Disclaimer: Estos increíbles y maravillosos personajes de Inuyasha no son míos, sino de la grandísima Rumiko Takahashi.

Aviso: Este fic participa en el Reto del mes de Julio "Parejas: Sesshomaru y Rin" del foro "Hazme el amor"

Verbo sorteado: Robar

Número de palabras: 2.624 (según Word)


Piel nívea y tersa. Labios finos. Mandíbula cuadrada y marcada. Y un pelo plateado -igual de extraño que sus ojos- que promete ser extremadamente suave y sedoso. ¿De dónde ha salido este exuberante hombre? Por más que intento apartar mi mirada de él, no puedo. Es como si me tuviese hechizada completamente. Además de que, cuando nuestra línea de ojos se cruzan, siento un hormigueo en mi vientre. Está recargado en la pared con los brazos cruzados sobre su pecho. A diferencia de sus compañeros, él tiene puesta una camiseta de manga corta que le marcan a la perfección todos sus músculos bien definidos. Claro, el jersey me lo dio a mí para que me tapara.

Ya es de noche y aún seguimos aquí encerrados. Muertos de sed y de hambre. Miro el gran reloj que hay colgado en la pared del fondo y marcan las 10:14 h. Llevamos en la joyería unas seis horas aproximadamente.

La policía ha llamado dos veces al teléfono del local y han intentado negociar con los ladrones. Mejor dicho con el hombre que me tiene cautivada. No han conseguido nada. Pero lo que más me ha sorprendido es la fluidez y confianza con la que le hablaba a uno de los inspectores. Al parecer ya se conocían de antes.

Quiero preguntarle muchas cosas. Llevo un rato debatiéndome conmigo misma si levantarme o no para acercarme a él. Y he decidido que lo voy a hacer. Además de que siento una atracción que me grita que me aproxime y me quede a su lado. Es algo que me tira inconscientemente. Así que me levanto con cautela.

- ¿Qué haces? – me chilla el hombre bajito.

Es bastante feo: tiene la piel oscura y se le comienzan a ver algunas arrugas. Es calvo y sus ojos marrones son enormes.

- Solo quiero hablar con él – le susurró señalando al de ojos dorados que vuelven a mirarme.

- No tienes nada de qué hablar con él, mocosa – me reprende el hombre como si fuese su hija – Nadie te ha dado permiso para levantarte, así que…

- Déjala – interrumpe el chico de cabellera plateada. El hombre calvo abre y cierra la boca un par de veces con la intención de decir algo, pero al final opta por callarse.

Nerviosa como nunca antes había estado, me acerco al de mirada cautiva, quien se muestra impasible y muy quieto. Cuando estoy a su lado, huelo su fragancia varonil. Huele bien. Corroboro mentalmente. Todas las preguntas que había pensado se han disipado de repente. Este hombre obstruye mis pensamientos y me deja perpleja. De repente, sus ojos vuelven a mí e inconscientemente, dejo escapar una bocanada de aire.

- ¿Qué quieres? – me pregunta con su voz tan seductoramente grave. Yo parpadeo un par de veces intentando despejarme de mi ensoñación.

- Eh… Quería… quería preguntarte unas cosas - ¿me dejará hacérselas? Normalmente, y según las películas, los ladrones tratan mal a los rehenes y no les dejan hacer lo que yo le estoy pidiendo. Pero algo en su mirada me dice que él siente más o menos lo mismo que yo por él. Estoy segura. Conectamos de una manera muy extraña pero a la vez placentera.

- ¿Qué? – vuelve su mirada al frente.

- ¿Por qué os habéis quitado el pasamontañas? ¿No tenéis miedo de que os descubran?

- No, no lo tenemos.

- ¿Por qué?

- Porque, cuando escapemos de aquí, desaparecemos – me mira de nuevo y puedo vislumbrar una pequeña sonrisa. Diminuta, mejor dicho. Pero sigue estando igual de guapo.

¿Desaparecer dice? ¿Pero de qué habla? ¿Es que está loco? Me río de mi misma. Yo también he soñado con desaparecer. Escaparme de mi vida: antes quería desaparecer del centro de acogida para menores. Luego del piso donde vivía con dieciocho años. Y ahora del trabajo. El de ojos cautivadores no está tan loco como creía. O quizás sí y yo también lo estoy. Suspiro.

