¡Bueno chicas! Vengo con otro especial de la pareja, explicando que fue lo que pasó entre Miroku, Kuranoske, Sango y sus padres. Espero les guste esta segunda entrega.
Nota especial 1: Esto es parte de lo que sucede el día en que Sango y Kagome se emborrachan, es decir del capítulo 40 y parte de lo que sucede entre el capítulo 44 y 45 explicando cómo es que ahora Sango está con Miroku y no con Kuranoske.
Disclaimer: todos los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, yo solo los tomo para que nos diviertan y nos entretengan un poco.
CAPÍTULO 2:
«SABORES DE HELADOS»
Es difícil aceptar ciertas normas en algunas ocasiones es casi imposible, pero el deber y la obligación de ser miembro de una familia tan prestigiosa como los Mitarashi me obliga a acatar como si fuese una mula de carga. No deseo casarme con Kuranoske, no es que lo odie, pero tampoco estoy enamorada de él. Mi madre insiste que con el tiempo aprenderé a amarlo así como lo hizo ella con mi padre, pero la idea de casarme con alguien elegido por ellos como lo hicieron los padres de mi padre, no me vuelve loca de alegría ¿Qué no estamos en el siglo XXI? ¡Dios! Pero ni los príncipes se casan con alguien a quien no quieren.
Estoy en dirección a la casa de Kagome, sus problemas parecen menores que los míos, claro siendo completamente egoísta, porque todos tenemos problemas y nos ahogamos con ellos, sean grandes o no, para cada uno es un Titanic, claro, aunque a mí no me anda persiguiendo una loca ex novia evidente molesta porque ya no está con su hombre, todavía sigo insistiendo que es una ex de Sesshoumaru, ¿Quién si no?
El cabeza hueca peli plata no le ha querido decir nada a Kagome, no estoy 100% de acuerdo con la decisión, especialmente cuando estoy segura que en cualquier instante podría soltar toda la sopa y ponerlo en mal accidentalmente.
—Entonces ¿Te mudarás? —le pregunto a mi amiga, estamos almorzando un delicioso róbalo que Enyu ha preparado. Me costó casi tres meses una entrevista con este cabeza dura Onigumo y ahora resulta que estoy engañando a mi prometido con su primo y mi mejor amiga se está acostando él ¡Cómo cambia la vida! Aunque pienso que es demasiado radical.
—Lo sé, es demasiado pronto, debería pensarlo, tanto mi madre como Sui darán el grito por todo lo alto del cielo, es mi primer novio, etc., pero ¿Sabes? Se siente correcto, no deseo apartarme de él.
—¿Continúa con sus pesadillas?
—Sango... Yo... No quiero hablar de eso.
—¿Por qué? ¿Por qué no tienes una respuesta? —la acerco a la pared, obvio que de manera figurada, a uno no le gusta hablar de cosas que no puede encontrarle una respuesta o siquiera entenderla, pero como amiga me corresponde que haga que ponga los pies en la tierra—. Kagome, te recuerdo que si yo no hubiese estado allí...
—Lo sé, pero no hemos tenido tiempo de hablarlo, sé que empezó con las terapias con Totosai y está intentando luchar con sus demonios internos, así que por lo pronto no estamos durmiendo juntos.
—¿Qué? ¿Solo juegan a tomarse la mano? —mi amiga se sonroja y ambas nos reímos, cuando se está entre amigas que se tienen tanta confianza es fácil divertirse aunque sea con temas serios.
—Obvio que no —responde y se sonroja más, si su piel fuese blanca o pálida se vería como si sus mejillas estuvieran a estallar en sangre—, es decir, no estamos durmiendo en la misma casa. Es por eso... Que... La idea de tener un apartamento contiguo al de él parece ser una solución perfecta, además hay una habitación —baja la cabeza como si dudara en decírmelo, si no la conociera diría que me está ocultando algo, pero decido no indagar—, bueno, él me dijo que podía tomarla y decorarla como quisiera, así aunque parezca extraño, si me quiero quedar a dormir aquí podría hacerlo en esa recámara.
—¿No es demasiado complicado? —sonríe moviendo la cabeza de un lado a otro.
—Lo quiero, así que no.
Su sincera confesión me hace callar, de hecho si tuviera la oportunidad de ser feliz y poder elegir a Miroku no me importaría nada más, ni siquiera si él tuviera tantos hijos que pudiera armar un equipo de futbol entero con todo y reservas, sentiría lo mismo que mi amiga, que es correcto estar juntos.
