Otabek guardó silencio por un instante, que para Yurio parecía ser una eternidad en espera de un pequeño movimiento o palabra que le dejase predecir la respuesta que obtendría, hasta que finalmente Otabek dejó su asiento y se internó en aquellos verdes ojos que lo embelesaban sin ningún esfuerzo- Yo no...
- ¡Era una broma! -exclamó el muchacho en un acto de pánico ante la negativa dentro de la oración de Otabek que interrumpió tan abruptamente- Yo sólo... estaba bromeando -dijo bajando su cabeza para oculta la impotencia y la decepción que expresaba su rostro-...yo no...
Otabek tomó el mentón de Yurio y con dulzura lo hizo subir la mirada, para dejar al descubierto aquellos ojos llenos de lágrimas que no se decidían a caer- No eres un buen mentiroso -dijo dándole una pequeña sonrisa que era casi indetectable, pero Yurio podía notarla, él podía verla. Otabek, entonces, adormecido por el rostro sonrojado de Yurio que desviaba la mirada, besó ambos ojos llorosos, sin tomarle importancia al sabor salado que dejaba en sus labios, él sólo le prestaba atención al muchacho que miraba hacia otro lado para evitar encontrarse con esos ojos oscuros que no dejaban de mirarlo; pero pronto su actitud ante todo cambió, seguía avergonzado, pero cuando el hombre puso su mano sobre el terso y joven rostro, no pudo evitar dirigirle una mirada avergonzada y enternecida, junto a las delicadas manos sujetando la de Otabek contra su cara para poder sentir el calor "sólo un poco más" repetía Yurio dentro de su cabeza, mientras presionaba su mejilla contra la mano de Otabek, quien no tardo en presionar aquellos suaves y mullidos labios contra los suyos; Yurio respondió de inmediato pasando sus manos tras el cuello del hombre y dando los primeros pasos para que su beso se volviera algo mucho más apasionado, la lengua de Yurio de pronto pasó juguetonamente por los labios de Otabek, que reaccionó de inmediato siguiéndole el juego, para luego encontrarse con él sentado sobre el sofá y Yurio sobre sus piernas sin ninguna vergüenza de su cuerpo desnudo. Otabek dejó que sus manos se guiaran por las líneas ya dibujadas de la pequeña cintura de Yurio, quién sin poder controlar su voz, dejó salir un pequeño gemido cuando el hombre llegó a sus caderas- No la contengas..., quiero escucharte -dijo acercando el cuerpo de Yurio hacia el de él.
-Idiota -dijo Yurio para ocultar lo avergonzado que estaba al sentir el cuerpo de Otabek pegado al de él.
-Tú estás... -susurró sorprendido el muchacho, sonrojándose aún más de lo que estaba.
-Tú también -musitó Otabek al oído del adolescente, quién de inmediato le dirigió una mirada aproblemada, pero sus ojos no tardaron en demostrar su verdadero deseo, al que Otabek respondió guiando la mano de Yurio entre ambos cuerpos-. Toca ambos al mismo tiempo -dijo moviendo la suave mano hacia arriba y hacia abajo, tomando pronto, por si sola, el ritmo antes enseñado.
Otabek deslizó sus manos al trasero de Yurio, que no podía dejaba de moverse, inquieto al percibir la mano que lentamente bajaba por su espalda, hasta que finalmente el hombre llegó a él, en donde ambas manos sólo lo acariciaban, logrando así, que el muchacho se sintiera impaciente y, de alguna manera, más excitado que antes. No podía dejar de frotar ambos penes con su mano, pero tampoco podía evitar que su cuerpo se moviera por si solo, frotándose en las piernas del hombre, levantando, inconscientemente, su trasero- No aguanto más -susurró dirigiendo una mirada tan caliente, que parecía que el mismo Yurio se derretirse por el deseo con el que pronunciaba aquellas palabras-, yo... yo me voy -los gemidos que intentaba contener lo interrumpían en medio de cada oración-... ¡Me vengo! -exclamó por último, apoyando su cabeza sobre el hombro de Otabek, y la mano que no estaba usando en el respaldo del sofá, se quedó así un momento intentando averiguar cuál era la verdadera razón por la que estaba allí, la razón por la que quería ser tocado por Otabek tan desesperadamente. Él lo había estado observando, al igual que el hombre, Yurio también lo había estado observando, desde que era pequeño, en aquellas clases, sin notarlo, su mirada se había estado dirigiendo a Otabek como un acto inconciente que nunca había notado hasta ese preciso momento
- ¿Aun sigues así? -Preguntó el osado adolescente con la respiración acelerada- ¿Quieres que te ayude a terminar? -levantó la cabeza para mirarlo a los ojos comenzando a tocar el pene de Otabek, que estaba igual de duro que al comienzo, pero fue inmediatamente interrumpido por la sensación de algo invadiendo su cuerpo.
