra.
- Es tu día de suerte amor – dijo él – solo necesito que llames a Jesse y podrás largarte.
Sugar y Marley se miraron mutuamente sin saber que ocurría.
- Está en la línea – dijo el hombre a Kitty cuando Jesse contesto el teléfono.
- Ponme en alta voz y dile que haga lo mismo – dijo Kitty.
La chica cubrió el teléfono y miro a Crawford para dirigirse hacia él.
- ¿Querías a Jesse St James? Ahora es tu oportunidad. Pide un intercambio. Y después es todo tuyo.
Crawford acepto sin duda aquella propuesta. Kitty le entrego el teléfono.
- ¿Qué ocurre Cassandra? – la voz de Jesse sonó en el altavoz.
- ¿Quieres recuperar a tu amiga y a los demás rehenes? – dijo Crawford del otro lado de la línea. – solo tienes que hacer una cosa.
- ¿Quién habla? – pregunto Jesse tragando salvia.
- Soy Martin Crawford, ese empresario al que tratabas de impresionar unos días antes. No busques más por mí, Jesse. Solo necesito saber si te interesa mi oferta.
- ¿Cuál es?
- Tú por Quinn y todos los rehenes. Vamos a hacer un intercambio.
Jesse se quedó sin habla por unos momentos, pero al mirar los ojos confundidos de Rachel frente a él, no pudo imaginarse diciéndole que había sido su culpa, el que su mejor amiga hubiera muerto a manos de secuestradores.
- Acepto – dijo Jesse haciendo que Cassandra se lamentara. – vamos a hacerlo.