Vamos por la 3ª piña colada, la idea era empezar con algunas margaritas, pero a Enyu le ha parecido mejor la idea del ron al tequila, a decir verdad, el sabor es incomparable por lo que no he dicho nada. Kagome me lleva de ventaja dos. Entramos a la habitación y es bastante amplia, inclusive podría caber una cama tamaño King dos tocadores y una pequeña salita, pero nos quedamos nada más con la idea de una cama tamaño absurdo y un escritorio, tiene su propio armario/vestidor y su cuarto de baño propio. Tiene una alfombra en color café que inclusive huele a nueva. Nos acostamos y vemos el techo.
—Dentro de dos días les diré a mis padres que no me casaré con Kuranoske.
—¿Piensas decírselos? Pensé que solo tomarían maletas y huirían.
—Todavía estamos indecisos, mi parecer es que nos salgamos huyendo pero a vista de Miroku lo mejor es intentar hablar con ellos, dice que es probable que me puedan dar una sorpresa.
—¿Crees que te la darían?
—Más a él que a mí, le sorprendería saber que tan obtusos pueden ser mis padres en cuanto al dinero y eso significa Kuranoske, mucho dinero.
—¿Sesshoumaru será así?
—Es increíblemente rico, de hecho uno de los más ricachones, como tú nos llamas, del mundo.
—Lo sé y no me refería a eso —me pega un codazo en las costillas y ambas reímos, Enyu entra con otro refill de nuestras bebidas, yo todavía sigo en la 3ª, Kagome ya va por la 6ª—, es decir, ¿Creerá en casarse nada más con una mujer multimillonaria igual que él? ¿O casarse por un buen negocio?
—Todavía me gustaría indagar si él cree en eso de casarse.
Mi amiga se retrae con mi comentario y creo que no es buena combinación hablar del tema cuando ella empieza a embriagarse, por lo que decido ser egoísta y continuo hablando sobre cómo decirles a mis padres que no me casaré y que al mismo tiempo no les salga humo por la cabeza.
Recorremos el pent-house de Sesshoumaru y nos detenemos en la piscina, a pesar de la insistencia de Kagome la convenzo que darnos un chapuzón no es buena idea, lo que me parece mejor es salir de compras. Ella se alegra por primera vez y decidimos salir. Nuestra primera opción es que Pablo, mi chofer, nos lleve en el recorrido, la segunda y por la cual optamos es tomar un taxi y ser libres como tanto nos gusta.
He perdido la cuenta de cuantas piñas coladas nos hemos tomado, lo único que sé con certeza es que la cabeza me da vueltas y me siento con más valentía que nunca en mi vida.
Entramos a una tienda de disfraces en el centro de Tokio. Kagome me enseña uno de Gatúbela, cuero muy pero muy pegado al cuerpo, me hace ponérmelo y debo de decir que al verme en el espejo mis curvas se acentúan. Mi amiga me toma una foto y me la envía por mensaje, luego hago lo mismo pero mi destinatario no es otro que Miroku.
«De compras con Kagome, nya» No puedo pararme de reír. Lo sorprendente es que a los pocos segundos me llega otro mensaje.
«¡Cómpralo!» Su enérgica orden me hace temblar de la emoción, mi sexo tiembla causándome tal impresión que no soy consciente que la reacción en mi rostro cambia hasta que Kagome me lo hace ver.
—¿No le gustó a Miroku? —pregunta con curiosidad intentando verificar cual ha sido la respuesta de él.
—Sí... Es solo que... Creo que le gustó demasiado —estoy segura que me sonrojo porque mi cara arde.
—No es que necesiten un incentivo Sango ni tampoco que él sea un fetichista —siento que mi amiga me lee el pensamiento, porque era justo lo que pasaba por mi mente, si solo llevamos un par de días ¿Por qué necesitaríamos de un traje sexi para levantar nuestro ánimo en la recámara?—, es solo ¿Cómo podría decírtelo? A ver, comparemos el sexo con los sabores de los helados, el vainilla el más clásico, el más común, es rico, te lo comes pero hasta cierto punto podría resultar empalagoso, pero si a ese mismo helado le colocas algún topping el sabor cambia radicalmente, lo mismo sucede con el sexo, puedes tener sexo en la cama, en la cocina, en el comedor, en donde tú quieras, pero si a eso le agregas que lo podrías estar esperando con un traje súper sexi, te aseguro que cuando alcances tu orgasmo me darás la razón.
