Disclaimer: Hetalia es propiedad de Hidekaz Himaruya.


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Así dictaba la última parte del formulario de inscripción de la página web en la que Arthur había terminado al teclear " Hetalia Fantasia" en el buscador.

Por los bordes podía observar detalles en plateado y rojo, haciendo juego con el traje que usaba uno de los caracteres a un costado. Era un diseño llamativo y colorido. "Un mundo de aventuras, fantasía y magia" esa inscripción se podía leer bajo el titulo, en la parte superior. "Magia" si aquel juego tenia esa palabra, no podía ser tan aburrido, pensó.

Una vez completado el registro, se abrió una ventana donde se podía observar un personaje, sin facciones ni ropa, junto con un recuadro donde se podían elegir las características de este.

Comenzó a buscar, primero ojos verdes y algo serios, una media sonrisa, labios en tono neutro, nariz de perfil delicado y finalmente cejas… ¡No habían cejas parecidas! ¿Cómo querían que el personaje se pareciese a él si no había semejantes cejas? Solo se veían delgadas y finas líneas… ¡Era un insulto a su persona! Suspiró, tratando de mantener la compostura y no rebajarse a lanzar el computador por la ventana. Tendría que conformarse con usar una de esas "anormalidades".

Eligio el atuendo que le pareció más adecuado y finalmente, salió un recuadro que prometía ser el último para completar la inscripción:

-Curandero

-Sacerdote

-Hechicero/invocador

-Guerrero

Obviamente, para el al menos, eligió la tercera opción. Mas abajo, apareció una barra donde se leía:

Buscar amigos

Buscó donde tenia anotado el nombre del personaje de Kiku y tecleo con ansias. Luego de unos segundos que la computadora se tomo en buscar, apareció el perfil deseado.

-SamuraiNihon7

Guerrero

Nivel 37

Enviar solicitud de amistad.

No dudo un segundo en presionar el enlace. Lo siguiente que le apareció fue: Solicitud de amistad enviada, respuesta aun por confirmar.

Dejo caer todo su peso en la silla, acomodándose, ya mas relajado. Bien, ahora solo le quedaba esperar a que Kiku aceptara. No le diría su identidad, no por el momento, esperaría encontrar intereses comunes, ganar algo de simpatía y congeniar. Luego vería como revelar quien era realmente.

Se dispuso a observar detenidamente el juego, y a examinar los controles y las opciones. Luego de diez minutos dio por fin con la barra de menú. Era un avance… realmente no era un fan de los juegos de computadora. Para ser exactos, jamás en su vida había jugado uno. Luego de treinta minutos había descubierto como atacar. Con la letra A hacia un hechizo simple, con la letra B realizaba una poción y con las combinaciones A B A, realizaba una invocación básica.

Bostezo, era algo tarde y el aun seguía frente a la computadora. No había comido nada desde el almuerzo, lo supo cuando su estomago se agito fuertemente, soltando un gruñido aterrador. Pero no, aun no podía salir del dichoso juego, ¡Ni siquiera había superado un mísero nivel! Ojala el nivel 0 se pudiera considerar como uno… ¡Diablos! ¿Por qué no podía pasar esa trampa en el castillo? Se decidió dejarlo para después, convenciéndose a si mismo de era el juego el que estaba malo, que no funcionaba cuando el apretaba las teclas correctas.

De pronto, una melodía extraña inundo sus oídos. Se le hacia una canción conocida, pero no logaba recordarlo. ¿Dónde lo había oído antes…?

Repentinamente, recordó. Y entonces el corazón se le detuvo y sintió una presión en el estomago.

¡Era el celular de Kiku! ¡Y Dios, estaban llamando! ¿Qué haría ahora? ¿Contestar? Se sintió estúpido, ¡Contestar! Si, claro, y arriesgarse a que le acusaran de ladrón y potencial acosador. La desesperación se reflejaba en su cara y no se dio ni cuenta cuando ya tenia el celular entre las manos, temblorosas, sin saber que hacer. En la pantalla se podía leer "Llamada entrante, Yao"

¿Yao? Oh, dios, era el hermano mayor de Kiku. Intento respirar hondo, buscando calmarse. Poco a poco iba recobrando la compostura.

Era un teléfono, si contestaba y explicaba que se había encontrado el artefacto y pensaba devolverlo, no pasaría nada. Tampoco Yao le haría nada, no podía golpearle a través de un teléfono…

Volvió a respirar. La música aun no se cortaba y por ello la llamada seguía en espera. Aun temblando, apretó el botón y contesto la llamada.

-¿Kiku?

-Eh… N-no…

Se sintió un silencio horriblemente incomodo, por parte de ambos. Yao, el hermano de Kiku, miraba nuevamente si el número que había marcado era el correcto.

-¿Quién es, entonces~aru?

-Eh… Soy…

-¡Quien eres! ¡Responde! ¿Por qué tienes el teléfono de mi hermanito?

-Y-yo, disculpa… y-yo soy… soy un compañero de Kiku, Y-y tengo su teléfono p-porque, p-porque yo… lo encontré –Arthur se pregunto desde cuanto tartamudeaba tanto.

-¿Lo encontraste? ¿Kiku perdió su teléfono…? Oh, es por eso que aun no llega a casa, entonces… Debe estar buscándolo~aru… ¡Por que no se lo has devuelto!

-L-lo siento… yo ya regrese a mi casa y…

-¡Por tu culpa Kiku debe estar desesperado buscando su teléfono y tu ahí, cómodo en tu casa! ¿No? ¡Dime tu nombre~aru! ¡Esto no se quedara así, niño!

