Resumen:
Su cotidiana vida nunca sería perfecta. Eso parecía hasta que una patética situación como solía ocurrirle podría realmente llevarlo a un madurar, o mejor dicho, a enamorarlo.
Naruto no me pertenece. Es de Kishimoto-san.
Aclaraciones:
- Pero fui ayer.- pensamientos de los personajes
- Habla, idiota.- conversación telefónica.
- Sai…- habla normal.
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Cambio de ciudad y/o escena
Advertencia: lemon. Yaoi.
Vida Diaria.
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Habían concordado que aquel sería el lugar de encuentro. Pero, como era habitual, la estación de Shibuya siempre estaba colmada de gente. Quizá hubiera sido mejor encontrarse en un café o irlo a buscar a su casa. Pero aquel día a Sasuke se le ocurrió no aparecer por su casa y por eso Naruto se encontraba buscando a su amigo entre el gentío. Abrió su celular por enésima vez y marcó el número del azabache. Un tono. Dos tonos. Y, por fin, atendió.
- Teme, estoy agitando mi mano. No logro verte entre tantas personas.
- Dobe, estoy detrás de ti. – Naruto volteó y se encontró con aquellos penetrantes ojos negros que le dieron escalofríos, o algo similar. Se acercó hacia su amigo y juntos se encaminaron por los iluminados locales de la ciudad. Ciertamente, Naruto le había pedido un gran favor: hallar el atuendo ideal para la fiesta escolar. Por supuesto que Sasuke aceptó, pero de mala gana cabe aclarar. Localizaron un café y compraron batidos para beber algo delicioso durante el trayecto y conversar, o bueno pelear como hermanos. Porque sus charlas no eran tan productivas o llevaderas. Consistían en insultos, uno o dos comentarios realistas, y de nuevo insultos. De pronto, Sasuke visualizó una remera. Claro, no cualquier remera. Esta tenía grabada una frase que para la inocente y pueril mente rubia no lograría descifrar en segundos. Sasuke sonrió con malicia y, para picar a su amigo, se lo ocurrió cargosearlo.
- Dobe, cállate y bésame. – sentenció. Naruto quedó perplejo ante estas palabras. Su amigo debía haber consumido alucinógenos antes de pronunciar aquellas palabras. No sabía si golpearlo, atragantarse u obedecer a esa petición. Fue entonces en ese instante donde su instinto lo llevó a virar su vista, enamorarse de la prenda ajustada que estaba en el maniquí y, al abrir la puerta del local, no reparó en que en vez de dos escalones, en este había tres. Sus piernas flaquearon, y su cuerpo no pude percibir la presencia del suelo debajo de sus pies, con lo cual, atinó a ver un pantalón colgado en el perchero e instantáneamente, alzó sus brazos en busca de ellos para su sostén, y no contó con que la percha fuera de un plástico poco resistente a su peso en caída libre. Y, como si el destino se le riera en la cara, se llevó puesto el perchero entero. Sasuke estalló en carcajadas. Su amigo no podía ser más idiota. Naruto, avergonzado, se levantó y pidió disculpas al dueño, quien también reía fuertemente por la gran actuación del rubio.
- Dobe, eres un despistado.
- Teme, tú eres el maldito desgraciado que me despistó.
- No pensé que te gustaba tanto.
- Ay, cállate. Eres un bastardo ttebayo!
- ¿Te encuentras bien jovencito?- cuestionó el dueño del local. Naruto asintió con su cabeza y rápidamente tiró del buzo de su acompañante y lo condujo fuera del local. Exhaló aire y apoyó su cabeza sobre la pared. Observó al pelinegro y le propinó un buen golpe que para Sasuke fue como si el viento le hubiese soplado. Y eso enojó al menor. Decidido, lo pisó y le gritó insultos sin sentido, y se encaminó hacia otros locales. Sasuke lo alcanzó rápidamente y de nuevo comenzaron a pelear durante todo el camino. Naruto pensaba que era un milagro el hecho de que ningún conocido hubiese pasado en aquel momento, aunque, para su mala suerte, Kiba lo había visualizado todo. Eso lo notaría al día siguiente, ni bien pusiera un pie sobre la universidad.