—¿Ahora tú eres la experta?
—¿Yo experta? —ella se empieza a burlar—. ¡Qué va! Solo estoy tratando que expandas tu mente.
Kagome solo ha tenido un novio en toda su vida, claro uno que sea de cama y todo lo que implica, y ese es Sesshoumaru Onigumo, yo he tenido a varios hombres en mi cama muchos más de lo que estaría dispuesta aceptar en voz alta, pero ahora resulta ¡Que es ella la que me está dando consejos! Me burlo de esa ironía, porque aunque no me es difícil aceptarlo, ella tiene razón. Compro el traje y agrego dos más.
La siguiente parada la hacemos en una librería, veo de un lado a otro pero no encuentro la razón del porque Kagome primero eligió una tienda de disfraces y luego una librería, no le doy mucho vuelta al asunto. La 3ª parada la hacemos a mi elección, una tienda de pinturas y decoración. Una de las dependientas que nos ve entrar el rostro se le palidece ¿Qué acaso somos fantasmas?
—Me gustaría una recomendación —la interrupción de mi amiga saca del ensimismamiento a la pelinegra que está a punto de atendernos, al darse cuenta de ella vuelve a respirar recobrando la compostura.
Hablamos sobre la decoración del nuevo pent-house de Kagome, qué muebles pueden quedar, qué tipo de pintura, etc. Todavía no puedo creer que nuestra historia esté a punto de terminar. Kagome le dice a donde trabajar y al final de la plática parece que son dos buenas amigas conversando de cosas personales, Kagome es demasiado indefensa e ingenua cuando está ebria, aunque dudo mucho que la mujer sea una versión japonés de "Jack el destripador". Después de ello nos vamos a la última parada.
En letras pequeñas y con un rótulo medianamente moderado entramos a una tienda llamada "Hipnosis", Kagome se sonroja hasta al rabillo al verme no entiendo su reacción. El lugar es oscuro y bastante decente y de pronto caigo en cuenta ¡Se trata de una sex shop! He sido promiscua y disfrutado el sexo durante una parte de mi vida, pero Kagome me está dando cátedra e indicándome que en realidad no lo he disfrutado como debería.
Ella busca de todo y le envía mensajes a Sesshoumaru, a la hora de coquetear con alguien y quererme acostar con él pues solo lo indicábamos, cogíamos y no nos conocíamos al final de la semana, nunca me he enviado sex-mensajes con ¡Nadie! ¿Debería de probar?
«Al parecer esta noche alguien podría irse a la cárcel» Le envío la imagen de unas esposas y me responde de inmediato.
«Podría ponerme a la orden, oficial» ¿Oficial? Eso me hace morderme los labios y sonreír.
Veo un tapón anal, una vez lo intenté pero el tipo era tan absurdamente troglodita que al final me acobardé ¿Debería de intentarlo con Miroku? Le tomo una foto y solo se la envío, sin ninguna nota.
«¡Dios! ¿Estarías dispuesta Sango?»
«Solo contigo» Le tomo una foto a un aceite anal «¿Tú estarías dispuesto?» Su respuesta tarde en llegar.
«¿A dónde estás?»
«Con Kagome»
«Déjala por favor, te veo en mi apartamento» Los nervios me invaden pero sé que es lo que tengo que hacer aunque luego me odie por dejar a mi amiga.
—Kagome vámonos, necesito ir a un lugar —elijo esa palabra porque no es que deba, o pueda, o quiera ¡No! A esta altura lo necesito.
—Ve tú entonces, yo todavía tengo cosas que hacer.
—Kagome, no puedo dejarte sola.
—Ya estoy lo suficiente grandecita como para cuidarme Sango.
—Estás borracha, Sesshoumaru me matará si te dejo sola.
—Te apuesto a que no, además luego yo me ofreceré personalmente como sacrificio para espiar tu pecado de abandono —me hace una reverencia y recibo un nuevo mensaje de Miroku «Estoy a punto de estallar princesa, espero que vayas de camino»
Me doy patadas y coscorrones mentales, me odio a mí misma pero en esta ocasión Miroku pesa más en la balanza del deseo. Le doy un beso a Kagome y me despido. Veo que ha dejado tirado su celular y lo agarro, estoy segura que no se percatará de nada, así que voy a darle un escarmiento por quedarse y no irse conmigo.