Me recargo en la pared junto a él. La sensación de paz que irradia me tiene absorta. Me encantaría sentirme así de bien todos los días de mi vida. Pero sé que nos separaremos y que nunca más lo voy a volver a ver. Me da una punzada en el pecho al pensar en eso.

De repente, un hombre se levanta como un resorte. Es alguien de mediana edad con la típica barriga cervecera. Está sudando muchísimo.

- Ya no aguanto más – dice desesperado - ¡Necesito salir de aquí! – grita haciendo gestos exagerados con las manos.

- Quédate dónde estás – le sisea el chico que casi siempre habla.

Ahora que me fijo, se parece al de ojos cautivadores, aunque éste tiene los ojos de color gris oscuro y el pelo negro. ¿Serán parientes?

- ¡No! – vuelve a chillar. Parece que se ha vuelto loco – Dejarnos salir. Al fin y al cabo estáis perdidos. No tenéis forma de escaparos. ¡Dejarnos salir! – repite comenzando a caminar hacia la salida.

Y como si todo estuviese a cámara lenta, veo que el hombre que ha estado a punto de abusar de mí, saca su pistola y apunta hacia el desesperado.

- ¡No! – grito corriendo hacia él con la intención de detener lo que va a hacer. Pero el de ojos dorados me agarra de la cintura parándome abruptamente. Entonces, el hombre dispara sin piedad.

Todo el mundo comienza a gritar y yo solo puedo ver como el cuerpo del desesperado se desploma lentamente en el suelo. ¡Oh, Dios mío!

- ¿Tú eres gilipollas, Naraku? – le dice el chico de siempre. Ese desgraciado se llama Naraku. Un nombre igual de escalofriante que él.

- Cállate – le sisea el chico que me tiene agarrada posesivamente. Al parecer no debían desvelar los nombres.

- No, Sesshomaru, no me calmo. Este desgraciado nunca hace lo que le decimos. Siempre empeora las cosas. Primero intenta abusar de ella y ahora dispara a este hombre. ¿Qué coño está haciendo? – parece que está fuera de sus casillas.

Sesshomaru…

El nombre resuena en mi cabeza una y otra vez. Sé su nombre y, no sé porque, me siento más contenta de saberlo. Pero toda la alegría se aplaca. No puedo apartar los ojos del hombre que yace en el suelo quejándose del dolor y con la respiración entrecortada.

- Suéltame – le interrumpo en un susurro a Sesshomaru. Me mira – Suéltame – le repito. Poco a poco va aflojando su brazo de mi cintura. Noto como la calidez de su brazo va desapareciendo. Y no me gusta, pero ahora tengo que atender al pobre hombre herido.

Desabrocho la americana del traje gris claro y levanto su camisa blanca. Por suerte, la bala se ha incrustado lejos de los órganos. Pero debo cuidar que no se desangre ni se infecte la herida. Y sé cómo hacerlo. Mi padre era médico y me enseñó algunas cosas. Lo echo mucho de menos.

- Necesito unas… tijeras – tijeras irán bien para extraer la bala. Hitomi se levanta rápidamente, las va a buscar y me las trae – Gracias – le susurro – Necesito que le aguantéis de los brazos y las piernas para que no se mueva – el que se parece a Sesshomaru y otro más acuden a mí y hacen lo que les digo – Esto le va a doler – le informo al pobre hombre, quien asiente. Éste, coge la corbata y la empieza a morder. Allá vamos.

Me mata escuchar los alaridos del hombre. Odio la sangre además, pero aquí estoy, haciendo lo posible para que no haya ningún muerto. Detesto la muerte y aún más, que alguien muera delante de mí. No podría soportarlo. Así que hago todo lo posible para sacarle la bala del abdomen. Y lo consigo.

- Ya está – el pobre hombre está sudando frío y está más blanco que el papel. Parece que se va a desmayar en cualquier momento – Necesitamos parar la hemorragia. Aunque sea un poco – veo que nadie hace nada - Se va a desangrar sino – siguen sin dar ideas. Entonces, enfadada, me quito el jersey de Sesshomaru, lo hago como una bola y lo presiono fuerte sobre la herida. Al menos esto nos dará un poco de tiempo hasta que vaya a un hospital. Hitomi se acerca.

