Situación del mundo
Hace aproximadamente doce mil años, hubo dos civilizaciones desarrolladas las cuales convivían en armonía, en un mundo de prístina belleza.
Una se encontraba sobre el océano Atlántico, la otra en el Pacífico, y parte del índico, en la tierra que era conocida como Gaia.
La naturaleza era la que imperaba en ese período. Las aguas eran cristalinas así como los prados, bosques selvas, y otros biomas, extensos.
La armonía entre los distintos seres imperaba. No había ansias de ser mejores que los otros, sino que todos se ayudaban para avanzar juntos.
La Atlántida y Lemuria convivían pacíficamente y constantemente velaban por mantener ese clima. Cooperaban generosamente en la búsqueda de soluciones a los problemas que pudiesen suscitarse, y sin importar si estaban involucrados en las cuestiones o no.
Sus habitantes a pesar de las diferencias que pudiesen tener tanto físicas como en ideas, veían más lo que tenían en común, y se respetaban entre ellos.
Sin importar su procedencia forjaban grandes amistades, y no era raro ver gente procedente de un continente conviviendo con la gente del otro.
Cualquier cosa era motivo suficiente para celebrar. Amaban reunirse y esa era la escusa perfecta. Preparaban grandes festivales en los pueblos en donde todos participaban. La comida no faltaba, había lo suficiente para todos. Y bien o mal, les gustaba entonar canciones alegres.
Así se recuerda en una vieja e inusual transcripción hallada al norte de la India:
"-Todos esperamos, cantando, bendiciendo el día, que dará paso a la noche.
Las estrellas que en el firmamento aparecen paulatinamente, son la extensión de las sonrisas de todas estas almas que luminosas ven con regocijo el manto crepuscular dar lugar al presente que el cosmos nos deja."
Manteniendo la armonía con las demás criaturas que vivían en Gaia, tanto Atlantes como Lemurianos eran vegetarianos estrictos. La madre tierra les brindaba aquello que necesitaban y eran felices con tal regalo.
Lo usual era que en cada poblado se consumiera lo que en aquel lugar creciese, a diferencia de estos tiempos en que por lo general existe mucho intercambio de los frutos de la tierra entre poblaciones.
No se dedicaban a vivir para trabajar, sino al contrario, trabajaban para vivir, cada quien aportaba a la comunidad en aquello que amaba hacer. Sus jornadas eran cortas, posiblemente de cuatro o cinco horas, lo que les dejaba tiempo para otras actividades, por ende había calma, no estrés.
Nadie acumulaba bienes materiales, todos tenían lo suficiente para desarrollarse en aquellas sociedades que hoy se ven utópicas.
En el plano de las construcciones, solían ser de roca, cristal o ambas, de tamaño variable, pero incluso las más pequeñas eran majestuosas.
Predominaban las columnas estriadas verticalmente, las estructuras piramidales, los techos con forma de domo, en punta o más similares a los que usarían tiempo después los griegos.
Aquellas construcciones en las que el cristal estaba involucrado solían tener un aura de paz a su alrededor.
Físicamente hablando, los Atlantes se diferenciaban de los Lemurianos por su gran estatura que en algunos casos llegaba a más de tres metros. Por su parte los segundos eran similares en estatura a la humanidad de estos días.
Todos eran muy longevos, lo que les permitía aprender mucho en aquella existencia.
En lo psíquico tenían sus aptitudes desarrolladas similarmente. Entre otras cosas, podían estar en un lugar u otro con solo pensarlo, las distancias no eran importantes. Eran seres muy espirituales que día a día se empeñaban en mejorar tanto como pudiesen y a la vez se ayudaban para que todos llevaran un ritmo similar. Lo importante no era arribar antes al completo entendimiento que el otro, ni de manera rápida, sino que juntos llegaran y seguir aprendiendo en el sendero de la vida, sin importar el tiempo.
En tan maravilloso escenario comenzábamos a aparecer nosotros como grupos aislados, con la inocencia de los niños, sin mucho conocimiento, viviendo en cavernas y otros refugios que Gaia nos proporcionaba. Asustadizos ante aquellos seres a los cuales no podíamos comprender y que sin embargo en un principio nos trataban con mucha amabilidad.
Poco tiempo después lector, una simple discusión sobre nuestro futuro, se convirtió en horror que arrasó con parte de la vida y el esplendor de la tierra.