Estoy subiendo por el elevador y estoy más que nerviosa, durante el trayecto en taxi Miroku me ha enviado mensajes subidos de tono, diciéndome en qué posición me pondrá, como me cogerá, las veces que haré gritar su nombre y lo duro que se encuentra. ¡Dios! En algún momento en el taxi sentí como que me resbalaba en el asiento por lo húmeda que estaba.
Al llegar a su apartamento me toma de la mano y me mete de un solo tirando la puerta. Suelto la bolsa con mis compras y él me besa con pasión, desesperación y lujuria.
—¡Ah! —gimo especialmente al sentir como pega en la puerta y acerca su dura erección a mi vientre. Está en calzoncillos con su miembro a más no poder. Lo acaricio, lo toco y me deleito con su dureza.
Miroku me quita el pantalón con todo y mi ropa interior, los botones de la blusa salen volando al momento en que la abre con desesperación. Saca mis senos por encima de mi sostén y me muerde los pezones. Gimo y jadeo ¡Dios! Estoy tan caliente que no me importa nada más.
Baja su calzoncillo y sin importarle nada más introduce su miembro en mí. Enrollo mis piernas en sus caderas, sus embistes son tan fuertes que siento que toca lo más profundo de mis entrañas.
Somos jadeos y gemidos, siento como si la combustión entre ambos podría quemarnos y arder en llamas en cualquier instante. Su lengua juega con la mía haciendo círculos y mis manos se enredan en su negra cabellera, lo aprieto con todas mis fuerzas con mis piernas y sus caderas se mueven como si estuviese poseído. Entra y sale de mí con dificultad de mantenernos a los dos en pie, pero no nos importa, la fricción es increíble, roza mi clítoris al punto que nuestras bocas se despegan y doy un grito.
Me posee y me embiste como si fuera la última vez que estaremos juntos, como si con ello me estuviera diciendo que soy la única para él y él el único para mí, su posesión es desbordante y completamente excitante.
—Dilo Sango... Eres mía... —me muerde el hombro conteniendo un grito pero yo lo dejo escapar por él.
—Tuya... Solo tuya —reconfirmo y con esas palabras ambos alcanzamos el orgasmo más intenso que he tenido en toda mi vida sexual, inclusive con él.
Me lleva hasta uno de los sillones y literalmente nos desparramamos en él.
—Y eso que no hemos utilizado todo lo que compré.
—Tenemos tiempo mi reina —se hunde entre el hueco de mi cuello y mi hombro dejando caer parte de su peso en mí.
Kagome tenía razón, el helado vainilla es rico, pero con otro topping ¡Sabe mejor!
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Hemos probado un lubricante vaginal con sabor a canela y picante que nos ha obligado hacerlo una vez en sala y otra en el baño, el ardor en nuestros era tan incontrolable que me ha provocado la segunda vez multiorgasmos que he quedado muda de tanto gritar. Nunca antes había sentido nada igual y explorar las diferentes facetas que se puede tener al jugar con el sexo es excitante, pero sobre todo porque lo hago con Miroku.
Recuerdo que tengo el celular de Kagome, se lo entrego a Miroku y le digo que se lo entregue a Sesshoumaru, quien de hecho no ha dejado de insistir en el celular histérico por no encontrar a Kagome. Mi pelinegro le explica todo mi relato y le dice que le hará llegar el celular. A mi amiga estoy segura le espera un buen regaño.
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Son casi las 11 y le recuerdo a Kagome que esta noche nos reuniremos con Kouga. Después de mensajearnos me confirma que lo haremos en "su" pent-house así que al final decidimos hacer fiesta de despedida para Kouga y de bienvenida al pent-house de Kagome, creo que ni ella misma cree a qué punto ha cambiado su vida, pero me alegro por ella.
La reunión con Kouga nos sale divertida, hablamos de todo y de nada. A las 6.30 decidimos irnos, no he dormido mucho en toda la noche, solo de recordar que tengo que conversar con mis padres la piel se me eriza.
Al llegar a la mansión Miroku está esperándome afuera en su auto, creo que a él los nervios le han saludarlo bien, porque ha tenido turno toda la noche así que asumo que el sueño no ha sido un problema para él sino que al contrario.
Mis padres están en el estudio tomando su desayuno y viendo los noticieros, el mercado financiero es su principal objetivo. El día de ayer me di cuenta que mi padre cometió un error garrafal y eso podría ser una ventaja para mí. Los saludo y voy directo al grano. Miroku está esperando en el salón.
—¿Podría hablar con ustedes?