- Ves a limpiarte. Yo sujeto esto – me dice amablemente. Claro, ¿cómo iba a darme ideas esta chica sino sabe nada de este tema? Asiento. Me levanto.

- Vamos – me dice Sesshomaru antes de que yo pueda pedirle permiso. Seguridad máxima. Se nota que no se fían de nosotros.

Llegamos a los pequeños baños de los empleados.

Estoy temblando.

Me miro en el espejo y veo a una chica que ha perdido todo el color de la cara. Mis labios, debajo del pintalabios rosa clarito, están algo resecos. Observo mis manos. Los dedos los tengo impregnados de sangre. Empiezo a marearme de nuevo.

Con torpeza, pero lo más rápido que puedo, me limpio la sangre. Una vez están limpios mis dedos, me hecho agua en la nuca. Está fresquita y me sienta divinamente. Cierro los ojos un momento. Necesito calmarme. Cuando los abro, veo a través del espejo a Sesshomaru, quien se ha aproximado a mí. Me vuelvo a poner nerviosa. Siempre que está él así de cerca, me pasa lo mismo. Menudo efecto tiene en mí.

- ¿Estás bien? – me pregunta más dulcemente que antes. ¿Se preocupa por mi bienestar? Si es así, ¿por qué? Aún no acabo de entender que esta conexión tan rara que tenemos entre los dos. Asiento, mientras me giro quedando de cara a él. Es demasiado guapo para ser verdad. Y sus ojos… nunca nadie me había mirado con tanta calidez.

Se me corta la respiración cuando veo que se acerca aun más. Levanta una mano y me acaricia la mejilla. Luego, su pulgar viaja hasta mi labio inferior, donde lo acaricia sutilmente. Yo me recargo en el mármol de piedra, ya que noto que mis piernas me pueden fallar en cualquier momento. Se aproxima mucho más, permitiendo que nuestros cuerpos se rocen. Me coge un mechón de pelo y, luego de acariciarlo, me lo pone detrás de la oreja. Me mira fijamente a los ojos y yo siento que me voy a desmayar. Tengo unas irrefrenables ganas de besarle. Pero me contengo y me muerdo el labio inferior. Acto que provoca que Sesshomaru me lo mire con deseo. Él también tiene ganas de besarme. Miles de mariposas revolotean en mi estómago… Mi respiración se hace irregular… Él cada vez se acerca un milímetro más a mis labios… Recarga su frente contra la mía. Y cuando veo que ya llega el momento, Sesshomaru cierra los ojos y se aparta, haciendo un mohín.

- Venga, debemos volver – y ya está. Aquí acaba todo.

¿Por qué? ¿Por qué se ha apartado? Suspiro audiblemente y, con piernas temblorosas, me encamino a la sala junto a él.

Cuando llegamos, el hombre bajito se acerca a Sesshomaru. Le dice algo en el oído que no puedo alcanzar a escuchar y éste asiente.

- Es la hora, Inuyasha – le dice al chico que se parece a él.

- Koga – llama el joven a uno de piel increíblemente bronceada.

El aludido se encamina hacia una de las vitrinas de cristal donde hay relojes de hombres, la aparta con brusquedad, se agacha y, con un destornillador, quita las rejas de un conducto de ventilación. ¿Cómo sabían que había uno allí? Todos los ladrones se acercan a él y empiezan a meterse dentro para… desaparecer. Todos, menos Sesshomaru, quien se ha quedado quieto y de pie en medio de la sala. No dice nada. Empuña fuerte el mango de su pistola y nos mira a todos con cautela. Nadie se atreve a dar o decir algo. Estamos paralizados. ¿Qué está pasando?

Al cabo de unos minutos suena un teléfono móvil. Es de Sesshomaru. Lo descuelga. Le dicen algo y vuelve a guardarse el móvil en el bolsillo del pantalón negro.

- Podéis iros – dice tranquilamente.

Todo el mundo grita emocionado y aliviado. Por fin vamos a salir de aquí. Pero yo siento algo extraño en mi pecho. No quiero separarme de él. De nuevo me siento desprotegida y sola como antes de conocerle. ¿Qué es lo que me pasa con Sesshomaru? Se acerca a mí.