Arthur alejo el teléfono de su oído, buscando reducir la intensidad de los gritos del otro. Se sintió algo preocupado. ¿Kiku aun no llegaba a su casa? Ya era bastante tarde, y ahora por su culpa podría pasarle algo…

-L-lo siento mucho, volveré inmediatamente al instituto a regresarlo… yo, lo siento mucho…

-¡Pero dime …!

Arthur cortó la llamada. Era la oportunidad perfecta. Si tenía suerte, Kiku aun estaría en el instituto buscando el dichoso teléfono, él se lo entregaría y excusándose de que ya era tarde se ofrecería a ir a dejarlo a su casa. Perfecto. Respiro hondo y se miró al espejo. Incluso se peino un poco.


-¿Adonde vas, cariño? –Preguntó su madre, con esa voz melodiosa que tanto la identificaba.

-Necesito volver al instituto, eh… olvide unos libros –Arthur continúo su camino, pero fue detenido inmediatamente por la voz de su madre.

-¿Al instituto? Ya es muy tarde Arthur, ¿Por qué no te esperas hasta mañana?

-Lo siento, no puedo. Necesito esos libros.

-Bien, pero vuelve enseguida. No te desvíes y vuelve antes de que este mas oscuro.

Arthur se pregunto, por enésima vez, si su madre se había dado cuenta de que el ya no era un niño.

Las calles lucían vacías, y los postes de luz estaban comenzando a hacer falta.

Por fin el rubio entro al instituto. Tocó su bolsillo, asegurándose de que el teléfono seguía ahí. Se armó de valor, y pidiéndole permiso y dando excusas al cuidador, comenzó a recorrer los pasillos.

Llevaba unos cinco minutos de búsqueda cuando sus ojos divisaron una pequeña figura, enroscada en un rincón de la biblioteca. Era Kiku, y no parecía muy feliz.

Se acercó, cautelosamente, hasta captar la atención de Kiku, que enseguida –con su manga- quito unas cuantas lágrimas de sus mejillas pálidas.

Arthur tragó saliva, esperando a que las palabras no le traicionaran esta vez.

-Hola…

El chico demoró en responderle. Si que se veía devastado.

-Hola…

-Eh, bueno, Kiku… ¿Me recuerdas? S-soy… soy el amigo de Alfred, él que va en tu clase…

-Oh, ¿Es usted Arthur, no? Si, si le recuerdo.

Arthur no pudo evitar sonreír, realmente le produjo alegría saber que el otro aun no le olvidaba.

-Bueno Kiku… No se como explicarte esto… yo, bueno ¿Buscas tu teléfono, verdad?

-S-si… ¿Cómo lo sabe? Lo he perdido hoy, pese a estar seguro de que lo tenía conmigo… No quiero regresar a casa sin el… Yao, mi hermano, se enfadaría y además, tenia muchas cosas en el…

Arthur trago saliva una vez más. No quería parecer un burdo ladrón…

-Es… ¿Es este tu teléfono? -Dijo, sacándolo de su bolsillo.

Kiku lo miró sorprendido. Y sonriendo de sobremanera, pero confundido, lo recibió.

-¿C-como…? ¿Cómo es que usted tenía mi teléfono, Arthur-san?

-Bueno, este… lo encontré –Se limitó a decir.

-¿Dónde estaba? Vaya, me alegra de que usted lo haya encontrado, cualquier persona pudo simplemente haberlo robado. Gracias, Arthur-san, muchísimas gracias –Le sonrió, y a Arthur esa le parecía la sonrisa mas linda del mundo.

-Oh… ¿Dónde lo encontré…?

-Si, eso le he preguntado…

-¡Ah, claro! –rio nervioso –Lo encontré en la biblioteca…

-¿En la biblioteca? ¿Esta seguro? No recuerdo haber entrado a la biblioteca hoy….

Arthur palideció, por decima vez esa tarde. ¿Kiku no había entrado ese día a la biblioteca? ¡Dios! ¿Era enserio? ¿Cómo tener tan mala suerte…?

-Oh, ¡Ya lo recuerdo! Claro, debió haber sido cuando le traje a la encargada unos papeles que me pidió… Lo siento, Arthur-san.

La calma regreso al cuerpo del rubio.

-¿Y como supo que yo seguía aquí?

-Oh… bueno, verás… yo había regresado a mi casa, pensaba entregártelo mañana… Luego llamó tu hermano Yao, preocupado por ti y me dijo que seguramente seguías aquí, por lo que vine a devolverlo…

-De nuevo, muchas gracias, Arthur-san… Creo que mi teléfono eligió bien donde perderse…

-Ya es algo tarde… quieres… ¿q-quieres que te acompañe? Digo, después de todo es mi culpa que estés aun aquí, debí buscarte inmediatamente al salir de clases… -Arthur sintió enrojecer su cara, se sentía torpe.

-Bueno… no es necesario, no se preocupe. Ya se tomó la molestia de venir hasta aquí por un descuido mio. Lo siento, en verdad lo siento mucho.

El rubio sintió algo de pena por el japonés. Y rabia por Francis… ¿Qué se creía al hurtar teléfonos de esa manera…?

-No me molesta, y r-realmente creo que debo hacerlo, me siento culpable por que estés aquí todavía.

Kiku terminó aceptando, si le causaba algo de temor el salir de noche solo. No estaba para nada acostumbrado… (Sus mejores noches consistían en veinte partidas en algún juego de playstation y dos horas de su juego de computadora favorito…)

Arthur sonrío, quizás las cosas podían resultarle bien y no tendría que recurrir al famoso juego ese para llamar la atención de Kiku.


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~Me demoré, lo siento…

Ya estoy escribiendo el siguiente capitulo, intentare actualizar mas rápido. Gracias por los reviews, animan mucho.

Ba Bye~

PD: BritishPirate quiere decir, literalmente, Pirata Británico.