-Maldito... -dijo cerrando uno de sus ojos por el dolor que sintió por un momento- Se siente extraño -se quejó en una especie de gemido, mirando hacia atrás para ver los dedos de Otabek entrando en su trasero.
-Tengo que lograr que te acostumbres para poder entrar sin hacerte daño -explicó el hombre con seriedad, fijando su vista en los rubios y brillantes cabellos despeinados de la cabeza de Yurio, que se mantenía baja desde que había notado que los dedos estaban dentro de él-, si te sientes demasiado incomoda debes respirar con calma -recomendó Otabek sin dejar de mover sus dedos.
- ¡¿Y qué crees que estoy intentando?! -Exclamó molesto intentando relajarse, pero no pudo, hasta que de pronto algo dentro de él siguió un impulsó incontrolable que le hizo soltar un gemido que no pudo contener por mucho que lo intentó. Dejó su cabeza caer sobre el hombro de Otabek aun gimiendo.
-Creo que encontré el lugar -musitó Otabek para sí mismo.
- ¿Se sintió bien? -Le preguntó a Yurio, quién se mantenía en silencio desde que el hombre había dejado de mover los dedos tras esos gemidos.
-Eso... eso creo -susurró levantando la cabeza una vez más, para darle una mirada avergonzada a Otabek-...no se sintió mal -confesó enlazando sus manos tras el cuello del hombre que sonrió antes de besarle, pero Yurio se zafó de inmediato-. Continua -dijo moviendo su trasero para sentir los dedos dentro de él nuevamente y luego volver a besar Otabek que mantenía ambas manos en los suaves muslos del muchacho que se movía sin notarlo, mientras el hombre intentaba mover los dedos siguiendo el ritmo de Yurio.
-Quiero que lo metas -dijo finalmente con una mirada feroz, fue entonces cuando Otabek no pudo seguir controlándose; tomó el ligero cuerpo de Yurio y lo puso sobre el sillón, solamente con la cabeza apoyada sobre el respaldo de este-, te quiero dentro -musitó al ver al hombre parado frente a él.
Otabek con dificultad pudo meterlo todo dentro de Yurio, pero cuando lo logró tuvo que apoyar sus manos sobre el respaldo, porque sus piernas sentían débiles por lo excitado que estaba- Es tan grande -comentó el adolescente al sentirlo dentro. Yurio tocó su abdomen para comprobar de podía sentirlo, lo que de inmediato provocó que Otabek no pudiera evitar moverse un poco dentro de él.
-Maldito hijo de... No te muevas aun -dijo aferrándose a los hombros del hombre al que marcó como propiedad con aquellos arañazos en la espalda. El rostro del muchacho había sido invadido por las lágrimas que de manera tan rutilante caían, guiando a los ojos de Otabek a las mejillas de Yurio y a la boca del mismo, para mostrar aquellos dientes que apretaba con tanta fuerza en un intento por soportar el dolor que sentía.
-No pensé que la primera vez fueran tan... -susurró entre dientes, aun esperando a que el dolor despareciera, pero antes de poder respirar profundo para tranquilizarse Otabek se movió de nuevo, a lo que Yurio respondió con un gemido que el hombre no pudo ignorar.