—Dime hija, ¿Qué necesitas? —Shoiko Mitarashi es una mujer dulce cuando se lo propone y aunque no lo quiera aceptar porque es mi madre, pero también es una mujer bastante interesada en el dinero, siempre ha vivido con él y creo que preferiría morir antes que caer en quiebra.
—N-no sé cómo voy a decirles esto —mi voz titubea, tengo que ser fuerte, meanimo—, así que solo lo diré: No voy a casarme con Kuranoske.
—¿Otra vez con lo mismo? —mi padre regresa a su periódico hastiado de mi afirmación.
—Lo siento, pero en esta ocasión no es igual que las ocasiones anteriores padre —tiemblo como cual hoja en pleno otoño antes de desprenderse del árbol—. Amo a Miroku, me he negado el sentimiento pero es imposible que siga engañándome, Kuranoske no se lo merece tampoco, así que tenemos dos opciones: O aceptan a Miroku y yo continúo al frente de los negocios de los Mitarashi o me fugo con él y ves como arreglas la mierda en donde han metido a la empresa.
La bofetada de mi padre no se hace esperar, pero esta es tan fuerte que me tira al suelo pero no me quejo, sin embargo mis lágrimas salen aunque no se los permita, maldita, son unas traicioneras.
—No harás ni una cosa ni la otra ¡Maldita sea Sango! ¡No sabía que había criado a una zorra! —sus palabras me ofenden y me levanto con dificultad.
—Lo hiciste desde que me dijiste que me vendiste a un desconocido solo para salvar a la empresa.
Mi padre es rápido tanto que no veo la siguiente bofetada, pero en esta ocasión solo me voltea la cara, siento un sabor metálico en mi boca y me llevo mis dedos a la boca, veo sangre y me duele que ésta sea provocada por el hombre de quien llevo sus genes.
—Entonces he de suponer que eliges la segunda opción —me doy la media vuelta limpiando mi boca y mis lágrimas. Abro con fuerza la puerta del estudio y él me agarra fuertemente del antebrazo regresándome a la habitación.
—Si necesito encadenarte a esta casa lo haré ¡Me vale una mierda tu amenaza Sango! No harás ni una cosa ni la otra.
De pronto Miroku irrumpe en la habitación dejándole ir un puñetazo a mi padre, por un instante puedo imaginármelo con su armadura brillante encima de su caballo blanco con una espada larga e imponente para librarme de dragones y demonios.
—Perdone Houko —se disculpa con mi padre con una sonrisa mientras me coloca detrás de él—, pensé que había un monstro en esta habitación y no podía permitir que algo le pasara a mi reina —vuelve a ver a mi madre y le hace una reverencia—. Shouko, es un gusto verla —saluda con elegancia a mi madre y luego se vuelve a mí—. ¿Estás lista? —me pregunta con ternura y asiento conteniendo mis lágrimas—. Por cierto Shouko, no se preocupe por la seguridad financiera de su hija, como usted sabrá soy un maldito Onigumo y nuestras riquezas inclusive están por encima de los Mitarashi, ahora bien Houko, debería pensar lo siguiente: ¿De verdad quiero que mi hija, la única que podría sacarme del hoyo en donde me encuentro, se vaya y nos deje o mejor lo pienso bien, me trago mi orgullo y no la dejo ir?
Mi padre arruga su cara y se lleva la mano al punto en donde Miroku lo ha golpeado. Entrelazamos nuestras manos y emprendemos nuestro viaje.
—Sango y yo es probable que nos retiremos del país y nos establezcamos en otro lado, sin embargo eso no será este mismo día, así que le aconsejo que lo piense mejor, suegro.
Mis lágrimas desaparecen y me rio, Miroku es increíble y no puedo dejar de pensar en mi amor por él. Llegamos a su apartamento y nos dormimos abrazados el uno con el otro, es la mejor sensación en todo el mundo.
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Ese mismo día mi madre se presenta en la casa de Miroku y nos confirma que el compromiso con Kuranoske está roto, que ella misma se ha encargado de ello, pero que mi presencia en la empresa es requerida ya que no hay mucho tiempo que perder, no si queremos sacarla del lodo de donde mi padre la ha metido. Ambos aceptarán mi relación con Miroku, después de todo también es un Onigumo, no un simple médico a tiempo completo.
Me avergüenzo un poco de la actitud tan interesada de mi madre, pero ellos así son. Me prometo que no haré lo mismo con mis hijos.