- Adiós, Rin – me susurra. Mi nombre suena maravilloso en sus labios, aquellos que he estado a punto de besar.

- Adiós, Sesshomaru – me despido de él con mucho pesar.

Se dirige hacia el conducto de ventilación y desaparece. Como él me había dicho. ¿Le dará tiempo a huir?

Cuando miro a mi alrededor, veo como la gente sale corriendo hacia la puerta. Ya han quitado la estantería y salen escopeteados.

Hitomi y otra chica más se han quedado al cuidado del hombre herido hasta que vengan los paramédicos, quienes no tardan en hacer aparición. Al igual que la policía.

No, la poli no. Será imposible que le dé tiempo a huir. Solo ha pasado unos pocos minutos desde que ha desaparecido.

- Señorita – interrumpe uno de los polis mis pensamientos - ¿Por dónde han huido? – me quedo sin habla. No se lo puedo decir. Soy incapaz. Sé que está mal encubrir a unos delincuentes, pero tengo la necesidad de saber que no le van a hacer daño - ¿Señorita? – vuelve a insistir. ¿No se da cuenta de que no quiero decírselo? ¿Me meterán en la cárcel por ello?

- Por aquel conducto de ventilación – responde Hitomi señalando el lugar. Sé que lo ha hecho sin ninguna maldad, pero aun así no puedo evitar molestarme con ella. El poli asiente.

- ¿Saben dónde conduce? – Hitomi niega con la cabeza y yo también. Aunque la verdad es que sí sé dónde conduce. Pero no quiero decirlo.

Un destello de esperanza recorre mi cuerpo. Si se donde acaba este conducto de ventilación, puede que aún tenga la posibilidad de verle.

Sin hacer caso del llamado del poli y de Hitomi, me voy corriendo hacia el lugar donde puede estar Sesshomaru. Los tacones me dificultan correr, pero no me detengo. Cada vez estoy más cerca… Ya casi llego…

Nada. No hay nada ni nadie. Es el mismo callejón de siempre. Donde no hay nada fuera de lo normal. Un gato salta una verja que hay. Ese es el único movimiento que existe en ese triste callejón.

Se ha ido. ¿Ya no volveré a verle jamás? Ese pensamiento me entristece. Pero algo dentro de mi pecho me dice que no deje escapar las esperanzas. Siento como si algún día pueda verle de nuevo. Y estoy segura de que así es. Apenas hemos tenido contacto; solo nos conocemos de unas horas; no sé nada de su vida aparte de que se llama Sesshomaru y es un delincuente. Pero algo ha conectado entre nosotros. Y esto no se va acabar así. No puede acabarse así.

Sonrío. Me acabo de dar cuenta que han desaparecido. No hay rastro de ellos. Como él me dijo. Y entonces pienso que lo tenían todo planeado: sabían que la policía llegaría antes de que ellos pudieran irse con todo el dinero. Pero… ¿por qué esperar horas antes de huir? Sabían perfectamente donde estaba el conducto de ventilación que permanecía escondido detrás de la vitrina. Me río. Sesshomaru también sabía dónde estaba la caja fuerte. Entonces, ¿por qué preguntármelo? Quizás… que tonta soy… pero soñar no es malo. Quizás lo hizo para mantener una conexión más allá de las miradas conmigo. Las miles de mariposas invaden de nuevo mi estómago.

Sesshomaru…

Perfecto nombre para un perfecto hombre.

Te veré Sesshomaru, no sé cuándo, pero estoy al cien por cien segura de que nos encontraremos de nuevo; de que nuestras miradas se crucen y experimentemos estos sentimientos tan raros el uno hacia el otro. Te esperaré, porque sé que me encontrarás.


Debo decir que esta historia no la quiero acabar así. Lo que pasa es que el reto tiene unas normas que tengo que cumplir y más de dos capítulos no se pueden. Así que, lo que he pensado es que, una vez el reto esté cerrado con sus votaciones y sus ganadores hechos, haré un epílogo que ya tenía pensado hacer. Así que no hay problema para aquellos que también quieran más y que no les haya gustado el final por haber quedado algo abierto.

Bueno, espero que os haya gustado y no os olvidéis de dejar un review.

Gracias por leerlo y besoooos.