-Otabek -dijo abriendo su boca en un pequeño gesto de dolor-, hazlo lento -rogó acercándose a los labios del hombre, para dejar que este sintiese su cálida respiración entrecortada-..., se gentil -musitó con una sonrisa dolorida.
-Lo siento -dijo Otabek antes de besarlo y comenzar a moverse sin parar, Yurio sólo podía gemir sin articular palabras completas, retorciendose en un intento por dejar de sentir el dolor que le quemaba por dentro, pero sólo lograba que las llamas se volviesen más intensas, así que doblado contra el sillón sólo aguantó consolándose con los suaves gemidos que dejaba salir el hombre, que para Yurio endulzaban el aire. Poco a poco la intensidad de las llamas bajaba dentro de su abdomen, no así en su corazón que en algún momento había comenzado a incendiarse; Yurio besó nuevamente a Otabek, aceptándolo al envolver sus caderas con sus piernas, sintiendo que en cada estocada se acercaba más al placer y se alejaba del dolor.
- ¡Tan bueno! -Gimió de pronto mostrándole al hombre una expresión que no le había dado nunca a nadie antes, dejándolo ver la vergonzosa mirada lasciva con la que gemía ante cada movimiento de Otabek, incluso cuando este mordió ligeramente su cuello, dejandole una marca junto a la clavícula, para luego seguir entrando en Yurio con aún más fuerza y rapidez, para poder escucharlo gritar de placer aún más fuerte, Yurio sólo podía pronunciar fragmentos del nombre de su acompañante, y le decía lo bien que se sentía, de hecho, pronto comenzó a moverse al mismo ritmo que Otabek para poder sentirlo en el fondo con más rapidez.
Al igual que una enredadera, las piernas del muchacho se envolvían en las de Otabek, dejándolo atrapado sin poder moverse de su posición- Quiero que termines dentro -susurró sonriendo con la respiración agitada y el rostro empapado por el perfumado sudor que al hombre excitaba tanto.
-Si no me dejas moverme no podré hacerle -le dijo para luego dar un gran golpe dentro de Yurio, ante el cual no pudo evitar eyacular, al igual que Otabek, que seguía sin poder creer que estaba haciendo todo eso con su primer amor, con la persona que nunca olvido y que por mucho tiempo observó. Yurio se aferró aun con más fuerza al hombre, mientras que este se dejaba caer sobre el muchacho que con la mirada borrosa dirigía su mirada al techo y con una mano extendida intentaba tapar la luz que llegaba a sus ojos, pero fue interrumpido por Otabek que sacaba el pene de dentro de Yurio, quién sintió un repentino escalofrío luego vio el semen salir de su trasero.
-Debería limpiarme -susurró adormecido, tocando su propio semen, el cual había caído en su dorso.
-Deberíamos tomar un baño -propuso Otabek sin ninguna intensión en su rostro, sólo buscando el poder relajarse junto al hada que había estado buscando por tanto tiempo.
-Creo que te recuerdo -dijo el adolescente con la cabeza sobre el regazo de Otabek, quien acariciaba su rostro-, no eras muy bueno -comentó fríamente sin tomarle importancia, al igual que el hombre, que se dedicaba a jugar con los cabellos dorados que recién habían sido secados-... pero había algo..., algo que te distinguía de los demás -meditaba Yurio intentando rememorar.
- ¿Por qué lo dices? -Preguntó el hombre que se distraía haciendo una trenza en el cabello del muchacho.
-No soy bueno recordando gente, sólo logró recordar a los que son imposibles de olvidar, a los que tenían algo que destacaba de entre los demás. Tú... tenías tu propia manera de moverte, era... algo más tosca, pero no era mala -decía a medida que las imágenes aparecían en su cabeza- ¿Cómo te ha ido con eso? Recuerdo que eras bastante malo en el ballet clásico, pero en lo tuyo no creo que pueda decir lo mismo -dijo animado.
-Lo dejé -respondió alejando sus manos de Yurio con la sensación de que no tenía el derecho a hacerlo.
- ¿Qué? ¡¿Por qué?! -Preguntó exaltado.
-Mi padre enfermó..., no pudo seguir pagando las clases, tampoco pudo pagas la academia de danza y mucho menos la hipoteca de nuestra casa; así que tuve que comenzar a trabajar y hacer todo lo que pudiera para conseguir dinero y seguir pagando la hipoteca para no perder la casa... En algún punto de todo eso dejé de practicar y simplemente no lo hice nunca más -explicó sin cambiar su expresión, pero alejando su vista del adolescente y manteniendo su mirada hacia adelante.
-Pero podrías hacerlo ahora, podrías...
-En este momento me dirijo a Estados Unidos por un trabajo, planeó seguir enviándole dinero a mi familia. Un viejo amigo me ayudó a conseguirlo, y lo cierto es que pagan más de lo que puedo conseguir quedándome en kazajistán; mi amigo pagó está habitación para mí, porque ni si quiera tenía el dinero para viajar -dijo empuñando su mano con enojo e impotencia, se sentía patético, se sentía inferior.
-Yo... yo no sabía -dijo levantándose con preocupación en sus ojos, sin saber qué hacer, él quería abrazarlo, pero no quería hacerlo sentir peor-. Lo siento -susurró dejando caer las lágrimas-, yo... yo soy inútil..., realmente no sé qué hacer en este momento -confesó mirando su mano en la que caían las lágrimas.
-Sólo quédate conmigo por ahora, aunque sea por hoy, quédate conmigo -musitó abrazándolo, aferrándose a Yurio quien no dejaba de llorar, quién por primera vez decía la verdad frente a Otabek, era él la primera persona que era sincera y admitía que no sabía exactamente qué decir, porque... no había nada que decir.
El teléfono celular de pronto sonó, Yurio asustado por el sonido tan repentino en aquel cálido silencio tomó el teléfono- Más vale que sea bueno -dijo molesto al teléfono.
- ¿Yurio? ¿Dónde estás? -Preguntó Yuri con una voz preocupada y acelerada-. Phichit y yo te hemos estado buscando por todo el Titanic, pero no te encontramos ¿Dónde estás metido? -Yuri, a pesar de que jamás pudo desarrollar una relación lo suficientemente cercana con su hijo, siempre se mantenía preocupado por él, siempre intentaba entregarle todo lo que necesitaba, incluso cosas que no eran más que un capricho.
-Tranquilízate, voy para allá -respondió Yurio en un suspiro.
-Pero Yurio...
Yurio colgó de inmediato y se acercó a Otabek para entregarle una sonrisa- Te veo mañana -dijo con los ojos rojos por tanto llorar y la voz ronca de tanto gemir. Se levantó y caminó hacia la puerta que le daba a conocer a ambos que aún era de noche, y allí, frente a la luna y el resto de las estrellas como espectadores, besó a Otabek para despedirse-. Buenas noches -susurró alejándose, mientras desde la puerta el hombre miraba esos amarillos cabellos siendo tocados por el viento, y los pasos de Yurio acomodándose al ritmo del mar que susurraba una melodía sólo para él.
-No sé qué idea te has hecho, pero esto es un juego para ella -advirtió J.J. que estuvo todo el tiempo apoyado en la pared junto a la puerta-, cuando dejes de ser divertido, ella vendrá de nuevo conmigo -explicó con una sonrisa amenazante.
-Él no haría algo así -dijo sin tomarle importancia a la advertencia.
-Pareces confiado de lo que dices Otabek Altin -dijo dándole una mirada de arriba a abajo-, pero que dices si J.J. te da algo para mejorar tu situación -propuso sacando la chequera de dentro de su chaqueta.
-No necesito tu dinero -respondió con una mirada feroz, y aun así, sin perder su compostura.
-¿Sabes? -dijo sonriendo el otro hombre- No me gusta ensuciarme las manos, pero te advierto, lo haré si es necesario, porque yo seré quién gane al final -dijo alejándose, mientras reía.
